Caos.
Cuando por fin desperté eran ya las 9:50 am, el sol estaba bastante alto y los trinos de las aves anunciaban la mañana, gire buscando a mi amado, encontrando el lugar que ocupaba vacío, me levanté de la cama y me puse el camisón, note las sabanas revueltas y manchadas de sangre como recordatorio de lo que había pasado hace algunas horas, era verdad, le había entregado mi inocencia al caballero de virgo, el solo mirar la escena me hizo saltar el corazón, me encaminé hacia su cuarto de baño que se encontraba vacío, y la terraza de su habitación. No había rastro de Shaka. Avancé por los pasillos rumbo a mi habitación para cambiarme de ropa y salir hacia el palacio del patriarca, debía seguir trabajando en los murales y tal vez lo encontraría ahí. Cuando de pronto una voz femenina muy familiar salió desde el fondo del pasillo.
-Laxmi-Si estás buscando al amo, no se encuentra aquí, salió desde muy temprano hacia el palacio del gran maestro, pues se solicitó su presencia urgentemente.
Laxmi me miraba con ojos fùricos y desaprobadores, sabía lo que había pasado entre Shaka y yo. Era verdad, esa mujer no aprobaba nuestro amor, sin embargo sus intrigas no habían dado resultado, Shaka y yo ya habíamos consumado lo nuestro, y nadie, nadie podría separarnos.
-Nina- Muy bien, hazme el favor de llamar a alguien para que me lleve al palacio del patriarca.
-Laxmi- ¡Tu no vas a ningún lado!
Me dijo sujetándome del brazo.
-Nina-¡Suéltame!, ¡yo iré a donde me plazca!.
-Laxmi- ¿No te cansas de hacer estupideces? te lo he dicho ya, tu no sales de este templo.
-Nina- ¡Déjame en paz! ¡tú no eres mi madre!
Le dije jalando mi brazo para que me soltara, mientras decía esas últimas palabras los ojos de Laxmi se llenaron de lágrimas y furia.
-Laxmi-Yo sigo las órdenes del amo, y me ha dicho que no te deje salir de aquí, la impostora de Athena ha llegado y se dirige al santuario. No permitiré que sigas haciendo tonterías.
Con un par de palmadas llamó, a unos de sirvientes que me tomaron de los brazos y a rastras me llevaron a mi habitación donde me encerraron.
Era imposible, Athena, estaba en camino, lo sabía, lo presentía en mi corazón, mi maestro David lo dijo en su juicio, que la varadera diosa Athena era Saori Kido que se venía acercando cada vez más para reclamar el lugar que le corresponde, y acabaría con todos aquellos que se interpusieran en su camino. Shaka... puede notar su duda en el juicio de mi mentor, ¿qué bando escogería? de cualquier forma el resultado sería el mismo: tendría que luchar.
En ese instante recordé el lienzo de mi maestro así que corrí hacia donde lo tenía guardado por lo que proseguí a destapar el estuche. En él se encontraban tres rollos de diferentes tamaños y materiales: el primero el más grande era un pergamino delgado, donde en la esquina superior derecha y en primer plano de la obra se encontraba una hermosa mujer de rasgos caucásicos enormes ojos azules, y una larga cabellera morada vestida con un majestuoso vestido blanco empuñando un báculo dorado en posición de ataque, hacia atrás estaba una reproducción a escala del mural en el que llevaba tiempo trabajando, todo cuidadosamente dibujado y entintado con cada detalle. Por lo que entendí era lo que me estaba encomendando mi maestro, cambiar la obra y pintar a Athena liderando las batallas que estábamos plasmando en esas enormes paredes y así plasmar su gloria en la historia.
El segundo era lienzo en el que había una pintura al óleo terminada, un retrato, era de un hombre joven, rubio, bien parecido y de contextura fuerte, el cual estaba portando la armadura de Sagitario, empuñando su arco y flecha en una pose heroica. Él debía ser Aioros, el fallecido hermano de Aioria de Leo, quien fue acusado de traición por intentar asesinar a Athena cuando era una bebé. Desde que había pasado ese incidente, se retiraron todas las referencias escritas y pictóricas del caballero de Sagitario, borrándolo de la historia, y ahora que mi maestro me entrega una pintura tan bella de este hombre intuí que no se trataba de un traidor, y que debía colocar su retrato junto a al de los de los demás caballeros dorados en señal de su honor y fidelidad a la diosa.
El tercero era un pergamino pequeño donde se encontraba un círculo donde el centro era el sol y alrededor de él estaban dibujadas las estatuas de los doce signos zodiacales, eran reproducciones exactas a las enormes esculturas que vi el día que llegue a este lugar. Algo rápidamente llamo mi atención, nuevamente sagitario estaba borroso, y el tercer signo del zodiaco, Géminis estaba con uno de los gemelos decapitado y el otro portaba una daga en su mano derecha y rodeado con un círculo rojo... era una imagen muy extraña. No lograba entender de qué se trataba.
Pasaron algunos instantes en los que intenté darle sentido a ese pergamino y nuevamente me remonte al día que llegue al santuario, cuando Camus me llevo al salón de la mesa redonda, mientras hablaba para mí misma;
-Nina- Las sillas de Aries, Géminis, Sagitario y Libra se encontraban vacías, sin embargo Mu de Aries se encontraba en Jamir, y el caballero e Libra continuaba en China y se rehusaba terminantemente a presentarse a las audiencias, Aioros el caballero de Sagitario ya estaba muerto tras ser nombrado traidor, y Géminis...
Caminaba en círculos mientras pensaba en voz alta, como tratando de explicarme a mí misma la situación.
-Nina- del Caballero de géminis no se sabe nada desde hace mucho tiempo...Un gemelo decapitado...y otro con una daga...
Miraba el pergamino mientras trataba de descifrar el acertijo.
-Nina-Maestro ¿qué es lo que me quieres decir?
Giré nuevamente para encontrarme de frente al retrato de Aioros al que comencé a hablarle como si se tratara de alguien real.
-Nina-Aioros, el patriarca te condenó por tu traición...por tratar de asesinar a Athena...¿y si no fuiste un traidor?, como lo dice mi maestro... y si tú en realidad trataste de salvar a Athena de ... ¿Géminis?...
Todo comenzaba a tomar forma a una loca pero lógica teoría. Mis manos temblaban frenéticamente arrugando el pergamino y mirando fijamente los azules ojos del caballero de Sagitario.
-Nina-Un gemelo decapitado, que ha perdido la cabeza, que ha perdido la razón... y que ha tratado de matar...
Mi maestro David me había dado la clave, Géminis no había desaparecido, nunca dejo el santuario. Tenía que avisar a Shaka que El patriarca es un impostor como dijo David en su juicio y no es otro más que el Caballero de Géminis quien esta trastornado mentalmente, y él fue quien intentó matar a la princesa Athena, Aioros debió haberla salvado pero le costó la vida. Era una locura, jamás me creerían, pero estaba convencida de que esa era la verdad, mi maestro viajó a oriente para investigar y había descubierto la verdad, la traición del Caballero de la tercera casa, por años nos engañó a todos y ahora los caballeros de oro estaban siendo vencidos uno a uno por osar levantar su puño contra la diosa, Shaka no solamente sería vencido podría morir.
-Nina- ¡Laxmi! ¡Déjame salir! debo ir con mi señor, tengo algo importante que decirle, por piedad,¡Athena viene en camino!
Los golpes que le propinaba la puerta y mis gritos eran inútiles, a través de mi ventana pude notar que el enorme reloj de fuego del santuario estaba encendido, cada hora marcaba un signo zodiacal, no sabía bien que era lo que estaba pasando pero podía sentir en mi corazón que era algo terrible, que este lugar estaba blasfemando contra la diosa, tenía que prevenirlos, no solo a Shaka, sino también al resto de los caballeros dorados, debían saber que habían sido engañados y que ahora estaban a punto de luchar contra la diosa a la que juraron proteger.
Grite y golpee la puerta con todas mis fuerzas cuando noté que el primer fuego se había extinguido, luego tauro, géminis... al llegar al fuego de cáncer, el piso y las paredes comenzaron a vibrar, y se podían escuchar a lo lejos derrumbes y explosiones, eso solo podía significar que había una batalla no muy lejos de aquí, seguramente librándose en alguno de los templos, avanzando por cada uno de ellos, cada vez acercándose mas.
Pronto el fuego de cáncer se extinguió el sol comenzaba a bajar y el cielo a tornarse anaranjado, mis súplicas por salir no eran escuchadas, tenía que idear una manera de salir, pero mi ventana daba justo al acantilado que estaba tan empinado y resbaloso que sería imposible que saliera por ahí, sin embargo bien valía el riesgo si conseguía hablar con mi señor. Luego se escuchó una oleada de pasos hacia todas las direcciones, eran los sirvientes a punto de desalojar el templo, los invasores debían estar cerca de llegar, tal vez ya en la casa de leo. Mientras les oía pasar gritaba para que alguien me dejase salir:
-Nina- ¡déjenme salir! ¡Alguien, por favor!, ¡Laxmi!
Pude reconocer la voz de una de las cocineras detrás de la puerta.
-Alfia- señorita Nina, lo lamento mucho pero no la puedo sacar, Laxmi tiene la llave y nos ha prohibido acercarnos, ni siquiera debería hablarle.
-Nina- ¿qué es lo que está pasando? ¿ dónde esta Shaka?
-Alfia- los rebeldes están cerca, los santos dorados de las casas anteriores han sido derrotados o se han levantado contra el santuario también, y ha sido herida con una flecha dorada
- Nina- No te entiendo, ¿a quién han herido con una flecha?
-Alfia- ¡A esa mujer! Saori Kido, solo el patriarca puede retirar la flecha de su pecho, y es por eso que los invasores están pasando a través los doce templos por la fuerza, este ya no es un lugar seguro, señorita...
-Nina- ¿y Shaka?
-Alfia- en el salón, meditando, pues ahora están combatiendo en la casa de Leo y pronto el Amo tendrá que pelear, nos ha pedido que nos vayamos por el pasadizo que comunica el sotano de la biblioteca hasta el bosque.
-Nina- Alfia, llama a Shaka, por favor, ¡Saori Kido es la verdadera Athena!,¡ lo sé! ¡el maestro David decía la verdad, tiene que saberlo!...
-Alfia- Señorita, no debe decir eso, aún pueden acusarla de traición como a su maestro, debo irme ya, Laxmi vendrá por usted, estoy segura.
Y la escuche alejarse, sin que me creyera, mientras a través de mi ventana podía ver el templo de Leo que destellaba con luces doradas mientras las paredes vibraban por las ondas expansivas que las explosiones despedían, era terrorífico, asi era el poder de los caballeros dorados, tanto tiempo viviendo en este lugar, tan cerca a uno de ellos y no alcanzaba a dimensionar sus fabulosos poderes.
De pronto el picaporte de la puerta comenzó a girar y la puerta se abrió lentamente, yo estaba arrodillada en el piso aun con Lágrimas en los ojos cuando Laxmi entró con los ojos hinchados y expresión inconsolable.
- Laxmi- Shiva y Ágora...
Sus ojos decían todo, aquellos que quise tanto y que me protegieron con el mismo fervor con el que se cuida un tesoro ya no existían y ahora el fuego de leo se estaba extinguiendo.
-Laxmi- debemos partir, ya están a punto de llegar y el amo me ha pedido llevarte a un lugar seguro.
-Nina- ¡no me moveré! He promedio amarlo hasta el fin y hasta el fin estaré a su lado. Laxmi, debemos alertar a Shaka, mira el maestro David tenía razón...
Le mostré los lienzos que mi maestro dejó para mí y mientras explicaba lo que significaban. Laxmi abría sus enormes ojos incrédula de todo lo que le contaba, debía pensar que por fin había enloquecido. A lo lejos se escuchó otra oleada de pasos dentro del templo, era un grupo de tres o cuatro personas, sus rápidos pasos retumbaban con chasquidos metálicos. Estaban aquí ya no podía hacer nada...
