[As wie Gold]
#15 | Distancia

Radamanthys era mucho menos irascible después de hablar con Kanon, se dio cuenta el Bennu en el entrenamiento al día siguiente.

También lo era él mismo, aparentemente su compañero estaba en lo correcto después de todo, y necesitaba hablar al respecto.

Ése día había logrado evadir de forma satisfactoria todos los golpes de Radamanthys e incluso había podido asestarle un golpe que le doliera al Guiverno. El otro adolescente (a veces se le olvidaba que era también un adolescente, con la forma en la que se manejaba y la forma en la que su armadura le daba fornidez) le sonrió cuando sucedió.

No era una sonrisa sardónica, como le había hecho anteriormente. Tampoco era una sonrisa condescendiente, ni una fingida. Era radiante, y era genuina. Radamanthys estaba igual de emocionado por el logro que él.

Si se miraba en el ángulo adecuado, es verdad que aquello no era un gran logro. Ambos tenían una edad aproximadamente parecida, ambos llevaban entrenando casi toda su vida, siguiendo un destino predeterminado. Predestinado.

Sin embargo, después de todo lo que había pasado aquellas dos semanas en el Inframundo, se podía decir estaban contentos con el resultado.

—¿Hoy no me dirás que el Guiverno no es ésa ave inglesa? —inquirió después de unos minutos de silencio, con ambos reposando del entrenamiento. Radamanthys paseó la vista por los terrenos Heinstein, dándose la oportunidad de devorar todo con la mirada. Pareciera que el Sol sólo se escondería detrás de aquella colina a la distancia, y no que fuera la Tierra la que se moviera.

—No, creo que te has ganado el derecho de decirle como quieras —se giró para observarlo. Por un segundo, Kanon fue capaz de escrutar su alma, llegar hasta el recoveco más íntimo. Por un segundo, hubo un mutuo entendimiento entre ambos; uno único—. Hablando en serio, Kanon. Bien hecho. Quizás y después de todo, Bennu ni Hades se equivocaron contigo.

—Tomaré eso como un "hiciste bien, Kanon. Joder, me ganaste" —asintió el otro, fingiendo egpcentrismo—. Sí, creo que me puedo acostumbrar a la sensación. Mi humildad no me permitirá hacerlo fácilmente, pero lo haré.

Y, justo como si fuera el chiste más gracioso del mundo, ambos se echaron a carcajada abierta.

El siempre serio y solemne Radamanthys estaba riendo con Kanon.

(Kanon de Bennu.)

(No sólo Kanon. Kanon de Bennu.)

La sensación que le proveía el reír con Radamanthys era ligeramente distinta a la que le provocaba hacer travesuras con su hermano. Aquí se sentía, sorprendentemente, más natural.

En un momento de inspiración, se giró a su compañero. Este se giró también a verle.

—Por mucho que cebé al viejo no me respondió —dijo, buscando la curiosidad en los ojos de Radamanthys—. No me dijo qué sucedió con Saga, al final.

El brillo en los ojos del Guiverno le recordó bastante al que hubo en los ojos de Shion. Ése de saber algo que él no.

—Si quieres puedo averiguarlo por ti. Seguirá vivo, pero sus archivos están aquí.

Kanon le creyó.