- Flash Back -
Su mente había empezado a interpretar sutilmente el preludio de una sonata para violín y piano. Cerró sus ojos involuntariamente sin saber si realmente lo que quería era sacar el recuerdo que se estaba acercando a su memoria o si dejaría entrar esa evocación a su mente para verse a sí mismo en una vacía sala tocando música. Un joven Whis interpretaba esa bella música acompañado de un violinista fantasma que él mismo había invocado para poder tocar dicha pieza. El era un ser divino. La música era tan divina como lo era el origen de su existencia. Una creación de dioses. Una belleza enorme, pulcra, poderosa... invisible. No se ve, pero se siente, como los dioses, aunque a veces se dejaban ver... cómo la música en la danza o como el intérprete tocando su instrumento.
- es una bella pieza musical - Whis se detuvo asustado por la repentina aparición de un individuo que no esperaba en dicha sala. De hecho ni siquiera esperaba que ese sujeto le hablase, lo había visto de lejos pero nunca habían cruzado palabra. Hasta ahora.
- uhm... ¿sabes que me asustaste? - le respondió Whis notablemente sonrojado por la repentina aparición. Si bien jamás había hablado con el tipo, sabía que era sumamente popular en el entorno donde vivía... es que era imposible que no lo fuera, era realmente hermoso de ver.
- ha! - soltó en una grácil carcajada - lo siento, no tenía intenciones de ocasionar molestias, pasaba por el pasillo y resulta que me causó cierta curiosidad el sonido que salía de este salón y que grande fue mi sorpresa al encontrarte aquí... tú eres el hijo de Daishinkhan-sama, ¿verdad? - le preguntó con soltura - . Para el ángel que se encontraba casi terminando su formación para ser Maestro y futuro Asistente para algún Dios destructor le pesaba que solo se le reconociera por ser el "hijo de".
- Soy Whis - le respondió con algo de fastidio.
- Mucho gusto, soy Zarbon - le dijo - encantado de conocerte - le respondió sonriente mientras se acercaba a él para extenderle la mano.
Para entonces Whis aún no dominaba la técnica para sentir y visualizar el corazón de las personas que tuviese enfrente y determinar si eran seres con buenas o malas intenciones. Era Joven. Era atractivo. Era inteligente y al igual que Zarbon, él era popular... por ser siempre destacado, por ser el hijo del gran Sacerdote, pero por sobretodas las cosas, él era solitario e inocente. Y la belleza de aquel tipo no hizo más que entregarle un momento de compañía que no le disgustaba.
- fin flash back -
Whis suspiró y abrió los ojos. No se había dado cuenta, puesto que ni siquiera en su rostro se había formado alguna mueca al recordar aquel episodio, sentía algo familiar en su mejilla. Con su mano tocó suavemente. La punta de sus dedos se humedecieron por una solitaria lágrima que se escapó mientras recordaba el día que había conocido al que fuera el primer amor de su vida.
- me juré nunca más soltar una gota de esto... aunque ya no duele - se hablaba así mismo. - Debo estar sensible por todo - pensó. Y era cierto, estaba ya hace días taciturno por el estado de ánimo que tenía Bills. Enterarse que además el dios parecía estar enamorado de quién sabe quién.
Se sentía un muchachito otra vez. - Decidí hacerme maestro y asistente de los dioses con la finalidad de nunca más tener que lidiar con esta clase de sentimientos... - se reprendía en tanto se dirigía a la cocina a por un té. - Todo esto es culpa del oráculo - seguía en su dialogo interno - no tenía por qué recordarme eso -.
Su análisis se detuvo en el momento en que el pez le había dicho que sería una buena terapia para ayudar a Bills, que le confiara tal vez parte de su vida. - ¿y qué se supone que logre con eso? - se cuestionó el ángel sin entender aún por qué el pez le sugirió tal idea.
Se había ido al jardín para tomar su té y su mirada se perdía en el rosáceo horizonte que le ofrecía el planeta del señor Bills. Jamás le había dicho a nadie lo que había sucedido con Zarbón. Él pertenecía a esa clase de secretos que se entierran en lo más profundo del olvido para nunca más ver la luz del presente. Pero resulta que el pez sabía. ¿cómo se había enterado?... pues no tenía idea. - creo que deberé tomar más en serio a ese pequeño animalito - Whis siempre había pensado que en realidad el Pez no era un verdadero vidente, pero le tenía cariño, pues lo había rescatado de unas lejanas aguas de un remoto planeta en los extremos del universo. Respiró profundamente de nuevo y se sumió en sus recuerdos una vez más.
- flash back -
- ¿no es verdad que soy hermoso? - Zarbón se contemplaba lleno de admiración hacia su propia belleza reflejada en el espejo, un cuerpo desnudo, fuerte y proporcionalmente armonioso a la vista.
- lo eres - respondió el pelialbino mientras esbozaba una sonrisa desde la cama con el torso descubierto. Para Whis de verdad él era hermoso, quizás un poco infantil con esa clase de preguntas, pero lo amaba. No sabía cómo... o tal vez sí. Esa belleza impoluta, con una distinguida estampa, gallardo, varonil... aunque a veces saliera a relucir uno que otro gesto fino y delicado... todo ese conjunto para Whis, era la belleza perfecta y alguien como él debía ser una buena persona. Aunque en realidad nunca se lo había preguntado.
Ambos mantenían una relación a silencio de todos. No querían ocasionar revuelo ni tampoco problemas. El ángel no sabía a ciencia cierta si tenía permitido poder estar con alguien aún cuando él se estaba preparando para ser el asistente y el maestro de algún Dios de la Destrucción. Ni siquiera se había atrevido a contarle a su hermana, puesto que a veces Vados solía ser poco prudente y discreta. Prefería llevarlo en secreto. Era su mejor secreto, era su tesoro.
- pero ¿no crees que nos vemos aún mejor juntos? - cuestionó el ángel mientras abrazaba por la espalda al peliverde. Se miraban en el cristal. - No seas así conmigo, llevas casi una hora mirándote al espejo y me tienes olvidado en la cama - le reclama Whis en un tono suave. Zarbón sonríe complacido.
- Lo cierto es... - le dice, mientras se voltea para tomar a Whis por la cintura y acercarlo más a él - es que eres bello también, sino... no tendrías la fortuna de que ahora estemos así - le dijo. Whis cerró los ojos mientras apoyaba su frente en la del otro. - somos un dúo perfecto Whis... - le dice para acercarse más y besarlo.
Quizás ese enamoramiento que no deja ver más allá cerraba los ojos del sentido común y de la razón. Para entonces, el ángel no veía que estaba rendido ante un individuo realmente ajeno a los sentimientos que él le profesaba. Se creía correspondido. Pero estaba equivocado. Aún más importante, realmente ambos tenían objetivos e intereses absolutamente dispares. Pero no lo sabía... Más bien no quería saberlo.
El ángel había oído los rumores de que así como lo era en belleza, la crueldad de Zarbón hacia ciertas situaciones eran el mayor defecto que tenía. Que era ambicioso, codicioso, narcisista, interesado, con un profundo deseo de obtener poder y ejercerlo para tener a todos bajo sus pies. Sin embargo, el pelialbino concluyó que todas esas cosas que se decían era producto de la envidia y a los prejuicios, pues Zarbón era mitad ángel, nadie sabía cuál era la otra mitad de su origen. Se cotilleaba que era demonio, otros decían que era producto de una relación prohibida de un ángel y un alienígena de algún remoto planeta, pero... ¿qué importaba? Whis no estaba realmente interesado en saber sobre el pasado de la persona que amaba, no le importaba, porque valoraba la persona que era ahora. Pero ¿quién era ahora?
- ¿Sabes? también eres fuerte - le decía Whis - bien podrías ser un Dios de la Destrucción - le dijo - me esforzaría para ser tu asistente - le dice sonriente. Aquella idea se cruzó por su mente un día mientras se proyectaba en el futuro con el hombre que tenía a su lado.
- Por supuesto que soy fuerte - le respondía Zarbón - ¿ser un Dios de la destrucción? - le pregunta un tanto interesado.
- así es... puedes participar del campeonato donde seleccionarán a los destructores de cada universo - le comenta el ángel.
- Cuéntame más - le pide.
- jojo, está bien, pero antes, mira lo que te he traído - Whis le deja un pastelillo hermosamente decorado con frutas rojas - lo hice para ti - el ángel estaba ansioso que probara lo que había cocinado para su amado - si llego a ser tu asistente te cocinaré muchas exquisiteces.
- Por favor Whis deja de jugar - le dice un tanto asqueado Zarbón - estas cosas no hacen más que arruinar tu cuerpo, tu rostro se llenará de impurezas - toma el pastelillo y lo desaparece con una ráfaga de ki. Whis consternado sintió que dentro de sí se rompía algo.
- pero... - sus ojos intentaron humedecerse, pero lo evitó.
- no te pongas así, sabes de sobra que detesto cuando cocinas esta clase de comidas. Deberías de agradecerme, estoy evitando que arruines tu cuerpo también - le dijo Zarbón intentando "consolar" a Whis.
- Ni siquiera lo probaste - le dijo el ángel aún visiblemente afectado.
- No me has dicho aún eso del campeonato - le dijo el peliverde intentando cambiar de tema - si llegas a ser mi asistente no dejaré que hagas estas cosas - . Whis lo miró a los ojos e intentó decirle algo. Pero no pudo. Esa fue para él la primera prueba de que los cotilleos sobre él eran cierto. - Whis no estés así por una tontería de esas, eres demasiado inteligente y listo para echarte a morir por algo como eso - . Seguía mirándolo sin articular ninguna palabra. Procesaba lo que le había dicho. Tal vez tenía razón, solo estaba exagerando y de verdad debería de evitar cocinarle pues sabía de antemano que Zarbón era un obsesivo con su propio cuerpo. Quizás estaba siendo muy infantil, un pastelillo hermosamente decorado no tenía por qué ser un motivo de conflicto en un momento de intimidad para ambos.
- tienes razón - le dijo finalmente, aún sentido. Pero fingiría, quería hacer feliz a esa persona por sobre todas las cosas. Más aún sabiendo que había encontrado la forma de poder estar con él por mucho tiempo.
- bien, ¿cómo puedo participar en este campeonato? - consultó nuevamente. Whis le explicó que debía presentarse ante el gran sacerdote para dar a conocer su intención e interés en querer ser Dios de la destrucción. Posteriormente se mediría su fuerza y su valor mediante el torneo para luego ser entrenado por algún ángel asistente. - Es decir ¿que terminarás entrenándome tú ? - inquirió el híbrido.
- pues sí - le dijo sonriente y alegre - no te parece fantástico? - le preguntó.
- ¿eres más fuerte que yo? -
- jojojo - el ángel nervioso, soltó una carcajada, sabía que eso golpeaba el ego de su amado - no lo creo en verdad - prefirió no fastidiarlo - un maestro no necesariamente es más fuerte que su alumno, la fuerza no es todo - le dijo finalmente.
- ya veo... - sin estar muy convencido.
Después de esa charla, se dedicaron a entregarse mutuamente, donde ahora Whis llevaba dentro de sí la semilla de la duda. No dudaba de lo que sentía hacia el hombre al que estaba amando ahora. Sentía duda de lo que él era realmente. Tenía miedo de hurgar más en la clase de ser que tenía en frente, sentía pánico de encontrarse con todas esas cosas que se decían sobre él. El hecho de que le haya mencionado participar del torneo para seleccionar al Dios de la destrucción, sembró también el miedo de que finalmente eso terminara por separarlos, pues no pudo dejar de notar el interés exacerbado por querer ser un Dios... pero ¿él sabía lo que significaba ser un Dios de la destrucción realmente? . El ángel decidió creer que sí.
- fin flash back -
La sonata que interpretaba Whis en sus reminiscencias estaba llegando a su último movimiento. Suspiró profundamente como quien se prepara para sumergirse en lo más profundo del océano. Cerró sus ojos nuevamente para llegar al día en que todo acabó.
- flash back -
- Jamás me sentí tan humillado! - Zarbón estaba colérico olvidándose por completo de que su cabello estaba alborotado, algo que en circunstancias normales, no habría permitido por nada del mundo.
- ¿qué te pasa? - Whis se sobresaltó por la forma en que el híbrido entró a la habitación que ambos compartían en secreto cuando deseaban pasar un momento juntos.
- tu padre! - escupió con repulsión y odio. Whis no entendía nada.
- ¿qué pasa con él? - cuestionó asustado el ángel.
- Se atrevió a decirme que no era digno para ser un Dios de la destrucción! a mi! - le gritó con toda furia. El ángel sin poder creer lo que decía Zarbón se acercó a él para calmarlo y darle contención. - suéltame, maldita sea! - el peliverde le impidió acercarse mirándolo con odio - ¿ a caso crees que se pueden burlar así de mi? - le gritó.
- por supuesto que no sabía que esto pasaría - Whis le contestó con toda la sinceridad que pudo demostrar - ¿qué fue lo que te dijo el gran sacerdote exactamente? - quiso saber el pelialbino.
- ¿me vas a decir que tu no sabías nada? -
- Zarbón, como se supone que puedo saber... ¿no crees que al menos te lo habría advertido? - se defendió Whis. El híbrido sin creer absolutamente ninguna palabra de lo que le decía el ángel, con ira destruyó una mesita que había en la sala de espera, se dirigió hacia Whis tomándolo del cuello con furia.
- no soy el juguete de nadie Whis, menos el tuyo - le dijo amenazadoramente. Whis estaba consternado por la violenta reacción que tuvo su amado para con él. Esta vez sin siquiera evitarlo, dejó ver en sus ojos que algo dentro de él se había roto.
- no deberías decirme algo como eso - le dice Whis - te he ayudado en todo lo que he podido, la idea de que fueras Dios destructor fue mía - le responde.
- ¿para que me terminaras humillando? - le dice, mientras ejercía presión sobre el cuello del ángel.
- Zarbón, me estás lastimando, por favor suéltame - le pide Whis con su voz destruida por la presión y por el dolor. Para el ángel en verdad era más fácil quitarse las manos del peliverde con un simple movimiento y mandarlo a freír kerokos al universo 18 si quería, pero se encontraba frente a la persona que amaba y para esa situación no tenía una estrategia o una técnica para luchar.
- no voy a permitir que aplasten de esta manera mis ideales de ser el más poderoso del universo... y de todos los que existan! - la mirada de Zarbón estaba desorbitada. Suelta a Whis con brusquedad y se pierde en sus pensamientos.
- Si el gran sacerdote te ha dicho que no eres digno... debe ser por - Whis no pudo de terminar la oración.
- Es porque según él no comprendo el verdadero sentido de la existencia de un Dios de la Destrucción... sólo porque le dije que Zen o' Sama realmente no necesitaba tantos dioses destructores, con solo mi poder bastaba para destruir a todos! - escupió. El ángel entendió entonces. Y sobre ese entendimiento pudo ver lo que su padre vio en ese hombre que tenía en frente. La realidad de un ser absolutamente ególatra, vacío y miserable. Cierto, no era digno de ser un Dios de la destrucción. Tampoco era digno del sentimiento que Whis le dedicaba.
- Los destruiré a todos, y te juro, llegará el día en que seré emperador del universo... y se arrepentirán - amenazó.
- Ser dios de la destrucción no solo es destruir porque sí... hay una razón fundamental para ello - el pelialbino le replicó absolutamente descorazonado.
- No te entiendo, alguien como tu con tus habilidades, pudiendo hacer grandes cosas, ¿solo se limitará a ser un pusilánime y un niñero del Dios de la Destrucción? No me has servido para nada - Zarbón quería provocar o herir aún más a Whis, necesitaba desesperadamente desquitarse con alguien. - Los universos solo necesitan a un solo Destructor... e incluso, ni siquiera la existencia del rey de todo es necesaria - .
Whis horrorizado, con todo el dolor que sentía dentro de sí por lo que estaba sucediendo, se irguió en toda su altura para acercarse a él amenazadoramente.
- Un Dios de la destrucción no puede ser alguien ególatra... tan superficial, tan despiadado y miserable como tú - por cada palabra que decía, las lágrimas en el rostro del ángel caían sin ningún reparo. Había sido utilizado.
- oh, cariño... no olvides que tú te enamoraste de este ser tan despreciable - le respondió Zarbón con burla. El pelialbino guardó silencio. Era verdad. Se había enamorado de él... o quizás solo se había equivocado estrepitosamente al creer que amaba a ese hombre. Porque en el fondo a quien amaba era a la persona que el mismo había idealizado, solo por la apariencia... solo por la gratitud de no volver a sentirse solo.
- Vete Zarbón - las palabras que dijo le cortaban la garganta de pura pena. - hazte un favor y lárgate de aquí -
- No pretendo quedarme tampoco - Zarbón intentaba arreglarse el cabello ridículamente desordenado - No me interesa para nada estar con alguien que solo desea ser el perrito faldero de un medroso Dios Destructor - Sin más salió del lugar dejando a un Whis destrozado.
Era el cenit de una historia de la que había quedado deshecho, jurándose así mismo no caer nuevamente en dichos estertores, para nunca más quedar como el chiquillo ingenuo, hijo de papá... Esto significaba para él una enorme lección.
Con el tiempo llegó a saber que Zarbón formó parte del ejercito de élite de Freezer y que iban por todos los universos atacando, invadiendo y destruyendo planetas. Posteriormente se enteró que fue asesinado a manos de Vegeta. No le importó. Era un final que esperaba, no lo deseaba, pero si Zarbón había elegido ese camino para su vida, era lógico que tarde o temprano acabaría muy mal. Cosa curiosa... que el asesino del híbrido era hoy su discípulo. Para Whis, la vida tenía un sentido del humor bastante extraño, pero decidió sonreír ante sus bromas muchas veces incomprendidas para el resto de los seres vivos.
- fin flash back -
Whis salió de sus recuerdos para darse cuenta una vez más que había soltado unas cuantas lágrimas más. Lo curioso era que recordarse así mismo como un muchacho ingenuo lo llenaba de tristeza. Para entonces se cuestionaba si tendría la habilidad o la capacidad de poder enamorarse otra vez. Ni siquiera lo había intentado a lo largo de todos los años, siglos y milenios que pasaron.
Pero sucedió que se convirtió en el asistente del Dios de la destrucción del universo 7. Esbozó una sonrisa resignada, aun con los ojos tristes. - Bills... - susurró y una ola de cariño sincero hacia el hakaishin le envolvió el corazón. Para el ángel haberse convertido en el maestro de Bills había sido un desafío y también un arduo aprendizaje. El dios de la destrucción era difícil de tratar, pero con el tiempo se dio cuenta que no era más que un jovencito aterrado por no saber qué debía ni cómo tenía que hacer, era mal educado, carecía de refinación en sus gestos, era tosco, bruto, pero sí muy inteligente.
El tiempo pasó para ambos solo para que su relación de maestro y asistente fuera aún más sólida. Whis comprendió que Bills confiaba en él y lo respetaba, aunque muchas otras veces perdía los estribos por no poder hacer lo que realmente quería. Se dio cuenta que el Dios realmente lo tenía en consideración en cada cosa que quería hacer y mostraba siempre interés en lo que opinaba o pensaba su asistente. De vez en cuando se dejaba engreír, puesto que para Whis era natural ser un consentidor con quienes tomaba cariño. No se dio cuenta, pero sin siquiera habérselo propuesto, ese Dios de la destrucción había conquistado su corazón con los mil y un defectos y con sus incontables actos bondadosos anónimos que nadie más que él había visto. Al final de cuentas, sin hacer la vista gorda, Whis se había enamorado del corazón del siempre cascarrabias de su señor Bills. Pero había asumido que todo ese sentimiento no podía ser nada más que lejano, silencioso, platónico.
- Es hora de ir a ver si no quiere algo de comer... - se dijo Whis mientras se dirigía a la habitación del Dios, no sin antes secar la humedad de su rostro. Respiró hondo, de cierta forma se sentía un poco más ligero.
Y bueno... no sé que decirles.
La razón de por qué hice una asociación de la música con Whis es porque en el juego de Dragon Ball Xenoverse, los poderes o las técnicas que tiene están relacionados con música, por ejemplo, "Destrucción Sinfónica", o "Preludio de la destrucción" y así.
¿por qué Zarbón? no tengo idea... esto también es culpa del juego, supongo... x'D
Espero sea de su agrado, como siempre agradezco todos sus comentarios, me motivan mucho.
Les cuento que esta historia terminará en 2 capítulos más.
