[As wie Gold]
#09 | Primera vez
Por primera vez en toda la semana, Kanon estaba solo.
Creía que no se sentiría diferente, después de todo, la mayor parte de su tiempo en su anterior vida la había pasado en compañía de la soledad. Al sentarse en la mesa de la biblioteca, y tener frente a él un libro de leyendas… no se sentía lo mismo que cuando se mantenía horas curioseando en la biblioteca privada del patriarca (una de las pocas cosas que no odiaba de ser el gemelo no elegido) y ojeando libros que otrora le parecían realidades alternas a las que podía escapar un rato y diverger.
Ahora, sin embargo, se sentía diferente. La soledad, la que era su amiga y se sentaba a su lado y leía en silencio lo que él poco a poco descartaba; ahora le sonreía sardónica y autosatisfecha, preguntándole por qué había tardado tanto en regresar, mientras gritaba y gritaba en su oído:
"Estás solo. ¿Cómo quieres que te lo repita?"
Desafortunadamente para él, no había mucha vida en la mansión Heinstein. Durante la semana anterior casi no lo nota. Pasa su mayor parte con Radamanthys y entrenar no le ayudó con notar la falta de vida. En un inicio notó que no era necesario hacer la vajilla ni preparar la comida, asumió que Radamanthys tenía un sirviente o algo que le ayudara con esto.
Pero no. En la mansión Heinstein no había nadie más que él.
(Nadie más que él y su soledad.)
Después de darse cuenta de lo obviamente emo que sonaba eso se reprendió a sí mismo. No era una persona depresiva, no al menos a voluntad.
Simplemente… no tenía muchas personas con quiénes hablar.
Soltó un suspiro y negó con la cabeza. Dejó a un lado el libro que había estado leyendo y se alzó de su asiento.
Repentinamente un pensamiento vago vino a su cabeza. Realmente quería salir de los territorios Heinstein, aún cuando sabía de las consecuencias que podría traer.
Y viviendo viejas memorias, recordó un viejo cuento de hadas sobre una chica común y corriente casándose con un hada. La chica, sintiendo nostalgia de su viejo hogar, le pidió que le permitiera regresar a su casa. Su esposo lo había permitido, y le había entregado un caballo.
Su condición para permitirle ir, sin embargo, era muy costosa.
No podía descender del caballo, puesto que si lo hacía, sus piernas se volverían tan pesadas como plomo y no podría regresar con su esposo.
El cómo terminaba la historia era auto-explicatorio. Hasta cierto punto, le recordaba a Kanon sobre el mito de Orfeo y Eurídice. Al menos el aspecto en que se quedaban ahí en su sitio, atrapados eternamente.
Tomando un vaso con jugo de naranja, Kanon analizó ése recuerdo. Podría ser un cuento de hadas, pero su 'vida' tenía bastantes paralelos con esto.
Excepto que Kanon no era tan estúpido como para descender del caballo.
Y que tampoco tenía un caballo del que descender.
A menos que su compañerismo con Radamanthys lo fuera.
. .
¿Alguien pidió Angst y shitty poetry para llevar? Well, tenía que incluirlo en alguna parte del fic.
Recuerdo tener un compendio de cuentos de hadas en el que venía el que Kanon mencionaba; fui obligada a donarlo y ya no sé qué ha sido de él, pero bueno.
