[As wie Gold]
#14 | Libro
—Sabes, Kanon, no es obligatorio el hacerte el impertérrito.
Kanon estaba entrenando con Radamanthys esa tarde. O al menos intentaba, ya que, como la primera semana de entrenamiento, éste no hacía más que fingir que esquivaba sus golpes y rodar los ojos.
—¿De qué hablas?
—Esto. No estás respondiendo satisfactoriamente, te encuentras distraído.
El Bennu se encogió de hombros. Volvió a la posición defensiva, mientras que el hombre frente a él ni siquiera se acomodó.
—Kanon, fue recientemente que te viniste a vivir aquí al Inframundo. No eres como yo que he vivido aquí toda esta vida y tengo además las memorias de mis otras reencarnaciones. Tampoco eres un dios ni un semidiós como para fingir que lo único que te interesa es subir al Olimpo y vanagloriarte. No entiendo por lo que pasas, pero el fingir que te encuentras bien no te hace bien a ti y a mí me hace perder mi tiempo.
El joven siguió sin contestarle. Observó a sus puños, fingiendo que se sentía culpable por las acusaciones de su compañero, aunque sus palabras no ayudaban a aminorar el deseo de entrenar y hacer como que los problemas no existían.
—Bueno, si estás tan terco en hacerlo, me iré a la biblioteca. Leer un libro será más productivo que fingir que entreno contigo —comenzó a alejarse, pero tan pronto estuvo lejos, se detuvo—. Si recuperas tu cordura y te sientes lo suficientemente abierto conmigo como para discutir lo que sea que te moleste de la situación, hay muchos asientos en la biblioteca.
Había algo en el tono de Radamanthys, algo en su voz (decepción,desilución, languidez), que hacía que algo en Kanon quisiera ir tras él y disculparse inmediatamente.
No fue sino hasta horas después que se atrevió a acercarse a la biblioteca, donde vio a Radamanthys, en efecto, leyendo un libro. Las letras le eran ilegibles, dado que estaba en, obviamente, un idioma que no era griego. El Guiverno parecía leerlo con tanta facilidad (a Kanon le daba la impresión de que ése mismo día lo había comenzado y por lo que podía ver ya casi lo terminaba) que supuso que era en su lengua nativa.
Fingiendo desinterés, tomó una silla lo suficientemente cerca de Radamanthys para hacerle saber de su presencia, pero lo suficientemente alejada de éste para que supiera que no estaba del todo presto para una conversación.
Radamanthys siguió con su lectura, la presencia de Kanon desapercibida.
—¿Qué dice?
Sin apuro, el Guiverno pasó un dedo por el libro, cambiando de página.
—The importance of Being Earnest.
—¿De impurtans ouv qué?
—La importancia de llamarse Ernesto, por Óscar Wilde —para este punto, Radamanthys ya sabía que Kanon no se iría, así que dejó el libro de lado y se fue directo al grano—. ¿Pensaste en lo que te dije?
Kanon evitó su mirada. Se acomodó el cabello un poco.
—Bueno, inevitable con siete horas sin hacer nada.
Radamanthys se veía, probablemente, más solemne.
—¿Y quieres hablar?
—...quizás.
