[As wie Gold]
#11 | Postre
La sensación de la armadura sobre su cuerpo le era alien.
No sabía si se podía comparar a portar con una armadura de cualquier otro tipo, ya que no tenía realmente conocimiento empírico sobre la sensación. Aun a pesar de eso, con la armadura puesta y su cosmo ya medianamente desarrollado (con el plus de energía que el servirle al señor Hades le proporcionaba) se sentía completamente preparado para lo que sea que tuviera que hacer.
Se giró a Radamanthys, y buscó sus ojos, como si esperara su aprobación.
El juez le observó por unos segundos, ojeó la súrplice y el cómo le quedaba a su cuerpo.
—Ahora sí pareces un miembro del ejército de Hades —fue su "aprobación", mientras asentía con la cabeza y le dirigía una media sonrisa. Hizo una seña con la mano para que bajara del monte de donde había obtenido su armadura (venga, que estaban esparcidas por todo el Inframundo) y seguir con su camino—. Si haces el trabajo de hoy correctamente, quizá piense en la idea de ordenarte un postre.
La duda del día anterior (sobre cómo aparecía la comida en la mansión, quién cocinaba, recogía los platos, etcétera) había surcado su cabeza nuevamente. Estuvo realmente tentado a preguntarle el cómo de las cosas, pero se detuvo, notando que quizás no era el momento más oportuno, con eso de la "misión súper secreta de Hades".
En vez de eso, se concentró más en el paisaje. No recordaba mucho de los territorios cercanos al Aqueronte, algo que se le hacía extrañísimo, dado que no había pasado realmente tanto tiempo desde que había aparecido ahí. No era realmente su culpa, supuso después de sopesarlo unos segundos; su estadía en esa área había sido muy superficial, y al haber tomado el atajo no había visto mucho de los alrededores.
—¿Y cómo se supone que lleve a las almas al otro lado del Aqueronte? ¿Utilizo las alas de la súrplice y me los llevo cargando? ¿O cómo?
Oye Radamanthys, para con la mirada asesina. Era una pregunta real y tangible. Kanon realmente no tenía idea de qué hacer con exactitud. En la biblioteca del Patriarca no había libros sobre cómo eran las cosas en el Inframundo, más allá de ligeras habladurías sobre el terreno. Además, los caballeros de cáncer no hablaban sobre sus técnicas a nadie, deja de lado explicar cómo era el Yomotsu. Eran demasiado secretos en ese aspecto. ¿Cómo se suponía que se preparara para lo que hay después de la vida?
El Guiverno rodó los ojos, notando con desazón que Kanon no le tomaba el pelo, por primera vez en el poco tiempo que llevaban conociéndose, y sonaba medianamente coherente (dado que no tenía mucha experiencia con el Inframundo y eso).
—Al portar la súrplice de Bennu tienes la capacidad de cruzar el Aqueronte caminando. Es difícil de explicar con palabras. Todo el que tome tu mano podrá, también —señaló con la cabeza—. Llegamos.
—¿Saga?
Frente a él: Shion y Aioros.
Confundidos.
Muertos.
