hola que tal, esta es una nueva historia que salio de mi cerebro y sus ideas necias xD

espero que les guste.

Gracias por leer.


Tantas veces he deseado estar más cerca de ella. Tanto he deseado acariciar su piel y tomarla fuertemente entre mis brazos.

Sé que la protegería aún a costa de mi vida; pero las cosas no son así, ella no está a mi alcance. Siempre cerca de mí y sin poder realmente acercarme como yo quisiera.

Su corazón pertenece a otro hombre y curiosamente ese es mi llamado maestro; no hay modo en que yo interfiera entre ellos, más que nada quiero que sean felices. Para ella soy un amigo, compañero, soy su guardia, su escolta, en algún momento llegue a ser su caballero pero nunca su amor; ese que hace saltar su corazón, que la lleva a actuar sin pensar en otra cosa, aquel que persigue sin cansancio desde algún tiempo no soy yo.

Me lo repito una y otra vez; ella no es mía, no es para mí.

Pero a veces por algunas situaciones solo estamos los dos, puedo verla de cerca y pasar tiempo juntos el cual es precioso para mí; existen momentos en los que ella me sonríe solo a mí, que me llama, que me necesita a mí no al maestro Zen. Aquellos instantes ella es mía, solo mía y no pienso compartirla con nadie.

Cuando me llama, cuando dice mi nombre siento que incluso se escucha especial al salir de sus labios. Quiero tocar su cabello, su precioso cabello rojo; el cual adorna en ciertas ocasiones con el regalo que le di, un pequeño accesorio que gane solo para poder ver su sonrisa al recibirlo.

Mi mandato es estar a su lado, todo por orden de mi maestro pero es también mi deseo.

En algún momento empecé a verla en mis sueños, en mi mente no existen barreras o algo que impida nuestra cercanía; pero como siempre todo termina cuando despierto. Frustrado me quedo mirando mi mano la cual la ha tocado contadas y apreciadas veces.

Como siempre durante mis divagaciones me pregunto qué haría ella si me le confesara; si yo declarara abiertamente mis sentimientos.

¿Estaría sorprendida ? ¿Se sentiría halagada? ¿Le preocuparía lastimarme? ¿Acaso yo podría hacerla sonrojar?

Lograr que aparezca ese suave tono carmín en sus blancas mejillas me haría el hombre más feliz en el mundo.

Comienzo mis labores del día, mis órdenes son estar con la señorita; me visto rápido, tomo mis cosas personales y salgo del dormitorio. Me encuentro esperando afuera de una puerta, la cual se abre y ella me mira con sorpresa.

—Obi, buenos días— me dice con una sonrisa.

—Buen día señorita— contesto y camino a su lado.

—Es raro que llegues por la puerta— continua la conversación.

—No quiero ser regañado de nuevo por el maestro si sabe que entre por la ventana como siempre— cruzo mis brazos por encima de mi cabeza mientras sigo caminando.

—Es verdad que Zen a veces se molesta pero me siento más segura al saber que estas cerca— me dijo y sonrió.

—Eh…— fue lo único que alcance a decir antes de que mi respiración se cortara y la observara avanzar un poco más antes de alcanzarla de nuevo.

El día paso rápidamente, como de costumbre ayude con las labores de la farmacia real y a cuidar algunas plantas; no se mucho al respecto pero siempre pongo atención. Además quiero ayudarla en lo que pueda, serle de utilidad.

Ella luce feliz mientras trabaja, realmente me gusta poder compartir esto y pasar más tiempo a su lado. Mientras recolecto unas semillas un pensamiento cruza mi mente: si me amara ¿podríamos estar juntos? Sé que solo me atormento, que solo me hago daño pero no puedo evitarlo; al menos mi mente es libre.

Vuelvo a la realidad al ver pasar al pequeño Ryu que se dirige hacia la señorita. Él podrá ser joven pero sé que realmente la aprecia a su propio modo, parecen llevarse muy bien.

Cuando me di cuenta ya era de noche, acompañe a la señorita de vuelta a su recámara. Nos quedamos un momento en la puerta sin decir nada. La mire pero ella lo noto y sus ojos pasaron a observarme directamente.

—¿Estas bien Obi? — introdujo la pregunta sin dejar de mirarme.

—Lo estoy señorita; solo pensaba que su cabello ha crecido últimamente— conteste con tranquilidad.

—Es verdad— toco con su mano uno de sus rojizos mechones — si sigue así pronto tendré que atarlo—

—En todo caso cuando eso pase le traeré un nuevo adorno para su cabello— dije seguro de mí.

—Obi, no es necesario—

—Señorita debe descansar— continué y abrí la puerta de su dormitorio para que pudiera pasar —Adelante— ella comenzó a entrar.

—Vendré mañana por usted— concluí y di media vuelta pero al escuchar su voz de nuevo regrese a mirarla.

—Obi…—

—¿Qué sucede? —

—Siempre eres muy atento, descansa— termino de hablar y cerró la puerta.

Me quede un momento fuera del lugar antes de emprender camino a realizar mi reporte frente al maestro como cada noche.

Entre en la habitación, como siempre alrededor está el maestro Mitsuhide y la señorita Kiki; avance más y encontré al Maestro en su escritorio firmando papeles; al parecer un poco frustrado.

—Obi ¿Cómo fue el día de hoy? —

—La señorita trabajo normalmente, lucía un poco cansada así que ya fue a descansar—

—Entiendo— luce desanimado.

—Está molesto porque hoy no pudo ver a Shirayuki— intervino la señorita Kiki mientras ojea un libro y lo acomoda en su respectivo librero.

—¡Kiki! — replica el Maestro.

—No se puede hacer mucho, ella ya está dormida— contesta el maestro Mitsuhide.

—Escucha Obi, tenemos una revisión y saldremos mañana temprano. Volveremos en tres semanas. Durante ese tiempo Shirayuki queda a tu cuidado—

—Si esa es su orden Maestro, yo la cumpliré— hago una leve reverencia.

—Siempre dices lo mismo— dice sonriente.

—Ve a dormir, nos vemos temprano para despedirnos—

—Muy bien— termino de decir y me retiro como es costumbre mía por la ventana.

—¡Que te dije de la ventana! —me grita el maestro.

—Si, si— contesto durante mi caída.

Al llegar a mi habitación empiezo a reflexionar un poco.

—Me pregunto si lo sabe— luego de una pausa decido ir a cerciorarme en persona.

En pocos momentos me encuentro tocando su puerta.

—¿Quién es— pregunta desde dentro.

—Soy Obi señorita. Lamento la hora—

—¿Qué sucede— dice abriendo la puerta.

—¿Ya estaba dormida? — interrogo un poco para hacer conversación.

—No, estaba leyendo sobre unas hierbas que me dijo Ryu—

—Bien entonces, vine a hacerle una pregunta ¿ya está enterada sobre el viaje del Maestro? —

—Lo estoy, me lo dijo hace un par de días—

—¿ Y esta bien? — interrogo y ella sonríe.

—Obi ¿viniste aquí solo porque te preocupaste por mi? —

—Ah…— fue el único sonido que pude articular y me hice un poco hacia atrás.

—Es verdad que Zen se marcha un tiempo pero ya volverá, lo extrañare mucho pero a cambio me dio un regalo— comienza a contarme mientras se apoya en la puerta.

—¿El maestro? —

—Me permitió que tú te quedaras conmigo— sonríe y me mira.

—Señorita…—

—¿Recuerdas que te dije que contigo cerca me siento más segura? Pues es verdad—

—¿Y él lo permitió? —

—Si, dijo que así se sentía más tranquilo—

—Entiendo—

Por mi mente cruzaron tantas cosas en ese preciso momento. Me alegre de que ella pidiera estar conmigo. Me sentí orgulloso de poder protegerla durante la ausencia del maestro; al observarla un poco más pude notar que su cabello estaba recogido hacia atrás, ya no traía su atuendo de trabajo si no ropa común pero que la hacía ver hermosa y no pude evitar expresarme.

—La señorita siempre luce hermosa— hable antes de darme cuenta de lo que había hecho.

—… ¿Eh?... — murmuro ella con sorpresa y se sonrojo notablemente.

—Ah…quiero decir, a esta hora y luce muy bien— conteste con nerviosismo al alejarme un poco —Creo que ya es algo tarde, debe descansar; vendré mañana por usted para despedir al maestro—

Fue lo último que dije antes de prácticamente escabullirme de ahí. No sabía que más hacer; al llegar a mi habitación cierro la puerta y me arrojo a la cama.

—¿Qué rayos hice? —hablo en voz alta conmigo mismo al poner mis manos en mi cara con frustración.

Después de reprocharme un rato más ruedo por la cama quedando boca abajo y abrazo una almohada mientras sigo pensando.

—Pero ella… se sonrojo…— este fue el último pensamiento que cruzo mi mente antes de quedarme dormido.


Fin del primer capítulo.