Capítulo 10

***Narra Obi***

La cena transcurrió sin mayor novedad, comimos todo con gusto y realmente los platillos estaban deliciosos. Después de eso escolte a la damita al baño común de la posada para que pueda asearse a gusto y sin ningún problema.

—Obi, pero tú también debes limpiarte— me mira antes de entrar.

—No es necesario. Ahora debo vigilar mientras usted lo hace. Mas tarde me aseare en la habitación—

—…está bien…— luego de una pausa finalmente acepto las condiciones.

De vuelta a la habitación la señorita luce renovada, creo que el baño la ayudo a relajarse. Su precioso cabello da la impresión de estar más brillante y no puedo evitar observarla muy detenidamente.

—Empezare a clasificar todo lo que recogimos hoy— me observa un momento y procede a sentarse en el pequeño sillón para dos que hay dentro del cuarto, haciendo apuntes sobre cada hierba.

—Entonces iré a asearme ahora señorita. Si necesita algo llámeme— tomo mi morral y entro a el pequeño espacio reservado para el baño.

Cuando termine me cambie y salí a hacer compañía a la pelirroja a mi cuidado. Ayude a clasificar todo el material recolectado, mientras yo guardaba individualmente las muestras ella apuntaba los datos importantes en sus notas. Trabajando así terminamos en unas cuantas horas.

Tras un momento de silencio puedo notar que la damita se durmió en el sillón, así que procedo a levantarla en mis brazos y llevarla a la cama para que pueda descansar mejor. Mientras hago esto comienzo a recordar la última vez que la levante así para llevarla a dormir fue la noche que se embriago, esa noche donde todo cambio entre nosotros.

Luce tan tranquila mientras duerme que no puedo evitar sonreír al verla. La dejo con cuidado sobre la cama y la cubro suavemente con una cobija. Por mi parte decido comportarme como un buen guardián, así que tomo la otra almohada y cobija ya que dormiré en el sillón.

Me encantaría reposar en el mismo lecho que ella, pero también deseo guardarle el debido respeto ya que estrictamente hablando nuestra relación no ha cambiado, así que no tengo ningún derecho a dormir en su cama.

Al adentrarme al mundo de los sueños me encuentro de frente con mi Maestro, él luce decepcionado y de un momento a otro me veo envuelto en un combate a muerte en el que la recompensa es la mano en matrimonio de la damita.

Ella se encuentra en un balcón donde pueda observar los combates, al parecer luce muy preocupada y algo triste también.

Me le acerco disimuladamente mientras nadie observa, le propongo ayudarla a escapar, duda un poco, pero al final acepta y huimos juntos en el momento en que los guardias no prestaban la atención requerida.

Durante nuestro viaje, huyendo de los que quieren tener de vuelta a la pelirroja pasamos muchas cosas; pero nunca la deje sola. Finalmente cruzamos la frontera hacia un reino distinto donde nadie conociera sobre nosotros, al decidir qué camino tomar, ella pudo irse por su propio rumbo, pero no fue así, se quedó a mi lado y en una promesa silenciosa nos quedamos uno en compañía del otro.

Conseguimos una pequeña cabaña en las afueras de una aldea por la que cruzábamos, en ella nos establecimos. Busque un empleo como ayudante repartiendo encargos para el comercio local y la señorita vendía medicamento que ella misma fabricaba con hierbas. Todo transcurría en paz, al despertar todos los días junto a la persona más bella que he conocido.

—Obi…—

Escucho que mi nombre es llamado a lo lejos, continúo escuchándolo cada vez más alto y claro.

—Obi…—

Abro los ojos y me encuentro con el rostro de la señorita observándome.

—¿Obi? — se me acerca más al no obtener ninguna reacción.

—Buenos días damita— sonrío al tenerla tan cerca de mí.

—Vaya…así que todo fue un sueño— digo mientras aun sigo perdido en los preciosos ojos verdes que me observan.

—¿un sueño? — interroga la bella mujer.

—Fue un buen sueño— sonrío para ella y me levanto.

Parece contenta al escucharme hablar con normalidad.

Después de un breve pero copioso almuerzo tomamos nuestras pertenencias y partimos a continuar la búsqueda de las hierbas.

Recogimos al caballo que ya estaba preparado y guardamos un refrigerio que con gusto nos obsequio el cocinero de la posada al saber que nos marchábamos.

Ayudé a la damita a montar y a continuación subí también para emprender nuestro camino de nuevo. No puedo evitar observarla mientras esta delante mío, lleva su cabello recogido hacia atrás y usa el accesorio que le di hace algún tiempo; observo con mas detenimiento un momento y puedo notar que en su muñeca resplandece con los rayos del sol el brazalete plateado que recién le obsequie.

Realmente creo que no cabe tanta felicidad en mi cuerpo; ella aprecia las cosas que le he regalado, las usa y forman parte de su vida. No puedo borrar la sonrisa de mi rostro.

Narra Shirayuki

Después de montar permanecimos en silencio por demasiado tiempo, lo cual me hace preguntarme ¿Qué es lo que sucede?

¿hay algo mal?

¿Acaso Obi esta molesto conmigo por algún motivo?

Que yo recuerde no he dicho nada que pueda ser malinterpretado, pero hay cosas que a veces digo y son hirientes o molestas para los demás. Después de reflexionar decido disculparme.

—…lo siento…— inicio la conversación apenada.

—¿eh? — exclama sorprendido.

—Si yo hice algo que te molestara, lo siento mucho. No volverá a pasar—

—¿se supone que estoy molesto? —

—¿No lo estás? —

—No lo estoy damita. Es muy poco probable que me moleste con usted—

—Pero tu estabas callado por mucho tiempo, así que pensé…—

El silencio se hizo presente de nuevo, a continuación, observe como tomo las riendas y de un movimiento le indico detenerse al caballo. Estando quietos decidí voltear para mirarlo, pero fui interrumpida por él abrazándome de la cintura y acerco su rostro a un lado de mi oreja.

—Por supuesto que no estoy molesto, de hecho, es todo lo contrario— hablo suavemente hacia mí.

—Ya veo— conteste nerviosa.

—Estoy muriendo de felicidad al estar tan cerca de usted que apenas puedo mantener la compostura—

—Lo entiendo ahora... — agache el rostro, me siento demasiado apenada.

—Muy bien— me soltó un poco y empezó a alejarse.

—Podemos continuar entonces— le comenté sonrojada aún.

—Señorita… cuando terminemos el trabajo ¿debemos volver de inmediato? —

—No es necesario ¿Por qué? —

—Hay un lugar al que me gustaría llevarla…—

Fin del capitulo