Si la ves que pasea sola,
si en sus ojos tan solo hay dolor
si su amor es solo el pensamiento
que el destino quizá le robó.
Perdida entre la sombras
un mundo de ilusión
tal vez una esperanza
para olvidar su dolor.
Germinación.
Neville se apareció cerca de la casa conyugal de Ron y Hermione. Se mesó con nerviosismo el flequillo, había sido incapaz de peinarlo como a él le hubiera gustado. No tenía muy claro por qué se encontraba tan nervioso, pero tampoco quería pensar mucho en ello. Había ido muchísimas veces a cenar aquella casa, así que no encontraba explicación a la sensación de vacío de su estómago.
Caminó con dirigencia a la puerta de la casa, pensando que aquel descuidado jardín necesitaba riego y arreglos. Ron siempre había sido descuidado para esas cosas. Pegó en la puerta, sabía que llegaba media hora tarde, ya que estuvo dudando a última hora si acudir o no a la reunión.
Sólo tenía una razón por la que ir, pero hasta su subconsciente no se atrevía a decirlo en voz alta.
La puerta la abrió Hermione. Ese escaso segundo en el que había atraído la pestaña de la puerta hacia ella y había alzado el rostro, sólo en aquel instante, había podido ver el mismo rostro lleno de amargura que en el parque.
Después volvió a ponerse la máscara de falsa alegría.
-¡Hola Neville!- Lo saludó besándole familiarmente las mejillas.- Ya pensaba que habría pasado algo en el colegio, siempre eres tan puntual.
-Bueno… me surgió algo que pude solventar.- mintió mientras ponía en sus manos una botella de vino de elfo que había comprado en Hodgmade esa misma semana.
Neville entró en aquel concurrido salón, por un momento se agobió por el sonido de todas aquellas conversaciones al unísono, pero Ron Weasley se acercó a él y le pegó un puñetazo en el brazo con afecto, quizás más fuerte de lo que debiera.
-¡Profesor Longbottom!- le saludó con cariño.- Ya pensábamos que te habías perdido…
Neville saludó a Harry y Ginny y después le presentaron al resto de gente. Los conocía de vista, habían coincidido en algunas fiestas que había organizado Harry en su casa, pero jamás habían cruzado más palabras que las típicas de cortesía.
Una de aquellas parejas eran padres de un alumno suyo que había comenzado su primer en año en Hogwarts. El chico había caído en Hufflepuff y aquella casa le venía como anillo al dedo. Era un chico muy trabajador, de carácter afable y nobleza admirables.
Neville se deshacía en elogios hacia su alumno ante la mirada aliviada y orgullosa de sus padres. Los niños pasaban mucho tiempo alejados de sus padres en el colegio, era normal que se preocuparan. Mientras mantenían aquella conversación, sus ojos y su atención estaba puesta en Hermione, que andaba ajetreada de aquí para allá atendiéndoles a todos, sirviendo aperitivos, llenando copas.
Ron estaba tranquilamente hablando con Harry sin mover un solo dedo, a pesar de que los invitados fueran compañeros suyos de trabajo.
Era un desconsiderado.
Neville se disculpó con la pareja y se acercó a la mesita de las bebidas. Cogió una copa e iba a servir un vino blanco, pero no sabía cómo, recordaba que ella lo prefería tinto, así que corrigió la mano hacia la botella deseada.
Se acercó a Hermione y le tendió la copa con reflejos rojizos. Ella la aceptó de buena gana.
-¿Puedo ayudarte en algo?- preguntó dedicándole una sincera sonrisa.
Hermione chocó su copa contra la suya.
-No te preocupes, ya está todo listo, prácticamente nos toca sentarnos a cenar.- eso pareció animarla a hablar en voz alta para todos sus invitados.- Id tomando asiento, vamos a cenar ya.
Hermione se acercó a una mini cadena y puso un jazz suave para crear ambiente.
-¡Joder, Hermione!- gritó de repente Ron, acercándose a la cadena de música.- Con esta mierda de música lograrás hacernos dormir a todos.
Ron la cambió por un grupo de moda que en aquellos instantes estaban en la cumbre, pero dentro de unos meses nadie los recordaría.
Neville frunció el ceño… No le molestaba el cambio de música, era normal que en un matrimonio no compartieran del todos sus gustos. El problema era cómo lo había dicho. Lo que acaba de presenciar le repugnaba, odiaba aquel desdén con el que le había hablado a Hermione.
Hermione se mordió el labio, conteniendo una discusión en sus labios. Ella no era de las que callaban, pero ahora no le apetecía pelear de nuevo con él, no le apetecía comenzar la cena con una discusión delante de todos.
Neville volvió a contemplar aquel rostro por unos segundos, aquella tristeza que sólo parecía poder ver él.
-Pues a mí me gustaba.- dijo sin pensarlo demasiado.
Sintió una mirada penetrante de Ron, si las miradas matasen, él tendría que caer fulminado al suelo en aquel instante.
Hermione se acercó a Neville, dándole la espalda a su esposo. No quería ni mirarlo en aquellos instantes.
-¿Te gusta el Jazz, Neville?- preguntó interesada Hermione.
-Entre muchos estilos… la verdad es que no me cierro a un solo estilo de música.
Los comensales fueron sentándose en la mesa, aquella animada conversación sobre música le sirvió a Neville para tomar asiento junto a su amiga con naturalidad.
Ella parecía satisfecha de sentarse alejada de su marido.
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La reticencia inicial que había sentido al acudir aquella cena, se había disipado del todo. Neville estaba cenando muy a gusto, franqueado entre sus amigas Hermione y Ginny, con las que había podido mantener conversaciones fluidas. Ambas eran buenas conversadoras y daba gusto debatir con ellas de cualquier cosa, ya fuera política, cine, música…
También había hablado durante largo y tendido con Harry. Sus obligaciones de adultos cada vez hacían más escasos aquellos momentos entre amigos, así que había que disfrutarlos lo máximo posible, quizás transcurrieran otros seis meses hasta que pudieran volver a verse. El hecho que Neville trabajara en Hogwarts como profesor interno dificultaba muchísimo su vida social.
Con el que no había cruzado ni una palabra en toda la noche había sido con Ron. Neville percibía un ambiente raro alrededor de su amigo, pero lo que no sabía era si era real o proyecciones suyas. Algo extraño había surgido a su alrededor a raíz de su comentario sobre la música, pero no sabía indicar qué exactamente.
¿Quizás Ron lo había sentido su comentario como un ataque o una intromisión? No lo había hecho con aquella intención… aunque le entraron ganas de mandarlo a la mierda por hablarle así a su propia mujer.
O sencillamente él estaba paranoico y lo único que le pasaba es que le molestaba su presencia. Comenzaba a sospechar que él era el responsable del llanto de Hermione y eso le enfurecía, aunque no lo mostrara al mundo.
Habían dado buena cuenta de una deliciosa cena, acompañado de un sabroso postre. Hermione recibió felicitaciones de parte de todos por su maestría en la cocina, que ella quitó importancia con humildad, aunque fuera obvio que se había pasado el día cocinando y todo el esfuerzo que había puesto en aquellos platos.
Después del postre, tocaban los licores. Había de todo, whisky, ron, vodka… Neville se decantó un licor de hierbas digestivo. No estaba acostumbrado a cenar tan copiosamente, así que beber algo más fuerte le parecía una mala idea al menos que quisiera pasar la noche con ardor de estómago.
Las conversaciones se habían unificado en una general. La noche avanzaba, las manecillas del reloj no cesaban su constante carrera y sin apenas percatarse, los niveles de alcohol en los comensales comenzaban también a subir.
-¿Y no sales con nadie últimamente, Neville?- preguntó interesada Ginny, que hacía mucho que se preocupaba por su vida de soltería.
Sabía que aquella soltería era sostenida por un recuerdo al que se resistía a decir adiós, aunque hacía mucho que ya no era así.
Sencillamente tenía mala suerte con las mujeres.
Neville se encogió de hombros.
-La verdad es que no… no he conocido últimamente a nadie.
-¿Y no hay nadie que te interese?- intervino Harry.- ¿Alguna compañera de trabajo? ¿Qué tal la profesora Graham?
-¿Cloe Graham?- preguntó extrañado Neville. Después cayó en la cuenta que ambos eran compañeros de la misma edad, no era tan descabellado imaginarlos juntos.- No, ella y yo somos buenos amigos. Además, ella sale con un medimago muy agradable…
-Y alguna alumna quizás…- intervino con socarronería disfrazada Ron, que estaba hasta arriba ya de copas.- Mi hija Rose me ha contado que tienes un harén de seguidoras.
Neville clavó sus ojos en el pelirrojo, pensaba que era una de sus bromas pesadas, pero lo estaba diciendo en serio. Longbottom frunció el ceño, claramente disgustado. Su moral como profesor era intachable, él era un profesor por verdadera vocación, le encantaba enseñar, ayudar a los jóvenes encontrar su camino… pero de ahí a encamarse con una jovencita había un trecho. Jamás lo había pensado y era algo que jamás iba a ocurrir.
-¡Oh, Neville! No pongas esa cara… hay chicas jovencitas con unos atributos…- esta vez apoyó sus palabras haciendo con sus manos el contorno de unos grandes senos en su propio busto.
-¡Por Merlín, Ron! ¡Cómo puedes decir algo así! ¡Le doy clase a tu hija mayor!
-No me digas que nunca lo has pensado… todas esas jovencitas, fruta fresca, un amor prohibido y excitante.
Sí, sabía que Ron era un bocas, sabía que ese defecto se incrementaba bajo los efectos del alcohol, pero no iba a permitir que sembrara la semilla de la duda. Él jamás tocaría a ninguna de sus alumnas, eso lo tenía claro y el hecho de que se lo plantearan con tanta alegría le repugnaba.
En otro momento posiblemente se lo hubiera tomado a broma, quizás el problema era que el que se lo estaba diciendo, era Ron.
-No me interesan las niñas… ¡Eres un cer…
Neville no pudo terminar el insulto. Hermione se había levantado de su asiento y había dado una palmada sobre la mesa.
-¡Ya basta Ron! ¡Estás haciendo el ridículo!
-¡Sólo estaba bromeando!- se defendió el marido, alzando levemente la voz.
-Estás molestando a Neville diciendo esas asquerosidades… ¿Acaso ya no ves más allá de tus narices?
El ambiente hasta ahora agradable, se tiñó de negro. El aire se esperó alrededor de los comensales y el mal rollo lo inundó todo.
-Nosotros creo que nos vamos a ir…- dijo Ginny cortando aquel incómodo silencio.- Mi madre se ha quedado cuidando a Lily Luna y no quiero abusar.
Oír el nombre de su novia muerta era lo último que le faltaba a Neville para amargarse la noche.
Todos los invitados se fueron despidiendo a remolque de Ginny. Ella había abierto la puerta para poder huir de aquella mala situación.
Neville se estaba colocando su abrigo cuándo Hermione se acercó a él. Le ayudó a colocarse bien las solapas.
-Siento mucho lo que ha pasado…
-No tienes que pedir perdón por algo que no has hecho.
Neville terminó de abrochar el último botón.
Su rostro le partía el corazón, quiso hacerla sentir mejor.
-No te preocupes… todos sabemos cómo es cuándo bebe. No se lo tengo en cuenta.
Hermione susurró un adiós y plasmó un beso en su mejilla.
Neville salió a la noche, el frío le golpeó con vehemencia la cara.
El lugar donde ella le había rozado con sus labios comenzó a arder.
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Neville salió de la tienda con aquel sobre en la mano. No sabía por qué lo había hecho, quizás movido por un impulso, un deseo de tener un detalle con ella después de todo lo que le ayudó en el ministerio días atrás.
Había acudido al mundo muggle a comprar material para los invernaderos, pero vio por casualidad aquel cartel en el escaparate de aquella tienda de instrumentos de música y no pudo evitar comprarlas.
Neville abrió el sobre, contemplando las dos entradas del grupo favorito de Jazz de Hermione. Aquel conjunto estaba compuesto por músicos de avanzada edad y ya era muy extraño que ofrecieran conciertos. El concierto se celebraba en una sala muy pequeña y las entradas eran limitadas, así que no lo había pensado mucho.
La llevaría a escuchar buena música y a tomar esa cerveza negra que tanto le gustaba…
Entonces cayó en la cuenta.
¿Por qué había pensado llevarla él cuándo lo natural era que le regalara las dos entradas y ella fuera con su marido?
Con ese cabeza hueca.
Jamás le había pasado antes, pero en aquel instante deseó que Ron no existiese, que se desintegrara en el aire como polvo.
Nunca se lo había planteado hasta ahora, pero aquel matrimonio le parecía de repente absurdo.
Y en una rápida asociación de ideas, recordó aquella flor silvestre del parque. Bella, fresca, salvaje, de las que brotan una entre millares… y aquella otra planta sobre ella como un parásito, ahogando su belleza, quitándole poco a poco la vida.
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Hermione recibió aquella noche la visita de una lechuza de Hogwarts. Desató de las patas del animal un sobre y el animal emprendió el vuelo sin esperar respuesta.
Hermione reconoció la letra del sobre. Ahora la tenía un poco más destartalada que cuando niño, pero le había ayudado muchas veces en la tarea de pociones como para olvidarla.
Muchas gracias por todo. Espero que las disfrutes. NL.
Hermione abrió el sobre y soltó un chillido de alegría. Sin pensarlo mucho, corrió al salón dónde Ron estaba leyendo las páginas deportivas del periódico.
-¡Mira Ron! ¡Neville nos ha regalado unas entradas a un concierto para este sábado!
Ron alzó la cabeza y contempló las entradas que su mujer le había puesto feliz delante de sus narices. Reconoció el logotipo del grupo y resopló con hastío.
-Menudo coñazo…
A Hermione se le borró todo rastro de felicidad de la cara.
-¿Por qué no invitas a mi hermana?- preguntó Ron volviendo a las páginas de su periódico.
Hermione se dejó caer en el sofá contrario al que estaba sentado su marido.
-No creo que quiera venir… Lily es muy pequeña y ya sabes que no quiere dejarla. El otro día me sorprendió que viniera a la cena.
El recuerdo de la bronca que mantuvieron después de la reunión los sobrevoló a ambos.
-¿Por qué no vas con Neville?- dijo Ron con naturalidad, pasando una página de su periódico.- ¿A él también le gusta, no?
Sin saberlo, el muy imbécil comenzó a cavar su propia tumba.
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El sábado llegó tras una larga semana de clases. Aquel sábado le tocaba a Neville guardia por la noche en los pasillos del colegio, pero consiguió cambiárselo a su compañera Graham, aunque él tendría que hacerle dos turnos en lugar de uno.
-Los chicos el sábado están más revueltos que otros días… Te toca este martes y el que viene.
Se tocó con nerviosismo el flequillo que era incapaz de domar. Dos noches de guardia merecían la pena por estar allí.
Pegó suavemente con el puño en la puerta. Ron la abrió con un quinto de cerveza en la mano.
-Buenas noches, Neville.- Le saludó con su simpatía normal. Sin suspicacias, sin sospechas extrañas… pero Neville se sintió mal por ello.
No podía evitar sentirse mal, aunque no había hecho nada malo. Su mente le gritaba, su cuerpo también, pero él lo ignoraba.
Aquello era una salida entre amigos.
-Hermione está terminando de vestirse… no tardará.
Mantuvieron una conversación trivial sobre el tiempo, Ron le informó que habían anunciado lluvia para la noche.
Neville no hizo amago de entrar en aquella casa en la que había sido invitado muchas veces y Ron franqueaba la puerta con su cuerpo, impidiéndole la entrada al hogar conyugal.
Hermione apareció de repente.
-¿Qué hacéis en la puerta?- preguntó a modo de reproche a su marido.
Ron se encogió de hombros y se hizo un lado, dejándola salir. Alzó el botellín de cerveza.
-Pasadlo bien.- deseó con franqueza y después cerró la puerta tras sí.
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El local donde se celebraba el concierto era acogedor. Los suelos y las paredes estaban forradas de cálida madera, la luz era tenue en todo el local exceptuando el escenario, iluminado por bombillas de colores.
Había muchas pequeñas mesitas circulares con asientos difuminadas por toda la sala, con pequeños quinqués de aceite en el centro.
Neville y Hermione habían acudido temprano, así que consiguieron una mesa privilegiada frente al escenario.
Neville ordenó dos tanques de cerveza negra de la marca favorita de Hermione. La mujer brindó con él y le dio un buen trago a su vaso.
Neville la contemplaba sin tapujos, clavando sus pupilas sobre ella. Su sonrisa sincera, su rostro relajado, sus ojos brillantes… ella no llevaba máscara en aquellos instantes, realmente estaba feliz de estar allí.
El concierto comenzó puntual, Hermione gritó y aplaudió como loca. Neville silbó en un volumen digno de cabrero.
Sintió la suave mano de Hermione, cogiendo la suya gentilmente sobre el tablero de la mesa. Se inclinó para hablarle en el oído, ya que el volumen de la música era muy fuerte.
-Gracias por invitarme.
Hermione se enderezó en su asiento sin borrar aquella sonrisa de sus labios.
No soltó su mano.
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Cuando terminó el concierto, salieron otra vez al mundo, alejándose de aquel local abarrotado de gente. Hacía una noche magnífica y sin planteárselo, comenzaron a caminar, dando un pequeño paseo sin rumbo.
Neville pensó que ella querría aparecerse cuanto antes en la puerta de su casa, pero la mujer no parecía tener prisa por volver. Caminaron por una gran avenida iluminadas por faroles de luz amarillenta y grandes escaparates de tiendas de todo tipo.
Una gota de agua golpeó una de sus mejillas, después otra en su mano, otra en la punta de sus zapatos… y de repente, cómo vaticinó Ron en su conversación insulsa, una tormenta implacable se descargó sobre ellos.
Neville estaba preparado para desaparecerse, pero ella soltó una risotada y corrió a refugiarse dentro de un portal. Neville corrió tras ella, siguiendo la estela de su cabello en movimiento.
Neville intentó recuperar el aliento por la carrera con disimulo, le avergonzaba que estuviera tan quemado a contrapunto de ella, que estaba impasible, como si no hubiera recorrido la misma distancia que él. Ella estaba en forma, en cambio él era un desastre.
Hermione cargó su hombro contra una de las paredes, contemplando la lluvia caer. Un relámpago iluminó su rostro, no sonreía, pero parecía en completa paz.
-Muchas gracias por lo de esta noche.- dijo Hermione en una voz suave.- Lo necesitaba.
Se miraron a los ojos, un relámpago los iluminó, después tronó con estrépito, parecía que la ciudad vibraba bajo el sonido.
-Me has hecho muy feliz.- dijo pasándose una mano por la larga melena alborotada y húmeda.
-Me alegro… a mí también me ha hecho muy feliz venir contigo.
Neville y Hermione contemplaron la lluvia caer en un cómodo silencio.
-Mi abuela decía que la lluvia era el llanto de las estrellas.- dijo de repente Neville.
-No sé si eso es bonito o triste. –susurró Hermione.
-Esta lluvia me recuerda a ti.
Lo había meditado mucho, pero estaba dispuesto a formular la pregunta que quería hacerle desde que la encontró en el parque.
-¿Por qué llorabas el otro día?
Hermione parecía sorprendida ante la pregunta. Sabía que la había visto, no era tonta, pero confiaba en la discreción de Neville. Él no era de los que le gustaba fisgonear en la vida de los demás, eran de las pocas personas que eran capaces de escucharte sin juzgar.
-No tiene importancia.
Neville frunció el ceño.
-Siempre le estás quitando la importancia a las cosas… pero sí que la tiene.
-No es algo por lo que te debas preocupar…- contestó con evasivas.
-Eres mi amiga Hermione... sí que me preocupo.
Ella le contempló un momento, sorprendida. Quizás hacía mucho que nadie se preocupaba por sus sentimientos.
Hermione apartó la mirada.
-No soy feliz.- fue su respuesta sincera.
Neville desvió su atención de la lluvia para mirarla a ella.
-Sé que lo tengo todo para ser feliz, un trabajo que me gusta, tengo salud de hierro, mis hijos crecen fuertes y sanos… pero soy incapaz de sentirla.
-No has nombrado a Ron.- indicó el profesor, casi en un susurro.
-Ron…
Ella también bajó la voz, como si temiera que Ron pudiera oírla en la distancia.
-Creo que él no es consciente de todo el daño que me hace… No sé en qué momento mi amor por él salió por la ventana.
-¿Entonces por qué sigues con él?
-Mis hijos, la costumbre… quizás no exista un amor para toda la vida. Quizás el amor esté condenado a apagarse con el tiempo y sólo quede el cariño.
De sus ojos brotaron un par de lágrimas furtivas. Neville las contempló con dolor.
-No me gusta verte llorar. No me gusta verte sufrir.
Y la abrazó con fuerza, la atrajo hacia sí y estrechó su cuerpo entre sus brazos, con firmeza. Al principio ella se dejó abrazar dejando sus brazos flácidos.
Hermione cerró los ojos y aspiró el aroma a colonia que desprendía en abrigo de Neville. Alzó los brazos lentamente y se aferró a él intentando no llorar.
Neville acarició su cabello mojado.
Ella alzó el rostro para contemplar su mirada limpia.
Él la contempló bajo la luz de los relámpagos.
Acortó la distancia que separaba sus bocas, imprimiendo sus labios sobre los de ella.
Cerró los ojos para no ver su rostro de asco, de rechazo, esperó un empujón por su parte. Antes de hacerlo ya se arrepentía, pero no podía evitarlo.
Deseaba besarla, abrazarla… acariciarla.
Sabía que no podía ser, que ella después de todo estaba casada… pero por un momento no quería hacer lo correcto.
Sintió una oleada de felicidad cuándo ella enterró una de sus manos en su cabello, correspondiendo al beso, abriendo su boca, invadiendo la suya. Cada uno de los vellos de su cuerpo se erizaron, una sensación extraña anidó en su estómago y una electricidad recorrió todo su cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de sus pies.
Y de repente el dolor al ser empujado al fin.
Ahora Hermione lo contemplaba con grandes ojos, con resuello agitado, cómo si ahora le llegaran los efectos de la carrera de antes.
-Neville… yo…
Hermione retrocedió un paso y después otro, poniendo una dolorosa distancia entre los dos.
-Hermione, espera.- la llamó al leer sus intenciones en sus ojos.
Hermione desapareció del portal.
¡Hola! Cómo prometí aquí está el segundo capítulo, que da un pequeño paso entre ambos.
Como podéis ver, la historia está narrada íntegramente desde el punto de vista de Neville, así que los pensamientos de Hermione los tendréis que intuir con el profesor.
En cambio los pensamientos de Neville… ahí están aunque a veces no sea muy sincero consigo mismo. Aún no quiere poner etiquetas. Muy decente en cuánto a enrollarse con alumnas, pero pronto tendrá que tragarse esa moral. Ya sabéis lo que me gusta ponerle en situaciones límite. XD
Si hay alguien que haya leído mi fic "No te acerques tanto a ella" habrá reconocido el nombre de Cloe Graham. Me hizo gracia incluirla a modo de guiño. De todas formas en todos los fics usamos los personajes de Jk para jugar con ellos en diferentes universos, me hacía gracia pensar que ella pudiera existir en este y que no fuera una imbécil. XD
Un besiño y como siempre pagad lo que consumís.
El próximo lo subiré en breve.
AnitaSnape
Pd. La canción es "No está sola" de Medina Azahara, unos máquinas del rock andaluz.
