[As wie Gold]
#08 | Flojo
El día siguiente no hubo entrenamiento. Kanon se extrañó al ver a Radamanthys levantarse tarde (un concepto alien, vaya), y aún más ver que cuando él ya casi terminaba con su desayuno cuando éste apenas se estaba levantando.
—Hoy tengo unos asuntos que resolver en las prisiones —mencionó sin siquiera saludarle—, los he estado posponiendo durante toda la semana pero creo que ya es hora de que me encargue de todo eso. Hay una biblioteca del otro lado, y si quieres puedes entrenar por ti mismo. Sólo no te alejes de los territorios Heinstein si no quieres volverte ceniza. ¿Algo que no haya quedado claro?
Kano rodó los ojos. No podía quitarse la sensación de que Radamanthys parecía hablarle cual niño pequeño. ¿Que si no sabía lo que pasaba si se salía de los territorios Heinstein? La bonita cara de Hades se lo había repetido antes de salir de su Trono, muchas gracias (incluso en su primera noche se lo había repetido a través de una pesadilla en la que aparentaba deshacerse. El señor Hades tan amable que era, también le dio la posibilidad de sentir cómo su cuerpo se deshacía con cada segundo).
Radamanthys no parecía realmente convencido de este comportamiento, así que dio un par de aplausos en frente de Kanon, quien respondió muy reticente "sí, mami" y se alejó, en busca de la biblioteca que tanto presumía.
—Siguiente, por favor.
Rodando los ojos, cambió de hoja y observó debajo del atrio. El alma frente a él lucía tan triste y floja. Si Radamanthys no estuviera acostumbrado a verles de esa forma, habría tenido un ápice de piedad. Ahora no podían serle más indiferentes sus destinos (posiblemente se debiera a los cuatro años que llevaba ya en esta vida, o tal vez fueran las memorias de sus anteriores reencarnaciones las que le hicieron insensible), y verlos de esa forma no hacían más que provocarle un bostezo.
—Hmm, interesante —dijo, mientras comenzaba a aparecer la vida del hombre frente a la hoja. Aparecía poco a poco, pero realmente era extensiva. ¿Qué tenían en mente los humanos, cometiendo tantos males? Ugh, con cada página que se rellenaba y él se quedaba leyendo en silencio el alma parecía asustarse cada vez más. Radamanthys finalmente dejó de observar el libro y se quedó viendo a los ojos devorados por la cólera frente a él—. Debo admitir tu ingenio, fue difícil escoger una prisión para ti, dado la… variedad de crímenes que has cometido. Sin embargo, te corresponde la séptima prisión; ahí es donde se ubica un 30 por ciento de tus crímenes.
Selló la página. —¡Siguiente!
Y esto le pasa por deberle favores a Minos. Y todo porque el señor Hades se encariñó con un peón de Athena. ¿Qué tenía de especial éste hombre?
—¿Qué sucede, Lune? —dijo sin alzar la vista. El aprendiz del otro juez hizo una leve reverencia.
—El señor Hades me mandó a relevarle, amo Radamanthys. Dijo que había algo realmente importante por discutir con usted.
