Mientras esperaba a que su comida estuviera lista, el Dios de la destrucción comenzó a repasar lo que había ocurrido en el torneo del poder. No fue hasta la eliminación de su gemelo, en el que Bills supo que no había apreciado su vida como deidad, ni su tiempo para realizar sus labores correspondientes. Cabía hasta la posibilidad de nunca más ver a Whis. Entendió lo grave que era la situación. Todo había sucedido demasiado rápido... en tan solo 48 minutos el Dios se daba cuenta de todo lo que iba perder por su necedad.
- Whis - susurró, pensando en el ángel. Deseaba tener el valor de decirle lo que sentía. Recordó haberlo visto triste en la tarde - ¿qué pudo haberle pasado? - se cuestionó en voz alta.
- ¿mi señor? - contestó el aludido.
Asustado por la repentina aparición del asistente, el hakai se cayó de la cama.
- ¡aahg, oye, anúnciate cuando estés por entrar a mi habitación! - le reclamó Bills sonrojado.
- lo siento mucho señor - le respondió alegremente el ángel - sólo quería apresurarme en avisarle que la comida ya está lista. La expresión avergonzada y molesta del Dios cambió por una de júbilo.
-¿me lo juras? - le preguntó cómo crío.
- por supuesto que sí, mi señor - le contestó. Se acercó al felino para tocar su frente. Ante el contacto Bills se inquietó, sofocándose. - Pero antes debe lavar sus manos, recuerde que es importante la higiene al momento de comer -
- eh... sí, ahora voy - le respondió con timidez, obedeciendo la instrucción del pelialbino.
- Lo estaré esperando en el comedor - Whis le sonrió para luego dirigirse al lugar indicado. Bills asintió y no pudo evitar sentir nervios.
Siempre tuvo la desagradable e incómoda sensación que su maestro y asistente sabía leer sus pensamientos. Si lo meditaba bien, quizás no era algo tan malo, considerando que podría evitarse el tormento de "confesar" y explicar porqué andaba como alma en pena. Creía que al final, su asistente merecía saber la verdad, pero el miedo siempre latente le aflojaba la lengua y los deseos de querer ser sincero.
Derrotado, suspiró hondo prefiriendo dejar de torturarse por sus pensamientos, ahora lo que de verdad quería era comer y no tenía deseos de que su apetito se esfumara. Lo único que podía hacer, era disfrutar de lo que Whis había cocinado y haría todo el esfuerzo posible para hacer ameno el momento entre los dos.
En el comedor se encontraba la mesa dispuesta para que la deidad pudiera servirse de todos los exquisitos platillos que su ángel había preparado para él. La mitad de la mesa estaba atestado de panquesitos, bizcochos, galletas, tartas entre otras delicias de repostería. La otra mitad estaban las cosas saladas que querría comer después de devorar lo dulce : distintos tipos de carnes asadas, vegetales hervidos, grillados, crudos pero aderezados, arroceras con distintas preparaciones, pastas con diferentes salsas, tubérculos fritos y rellenos.
Cuando Bills llegó al salón, la expresión de su rostro cambió a una de absoluta emoción .
- ¿todo eso es para mi? - quiso saber el exaltado Dios.
- ¿para quién más si no? - le contestó el ángel sonriente, contento de ver a su señor entusiasmado - le dije que le prepararía comida deliciosa -
- todo se ve increíble... te luciste Whis - respondía el hakai mientras se dirigía a su asiento, aún impresionado por la atractiva y apetitosa mesa que había realizado el ángel.
Sonriente y de pie, Whis se puso a su lado invitándolo a que tomara asiento y comenzara a comer.
- espero lo disfrute mi señor, lo hice con mucho cariño - El albino dijo eso último a propósito, pues quería ver en los ojos del felino aquello que vio en el báculo cuando se dio cuenta de la verdad.
El Hakaishin lo quedó mirando un momento. El "con cariño" del ángel resonó en sus oídos y retumbó por todo su cuerpo y por segunda vez en el día, el Dios volvía a sonrojarse. Le quitó la mirada rápidamente para concentrarse en lo que tenía en frente y no "delatarse".
- Eureka! - dijo Whis para sus adentros - ahí está esa chispa divina - recitó en su mente, mientras sonreía feliz. Sin embargo, el señor Bills había cambiado su expresión, se veía visiblemente contrariado por algo. Al parecer estaba teniendo una especie de discusión interna consigo mismo, percatándose de un detalle importante
- oye Whis - dijo de pronto el Dios.
- sí señor, ¿qué ocurre? - el rostro de Whis cambió a uno de confusión. - ¿no le gusta la comida? - preguntó un poco asustado. Bills lo miró con extrañeza, confundido.
- ¿no vas a comer conmigo? - le soltó el felino un poco desilusionado. La verdad es que desde hace ya bastantes centurias ambos se acompañaban para comer y Bills se había acostumbrado a la presencia del ángel para degustar mucha comida. Este lo miró conmocionado por la pregunta. Sabía que su Dios detestaba comer solo. No obstante estaría ahí para hacerle compañía.
- bueno, es que preparé todo esto para usted y yo sé que no es muy afecto a compartir comida...-
- ¿no será que está envenenada y por eso no quieres acompañarme? - interrumpió Bills. Por un momento Whis iba a ofenderse hasta que notó que los ojos de su señor lo miraban expectante a que este hiciera una réplica ingeniosa. El Dios estaba tratando de provocarlo para tener alguna tonta discusión y bromear al respecto. Como solía ser antes de que este fuera preso de su propia represión.
- jojojo, siempre piensa lo peor de mi - la cara de Whis cambió por una de alivio - ¿desea que lo acompañe, mi señor? - preguntó sinceramente.
- Si no te quieres sentar y comer... entonces la comida tiene veneno - le dijo - y no comeré - Whis entendía que esa era la manera en la que el señor Bills se atrevía a pedirle que lo acompañara a comer. Sonrió y tomó una de las sillas que estaba a su lado.
- de acuerdo mi señor, ¿desea que dé la primera mordida a alguno de estos pastelillos para asegurarse? - le preguntó mientras se sentaba junto a él.
- prueba este panquesito - dijo Bills en tanto acercaba el dulce a los labios del ángel. Whis absolutamente pasmado por el gesto, supo que era su turno de que sus mejillas se sonrojaran.
Por otro lado Bills no tenía idea cómo se había atrevido a hacer algo tan estúpido y ridículo. Como el ángel no reaccionaba, el Dios se arrepentía por su fugaz osadía -¿en qué rayos estaba pensando? - se reprochó. Estaba a punto de aplastarle el pastelillo al pelialbino en la nariz para ocultar en una "broma" su intento de ser gentil , hasta que Whis se acercó al panquesito dándole una mordida suave. Sorprendido el hakai se abstuvo de usar su "plan b".
Whis masticaba con tranquilidad con los ojos cerrados degustando pausadamente su propio postre.
- tal vez la recomendación viene muy de cerca, hasta incluso puede que parezca presuntuoso, pero esto está realmente maravilloso - dijo finalmente el ángel visiblemente conmovido.
- a ver, déjame probar - le dice Bills tomando otro panquesito echándolo rápidamente entero a su boca, olvidándose de la"metedura de patas" de hace un momento.
- Señor Bills no haga eso, cuántas veces le he dicho que esa no es la forma de comer, así no disfrutará realmente el sabor de lo que come - le dijo el ángel un poco molesto.
Bills haciendo oídos sordos a lo que le decía su asistente, seguía masticando identificando el maravilloso sabor que le había descrito el ángel.
- Esto es extraordinario... - dijo finalmente el Dios - ¡maldita sea Whis, todo te sale perfecto, esto está exquisito! - sentenció.
- me alegra saber que fue de su agrado mi señor - respondió con alegría.
La comida transcurrió con tranquilidad e incluso hubo varias carcajadas por parte de ambos mientras conversaban de todo y de nada a la vez. Por un lado Whis estaba contentísimo por varias razones, había logrado sacar de esa habitación al Dios, consiguió hacerle comer bien, y por sobretodo obtuvo su mayor recompensa: tenerlo gozoso a su lado disfrutando de la comida que le había cocinado. Lo único que quedaba por hacer, era ayudarlo a desahogarse. -Eso va a estar un poco más difícil - pensaba.
Por otra parte Bills, mientras conversaba, engullía como si de verdad fuera la primera y la última comida de su vida, quedando extasiado por cada cosa que saboreaba. El Dios no lo notaba pero la oclusión que cargaba en su pecho se había alivianado bastante. El pasar el rato con Whis, comiendo junto a él le había subido tremendamente el ánimo. Por alguna razón comenzó a sentir una especie de esperanza o ilusión. Tenía la impresión - tal vez no tan equivocada - que a Whis también le gustaba pasar tiempo con él y eso lo hacía feliz.
- oye Whis - le llamó el Dios, mientras metía los último bocadillos que quedaban a su boca - ¿mtushjerfmmnhnos ftcofcinnman igualde fbien? - preguntó Bills.
- amo, mastique su comida y después me hace la pregunta, no le he entendido nada - respondió el ángel en tanto le entregaba una servilleta para que se limpiara la comisura de sus labios.
Como Bills no tomaba la servilleta, Whis se acercó a él y le limpió. El Dios se congeló por el acto de su asistente y por la cercanía que estaban teniendo en ese momento. Quedó hipnotizado por los labios del ángel. Jamás lo había tenido así de cerca y nunca había notado en detalle su rostro. La nariz del ángel era recta y pequeña, bien perfilada... era perfecta. Sus siempre deslumbrantes pestañas coronaban los ojos color lila que a Bills siempre deslumbraba, su cabello blanco platinado peinado con tanta gracia, hacía que el destructor quisiera perder sus manos en ese cabello. En su conjunto el ángel podría tener una expresión fría y carente de emociones, pero cada época vivida junto a él, había descubierto que era un ser demasiado dulce y cariñoso... siempre que no se le ocurriera fastidiarlo claro está.
Aunque el contacto mientras limpiaba fue breve, el ángel pudo notar que su señor lo miraba como si fuera la última maravilla del universo. Sonrió para sus adentros complacido de generar ese tipo de reacciones en él.
- ya está amo - le dice Whis mientras se separa del Dios risueño por la cercanía. En una extraña sincronía premeditada tal vez por el azar, la mirada de ambos convergieron solo para sostenerse en los ojos del otro. Ninguno de los dos decía nada, seguían observándose. Bills perdido en los iris de su ángel deseaba poder decir con la mirada lo que no se atrevía con palabras. En tanto el asistente apreciaba encantado los ambarinos ojos de su señor llenos de ¿amor?, se percató de que las pupilas de su amo estaban dilatadas. Sonrió nuevamente.
Bills reaccionó y volteó su cara avergonzado y sonrojado ... otra vez.
Un poco desilusionado Whis se acomodó nuevamente en su asiento, igualmente ruborizado por lo ocurrido. No iba a negarlo le agradó en sobremanera estar de ese modo con él. Tal vez Bills no se había dado cuenta, pero estaba irradiando un calor que era atrayente al aura del ángel.
- bueno, ¿qué fue lo que me preguntó? - el asistente decidió continuar con la conversación que estaban teniendo.
- ¿ah? - Bills tardó un poco en recuperarse y recordar de lo que estaban hablando - ah, sí... te preguntaba si tus hermanos también cocinan así de bien - en vez de estar alterado, el Dios estaba cohibido y perturbado. - ¿qué rayos fue lo que pasó? - se preguntaba para sí.
- ah pues, no - dijo el ángel tan risueño como siempre. La verdad es que estaba haciendo un esfuerzo inconmensurable para no conmocionarse más de la cuenta - No todos los ángeles tenemos las mismas habilidades ni los mismos gustos - decía - Por ejemplo, aunque Vados es mi gemela y le guste la comida, siempre preferirá cosas saludables, aunque no sepan bien - respondió.
- ya veo... - a pesar que intentó en todo momento tomar atención a lo que decía el ángel, el Dios tenía fija la mirada en sus labios . No podía obviar tan evidente manjar. El malva de esos labios no hacían más que recordarle a la pequeña y dulce fruta de la tierra, cuyo nombre no recordaba.
Con sentimientos encontrados, rompiendo su propia introversión, Bills se alejó un poco de la mesa. - bueno... he quedado satisfecho - anunció - soy afortunado de que seas mi asistente entonces, porque me habría muerto de hambre con algún otro que no fueras tú. - Dándose cuenta de lo que dijo, se lanzó 350 hakais en su imaginación para autocastigarse. - ¿por qué no le pides matrimonio también?, estúpido - se recriminó cruelmente.
- ¿le ha gustado mis señor? - cuestionó el ángel halagado con lo dicho por Bills.
- insuperablemente sublime - No sabía por qué, pero no podía controlar su lengua ni las cosas que decía. Es como si de repente el ultra instinto estuviese actuando en su habla. - ehm... bueno yo iré a mi habitación y -
- ¿se irá a dormir ya? - Whis notablemente decepcionado intentó convencerlo para que se quedara un poco más. - aún falta la taza de té mi señor, ¿me acompaña? luego puede ir a descansar - le pidió abiertamente.
Bills lo observó por un momento, Whis nunca le había pedido nada de forma explícita si se trataba de algo para sí mismo. En verdad el Dios quería estar más tiempo con él, pero también quería huir, pues estaba demasiado descontrolado con lo que decía... aunque si lo pensaba bien... - he metido varias veces la pata y no veo que esté molesto... - razonó. - de acuerdo, a por el té - aceptó finalmente.
- Vamos a la terraza amo, la noche está agradable - pidió una vez más el ángel más emocionado que nunca.
- ¡aish, que jocoso te pones! - responde el Dios fingiendo indiferencia, mientras cruzaba sus brazos por su cabeza como hacía usualmente cuando deseaba demostrar indiferencia. - está bien vamos a la terraza - .
Ambos se dirigían al jardín del planeta. Bills seguía en la misma postura de indolencia, en tanto Whis lo miraba abiertamente. - No es más que una vorágine de emociones - pensaba el ángel.
Llegaron a la terraza y cada uno tomó su lugar. Los milenarios maderos que estaban a la orilla del río eran el lugar perfecto para meditar, charlar y por supuesto tomar el té.
Con su báculo Whis hizo aparecer una bandeja con todos los artefactos y accesorios para preparar té que flotaban entre ambos troncos a la altura en la que se encontraban ambos. Bills observaba con atención como su maestro y asistente preparaba el té con solemnidad y paz. Parecía estar feliz y aquello le agradó. Le gustaba contribuir aunque sea de forma indirecta a la apacible sonrisa y al rostro tranquilo que reflejaba el ángel. Sin embargo recordó que hace unas horas atrás, había visto sus pestañas húmedas y sus ojos excepcionalmente tristes. Frunció el ceño desconcertado. No pudo seguir en sus cavilaciones puesto que Whis ya había servido el té.
- mi señor, el té ya está - le dijo entregándole su taza - 3 de azúcar y dos gotas de limón -
- sin jengibre, ¿verdad? - inquirió el Dios.
- exactamente - respondió el ángel. Se dispusieron a tomar el té y un silencio extraño se apoderó del lugar. No era incómodo, más bien era agradable pues ambos se sentían a gusto en la compañía del otro. Sin embargo, Bills aún tenía la desazón por la mirada del ángel de hace unas horas atrás.
- y bueno Whis, ¿me dirás por qué lavaste tu cara esta tarde?...¿con lágrimas? - preguntó de pronto el Dios sin ningún tipo de filtro.
- ¿cómo? - el ángel no entendió en principio la pregunta.
- a mi no me vas a engañar, tus pestañas estaban húmedas porque anduviste lagrimeando... y ni se te ocurra echarle la culpa a una cebolla - le reprendió Bills. Comprendiendo mejor a qué se refería, Whis sonrió incómodo. Parece que era tiempo de sincerarse. El ángel guardó silencio por largos segundos...
- está bien... me descubrió - de reojo Bills lo miraba esperando que continuara mientras sorbía té de su taza. - Bueno yo... - empezó diciendo el ángel. No era tan fácil como pensaba... quizás entendía un poco a Bills y su represión por no decir nada. - vaya, esto... es un poco vergonzoso señor-
- está bien, no digas nada si no quieres - el Dios no evitó preocuparse por su asistente. Entendía que se sintiera complicado hablando de algo íntimo, por lo que prefirió no forzarlo. No obstante, deseaba saber qué o quién se había atrevido a humedecer los ojos de Whis, pues lo destruiría a puño partido.
Whis cerrando los ojos, respiró profundamente soltando el aire por su boca, resignado a que debía contarle parte de su pasado al señor Bills. Tomó valor y habló:
- ¿sabe? hace ya... muchísimos eones, antes de que me convirtiera en su maestro y asistente... amé a alguien una vez - . Habló lo más tranquilo y pausado que pudo. No quería mostrarse nervioso.
El Dios impactado, casi escupe su té. Observó a su asistente para verificar que no se tratase de alguna broma.
- ¿qué? - logró articular el hakai.
- era joven - el rostro del asistente perdió toda expresión de emoción, había una mirada fría y vacía, perdida en el cielo - nunca se lo dije a nadie - Whis resopló una vez más- y probablemente fue lo peor que pude haber hecho, estuve muchos años cargando una enorme angustia - .
Bills lo miraba sin poder creer lo que le estaba diciendo su ángel. Algo dentro de su interior le dolía. Tuvo la imperiosa necesidad de salir de ahí y destruir 596749656688748 galaxias de la forma más brutal que existiera para desahogarse. Pero se contuvo. Whis estaba confiando en él y parecía que realmente necesitaba hablar. Ciertamente se arrepentía de haber preguntado de más y ahora, tendría que escucharlo.
- recordar lo que sucedió me hizo sentir un poco vulnerable otra vez - continuó el albino - la verdad he estado sensible desde que ha estado así mi señor - le dijo. Whis miraba a su Dios temiendo ver enojo en él. Empero, se encontró con una escena donde el señor Bills se veía ensimismado. Este último le regresó la mirada.
- ¿así cómo? - cuestionó escuetamente. El ángel se dio cuenta del cambio de actitud del destructor y por un momento se arrepintió de haberle contado.
- perdido señor - respondió - me he sentido...solo, incluso aún más que cuando usted duerme-
- hmm - no iba a admitirlo, pero aquello hizo sentir al felino un poco culpable - ¿aún le amas? - Sin saber si quiera de quien se trataba,su necesidad por tener más información se había apoderado de su habla, soltando la pregunta sin premeditación.
Y aunque la interrogante había sido precisa reparó en el mustio tono de voz de su señor. Se apresuró en responder.
- No, en lo absoluto - aseguró con voz rotundamente tajante. - Solo fue un recuerdo y una experiencia en mi vida. Pero le aseguro que de aquello no queda nada - Whis le miró para verificar que la deidad le había creído.
- ¿por qué no funcionó? - a pesar de que Bills no quería saber más sobre ese pasado, su curiosidad y su masoquismo pudieron más. Por eso el dicho decía "la curiosidad mató al gato".
Whis lo observó indeciso, dudando si debía o no contarle más sobre aquello. Pero necesitaba darle confianza.
- ¿en verdad quiere saberlo? - cuestionó el albino.
- no habría preguntado - esta vez Bills se irguió quedando su espalda recta, cruzando los brazos, en tanto su mirada circunspecta se perdía por ahí. Su cambio fue repentino, tanto que el tono de su voz fue profundo y severo provocando que el ángel se estremeciera de solo escucharlo.
- Fue cuando estaba terminando mi preparación como maestro - comenzó Whis.
Siguió contándole el cómo habían sucedido las cosas, desde que conoció a ese sujeto hasta que finalizaron la relación tormentosa que mantenían. En cada parte o episodio que le narraba el ángel, Bills cambiaba de expresión conforme a lo que iba sintiendo: enojo, indignación, compasión, celos y muchas ganas de asesinar al imbécil que había sido cruel con su ángel.
- tiempo después, me enteré que se había unido al ejército de Freezer y que era su mano derecha - continuó el albino - después, me parece que fue asesinado -. Hasta entonces, Whis había evitado dar nombres porque no quería cabrear más de lo que ya estaba su señor. Prefirió dejarlo así, rogando a Zen o' Sama que este no preguntara más detalles.
- ¿quién era? - De acuerdo o la suerte no estaba de su lado o Zen o' Sama estaba ocupado jugando a las escondidas, por lo que no pudo oír sus ruegos. Notó nuevamente la profundidad y la severidad que la voz de la deidad transmitía, pero esta vez era aterradoramente intimidante, pues apenas y había modulado las palabras al formular la pregunta.
- oh... mi señor ya no tiene importancia, su exist...-
- contéstame - ordenó Bills dejando entrever que no tenía paciencia para las "perdices" de su asistente. Resignado, Whis contestó:
- Zarbon -
- ¿QUÉ? - Bills casi se cae del tronco de donde se encontraba. Whis cerró los ojos esperando un armagedón de proporciones bíblicas. - MALDITA SEA WHIS POR QUÉ CARAJOS NO ME DIJISTE NADA CUANDO NOS REUNIMOS CON EL ESTÚPIDO DE FREEZER! - El destructor estaba tan enojado que no se había dado cuenta que había tirado su taza de té.
- cálmese mi señor, no le dije porque ya no tenía importancia - Whis trataba de sosegar al Dios mientras reparaba la taza tirada. Esto no estaba saliendo como lo había planeado.
- ¿QUE NO TIENE IMPORTANCIA? LO MATARÉ, MALDITA SEA MATARÉ A ESE MISERABLE - Bills estaba enajenado gritando, mientras su aura destructiva se elevaba rápidamente. El ángel no tuvo más opción que acercarse a él amenazadoramente para calmarlo.
- Bills, contrólate... no hagas que me arrepienta el haber confiado en ti - dijo, tomando posición de ataque en caso de que la situación empeorara. Lamentablemente tendría que noquearlo.
Pero no sucedió, el hakai lo miró enfurecido mientras respiraba agitadamente tratando de calmarse. Pasaron unos minutos antes de que el Dios se repusiera de su furia.
- Vegeta lo mató cuando estuvieron en Namekusein - dijo finalmente el asistente, volviendo a tomar su lugar. Bills se debatía entre seguir ahí o marcharse a su habitación.
Hubo un largo silencio en el que ninguno de los dos decía nada. Esta vez el silencio que los acompañaba era nefasto y doloroso. Whis suspiró mirando al Dios, su ánimo había caído otra vez. Todo lo ocurrido le sirvió al ángel para darse cuenta que sin proponérselo había herido a Bills. Se sintió horrible, parecía que su plan había fracasado, lo único que quería era comprobar si el Dios realmente estaba enamorado de él, hacer que este se confesara y que al fin su señor fuera el mismo de siempre. Tendría que enmendar.
- amo Bills - llamó el ángel suavemente.
- ... - el dios no sabía si responder.
- mi señor... - reiteró Whis - perdóneme ... -
- ¿por que no me dijiste esto antes? - volvió a preguntar el hakai - ¿no ves que ahora ya no puedo aplastarle su asquerosa cara? -. Si bien ahora no gritaba, seguía molesto por la situación. El ángel no pudo eludir una sonrisa de satisfacción. Parecía ser que Bills no solo estaba enamorado de él, también lo amaba a tal punto de querer saciar su ira en venganza hacia el híbrido.
Había olvidado cuan protector podía ser el señor Bills.
- no se lo dije porque... no se lo había dicho a nadie, es la primera vez que me atrevo a hablar de esto con alguien más. Él ya no significa nada, está en el infierno - le respondió finalmente el ángel.
- ¿y si lo revivimos? - preguntó con seriedad y esperanza el Dios.
- jojojo, pero amo! - Whis se rió por la actitud infantil y creativa que de pronto adquirió su señor - por supuesto que no, usted no va a ensuciar sus manos con ese abyecto ser - le dijo - además usted no puede usar el hakai para eso...-
- no voy a usar el hakai, le reventaré su horripilante cara a puñetazos - argumentó Bills, satisfecho por su "grandioso" plan.
- ¡ dije que no !- el ángel tuvo que ser duro al contestar - Amo, agradezco que... bueno... - no sabía exactamente qué decir - que quiera ... defenderme de alguna manera, pero ya ni siquiera me importa - le dijo. Sus mejillas se ruborizaron nuevamente.
No importaba lo que dijera el ángel, solo quería revivirlo unas 150 mil veces para matarlo esas mismas 150 mil veces. No podía creer que alguien tan poca cosa, tan rastrero y miserable como Zarbon hubiese utilizado a Whis... a su Whis. ¿Cómo siquiera se había atrevido a despreciar la deliciosa comida que hacía?, ¿Cómo es que tuvo la asquerosa insolencia de lastimar a su ángel?
Estaba furioso.
Después de unos minutos, recordó el día cuando preguntó al pez oráculo si el ángel había estado enamorado alguna vez, negándoselo descaradamente. Ya arreglaría cuentas con él. No obstante, debía calmarse, su maestro y asistente se veía un poco afligido por la bataola que había causado y eso no era justo, había hecho esta comida deliciosa para él, lo acompañó dándole una velada muy agradable, charlaron gratamente y... los labios malva del ángel lo tenían nuevamente hipnotizado.
- tsk!... no tengo que pedirte permiso - le respondió, dando a entender que al menos por ahora no iba a insistir con el tema.
- me enojaré con usted si hace algo como eso - replica el asistente.
- ¿ y qué harías si no te hago caso? - preguntó desafiante.
- no intente desafiarme amo, sabe que no le irá bien - contesta el albino. Bills no sabía como explicarle la desesperación que sentía. Solo quería impartir justicia, vengarse. El solo haberse enterado de lo que había sucedido, generó un ardor en su pecho. No obstante el voto de confianza que le había otorgado el ángel contándole su historia amorosa con Zarbon, hizo que el destructor se motivara a hablar.
Pero pasaron varios minutos más en absoluto silencio.
- tengo miedo Whis - dijo de pronto el Dios.
El pelialbino dejó su taza de té para observar a Bills detenidamente. Ese miedo que manifestaba tener, era visible en su rostro. No era el mismo miedo que brotaba en él cuando aparecía Zen o' Sama o Daishinkhan, pues ahí había un terror por morir. Pero esto era diferente, era un pánico que emanaba angustia y es que al parecer para el señor Bills había algo más espantoso que morir.
- mi señor - Whis supo entonces que Bills se liberaría de sus propias cadenas. - ¿A qué le teme, amo?, ¿Qué puede ser tan terrible para que mi señor Bills esté así? - las preguntas fueron expresadas con sutileza, cuidado y cariño, ya que debía hallar la manera de aflojar esa coraza en la que el hakai se había empecinado en usar como refugio. Y aunque supiera la respuesta de la razón que mantenía a Bills reprimido, para el ángel no dejaba de ser solo una presunción y a la vez un muro el cual desbaratar.
Vio que Bills clavaba la mirada hacia el horizonte, con la finalidad de evitar mirar al ángel.
- yo... - Bills temblaba. El Dios se estaba arrepintiendo por haber hablado de más. Le dolía el pecho y la garganta como consecuencia de ocluir demasiado tiempo sus emociones. Si no decía algo, estallaría y no en ráfagas de ki precisamente. El hakai cerraba los ojos mientras fruncía su ceño, adquiriendo una postura de frustración y desesperación. Whis resolvió que lo ayudaría un poco.
- Señor Bills - llamó el ángel - mi señor- reiteró, esperando que el Dios lo mirara - Amo, por favor - suplicó, en tanto se acercaba a él para tomar su mano.
Aquello logró lo que el albino quería, el Dios abrió los ojos apenado.
- lo que le diré, no quiero que lo tome como un reproche. Acabo de contarle un recuerdo de mi vida que tenía totalmente en el olvido. Decidí contárselo por dos razones - el ángel tomó con más fuerza la mano del Dios, pues quería demostrar que estaba siendo sincero - Debe entender que no hablar de lo que sentimos no es sano para el alma de nadie, y además ... probarle que yo confío y me preocupo por usted... ¿por qué no confía en mí? - con voz tenue, Whis formuló la pregunta.
Bills aún mudo, miraba al ángel con tristeza.
- confío en ti más que nadie en los 12 universos Whis, como no tienes idea - El Dios que hasta ese momento se había dejado tomar de la mano, correspondió el agarre que había iniciado el albino. - ¿Qué razones podrían llevarte a abandonarme como Dios de la destrucción? - preguntó el Dios sin saber si aquello había sido una pregunta bien formulada. Su asistente le miró desconcertado.
- ¿mi señor? -
- quiero decir... ¿qué tendría que hacer mal para que te marcharas y renunciaras a ser mi asistente y maestro? - le preguntó seriamente.
- ¿a caso quiere que me vaya de su lado mi señor? - respondió con otra pregunta el ángel. Por unos breves segundos se aterró al pensar que había interpretado mal al Dios y que este lo que realmente quería era que se fuera, pero luego de recuperar su impecable lógica, intuyó que el Dios buscaba tantear terreno, en la eventualidad que se dispusiera a declarar.
- estoy hablando en serio Whis - se molestó un poco el Dios creyendo que su asistente estaba saliendo con sus típicas bromas espontáneas.
- uhmm... lo siento mi señor, su pregunta me deja un tanto desarmado - le responde.
- es una pregunta... y no me has respondido - reiteró Bills.
- Sabe muy bien el qué y él como, mi señor, las únicas razones que me llevarían a renunciar, sería que usted hiciera algo inapropiado - dijo, al ver que el semblante del felino se apagaba, se apresuró en agregar - y llámese inapropiado todo acto que albergue maldad y egoísmo... la otra opción es que usted muera - el hakai se atrevió a mirar los ojos del ángel por lo dicho - quedaría inactivo de mis funciones - .
La respuesta del albino no lo había convencido del todo. Más bien no le daba la seguridad que necesitaba para decirle a Whis lo que estaba sintiendo. ¿por qué simplemente no se largaba de ahí y seguía con su magistral plan de evitar al ángel?
- ¿por qué siento que no me cree? - Whis liberó la mano que sostenía del Dios con cuidado. Suspiró para luego posicionarse frente a él flotando a la altura en la que se encontraba el hakai para mirar fijamente sus ojos.
Bills rehusaba mirar al frente. Se dio cuenta que comenzó a sentir un vacío cuando Whis había soltado su mano.
- sí, te creo - le dijo en un susurro - pero... no quiero que te alejes de mi - fue apenas audible, pero el albino pudo entender. Bills ahora estaba abochornado y más nervioso que antes.
- no tengo ninguna razón para irme de su lado - respondió con delicadeza, en tanto se acercaba más al Dios. Esta vez tomó ambas manos del hakai para tranquilizarlo. Bills lo miró con vergüenza teñida de rojo en su rostro y Whis lo observaba risueño y ruborizado también. Necesitaba que entendiera que todo iba a estar bien - yo tampoco quiero alejarme de usted, ni tampoco quiero que se aleje de mi -
Ambos se observaban, el Dios inconscientemente empezó acariciar las manos del ángel que sostenían las suyas. Whis se sorprendió tanto por el gesto que no pudo presagiar lo que Bills estaba a punto de hacer.
No supo cómo ni cuando sus labios habían sido invadidos de forma repentina por el hakaishin.
Su inicio fue torpe y hasta un poco rudo, pero para el asistente - quien no esperaba algo como esto - le fue imposible no enrojecer de la alegría y la emoción, aunque claro, el shock de saberse besado por su Dios no le permitía hacer nada más que quedar paralizado como un idiota.
El ángel inmerso en todas las sensaciones maravillosas que estaba experimentando gracias al contacto, se disponía a corresponder el beso que Bills le estaba dando, pero toda su motivación se transformó en desilusión, pues el Dios se separó de él finiquitando el ósculo.
- ¿Esto también es inapropiado? - Bills vencido por sus miedos, entendió que desde ahora en adelante el resto de su vida sería miserable y debía aceptar que Whis se iría de su lado, por haberse atrevido a besarlo. Precisaba ir a su habitación para huir, no quería ver el rostro de su ángel y encontrarse posiblemente con una asqueada expresión de horror - puedes irte cuando desees- le dijo sin mirarlo. A pesar de haber cometido tal acto de insolencia, se sentía ligero. El peso que cargaba hace semanas ya no le molestaba y... no podía dejar de pensar que los labios de su ángel, eran tal vez lo más celestial que hubiese podido probar.
Whis aun en su estado de parálisis, cuando se dio cuenta de lo que le dijo el Dios este ya se encontraba dándole la espalda para salir volando de ahí. Iba a replicarle, para que no se fuera, pero prefirió actuar.
- ¿dónde crees que vas? - murmuró el ángel rápidamente para detenerlo, tomándolo del hombro, hizo que se girara y volviera a su lugar. Sin darle tiempo a que dijera o hiciese algo, Whis tomó el rostro de Bills para acercarlo al suyo. Los ojos del ángel se entrecerraron mientras acortaba la distancia entre él y el hakai.
Pese a que el Dios casi se muere de un infarto, pudo recuperarse cuando sintió nuevamente los labios del ángel en los suyos. El beso iniciado por Whis comenzó siendo suave. De apoco y con tranquilidad abrumante se adueñaba de la boca de su señor dejando que él también reconociera la suya propia, su sabor, sus labios, su beso. Una de las manos del ángel fue bajando por el cuello, deslizándose por su hombro, pasando por su antebrazo buscando la inmóvil mano del Dios, la tomó con ternura entrelazando sus dedos con las de él ejerciendo cierta presión para que este reaccionara, con su otra mano bajaba por la espalda de su señor para apegarlo más a él. Ese gesto provocó que Bills armonizara con lo que el ángel le estaba pidiendo mediante el beso y sus caricias, atrayendo aún más su cuerpo al de Whis, abrazándolo por la parte alta de la cintura.
Después de algunos minutos en el que se detenían para respirar un poco, seguían en su laboriosa misión de besarse. Besos cortos, besos suaves, mordisqueos sutiles, intensos y posesivos eran las tantas tácticas que cada uno utilizaba para dominar en el acto del ósculo.
En los pocos momentos de "cordura" que tuvo el Dios mientras luchaba con la insistencia del ángel por querer "mandar" en la boca del otro, se preguntaba si su descaro era a causa del Ultra Instinto. Si hace nada que estaba enojado y gritando como bestia.
Tal vez era muy canalla echarle la culpa a la técnica divina.
Finalmente se detuvieron para apoyarse en la frente del otro más rojos que cualquier fruto existente en el universo. No sabían qué decir, solo eran ellos dos y su agitada respiración.
- aún cree que debo irme, mi señor - Whis intervino para aclarar las cosas ahora que ya le había explicado de una manera muy particular que él no quería irse por ningún motivo, a ninguna parte.
Seguían abrazados aturdidos y felices. Ante la pregunta del ángel, Bills comenzó a mover la cola nervioso, de un lado a otro.
- cállate - respondió, mientras escondía su rostro en el cuello del ángel.
- me alegro que no se haya reprimido - dijo Whis mientras sonreía refiriéndose no solo por atreverse a besarle, sino que también por los besos que vinieron después.
-¿qué se supone que haremos ahora? - preguntó Bills con su cabeza apoyada en el hombro del ángel.
- no tengo idea mi señor, solo sé que seguiré siendo su asistente, su maestro y su ángel si así lo desea - contestó el albino, haciendo que el hakai lo mirara.
Ninguno de los dos tenía idea de cómo iban a ser las cosas de ahora en adelante, lo único tangible que poseían ahora, era el abrazo que los unía por un sentimiento mutuo. Era nuevo para el Dios, pero estaba tan contento de que Whis lo correspondiera, que no le importaba que fuese el primer amor de su vida. Esperaba que fuera también el único. En tanto el ángel recordó todas esas maravillosas sensaciones que brotan en el alma cuando se ama, surgiendo una nueva emoción en él: cálida y sincera, ese sentimiento de bienestar cuando alguien te ama de verdad.
Para ustedes, con cariño y mucha devoción, el capítulo final.
De corazón agradezco su apoyo y sus siempre bienvenidos comentarios.
Espero pronto estar subiendo más historia de mis adorados Whis y Bills.
Gracias por todo!
