Resumen: El momento que Tamaki deja Sora-Ku para ir a vivir con Kiba a Konoha. Sus emociones y sentimientos al dejar el lugar donde creció. Nostalgia y cobardía. Al final Kiba la sostendrá. (demonios… romantizando el amor, sorry)

-o-

09. Valor

El anaranjado se extendió por la ciudad abandonada. La sombra de Tamaki se alargaba conforme avanzaba a la salida. En compañía de una procesión de docenas de gatos, pequeños, grandes, viejos, jovenes, coloridos, moteados, bicolores, machos, hembras. Con Momo frente de la comitiva.

Su abuela guardó silencio una vez que Tamaki dejo la habitación. Iba a sentirse un poco sola sin ella. No tanto después de un tiempo porque antes que llegara a su vida, estaba ahí, rodeada de pequeños seres peludos, inteligentes, brillantes, seres que la defenderían y cuidaban desde muchos años atrás. Además no había porque preocuparse, Tamaki estaría bien.

Llevaba una maleta en el hombro y otra que se deslizaba por el suelo con ayuda de unas ruedas. Empezaría su nueva vida en Konoha, junto a él. Rodeada de personas, conocería el mundo. Oía los murmullos de algunos gatos parlanchines; muchos no estaban seguros de la decisión de la muchacha. La extrañarían. Tamaki creció con ellos, los alimentó y en ocasiones dormía rodeada de una docena de ellos. Entrenó a las nuevas generaciones de gatos ninja, parte de ellos, vivirían con ella en la aldea. Nekobaa no quería dejar a su nieta desprotegida, a pesar de confiar la villa, existían peligros latentes y Tamaki no era una kunoichi experimentada.

Los edificios se agrietaban y caía pintura como despedida. La ciudad también era parte de Tamaki, su hogar, la casa en la que creció.

Miró la enorme fortaleza por la que anduvo con libertad, sin miedo, sin daños, sin ojos ni oídos persiguiéndola.

Se detuvo un momento. Momo hizo lo mismo. Los gatos comenzaron a maullar y murmurar. Una canción al atardecer, musicalizada por las cuerditas vocales más dulces y ronroneos en un adiós. La tierra bajo sus pies emitió un sonido acogedor, el prr-prr que hacen los gatos cuando están felices.

Nya

La salida estaba frente a ella. Kiba recargado en uno de los pilares en compañía de Akamaru. De nuevo escuchó el ronroneo. Los gatos más poderosos, los que no se dejan ver más que lo necesario también le decían adiós.

La comitiva de gatitos se dividió una vez que Tamaki se acercó a la puerta. Los doce felinos que la acompañarían se acomodaron a su alrededor, Momo los dirigía.

La puerta estaba abierta, el cielo comenzaba a oscurecer. Era domingo y el viento de otoño era fresco y fuerte. Sus cabellos se agitaron con el sonido de las hojas de los árboles. Una nube de gatitos inclinó su cabeza antes que partiera.

Sus pies no respondían. Su casa, el hogar, los gatos, había gatitas que esperaban bebes y se perdería el alumbramiento. Momo adelantó el paso. Kiba seguía de pie, observándola, enamorándose.

― Adiós― dijo a los gatos y la ciudad se estremeció.

Nunca creyó dejar la ciudad, pero tampoco pensó que permanecería ahí por siempre. Atendería cuestiones comerciales desde su nueva casa, en un nuevo techo. Comprometida con un dog lover. Hasta parecía chiste del destino.

No pudo evitar llorar, no quería tampoco. Había miedo, incertidumbre. ¿Cómo la tratarían en la villa? ¿Cómo se sentiría?

Él extendió su mano y por un momento quiso regresar de nuevo con su abuela, llorar en su regazo, darle un beso en la frente. "Tengo miedo" La mano de Kiba seguía extendida, fuerte, áspera y las venas saliendo de su antebrazo. Le gusta la virilidad que reflejaba. Cayó en un abrazó que hasta la ciudad lo sintió. Ella suspiró, su corazón latió y la respiración de Kiba cerca de su oído, la tranquilizó, le dio valor.

-o-

Ese momento en el que ella se fue de la ciudad, me lo puedo imaginar. Sí ustedes tienen un headcanon similar o distinto me encantaría saberlo.