Siguiente parte de esta entrega. Un capítulo que en lo personal, me encanta.
-Tan Simple Como Eso-
La noche se agitaba con un viento extraño y frío, como si algún gigante marino con sus grandes garras arrojase sobre la costa latigazos de furia y rencor.
Grandes olas de arena y agua se estrellaban por doquier en la enorme costa, mientras la casa, cerrada ya, llenaba los bordes de las ventanas y los corredores con dunas acumuladas por las horas que había durado el vendaval.
Dentro de la casa, la sala en penumbras reflejaba una tranquilidad aburrida y sórdida, el silencio siéndolo todo, daba la sensación de perfección, pues todo estaba en su lugar, todo impecable, todo correcto y limpio.
La cocina también relucía bajo la intermitente luz verde neón del horno de microondas, que con su eterna media noche y al lado del ojo rojo de una cafetera encendida, daban la única luz sobre aquella ausencia de vida.
Y de pronto, el zumbido del refrigerador.
Escaleras arriba todo cambiaba, una línea de luz se desplegaba sobre los peldaños como una serpiente amarilla que se desvanecía en nada al llegar abajo; los cuadros colgados a la derecha y sobre la pared miraban al infinito con sus sonrisas frías mientras ibas ascendiendo. Como las escaleras al paraíso.
Arriba, dos cuartos, habitaciones cuyo destino original había sido ya olvidado en el tiempo, transformados ahora en templos totalmente inconcebibles.
Uno, el de atrás, era bodega: Fotos, mesas, sillas rotas, artículos de pesca, libros, discos, más fotos. Miles de curiosidades guardadas a lo largo de casi un siglo.
Todo lo que alguna vez se apreció, puede terminar allí.
El segundo era el cuarto de visitas y segundo cuarto de Steven. Ese cuarto contaba con un balcón ahora cerrado por el vendaval. Un cuarto de baño completo, un gran armario, un tocador, una pantalla de 42 pulgadas, algunos aparatos arcaicos de juegos de video y reproductores diversos.
Había una cama King Size pegada a la pared, la más grande que pudiera haber. El enorme tamaño que había adquirido el Gem hacía necesario el uso de medidas acordes a él.
Luego, entre dos enormes almohadas y apoyado en el cabezal de la cama se encontraba Steven en posición semi incorporada.
Su desnudez se hacía visible a través de tres velas, dos que se habían colocado en el tocador y una en un buró con la finalidad de hacer el lugar más cálido, y que a la vez, la tenue luz guíe los instintos y emociones desplegados, a un lugar más allá del éxtasis o de la entrega, del nirvana o de la fusión.
El Gem respiraba profundo mientras levantaba su cabeza hacía el techo, su cabello caía con libertad por su espalda mientras que algunos mechones se dejaban verter hacía el frente. Cerraba sus ojos con fuerza ante la sensación de un calor atrapante que le provocaba espasmos en el vientre bajo y la parte superior de las piernas. Volvía a respirar. La sensación lo llenaba.
Luego, los choques frescos del sentir ser liberado lentamente lo hacía contraerse de nuevo.
En seguida, un movimiento leve, como aquel que agita una taza de café diluyendo la crema en un remolino atrapante, lo hacía volver a respirar profundo y soltar de vez en cuando, un leve gruñido.
La blanca Perla se encontraba sobre él, besándolo entregada, fascinada. Lo abrazaba del cuello con fuerza para besarle para luego lamerle el pecho mientras se dejaba bajar lenta, cadenciosamente sobre él; hasta llegar a su propio límite. Él era enorme.
Luego, marcaba con su lengua una húmeda línea de regreso a su cuello, a su oreja, a su barbilla y de nueva cuenta a su boca, mientras levantaba las caderas liberando poco a poco al Gem, sin salir totalmente.
Eso la enloquecía.
Eso lo enloquecía.
Ese ritmo lento y cadencioso que podía durar mucho tiempo pues Perla le había dejado claro que esa era la postura que ella más disfrutaba. Se sentía completa, entregada, amada. Cada pliegue desplegado al bajar sobre él le atacaba las piernas de una sensación tan poderosa que se sentía enloquecer al sentir su límite.
Luego, al subir, sentir como su piel y su interior se negaban a abandonar algo que embona tan perfectamente con ella. Su interior se aferra mientras ella a su vez hinca sus uñas en la poderosa espalda de su amor.
Luego Steven no dejaba de acariciarla, no perdía un instante para dejarle saber que le gustaba su espalda y su finura; la recorría de arriba a abajo con sus grandes manos mientras se apoderaba de su cuello con succiones, besos y largas lameduras.
Le decía que amaba sus pezones azules sobre sus leves pechos.
Alguna vez quiso usar su transformación para hacer su cuerpo más voluptuoso pero Steven no solo se negó a que lo hiciera, si no que le prohibió terminantemente hacerlo.
"Eres hermosa, más que perfecta, tal como eres" le había dicho. Y nunca más lo intentó; ni lo intentaría jamás.
A veces, se empujaba de sus grandes hombros para bajar con más rapidez y ver como él apretaba los ojos de golpe ante la sensación súbita mientras ella sentía sus entrañas poseídas por fuego. Por él. Por su amor.
Ella volvió a salir lentamente en busca de nuevo de la boca de su amante hasta que sintió que él, con mucha suavidad la abrazó tomándola de la espalda, saliendo totalmente de ella. Perla sintió un poco de frío, pero él la cobijó en sus enormes brazos y la pegó totalmente a él.
Ella respiraba agitada mientras lo volteaba a ver desde la seguridad de su pecho.
-¿Ya terminaste?- preguntó la blanca azuzada por el deseo.
-No, aún no- le contestó.
-Entonces… ¿por qué?- dijo ella viéndolo confundida y un poco dolida. Él solo la abrazó más fuerte y la impulso a subir su cuerpo hasta que sus rostros quedaron tan cerca que podían mirar el brillo de sus sudores.
Ante la cercanía en ese momento tan íntimo, tan de ellos, él le sonrió levemente.
-Te amo- le dijo.
Ella sonrió y sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
-Y yo a ti- lo abrazó muy fuerte por el cuello pegando sus mejillas, podían sentir sus cuerpos completamente en aquella amalgama de calor incandescente.
Él pudo sentir el rico aroma de su sudor, ella sintió que sin él no había mundo.
Entonces lo vio llorar.
Con desesperación recogió una de sus lágrimas con su blanco pulgar mientras el temor la abordaba.
-¿Qué tienes mi niño? ¿Qué te pasa?-
Él respiro profundo mientras cerraba los ojos y apretaba los labios. Ella se dio cuenta que el buscaba no echarse a llorar abiertamente. Acarició su mejilla, entretejió sus dedos en su cabello.
-¿Qué tienes mi Steven?- dijo ella angustiada.
-Es que… te amo-
-Y dime ¿eso es malo?-
El negó con la cabeza mientras afuera el viento seguía arrastrando arena y agua.
-Es solo- el negó con la cabeza nuevamente apretando los labios- que también… amo a las demás-
Ella notó en sus ojos una culpa y pena profunda, casi como un rencor mal atendido.
-Y nosotras te amamos a ti- le dijo. Las velas estaban a la mitad.
El suspiró y dijo –Y me consta Perla, pero, algo no está bien-
Ella lo miró un tanto confundida, ¿Qué podría estar mal? Ellas lo amaban y él las amaba a ellas. Ante la falta de una salida se le ocurrió que la respuesta, debía venir de él.
-Entonces dime Steven –ella le limpió una lágrima más- ¿Qué podría hacerte sentir mejor mi niño?-
-No lo sé Perla…yo…no lo sé…- y el chico dijo sin pensar –Quizá... quizá si eligiera solo a UNA de ustedes como mi pareja, yo…no sé…-
Y el tiempo pareció congelarse.
Perla se había quedado petrificada al escuchar esas últimas palabras del gem. Sus grandes ojos no perdían el rostro de Steven en ningún segundo. Abrió la boca para decir algo pero las palabras se negaron a salir. Tartamudeó un par de veces, luego, sin que se diera cuenta comenzaron a brotar enormes gotas de sus ojos que cayeron irremediablemente en el bajo pecho del gem.
Steven se estremeció al verla llorar así.
-Perla…- la interpelada se limpió con los antebrazos de forma insistente al darse cuenta de sus enormes lágrimas.
-Ja,ja no es nada Steven…nada. Yo creo que – se limpió otra lágrima- creo que si eso es lo que quieres pues, pues, eso debes hacer. Cualquiera de la c-chicas estaría gus-gustosa d-de ser...de ser- y los sollozos le atraparon la voz.
-Perla…- él la volvió a llevar a hacía sí donde sintió como las lágrimas de la blanca le mojaban el cuello. Sin embargo, Perla se sorbió, se incorporó y se secó las lágrimas con el antebrazo.
-Cualquiera estará feliz, de ser tu pareja Steven- continuó la blanca con firmeza–
-Pero tú lloras, Lloras por… ¿la posibilidad de que no te elija?- Preguntó el sintiéndose entre la espada y la pared.
Ella sonrió levemente. La luz de las velas le otorgaba un color que transitaba en una gama fría de blanco lechoso, casi como el cristal de una lámpara de argón apagada.
-No lloro solo porque no me elijas- le dijo nerviosa – sino también por la posibilidad de que me elijas a mí-
Entonces Steven parpadeó confundido. El ambiente se tornó extraño-
-Yo- dijo con mucha seriedad el chico- yo jamás obligaría a ninguna de ustedes a nada-
Y ella sonrió – No me refería a eso Steven- jamás le decía "mi niño" cuando él estaba serio.
-Si tú me eligieras, yo sería la gema más feliz del universo entero- le acarició la cabeza- nada desearía más que ser tu…tu- se sonrojo furiosamente- tu pareja. Pero… las demás…-
-Entiendo- aventuró él.
-No creo que entiendas- respondió ella mirando a un lado con tristeza.
-A que te refieres-
-Creo que, es mejor que tú decidas. Si eso es lo que quieres y te hace feliz, nosotras lo aceptaremos. Y cualquiera estará feliz de ser elegida-
-Pero qué es lo que no entiendo-
-Steven, si te lo digo voy a influir en tus deseos, y no quiero que por nuestra culpa vivas infeliz-
-Perla, dímelo, por favor. Necesito saber qué pasa- le dijo suplicante. Ella ya sabía que no podría resistir mucho.
Bajó la mirada entristecida por no haber podido ocultar sus emociones y por dejarse llevar a ese punto de la charla.
-Steven…si tú eliges a una…solo a una, separarás a las Cristal Gem-
Ante tal revelación él se quedó impactado; sabía que elegir una de ellas iba a ser problemático, ni siquiera lo consideraba totalmente, pero al parecer, no había dado la importancia ni el peso que tenía la relación que mantenía con ellas.
Perla se dio cuenta que ya la suerte estaba echada y que ya no tenía sentido callar.
-Steven- lo miró a los ojos- nosotras ya te amábamos desde que eras un pequeño en una sábana y Peridot y Lapis, desde que eras un niño. Pero a lo largo de estos últimos años, ese amor intenso que ya teníamos se fue extendiendo a límites que no habíamos ni imaginado, ni soñado-
Ella lo miró de manera dulce.
-Te amábamos como madres, como hermanas, como amigas; pero en estos 20 años aprendimos a amarte como pareja, como amante y… como nuestro diamante-
Steven iba a decir algo pero la blanca le puso una mano en la boca.
- Si… sé que no te gusta que te digamos así, pero es parte de nuestra naturaleza, y con toda nuestra entrega para contigo, este amor intenso simplemente nos nace.
Si hubieras elegido una de nosotras hace 20 años, podríamos haberlo aceptado. Pero ahora, sería muy doloroso para el resto.-
Y Steven no supo que decir. Lo que Perla le afirmaba le estaba calando por dentro, como el agua nueva que descubre los túneles de una cascada seca. Entonces pudo nombrar algunas cosas.
-Es que, llevó años sintiéndome como un mal hombre. Estando con una y con otra y con otra; como un tirano, o un ogro o un Sultán. Y yo no quiero ser nada de esas horribles cosas-
Perla quiso reír pero no era el momento. Se llevó una mano a la boca y Steven creyó que iba a llorar. Sin embargo, en vez de eso, Perla cambió su semblante.
-¡Steven!- exclamó- ¡De donde sacas que tú eres un tirano o un ogro! Por dios si eres el ser más amable y bueno. Hoy me ayudaste a limpiar tu casa, un tirano me hubiese puesto a limpiarla sola gritando "Eres una Perla, es tu deber" o algo así. Cumples los caprichos de cada una de nosotras y siempre te preocupas de nosotros. Eres considerado y atento en todos los sentidos-
-La gente del pueblo dice que soy un polígamo y que las tengo hechizadas-
-¿Y te preocupa lo que ellos digan?-
-No lo que ellos digan; es que me siento así; y siento que está mal-
-Mi niño, tú no nos tienes hechizadas, bueno no literalmente – y Perla se rio. Su risa fue relajante para Steven- y con respecto a ser un polígamo, bueno, literalmente… si lo eres-
Steven hizo una mueca.
Perla notó la contrariedad en el chico así que uso su última carta.
-Mira, no sé si sepas pero hay mucha gente en la tierra que practica la poligamia. El ejemplo más pronto son las personas de la religión mormona, en ella se permite que el varón tenga tantas mujeres como pueda mantener. Todos conviven y se apoyan y son felices. ¿Por qué tú no puedes serlo, si nosotras ya lo somos mi amor?-
Steven le miró unos segundos, luego sonrió. Su gema blanca siempre sabía que decir y como tratarlo. Si no fuera por ella hubiera muerto 20 años atrás. Era su ángel de alas blancas.
La abrazó tan fuerte y tan súbito que Perla se asustó.
-Eres maravillosa Perla. Soy tan afortunado de tenerte conmigo. Realmente afortunado.-
Ella se sonrojó –yo también soy afortunada mi Steven-
Entonces él se giró y la colocó a ella en las almohadas. Comenzó a besar su cuello mientras la tomaba de las muñecas.
-Tramposo- le dijo ella mientras disfrutaba de las caricias del Gem. Él bajaba de su fino cuello a besos hasta llegar al pequeño pezón. Lo besó una y otra vez para luego succionar levemente y pasar al otro. Perla sentía espasmos en la parte baja de su delgada espalda.
El devoró sus pechos y cintura, penetró con su lengua la intimidad de Perla haciéndola retorcerse ante el inesperado ataque, probó sus mieles con avidez y le arrancó a la blanca un derrame de suspiros.
Entonces él se colocó encima de ella y le regaló un beso profundo donde compartieron el sabor de su intimidad y el calor de sus cuerpos mojados.
Steven se situó en su entrada y ella instintivamente recogió las rodillas para dejarle totalmente libre el paso, levantando levemente las caderas para él.
Él la miró profundamente agradecido.
-No sé qué haría sin ti mi Perla- y cerrando los ojos fue entrando en ella quien se estremeció al sentir nuevamente su cuerpo fundirse en él, envolverlo totalmente con su amor y su cuerpo.
Él se retiraba lentamente sin salir del todo y volvía a avanzar entrando un poco más. Nunca la penetraba en totalidad, podía lastimarla y lo sabía.
Él le beso el cuello mientras entraba un poco más y ella, al sentirse totalmente cubierta, dejó salir de su boca un enorme gemido que vino acompañado de una mayor lubricación que de tan potente Steven la sintió.
-Por favor, déjame decirlo Steven- le suplicó ella con una mirada perdida en el deseo y en la entrega total al ser amado.
-Perla…-
-Por favor- suplicó ella.
Él le sonrió resignado, al parecer las noches comenzaban a ser diferentes, como reinventadas, a lo mejor todo cambiaria para bien. Él cambiaría para bien. A lo mejor.
-Está bien mi Perla, hoy todo lo puedes- le dijo y él comenzó un vaivén marcado cada vez más veloz y profundo. Perla recogió más las piernas y le sonrió entre gemidos, le dijo al oído lo que él le tenía terminantemente prohibido a todas.
-Me encanta cómo me lo hace,
my Diamond-
Tenemos la continuación con el esperado toque de limón. Como dije al inicio será muy sugerido y no tan descriptivo por cuestiones de historia; posiblemente eso cambie más adelante ya que esta terminando el arco del drama y nos vamos a meter a cosas más divertidas.
Ya veremos que se me ocurre.
Saludos especiales a...
Soulinger Y aquí seguimos amigo. Actualizando lo que se deja. Gracias por comentar!
Pirata: Aprovechando que esta historia es nueva, le metimos la revelación reciente de que Steven es un Diamante. Me ayuda realmente. Saludos.
sandman434: Pues lo de la chica tendrá su momento. Ya que siento que esta historia si va a ser larga. Saludos amigo.
Gracias por estar y por sus comentarios. Un saludo al Elvats que se le extraña un buen.
Lobo -El Maldito- Hibiky
