[As wie Gold]
#29 | Captura

Kanon observó amenazadoramente a su reflejo por duodécima vez. Radamanthys, por su parte, encontró aquéllo entretenido.

—¿Es que no puedes hacer las paces con tu cabello recogido?

Radamanthys, para mala fortuna de Kanon, encontraba la situación todavía más divertida (el que al Bennu no le gustase ponerse el cabello para atrás, el que el Bennu se viera ridículo con el cabello recogido), y no parecía tener decoro en demostrarlo.

—¿Al menos podrías fingir que estás de mi lado?

Radamanthys se encogió de hombros, escondió su sonrisa detrás de su mano y se mantuvo unos segundos, intentando recuperar su respiración, controlarse.

—Perdona, es sólo que tu sufrimiento es exquisito.

Kanon se rindió al escuchar otra carcajada salir de sus labios, murmurando un "serás idiota" antes de despegarse del espejo y, finalmente, encaminarse a la salida de su habitación.

—Quiero un recordatorio de por qué accedí a esto.

—Es cumpleaños de Pandora.

—Nunca me agradó la mocosa.

—Es su décimo cumpleaños.

—Sigue sin interesarme.

—El señor Hades dijo que todos debíamos hacer lo que nos pidiese, o sino "que nos olvidáramos de que éramos sirvientes suyos".

Kanon se detuvo un momento, y pensó en la situación.

—Y dime, Radamanthys. Porqué, si supuestamente somos todos los espectros de Hades los que estamos a su servicio, ¿es sólo a nosotros dos a quienes acude?

Radamanthys se encogió de hombros. De alguna forma, sentía que era un complot planeado entre el cejudo, su señor y la malcriada. Pero como no tenía prueba de que ellos hubieran participado en algo y se hubieran puesto de acuerdo de manera organizada, se quedó callado. Quizás hubiera un día en el que lo lograra, y quizás ése día sería muy feliz y estaría completamente satisfecho.

Claro, si es que lograba llegar a ese día, y si es que sobrevivía primero a éste mismo.

No pudieron caminar mucho tiempo, puesto que Pandora ya estaba esperándolos, con su vestido azul profundo siguiéndole como una cola le sigue a un pato. Aquél pensamiento hizo la experiencia no tan mala, se dijo Kanon, mientras la seguían a la cocina y ésta señalaba con sus manos envueltas en guantes de encaje (niña mimada, bien se recordó) a la mesa en la que estaban todos los ingredientes bien organizados para lo que Kanon dedujo, era un pastel.

Su cerebró sólo tardó tres segundos en procesar aquéllo.

Mierda.

—Radamanthys dijo que haría lo que yo quisiera, y quiero un pastel de chocolate amargo. Ahí tienen los ingredientes, háganlos.

La chica se sentó a unos cuantos metros, y Kanon podía escuchar sus tacones (¿tacones? ¿En serio?) resonar antes de sentarse. Después se puso a leer.

—Bueno, tenemos trabajo por hacer —le mencionó Radamanthys una vez se hubo recuperado de… lo que sea que le haya dado al ver a Pandora ése día (en serio, si antes la fastiadaba—le fastidiaba—ahora definitivamente la odiaba).

Reluctante se dirigió a la mesa con los incredientes, y antes de girar escuchó un flash.

—Necesitaba capturar el momento —se excusó Pandora.