Capítulo 4

Marley

Tomó la pelota, llevó su brazo hacia atrás para preparar su lanzamiento; alzó un poco la pierna izquierda para apoyar su peso sobre la derecha, y finalmente lanzó con toda su fuerza aquella pelota de baseball, la cual impactó sobre la red de aquella pequeña cancha cerrada donde practicaba a diario. Si bien esto le servía como entrenamiento para usar con su titán en el campo de batalla; la realidad es que a Zeke Jaeger, portador del temible titán Bestia, le encantaba el baseball; lamentablemente, no tenía alguien que compartiera esa pasión por dicho deporte.

«¡Rayos! ¡Yo debí haber ido a la misión a la isla! Nunca creí que me dejarían aquí, ¡demonios!»

Tomó otra pelota de un gran cesto, el cual estaba lleno por decenas, quizás cientos de pelotas. Nuevamente se preparó para otro lanzamiento; y con furia arrojó la pelota hacia un objetivo en la red, tratando de desahogar la frustración por haber recibido la orden de permanecer en Marley.

—¡Zeke!

El joven dejó de lado el cesto donde guardaba sus pelotas de baseball, y se dirigió hacia la puerta de aquella pequeña cancha donde practicaba.

—¡Pieck! —abrió la puerta al ver correr hacia él a su compañera de doce años—. ¿Vienes a ayudarme a practicar mis lanzamientos?

—El comandante Magath y los otros —decía entre jadeos, luego de correr una distancia considerable para llegar donde su superior—. Han vuelto.

—¿Cómo? —preguntó incrédulo—. Eso no puede ser, se fueron a la Isla Paradis apenas ayer y según sé, el comandante y la tripulación se quedarían anclados allá por si Marcel y los demás debían abortar la misión.

—Pues volvieron —dijo Pieck, un poco más repuesta—. Hay un gran movimiento y elementos desplazándose al muelle, ¡hay quienes dicen que vienen con el Titán Fundador en persona!

No supo en qué momento sucedió, pero en cuanto volteó pudo ver a Zeke correr.

—¡No te quedes ahí, Pieck! ¡Debemos ir al muelle!


Una vez que fue notificado del desplazamiento de elementos marleyanos en el muelle, el comandante fue hacia el camarote de la reina. No hubiera querido tanto alboroto sin embargo, debían notificar el regreso tan pronto del navío; además de la pasajera extra que llevaban con ellos.

Dentro del camarote, Frieda se había ya aseado y cambiado de ropa. Estaba sumamente nerviosa, sentada a la orilla de la cama.

Por una parte, sentía vergüenza de que la hayan visto en uno de sus episodios depresivos, que solían atacarla cuando las memorias de sus antecesores se manifestaban. Miró a su alrededor, y después al mar por una de las escotillas, ¿Estaba haciendo lo correcto? Las dudas comenzaban a invadirla en ese momento; pero cuando escuchó que llamaban a la puerta, cayó en cuenta de algo: No había marcha atrás, no desde que salió del muro María.

—Adelante —dijo en voz alta cuando escuchó que tocaban a la puerta, y acto seguido se puso de pie, tomando el bolso donde llevaba sus cosas en aquella travesía.

—Frieda —Magath entró al camarote, acercándose a la reina—, debe saber que elementos de Marley se han desplegado, comprenderá que debimos anunciar su llegada.

—Lo entiendo —pronunció con nerviosismo, y a la vez, con miedo. ¿Qué le depararía ahora el destino? Debía averiguarlo.

En medio de un despliegue de tropas eldianas al servicio de marley, Frieda salió del brazo del Comandante, seguidos por los pequeños guerreros. Una vez que bajaron del buque y pisaron el muelle, cierto joven de cabello rubio y lentes llegó ante ellos.

—Zeke.

—Comandante Magath —dijo mientras hacía un saludo militar. Siendo que estaba al lado de su superior, los ojos de Zeke de inmediato se posaron en la joven reina que acompañaba al marleyano.

—Si me disculpa, Frieda —dicho esto, ella lo soltó al momento en que asentía respetuosamente con la cabeza. El comandante hizo una seña con los ojos al más joven para retirarse un par de metros para hablar a solas.

—Comandante, dicen que capturaron al Titán Fundador.

—Capturar es una palabra interesante —se quedó pensativo—. Más bien el titán fundador vino hacia nosotros y decidió acompañarnos.

—¿¡Cómo!? —sus ojos volvieron a fijarse en Frieda de un modo nada discreto—. ¡No me diga que ella es el Titán Fundador!

—¿Acaso viste a algún otro desconocido bajando del buque?

Los curiosos ojos de Zeke seguían fijos en Frieda, quien no tardó en sentir la mirada del jefe de guerra sobre ella. Se sintió incómoda al percatarse que en efecto, estaba siendo observada, a lo que respondió desviando su rostro hacia un lado.

—¿¡Quieres al menos tratar de disimular un poco!? —reprendió Magath.

—Lo… ¡Lo lamento! —se rascó la nuca y bajó la mirada.

—Pareciera que jamás has visto a una mujer atractiva en tu vida.

—¿¡Qué!? —replicó ante las palabras de su superior—. ¡No la miraba por eso! ¡Es que es increíble que sea el titán fundador!

—Yo tampoco lo hubiera creído —de giró un poco, pudiendo así mirar de reojo a la reina quien sólo aguardaba de pie en el muelle—. Pero yo mismo la vi controlando un titán.

No salía de su asombro, pues Frieda en apariencia era, sí, muy bella, pero también se veía tan joven y frágil; ¿cómo alguien como ella podía llevar semejante poder? Sí, Annie y Pieck eran niñas pequeñas que también portaban terribles poderes; pero ellas eran guerreras entrenadas para ello sin embargo, por más que Zeke trataba de mirarla, Frieda parecía tan delicada, tan no entrenada para la guerra como sí él y sus compañeros.

—Increíble… —Sus ojos volvieron a centrarse en el marleyano—. Dice que decidió acompañarlos, ¿cómo es eso posible?

—Escucha, Zeke —sacó un cigarrillo de su bolsillo, a lo que Zeke respondió sacando un encendedor. Magath le ofreció al joven un cigarrillo también. Exhaló el humo—. Ella quiere hablar con la familia Tybur, no sé para qué; pero tenemos órdenes de llevarla ante el General Calvin… —le dio otra calada a su cigarro—. Seguramente la pondrán bajo custodia, y siendo ella una eldiana de sangre real…

—Deberá concebir guerreros hasta que sea tiempo de que alguien tome su poder —completó el más joven—. Puedo preguntar, señor, ¿para qué quiere ella reunirse con los Tybur? Es más, ¿Qué hace ella viniendo a Marley de manera voluntaria?

—No lo sé a ciencia cierta —respiró profundamente—, pero no parece tener intenciones hostiles.

—Dudo que el General Calvin la suelte una vez que la llevemos ante él, no conocerá a los Tybur.

—Es ahí donde pretendo que entres tú e intervengas —dijo con voz seca.

—¿Señor?

Dio otra calada más a su cigarrillo, una profunda; y exhaló el humo de un modo más prolongado que de costumbre.

—Eres el jefe de guerra, el hijo del milagro; eres el único eldiano a quien los marleyanos escuchamos —terminó el cigarrillo, y lo arrojó al suelo para apagarlo con un pisotón—. Yo trataré de hacer lo posible por llevarla ante los Tybur, pero quiero que también intervengas; si el General Calvin se pone difícil, confiaré en tu talento con las palabras.

—Así será, señor —tiró su cigarrillo para apagarlo.


El silencio en el carruaje que, junto a Magath y Zeke, la transportaba a los cuarteles generales de Marley era insoportable. Los nervios la mataban, y si bien Magath se dedicaba a mirar por la ventana; los ojos de Zeke eran una pesada losa sobre ella. Se sentía terriblemente incómoda de ser observada como atracción de circo; eso aunado a la incertidumbre de si todo saldría como ella esperaba, o si quizás al llegar a los cuarteles todo terminaría.

Era momento de averiguarlo, el vehículo se detuvo luego de ingresar a las instalaciones militares; y los dos hombres que iban con ella bajaron del carruaje.

—Ayúdala a bajar —dijo Magath con tono autoritario.

—¡Sí! —se acercó a la puerta del carruaje, ofreciendo su mano justo a tiempo cuando Frieda estaba saliendo del vehículo.

Dudó, finalmente él y sus miradas la habían hecho sentir terriblemente incómoda; pero siendo que él tenía una cortesía con ella, aunque hubiese sido por una orden superior, se apoyó en la mano del joven para poder bajar los escaloncillos del carruaje.

—Gracias —soltó la mano de Zeke, y se acercó con el comandante.

Miró hacia la puerta para ingresar al edificio, analizaba sus opciones. Volteó hacia los jóvenes.

—Zeke, tú encaminarás a Frieda, yo iré delante de ustedes.

—Sí, señor —se acercó hacia la reina, ofreciendo su brazo— Frieda.

Se quedó inmóvil por pocos segundos finalmente, ya había tratado todo este tiempo con Magath y por lo mismo, sentía cierta confianza con el comandante; Zeke en cambio, apenas acababa de conocerlo y su intensa mirada constante sobre ella seguía siendo incómoda. Sin embargo, no pensaba flaquear sólo por tener que ir acompañada por él; así que haciendo acopio de toda su diplomacia, tomó el brazo de Zeke, y ambos jóvenes se adentraron a los cuarteles caminando detrás del comandante de los guerreros.

Mientras avanzaban por entre los pasillos para ir a la oficina principal, Zeke miraba de reojo a Frieda. No podía negar que poseía una gran belleza, y la sencillez de ella solamente enfatizaba más ese detalle.

—¿Estás nerviosa? —preguntó en voz baja.

—¿Cómo? —no entendió la pregunta, estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no escuchó lo que le habían dicho, sino sólo el sonido de la voz.

—¿Por qué viniste a Marley? ¿Sabes acaso lo que pasará contigo ahora?

—Yo… —se quedó pensativa— Necesito hablar con la familia Tybur, y con quien dirige este país.— Se quedó mirando a Zeke sorprendida cuando éste detuvo su andar.

—Escucha bien, ahorita mismo vamos con el general de todo el ejército, y él no es un hombre nada benevolente con los eldianos. Eres el Titán Fundador, y también de la realeza; en cuanto entres a esa oficina serás una prisionera y serás usada como sujeto de pruebas para la sociedad de titanes, ¿¡Entiendes!? —Trataba de mantener un volumen bajo para no llamar la atención, pero le sorprendía la ingenuidad de la reina sobre ir y tener una reunión con quienes controlaban Marley.

Sintió que temblaba por dentro ante la información que Zeke acababa de soltar; ¿en verdad había viajado tanto sólo para convertirse en una incubadora? No lo iba a permitir.

—Zeke… ¡Ayúdame, por favor! Yo de verdad necesito hablar con la familia Tybur ellos… —tragó saliva mientras respiraba agitadamente— ¡Los Tybur y mi antepasado hicieron un pacto! No… No puedo hablar de eso, salvo con la familia Tybur, de verdad, ¡debo llegar con los Tybur!

—¿Todo bien allá atrás? —preguntó Magath, mirando a los más jóvenes por encima del hombro.

—¡Si, ya vamos! —tomó el rostro de ella entre sus manos—. No puedo garantizarte nada, pero necesito que te tranquilices porque si hay una mínima oportunidad de librarte de ser un conejillo de indias con sangre real, necesito que estés calmada.

Frieda asintió con la cabeza, y tomó el brazo de Zeke cuando éste volvió a ofrecerlo. Si antes estaba nerviosa ahora estaba en verdad aterrada; debía asegurarse de hablar con los Tybur y los líderes de Marley a como diera lugar, finalmente, abandonó las murallas por evitar el desastre de la destrucción de los muros y la muerte de su familia y la suya propia; no para ser forzada el resto de su vida a ser un sujeto de laboratorio.

Un hombre bastante delgado y edad media aguardaba sentado a la cabeza de la sala de juntas principal. En cuanto en Marley se recibió el mensaje en código morse sobre el arribo de Magath y los guerreros en compañía de Frieda, Calvin ansiaba ver con sus propios ojos si lo que aquel corto telegrama decía era cierto.

—Adelante —dijo al escuchar que tocaban la puerta, y se puso inmediatamente de pie—. Comandante Magath, estaba aguardando su llegada —sus ojos se posaron en los jóvenes que recién entraban—. Y veo que viene acompañado.

—General Calvin —dijo Zeke con un saludo militar.

—Hijo del milagro, Zeke —sus ojos se dirigieron hacia la reina—. ¿Y usted, jovencita? ¿Qué la trae a este lugar? —volteó hacia el comandante—. Magath, en el telegrama decía que habían capturado al Titán Fundador, ¿dónde está?

—Verá señor —aclaró su garganta—, no es que lo hayamos capturado…

—Yo soy el Titán Fundador —interrumpió Frieda, soltándose del brazo de Zeke y, sacando fuerzas de ni ella sabía dónde, se acercó al general—. Soy Frieda Reiss, portadora del Titán Fundador y Reina de las murallas de la Isla Paradis; no fui capturada, sino que he venido por propia voluntad a Marley.

—¿Reiss? —estaba tan asombrado, que lo primero que captó su atención fue el apellido— ¿No acaso debería ser, Fritz?

—No, señor —negó con la cabeza—, varias generaciones atrás cambiamos nuestro apellido a Reiss para proteger a nuestra familia; los Fritz de la isla Paradis son sólo señuelos.

—Ya veo —una vez que salió de su asombro inicial, la barrió de arriba abajo con la mirada—. Es en verdad una sorpresa que haya venido hasta acá por su propia voluntad… ¿Debería llamarla, majestad? —preguntó con ironía.

—Sólo Frieda, si prefiere —inclinó la cabeza con respeto a modo de presentación—. He venido hasta acá porque me es urgente hablar asuntos de estado con el líder de Marley, pero antes, debo reunirme con la familia Tybur… Hay asuntos del pasado que debo tratar con ellos.

—Como sea —volteó hacia el más joven—. Zeke, ¡arréstala!

«¡Ya me temía que esto pasara!»

—General…

—¿Qué sucede Magath? ¿Acaso te conmueve esta desconocida que no es más que la reina de los demonios? Seguro la sociedad titán la encontrará como un sujeto interesante de estudio.

En ese momento se arrepintió de haber tomado la palabra en lugar de dejar que Magath o Zeke hablaran primero. Pareció en su momento lo más acertado, además, ¡era una reina!

—General Calvin —dijo Zeke con voz firme, atrayendo la atención de los presentes—. Propongo que antes de arrestarla, deberíamos darle la oportunidad a la familia Tybur de decidir si desean reunirse con ella o no.

—¿Molestar a la familia Tybur sólo porque la reina de esos demonios desea tomar el té?

—Señor —continuó firme, sin titubear—, lo que sea que la señorita Reiss deba tratar con ellos debe ser en verdad algo apremiante; en 100 años desde el final de la Gran Guerra Titán, la familia Fritz se encerró en los muros de la isla Paradis, si una de sus miembros y en especial, quien porta el Titán Fundador vino en persona… Creo que es algo que no podemos simplemente echar a la basura y usarla como conejillo de indias.

Se quedó pensativo. Como la gran mayoría de los marleyanos, Calvin también despreciaba a los eldianos, todos. Sin embargo, y gracias a que a los 7 años entregó a sus padres a Marley por traición a la nación; Zeke se había ganado la confianza plena de todos, incluyéndolo a él. Y ese niño que hoy era un hombre de 20 años de edad tenía un buen punto: ningún Fritz había salido nunca de la isla, ¿porqué Frieda lo haría ahora arriesgando tanto?

—¿Y cómo podemos estar seguros que esta jovencita es quien dice ser? Me refiero, a que sea de verdad la portadora del Titán Fundador.

—Tendrá que confiar en mi, general —dijo Frieda, esbozando entonces una sonrisa maliciosa—, supongo que no querrá que me transforme en titán estando aquí adentro.

—Yo mismo la vi, General —intervino Magath—, cuando fui a dejar a la unidad de guerreros a la isla, la señorita Reiss llegó a nosotros siendo transportada en la palma de la mano de un titán, a quien envió de regreso hacia los muros después de que llegó al puerto.

—Interesante —dijo mientras arqueaba una ceja, y no apartaba la mirada de la reina.

—General —volvió a intervenir Zeke—, yo me comprometo a vigilar de cerca y en todo momento a la reina de Paradis, soy el titán más fuerte, si intenta algo intervendré sin dudar; pero creo que es importante que los Tybur sepan de la llegada de ella, y la reunión que Frieda busca… Y que sea decisión de ellos si desean entrevistarse con la reina de Paradis.

Se dio la media vuelta, dando la espalda a los presentes, y observando el patio a través del gran ventanal.

—Si los Tybur no desean hablar conmigo… —comenzó a decir Frieda en voz alta. Temblaba, estaba asustada y se sentía acorralada; lo que diría no sería fácil, pero debía jugarse la última carta posible—. Si los Tybur no acceden a verme, entonces… ¡Entonces yo misma me entregaré para que Marley haga lo que quiera conmigo!

—Frieda —dijo Magath en susurro ante la sorpresa por aquellas palabras.

—Si desean hacer experimentos conmigo, lo aceptaré; si desean tenerme encerrada los diez años que me quedan de vida, lo aceptaré —tomó aire, si ya lo anteriormente dicho era terrible, lo siguiente lo era aún más—. Pero sólo aceptaré eso cuando tenga la negativa directa de la familia Tybur, antes no.

Volvió a girarse hacia los presentes con la mano en la barbilla, pensando, siempre pensando.

—Una oferta difícil de rechazar —miró al joven—. ¡Zeke! Serás el responsable de vigilar a la reina de los demonios, tal y como tú mismo ofreciste; el más mínimo incidente, ¡Y deberás entregar esa bestia a otro guerrero!

—Sí, señor.

—General Magath, ya que usted trajo al Titán Fundador a Marley; será el encargado de conducirla hasta la familia Tybur, si es que ellos acceden a verla. Haré unas llamadas más tarde y les haré saber la decisión de los Tybur.

En ese momento, Frieda sintió un gran alivio por primera vez desde que salió de su casa, ¡había logrado ser escuchada! Claro, si los Tybur no accedían a verla, pasaría los diez años que le quedaban siendo un conejillo de indias humano debido a su sangre real. Al menos había ganado algo de tiempo.

—Sin embargo —volvió a hablar Calvin—, Frieda Reiss está en Marley bajo la condición de prisionera, así que deberá permanecer en estas instalaciones hasta que los Tybur den su resolución.

—Señor, ¿no cree que es algo extremo? —dijo Magath.

—Está bien —dijo la reina—, permaneceré aquí, no tengo problema con ello… Pueden conducirme a mi celda.

—Señor —dijo Zeke—, no creo necesario que ella permanezca en una celda, podría quedarse en alguna de las habitaciones de la unidad de guerreros, o incluso en mi despacho; tenga por seguro que yo no perderé de vista al Titán Fundador.

—Que así sea.


Terminó de cenar. Si bien en un inicio se sentía por completo inapetente, en cuanto probó el primer bocado no pudo detenerse. Se sentó en el tocador donde Annie y Pieck solían peinarse cuando se quedaban en los cuarteles; aunque esa noche, las pequeñas guerreras habían vuelto a sus hogares en el ghetto de Liberio.

La espera por noticias era angustiante, y el sólo pensar en cumplir su promesa en caso de que su reunión con los Tybur no pudiera concretarse, le aterraba. Tomó un cepillo sobre el tocador, y comenzó a cepillar su cabellera, deteniéndose al ver en el reflejo del espejo que la puerta se abría.

—Zeke… —dijo cuando el joven ingresó a la habitación, percatándose de una bolsa que llevaba él en la mano—. ¿Qué es eso?

Se acomodó los lentes, y colocó la bolsa sobre la litera inferior. Frieda por su parte se levantó del tocador, estaba ansiosa por noticias.

—Frieda…

—¿Dijeron algo? ¿Los Tybur accederán a verme? —interrumpió sin más, la espera la mataba.

—Te traje algo de ropa —dijo mientras miraba la bolsa que había dejado sobre la cama de abajo; para entonces ver fijamente a los ojos a Frieda—. Los Tybur aceptaron, el General Calvin dijo que inclusive vendrán a Liberio para reunirse contigo.

—No puede ser —sonrió incrédula. Tras la posibilidad de un infierno en vida, un rayo de luz aparecía para ella. Era cosa de esperar que esa reunión se diera, y que la suerte siguiera sonriéndole como hasta ahora.

CONTINUARÁ


Yayyy! Por fin capítulo nuevo! Pues hasta ahora todo va relativamente bien para Fri, que ahora le tocará verse con los Tybur, ¿Qué pasará ahora?

Espero les haya gustado esta nueva entrega, disculpen por demorar tanto, y pues nos vemos en el siguiente capítulo.

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