Niña tienes algo
Que me puedes dar
Brillan tus encantos
En mi caminar.

Floración.

Neville Longbottom caminaba por los oscuros y silenciosos pasillos de Hogwarts. Aquella noche estaba cubriendo la ronda de pasillos de la profesora Graham como prometió que haría.

Hacía días que no levantaba cabeza.

No sabía nada de ella desde que se besaran en aquel portal. Le escribió varias veces, pero la cobardía rasgó aquellos mensajes.

Se tocó los labios, sumido en un pensamiento melancólico. A pesar de que habían transcurrido varios días, aún le ardían los labios, como si Hermione trazara caminos de fuego, como si se los hubiera dejado en carne viva.

No sabía qué pensar, no sabía qué hacer, no sabía cómo actuar… la realidad era la que era. Y la realidad es que Hermione estaba casada desde hacía mucho con Ron.

Y ambos eran sus amigos.

Había besado a Hermione… aún no podía creerlo. Había besado a la pareja de su amigo, le había dado todo igual y lo había hecho.

Se había atrevido a cruzar una frontera que no debió nunca traspasar.

Desde entonces se había visto sumergido en una ansiedad creciente, hiciera lo que hiciera, estaba allí. Se había visto tentado en pedir alguna poción tranquilizadora en la enfermería, pero no quería que la enfermera del colegio le interrogara.

Apoyó la frente en una de las vidrieras del colegio.

El cristal estaba helado, fuera seguía lloviendo a cántaros.

Intentó no pensar en nada, dejándose llevar por el tranquilizador sonido de la lluvia golpeando el vidrio.

Echó levemente la cabeza hacia atrás y golpeó con su frente el cristal. Lo repitió hasta tres veces.

-Mierda. Esta vez la he cagado pero bien.

Se quedó allí, inmóvil contra la ventana, concentrado en el silencio de la noche, quería desaparecer, fundirse con la nada hasta eliminarse por completo.

-¿Qué debo hacer?- susurró para sí.

Deseo, culpabilidad, añoranza, necesidad… su cabeza era una jaula de grillos y no podía pensar con claridad, solo mil locuras.

Quiero verla… quiero volver a verla.

Se negaba lo evidente, no quería ponerle etiquetas a lo que sentía, aunque supiera qué era, aunque le diera miedo admitirlo, aunque fuera silencio.

Estaba desesperado. Por una vez que se había dejado llevar por sus impulsos, se veía en tan mala situación y ya no había arreglo. Después de aquel beso sabía que las cosas entre Hermione y él habían cambiado. Sabía que jamás ocurriría nada entre ellos y había echado a perder su amistad para siempre.

Pero ella había correspondido a su beso, ¿No? ¿Qué significaba eso después de todo? ¿Qué sentía lo mismo que él? ¿Qué se había dejado arrastrar por él? ¿O quizás sentía lástima por él?

Jamás se sintió tan vulnerable. Jamás pensó que se iba a sentir tan miserable. No lo había dicho en voz alta, pero sus acciones hablaban por sí solas. No tenía escusas, aquello no había sido una acción nublado por el alcohol de las cervezas que bebieron o había estado bajo el influjo de un hechizo o conjuro.

Lo había hecho porque había querido, lo había hecho porque lo había deseado, lo había hecho porque lo había anhelado desde hacía mucho.

Pero ella… era Hermione.

¿Desde cuándo le gustaba Hermione? No sabría decirlo, pero ahí estaba la explicación de porqué recordaba las veces que se habían visto, que recordara cosas tan triviales como qué cerveza le gustaba o cómo tomaba el café… todo eso lo recordaba porque era ella.

La había estado observando desde siempre, aunque no se diera cuenta. La había contemplado de lejos anhelando algo que jamás podría tener, deseando arrebatárselo a su amigo.

Pero eso jamás ocurriría.

Suspiró con resignación.

Le escribiría una carta y le pediría perdón.

Algo golpeó con violencia la ventana.

Neville se incorporó asustado. ¿Qué había sido eso? Por la noche nefasta que hacía, dudaba que hasta los murciélagos hubieran salido a cazar.

Un chillido y arañazos en el cristal le alertaron. Abrió sin demoras la ventana y entró un pequeño mochuelo totalmente empapado por agua de la lluvia.

Neville se apiadó del pobre animal y se apresuró a quitarse la chaqueta, para envolver el pequeño cuerpecito del ave. Al principio pensó que la lluvia lo había despistado, entonces se percató de una pequeña nota anudada en una de sus patas.

La quitó con mimo, el animal piaba de placer al sentirse calentito entre las ropas y los brazos del profesor.

La nota estaba envuelta en forma de canutillo y alguien la había hechizado para repeler el agua.

Sabía de quien era antes de abrirla.

Te espero mañana a las 7pm. Tenemos que hablar.

Bajo esas escuetas palabras la dirección de una cafetería a las afueras de Londres.

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Cuándo al día siguiente llegó a la cafetería, ella ya lo estaba esperando, a pesar de llegar escrupulosamente puntual. Miraba distraídamente por la ventana, con su rostro apoyado sobre uno de sus puños, a la altura de la boca. Había ordenado un té que se enfriaba sin haberlo tocado. No se había quitado el abrigo, como si no tuviera intención de quedarse mucho.

Neville se sentó en la silla que estaba frente a ella, sin saludarla, sin decir absolutamente nada. Ella no quitaba los ojos de la ventana. La camarera se acercó con diligencia al recién llegado y pidió un café solo.

Neville la miraba fijamente, pero ella no movía un músculo. La camarera no tardó en servirle la comanda y alejarse tras una sonrisa y un ofrecimiento a que no dudaran en llamarla si deseaban algo más.

Hermione bajó la mano, destapando su boca para hablar.

-Eres mi amigo…- dijo sin mirarle.

-Lo sé.

-Estoy casada…

-Lo sé.

-Estoy casada con tu amigo…

-Lo sé.

-Eso no estuvo bien.

-Lo sé.- volvió a darle la razón.

-No debió pasar nunca. Entre tú y yo…

-Lo sé.

Hermione desvió su mirada ambarina hacia él, clavándoselos como puñales.

-¿Entonces por qué quiero que vuelva ocurrir?

El café de Neville se volcó casi entero. El hombre se había puesto de pie y se había inclinado hacia ella, tomando posesión de sus labios. Neville se arrodilló a su lado, abrazándola besándola en la boca sin importarle que estuvieran en un lugar público, sin importarle que cualquiera pudiera verlos.

Saboreó sus lágrimas saladas, ella lloraba.

Neville rompió el beso y dejó su frente sobre la de ella. No quería abrir los ojos, no quería despertar de aquel sueño.

-No me gusta que llores.

-Son lágrimas de felicidad.

Neville jamás sabría si eso era verdad o mentira.

Y esta vez, fue ella quien le besó.

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-¿Estás segura de esto?- preguntó con voz entrecortada a causa de un gran nerviosismo.- Si quieres irte lo entenderé.

La llave que contenía aquel enorme llavero con el número 394 escrito, se le resbaló de las manos temblorosas y cayó al suelo. Hermione la recogió y fue ella quien abrió la puerta.

-Olvidas que ha sido idea mía.

Neville al principio había pensado que ella le estaba vacilando cuándo le dejó caer la idea de acudir al hotel de la esquina. Rió nerviosamente la broma hasta que vio su rostro sombrío. No estaba bromeando.

Sintió que se ruborizaba, algo vergonzoso para un hombre hecho y derecho, más cerca de la cuarentena que de la adolescencia.

Miles de razones cruzaron su mente, tanto para ir como para no hacerlo, quizás hubiera más razones negativas en su lista, pero su deseo de estar con ella era más intenso que cualquier razón.

Recordó un momento el rostro de su amigo, pero intentó no pensar en él, desechándolo a un rincón de su mente.

Aceptó y allí estaban, cruzando una frontera más.

Neville entró en la habitación y cerró la puerta al mundo exterior.

La habitación no tenía nada de especial, era como cualquier otra habitación ordinaria de hotel. Escritorio, un sillón, un gran ventanal… y una enorme cama de matrimonio que los llamaba.

Ella se quitó el abrigo y lo arrojó al respaldo del sillón.

Neville estaba de pie en la entrada, las piernas y las manos le vibraban. Había estado con otras mujeres pero jamás había sentido lo que experimentaba en aquel instante.

Si eso no era amor, no sabía cómo llamarlo.

Ella intuyó su nerviosismo y se acercó al minibar.

-¿Quieres una copa?- preguntó con voz de seda.

Ya era evidente lo que iba a pasar. ¿Por qué no podía mover sus pies del suelo?

Hermione se inclinó al pequeño frigorífico.

Neville acortó la distancia en dos zancadas y la cogió de la muñeca, jalándola hacia él.

La puerta del minibar se cerró por inercia.

-No sé qué me pasa contigo.- susurró y después la besó.

Hermione se colgó de su cuello, correspondiendo aquel apasionado beso, desatando lo que había guardado dentro de sí, despertando una pasión escondida en lo más recóndito de su ser. Era evidente que aquello no había brotado espontáneamente, aquel deseo no había nacido de la nada, sino que se había cocinado a fuego lento bajo los silencios y los anhelos por realizar.

El destino los había puesto en aquella habitación y no iba a negar sus deseos más oscuros.

Aquella hermosa mujer, su amiga de la infancia, la esposa de otro, la esposa de su amigo… quería hacerla suya.

Cuánto deseaba hacerle el amor.

Profundizó el beso, sintiendo la respiración de ella, anhelando beber de su boca, saboreando sus labios. Ella introdujo la lengua, invadiendo todo su ser, arrasando con todo.

Neville la empujaba con suavidad, llevándosela a la cama, a cada paso que él avanzaba y ella retrocedía.

Cayó encima de ella. Ella rompió el beso, gateando hacia atrás, para poder subirse mejor. Neville arrojó el abrigo al suelo y se aproximó a ella.

Su rostro… sin máscaras, sin contención le volvió loco.

Ella lo deseaba tanto como él.

Se besaron en la boca mientras las capas de tela iban despojándose con urgencia. Neville abrió la camisa de ella, besando su cuello níveo. La piel de Hermione era pálida y suave, con pequeños lunares. Besó la línea de su mandíbula, haciéndola soltar un gemido. Mordió levemente con sus dientes su barbilla y volvió a besarla.

Mientras ella tiraba de su camisa, hasta que cayó al suelo, junto a la cama.

Surcó su cuello una vez más pero ahora decidió seguir más al sur. Intentó quitarle el sujetador, pero no pudo. Ella lo hizo por él, dejando al descubierto aquella parte de su cuerpo hasta ahora escondida para él.

Los besó con devoción, chupando aquellos botones oscuros. Ella gemía bajo su tacto y eso provocaba en él más deseo. Probó en darle un mordisquito en un pezón, suavemente, casi sólo posando los dientes. Eso pareció gustarle.

Se sentía torpe, un tanto desorientado. La mecánica la conocía, pero era la primera vez que se sentía tan excitado y nervioso. Aquella era la primera vez que lo hacía con ella y quizás fuera la única, y quería que lo disfrutara. Quería llevarla al cielo, quería hacerla temblar, quería escuchar su nombre en sus labios. No sabía si iba a poder lograrlo, pero lo iba a intentar con todo su empeño.

Deseaba hacerle el amor, quería entregarse a ella sin condiciones.

Los pantalones fueron los siguientes a reunirse en el suelo al resto de ropas.

Neville besó la línea de su estómago, besó lo que parecía una horrible cicatriz de cesárea, prosiguiendo su camino, bordeando a propósito aquella última prenda que escondía su rincón más secreto. Acarició sus piernas, con sus manos ásperas de trabajar duro y ella puso uno de sus pies en su hombro. Sus piernas eran largas y bien torneadas, de alguien que sale todas las mañanas a correr. Neville recordó las veces que las había admirado de lejos, cuándo ella vestía faldas y tacones.

Ella se incorporó levemente y con una mano lo atrajo otra vez de vuelta al punto de partida de sus labios.

Podía sentir cada milímetro de su piel desnuda frotándose contra la suya, sus besos, sus manos recorriendo su espalda.

Se separó levemente de ella, respirando agitadamente, lleno de excitación. Hermione le acarició la mejilla, respiraba agitadamente y en sus labios estaba dibujada una sincera sonrisa.

Entonces vio aquella horrible cicatriz, aquella cicatriz que hacía a Hermione usar media manga incluso en verano. Aquella palabra que había firmado aquella mortífaga que tanto daño había hecho a ambos.

Ella se percató de ello.

-No la mires… por favor.

Neville acarició con sus mejillas su antebrazo, igual que haría un gato y comenzó a besar aquella fea cicatriz, un beso por cada letra que la formaba.

-Hermione…

Volvió a besarla demandante y volvió a recorrer su cuerpo cubriendo su piel de besos, hasta llegar a la última frontera que le quedaba por cruzar, juntos.

Neville destapó aquel volcán caliente y se sumergió en su lava. Sorbió cada flujo que salía de ella, lamió cada parte escondido de su ser, saboreándola, disfrutando ver cómo se derretía bajo su boca. Podía haber estado allí más tiempo perdido en su sabor de mujer, pero ella tiró de él, atrayéndole con urgencia contra su cuerpo, guiando con su mano su virilidad hacia su entrada.

-Dios.

Neville entró en ella con facilidad, la sentía húmeda y caliente. Comenzó a mecerse en su interior, aquello estaba más que bien, pensó que terminaría volviéndose loco. Apenas podía pensar, sólo podía abandonarse a sus sentidos.

Ella envolvió con sus piernas su cintura, atrayéndole contra su cuerpo, haciendo la penetración más profunda.

Se movió con más rapidez e intensidad. Golpeando con su pelvis la entrada de ella, comenzaron a gemir, ninguno de los dos podía evitarlo. Neville se contenía todo lo que podía, pero ya no podía resistirlo más, así que se abandonó al frenesí de sus cuerpos, fundiéndose con ella en un estremecimiento que lo inundó todo de placer.

Se dejó caer encima de ella, con suavidad, sin salirse aún de su interior. Hermione lo atrajo para sí, envolviéndole con intensidad con sus brazos y sus largas piernas.

Sus labios estaban junto su oído, estuvo a punto de susurrarle aquellas dos palabras que intercambiaban amantes desde toda la eternidad.

Pero se contuvo.

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Neville contemplaba el techo de la habitación perdido en sus propios pensamientos. Ambos se habían acurrucado bajo las sábanas, abrazando el cuerpo desnudo del otro, sumiéndose en un silencio prolongado.

Notaba su respiración tranquila, el contorno de su cuerpo pegado a su cadera, su mano sobre su pecho. Podía sentirla a su lado y aún no podía creer que estuviera allí.

Lo que había pasado en aquella habitación le parecía un sueño, un anhelo inconfesable que había terminado por ocurrir.

Pero a pesar de todo, no se sentía satisfecho.

La tempestad del deseo los había llevado aquella playa… ¿Pero ahora qué iba a pasar?

Sintió un extraño hormigueo en todo el cuerpo, como si miles de arañas estuvieran paseando por cada tramo de piel y le invadió un extraño vértigo, como si aquella cama flotara por encima de un abismo oscuro y profundo.

¿Y si aquella había sido la única vez? ¿Y si ella se arrepentía? ¿Y si ella no deseaba verle más?

Recordó con dolor quien era el marido de Hermione.

Pasara lo que pasara de ahora en adelante, estaba dispuesto a aceptar todo lo que ella quisiera darle, sin exigencias, sin reproches.

En aquel silencio, Neville Longbottom se rindió sin condiciones.

Hermione rompió aquel silencio.

-Creo que ahora necesito esa copa.

Sin vergüenza, la mujer se levantó de la cama sin tapar su desnudez. Neville contempló con verdadera devoción sus curvas de mujer. Era un templo en el que estaba deseando rezar.

La mujer volvió a entrar entre las sábanas y le tendió una pequeña botellita de Whisky. Ella abrió la suya y le dio un buen trago. Neville abrió la suya, pero no bebió.

-Tenemos que hablar.- dijo ella después de apurar el contenido.

-Lo sé.- fue su respuesta.

-Esto no debería hacer pasado… yo estoy casada... Tú y yo nos conocemos de toda la vida.

Otra vez diciendo obviedades. Aquello era la puta verdad, en su más asquerosa y dolorosa realidad.

Neville puso su botellita de licor sin probarla encima de la mesilla de noche.

-Si quieres que olvidemos que esto ha pasado… lo entiendo.

Neville contempló sus manos, sin tener valor de mirarla a la cara.

-Yo… aceptaré tu elección, tanto si quieres irte o quedarte... pero siempre estaré para ti.

Las manos de Hermione tomaron su rostro con delicadeza, obligándole a mirarla.

-No sé qué es esto… tampoco quiero pensar ahora mucho en ello… sólo sé que no quiero dejarte ir.

Y esta vez fue ella quien acercó sus labios para besarle.

Neville correspondió a su beso, enredando sus manos con su cabello. Poco a poco ella fue inclinándose sobre él, acariciándolo, besándolo, amándolo una vez más.

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Neville masticaba su cena con parsimonia, aún perdido en un pensamiento que lo llevaba a varios kilómetros de distancia, para ser más concretos, a la habitación de un hotel.

-Oye… ¿Me estás escuchando?

Aquella voz chirriante zumbó en sus oídos. Sí, la profesora Graham le estaba hablando desde hacía un buen rato, pero él no había escuchado nada en absoluto. Sabía que se estaba quejando de unos alumnos de Gryffindor a los que había pillado fumando a escondidas y que él como jefe de su casa tenía que censurar ese comportamiento. En otro momento estaría muy disgustado, pero en esos instantes aquello carecía de interés para él, por él, se podían fumar el enorme lazo del diablo que tenía en uno de los invernaderos.

-Neville… ¿Te pasa algo?

-No me pasa nada.- dijo con tono de aburrimiento volviendo a su plato. Sin poder evitarlo, dejó escapar un suspiro.

-Te veo más disperso de lo normal… ¿Estás enfermo?- preguntó con verdadera preocupación. La profesora y él eran muy buenos amigos.- Estás muy colorado, no tendrás fiebre…

Cloe acercó su mano para tocarle la frente, pero él la esquivó.

-Joder Cloe, que estoy bien.- No sabía por qué pero de repente sacaba ese mal humor a pasear.

-Te encuentro algo raro… a ver, mírame.

Neville la miró a la cara desafiante.

-Te sigo notando algo extraño… algo que antes no estaba ahí…

-Tú flipas.

La profesora pareció percatarse de algo e hizo una mueca, comenzando a reírse a carcajadas.

-¡Tú has follado!- exclamó señalándole con el dedo.

Aquello lo dijo un poco más alto de lo que debiera. Algunos de sus compañeros se giraron a verlos, Minerva se aclaró la garganta a modo de censura, claramente molesta.

Neville se levantó de la mesa de profesores.

-He dado en el clavo, ¿eh?- dijo ella socarrona.

-Hay días que no te soporto. Eres de lo más infantil.

Cloe se levantó y fue tras su colega, que intentaba en vano huir.

-¡A dónde vas! ¡Cuéntamelo todo!

Neville abandonó el gran comedor seguido por una pesada profesora de transformaciones que no logró que soltara prenda.

¡Hola a todos! Aquí el nuevo capítulo del fic… que ya veis lo movidito que ha sido. ¡Neville aún no se lo cree! XD

Hacía mil que no escribía un Lemon y es la primera vez que lo hago sobre esta inusual pareja. Espero haberlo hecho decentemente… aunque lo que describiera no lo fuera en absoluto. Muajajaja

A los que ya conocéis a Graham de otro universo de mi fics, no pude evitar escribir esta escena. Sabéis que siempre le meto algo de humor a mis historias, si no, no sería AnitaSnape. Esa escena está inspirada en algo que me pasó con mi mejor amigo… cuando conoces a alguien bien y de tanto tiempo como nosotros, sólo hace falta mirarte a la cara para saber si ha bebido, si ha fumado algo que no debiera o si ha echado un cancanete…

Bueno que me enrollo más que una persiana. La próxima vez subiré el último capítulo y el epílogo a la vez.

Un besiño a todos y pagad lo que consumís.

Pd. ¿Vais a ver "los crímenes" este finde? Yo creo que iré el lunes.

Pd2. La canción es "una noche de amor desesperada" de Triana, otros grandes del rock andaluz