Capítulo 3
Viaje
Tragó saliva al estar ante aquel titán de cabello rubio y amplia sonrisa; a pesar de su poder, de saber la verdad del mundo, era escalofriante. Un descuido, cualquier error; y podría ser devorada por aquella horrible criatura que, a la vez la hería saber que alguna vez, ese titán fue una persona que tenía la desdicha de haber terminado de ese modo.
Determinada a continuar con lo que empezó, apretó los puños para tratar de dominar su nerviosismo.
—¡Detente! —gritó con todas sus fuerzas. Sintió electricidad en su interior, una conexión con su entorno como pocas veces hasta ahora había experimentado.
Había funcionado, aquel titán se detuvo ante la reina, quien a pesar de ser consciente de su poder y lo que era capaz éste de hacer, no dejaba de sorprenderse.
—¡Baja tu mano hasta el suelo! —exclamó firme, retrocediendo cuando aquella monstruosa criatura obedeció, y casi la aplasta en el proceso.
La mano del titán levantó mucho polvo, del cual una buena parte se fue hacia Frieda quien había caído al suelo. Tosió casi ahogándose, hasta que finalmente pudo recuperar el aliento.
Se incorporó y miró con temor al titán frente a ella, que estaba arrodillado y con la palma de la mano extendida sobre el suelo. Volteó a su alrededor, y los titanes cerca de ella estaban también paralizados, lo cual la tranquilizó.
Subió a la palma de la mano del titán y se sacudió; y miró de nuevo la cara y la sonrisa tan amplia de aquella criatura. Seguía siendo atemorizante, pero ya había sido capaz de que el titán siguiera esas dos órdenes; no debía tener problema en que siguiera siendo así. Al menos, eso esperaba; no dejaba de ser algo que nunca había tenido que hacer antes.
—¡Andando! —volvió a gritar, a lo que el titán se levantó con la reina en la palma de su mano; quien no pudo permanecer de pie ante el brusco movimiento. Se incorporó un poco para quedar sentada en la mano, y volteó hacia los otros titanes—. ¡Aléjense de mí y del muro! —Había escuchado que al día siguiente la legión de reconocimiento haría una expedición fuera de los muros; lo que a Eren tenía bastante emocionado. Si bien no podía evitar que hubieran bajas, al menos eso les daría un poco de tiempo a sus soldados antes de toparse con los titanes.
—Esta es la frontera Utopía, vayan hacia el norte una vez que el sol se ponga —decía un militar de cabello negro.
—¡Sí señor! —respondieron los cuatro niños que Magath tenía a cargo.
—Cumplan su misión y vuelvan con el Titán Fundador —hizo una pausa para respirar—, todos.
Un temblor se sintió de pronto, confundiendo a Magath, los niños, y los otros soldados marleyanos presentes.
—¡Un titán! —gritó alguien aterrorizado.
—¿Titanes aquí? —se preguntó Magath, y es que los titanes estaban más hacia los muros; atraídos por los habitantes de los distritos a las orillas de la Muralla María, como era el caso de Shiganshina.
Los soldados marleyanos cayeron al suelo presas del pánico; algunos pudieron levantarse y correr. Una sombra cubrió a los recién llegados; y Magath y los niños contemplaban a la terrible criatura de cabello rubio y amplia sonrisa frente a ellos.
—¡Váyanse de aquí! —ordenó el comandante a sus guerreros, temeroso de que alguno de ellos pudiera ser devorado.
—¡Bájame! —gritó Frieda, llamando la atención de los presentes; más aún cuando el titán que la llevaba obedeció, y volvió a arrodillarse para colocar su mano en el suelo. Frieda se levantó, y sujetándose de los dedos de la criatura bajó de la mano de ésta—. Gracias… Quien sea que hayas sido antes de ser transformado.
—¡Imposible! —dijo un incrédulo Reiner.
—¡El titán le obedeció! —exclamó Marcel.
—¡Es imposible a menos que…! —dijo Bertholdt.
—El titán fundador… —susurró Annie.
Frieda intentó avanzar hacia los guerreros, pero cuando se percató que al titán le había llamado la atención los humanos ahí reunidos, pues mostraba signos de querer ir por ellos; se volvió hacia la criatura nuevamente.
—¡Detente! —gritó, a ese punto no podía permitir que el titán se saliera de control; pese a saberse delante de enemigos, si iba a lograr lo que se proponía, no podía permitir que sufrieran ningún daño—. ¡Regresa hacia el muro María, ahora!
Si bien no acató la orden de retirarse, el titán no se movía, pero se quedaba mirando hacia la frontera donde, años atrás, fue transformada en lo que era hoy en día.
—¡Que regreses al muro María! —Gritó aún más fuerte, provocando sentir de nuevo esa corriente eléctrica en su interior la cual, los cuatro niños presentes también percibieron.
Si bien tuvieron que pasar algunos segundos, finalmente aquel terrible ser se alejó de la frontera, emprendiendo su camino de regreso a las inmediaciones de la muralla María; tal y como la reina le había ordenado.
—Es la… La poseedora del Titán Fundador.
Todos miraron a Frieda totalmente atónitos mientras ella se acercaba al grupo. Los soldados que acompañaban al comandante y guerreros rodearon a la reina, apuntándole con sus rifles.
—¡Alto! —gritó uno de los soldados.
Frieda los miró de reojo; sus rostros amenazantes trataban de esconder el miedo que tenían de la reina. Iba en son de paz, pero el éxito de lo que pretendía dependía también en hacerse respetar o, al menos, que le temieran.
—Pueden disparar si quieren —dijo Frieda, intentando sonar lo más fría y determinada posible; aunque por dentro moría de nervios—. Sin embargo, si fallan me recuperaré pronto, y como vieron soy quien controla a los titanes; y como ese que se fue, puedo llamar a muchos más… Incluso a millones de titanes de más de cincuenta metros.
—¡Bajen sus armas! —Las miradas de los presentes incluyendo a Frieda se fijaron en Magath.
—Pero comandante.
—¡Bajen sus armas! —caminó hacia la reina—. Es obvio que hemos encontrado lo que vinimos a buscar.
Tomó aire intentando aparentar calma y dominio de la situación. Avanzó unos pasos para acercarse al comandante marleyano, y asintió con la cabeza de manera respetuosa; gesto que Magath correspondió.
—El Titán Fundador, me supongo.
—Si no le molesta… Comandante —lo llamó así al percatarse, gracias a los otros soldados, que ese hombre ostentaba dicha posición—, preferiría que me llame Frieda pues ese es mi nombre, Frieda Reiss.
Se le quedó mirando a la reina unos instantes, aún estaba incrédulo que casi inmediatamente que llegaron, la propia portadora del Titan Progenitor en persona se presentaría ante ellos. Si bien no debía confiar demasiado en su buena suerte o bien, ese era su pensamiento, decidió conducirse de manera pacífica y civilizada ante ella, correspondiendo a la actitud por parte de Frieda. Por otro lado, También su sorpresa radicaba en que se esperaban encontrar a un hombre de edad más avanzada siendo el rey de Paradis y portador del Titán Fundador; no a una joven mujer que ni siquiera debía estar cerca de sus veintes.
Titán o no, era una dama quien estaba frente al marleyano, y quien al menos de momento no daba ninguna señal de ser hostil por lo que, demostrando su educación y caballerosidad; Magath tomó la mano de la reina, depositando un beso en el dorso de manera respetuosa.
—Theo Magath, comandante del ejército de Marley —se incorporó y soltó la mano de Frieda, quien correspondió asintiendo con la cabeza—, un gusto, Señorita Reiss.
—Encantada —sonrió de manera diplomática.
—A… —estaba incrédulo, al igual que todos a su alrededor de que todo hubiera sido tan sencillo—. Es en verdad una sorpresa.
Frieda observó el buque anclado en el muelle, los soldados, los niños detrás del comandante.
—¿Estaban a punto de atacar las murallas? —trató de sonar fría, aunque un tono de consternación se pudo apreciar claramente en su voz.
—Si —respondió Magath tras unos instantes de silencio—. Estos niños detrás de mí tienen como misión infiltrarse en las murallas para buscar al portador del titán fundador, a usted, Frieda.
Los ojos de la reina se fijaron en los cuatro pequeños. Se percató de las bandas que portaban en el brazo izquierdo; mientras que Magath y los otros soldados no llevaban dichos distintivos. Su mirada nuevamente se fijó en el comandante.
—Pues como ve, les he ahorrado la tarea de ir por mí.
—Y aprecio bastante eso —dijo el marleyano con un cortés asentimiento de cabeza—. Pero me causa curiosidad que el propio rey, quiero decir, la reina en persona esté en estos momentos ante nosotros.
Frieda sonrió con una expresión de triunfo, su plan iba marchando bien hasta el momento. Volteó nuevamente hacia el navío, y avanzó unos pocos pasos en dirección al buque de guerra, sólo para después voltear hacia atrás para dirigirse al marleyano nuevamente.
—Comandante, por siglos, el poder del cual soy portadora ha causado conflictos y guerras; y no puedo seguir escondiéndome en las murallas y menos si he confirmado mi temor de que mi pueblo corre un peligro inminente —sus ojos volvieron al buque—. Vine rogando a Dios encontrarme con usted, o cualquier otro enviado de Marley.
—¿Puedo preguntar el por qué vino usted sola a encontrarnos? —dijo mientras caminaba hasta llegar junto a Frieda—. Como vio hace rato, nuestros soldados no hubieran dudado en disparar pese a ser usted la portadora del Titán Fundador; fue peligroso para usted el haber venido.
—¿Y no era igual de peligroso esperar a que fueran por mi? —replicó—. Comandante, hice este largo viaje desde la muralla Sina no para saludar y darles la bienvenida a Paradis.
—¿Entonces?
Se tomó unos momentos para apreciar la visión frente a sus ojos, un mundo totalmente nuevo que sólo había visto en las memorias de sus antepasados. Contempló el horizonte, disfrutó de la brisa marina refrescándola y jugando con su cabello.
—Vine para que me lleven con ustedes a Marley.
Magath no daba crédito a que todo fuera tan extremadamente sencillo. Simplemente, el objetivo de esa misión, Frieda, se ponía ante ellos en bandeja de plata sin tener que hacer más nada, que el mero viaje de Marley a Paradis, y de regreso.
—Lo sé, debe parecer una locura —dijo Frieda mientras reía entre dientes y observaba la reacción del marleyano—. Deseo me lleven a Marley ante quien dirija su nación y… —se quedó pensativa unos segundos—. Con la familia Tybur, sus descendientes deben estar todavía en Marley, ¿no es así?
—En efecto —se llevó las manos a la barbilla. Todo estaba saliendo demasiado bien, y eso era sospechoso sin embargo, no parecía haber nadie cerca de ahí; de lo contrario ya hubiera sido devorado por titanes al ser Frieda la única presente capaz de controlarlos—. Si su objetivo es llegar a Marley, entonces complaceré su deseo, Frieda.
Dio media vuelta, y se dirigió a sus hombres y a los pequeños que le acompañaban.
—¡Cambio de planes! —Todos se detuvieron, atentos a las órdenes de su comandante—. Puesto que el Titán Fundador, quiero decir, Frieda Reiss, se ha presentado voluntariamente ante nosotros y decidido acompañarnos de regreso a Marley; eso es lo que haremos. —Apuntó con su brazo a un par de sujetos a su izquierda—. Preparen un camarote —nuevamente se dirigió a todos—. Volvamos a Marley, tenemos lo que vinimos a buscar —dijo antes de volver junto a la reina.
—Gracias —sonrió mientras observaba a los soldados abordar, y preparar todo para zarpar nuevamente.
—Frieda, una vez que aborde el buque no habrá marcha atrás —dijo Magath con voz seria, mirando fijamente los ojos azules de la reina—. Al llegar a Marley, mis superiores querrán que la lleve ante ellos; y si bien me comprometo a que usted llegue sana y salva, no puedo garantizar su destino si mis superiores toman alguna decisión sobre usted.
Estaba muy nerviosa, sentía que las piernas le temblaban, y que en cualquier momento podría colapsar. ¿Hacía acaso lo correcto? Miraba a los niños que los observaban con reservas, y sólo se preguntaba sobre quién portaría al titan colosal con el que tantas noches soñó.
—El Rey Fritz, resultó ser reina —dijo Marcel.
—Al menos podremos volver a casa ahora, no tendremos que llevar a cabo esa misión.
—¡Es la reina de los demonios! —exclamó Reiner—. Todavía podemos llegar al muro y acabar con ellos, ¡Merecen morir por casi llevar al mundo a su destrucción!
—Reiner…
—¿No ves que ella misma ha venido a nosotros? —interrumpió Annie—. Íbamos a romper la muralla y sacrificar a las personas de adentro sólo para buscarla, ¡mírenla! Ya no tenemos que mover un dedo.
—Annie tiene razón —dijo Bertholdt—. Además, todos vimos cómo controló a ese titán; si atacamos, ¡podría liberar a los colosales de los muros!
—Un grito basta —dijo Reiner con la mirada perdida.
—Será mejor que abordemos el barco —dijo Marcel—. Volveremos a Marley dentro de poco.
Todavía en el muelle, Frieda observó a los pequeños subir al buque, y nuevamente su atención se fijó en Magath.
—Comandante, sé bien que usted debe seguir órdenes; y si no puede hacer más por mi, salvo llevarme ante sus superiores, no se preocupe, yo estoy más que agradecida —bajó por un momento la mirada, respiró profundo—. Pero, si ve la oportunidad de ayudarme a ser escuchada sin que usted tenga problemas; y de este modo puede ayudarme en reunirme con la familia Tybur y el líder de Marley… Comandante.
—Theo Magath, por favor, Frieda —interrumpió.
—Theo —sonrió, y asintió en agradecimiento—. Si cree poder ayudarme en reunirme con los líderes de su nación y con los Tybur, le estaré eternamente agradecida… Quisiera poder decir que lo recompensaré, pero ni yo estoy segura de lo que sucederá conmigo.
Caminó un poco, y pasó de estar al costado derecho de la reina, a estar a la izquierda de Frieda.
—Haré lo que pueda por usted, Frieda —ofreció su brazo—. ¿Abordamos?
—Pensé que iba a llevarme como su prisionera.
—Usted vino a nosotros voluntariamente, pese a que pudo ordenarle al titan que nos devorara, no lo hizo; sólo estoy correspondiendo a su gesto.
—Lo agradezco, Theo.— Frieda tomó el brazo del comandante, y escoltada por él subió al gran buque de guerra marleyano. Un soldado la escoltó hacia el camarote que Magath había ordenado que prepararan para que ella viajara.
Pese a que la travesía desde su hogar hasta la frontera había sido larga y cansada, Frieda prefirió no dormir por el momento. Era su primera vez fuera de los muros, en ese mundo desconocido del que sabía por las memorias de sus ancestros; y ese mundo era hermoso.
Tal vez era la primera y última vez que podría ver ese enorme océano por el que navegaban, por lo que prefirió mantenerse observando por la orilla del buque, tanto como sus fuerzas le permitieran.
—Todo esto que nos negaron durante cien años —dijo con añoranza, pensando en su pueblo que había dejado atrás, y quienes por generaciones habían vivido sin conocer maravillas como la que tenía ante sus ojos.
—¿Reina de los muros?
Frieda volteó ante la vocesilla del niño que le hablaba, por su mente pasaron todos sus hermanos, incluida Historia. No pudo evitar preguntarse si estarían bien, y rogó internamente porque así fuera.
—Puedes decirme Frieda, Reina de los muros es muy largo.
—Mi nombre es Marcel, Marcel Galliard —dijo con las mejillas rosadas, inclinando su cabeza de manera respetuosa.
—Mucho gusto, Marcel —sonrió.
Pero la sonrisa de Frieda no duraría mucho, pues las tormentosas imágenes en su cabeza que la torturaban desde que tomó el poder de su tío Uri se hicieron presentes. Guerras, traiciones, conflictos; el éxodo eldiano. Frieda se alejó del pequeño y retrocedió hasta chocar con una de las paredes, donde se desplomó en el piso.
—No estoy peleando —decía entre lágrimas desesperadas—. Ellos siguen en los muros, ¡Nadie sabe nada!
—¿Frie-da? —Marcel estaba confundido, era como si ella estuviera hablando con alguien, pero a la vez consigo misma. Siendo él mismo el portador de un titán, supo que ella estaba viendo las memorias de sus antecesores pero, ¿qué tan terribles eran, que le provocaban tanto sufrimiento?
—¡No voy a pelear! Quiero salvarlos a todos, ¡no voy a pelear! —respiraba con dificultad mientras lloraba amargamente. Poco a poco los tormentosos recuerdos se empezaron a disipar, mientras ella lograba tranquilizarse.
—Frieda.
Seguía sujetando su cabeza mientras su llanto continuaba, aunque cada vez era un poco más calmado.
—Frieda… Por favor, levántese —dijo Magath cuando llegó donde Marcel y la reina. Tras haberla conocido tan entera y decidida, verla en ese estado era definitivamente algo que el marleyano simplemente no concebía—. Venga conmigo —dijo al tomarla en brazos, y llevarla cargada hasta el camarote que se había acondicionado para ella.
Normalmente era su hermano mayor quien tenía ese tipo de gestos con ella, por lo que se sintió avergonzada de que la hubieran visto en medio de una de sus crisis. Se fue tranquilizando poco a poco, hasta que Magath la depositó en la cama de su camarote.
—Gracias.
—Descanse, Frieda —esbozó una media sonrisa—. Aún falta para llegar a Marley, es mejor que duerma un poco.
Asintió con la cabeza, y sólo escuchó la puerta cuando ésta se cerró, quedando sola en aquel camarote. Observó por una de las escotillas el exterior, la noche era oscura con excepción de la luna llena de esa noche.
«Tu voluntad no me controlará por siempre, ya logré salir de los muros y estoy aquí… Sé que podré romper tu voluntad un día, pero primero, debo completar lo que vine a hacer.»
CONTINUARÁ
Hola! Pues, Frieda va camino a Marley, ¿Qué se encontrará en aquella nación enemiga?
Espero les haya gustado este capítulo, y nos estamos leyendo en el siguiente. Besos!
