V

Kirishima, nervioso, se afirma más a la cintura del chica mientras ella dobla en una esquina a gran velocidad. Desde su espalda podía notar su rostro sonriente mientras el viento de daba en la cara.

—¿Te gusta mucho andar en moto? —dijo técnicamente gritando.

—Si —respondió la sirena cuando frenó en una esquina— es mi segundo amor en este nuevo mundo.

La chica suspiró y reafirmó el agarre en el manubrio de la moto, Kirishima sonrió en respuesta.

Los restantes se habían dirigido a la mansión Yaoyorozu en un auto perteneciente al clan, la chica sugirió encontrarlos en el lugar ya que había ido con su moto y Ashido le rogó que llevará a su amigo, así se ponían al día.

Kirishima no sabía si agradecerle a la Alfa o reprocharle. Por un lado se sentía irreal estar cerca, peor, tocar a un ser digno de los cuentos de hadas como una sirena. Su piel no paró de temblar desde que se subió a la moto, por otro lado; estaba arruinando sus sentidos.

Ashido por un momento duda si es conveniente el simple hecho de llegar a conocerla y por otro le pide que este pegado a ella durante un viaje de veinte minutos. Si sus sentidos se volvieron locos solo al estar en su presencia, no sabía describir aquello.

El camino se veía borroso, y sentía como un olor a mar lo invadía. Podía sentir en sus oídos el ruido de olas romperse, aunque sabía que se encontraban muy lejos de éste para poder escucharlo.

También otros olores lo invadían, como del aceite de la moto o ligero olor a café, causándole náuseas por el gran choque que provocaba tal combinación para su sensible olfato.

—Disculpa —habló Eijirou cuándo la chica aceleraba.

—¿Que sucede?

—¿Puedes detenerte? —la chica se acercó a un borde y lo hizo. Se habían alejado de la avenida principal y ahora se encontraban rodeados de verde, con pocos autos pasando por el lugar.

Kirishima bajó y Kendou desvío la mirada, escuchándolo vomitar.

—Esto me trae recuerdos —dijo Kendou, sentándose sobre la moto, mirando hacia la carretera—. Cuando conocí a tu amiga pasó exactamente lo mismo, pero creo que fue la razón por la que se acostumbró a mi presencia tan rápido. Porque tuvo todo el efecto en un primer momento.

Miró hacia atrás, dónde Kirishima se encontraba agachado, apoyado contra un árbol.

—Hubiera sido mas simple si te hubiera conocido antes de ser elegido, como pasó con mi prometido.

—¿Tienes agua? —escuchó de una voz enferma, detrás suyo.

—No, lo lamento —dijo negando con la cabeza, dándole la espalda— ¿Quieres que los llamen para que te vengan a buscar?

Hubo silencio por unos minutos, hasta que éste se negó.

—Si no te molesta, quisiera quedarme. Voy a confiar en la sabiduría de mi Alfa y aceptar todo el golpe de una para más adelante no tener problemas —Kendou escuchó pasos en el pasto que se acercaban, luego se detenían y nuevamente el sonido del vomito, sintió pena por él- esto debe ser muy incómodo para ti —dijo Kirishima entre arcadas— haremos lo que tu quieras.

—Esta bien —rió ella— creo que es una forma interesante de conocerse.

—¿No te molesta el olor? —dijo el chico habiéndose alejado nuevamente.

—No tengo muy buen olfato, bueno, no tenemos. En el agua no es algo necesario. En mi forma humana me sirve bastante bien para ser capaz de respirar, pero salvo eso... —se detuvo durante un instante y continuó— salvo ser capaz de sentir el aroma de Tetsu, no me ha funcionado.

Se mantuvo el silencio durante unos cuantos minutos, hasta que finalmente Kirishima continuó la charla.

—El Alfa de los Yaoyorozu, ¿Es por él que te convertiste humana?

—No —se apresuró en contestar— ayudó a decidirme, pero no fue la razón. Además, tengo forma humana pero no lo soy por completo. Si lo fueras no estaría en ese estado.

—Entonces, ¿Por qué?

—En resumidas cuentas —palmeó el asiento de la moto— por esta belleza —escuchó desde detrás suyo una pequeña risa—. Me gustaba asomarme y verlas correr en la carretera, me daban una sensación de libertad. Las sirenas y tritones solo podemos nadar y nadar. Ustedes pueden nadar, correr, saltar y andar en tantos vehículos se les ocurra crear —se levantó, rodeando la moto y se apoyó en esta nuevamente. Mirando a Eijirou— un día, visitando el escondite de mi hermano, vi a unas cuantas personas entrenando en la playa. Que sabíamos pertenecer al clan Yaoyorozu y ahí me encontré a una de las brujas del clan, practicando sus ataques en el agua. Apenas se sorprendió al vernos, ya que estaba con mi hermano y se apresuró en dibujar unos códigos o algo por el estilo en la arena, momentos después estaba hablando. Y le entendíamos. No el sonido que salía por sus labios, sino que... —se quedó mirando por un momento hacía la nada, pensando como explicarse. Luego dirigió su mano hasta el costado de su frente. Señalándola— . Como si sus palabras o lo que quisiera transmitir directamente se dirigieran a mi mente. A Monoma no le gustó y me pidió que volviéramos —Kirishima no necesitó preguntar para entender que así se llamaba su hermano— yo le pedí que se calmara y comencé a hablarle. Además de que nuestro lenguaje es diferente, nuestras voces suelen ser demasiado agudas para el oído humano; pero ella me entendió. Desde atrás podíamos ver como diferentes miembros del clan nos veían sorprendidos, imagina dos seres del mar hablando con agudos sonidos inentendibles y la bruja del clan, hablando calmadamente mientras movía sus grandes manos.

—Debe haber sido interesante de ver —dijo Kirishima, luego de haberse recostado junto a un árbol. Bastante lejos del que había dejado lo que alguna vez fue su almuerzo.

—Tetsu dice que lo fue.

—¿Que te dijo la bruja?. La bruja del clan Yaorozu, ¿Es una que tiene habilidades de rana, verdad? —la sirena afirmó con la cabeza, los mareos se estaban yendo; haciendo que el joven quedará nuevamente sorprendido por la belleza de ella.

—Dijo que más de una vez me había visto asomarme a la superficie, como también su compañero en sus rondas nocturnas. Si estaba en busca de algo. Por ahora solo habían notado ellos mi constante mirada, pero los ancianos necesitaban cualquier excusa para comenzar una guerra, lo mejor era que explicará mis razones.

—¿Tanto así? —preguntó Kirishima asustado.

—Si, su gran cantidad de recursos significan que sus oponentes se rendirán sin dudarlo. Tomando "favores" de ellos —vio la expresión aterrada del Alfa de la familia contraria y quiso calmarlo— pero las cosas están cambiando. Cada vez Momo Yaoyorozu va ganando más el apoyo de sus súbditos, ella es una gran y dulce líder. Junto al apoyo de Tetsutetsu, traerán tiempos en armonía para todos.

—Bien —dijo Kirishima más calmado, habiendo olvidado por completo su malestar— ¿Después que pasó?

—Si, ¿Donde me quedé? —el otro no llegó a recordarle que ya lo había hecho ella misma— le expliqué mis razones —continuó— que quería conocer este mundo tan amplio que ustedes tienen. Me preguntó que pensaba mi hermano sobre eso, porque con su poder solo se podía comunicar con una persona a la vez y ya que él solo se dedicaba a pedirme aterrado que nos largáramos, le dije lo que conocía. No tiene gran interés en este mundo, pero tampoco es que pueda tener una buena vida en el océano.

—¿Por qué es eso? —la chica suspiró.

—En viejos tiempos las sirenas fueron tratadas como meros objetos de placer por los hombres que se enteraban de nuestra existencia. Se volvió costumbre liberar nuestra rabia por nuestras pasadas torturas y la imposibilidad de subir a la superficie por el terror de que volviera a pasar, en nuestros machos. Sin que éstos hayan hecho nada —Kendou se reclinó contra el asiento, fijando su vista en el suelo. Apenada—. Tienen que vivir alejados del resto de los tritones, porque nuestro sistema matriarcal no acepta que tengan ni siquiera un mínimo de vida social por el miedo que ataquen de vuelta. Ni hablar de acercarse a las hembras, ni siquiera a las que están en contra de la postura. Es un ambiente muy tóxico y nos marcaron grandes prohibiciones para solamente visitar a los que pertenecen a nuestra familia, o aquéllos que con los que usaron para tener hijas. Tienen terminantemente prohibido conocerlas o entrar en contacto, a menos que sean niños. Si ese es el caso, ellos los criarán y las madres no lo volverán a ver.

—Es terrible, lo lamento mucho —Kendou le respondió con una lenta afirmación de cabeza— ¿Tu hermano es como tú?

—Si —respondió, levantando la vista con una expresión más agradable— tras largas conversaciones con la bruja, mas adelante con Momo y finalmente con el otro brujo, aceptaron intentar volver nuestros cuerpos humanos y que estemos bajo su cuidado. En un principio mi hermano no aceptó, pero sin duda su vida sería más placentera. La Alfa se emocionaba al solo pensar en ayudar a alguien.

Kirishima observó como la chica sonriente miraba sus botas y sus emociones por ser Alfa se sacudieron. Se preguntaba si en un momento se acabaría aquel conflicto que lo invadía.

Estaba emocionado por conocer a una Alfa con una gran cantidad de súbditos a sus espaldas, pero que se alegraba por ayudar a una persona. Se alejaba sin duda alguna del Alfa que fue Endeavor y la idea que temía para si mismo.

El teléfono de la chica sonó y al sacarlo de su cartera Kirishima vio como en la pantalla había una foto del chico que había conocido antes. Ella se lo llevó al oído y contestó con palabras cariñosas.

—Dile que ya vamos —decía al levantarse del suelo y sacudirse los pantalones. La chica sonrió y transmitió el mensaje a su pareja.