VII

Kirishima siguió los pasos de su amiga y la chica de cabello morado. Entraron en lo que a primera vista era un vestíbulo, con decoraciones semejantes al del largo pasillo dónde iban caminando, pero más ancho y con pocas ventanas. Habían dos grandes sillones en forma perpendicular al otro y en una esquina un bar de tragos dónde resaltaban botellas de whisky que seguramente tendrían la edad de sus abuelos. El resto de la habitación estaba decorado con cuadros que ninguno de los dos podría pagar en toda su vida y un par de estatuas prolijamente colocadas. Todo rodeado por un ambiente sobrio que Kirishima relacionó a la chica que pudo ver solo unos instantes. Jirou los invitó a colgar sus abrigos en el perchero más cercano y luego los guió a una habitación cercana dónde los esperaban. Esta tenía un estilo parecido, pero la habitación era más grande y tenía una gran mesa de madera, que se veía antigua, en medio. Ni bien entraron a la habitación, la bonita mujer de cabello negro se levantó de su asiento con Todoroki caminando detrás suyo.

—Lamento no haberme presentado antes. Yaoyorozu Momo, Alfa del clan Yaoyorozu —se presentó, mientras acercaba su mano para saludarlo. Kirishima recibió el saludo sintiendo su fuerte agarre—. Es un honor conocerte.

Kirishima sonrió nervioso— el honor es mío.

Ni bien se separaron del saludo, Todoroki tocó el hombro de Yaoyorozu pidiéndole que le hiciera lugar y seguido apoyó la rodilla derecha en el suelo. Sorprendiendo a quiénes lo observaban.

—Lamento haber faltado a tu nombramiento —dijo, cambiando la mirada del suelo hasta los ojos carmesí— fue una sorpresa, pero estoy seguro de que harás un buen trabajo.

Kirishima sonrió al mismo tiempo que le ofrecía su mano para levantarse.

—Gracias, pero no era necesario.

Después de un corto e incómodo silencio, Yaoyorozu les señalo a Ashido como a Kirishima los asientos que quedaban libres, invitándolos a acercarse.

—Pueden sentarse dónde gusten —siguió hablando Momo mientras le hacía una seña a la mucama para que sirviera el té y variados pasteles— espero que no le moleste hablar mientras tomamos el té, si quiere la charla puede esperar.

—No. Té con charla por mí esta bien —respondió sonriente por las bienvenidas Kirishima.

Fue puesto sobre la mesa un largo y delicado mantel blanco, junto a las infusiones y los pasteles en su punto exacto para ser devorados. Inconscientemente Kirishima se relamió los labios, y desvío su mirada para observar como escurría baba de la boca de su amiga. Dio un primer sorbo al té y sintió como su paladar bailaba.

—¿Que piensas de nuestro clan, Kirishima-san? —empezó a hablar Yaoyorozu luego de que las empleadas salieran.

—Que es enorme —dijo lo primero que le vino a la mente.

—No tienes una idea —bromeó Tetsutetsu llevando un gran bocado de pastel de fresas a su boca, con su novia ayudando a limpiar la crema que lo había manchado con una servilleta.

—Si, es enorme. Y como marcó mi compañero es mucho mas grande de lo que esperarías. Actualmente los miembros se aproximan al número de cinco mil personas.

Kirishima se atragantó con la bebida y Ashido golpeó su espalda riéndose por su reacción, aunque en su momento ella tuvo la misma sorpresa.

—En teoría, considerando nuestra cantidad de miembros, ¿Cuántos lobos y brujos crees que nos integrarían?

—Bueno, no sé como funcionan otros clanes. Pero en el nuestro estamos integrados en su mayoría por los lobos y brujas de esta generación y la anterior. Los que quedan son integrantes de la familia que no heredaron de ninguno de los lados —giró la vista hacia el techo, mientras dejaba la taza en la mesa para rascar su cuello— ¿Cuatro mil entre lobos y brujas? Este es un número impresionante.

Momo dio una sonrisa triste mientras negaba con la cabeza.

—Eso sería lo ideal. Los únicos lobos del clan nos encontramos en esta habitación, a eso le sumamos los dos brujos que tenemos. Los de las anteriores generaciones ya perdieron por completo sus habilidades y no sé cuánto más duren las mías —dijo observando su mano, desde dónde estaba saliendo una pequeña cuchara. Que luego dejó sobre su porción de pastel sin probar. Cerró la mano en un puño y la miró por un instante, luego levantó la vista hacia Kirishima que la observaba sorprendido—. Mi clan esta pagando por sus errores y si seguimos de la misma manera esta generación será la última.

—Y... ¿Las anteriores generaciones nunca hicieron nada para cambiarlo? —se animó a preguntar, por la negación de cabeza de la chica adivinaba la respuesta. Miró hacía su compañera que sólo le devolvió la mirada y luego volvió a preguntar:— ¿Como quieres que te ayudemos?

La pelinegra finalmente sonrió, mostrando que su belleza no tenía nada que envidiar a la de la sirena.

—Podemos empezar por hacernos amigos.