[As wie Gold]
#21 | Control

Despertar en la cama de Radamanthys se sentía incluso más extraño que dormir en la misma.

Era quizá porque sentía que de alguna forma no debería estar ahí (¿por qué no debería de estar ahí?). Parpadeó, varias veces. Giró su cabeza, y aunque no le sorprendía, una sensación extraña le invadía al ver el otro lado de la cama vacío.

Todavía con modorra, soltó un suspiro y se sentó en la cama. De noche la habitación era tan misteriosa, atrayente, encantadora; tenía un halo que lo rodeaba todo, que lo volvía fantástico. De día, con las cortinas corridas y sin Radamanthys para volverlo todo más prohibido, se volvía burda; las sombras ya no provocaban alerta, los muebles parecían más comunes y carecían de encanto. Ya nada parecía fuera de lo común (si algo, lo diferente que era la decoración con la que otrora tenía en el santuario, pero además de eso, le parecía bastante terrestre), ni nada parecía más atrayente que su anterior vida.

Retorció los labios con amargura. Aquél sueño con Saga… era todo muy extraño. Sin embargo le extrañaba bastante lo que salió de labios de su hermano, ¿había estado comunicándose con un ente onírico?

Del otro lado de la habitación, había un espejo igual al que había visto en su sueño. A diferencia del que hubo en su sueño, por supuesto, en éste no podía ver a Saga.

Igual que en su sueño, movió la cabeza a un lado, y la superficie reflejó su movimiento. Sus ojos eran iguales a los que veía en el espejo, y no tenía ninguna ropa patriarcal. No era Saga el que le regresaba la expresión vacía, y aunque era ufano, se dio cuenta de que era su propio rostro el que se expresaba de esa forma.

Podía tener completo control de lo que se reflejaba en el espejo.

O… casi, al menos.

Sin tener consciencia de que el espejo no era suyo, estrelló su puño contra la superficie. No sabía de dónde había venido la ira, pero no pudo evitar desquitarse con el aparato. Después de que se le encajara un trozo en su puño es que se recordó que seguía en la habitación de Radamanthys, y que no podía simplemente llegar y destrozar cosas que no le pertenecían.

Podría inventarse cualquier excusa, sólo necesitaba jugarlo bien con Radamanthys y quizá y no se enojara tanto por lo ocurrido con su pobre espejo.

(De igual forma, Radamanthys no parecía el tipo de persona que se enojase por un mueble. Era, después de todo, un simple espejo.)

Salió de la habitación en busca del baño. Con el tiempo que había tenido para sí y no tener a nadie a quien acudir cuando se lastimase, había tenido que aprender a hacer todo por sí solo (es por eso que había sobrevivido tanto tiempo a lo abrumadura que era la mansión Heinstein sin tener que estar todo el tiempo pegado de Radamanthys), así que con facilidad podría limpiar esta simple herida.

Sí, sería sencillo.