[As wie Gold]
#24 | Independencia

Kanon no esperaba amanecer con Radamanthys colándose en su habitación.

No es que le desagradara su compañía, es sólo que se sentía un poco… extraño, el tenerlo en su habitación (sí, durmió en la de Radamanthys. Pero eso no quería decir que fuera a pasar algo más que sus hormonas alborotándose de más), con el propósito de estar un buen rato ahí y… no hacer nada.

A Kanon le sorpendía lo modesto que era Radamanthys. El cómo evitaba realmente hacer más que besos (no que él realmente intentara propiciar algo má que caricias gentiles y dubitantes). Sin embargo, con ya varios meses saliendo, era casi divertida la forma en la que se sonrojaba cada que ponía sus manos por la altura de su abdomen, o el cómo buscaba mantener la boca cerrada.

¿Cómo les llamaban hoy en día? ¿Chicos "chapados a la antigua"?

Kanon se sentía tan bien de tener uno de esos. Era tan divertido sacarlo de quicio con un sólo movimiento.

Aunque no era del todo su culpa. También era de Radamanthys por ser tan provocable. Se senía como un niño al que se le ofrecía un dulce y tres segundos después se le pedía que no lo comiera. Era completamente imposible.

Y es por eso que en esos momentos lo que se encontraba haciendo era jugar con su cabello, trenzándolo.

—¿Podrías parar? Me gusta mi cabello suelto.

Se encogió de hombros. Radamanthys realmente no estaba haciendo nada para detenerlo, así que eso es lo que haría: continuaría.

—¿Por qué tienes que ser tan insufrible?

—Así me quieres.

Radamanthys siguió sin revocarle los argumentos. Por una parte, Kanon estaba satisfecho con eso. Por otra, también deseaba provocarlo lo suficiente como para que reaccionara (después de todo, ¿no era conocido por ser el juez más iracundo y vengador de entre los tres?). Así al menos no se sentía como una muñeca encerrada, sin nada que hacer.

No se lo diría en voz alta, pero aunque adoraba pasar tiempo con él, quería hacer algo que no fuera estar ahí, encerrado, entrenar o suplir a Minos cada que se le jodía la gana.

Quería ser, aunque no del todo, independiente.

Huh. Quién sabe, quizás después de todo, no era tan diferente a la chica de esa fábula. Quizás sí anhelaba la libertad, no estar atado a un sólo sitio eternamente.

Demasiado pensar lo volvía depresivo. Se giró hacia Radamanthys. Este seguía con el ceño fruncido, pero al ver que se acercaba buscando robarle un ósculo, se posicionó mejor para no hacer la situación incómoda.

Y Kanon se permitió saborear sus labios.

Para Radamanthys, los labios de Kanon tenían un extraño sabor a sal de mar. Para Kanon, los de Radamanthys tenían un sabor eterno a ceniza.

Independientemente de lo que aquello significara, era un sabor adictivo (para cada uno, dependiendo de la perspectiva).

El cabello de Radamanthys era espeso. Era abundante y era rizado. Le gustaba enredar sus dedos ahí.

Y sus ojos, bueno, sus ojos eran… como oro.