Bills, como de costumbre estaba tumbado en su cama perdiendo la mirada en el techo. Extrañamente hoy sentía hambre... pero sobretodo antojo de comer cosas dulces. Tal vez todos esos días de angustia, aislándose de todo, huyendo de Whis, generaron en el Dios un deseo infinito de endulzar su marchita vida. Porque así se sentía... como ese vegetal oxidado que Whis le mencionó. En esas vastas horas de soledad imaginó 780 mil formas de hablar con el ángel. Recreó 350 mil veces una presunta escena para confesarse. Todo resultaba bien... hasta que llegaba el momento de tomar la decisión. Ahí simplemente se miraba así mismo y decía - no seas patético - abandonando la idea, se tumbaba en su cama adquiriendo su ya habitual actitud apática.
Si bien pudo aclarar sus dudas referente a lo que tenía y no tenía permitido hacer un Dios, seguía sin saber si el albino alguna vez tuvo una relación. Hasta ahora, nunca se había preguntado si el ángel estuvo enamorado. Se recriminaba así mismo por ser como era. Tan infantil e inmaduro... tan mediocre. Porque para él, Whis era majestuoso, brillante, sabio, con un sentido del humor muy particular. Era para Bills, el ser más interesante de todos los universos y el más hermoso de todos los ángeles. - ¿y yo? - se cuestionaba - un Dios de la destrucción Berrinchudo... cobarde - Bills no se daba cuenta que estaba siendo víctima de su propia represión.
Bien podría lidiar con esto por siempre... pero no podía huir todo el tiempo de Whis. Sin embargo tampoco podía escapar de lo que sentía. ¿qué pasaba si al final el ángel se aburría y lo dejaba igual? , Bills se torturaba así mismo con un sin fin de preguntas y con toda clase de situaciones donde siempre Whis era el que se iba. - No quiero que se vaya - decía apenas en un susurro.
- Señor Bills - Whis le habló para captar su atención. El dios levantó su cabeza para mirar a su interlocutor un tanto sorprendido, notó algo extraño en la expresión del ángel. - Me preguntaba si no desea comer algo o beber algo... o lo que sea - le dijo el ángel con derrota, sabiendo cuál sería la posible respuesta del Dios.
- uhm - lo seguía mirando, frunció el ceño esta vez para observar con más detenimiento los ojos de su asistente. Había algo diferente en sus ojos - ¿estás bien Whis? - le inquirió
- mmm ¿ por qué su pregunta, señor? - le replicó el asistente.
- en todo el tiempo que te conozco, jamás vi esa expresión en tu rostro - le dijo demostrando cierta inquietud - jamás te he visto llorar... pero juraría que lo has hecho - continuó. Whis quedó impresionado, pero intentó disimular.
- ¿llorar yo? jojojo - fingió su carcajada mientras que con su mano tomaba su mejilla para disimular aún más que estaba falseando su risa.
- no qué va, el príncipe Vegeta - le dijo con sarcasmo - tienes tus pestañas húmedas, sé cómo lucen usualmente - le dijo Bills algo preocupado, olvidándose por completo que él mismo estaba con sus ánimos más abajo del inframundo. El ángel se sorprendió al enterarse de que su señor notara un detalle como ese.
- ooh, eso - respondió con algo de gracia - no es nada señor Bills, lo que pasa es que fui a lavarme la cara - no le iba a explicar que en realidad no había "llorado" pero que sus ojos dejaron escapar a unas lágrimas rebeldes.
- uhhm - Bills frunció aún más el ceño con duda - ¿no me estás mintiendo? -
- ¿le he mentido alguna vez, mi señor? -
- sabes de sobra que sí - le contestó fastidiado el Dios recordando que hace 130 siglos atrás Whis le había inventado que papá noel ya no le traería regalos si se portaba mal. O como esa vez en que le dijo que solo había ido una sola vez a la tierra a comer deliciosa comida mientras él dormía.
- jojojo, no se enfade mi señor, no vine para que nos peleemos, ¿quiere algo de comer? - intentó desviar el tema - ¿no hay nada que se le antoje? estoy dispuesto a prepararle lo que sea que quiera - le dijo alegre. El hecho de que Bills reparara en el detalle de sus pestañas húmedas y la preocupación que este mostró al notarlos, dejó contento al corazón del ángel.
- me cambiaste el tema Whis, no soy tonto... - Bills iba a rebatir, pero entendía que quizás Whis no quisiera compartir sus penas. Se sintió mal, por darse cuenta que jamás habían hablado de las cosas que pudieran hacer sentir triste al ángel. O tal vez solo estaba imaginando cosas producto al repentino apetito que surgió en él y era cierto que se había lavado la cara.
- Señor Bills, agradezco su preocupación - le decía el ángel mientras se acercaba a la cama del Dios - estoy bien... aunque sí estoy angustiado por usted, y lo sabe - Bills volteó su rostro hacia otro lado intentando ignorar lo que decía el ángel. No tenía ganas de hablar de su apatía nuevamente - puede ignorarme, pero apuesto que se le antoja algo delicioso -
- ehm... digamos que... - se asombró que el pelialbino se diera cuenta de su hambre. Bills pensaba en qué cosa podría pedir.
Hoy tenía deseos de comer cosas dulces... pero si comía dulces después querría comer cosas saladas. - ¿puedes hacerme panquesitos rellenos de crema y pudín con salsa de caramelo y mermelada de fresas? - El dios no lo podía evitar, teniendo hambre era realmente como un niño hambriento, no solo de comida sino que hambriento también de cariño... era solo un chiquillo que deseaba ser consentido. El pecho de Whis se llenó de ternura ante la petición del Dios, se alegró por lograr que el señor Bills aceptara comer algo.
- pero por supuesto que sí mi señor, ¿le gustaría también que preparara helado de chocolate con almendras? - si iba a consentirlo, lo haría con todo - que le parece si además agregamos galletas, tartas de frutas y pasteles con bizcochuelos rellenos de dulce de leche... - Los ojos de Bills se iluminaban por todas las exquisiteces que le mencionaba Whis.
- ¿De verdad puedes hacer todo eso? - le preguntó incrédulo Bills.
- Señor Bills, me ofende, ¿acaso no le he preparado antes muchos deliciosos platillos? - Whis se extrañaba que de pronto Bills se mostrara tan tímido, usualmente le exigía que hiciera toda la comida del universo sin importarle nada.
- pensé que estabas molesto conmigo - le respondió de pronto el Dios con algo de pena que intentó disimular con indiferencia. Whis recordó que la última vez que hablaron, había salido de su habitación no sin antes decirle que si quería morir, él no quería estar presente.
- ouh, es eso - se dijo así mismo el ángel con culpa - lamento mucho lo que dije señor Bills, no debí. En realidad estuve mal al decirle aquello - le respondió el ángel. Whis tomó asiento en la orilla de la cama del Dios para mirarlo a los ojos - Actué conforme a mi frustración... sigo preocupado por usted y bueno... - el ángel no pudo continuar porque el Dios le interrumpió.
- lo siento Whis, yo tampoco quiero... preocuparte... es que... - el Dios se detuvo, en verdad quería explicarle, decirle todo a Whis, que la razón por la que estaba así, era porque había admitido que estaba enamorado de él. Que tenía un miedo atroz de arruinar la relación que tenían. Un terror infinito de que se fuera de su lado por no haber podido controlar sus sentimientos. El ángel notó nuevamente que Bills se estaba encerrando en sí mismo.
- Señor Bills - el asistente tocó suavemente el hombro del Dios - esta bien, sea lo que sea... - Whis meditaba sus palabras, porque sabía la razón que mantenía al Dios en esa condición, pero no tenía idea de como ayudarlo si no confiaba en él - En este basto universo y en todos los otros, hay solución para lo que sea, mi señor - fue lo único que se le ocurrió decir. - Solo no se encierre demasiado en sí mismo, no le hace bien... - le regaló una sonrisa sincera y se levantó. - iré a preparar lo que me pidió... y como lo conozco, prepararé algunos platillos salados - le volvió a sonreír y le guiñó un ojo.
Bien podría usar su magia para cocinar, pero deseaba aprender el arte culinario con sus propias manos, más aún cuando le iba a preparar deliciosa comida a su señor. Después del viaje hacia su pasado, Whis había logrado ponerse de mejor ánimo. Mejor dicho, el señor Bills consiguió que su energía se elevara hasta lo alto de los cielos.
- Qué bueno que le pedí estos ingredientes a Bulma-san - sonriente Bills sacaba la harina, el azúcar, entre otras cosas que utilizaría para preparar un banquete. Luego fue a buscar distintos tipos de carnes, huevos, queso, pastas y algunos vegetales. De su báculo hizo aparecer un montón de ollas, sartenes y recipientes para comenzar con la preparación del festín. - comenzaré con lo dulce - decidió en tanto mezclaba los ingredientes para hacer la masa de los panquesitos y de los bizcochuelos.
Para el ángel, cocinar era terapéutico, sanador. Le gustaba porque le hacía olvidar sus preocupaciones, lo disfrutaba porque en su tremenda humildad era minucioso y dedicado en sus preparaciones. Adoraba cocinar, porque podía pensar con tranquilidad, pero es en la cocina la única instancia donde podía pensar íntimamente en él y en sus emociones. En lo que siente por Bills y en su amor hacia él - me gustaría mucho que me dejaras ayudarte - .
Seguía en su menester, esta vez amasando lo que serían las tartas, de pronto sus pensamientos dieron con un tema que había dejado de lado :
- ¿de quién estará enamorado el señor Bills? - Su siempre brillante cerebro comenzó a funcionar realizando conjeturas. Sabía que podría descubrirlo pero tenía que analizar las posibilidades - el señor Bills conoce a muchas deidades, personas, alienígenas... - partió de esa base - En general a mi amo no le cae bien a nadie, más sé a quienes detesta - aquello complicaba un poco el análisis del ángel. - Si se ha enamorado, es evidente que tiene que ser de alguien que conoce y que trata con frecuencia - Punto a favor, Whis se acercaba a la verdad.
- veamos... últimamente hemos estado más en la tierra y solo con ellos... - Whis quedó congelado - ay por dios... ¿la señora Bulma? - La primera persona que surgió de sus conclusiones fue la mujer de Vegeta - un momento... hasta donde sé, el señor Bills le tiene más bien temor... aunque le perdona la vida siempre que ella se pone algo irrespetuosa con él - el ángel seguía analizando esa posibilidad - pero será que lo hace porque... ¿de verdad le gusta? - Whis detuvo su labor de seguir amasando. Si bien podía ser correcta su aseveración, algo no le cuadraba en esa ecuación. Bills podía ser caprichoso, pero de alguna forma tenía honor y sabía que Bulma pertenecía a los sentimientos de Vegeta y Vegeta le pertenecía a los sentimientos de ella.
- de ser así... habríamos dejado de ir a la tierra o Vegeta habría pasado a mejor vida. Creo que la perdona solo porque nos da deliciosa comida - la contrariedad del pelialbino hizo que dejara de amasar para tomar asiento y seguir en su peritaje.
- En realidad, el señor Bills comenzó a ponerse de esta forma después de haber ganado el torneo - aquello alivió un poco al asistente en tanto se tomaba el mentón para continuar - Si lo pienso fríamente, hace mucho tiempo que el amo no socializaba con nadie, se la pasaba todo el tiempo durmiendo, claro está, eso cambió cuando despertó y fue en busca de Gokú... - El ángel hizo el intento de imaginarse la situación del señor Bills enamorado del Saiyajin y el mismo soltó una carcajada por tan disparatada idea - que va Gokú es igual al señor Bills caprichoso, inmaduro, es fuerte... y bueno, entretiene mucho al señor Bills para... - una vez más quedó consternado. ¿Cabía la posibilidad que Gokú fuera el problema? - Es que... nunca he notado, no... me habría dado cuenta. Tal vez solo me estoy poniendo paranóico - se dijo para calmarse.
Pensó en todos los que estuvieron en el torneo para ir descartando - no, no lo conoce... menos, ni siquiera le cae bien - llegó a Vermoud - que va, lo odia desde siempre... aunque dicen que del amor al odio hay un solo paso...- desecha la idea rápidamente recordando que Vermoud y Marcarita tienen una relación. Era un secreto a voces. Siempre se preguntó si su padre había permitido aquello o si el hecho de que Vermoud estuviese entrenando a Toppo se debía a la posibilidad de que quisiera tener algo más concreto con su hermana.
- Esto es ridículo, nadie encaja, el señor Bills prácticamente habla conmigo todo el tiempo, comemos juntos y vamos a todas partes juntos y ... - el corazón se le detuvo por fracciones de segundos, solo para que sus ojos se abrieran con toda estupefacción.
¿Cabía la posibilidad que fuera tan abstraído como para no haberse dado cuenta?
Mientras el ángel parpadeaba intentando reponerse, su cerebro inicia con la labor de ensamblar toda la historia. Todo lo que no comprendía, ahora estaba tomando forma y teniendo un sentido. Se le aceleró el corazón y su rostro se sonrojó - ¿realmente puede ser posible que... - no se sentía listo para pronunciarlo, a pesar de que las evidencias le estaban mordiendo la nariz, no quería cometer la imprudencia de interpretar mal los sentimientos del Dios.
Sí, el señor Bills estaba enamorado desde hace tiempo - ¿dónde está mi báculo? - preguntó a la nada el ángel, en tanto lo buscaba para verificar todos esos momentos en los que el Dios pudo haber dado alguna señal de interés hacia él. Entonces lo vio.
Aparecieron muchos momentos en el báculo de Whis donde el Dios con su lenguaje corporal, sus gestos e incluso con sus acciones demostraba que deseaba tener la atención de Whis. Por eso siempre el Dios terminaba haciendo lo que él le decía, tomaba en cuenta sus sugerencias, lo consideraba... aunque fuera a regañadientes. Entendía mejor la razón de sus múltiples enojos toda vez que Whis comía solo algo delicioso y no lo invitaba. - Por eso me reprochó que lo tratara con más cariño, por eso se puso nervioso cuando le expliqué su enfermedad y se niega a contarme lo que le sucede - concluía el ángel.
Por eso también, hace muchos siglos atrás, encontró en la cocina 70 tazas rotas y hojas de té esparcidos por todo el piso. Para entonces creía que Bills estaba jugando a ser el destructor y que solo buscaba fastidiar al asistente. Pero ahora entendía mejor. El dios estaba intentando hacerle una taza de té. Tampoco recordaba que ese día el ángel había pescado una gripe y el té esparcido, era uno que ayudaba a aliviar las molestias que generaban el resfrío. Sin embargo, debido a que Bills no tenía mucha habilidad más que para comer, domir y destruir, fracasó en su intento por querer ayudarlo.
El ángel cerró los ojos sonriendo. - Esa es la razón por la que me evita, por eso el pez oráculo estaba tan nervioso y por eso es que me sugirió contarle a Bills mi historia... - Era verdad, nunca había compartido con él parte de su vida, salvo uno que otro detalle de cuando fue Maestro de otros Dioses o cuando solía ser un niño.
Whis se paró de su silla, aún algo impresionado por lo que acababa de descubrir - debo continuar cocinando - se dijo - debo comprobar de todas formas y esta cena me va a ayudar- . Tenía deseos de cantar pero optó por tararear una canción dentro de su mente mientras seguía preparando el banquete. Ahora ya sabía de qué forma poder ayudar al señor Bills. Claro, siempre que no estuviese equivocado.
Cocinar siempre le daba alguna respuesta.
¿Como están? espero de corazón que bien. Primero que todo quiero extenderles mis disculpas, iba a actualizar ayer... pero un tema médico me tuvo un poco entretenida(?).
Aquí recién salido del horno, el penúltimo capítulo de esta historia trastornada. Espero lo disfruten.
Ya que me lo han preguntado, les confirmo que esta historia principalmente no tendrá lemon. Pero sí tengo pensado en escribir algo de eso, pero será una historia a aparte de esta. Al menos ya visualicé como quiero que sea.
Por cierto, soy chica... mujer, chava, vieja, tía... como le digan en su tierra x'D para que no usen los " " .
Como siempre, muchas gracias por su tiempo invertido en leer, gracias por sus comentarios y también por sus halagos.
Abrazos!
