05/07/2018


Viñeta: 4 de 5

Palabras en esta viñeta: 988


Siempre he querido hacerlo…

2022: Final de la Copa Mundial de Quidditch entre Corea del Sur y Australia con sede en Francia, vencedora del último Mundial de 2018.

-Tom… ¿Quieres dejar de mirarlos, por favor? -Preguntó Harry, revirando los ojos y observando cómo los gemelos reían y se divertían a su lado.

- ¡Míralos! ¡Están muy juntos! -Gruñó el hombre.

-Ayyy, Tom… -Suspiró, frotándose el puente de la nariz.

El Ministro gruñó y Harry desvió su atención nuevamente hacia los gemelos, que estaban gritando y saltando mientras movían sus banderitas, cada uno con la australiana y la coreana respectivamente. Mientras tanto, Tom seguía mirando cómo su hijo Vic reía y se divertía con Ian Malfoy, que estaba al lado del otro adolescente agitando la bandera de Corea.

Ludovic había crecido mucho en esos años, se había vuelto un joven aún más apuesto, había dejado su cabello crecer como el de su padre Harry y seguía disfrutando de lo que más le gustaba, el Quidditch. Se había vuelto más cercano al joven Ian Malfoy y éste se había ganado la buena voluntad de los gemelos.

El chico también se había vuelto más apuesto; con sus diecisiete años cumplidos y, a punto de terminar Hogwarts, el hermoso chico de ojos plateados e impecable cabello rubio había pegado un estirón inmenso, sacándole casi dos cabezas a Vic. Su pasión por el Quidditch seguía a la orden del día y además había conseguido un contrato para jugar en el equipo Nacional cuando saliera de Hogwarts.

Públicamente los dos no eran nada, sólo eran dos adolescentes que tenían una química increíble…, pero mientras que Tom no estaba nada contento por la cercanía de los dos, Harry podía sentir el amor y cariño que se tenían. Estaba muy contento porque su pequeñín, su primogénito, se enamorara y sintiera todo lo que él había sentido -y seguía sintiendo-.

-No sé por qué te preocupas tanto -suspiró Harry, cansado del tema- nuestro pequeñín tiene todo el derecho a enamorarse.

-Pero de un Malfoy… -Gruñó el hombre.

-Estás obsesionado con esa gente, Tom Riddle.

Harry perdió la paciencia, se levantó del asiento y salió del palco Presidencial en dirección a los pasillos, dejando atrás a su esposo e hijos. Decir que estaba cansado de la testarudez de Tom era decir poco.

Él comprendía perfectamente que los Malfoy eran unas personas de mucho cuidado, pero también sabía, sentía, que el heredero no tenía ninguna mala voluntad para su hijo. Odiaba que Tom no pudiera ver lo mismo que veía él, porque no tenías que ser muy inteligente para darte cuenta que los dos jóvenes se contenían por algo, y estaba seguro que ese algo era Tom.

- ¡Harry! -Llamó el Ministro a sus espaldas.

El pelinegro paró en seco y se giró, encarando a su esposo.

- ¡¿Qué quieres ahora, Tom?! ¿Seguir con lo mismo de siempre? -Se cruzó de brazos el más joven.

-Harry, mírate…, nunca me habías alzado la voz -frunció el ceño.

-Pues ya era hora, Tom Riddle. Estoy harto de tus berrinches y tus expresiones, de cómo miras a ese pobre chico y cómo no paras de hablar de los Malfoy… Sé que no son buenas personas, pero él no tiene que pagar por lo que hicieron otros. -Harry estaba a punto de llorar como nunca antes lo había hecho; la situación le parecía ridícula.

- ¡Yo…, yo no puedo aceptar esto así como así, me enfurece que esté al lado de mi hijo!

- ¡Es la felicidad de tu hijo la que te tiene que importar, nada más! -La situación se salió fuera de control.

Harry y Tom estaban tan distraídos mirándose el uno al otro que no notaron a los dos pequeñines que los observaban. Ethan y Kenneth tenían los ojos llorosos, habían presenciado la primera discusión de sus padres y estaban francamente sorprendidos.

- ¡Papi! -Gritó Kenneth, corriendo hacia Harry cuando vio las primeras lágrimas caer por su rostro; Ethan lo imitó.

Harry enjuagó sus lágrimas como bien pudo y se agachó a la altura de sus hijos; a pesar de tener tan sólo siete añitos, los gemelos eran más altos que Vic cuando éste tenía la misma edad.

- ¡¿Qué ocurre papi?! -Sollozó Ethan.

- ¡¿Por qué estas llorando!? -Gimió Kenneth.

Harry sonrió tiernamente y denegó con la cabeza:

-Me entró algo en el ojo, mis amores, ¿me sopláis para que salga? -rió, intentado desviar la atención de los gemelos.

Kenneth fue el primero en fruncir el ceño, pero hizo lo que su padre le pidió, seguido de Ethan.

- ¿Veis? Mucho mejor -sonrió- niños, ¿podéis ir con vuestro hermano un momento? Tengo que terminar de hablar con vuestro papá.

Los niños asintieron, se dieron la vuelta y miraron asesinamente a su alto padre mientras avanzaban y se adentraban en el palco nuevamente. Grande fue su sorpresa cuando vieron en las grandes pantallas el rostro de su hermano y el de Ian, encerrados en un corazón rojo con unas letras doradas que decían "The Kiss Time", y al público rugir de alegría.

Los niños corrieron hasta donde estaba su hermano con las mejillas completamente rojas y mirando a Ian muy extrañamente; el rubio correspondiendo la mirada.

-Ian, no tienes por qué hacerlo… -Susurró Vic con las mejillas encendidas.

-No. Lo quiero hacer…, siempre he querido hacerlo…

Mientras susurraba estas palabras, Ian se fue acercando poco a poco al rostro de Vic, cerrando los ojos a medida que se acercaba a sus labios, hasta poner los suyos en los de su amigo.

- ¡Puaaaajjjj! -Se asqueó Ethan.

- ¡Uhhgggg! -Exclamó Kenneth.

- ¡Qué asco! -Profirieron los dos.

Los dos adolescentes miraron a los gemelos y sonrieron pero, segundos después, observaron al matrimonio en lo alto del palco. La tensa e imponente figura del Ministro hizo que los dos se estremecieran, pero cuando notaron el cuerpo relajado y la amplia sonrisa de Harry, los dos chicos sólo pudieron sonreír mientras se abrazaban.