[As wie Gold]
#19 | Blanco
Con el paso de los días, el Inframundo se volvía muy monótono y aburrido. Eventualmente, Kanon había comenzado a olvidar el paso de los días. El único recordatorio que tenía era el sueño que lo inundaba cada tanto, y las miradas preocupadas de Radamanthys cada cierto tiempo.
La verdad es que se sentía tan… normal, el vivir ahí. El escuchar a las almas no le provocaba náuseas (aunque Radamanthys o alguno de los otros jueces fuese a preguntárselo, no lo admitiría), ni el caminar por sobre el Aqueronte cada que tenía su armadura le provocaba asombro.
La única cosa que lo mantenía, quizás, con "los pies en la Tierra" (ni el tiempo le había quitado su capacidad de hacer malas bromas al respecto), era Radamanthys.
Aún a pesar de su, muy poco ortodoxo pacto, en su mayoría seguía tratándole como antaño. Con un par de roces fugaces aquí y allá, y uno que otro beso cada dos o tres semanas. Kanon comenzaba a sospechar que Radamanthys pensaba lo mismo que él mismo.
Kanon comenzaba a sospechar que, quizás, sólo quizás, Radamanthys, al igual que él, tenía miedo de avanzar.
No es porque tuviera miedo de evolucionar, y de que no funcionara; ambos eran responsables y asumirían las consecuencias si algo llegaba a tener finales catastróficos.
Era una sensación diferente. Se sentían lo suficientemente bien como para no mover nada de su sitio. No querían, no sabían cómo, siquiera.
El moverse de lugar, del lugar seguro en el que se encontraban, sería un golpe de realidad más duro del que ninguno de los dos puede soportar. Radamanthys con su sociopatía, con eso de estar demasiadas centurias en el Inframundo; y Kanon con su sociopatía, con eso de nunca haber interactuado con otras personas antes de Radamanthys.
¿Qué se suponía que debiera hacer? ¿Cómo actuar? ¿Debía darle flores? ¿Debería recibir flores?
Puso los ojos en blanco cuando el pensamiento llenó su mente. Si antes se decía ridículo, ahora ciertamente sobrepasaba lo anterior.
Esa particular tarde ambos se habían encerrado en la habitación de Radamanthys. Nunca antes había estado dentro de esta, y el ser invitado dentro ciertamente le daba una sensación de que al menos algo estaba haciendo bien. Se había quitado los zapatos y se había sentado en la cama, recorriéndose hasta que su espalda dio contra la pared. Era fría, y le ayudaba a concentrarse, a sentir cada centímetro del lugar, a sentir cada fibra de la sábana que cubría la cama de su novio.
(Novio, se seguía sintiendo extraño el término.)
Radamanthys se sentó a su lado, apoyó su cabeza en el hombro de Kanon. Se quedaron observando a la nada, o al menos a distintas cosas, puesto que Radamanthys parecía estar viendo algo que Kanon no alcanzaba a dilucidar.
Después de estar segundos así, Kanon se hartó, y se giró. Radamanthys pareció notarlo y se acercó, precavido (¿a qué le tenía miedo?) Kanon se hartó de su lentitud y lo acercó a sí mismo, saboreando cada centímetro posible.
