Resumen: el momento en que Tamaki conoce a la familia de Kiba y descubre lo complicada que puede llegar a ser su suegra pero también, lo agradable que es su cuñada.

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07. Grito

Una hermosa mujer, con porte tranquilo y sensual la recibió en la puerta. Sonrió al verla y la invitó a pasar a la sala de su casa. Tamaki estaba asombrada de la belleza de Hana, su futura cuñada. Había conocido a muchas kunoichi elegantes, fuertes y bellas, pero Hana Inuzuka emanaba un aire distinto. Delicada y segura. Sus movimientos elegantes y al mismo tiempo severos, como lo haría una princesa de un pueblo guerrero.

La seguridad con la que hablaba y respondía a Kiba, la hizo admirarla. Recordó que ella sería la próxima líder de su clan. Kiba estaba orgullosa de ella. Siempre hablaba de su gran habilidad como médico y como ninja.

― Mi madre no tardará en volver. Hubo junta de clanes así que… esperaremos.

Comentó ante la ausencia de la matriarca. Hana ofreció agua y fruta. Quería saber más de ella, pues, la llegada de una entrenadora de gatos a la familia Inuzuka era nuevo, era genial, era un acontecimiento, era quizá también, una chiste. Tamaki conoció las impresiones de Hana, que fueron buenas, pero no las de su futura suegra.

Kiba mencionó que poseía un fuerte carácter y determinación, era salvaje y autoritaria, pero finalmente buena madre. Era aterradora, dijo Hana. Es disciplinada, agregó Kiba. Es un poco explosiva, añadió Hana. Es mal hablada, rió Kiba. Demasiado sobreprotectora, apoyó Hana. Muy directa en sus palabras, soltó Kiba. Es cariñosa cuando nadie la ve, recordó Hana. Buena cocinera y repostera, apuntó Kiba. Ama a los niños, señaló Hana. A sus hijos sobre todo, Kiba puntualizó.

― Pero no le gustan los gatos― Hana dijo con tristeza.

― No la asustes, Hana. Bastante tendrá con ver la cara de madre.

La puerta se abrió de golpe. Algo se rompió cerca de la entrada. Un enorme perro o lobo entró primero, tras ella una mujer violenta que se acercó a su hijo y lo tomó del cuello de la chamarra.

― ¿Qué cara se supone que tengo yo?― gritó la matriarca.

Tsume Inuzuka era todo lo que dijeron sus hijos y más. Era intimidante, imponente pero carismática. Su sonrisa podría aniquilar a diez hombres al mismo tiempo y su fuerza probablemente al doble.

Kiba recibió un golpe en la cabeza por parte de su madre. Después pidió a Hana que colocara la mesa. Se sentó frente a Tamaki. La mesa de centro las separaba. Kiba se quejó un poco y se sentó junto a ella. Tsume se acomodó como lo haría un hombre vago y se limpió la nariz con el dedo índice.

― Así que tú eres Tamaki

La joven comerciante sonrió e inclinó un poco su cabeza. Escuchó el ruido de los platos en la cocina y Kiba corrió a ayudar a su hermana. Los nervios de Tamaki se incrementaron cuando su novio desapareció. Tsume la observaba como los lobos a sus presas. Ante el escudriñamiento, sonrió.

― Eres bonita, dime… ¿Ya has tenido sexo con mi hijo?

Desde la cocina, Kiba llamó a su madre de forma neurótica por hacer preguntas inapropiadas.

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Me gusta cómo se va armando la familia, como todo se les va encajando a ambos. Porque aunque no lo escribí, va implícito que la abuela Nekobaa, quiere a Kibs.