Destellos de felicidad.
Así pasaron los días, semanas, meses en los que mi rutina era levantarme con el alba, tomar el desayuno que tan amorosamente mi segunda madre me disponía y ser llevada por los disimulos de mi protector hasta el estudio de mi maestro, más tarde me enteré que estos dos hombres que me escoltaban todos los días eran ni más ni menos que santos de plata, guerreros de rango tan alto como el caballero Misty de Lagarto a quien le debía mi llegada a Grecia. Cada día de mi instrucción mi maestro parecía complacido con mis avances, tanto así que fui ganando de apoco su confianza, al permitirme terminar obras suyas, y ayudarle en varios menesteres como esculturas, vasijas, ilustraciones para los libros del gran patriarca y cosas por el estilo, dos veces por semana le ayudaba con los enormes murales que representaban las guerras santas que los caballeros de Athena habían librado, el mural era colosal, llevaba mi maestro trabajando en el 15 años y aún faltaba casi de la mitad para poder acabarlo, los pigmentos que usábamos eran traídos de distintas partes de la tierra, eran raros y muy costosos, por lo cual había ocasiones que teníamos que posponer el trabajo de muralismo hasta que se nos dispusieran los pigmentos nuevamente. Durante esas largas sesiones ayudando a mi mentor mientras colgábamos a 15 meteos del suelo pintando la armadura de otro enigmático personaje me fue contando la historia de esas guerras santas que representábamos, las gloriosas batallas y sacrificios, pero mi espíritu curioso me pedía conocer más.
En esos tiempos la vida parecía perfecta, todo lo que pudiese desear me era dado, solo había que seguir unas sencillas reglas, y eran no molestar al amo durante su meditación, no entrar a su habitación, no distraer a sus discipulados de su entrenamiento y tener mesura al pedirles su escolta, reglas sencillas y lógicas que seguir. al principio me ofuscaba la extrema solemnidad con la que se vivía en el templo de virgo, su silencio, sus cortinas cerradas, el olor a incienso, que me hacían caminar de puntillas para no hacer ruido y no importunar al amo, pero de a poco me fui sintiendo en casa, y me fui relajando cada vez más y tomando ciertas confianzas y atrevimientos que jamás me fueron reprochados, tales como abrir las cortinas del salón, y permitirme cultivar algunas plantas tanto en el interior del templo como el jardín contiguo, hasta dar rienda suelta a mi personalidad llegando incluso a correr como una infante dentro de ese lugar y a cantar al hacer mis deberes rompiendo el sepulcral silencio de aquel templo.
Cierto día impulsada por la curiosidad que me carcomía me atreví entrar a la biblioteca del amo, nunca se me había prohibido entrar a ella pero el respeto que tenía hacia sus espacios me detenía, hacía tiempo que disfrutaba del jardín cuando el amo no se encontraba ahí, varias semanas antes Agora me había llevado un perrito con el que correteaba alrededor de los arboles gemelos, pero sus libros eran diferentes. Así que entré a la biblioteca y me puse a curiosear y a buscar esas historias de las que mi mentor me hablaba, seguramente Shaka al ser un caballero dorado tendría en su vasta colección la información que tanto deseaba. Busqué por aquí y por allá hasta dar un estante con enormes libros forrados en cuero con el símbolo de la casa de virgo, para mis 14 años aun me faltaba bastante estatura para alcanzar el ejemplar, arrimé un banquillo y baje dificultosamente el gigantesco libro el cual era demasiado pesado para mis manos y termino al igual que yo en el suelo de la biblioteca haciendo un estruendoso ruido, "ahora si el amo va a estar furioso", pensé, recogí rápidamente el libro y lo abrace contra mi pecho esperando unos minutos en que alguien apareciera por la puerta, ya sea Laxmi para reprenderme, Agora o Shiva reclamándome el por qué no les pedí ayuda, o el mismísimo amo desaprobando mi intromisión y exceso de confianza, pero no fue así, al parecer a nadie le llamo la atención mi escandaloso incidente y con alivio me lleve el ejemplar a la mesa más cercana y comencé a hojearlo. Era un libro donde se detallaban las biografías de los santos de virgo, su nacimiento, su lugar de origen, títulos obtenidos, habilidades y las batallas en las que fueron partícipes. Podía ver que la gran mayoría de los caballeros de virgo provenían de la india, algunos más del Tíbet, y de Inglaterra, seguí mi curiosidad y me dirigí hasta el final para buscar expresamente la biografía de mi protector:" Shaka de virgo, origen India, el hombre más cercano a dios", estas últimas palabras me retumbaron en la mente. Cerré el libro y me fuí a sacar otro, este segundo volumen si hablaba de las antiguas guerras santas, contra otros dioses, destacando sobre todo las que se habían librado contra Hades, el rey del inframundo, estuve tan absorta en mi lectura que no me percaté de que mi protector se encontraba a mis espaldas, y comenzó a hablar en un tono calmado y solemne como era su costumbre.
-Shaka- la última guerra santa librada hace 243 años contra el rey Hades, en ella mi predecesor Shijima de virgo fue el encargado de escoltar y proteger a Athena por el laberinto de los dioses, se libró la batalla contra el décimo tercer caballero de oro, el santo maldito de ofiuco, batalla que trajo desgracia y muerte... Asi es Nina, no hay mayor honor para un caballero que dar la vida para proteger a Athena y a todos aquellos que amamos"
Mientras decía eso tomó asiento junto a mí y paso la página del libro para mostrarme exquisitas y complejas ilustraciones que representaban las batallas y después tomó el libro de los santos de virgo y me mostró la biografía de su antecesor, Shijima de Virgo, podía oír en su voz su profundo respeto y admiración por su antecesor, durante todo ese largo rato caí en cuenta que, Shaka, había abierto los ojos para señalarme las páginas de los libros, sus ojos eran azules y profundos, dotados de una belleza hipnotizarte, sus bellos rasgos faciales tan calmos me parecían fascinantes, su voz era firme y amable su presencia me reconfortaba y me hacía desear saber cada vez mas de su mundo, a partir de entonces mis pinturas comenzaron a tener un significado diferente, y comencé a lograr darles el alma y vida que les hacía falta para estar a la altura de mi maestro David.
-Nina- mi señor, ¿estás enojado conmigo por haber irrumpido en tu biblioteca y tomar tus libros sin tu permiso?-
-Shaka- Nina, desde que te tome bajo mi cuidado esta ha sido tu casa, sabes bien que jamás se te negara nada, me alegra que tus intereses vayan más allá de la pintura, con gusto yo te enseñaré todo lo que tu desees. Lamento no haberte dado el tiempo que debería,-
-Nina-mi señor, Laxmi me ha instruido en muchas cosas, me ha proporcionado gran cantidad de libros para mi entretenimiento, pero debo decirle que me honra el me dediques un minuto de su tiempo.-
-Shaka- Nina has traído luz a este templo.-
Dijo cerrando los ojos y sonriendo levemente. No pude con tanta felicidad que abracé por primera vez a mi señor y le bese la mejilla en un arrebato de emoción y felicidad, cuando entré en razón esperé algún comentario citando la mesura y la propiedad, pero no fue así
-Shaka- ahora descansa mi niña, que mañana tienes que continuar con tus asuntos y yo también.-
Me dijo guardando el volumen de los dorados de virgo y entregándome el de las guerras santas para que lo pudiera seguir leyendo en la comodidad de mi habitación. Fue así que cada quien regresó a su respectivo aposento.
Durante los siguientes meses mi señor dedicaba un pequeño momento del día para instruirme en la historia, contarme algún proverbio budista, discutir alguna lectura que me fuera encomendada y de apoco algunos días se me invito a presenciar sus meditaciones junto a sus alumnos, de a poco fui tomando la confianza de llevar conmigo algún material para poder plasmar esos momentos en las que serían mis propias obras.
Dentro de todas las libertades que gozaba comencé a hacer mi propio trabajo de muralismo en el salón principal del templo, con todo aquello que me inspiraba Shaka: motivos geométricos y florales destacando las flores de loto y las orquídeas, incluso talle en el muro una flor de loto justo en donde él se posaba a meditar.
Pasaron casi dos años con esta maravillosa rutina, gracias a las exigencias y paciencia de mi maestro mi trabajo en la pintura y escultura cada vez era más pulido y cercano a sus altas expectativas, y durante esos últimos tiempos la mano de mi maestro comenzó a ser presa de un temblor que cada vez era más difícil de controlar por lo que finalmente termine por ser yo quien pintaba casi en totalidad cada obra bajo las exactas instrucciones de mi maestro, era increíble lo mucho que se deterioraba en tan poco tiempo así que me esforzaba por complacerlo y disimular su mal ante todos aquellos ajenos a nuestro estudio.
