Kuroneko to Sakurako


Summary: — Prométeme que no dejarás que me aparte de ti. Eso no pasará, antes tendrán que matarme.

Esta es la historia de un gato negro y una niña de la flor de cerezo.


Disclaimer: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto. La historia a continuar es de mi total autoría


17


Sasuke bostezó. La mañana en el restaurante de la familia Uzumaki había estado tranquila, pocos clientes y más tiempo de pereza, pero por la tarde el local colapsó de gente. No se daban abasto entre él y la nueva empleada de reemplazo, Temari. La chica de coletas le sonrió de forma insinuante, pero Sasuke no prestaba mucha atención y seguía con sus deberes laborales.

Estaba pasando un trapo húmedo a una de las mesas cuando una figura se posó frente suyo. Sus ojos se estrecharon y observó fijamente la cara de la mujer que lo interrumpió. Ella parecía bastante alarmada.

Disculpa ¿podríamos hablar un poco?

Sasuke se la quedó viendo solamente, exasperando más a la mujer que lo miraba como si quisiera tomarlo por los hombros y arrastrarlo con ella.

El morocho miró hacia la estantería tras el mostrador para ver la hora. Eran las dieciséis y cuarenta de la tarde, faltaban cinco minutos para su descanso. El se movió e indicó que lo siguiera hasta una zona apartada en la cual podrían tener privacidad.

Cinco minutos después, Sasuke estaba sentado frente a la mujer. Cada uno tenía una taza de café humeante y los ojos fijos el uno en el otro. Mebuki suspiró y decidió acabar con esa guerra de miradas, distrayéndose al agarrar la taza con ambas manos y frotarla para sentir la tibieza de la cerámica.

No he venido a buscar pelea, solo vine a informarte que no estaré por un tiempo en la ciudad. Sé que no te importa, pero tiene que ver con Sakura... así que escucha muy atento.

Sasuke se mantuvo impasible, esperó con paciencia a que la mujer se decidiera empezar de una vez por todas. La mujer tomó su bolso y sacó una pequeña fotografía en la que estaban ella y un hombre de jóvenes. Ella parecía feliz en la fotografía pero el chico parecía algo fastidiado de eso.

Mebuki dejó la fotografía sobre la mesa y miró a Sasuke. Los ojos del chico no se apartaron del hombre, pues el parecido entre Sakura y él era indudable, aunque los rasgos delicados habían sido heredados de su madre.

Él es Kizashi Haruno. Salíamos en la secundaria. Nunca tuvo buena reputación y su familia era una de las que mejor acomodadas de Tokio. Yo era una chica estúpida que se guiaba por las apariencias y quería a toda costa salir con él. Llegué a creer que me amaba, pero no era así. Cuando le dije que estaba embarazada, me amenazó con matarla si no abortaba. Yo no quise hacerlo.

Por eso abandonó a Sakura.

No sabía que hacer, era joven y nuestra situación económica familiar no competía contra la de él. En ese momento, cuando tuve a Sakura en mis brazos supe que tenía que vivir y el miedo me nubló la mente. Fue una estupidez dejarla donde la dejé. La puse en riesgo.

»Mis padres me odiaron cuando se enteraron. No pude ocultárselo mucho tiempo. Buscaron a Sakura pero no pudimos dar con ella. La policía estuvo en el medio y desistieron al año el seguir buscándola y sólo fue otra niña más en el listado de niños desaparecidos. Tuve que hacer servicio comunitario porque mis padres pusieron la denuncia.

Mebuki se encogió en su asiento, sus manos cubrían sus ojos tratando de ocultar sus lágrimas. Era una historia que aún le dolía, había hecho todo mal y ahora sentía que todo se pondría mal para todos. Necesitaba que el chico pusiera de su parte en ello, por el bien de Sakura.

¿Puedes ir al punto? Mi tiempo libre terminó hace cinco minutos — masculló Sasuke fastidiado. No quería tanto detalle, sólo quería saber que era lo que quería.

El padre de Sakura está aquí. Supe que está buscándola. No es una buena persona, Sasuke. Él es una persona muy peligrosa y temo que busque a Sakura para hacerle daño. No sé qué quiere de ella, pero he contratado a un detective privado y está recolectando información. Me pidió que fuera a Okinawa, allí fue dónde estuvo la última vez antes de volver a Tokio. Así que, por favor, Sasuke… protege a Sakura. Si tienen que irse de aquí por el bien de ella, hazlo… yo te ayudaré pagando lo que haya que pagar. Supe que estuve metido en algunos problemas ilegales y es por eso que estamos buscando pruebas para incriminarlo. Necesito que ambos estén a salvo.

Sasuke pareció fastidiado, pero asintió de mala gana. Mebuki agradeció aliviada que el chico tomara en cuenta lo que le decía. Antes de marcharse, ella dejó su número de contacto. Sasuke guardó la tarjeta, estiró las manos y levantó ambas tazas vacías, colocándolas en una bandeja. Mebuki se puso de pie con su bolso en el hombro.

Nos veremos pronto. Si necesitas un lugar donde ir por un tiempo, puedo prestarte mi cabaña que está en Konoha. Es un lugar poco conocido y no creo que Kizashi sepa de ese lugar.

Estaremos en contacto —fue la escueta respuesta de Sasuke antes de volver a su trabajo. Mebuki sonrió resignada, el chico era todo un caso.

—¿Qué ocurre, Sasuke? —Sakura parecía preocupada por lo taciturno que estaba Sasuke. Era normal de él estar callado y serio, pero verlo preocupado e ido no era normal.

Sasuke suspiró antes de mirar a ambos jóvenes. Había tanto que contar y pocas ganas de hablar. Había mantenido contacto regular con Mebuki, enterándose de todo lo que ella había conseguido junto al detective. Según ella, sólo le faltaba la prueba más importante que lo metería tras las rejas y tenía que ver con el asesinato de un tipo. Un escalofrío le recorrió la espalda. No quería ni pensar si ese maniático ponía una mano en Sakura.

—Me estás asustando, Sasuke.

—Suigetsu, deberías marcharte.

—¿Hah? ¿Y por qué? Yo tengo derecho a saber —despotricó el chico ante la orden de Sasuke. Éste estrechó los ojos con una amenaza implícita.

—Cuanto menos sepas mejor para ti, Suigetsu, y hablo en serio.

La contestación de Sasuke dejó helado a ambos jóvenes. El ambiente estaba tenso y Suigetsu supo que hasta ahí había llegado su participación en el asunto. Sin más, saludó a la pelirosa y a Sasuke, y se marchó de allí.

—Ya vas a decirme o seguirás con el misterio.

—Haz tus maletas. Nos vamos.

—¿Qué? ¿Qué es esto tan repentino? ¿No vas a decirme qué está pasando? ¡Háblame, Sasuke! ¡Quiero saber!

—Haz tus maletas. Debemos largarnos de aquí. Ya. — Sasuke no dio lugar a réplicas, haciendo enojar a Sakura que corrió hacia su cuarto como un huracán.

Frució el ceño cuando el azote de la puerta resonó por todo el departamento. El dolor de cabeza se hizo tan fuerte que la siesta que había tomado terminó sirviendo para nada. Esa chica sólo le traía problemas.

¿Qué? ¡¿Te vas!? ¡¿A dónde!? —el grito de Ino hizo que alejara el teléfono celular de su oído.

Sakura intentó callarla pero la rubia había armado su propio monólogo en el que preguntaba y respondía sola todo. El fastidio que tenía por la nula respuesta de Sasuke y los gritos de Ino le estaban dando un fuerte dolor de cabeza.

—¿Te puedes callar un poco? Estás cabreándome, Ino. Estoy tratando de decirte que no sé por qué ni dónde, pero cuando lo sepa te lo diré. Sólo quería contarte que saldré y que no sé cuando volveré. Procura tomar apuntes o perderemos el año ambas.

Cla-claro, no te preocupes… Sakura, ¿estás bien?

—Para nada… no entiendo esto que está pasando. El acosador y la actitud de Sasuke me hacen sospechar cosas… ¿estará metido en algún lío? Quizás pidió prestado dinero y no puede pagarlo… ay, no entiendo nada.

Tranquila, Sakura… quizás sean unas vacaciones adelantadas…

—No creo, Sasuke odia el movimiento. Las únicas vacaciones que recuerdo son con la familia Uzumaki y tuvimos que llevar a rastras a Sasuke.

¡Amiga! —el grito de Ino aturdió a Sakura, obligándola a alejar el teléfono un poco para no aturdirse, nuevamente. Miró con fastidio su celular. Lo acercó otra vez mientras colocaba un mechón de su cabello tras su oreja.

—No hacía falta que gritaras, te oigo.

Quizás Sasuke quiere llevarte a este viaje con tintes románticos… en un lugar lejano, donde estén solos sin que nadie los moleste.

—¿Qué? ¿de qué hablas, Ino?

Ya sabes, frentona… quizás quiera concretar… hacerlo.

—Creo que estamos hablando dos idiomas diferentes.

¡Ay, no seas estúpida, frentona! Hablo de tener sexo. Follar. Reproducirse… bueno, no, eso aún no. Ya entiendes.

—Ino… no parece un viaje de placer lo que haremos, es más serio, pero sigo sin comprender por qué llegar a estos extremos.

Sí, hazte la idiota y cámbiame de tema.

Un golpe en la puerta interrumpió la respuesta de Sakura. Aún con Ino del otro lado del teléfono, se acercó hasta la puerta y la abrió. Sasuke tenía un semblante de pocos amigos; en su mano izquierda llevaba un bolso de viaje y en la otra las llaves de la casa.

—Apura que Chiyo ya nos ha pedido un taxi. Sasori cuidará de la casa.

—Ya. —asintió a Sasuke—: Debo dejarte, Ino. Anota todo y estaremos en contacto.

Bye, bye y usa condón.

Antes de que pudiera decir algo, la rubia rió y cortó la llamada. Sakura masculló un improperio y guardó una camisa a cuadros. Cerró la valija e hizo un repaso mental de las cosas cerciorándose de que todo estaba guardado. Colgó su bolso en hombro y bajó la valija de la cama. Sin decir una palabra, siguió a Sasuke hasta la salida.

—Empaqué para dos semanas…

—Hn.

Una vez fuera de la casa, sólo pudo pensar en todas las cosas que le quedaron por solucionar. Llamaría al día siguiente para arreglarlo, pues no deseaba cambiar de empleo ni perder sus créditos para la universidad.

Días como esos eran los que les daban ganas de mandar todo a la mierda y ya.

—Tranquilo, Kisame. Es sólo por unos días, prometo estar en menos de lo que canta un gallo. Mientras, me reemplazará Karin. — Sakura contuvo un bostezo. Kisame le estaba dando la lata de que debió haberse comunicado antes de marcharse y con una semana de antelación.

El regaño le estaba causando otro dolor de cabeza y uno bastante grande. Sasuke dormitaba a su lado, acurrucado en su asiento de una manera bastante incómoda, pero que para él parecía bien. Siendo, en parte, felino podía doblar su cuerpo como deseara hasta tener la posición más cómoda, así que no le parecía raro que su forma humana se hubiera acostumbrado a ello.

Sakura colgó la llamada y guardó su celular. Intentó acomodar su cabeza en el respaldo del asiento, pero sentía la tensión del día y todo el estrés le estaba pasando factura. Sólo deseaba llegar a dónde fuera que estuvieran yendo para acostarse y dormir por dos días si era posible.

Levantó la mano y apagó el interruptor de la luz que había sobre su cabeza. Con la misma mano bajó una palanca que había en su asiento, haciendo que se reclinara y quedara casi horizontal. Sasuke se había apiadado y comprado dos boletos en un micro con cama así que intentaría dormir un poco antes de arribar a Konoha, una aldea oculta entre las hojas y alejada de la civilización.

—Mebuki, ayer encontré algo que quizás te interese ver —comentó una rubia de grandes pechos. Su vestimenta tradicional de pueblo perdía su decencia con lo revelador que era en la zona del escote.

Era una mujer voluminosa y hermosa. Su rostro ovalado y perfilado era delicado y sus ojos avellanas eran el atractivo principal de tal belleza. Pero la belleza era lo de menos, su intelecto y sus capacidades eran tan excepcionales que se había vuelto una de las detectives más populares de su pueblo y alrededores.

Mebuki parecía preocupada; había pasado un mes desde que se había ido de Tokio y aún no habían encontrado más que negocios de dudosa procedencia pero con los papeles legales al día. Haruno Kizashi podía ser cualquier cosa pero nunca tonto y mantenía sus negocios muy bien cuidados y sus movimientos muy controlados. Ella conocía sus trabajos sucios porque, cuando eran jóvenes, él solía presumir de sus destrezas como matón.

Tsunade levantó una carpeta que estaba en el suelo, a sus pies, y la ojeó en busca de una hoja en particular. Cuando encontró lo que buscaba, releyó el papel con el ceño fruncido. Suspirando, le entregó el papel a Mebuki. Ella lo tomó con sus manos y leyó detenidamente.

—¿Qué es esto?

—La razón por la que está buscando a Sakura. Parece que su padre estuvo buscando el paradero de Sakura y Kizashi no parece nada contento.

—¿Cómo llegaste a esto? —Mebuki estaba sorprendida por el trabajo de Tsunade. La rubia sonrió con aires de grandeza y posó el dedo índice en su labio inferior.

—Una mujer sabe usar bien sus dotes… —se inclinó hacia delante con ambas manos sobre el escritorio. Sus ojos determinados se fijaron en los cansados de Mebuki —. En la universidad fui estudiante con promedios perfectos. Nací con un cerebro ávido de información y conocimientos. —la carcajada que dejó salir hizo a Mebuki sonreír incomoda.

—¿Hice bien que Sasuke se llevara a Sakura a Konoha?

—Nos da tiempo el que ellos estén ahí. Mi informante me ha dicho que Kizashi sigue en Tokio. Está visitando viejos conocidos.

—Oh —Mebuki se encogió en su asiento. Se sentía inútil al no poder proteger a su hija como quería.

—No te aflijas, Mebuki. — Tsunade se inclinó sobre su escritorio para alcanzar la mano de la exhausta castaña. Mebuki extendió la mano y dejó que Tsunade le diera un apretón reconfortante.

La rubia soltó la mano de su cliente y se puso de pie. Buscó en su escritorio el informe que le había entregado Kakashi hacía dos días, pero en la montaña de carpetas y archivos desordenados, no pudo encontrar nada.

—¡Shizune! —el grito ocasionó que Mebuki contrajera el rostro. —¡Shizune!

Una joven de unos veinte y tantos se hizo presente en el umbral de la puerta. Parecía acalorada como si hubiera corrido una carrera para llegar a tiempo a la meta. El nerviosismo de la muchacha hizo que Tsunade suavizara sus facciones, pareciendo gentil, pero no por eso menos seria.

—Necesito que busques el informe que ayer entregó Hatake.

—E-el documento del señor Ha-hatake estaba sobre el sofá. —señaló la chica hacia la izquierda de la habitación. Sobre el sofá había una carpeta de color verde, el color que Hatake usaba para destacar sus trabajos del resto.

—¿Y qué demonios hace ahí? ¿Por qué no está en mi escritorio?

—Porque usted lo dejó allí.

—Oh. Ya veo —murmuró pensativa.

La chica de cabello oscuro corrió hacia el mueble y, aún atolondrada, recogió la carpeta y se la entregó a su jefa lo más rápido para que no se cabreara. Con una inclinación de cabeza, se dispuso a ir a la puerta cuando la voz de la mujer la detuvo de golpe.

—¡Shizune! ¡no he dicho que te marches! —desviando la vista de la chica de cabello negro, miró hacia Mebuki haciéndole una pregunta muda.

—No, no hace falta. No quiero nada. Gracias, Shizune.

Shizune asintió y se fue a las carreras del despacho. Mebuki sonrió divertida y, a la vez, apenada por la muchacha que tenía que aguantar el temperamento agresivo e impredecible de Tsunade. Observó a la detective; ésta parecía pensativa, leyendo muy atentamente el archivo para no perderse de nada. De repente, cerró la carpeta y la dejó sobre el desordenado escritorio.

Sus dedos se colocaron a los lados de la sien y comenzó a masajear los músculos para evitarse una futura jaqueca. Hatake no sólo no había escrito su informe de forma correcta sino que, también, estaba incompleto. Si bien, lo poco que tenía escrito era de ayuda, si se hubiera esmerado más aquel pervertido, ahora no tendría que estar pensando y descifrando la clave misteriosa de su manuscrito.

—Básicamente, Kizashi es un violento. Según el informe de Kakashi, ha tenido unas cuantas denuncias de ataques y arranques violentos. Hubieron denuncias de mujeres… pero desaparecieron como las denuncias de hombres con los que ha tenido disputas. Es un hombre peligroso cuando está fuera de sus cinco sentidos, Mebuki…

Ambas quedaron en silencio. Tsunade carraspeó antes de hacer la pregunta que la mantenía preocupada.

—¿Él alguna vez… te ha golpeado? —la mirada de compasión enfermó a Mebuki, pero no podía culparla ante sus conclusiones.

—Sólo llegó a golpearme una vez… fue cuando le dije que no abortaría. Desde ese día no lo volví a ver. Me había amenazado con matarla.

—Ya. No llores, Mebuki… —Tsunade abrió el cajón de su escritorio y sacó una caja de pañuelos descartables que colocó en la mesa. Con un empujoncito de sus dedos, deslizó la caja hacia su clienta.

Mebuki agradeció con una sonrisa mientras tomaba un pañuelo y limpiaba sus ojos. No era hora de llorar, Sakura y Sasuke corrían peligro. Ella intentaría protegerlos. Rió mentalmente al pensar en Sasuke, siendo su rival deseaba protegerlo porque, en el fondo, apreciaba y estaba agradecida que hubiera protegido a Sakura en todos esos años.

Mebuki le ofreció un vaso con un líquido claro dentro. Frunció el ceño al oler el inconfundible aroma del sake. Recordaba haber escuchado a Shizune una vez que no debía dejar que Tsunade bebiera en horas del trabajo. Pero ya era tarde, Tsunade estaba bebiendo directamente desde el pico de la botella y sonreía con gusto por saborear su amada bebida.

Perdón, Shizune, perdón.

Se disculpó mentalmente mientras sorbía un poco de su vaso. Después de todo, estaban a un paso de terminarlo todo.

Y luego de esto, nos vamos al Caribe… Sakura, Sasuke y yo.

Soñar no hace daño a nadie ¿verdad?

Continuará…


N/A: Hola. No he muerto, ya quisieran pero no(?) ok no jajaja

Quiero pedir mil disculpas por la tardanza, estoy teniendo serios problemas con la inspiración que no llega. Mi mente trabaja miles de ideas, pero mis dedos y mi inspiración no quieren colaborar.

Me pondré a trabajar el capítulo 18 para no atrasarme nuevamente ya que en dos semanas empiezo a cursar y se me va a complicar aún más. Pero no desesperen, esta historia tarde o temprano tendrá su final.

Quiero agradecer a todos aquellos que leen mi historia, en especial a los que comentan y a aquellos que se hacen notar con los follows y favs. Muchas gracias, sus comentarios y noticeos me animan mucho y me hace muy feliz saber que aprecian este fanfic.

Quisiera responder comentarios, pero estoy a base de megas porque soy pobre, pero con orgullo('?)

¡Ah! Quiero dejar un especial agradecimiento a mi bella Hikari por leer mis desvaríos y aconsejarme. Gracias por no odiarme cuando me pongo pesado xD

¡Abrazos y espero que tengan una buena semana!