Dos amores dos claveles
un crepúsculo entre tinieblas
dos amores dos claveles
se rompe el tallo se quiebra
por donde estará el camino
sendero de la esperanza
que blanco y negro es el sino
de este amor prendido en ascuas.
a la vera de tu querer
que en la sombra tengo el mío
entre sombra y sol un poder
hay que el cielo se ha estremecio
amores que no puen ser

Marchitación.

Había recibido una nota de Hermione citándolo al día siguiente en la recepción de un hotel. Mintió a su jefa diciéndole que tenía algo urgente que atender, aplazó un par de clases que debía impartir y suplicó a Graham que se hiciera cargo de la vigilancia de aquella tarde en la sala de estudio.

Y todo aquel esfuerzo, para estar con ella. Si ella le llamaba, iba a dejarlo todo para acudir.

Surcó su cuerpo desesperado, con ansia de sentirla. Apenas habían llegado aquella extraña habitación de hotel cuando la había asaltado con sus besos y caricias, casi arrancándole la ropa al llegar.

-Me has echado de menos…- gimió Hermione, bajo sus envolventes besos.

No era una pregunta, era una verdad absoluta.

Ella correspondía a los besos de su amante, llevándole hasta la cama, dispuesta a pecar una vez más.

Después de aquella tarde que pasaron juntos haciendo el amor, había temido que no volviera a llamarle. Temía que terminara arrepintiéndose, haciendo como si nada hubiera pasado entre ellos y no volver a surcar nunca más aquellas curvas de mujer.

Pero cual afortunado era de tenerla, aunque fuera a escondidas, aunque fuera en la oscuridad de aquella habitación de hotel.

Hermione no era consciente del todo del poder que ejercía sobre él.

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Neville Longbottom cargaba aquel voluminoso regalo con cierta dificultad. Quizás se había pasado, ya que ella sólo era un bebé que iba a cumplir un año de edad, pero era su padrino y quería estar a la altura.

Se adentró en la chimenea con cuidado de no aplastarlo y lanzó a sus pies los polvos Flu, apareciendo en el número 12 de Grimmauld Place.

Tosió a causa de la ceniza y salió de la chimenea, sacudiéndose el flequillo con la mano y soplando sobre aquel gran regalo en un intento de eliminar la suciedad.

Era evidente que allí se estaba celebrando una fiesta infantil. Había globos de colores flotando por la estancia, cadenetas de colores y gritos infantiles.

Cuándo había pedido permiso para acudir a la fiesta de su ahijada, Minerva había estado a punto de negarse. Eran muchas las tardes que se había escapado del colegio para verse con Hermione y su jefa comenzaba a sospechar de él. Algo le hacía sospechar que su profesor de herbología no tenía tantas urgencias que atender, pero sus años de pulcra docencia le abalaban.

Pero cuándo le contó que la razón para salir del colegio, era para ir a la fiesta de su ahijada, no se había podido negar. La mujer después de tantos años, aún sentía debilidad por Harry Potter.

En otro momento le hubiera dado lo mismo acudir o no, pero tenía muchas ganas de verla… aunque era la primera vez que se iban a ver con gente alrededor después de acostarse juntos.

Y eso lo tenía histérico.

Él también estaría allí… sabía que ese día terminaría llegando, pero siempre lo había visto como algo lejano y no tangente como ahora. Al principio comenzó a comerse la cabeza pensando cómo sería volver a ver a Ron, pero sabía que si pensaba mucho en ello terminaría volviéndose loco, así que lo dejó como algo que lidiar en su futuro y disfrutar de su carpe diem.

Pero Ron estaba allí e iba a ser inevitable verlo.

Sólo de pensarlo le temblaban las manos y las rodillas.

¿Sería capaz de mirarle a la cara? ¿Sería capaz de hacer como si nada? Después de todo, el hombre ignoraba por completo lo que ocurría entre él y Hermione. No sabía que uno de sus mejores amigos y su mujer lo traicionaban a sus espaldas.

Por mucho que pensara que era un capullo a veces, por mucho que quisiera engañarse, Ron era su amigo.

Se adentró a la habitación con pasos cautelosos e indecisos. Si se daba la vuelta, aún podría irse de allí sin que nadie se hubiera percatado de que había llegado.

-¡Neville! ¡Al fin llegaste!- chilló Ginny llena de alegría.

Neville le entregó su regalo y se vio empujado hacia el salón principal. Ginny hablaba sin parar, pero él apenas podía escucharla. Los oídos le pitaban y sentía una opresión en el pecho que apenas le dejaba respirar. Estaba al borde de un ataque de ansiedad.

-Es una pena que por la lluvia no hayamos podido celebrarlo en la madriguera… allí en el jardín los niños podrían correr con más libertad.

Minerva le había dado un permiso especial para ausentarse del colegio a los hermanos y primos de Lily, para que no tuviera que celebrar su cumpleaños rodeada sólo de adultos. Pero en realidad, con su escasa edad, dudaba que pudiera darse cuenta. Por la noche tendrían que volver todos con él con un traslador.

Albus Severus pasó a su lado riendo, siendo perseguido por su primo Hugo, que era la viva imagen de su madre.

-¡Hola Profesor Longbottom!- saludaron sin pararse, disfrutando al máximo su tiempo fuera de Hogwarts.

Neville levantó la mano pero no le dio tiempo a contestar el saludo, los niños habían desaparecido por el pasillo.

Con la mano levantada miró al centro del salón y entre todas las personas que había en aquella concurrida fiesta, pudo ubicarla en un segundo.

Hermione estaba sentada al lado de un ventanal, salpicado por la lluvia torrencial de fuera. Ella tenía entre sus brazos a su sobrina, que la contemplaba con verdadero amor con una sonrisa en los labios.

Ella movía con suavidad sus labios, mientras le pasaba amorosamente un dedo por uno de sus mofletes. Tenía a la niña totalmente ensimismada, observándola con aquellos enormes ojos verdes con verdadera devoción.

Igual que él, tampoco podía quitarle los ojos de encima. Aunque supiera que estaba mal, aunque sabía que no debía hacerlo.

-¡Neville ya te echábamos de menos!- gritó con alegría Ron Weasley, dándole aquel puñetazo familiar en el brazo.

-¡Últimamente siempre llegas tarde, padrino!- le saludó Harry, que venía tras su cuñado.

Neville se percató que aún tenía la mano levantada como un estúpido y antes de bajarla, Harry colocó en ella un botellín de cerveza.

-Aunque sea una fiesta infantil, los adultos también tenemos derecho a nuestra diversión…

Neville temía que se notara el mar de nervios que estaba hecho, le temblaban las manos y las rodillas. Temía que cualquier mirada, cualquier cosa que dijera, pudiera revelar lo que pasaba entre Hermione y él.

Y estaba Ron… podía notar su mirada escrutadora sobre él. Ya no sabía si eran sus inseguridades las que hablaban, pero sentía que podía leer qué estaba pensando.

Intentó fijar su mirada en visión túnel al rostro sonriente de Harry, apenas quería desviar sus ojos.

No podía mirarle a la cara.

No podía mirar a la cara al amigo que estaba traicionando.

Sus manos le vibraban sin control y apenas sentía sus pies en el suelo, como si fuera sujetado por unos hilos invisibles que pudieran dejarle caer en cualquier momento.

-¿Qué tal te va, Neville?

Una náusea le subió a la garganta, pero él hizo acopio a todas sus fuerzas y se las tragó, que anidaron en la boca del estómago.

Neville alzó el rostro y le miró. Y sin saber de dónde sacaba aquellos nervios de acero, le sonrió aquel hombre, a su amigo. Le dedicó la sonrisa más falsa y rastrera de su vida.

-No me quejo… - se limitó a decir.- Las cosas en el colegio no es que cambien mucho de un año para otro.

Era mezquino.

Era un hijo de puta.

Le estaba hablando a su amigo como si no estuviera apuñalándole por la espalda, cómo si él no fuera culpable de nada.

Pero era lo que había elegido, era la otra cara de la moneda de ser el amante. La tarde que se rindió a Hermione lo sabía, sabía que tendría que mentir, apuñalar… Y allí estaba él con aquella máscara sobre su rostro como si no ocurriera nada.

-Estarás contento este año… las Arpías de Holyhead están haciendo una buena temporada, pueden hasta que ganen la liga este año.

-Esa nueva buscadora que tienen es de lo mejor que ha pisado un campo de quidditch.- dijo encogiéndose de hombros.

Harry y Ron comenzaron una de sus tantas conversaciones sobre quidditch. A él le gustaba mucho el juego, pero nunca llegaría a los niveles de esos dos. Neville tomó un trago de su botellín de cerveza. George y Bill se sumaron en la animada conversación, así que aprovechó para escaquearse casi sin que se percataran de su retirada. Estaban tan enfrascados en discutir, que apenas se dieron cuenta que ya no estaba, así que él podía acercarse a dónde más deseaba.

Cuando se acercó a Hermione pudo oír cómo le cantaba una hermosa cancioncilla a su ahijada, que la tenía totalmente hipnotizada.

-Hola.- alcanzó a saludar.

Hermione alzó su rostro a él.

Le dedicó una sonrisa nerviosa.

No sabía cómo actuar delante de todos. Sentía deseos de acercarse a ella, besarla en la boca, hundir su rostro en sus rizos y aspirar su aroma. Quería poder acariciarla, tocarla…

Pero no podía.

En otro momento se hubieran saludado con naturalidad con dos besos en las mejillas, pero ahora dudaba si hacerlo.

-¡Hola Neville! Me alegro que hayas llegado. No te veía desde el concierto…

Neville frunció el ceño, pero ella sonrió levemente, pícara, sólo por un segundo, sólo para él.

Aquello no era cierto, pero era un secreto que sólo sabían ambos.

Afortunadamente Hermione sí tenía sus nervios bajo control y supo encauzar los suyos. Hablaron de cosas triviales, cómo si realmente no se hubieran visto en semanas, cuando hacía sólo tres días que habían yacido desnudos en una cama de hotel.

Mirando sus ojos de color miel, se sintió con fuerzas para aguantarlo todo.

Estaba dispuesto a mentir y a traicionar.

-¿Quieres coger en brazos a Lily?

Y sin esperar respuesta, puso al bebé en sus brazos. Aprovechando ese fugaz momento para rozarle una mano.

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Neville entró en la cocina cargando una pila de platos manchados de tarta y los dejó en el fregadero. Cuándo iba a salir para seguir ayudando, Hermione entró cargando con otra pila de platos más.

Neville la contempló cómo pasaba a su lado y dejaba los platos también en el fregadero.

Hasta ahora no habían podido estar solos.

-Hermione…

Ella alzó la mirada y le sonrió de medio lado, traviesa en su coquetería y un tanto maliciosa, cómo lo hacía cuándo estaban a escondidas como ahora. Y sin poder evitarlo, se lanzaron el uno contra el otro, besándose en la boca con apetito. Un beso cálido y húmedo, apasionado, demandante. Cuánto había ansiado hacerlo, había anhelado toda la tarde poder estar a solas con ella, aunque tan sólo fuera unos segundos.

Hermione empujó a Neville contra la puerta de la cocina, usando su cuerpo de tope. Si alguien intentaba entrar, el peso de sus cuerpos recargados sobre la puerta impediría poder abrirla.

Necesitaban tocarse, necesitaban estar un momento sin sus máscaras… haciendo lo que en realidad deseaban hacer.

Hermione rompió el beso, que poco a poco había encendido el cuerpo de Neville, demandando algo más, reclamando algo que en esos momentos no le podía dar.

Ella le guiñó un ojo y salió sin más.

Neville necesitó unos minutos… aquello lo había dejado descolocado, aquello lo estaba volviendo loco.

Su respiración se había acelerado y el temblor de manos había vuelto. Tenía que controlarse antes de volver a la fiesta.

Harry entró de repente con la tarta que había sobrado.

No esperaba encontrarle allí y puso una cara de extrañeza.

-¡Neville! Tienes mala cara… ¿Te encuentras bien?

-Yo… - comenzó a titubear, nervioso. Tenía que pensar en una escusa lo más rápido posible.- Ginny me ha pedido algo, pero lo he olvidado.

Harry cambió su semblante, aunque no parecía del todo conforme.

-Se acabaron las servilletas, pero no te preocupes, ya las llevo yo.

Neville se apresuró a salir de aquella cocina, intentando poner todas sus ideas y nervios en orden otra vez.

Cuando salió se dio de bruces con Ron, Hermione y Fleur, que hablaban de una película europea que estaba en aquellos momentos arrasando en los cines muggles.

Neville cogió una cerveza y se unió a la conversación.

-Las películas históricas sobre la primera y la segunda guerra mundial la verdad es que siempre me han interesado.- Dijo Hermione.

-Pues entonces tienes que ver esta, cuñada. – comentó Fleur con entusiasmo.- Los actores son magníficos y la historia son de esas que no te dejan indiferente.

-Suena muy interesante.- intervino Neville, que al fin conseguía articular palabra a pesar de que le ardiera los labios.

-Pues a mí me suena a película infumable.- dijo en su línea Ron.

-Que tengas la sensibilidad de un ladrillo o no la entiendas, no significa que sea mala.- espetó Hermione. Por cualquier minucia, Hermione y Ron estaban a la gresca. Era bastante incómodo para los demás.

-Pues ya te digo que paso de ir.- Advirtió Ron.

Neville alzó su cerveza para darle un trago. Llevaba toda la tarde bebiendo sin parar, pero era la única manera de sobrellevar toda aquella situación que parecía arrollarle una y otra vez.

-¿Y tú qué dices Neville? ¿Te animas a verla conmigo?- preguntó Hermione con una naturalidad e inocencia pasmosas.

Neville tuvo que hacer grandes esfuerzos para no atragantarse y permanecer impasible cuándo aceptó la invitación, bendecida por el marido aliviado, ya que su mujer no terminaría arrastrándole al cine a echar una cabezada.

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-¿Otra vez?- espetó la profesora enfadada.

-Por favor, Cloe… cúbreme esta noche.

-No me importa hacerte el favor…- la profesora se paró en seco en mitad del pasillo y encaró a su compañero de trabajo.- Sabes que siempre te ayudaré… pero no me gusta lo que se está convirtiendo esto.

-Haré lo que me pidas… te haré tus turnos de pasillo de todo un mes.

-¡No es eso, Neville! Desde hace unos meses que has cambiado… no pareces tú mismo. Estás inquieto, te es indiferente lo que ocurre en el castillo… ¡Nunca te había visto descuidar tus labores como profesor hasta ahora!

-Tú no lo entiendes…

-No lo entiendo porque no me lo cuentas…

-No puedo contártelo.

Cloe se puso tras la oreja un mechón de cabello rebelde que se había soltado de su moño.

-Minerva cada día está más enfadada contigo… no atiendes a tus alumnos, te vas de repente del colegio, olvidas todo. Haré lo que me pidas, pero no me pidas que guarde silencio mientras veo cómo te destruyes. ¿Qué te pasa? ¿Tienes problemas?

-No

-¿Te estás drogando?

-Joder. ¡Claro que no!

-¿El juego?

-¡Tampoco es eso!

-¿Es una mujer? ¿Es eso?

El silencio de su compañero hizo ver a la mujer que había dado en la diana.

-Eso es genial… no sabes lo que me alegra que tengas pareja, Neville. Pero queda con ella en tu tiempo libre…

-Es que ella no siempre puede… ella… está casada.

-Mierda, Nev…

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Neville Longbottom caminaba a paso ligero dirección a su despacho. Venía de regañar a unos alumnos de primer año a los que pilló tirando petardos procedentes de la tienda Weasley. Los confiscó y estuvo un buen rato gritándoles a viva voz, bajo la mirada de espanto de los niños.

Él no solía ser así.

Entró a su despacho cerrando la puerta tras sí, dando un fuerte portazo. Arrojó los petardos y varios pergaminos que llevaba en la mano con desdén encima del escritorio y se dejó caer en su sillón.

Enterró el rostro en sus manos, concediéndose un minuto de paz.

Comenzó a gritar de rabia mesándose los cabellos.

No quería admitirlo, pero se estaba volviendo loco, aquella situación comenzaba a pasarle factura.

Hacía ya un año que mantenía aquella relación secreta con Hermione. Al principio todo había estado bien, aceptó sin condiciones que ella quisiera estar con él, aceptando todo lo que con ello conllevaba.

Aceptando esconder su relación a ojos de los demás, aceptando que lo que mantenían, debía permanecer oculto.

Aceptando ser el amante, ser el otro, el querido. El que no tenía derechos, el que sólo debía callar y aceptar ser sólo una sombra. Dejando a un lado su dignidad, abandonando todo lo que tenía que hacer para acudir a su llamada, como lo haría un perro.

Tenían dos clases de citas… Cuándo ambos podían escaparse de sus obligaciones, quedaban a escondidas para verse en hoteles y así dar rienda suelta a su pasión secreta.

Cuándo cerraba la puerta de la habitación, Hermione se convertía en su mujer. Ella se entregaba por completo a él. Jamás se había sentido con nadie como con ella. Ese sentimiento ardiente que podía arrasarlo todo, siendo capaz de anularle por completo.

En aquellos momentos no existía el mundo, salvo ellos dos. Dos amantes que se besaban a escondidas de la realidad, dos amantes que no se atrevían siquiera hablar de ello.

Jamás hablaban a dónde les llevaba esa relación, sólo se limitaban a vivir el momento. Lo que ocurriera al día siguiente carecía de sentido, lo único que importaba eran sus cuerpos yaciendo desnudos junto al otro.

Pero últimamente no era así.

Neville contenía todas aquellas preguntas en su boca y después se las tragaba, anidando en la boca de su estómago, haciendo úlceras, haciéndole daño.

Después tenían otro tipo de citas más oficiales. Desde que llevara a Hermione aquel concierto de Jazz, habían acudido juntos a otro tipo de eventos. Conciertos de blues, exposiciones de pintura, habían ido al cine… Siempre disfrazado de una sincera amistad y que Ron había bendecido porque así evitaba de acompañar a su mujer aquellos lugares que no le interesaban en absoluto.

-El profesor y la empollona… no me imagino una amistad mejor.

Solía bromear el muy imbécil, que siquiera sospechaba lo que hacían a sus espaldas. Sencillamente Ron no podía imaginar que el bueno de Longbottom se estaba liando con su mujer.

Ahora la máscara la llevaba él.

A él le encantaba salir con Hermione, le gustaba contemplar su rostro feliz y despreocupado, contemplando una fotografía con atención o cómo se aferraba a su mano en la última película de terror que fueron a ver al cine.

Pero a él comenzó a faltarle algo, ya no se sentía satisfecho con lo que ella le ofrecía.

Quería más.

Cuando salía con ella quería cogerle de la mano sin miedo a que alguien los viera. Quería besarla en público, quería poder abrazarla cuando quisiera, quería dormir con ella una noche entera… quería hacer planes con ella, viajar, ir a cenar...

Pero eso no podía ser.

Incluso tuvo que soportar en silencio cómo Ron y ella aprovechaban las vacaciones de verano para irse de viaje unas semanas con los niños a Grecia.

Sabía que no tenía derecho, sabía que él era el Otro, pero aquello comenzó a enfurecerlo y obsesionarlo.

Odiaba pensar que estaba con él, que le preparaba todas las noches la cena, que dormía con él… que hacían el amor.

Aquello le partía el corazón y no sabía cuánto más podría soportarlo. Se sentía engañado cuándo era él producto de una mentira. Aunque fuera absurdo, se sentía traicionado por Hermione cuando estaba con él.

El primer día que se encontró cara a cara con Ron después de estar con ella le temblaban las piernas. Él no era bueno mintiendo, pero su deseo de estar Hermione, incluso pasando por encima de su amigo, era más fuerte.

Le había mirado a la cara y le había dedicado la sonrisa más falsa y rastrera del mundo. Él, que siempre había llevado la lealtad y la bondad por bandera, había terminado tragándose todo aquello por lo que siempre se había sentido orgulloso, mutando a un nuevo hombre, un hombre siempre desesperado, dispuesto a mentir y traicionar.

Y al final, se había acostumbrado a engañar.

Aquella máscara se había vuelto parte de su propio ser.

Porque lo que estaban haciendo con Ron era una traición. Había usado su confianza de años de amistad para meterse en su hogar, aunque el pelirrojo lo ignoraba.

De acuerdo que el matrimonio de Hermione y él estaba hecho escombros cuándo comenzaron su aventura y precisamente él no había sido un marido modelo.

Pero eso no lo justificaba.

Ignoraba que era parte de un triángulo amoroso, un triángulo que utilizaba su afilada arista para apuñalarle una y otra vez por la espalda.

Neville se sentía culpable y mezquino, pero no podía hacer nada para evitarlo. Él jamás optaría por abandonar a Hermione, aunque lo suyo no tuviera futuro, aunque tuviera que estar así el resto de su vida.

Él acudiría siempre que ella le llamara, él estaría siempre dispuesto para ella…

Porque estaba absolutamente enamorado de ella.

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Harry hizo pantalla con la mano para poder encenderse su cigarrillo y exhaló con ganas el humo. Estaban llevando a cabo un registro en una casa que había sido denunciada por prácticas oscuras. Habían encontrado indicios, pero aún tenían mucho que hacer, así que se estaba permitiendo aquel leve descanso.

Ron salió de la casa frotándose las manos de frío. Su cuñado le pidió un pitillo, pero antes de dárselo le asestó un puñetazo en el brazo. Decía que había dejado de fumar, pero realmente lo que había hecho era dejar de comprar.

Ron fumó con verdadera gana.

-¿Quieres que vayamos a ver el partido de quidditch este sábado a la noche?- preguntó Ron de repente.

-¿Y qué pasa con Hermione?- preguntó Harry extrañado. Su amiga no soportaba que su marido fuera a los partidos en sus días libres, siempre le estaba demandando un poco de atención.

Ron se encogió de hombros.

-Va a ir con Neville a un coñazo de exposición de pintura… qué se yo.

Harry frunció el ceño.

-¿No pasan mucho tiempo últimamente esos dos?- preguntó con suspicacia.- ¿No te preocupa que Neville pase tanto tiempo con tu esposa?

-¿Con Neville?- hizo un gesto desdeñoso con la mano.- Es completamente inofensivo.

Harry lanzó la colilla de su cigarrillo.

-Si tú lo dices…- susurró casi para sí.

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Neville contemplaba sin entender muy bien aquella pintura. Había algo en ella que le gustaba, pero no podía especificar qué era lo que le atraía.

Miró a Hermione, que estaba a unos cinco metros contemplando otro lienzo con la boca entreabierta, y estudiando con precisión cada trazo.

De ella sí que era capaz de decir todo lo que le gustaba.

Le gustaba su sonrisa, su rostro, sus preciosos ojos de color miel, ya enmarcados de pequeñas arruguitas por la edad. Su cabellera indomable, sus manos cálidas y suaves… sus largas piernas.

Y todo su ser.

Su forma de reír, esa cara de pícara que ponía cuándo bromeaba, cómo se mordía el labio inferior cuando estaba a disgusto, esa forma de hacer aspavientos con las manos cuando contaba algo que la apasionaba.

Tenía mucha suerte que alguien como ella, quisiera estar con alguien como él.

Deseó acercarse a ella, besarla en los labios, susurrarle todo lo que la quería.

Pero recordó que no podía hacerlo.

Entonces tuvo deseos de rebelarse, hacer algo drástico. Quería reclamar lo que sentía que le pertenecía. Quería reclamar un lugar en el mundo, el lugar que estaba al lado de la mujer que amaba pero parecía no pertenecerle.

Se acercó a Hermione.

-Bonita pintura… ¿no crees?- le preguntó ella al sentirle a su lado.

-Sí que lo es…

Acercó su mano a la de ella, para cogérsela como haría cualquier pareja de enamorados.

Pero ella la rechazó. Apartó la suya como si hubiera tocado algo incandescente.

-Nos pueden ver…- susurró la mujer antes de caminar hacia otro cuadro, alejándose de él.

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Neville soltó una advertencia a algunos alumnos de Slytherin que estaban claramente tramando algo y entró en las tres escobas. La supervisión de aquella visita a Hodgmeade había quedado a su cargo y era agotador. Cloe iba acompañarlo, pero al final se había tenido que quedar en Hogwarts ayudando al profesor de pociones en algo que ni se había molestado en escuchar.

-Hola profesor Longbottom.- le saludaron coquetas unas alumnas de sexto año. Él saludó con la mano desde lejos y se acercó a la barra.

Se sentó en la primer taburete que encontró vacío sin prestar mucha atención a su alrededor. La camarera le sirvió una cerveza sin preguntar, ya que era su pedido habitual.

-Joder Neville, ya ni saludas.

Neville se giró a su derecha, al sonido de aquella voz conocida, sorprendido.

-¡Harry! ¿Qué haces aquí?- preguntó aún extrañado.

Harry dudó un momento, como si se debatiera qué decir exactamente.

-En realidad venía hablar contigo.- dijo en un tono un tanto brusco.- Te iba a decir que esto era fruto de la casualidad, pero creo que ya es hora de dejarnos de disimulos entre nosotros… ¿No, Neville?

Neville se puso a la defensiva por instinto. El aura que desprendía Harry no era la habitual y él comenzaba a sospechar por qué.

Lo sabe.

-Debería partirte la cara ahora mismo… ¿Cómo has podido?

-Harry… no sé de qué estás hablando.

Harry pegó un puñetazo en la barra, seguramente para no descargarlo contra él.

-Ya no finjas más. Sé que te estás acostando con Hermione. Sé que pasa muy a menudo… Ron será un imbécil que no ve más allá de sus narices, pero yo os conozco muy bien. A los dos…

Neville iba hablar pero fue interrumpido por el auror.

-¡Cómo has podido meterte con una casada, Neville! ¡es la mujer de tu amigo! Ella también lo es… ¡Hay niños por medio! ¿Dónde tienes la cabeza?

-Yo no lo he buscado… sólo ha pasado.

-Ron y Hermione llevan muchos años con su matrimonio echado a perder… pero estas no son formas. ¿En qué carajo estás pensando? ¿No te das cuenta que estás rompiendo un hogar? ¿Te das cuenta hasta dónde pueden llegar tus acciones? ¿Y todo por qué? ¿Por un par de polvos?

-Estoy enamorado de ella.

Aquella confesión hizo callar al auror, que se pasó la mano por la cara con ademanes cansados.

-No te confundas Neville… en esta historia sólo tú saldrás dañado. Ella nunca le va a dejar, él lleva desde que somos niños haciéndola sufrir... Es muy difícil romper los hábitos y llevan así toda la vida.

Harry dejó encima de la barra el dinero de su consumición, dejando al profesor sumido en desesperanza.

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Neville entró a la habitación atropelladamente, Hermione cerró la puerta a su espalda. Había algo anormal en él, no se había arrojado encima, no la estaba colmando a besos ni despojándola de las capas de ropa. No se estaba comportando como el amante sumiso y atento que solía ser.

Y desde que se habían visto en la recepción, había visto en sus ojos la sombra de reproches, de anhelos, de temores.

Él se había quitado la máscara ahora.

Ella se acercó, dispuesta a comenzar a acariciarle, pero él esquivó su mano, como si quemara.

-Tenemos que hablar…- dijo al fin, reuniendo todo su valor.

Hermione se alejó un par de pasos, sabía que aquella conversación surgiría algún día, sabía que era algo que tenía que pasar, pero no lo esperaba que ocurriera aquella tarde.

Hermione se sentó en la cama, se friccionó una mano contra otra, pensativa.

-¿De qué quieres hablar?- preguntó. Sabía de qué, pero estaba ignorándolo, con la leve esperanza que él volviera a tragar y poder disfrutar de su compañía sin tapujos.

Hasta ahora Neville había sido un amante complaciente, se había entregado completamente sin pedir nada a cambio, sin exigir nada.

Pero su rostro era distinto hoy.

-Yo… no puedo seguir así Hermione.

Aquel acuerdo tácito entre ambos de no hablar del tema estaba roto. Neville acababa de abrir la caja y ya no iba a poder cerrarla más.

Ella guardó silencio, esperando que él comenzara hablar, aún esperanzada de que mantuviera silencio, pero no fue así.

-Esto ya me está haciendo mucho daño…

-Nunca ha sido mi intención hacerte daño.- se limitó a decir ella.

-Yo no puedo soportarlo más Hermione. Todo esto… vernos a escondidas, no poder tomar tu mano en público.

-Ya sabías que estaba casada.

Y por primera vez, Neville le exigió a su amante.

-Déjale.

Ella comenzó a entrar en pánico.

-Neville… no es tan fácil como crees.

-Déjale. Quédate conmigo.

-¿Me estás dando un ultimátum? ¿Me estás diciendo que él o tú?

A Neville le faltaba la respiración, pero ya no había vuelta atrás.

-No puedo seguir así Hermione… no puedo seguir alimentándome de migajas…- dijo mesándose los cabellos, desesperado.- no puedo seguir mintiendo, haciendo que todo está bien. No puedo seguir con esto…

-Para mí no es tan fácil como crees. ¿Crees que no quiero estar contigo? ¿Crees que no me gustaría amarte sin tapujos? Pero estoy casada.

Neville comenzó a enfadarse.

-No serías la primera persona que se divorcia en el mundo, Hermione.

-Las cosas no son tan sencillas… Mis hijos. No puedo hacerles eso a mis hijos.

Neville comenzó acercarse a ella a pesar de sentirse rechazado, a pesar de que aquella conversación no estaba resultando cómo quería.

-Ellos entenderán… ellos me conocen. Los niños entienden más de lo que crees.

-No…- ella se estaba cerrando, sintiéndola cada vez a más kilómetros de distancia.- ¿Por qué me obligas a escoger?

Porque no puedes tenerlo todo Hermione… porque ya no puedo seguir siendo tu amante, quiero ser tu primera opción, quiero ser tu marido, quiero estar a tu lado delante de todos… quiero ser tu todo.

Neville se dejó caer ante ella de rodillas, ya casi derrotado. Sin poderlo evitar, a pesar que se había prometido a sí mismo no hacerlo, comenzó a deslizarse lágrimas por sus ojos. Se aferró a su cintura, enterrando su rostro en su vientre.

Sabía la respuesta, pero estaba dispuesto a suplicar aunque no sirviera de nada.

-Quédate conmigo… escógeme.

-Neville… eso no puede ser. Tengo que hacer lo mejor para mi familia, aunque no me guste.

-Él no te hace feliz… él no te entiende como yo.

-Neville…

-Él no te amará nunca cómo te amo yo.

Ella comenzó a llorar también. Hermione se dejaba llevar por el llanto, mientras su amante humedecía su camisa aferrado a ella.

-Yo te quiero…

-Tengo que irme.- dijo ella intentando levantarse de la cama, pero él no la dejaba. Quería huir, quería alejarse de allí, pero el abrazo de Longbottom la sujetaba con fuerza.

-No te vayas… quédate conmigo.

-Es hora de parar esto, Neville… yo no quería hacerte daño.

-No te vayas… olvida todo lo que te he dicho. No me dejes… por favor.

Neville suplicaba aferrada a ella. Hundía su rostro en su vientre como lo haría un chiquillo, pero ella no correspondía a su abrazo.

-Perdóname.- dijo ella levantándose abruptamente, dejándole en el suelo sumido en desesperación.

-¡NO TE VAYAS!

Hermione cogió su bolso y limpiándose las lágrimas, salió a la realidad, cerrando tras si, la puerta de aquel mundo.

Le daba la espalda al amor, le daba la espalda aquellos sentimientos condenados a marchitarse, como lo haría una bonita flor.

Hola a todos!

Aquí el último capítulo de este fic. Sólo queda el epílogo y eso habrá llegado a su fin. Dije que iba a subirlo con este, pero tengo un problema… tengo escrito tres finales y no sé por cual decidirme. Un día pienso que uno y a la hora otro. Y eso es raro porque normalmente tengo los finales decididos desde el principio… pero bueno en breve lo tendréis.

El encuentro de Neville con Harry, pensé que este le asestara un puñetazo al profesor. Pero después caí en la cuenta que en todos mis fics Neville termina con ojo a la funerala, así que no quise darle un disgusto a sus alumnas jodiéndole la cara. XD

Algunos pensaréis cómo es posible que Ron no se haya coscado que tiene más cuernos que un saco caracoles. Hay una ley no escrita pero os aseguro que es verdad: el último siempre en enterarse es el cornudo.

La canción es "dos amores" de Alameda, otros fieras del Rock andaluz. Si veis que hay faltas en el trozo de canción, es porque está transcrito del dialecto Andaluz y es correcto.

Un besiño y no tardaré en subir la conclusión.

¡Ah! Pagad lo que consumís. Jejejeje

AnitaSnape