[As wie Gold]
#05 | Cinco

—Es aquí.

Pandora se detuvo en frente de una puerta, abriéndola para que Kanon pudiera admirar el interior.

(Era casi cómico, el cómo la niña fungía de anfitriona a alguien que tenía tres veces su edad.)

—El señor Hades no gusta salir mucho del Inframundo, pero permite a aquellos que son sus súbditos y que no adoran el lugar quedarse en la mansión Heinstein —explicó la niña—. Se me han dado órdenes de escoltarte aquí, mas no de mostrarte la mansión. Radamanthys se ha ofrecido a ser tu nana.

Kanon asintió levemente, pensativo. Su cuerpo todavía intentaba adaptarse a estar vivo de nuevo (una cosa es la experiencia en el Inframundo y otra era tocar tierra nuevamente), así que sus movimientos eran torpes, como los de Pandora.

—Mi obligación termina aquí, con permiso.

Kanon no se sentía mal por la forma tan cortante en la que la nena había hablado con él. Ni siquiera se sentía mal por la forma tan brabucona con la que la había tratado en su primer encuentro. Sería la hermana de Hades, pero era una niña mimada y berrinchuda. En ese aspecto, le recordaba mucho a lo poco que había visto de Athena durante los tres días en los que había descendido.

Se sentó en la cama, pensando por un segundo. La cabeza le daba vueltas, se sentía diez veces más ligera de lo que la recordaba, y había definitivamente algo extraño en él.

Quizás fuera la sensación distinta que tenía de con su cuerpo. Era completamente entendible, en el Inframundo no lo sentía diferente, ya que en teoría estaba muerto. Ahora, sin embargo, estaba de regreso y pagando la factura.

Con su mano se masajeó el hombro contrario, intentando hacer que sus músculos finalmente despertaran de su letargo. Estuvo así alrededor de cinco minutos, parando al escuchar toqueteos en la puerta. Se levantó y su sorpresa no pudo ser escondida.

—El señor Hades mencionó pertinente que cambiaras tu ropa.

Y aunque no le importaba en lo más mínimo, Kanon habló.

—Gracias.

Radamanthys rodó los ojos. —No te creas tan importante, sucede que tengo ropa de tu talla.

Kanon se dio cuenta, entonces, que Radamanthys lucía mucho más joven ahora. Tardó un par de segundos en caer.

—Traes ropas de civil.

—¿Esperabas que tuviera la súrplice pegada con pegamento?

Aunque sorprendido por el aparente humor del juez, negó con la cabeza.

—Hay libros sobre las otras batallas en el Santuario. Hay… imágenes de todas tus encarnaciones anteriores, pinturas. En ninguna de ellas te has quitado la vestidura de Wyvern.

Radamanthys estuvo por comentar, pero se detuvo a mitad de la oración, analizando.

—No es como que vaya a visitar a Athena para tomar una taza de té.

Kanon rodó los ojos.

—No sólo viniste por las ropas, ¿o sí?

Radamanthys negó. Apuntó un dedo hacia Kanon.

—Aunque no hayas sido caballero de Athena en ninguna de sus modalidades, fuiste parte del Santuario. El señor Hades parece confiar en ti, pero es quizás el único.

. .


Me confié de mi habilidad para microrrelatos y estuve a punto de pasarme de la cantidad máxima de palabras así que lo tuve que cortar ahí (pero sepan que viene otro diálogo de Rada y que la conversación apenas comenzó).

Ay, Pandora nena se me hace tan mona. Me duele mucho tener que escribir a Kanon portándose grosero con ella. Pero bueno, ya pasamos esto.

Baibai.~