[As wie Gold]

#02 | Herida

No sabía cómo, sólo lo sabía.

—Levántate ya, hombre. Ni yo ni el señor Hades tenemos tu tiempo.

¿Habría sido por los libros de Shion sobre los espectros y sus apariencias?

—¡El señor Radamanthys dijo que te levantes!

Con suerte logró evadir el golpe dirigido por uno de los espectros (ahora ya tangibles) y continuó viendo al juez. Este le sostuvo la mirada por dos segundos y medio antes de asumir que no valía la pena continuar viéndole.

Chasqueó la lengua.

—No sé realmente qué es lo que busca el señor Hades con este mequetrefe. Cárguenlo, yo no pienso manchar mis manos con alguien tan estúpido que no sabe ni cómo responder apropiadamente.

Kanon sentía su orgullo herido con cada palabra que salía del espectro. ¿Qué tan inutil lo creía? ¿Qué tan mal creía que los caballeros rendían? Sí, es verdad, no estaba destinado a portar la armadura de su hermano, ni ninguna en realidad. Sin embargo, eso no le daba derecho a alguien que no comprendía la situación en la que estaba dentro (en especial a alguien tan irritante como a aquél rubio cejudo) de comentar.

Y demostró su disgusto hacia tal comportamiento escupiéndole en la cara.

La cara Radamanthys no demostró nada en específico, pero al quitarse la saliva del rostro le observó con aquéllos ojos felinos suyos (¿cómo podía alguien humano tener unos ojos tan fluorescentes como los suyos? ¿Por qué eran amarillos, de entre tantos colores que tienen los ojos humanos para tener? La respuesta es: definitivamente, no uno común) y pareció querer lanzarle mil ataques. Hubo algo que lo detuvo, sin embargo, una especie de revelación.

Segundos después, Kanon sintió un dolor palpitante atravesar su estómago. Al bajar la vista se dio cuenta de que el otro le había asestado tremendo puñetazo. Sintió el aire abandonar sus pulmones, y la bilis subir. Escupió un poco.

—Te dije que no desobedecieras.

Sin embargo, no parecía enojado con el comportamiento de Kanon. No al menos al grado que se le habría esperado con semejante humillación que le metió el gemelo. Incluso los esbirros que tenía parecían confundidos con su falta de reacción, incluso, si se atrevía a decirlo, temerosos de que fuera a reaccionar después con ellos o alguna cosa. Con eso, Kanon dedujo que era impredecible, pero no tanto.

—Perdone, su alteza —respondió, en un tono obviamente sarcástico—. Disculpe a este idiota, que no sabe dar el respeto que se debe a cada persona. Es que eso es lo que se me enseñó en mi casa.

Claro, porque alguien le enseñó algo en su casa. Si era sincero consigo mismo, el Patriarca parecía aparecer frente a él por pura obligación, y Saga se pasaba la mayor parte de su tiempo entrenando o haciendo quién sabe qué cosas con Aioros (travesuras al viejo no), así que la mayor parte de su tiempo se la pasaba solo. Leía, cuando ocasionalmente le traían libros, y cuando podía estar tranquilo.

Radamanthys sonrió.

—El señor Hades hará que aprendas, entonces.