Capítulo 1
Pesadillas
Miró hacia arriba, y sobre el muro se asomaba el gigantesco rostro del titán colosal. Observó a su alrededor, las personas miraban perplejas a aquel ser que superaba la altura de la muralla.
Sintió cuando el pie del titán pateó la puerta del muro. Sintió la fuerza del aire empujando todo; vio los pedazos de puerta volar y caer por la ciudad, y a la gente corriendo presa del pánico.
Los titanes comenzaron a entrar, y sólo podía observar ese espectáculo dantesco. Unos eran devorados, los demás corrían por sus vidas.
—¡Mamá! —escuchó a lo lejos; y vio a un niño siendo llevado a la fuerza por un soldado junto a otra pequeña, mientras él contemplaba con horror cómo su madre era devorada por un titán de cabello rubio.
—¡Frieda!
Abrió los ojos y miró a su alrededor; los libreros, el escritorio de su padre, la mesa de centro donde descansaba una taza con té de limón ya frío. Se incorporó un poco para quedar sentada en el sillón donde el sueño la había vencido, tirando en el trayecto un libro que descansaba en su regazo al suelo.
Antes de que ella pudiera recogerlo, fue su hermano mayor quien lo hizo, y quien depositó el libro en la mesa junto al té.
—Te hubiera llevado cargada a tu habitación como de costumbre para no despertarte —su semblante se tornó entonces serio—, pero estabas teniendo una pesadilla, o eso parecía.
Se sostuvo la cabeza; y aún adormilada, se rascó el costado derecho detrás de su oreja, acomodando su cabello en el proceso.
—Ulklin —bostezó, no sin cubrir su boca con una mano—. Fue como si hubiera tenido un sueño muy largo.
—Uno no muy bueno, estabas bastante intranquila —dijo con preocupación. Tomó a su hermana de la barbilla cuando ella agachó el rostro, haciéndola mirarlo a los ojos—. ¿Es el mismo sueño de siempre?
Asintió con la cabeza, desviando su mirada la cual se había tornado melancólica.
—Fri, tranquila, sólo es un sueño, los titanes no pueden atravesar las murallas —abrazó a su hermana, y acarició la espalda de ella de manera fraternal—. Los muros son altos y bastante fuertes, y los titanes no vuelan, ni son fantasmas como para que puedan entrar.
Hasta ahora, Frieda sólo había soñado con titanes entrando e invadiendo las ciudades, campos y pueblos; pero esta era la primera vez que había soñado algo más que eso, y era la primera vez que había soñado con algo más específico: el titán colosal.
—Ulklin… Tengo un muy mal presentimiento.
—Frieda —la abrazó fuertemente, intentando tranquilizarla—. Sé que desde que tomaste el poder del tío Uri no has dejado de sentirte culpable de no cumplir lo que tanto deseabas.
—Acabar con los titanes y liberarnos a todos de las murallas —completó ella con voz entrecortada.
—Es eso.
—¡No! —Se separó de él—. Ulklin, no es cosa de culpas o no… Es que algo va a pasar.
Se le quedó mirando fijamente. Conocía a su hermana, y sabía que el temor que percibía en ella no debía ser tomado a la ligera. No entendía bien el poder del titán fundador, nadie fuera de su portador lo hacía; aun así, era consciente de que la carga sobre los hombros de su hermana era demasiado pesada.
Muchas veces cuando la escuchaba llorar, la veía en medio de sus crisis; o ella hablaba como si no fuera ella misma, sino la influencia de sus predecesores, se sentía culpable.
Él era el mayor de los hijos de Rod Reiss sin embargo, había permitido que su hermana, menor que él por una diferencia mínima, tomara en su lugar un poder demasiado grande como para resistirlo; poder que a ella le había condenado a vivir por solo 13 años más.
13 años de los que ya habían pasado más de 2.
Ella era la afectada directa del poder, pero era Ulklin el que se reprochaba haberse dejado convencer por ella, para que Frieda heredara el titán progenitor y no él.
La arropó como si fuera una niña pequeña cuando llegaron a la habitación de ella, tal y como él solía hacer cuando eran niños.
—Quédate —dijo con voz tierna—, como cuando éramos pequeños y dormíamos juntos.
Se le quedó mirando enternecido. En efecto, Ulklin era tan sólo un par de años mayor que Frieda y, sin embargo, para él siempre sería su hermanita así como Florian, la menor de todos ellos, lo era.
—Ya no somos unos niños —respondió entre risas.
—No seas aguafiestas —lo tomó del brazo, jalándolo para hacerlo caer sobre la cama; y abrazándose enseguida en un intento de atraparlo—. Ahora sí, a dormir.
No se atrevió a tratar de contradecirla de nuevo, además, ¿cómo negarle a su hermana un capricho tan simple como acompañarla en su sueño? Se acomodó junto a ella mientras Frieda se acurrucaba con él.
—Que descanses —depositó un beso en la frente de su hermana.
—Hasta mañana —dijo mientras bostezaba.
Observó a aquel hombre de cabello largo y barba que le suplicaba por hacer algo que tanto deseaba, pero que no podía: acabar con los titanes. Ante ella, ese extraño hombre que sabía del mundo exterior se había transformado en el titan atacante, el titán de la libertad.
Libertad… Su máximo sueño, y aquel que no debía intentar cumplir. La frustración por ello, la mataba.
Mordió su mano, pero no pasó nada; y ante ella, su propio titan peleaba con el atacante. ¿Porqué? ¿Cómo? Frieda era un fantasma fuera de su propio cuerpo que atestiguaba un espectáculo dantesco donde era derrotada por el titán atacante, y su columna era desprendida para posterior ingerirla, y así lograr apoderarse del titan fundador.
Peor fue ver a su familia ser masacrada sin ella poder ser más que mera espectadora en aquella visión infernal. Ulklin y Dikr exprimidos hasta la muerte, Abel, Florian y su madre, pisoteadas. No podía ver a su padre, pero seguro había muerto también. La dinastía Reiss, los descendientes de Ymir Fritz, muertos en la misma noche.
—¡No! —Gritó al despertar, sudorosa y agitada en la penumbra de su habitación. Lágrimas desesperadas brotaban de sus ojos.
—¡Frieda!
Estaba aún temerosa y desesperada debido a lo que acababa de ver. Volteó al escuchar su nombre y sentir las manos de su hermano mayor en sus hombros.
—Frieda, sólo fue una pesadilla —repetía el mayor de los hermanos Reiss—. ¡Tranquilízate!
Inhaló un par de veces, y se abrazó a su hermano de manera desesperada.
—¡Ulklin! —Lloraba amargamente en el pecho del mayor—. ¡Ulklin fue horrible!
La abrazó fuerte, presionando la cabeza de su hermana contra sí para intentar contenerla. Se sentía tremendamente culpable pues, si bien, a Ulklin varias veces le ha tocado consolar no sólo a Frieda, sino a todos sus hermanos; pero desde que heredó el poder de su tío Uri, las pesadillas y episodios depresivos de su hermana eran mucho más frecuentes y fuertes a comparación de los primeros 15 años de vida de Frieda.
¡Él debía haber asumido ese martirio de llevar al titán fundador! ¡Él! No ella, no su princesa.
—Frieda, cálmate por favor —le susurraba al oído—, sólo fue una pesadilla.
La abrazó con fuerza mientras ella lloraba en sus brazos desesperada. No podía hacer más que reconfortar la y estar para ella, y eso era por demás frustrante.
Y como esa, hubo muchas noches más. Si no era la masacre donde toda su familia moría, era el titan colosal rompiendo la muralla; o si no, era ver a las personas siendo devoradas por titanes dentro del territorio de las murallas.
—¿Frieda? —Decía Ulklin al otro lado de la puerta de la habitación de la reina. Había ido a buscarla esa mañana, preocupado de cómo habría ella pasado la noche luego de haber tenido una de sus crisis tras visitar la granja de su familia, donde trabajaban y vivían los Lenz, cuya hija había sido mucama de su familia años atrás—. ¿Frieda? —volvió a tocar.
Abrió la puerta, esperando que la falta de respuesta fuera debido a que ella simplemente seguía dormida, o a que tal vez estuviera vistiéndose o algo así; no porque quisiera ver a su hermana en esa situación, sino porque era una posibilidad.
Frieda no estaba y de hecho, la cama estaba perfectamente tendida; toda la habitación estaba en perfecto orden como si las sirvientas recién hubieran hecho su trabajo.
Se hubiera dirigido a las habitaciones de sus otras dos hermanas más pequeñas a buscarla, pues Frieda en ocasiones pasaba la noche con ellas; pero algo sobre la almohada captó su atención, por lo que fue hasta la cama de su hermana, y recogió aquella epístola.
Ulklin:
Sí, sé que tú estás leyendo esto y me alegra, si puedo confiar en alguien, es en ti.
Tú has vivido conmigo mis "pesadillas", que no estoy muy segura de que sólo sean eso… Ojalá. Algo muy malo pasará si no hago algo, y aunque no puedo cumplir mi promesa de acabar con los titanes y liberar a la humanidad, no puedo seguir siendo la inútil de siempre aguardando a que sea el día en pasarte a ti este tormento; o a que las tragedias de mis sueños se cumplan.
Debes saber algo, y es que en la granja que cuidan los Lenz vive una niña pequeña de la edad de Florian. Su nombre es Historia y es la nieta de los Sres. Lenz. Ulklin, Historia es nuestra hermana; nuestro padre tuvo un amorío con Alma, ¿la recuerdas cuando trabajaba en casa y tú y yo éramos unos niños?
Por eso es que voy tanto a esa granja, para cuidarla, saber cómo está, y poder darle un poco del amor que todos a su alrededor le han negado incluso papá. Ulklin, te lo suplico, búscala, protégela; ámala tanto como me amas a mí y a nuestros hermanitos. Historia no tiene la culpa de lo que nuestro padre y su madre hayan hecho, y sin embargo, es como si ella tuviera que pagar por los errores de quienes la engendraron.
En mi ausencia y en tanto regreso, si es que lo hago, tú serás el rey de las murallas. Nadie mejor que tú para asumir ese cargo pero, te lo suplico, mantén todo tal y como hasta ahora… Si tengo éxito en esto, tal vez haya una luz de esperanza para todos, aunque la verdad ni yo misma estoy segura de nada, pero es peor quedarme sin hacer nada.
Otra cosa que te pido encarecidamente es que tengan mucho cuidado. Cada que vayan a la cueva, asegúrate que Kenny y sus hombres estén cerca, ¡nunca vayan solos! Por favor, compláceme en eso… Y cuídense de un sujeto.
Sus ojos volaban por la cantidad de detalles en la descripción que Frieda había hecho sobre el portador del titan atacante con quien tantas noches había soñado, y quien siempre terminaba tomando su poder, y masacrando a toda la familia Reiss.
Advierte a la Policía Militar Central sobre este hombre… No quiero que una solo de mis pesadillas pueda cumplirse.
Diles a todos lo mucho que los amo. Quisiera poder prometer que pronto volveré, pero ni siquiera yo estoy segura de absolutamente nada. Sólo sé que debo encontrar la forma de superar el pacto que viene con este poder. Por ti, por nuestros hermanos, nuestra familia… Por la humanidad.
Con amor,
Frieda.
Los Reiss y la policía militar central buscaron a la reina tan pronto Ulklin dio aviso de su partida, pero no había rastro de ella ni nadie que la haya podido ver. O supo cubrir bien sus pasos, o posiblemente haya utilizado la manipulación de recuerdos para lograr marcharse sin dejar rastro, registro, ni testigo alguno. Simplemente había desaparecido.
CONTINUARÁ
Oh si, yo otra vez, aquí con un nuevo fanfic para enkokorarl s... Y el cual es en su totalidad para Aredhiel.
¿A dónde habrá ido Frieda? Eso lo veremos más adelante... Dejen review, no se hagan, sé que están ahí XDD
Besos!
Hasta el siguiente update!
