VIII
Habiendo terminado la merienda, Yaoyorozu hizo llamar a un chofer de su familia que llegó junto a una limosina para que conocieran los grandes terrenos de su clan. Por lo que estaba descubriendo Kirishima era un gran pueblo compuesto por casas idénticas -salvo la mansión Yaoyoruzu—. El clan contaba con un total de cinco escuelas (compuestas en sus diferentes niveles) y quiénes tenían permitido ir a las universidades, que estaban afiliadas a su clan, debían hacerlo fuera de las instalaciones.
—¿Como los que tiene permitido? —se giró Kirishima a preguntar, siendo que antes tenía la mirada perdida fuera de la ventana.
Yaoyoruzu, sentada frente suyo y ejerciendo como guía turística se peinó un mechón de cabello detrás de una oreja y continuó—: En el último año de la preparatoria los miembros del clan deben superar unos exámenes hechos especialmente por nuestros miembros más eruditos, y solo aquellos que logren pasar con excelentes calificaciones tienen permitido seguir sus estudios. Kirishima observó con una mirada confusa a Tetsutetsu que tenía la vista fija en la fábrica por la que estaban pasando, luego volvió la vista hacia la chica.
—¿Y los que no tienen permitido seguir estudiando?
Esta vez Yaoyorozu dirigió la vista hacía su compañero y este notó que era su hora de adentrarse a la conversación.
—Aquí —dijo el de pelo plateado levantando ligeramente la mano— el que no tenía permitido seguir estudiando. Todo lo que nos queda es conseguir un trabajo dentro de las limitaciones del clan, puede ser en algunas de las fábricas que se encuentran dentro de los terrenos, en algunos de los pequeños negocios, como sirviente en la mansión Yaoyorozu.
—Como profesor —sumó su compañera.
—Como profesor. Siempre y cuándo hayas tenido un puntaje alto en los exámenes pero no lo suficiente para que se te permitiera los estudios universitarios. Por lo menos tienen la opción de seguir estudiando dentro del clan. Y un par más —se rasca el cuello intentando recordar y mirando hacía el suelo, luego levanta la vista hacia el Alfa del clan contrario— todos deben tener un trabajo principal que de alguna forma pueden elegir y el obligatorio trabajo secundario.
—¿Qué es? —preguntó Kirishima.
—Miembros del ejército —concluyó la Alfa.
Tetsutetsu notando que ella se encargaría de seguir la conversación, se reclinó en el asiento y comenzó a mandar mensajes —seguramente con su novia— pensó Kirishima recordando que tanto esta como Ashido, Todoroki, Jirou y Inasa, habían decidido quedarse en la mansión.
—No importa la profesión, no importa la edad, no importa la salud. Todos son miembros del ejército, salvo los universitarios. —La joven cruzó las piernas y le señaló con la cabeza hacía fuera. En ese momento estaban pasando, como tantas veces en el recorrido, frente a un campo de entrenamiento— Los mayores dicen que necesitamos a los recibidos por su cerebro y el dinero que hacen entrar gracias a el, pero no les interesa mucho el resto de nuestra gente.
—Eso tampoco significa que los estudiados lo pasen mucho mejor —la acompañó Tetsutetsu, alejando la vista de la ventana. La Alfa sorprendida se giró a verlo.
—Yo nunca dije eso —volvió la vista hacia Kirishima— quiénes puedan estudiar, tienen que seguir las carreras que imponen los altos mandos. Tienen que ir a las universidades afiliadas al clan y ya recibidos, trabajando en las compañías afiliadas al clan deben dejar gran parte de sus ingresos como un tributo a la casa principal. Comprar una casa en nuestros terrenos y casarse...
—Con alguien del sexo opuesto —la interrumpió Tetsutetsu.
—Más allá de su preferencia, claro está. Han habido muchos matrimonios forzados —se interrumpió un momento y siguió hablando desviando la mirada y con la voz mas suave— como castigos en los rincones más oscuros de la mansión de mi familia.
La joven se tomó ambas manos y miró hacia el suelo del auto. Tetsutetsu, sentado en el mismo asiento de Kirishima, se pasó al asiento de enfrente para rodear con los brazos a su compañera. Que escondió su rostro en su cuello.
—Estás son cosas que cada miembro del clan conoce y el miedo hizo aceptar, pero los pocos años que llevo siendo Alfa me hicieron conocer otros aspectos que solo agravan las cosas y su caso es aún peor —dijo mientras acariciaba el cabello de su amiga— ya que creció en ese ambiente, con la gente que hacía todo esto —escucharon un sollozo de Yaoyorozu y Kirishima no tuvo ninguna duda de que haría lo imposible por ayudarla. Tetsutetsu siguió—: En un principio, estando seguros de que el próximo Alfa de tu clan sería Todoroki, pensaban hacer una lobola (*) —con la última palabra Kirishima abrió bien los ojos, pero afirmó con la cabeza como si hubiera entendido— pero, bueno, ya sabes como terminaron las cosas. Yo ya estoy en pareja desde hace tiempo así que tampoco podría haberme juntado con Ashido, además de que mi compañera me repitió varias veces que ni lo pensará. Eso es algo que integrantes de su familia empezaron, y que a si mismo un Yaoyorozu terminaría. Por suerte en el medio de todo esto se terminó enamorando de Todoroki y recibió un poco de felicidad que tanto merecía.
—Supongo que de la misma forma forma en que tu no pensaste en hacer el lobola por estar en pareja, no me querían hablar porque ella quería hacerlo conmigo —escucharon una pequeña risa de la chica mientras se separaba de su compañero, Kirishima se preguntaba si había usado mal la palabra.
—No te preocupes, no pensaba pedirte matrimonio —volvió a hablar la chica riendo, limpiando las últimas lágrimas de sus enrojecidos ojos—. Como dije antes, quiero que seamos amigos. Que nuestros clanes sean hermanos y nos ayudemos a crecer mutuamente. Tal vez podríamos empezar porque los graduados puedan vivir fuera de nuestras tierras y ustedes ayudarlos a conocer el mundo fuera de las limitaciones que siempre tuvieron impuestas, o mostrarles posibilidades a los que no tuvieron oportunidad de salir de los terrenos, o —juntó ambas manos creando sin proponerse un aplauso, sonrojada y sonriente. Ya habiendo recuperado el animo por completo— podría empezar a acercarme a ellos por mi misma, para que ya no vean a los Yaoyorozu como algo tan lejano.
—De a poco —dijo Tetsutetsu.
—Muy muy de a poco, tengo que pensar cuáles serán mis movimientos a ejercer y dejarlo de tal forma que mis predecesores sigan mis pasos —puso su mano sobre su mentón pensando y viendo por la ventana, notando que se acercaban nuevamente a la entrada de la mansión dónde ya los esperaban sus amigos junto a un joven rubio que era golpeado por la sirena—. Tomará mucho más tiempo de lo que hubiera esperado, pero con su apoyo podremos hacerlo.
Kirishima solamente afirmaba con la cabeza, estaba inmerso en un mundo que no se había tomado el tiempo de conocer al completo. Con una responsabilidad que se le escurría en las manos y ni siquiera sabía bien cual era su forma de participación. Siguió sonriendo hasta que llegaron con los otros, mientras hablaban de cosas sin importancia. El rubio, que tenía una fragancia similar a la de Kendou intentaba burlarse de ellos sin éxito ya que nadie le prestaba atención. Lo habían presentado como Monoma, al contrario de su hermana no estaba muy interesado en conocer ese mundo pero sí de conocer gente; ya que se comportaban con él muy diferente a como lo hicieron los suyos durante toda su vida. Pero todavía no se sentía listo para confiar, así que se escondía bajo una coraza de burlas; impidiendo que los demás se le acercaran.
Tetsutetsu ya le había adelantado algo al respecto antes de bajarse del auto, lo que no tuvieron en cuenta es que las sensaciones de náuseas y de mareo que casi había superado por completo, pudieran volver habiendo dos de ellos. Porque a pesar de las críticas mal intencionadas a su clan —que parecía haberse tomado el tiempo de estudiar— seguía siendo un tritón. De rasgos hermosos y ojos que lo invitaban a zambullirse al océano, combinado al olor a mar que desprendía junto al de su cola oculta. Sumado los propios olores que ya desde antes desprendía su hermana.
El grupo hablaba y la luna se colaba en el cielo ya oscuro. Los colores se hicieron visibles, Kirishima podía sentir el chocar de olas. Olor a mar, a pescado, a perfume de mujer y de hombre, olor a café, olor a té. Olor a sudor, olor a lobo, olor a podrido. Un asqueroso olor a podrido que antes no había sentido y venía desde dentro de la mansión. Olor a muerto.
Se reclinó y vomitó.
Monoma rió mientras su hermana se disculpaba y lo empujaba hacía dentro, despidiéndose de ellos con las manos. Tetsutetsu se agachó a su lado y le acarició la espalda, mencionando que esa era una mala despedida. Yaoyorozu le dio un pañuelo para limpiarse y Todoroki le pidió a Inasa que fuera a buscar su auto.
—Gracias por avergonzarme —bromeó Ashido mientras se ponía de pie, Kirishima sonrió para tranquilizarla. Pero el olor a podrido lo hacía desear correr de allí.
(*) Esta palabra va a tener un significado único en la historia, diferente a su significado real.
