[As wie Gold]
#23 | Mentira
Kanon mentiría si dijera que adoraba suplir a los otros jueces.
No entendía cómo, siendo él un caballero con otras tareas completamente diferentes a las que tenían que llevar a cabo los jueces, era llamado cada que Minos tenía asuntos por resolver en la tierra (los cuales, muy para su sorpresa), comenzaban a ser más frecuentes con el paso de los años (a qué iría, sólo el señor Hades estaba enterado de sus andanzas, y ni siquiera de qué es exactamente lo que lo motivaba).
Gruñó mientras seguía registrando la vida de un niño, quien si vieras por su carita dirías que no hizo nada. Sin embargo, Kanon resumió que no había ido directamente a los Elíseos por una razón, y que era precisamente la que tenía que investigar él.
Hasta ahora realmente no había muchas cosas memorables por decir sobre el niñato, un robo aquí y una estafa acá. Todos parecían haber hecho por pura necesidad (a Kanon no le sensibilizaba eso, pero la historia familiar que tenía le volvía un poco reacio a querer juzgarlo con la misma dureza con la que hacía con los otros humanos que descendían aquí), así que realmente no sabía que juicio aplicarle al joven frente a él.
Para darse más tiempo a elegir, continuó viendo los antecedentes, por si encontraba algo que aligerara el castigo (como si fuera tan simple) o algo que lo fuera a llevar directamente a una cierta prisión (necesitaba todavía memorizarse a dónde ibas si tenías cuáles cargos, qué trabajoso). Con cada segundo el chico parecía ponerse más nervioso, Kanon se dijo que debía desfruncir el ceño, para que de esa forma tuviera menos miedo. Aunque era muy levemente, funcionó.
Al final decidió que lo mandaría a la cuarta prisión, y le pidió que se alejara para continuar juzgando. El día pasó de una forma similar, sólo que era menos blando con el resto de los que debía juzgar (ya que no todos eran niños, por supuesto). Al ver que ya se había terminado todo lo que tenía que hacer por ese día decidió retirarse. Intuyendo que era el único que había terminado rápido el trabajo, se fue a buscar en las otras cortes. En efecto, Aiacos estaba también juzgando (Radamanthys nunca le quiso decir cómo trabajaba la corte de Aiacos, pero tampoco tenía ganas de preguntarlo), y Radamanthys estaba ya por irse.
—¿Asumo que también terminate temprano?
Radamanthys se giró para verle de frente, para nada sorprendido de su presencia. Alzó una mano, no muy seguro de cómo saludarle (¿había una forma específica de saludarle? ¿O simplemente con alzar la mano era suficiente?), acercándose un par de pasos.
—Pues hoy no hubo tantas muertes como las ha habido otros días, puedo asegurar que ha sido un día muy tranquilo —y todavía tuvo que agendar al menos unas cuatro o cinco mil.
Kanon comenzó a caminar, sabiendo que Radamanthys le seguiría el paso.
—Hoy también la he tenido fácil —admitió, con sus manos detrás de su cabeza.
