[As wie Gold]
#03 | Lluvia

Caminar sobre el Inframundo le hacía sentirse como dentro de la obra de Dante. Era curiosísimo para él, ¿a quién podría decirle que la muerte era de esta forma? ¿Quién le creería, de los vivos, si fuera a aparecérseles y comentarles de la experiencia que era el morir para aparecer en ése lugar, tan hórrido y hermoso?

—Sigue caminando, todavía nos queda un buen trecho para llegar al atajo —dijo Radamanthys, haciendo que Kanon parara su lluvia de pensamientos pseudo-filosóficos.

—Aguanta un segundo en lo que sigo mi poesía mental barata —respondió con una sonrisa (estaría en el infierno, y estaría muerto, pero qué vivo se sentía sacando al otro de sus casillas) al tiempo que se acomodaba los brazos detrás de la cabeza.

Radamanthys soltó un suspiro.

—Serás bruto y lo que le sigue. Ya veo por qué ninguna armadura del ejército ateniense te escogió.

Hace un segundo estaba a buen paso, pero al siguiente Radamanthys se encontraba en el suelo, derribado por un furibundo adolescente.

—¿Y tú qué sabes, de la armadura que era mi destino? Nada. Eso sabes —era casi cómico: él vestido con sus ropas de civil, todavía escurriendo agua que ya no sentía, encima de un general de alto rango (no cualquier persona dentro del ejército de su enemigo proclamado, uno de los tres jueces), utilizando una voz que según él era amenazadora y que debía verse como un maullido de gato para el otro.

Radamanthys le observó aburrido.

—¿Ya terminaste de llorar? He dicho que todavía tenemos un trecho por recorrer. El señor Hades no espera a nadie.

Aunque reticente, Kanon se le quitó de encima. Era orgulloso mas no idiota. Sabía cuándo debía retroceder y cuándo no, aunque todavía tenía ganas de lanzarle mil expletivos (había visto la palabra de pura casualidad en uno de los libros del Patriarca, le vino a la mente y tuvo sentido finalmente).

Debería esperar, aparentemente. No supo en qué punto, pero los otros dos espectros que los seguían, dejaron de hacerlo.

Llegaron, para fortuna suya, al lugar donde aparentemente estaba Hades. Era un gran edificio, y dentro de este estaba una niña no mayor a cinco años leyendo a quien dedujo ser el rey del Inframundo.

El tipo parecía tener la misma edad que Kanon mismo, y estaba impasible ante la lectura de la nena.

—Radamanthys, finalmente llegas. Se puede saber, ¿qué ha sido lo que tomó tanto tiempo?

Kanon estaba preparado para la respuesta que lo sentenciaría.

—Había almas adheridas a este… chico, tuve que quitárselas de encima a la fuerza. Es por eso que se presenta de esta forma.

El menor no preguntó por qué lo había protegido. ¿Qué es lo que tenía en mente? Sea como sea, parecía que aquello satisfizo a Hades, quien se había levantado de su asiento y comenzó a examinar a Kanon detenidamente. Al geminiano la sensación le era extraña, la de ser observado de forma tan atenta por alguien que aparentaba su misma edad.

—Puedes irte, Radamanthys.

. .


Como nota adicional, aclaro que por las reacciones de los jueces en Hades Chapter, me da la sensación de que Hades se había pasado los años con la apariencia que tenía en... Hades Chapter (la de Shun a los 14 años) así que con eso me manejo (aún cuando Kanon tenga 14 y los caballeros de bronce apenas estén gestándose).