Monumento al Amor

Ya en el templo de Virgo y después de haberse retirado Mu a su respectiva casa, Shaka, Laxmi y yo nos dirigimos cada quien a nuestra respectiva habitación, donde tomé un baño pues aun tenia restos de sangre y mucho sudor tras la visita que le hice a mi maestro. Laxmi me ofreció nuevamente algo que comer, pero de nueva cuenta lo rechacé, pues la escena que había presenciado me había ahuyentado el apetito completamente.

Me recosté en la cama e intenté conciliar el sueño, ya era bastante tarde, cerca de las 2 de la mañana y tras girar nerviosamente por un largo rato en mi lecho decidí levantarme e ir a buscar algo de agua para beber, llevaba cerca de dos días sin comer y sin beber suficiente líquido, lo que contribuía a mi insomnio. Avancé por los largos pasillos del templo y atravesé el salón. Para mi sorpresa, no era la única noctámbula. Shaka se encontraba en posición de loto meditando en el salón, justo frente a la flor de loto que talle en el muro principal, continué mi camino silenciosamente, pero el advirtió mi presencia:

Shaka-Tampoco puedes dormir, ¿verdad?

Nina-No, mi señor, además tengo bastante sed

Shaka-Yo también tengo sed. ¿Podrías traerme un vaso de agua, y algo de comer?

Fui a la cocina y tomé una jarra con agua fresca, un par de vasos y algo de fruta, y me fui al salón a buscar a Shaka, quien me hizo una seña con su mano para que me sentara a su lado en unos cojines multicolores y varias sedas con hermosos estampados. Coloque la charola frente a nosotros y serví el agua para ambos. Shaka tomó su vaso y comenzamos a beber.

Shaka- Debes comer algo, Nina

Me dijo mientras sostenía una manzana roja en su diestra.

Nina- Mi señor, no tengo apetito.

Shaka- Laxmi sufre mucho por tu inapetencia, deberías comer un poco por ella.

Nina- ¿Crees que Laxmi tiene razón mi señor?, que debiste dejarme en la Villa del manantial

Shaka se quedó en silencio unos instantes, y asintió levemente con la cabeza.

Por lo que nuevamente las lágrimas corrieron en mis mejillas. Shaka acercó su mano para retirar el llanto de mi rostro y con la otra acercó una uva a mis labios.

-Shaka- Anda, come algo.

Comí la dulce fruta que parecía ser más deliciosa por venir de su mano, él acercó su cuerpo hacia el mío y acerco a mi boca la manzana que él estaba comiendo a la que di una pequeña mordida. Shaka sonrió dulcemente lo que me hizo sentir mariposas en el vientre, me incline hacia el frente para acercar la charola con fruta hacia nosotros, él apoyo su rostro sobre mi hombro izquierdo y suspiro pesadamente y luego me dijo al oído:

-Shaka- Debí dejarte en la villa del manantial. Pero no quiero tenerte lejos.

Gire mi rostro hacia él, y lentamente nuestros labios se buscaron nuevamente para fundirse en un beso largo, dulce y sin ninguna prisa, su lengua recorría mi boca y tocaba la mía en una caricia tierna pero muy sensual. Soltó la manzana de su mano derecha la cual rodó por el piso del salón, y posó su diestra en mi nuca sosteniendo firmemente mis cabellos. Sin separarnos del beso, el caballero de virgo fue acercando su cuerpo al mío hasta quedar casi encima de mí y yo sobre los cojines en los que estábamos sentados. El beso se fue volviendo cada vez más apasionado y visceral, tanto que comencé a sentir un calor proveniente de mi vientre que subió hasta mi pecho y rostro. Al separar sus labios de los míos, noté que nuevamente sus ojos estaban abiertos, mirándome fijamente, con su rostro serio, inmutable, sin embargo sus manos rápidamente me acomodaron entre sus brazos y me llevo a su habitación.

No es que no supiera lo que estaba a punto de suceder, pero aun así mis emociones eran confusas y caóticas, por lo que temblaba nerviosamente al encontrarme ya en su cama a puerta cerrada. Mientras yacía sobre las blancas sabanas de su lecho podía ver entrar la luz de la luna y las estrellas que se colaban por el inmenso ventanal de la habitación, lo que le daba un tono azulado a la blanca túnica que llevaba puesta el santo dorado, quien estaba de pie frente a mi con sus imponentes ojos abiertos de par en par, destellando como gemas.

De un movimiento suave pero decidido se inclinó sobre de mí y comenzó a besarme apasionadamente mientras se sostenía sobre sus codos para no aplastarme con su cuerpo, con una de sus manos comenzó a desabotonar mi camisón lentamente mientras sus labios bajaban hacia mi cuello, al terminar con el ultimo botón apartó hacia ambos lados los bordes de tela para exponer mi torso que aún estaba cubierto por mi ropa interior, se enderezó quedando arrodillado sobre la cama y me jaló hacia él para que quedara en su misma posición. Con sus manos deslizo hacia abajo el camisón por mi cuerpo hasta retirarlo completamente. Yo instintivamente lleve mis manos hasta sus hombros para abrir los broches de su túnica y así despojarlo también de ella, cuando logre mi cometido él mismo se la quitó quedando solamente en ropa interior, la cual retiró inmediatamente y prosiguió a arrancar la mía con la misma desesperación.

Jamás en mi vida me había sentido tan expuesta, por lo que trataba de cubrir mi desnudez con mis manos mientras él me cubría con sus besos, su piel era cálida y húmeda, el aroma a incienso que despedía era completamente embriagante para mi olfato, sus caricias fueron logrando que me relajara y disfrutara su toque. Luego él, se alejó un poco de mí, y aun con el semblante serio y su voz profunda me dijo:

-Shaka- Déjame admirarte, ¡eres tan hermosa! demasiado... Demasiado hermosa.

Sus ojos llameaban como los de un depredador asechando a su presa, una mirada extraña y fascinante, que lo hacían lucir una salvaje virilidad. Estaba tan nerviosa que no podía articular palabras, por el hecho de mostrar mi desnudez ante un hombre, y tenerlo en iguales condiciones a mí, su cuerpo era magnífico aún más perfecto que las estatuas de apolo que adornaban el templo y tan sensual como las pinturas de Eros de los exquisitos frescos del palacio.

-Nina- Mi señor, yo... te amo, ¡te amo tanto !

Se abalanzó sobre mí para hundir su lengua dentro de mi boca, sus cabellos caían a los lados como una lluvia de oro, y una de sus manos quedo posada en mi rostro y la otra fue bajando lentamente hacia uno de mis senos, al acariciarlo suavemente, lo que me hizo sentir una descarga eléctrica que arqueó mi espalda y me hizo gemir ahogadamente, mis manos se aferraron a su espalda y sus cabellos aceptando su cercanía y pidiendo más de sus caricias, su boca fue bajando por mi cuello hasta llegar a donde se encontraba su mano y comenzar a besar y mordisquear mi pezón lo que me hizo perder el sentido, su mano derecha se colocó sobre el otro pecho acariciándolo frenéticamente, mientras esto pasaba pude sentir sobre mi muslo su virilidad completamente erguida y húmeda, esperando por el momento exacto para poder cumplir su cometido.

Nuevamente subió su rostro para encontrarse con mi boca, bajó su mano derecha hasta ubicarse en mi entrepierna, con sus cálidos dedos realizó múltiples caricias que me arrancaron gemidos y gritos que ahogó con sus besos, hasta poco a poco introducir sus dedos dentro de mí. Mi corazón latía frenéticamente ante aquel contacto que parecía volverse más intenso con el pasar de los segundos, el entrar y salir de sus dedos y la presión a mi clítoris. Nubló en mi todo razonamiento: no podía evitar lo inevitable, le pertenecía completamente, mi alma, cuerpo mi esencia eran solo para él. Era tan extasiante sentirme sometida a su fuerza me hacía sentir sumamente excitada.

Haciendo gala de su increíble fuerza Shaka me levanto en el aire para colocarme sobre la cama apoyada sobre ambas manos y rodillas sosteniéndome por la cintura, siguiendo con sus dedos la curvatura de mi cuerpo hasta llegar nuevamente a mi entrada la cual ya se encontraba lo suficientemente húmeda para lo que seguía.

Presa del deseo, instinto o lo que haya sido, en ese instante, Shaka clavo su masculinidad en mi interior de un solo movimiento brusco y salvaje que me hizo retorcerme de dolor, arrancándome un quejido y lágrimas al por mayor, lo que solo despertó aún más esa bestialidad que lleva tan dentro de sí, bestialidad que oculta tras esa careta de serenidad, envistiendo salvajemente mi intimidad, mientras sostenía fuertemente mi torso y cabellos, en un arranque animálico que jamás imagine propio de mi señor, sin embargo despertaban los mas bajos instintos de mi ser.

Sus gruñidos y caricias toscas me tenían embelesada, a pesar de sentir un agudo dolor entre mis piernas, esa sensación me daba un inmenso placer, Él, al ir empujando con cada vez mas fuerza venció la resistencia de mis brazos por lo que caí sobre la cama, así nuevamente con ayuda de sus brazos en un movimiento rápido me giro boca arriba y se arrodillo frente a mí, colocó una de mis piernas sobre su hombro izquierdo y la otra entre sus piernas dejándome tumbada de lado frente a el, nuevamente me penetró bruscamente, sintiendo en toda la longitud y grosor su miembro dentro de mi, e iniciando nuevamente el frenético va y ven de sus caderas, que me provocaban sensaciones tan intensas de dolor, y placer que nublaban por completo mi razón, solo existíamos él y yo, mientras me veía reflejada en sus profundos ojos, y en la humedad de su cuerpo. Todo era tan irracional, tan primitivo. La misma esencia de unión de un hombre y una mujer desde tiempos inmemoriales se resume en ese acto, dos cuerpos Fundiéndose en uno, en un acto meramente natural e instintivo, no existe una entrega más pura y preciosa que esa.

Poco a poco un calor quemante se fue posesionando de mi vientre, mas, y más, le exigía que siguiera, más profundo, más fuerte, era demasiado para mí, sin embargo deseaba sentirlo aun mas, aunque siguiese doliendo, porque el amor también duele, ¿no es así?, cada vez más grande esa sensación de calor me fue quemando por dentro acelerando mi pulso, explotando un universo completo dentro de mí, me aferre a su espalda y susurre su nombre mientras mis lágrimas caían, Shaka continuaba absorto en su tarea gruñendo y gimiendo ahogadamente hasta que soltó un gemido ahogado que intensifico aún más el calor que sentía dentro, calve las uñas en su espalda mientras contenía un grito.

Con la respiración entrecortada, colocó su rostro sobre mi hombro y salió lentamente de mi interior con lo que pude colocar mis piernas en una posición un poco más cómoda. Cerró nuevamente los ojos y me besó dulcemente en los labios.

Shaka-¿Que has hecho de mí, niña mía?

Me dijo mientras me acomodaba entre sus brazos para acurrucarme en su pecho.

Shaka- Cuando todo esto acabe iremos a la Villa del Manantial

Nina- Es en India, ¿no es así mi señor?

Shaka- Si, te llevaré al más hermoso monumento al amor

Nos besamos por última vez, para quedar profundamente dormidos unidos en un abrazo, nuevamente a pesar de tantas amarguras, podía tener un rayo de luz en la obscuridad, un roce de felicidad.