Hola a todos!
no crean que me eh olvidado de este fic, no lo abandonare sin importar cuanto me tarde xD
Como siempre digo no tengo excusa para mi demora en actualizar.
comentarios:
Melgamonster: No solo de Rasen-senpai sino de otra persona (mejor dicho mangaka) mas que lo veras mas al futuro xDD
Yukimuraakirareverse: que nombre mas largo xD, es bueno shippear cosas crack, te limpia el alma 7u7
Hitorikifa8: espero que te agrade este capitulo que hice con mucho lov :'D
Frany fanny tsuky: sip, es GintokixMutsu ya que me parecio interesante juntarlo xDD espero que te guste el capitulo y no puedo decir nada lo que pasara dentro del triangulo amoroso.
Espero que le guste y los disfruten.
Carmesí 2:
[advertencia de Ooc en los personajes]
(…)
"Deje todo en el pasado:
Mi vida, mi amor, mi historia.
Para proteger aquellos que deje atrás
Y con el filo de mi espada lo demostrare."
(…)
Caminaba por los pasillos de aquel castillo que desde hace dos semanas se había convertido en su nuevo hogar. Estaba buscando a su prometido, quería estar a su lado y hablar tal como lo habían hecho desde que empezó a vivir en el castillo. Sin embargo, no podía encontrarlo en ninguna parte; ni siquiera en aquel salón donde lo encontraba normalmente. Se detuvo en su caminata al llegar aquel inmenso patio y no verlo en ningún lado, logrando que en su boca saliera un suspiro de rendición.
– ¿sucede algo princesa Soyo? - aquella voz en su espalda hicieron que la azabache saltara del susto y volteara para ver a la dueña de esa voz.
Era una chica de cabello largo azulado y ojos inexpresivos que parecían el mismo rubí. Usaba el traje de sirvienta mostrando su statu trabajador en aquel castillo mientras sostenía una canasta llena de ropa. Demostrando que estaba regresando al dentro del castillo después de lavar las dichas prendas.
– oh, eres tú señorita Nobume - respondió ya más tranquila, con la mano en su pecho para calmar a su pobre corazón. – solo estoy buscando al príncipe Oki… digo al príncipe Sougo - respondió a la pregunta con un pequeño sonrojo en sus blanquecinas mejillas. Aun no estaba acostumbrada por llamarlo por su nombre.
– Lo siento no he visto al príncipe. Sin embargo, el caballero Gintoki o algunos de sus consejeros debe saber dónde está, princesa - Nobume pensó que con su respuesta la princesa se decepcionaría a lo mucho se enojaría por su incompetencia, no obstante, habia recibido una sonrisa sincera de parte de la azabache.
– Muchas gracias señorita Nobume - tras decir aquella palabra, la princesa empezó de nuevo su caminata para buscar algún consejero o a Gintoki para preguntarle por su comprometido.
Aquella imagen que presenciaba le molestaba tanto. No entendía de donde venia, pero sabía que aquel sentimiento estaba ahí. Era una estupidez sentir aquel malestar, lo sabía perfectamente. Sin embargo, desde que aquel amigo sonriente suyo había decidido quedarse después de la celebración por el compromiso del príncipe sádico que tenía; ese malestar crecía cada vez más. Y más cuando aquel soldado novato no le daba la atención para dársela a su idiota amigo.
Aunque no lo admitiría ante nadie.
– ¿Qué pasa kintoki? Pareces estar molesto con algo jajajajaja - pregunto aquel amigo comerciante con su risa idiota, después de molestar con su tamaño al pobre novato de cabello castaño. El permamentado no dudo en tomarlo de su cabello para chocar su cara en el suelo.
– ¡Mi nombre es gintoki idiota! - era momento de hacer un correctivo a su preciado amigo. – Y no estoy molesto, ¿Quién estaría celoso de alguien como tú?
– Deberías ser honesto contigo Gintoki. De seguro también quieres que el señor Sakamoto juegue contigo - bromeo el joven novato de cabello castaño a su superior, causando que una vena saliera en el de permamente.
– Oh, con que es eso. Descuida amigo mío ahora mismo te doy un cálido abrazo jajajajajaja - con sangre en su cabeza el comerciante ya iba a darle un cálido abrazo al permamente. Recibiendo así, una dulce patada en la cara, dejándolo fuera del juego.
– Tsk, si necesitara un abrazo iría donde tsuky e incluso podía pedirle… - no pudo terminar la frase tras llegarle una pequeña pero mortal piedra en la nuca que había lanzado kouki en ese momento. Haciendo que le acompañara a sakamoto en el mundo de los sueños.
– Siempre serás un idiota, ¿no es así? - dijo con cierta molestia el causante de que ahora mismo el permamentado estuviera en el mundo de los sueños. Sus ojos castaños no podían evitar mirar a un Gintoki con cierto dolor en su pecho.
– Deja de mirarlo así o me sentiré algo celoso jajajajaja - comento un recién Sakamoto consciente, sacando de sus pensamientos al castaño.
– Lo estoy mirando cómo te miro a ti - se excusó rápidamente. Odiaba cuando aquel comerciante idiota supiera lo que le pasaba en su mente y corazón. – Pensé que estarías más tiempo inconsciente.
– Estoy acostumbrado a sus patadas jajajajaja - Sakamoto sentia un gran orgullo de poder resistir los golpes de aquellas bestias que tenía como amigos. se sentó en el piso y aun manteniendo su cabeza con sangre miro el cielo. Su aura ahora mostraba una gran tranquilidad como seriedad, que solo se podía ver en su área de trabajo y que pocas veces Kouki lo había presenciado. – ¿Estas bien con todo esto?
Esa simple pregunta había dejado sin habla al castaño. Él sabía que se lo preguntaba por su bienestar, lo mucho que su amigo se preocupaba por el como para quedarse un tiempo en el castillo. Si era sincero consigo mismo, no habia noche que no se hacia esa misma pregunta. Eran momentos como este y el de ahora donde deseaba que las cosas fueran como antes.
Cuando la Reina Mitsuba y su esposo Hijikata aun vivian.
– Es inútil preguntar aquello ¿no lo crees? - Respondió después del minuto de silencio que había provocado por la meditación del castaño. – Mi cuerpo y mi alma ahora mismo pertenecen a este reino - termino de decir sin poder ver al comerciante y viendo de reojo, como el permamentado empezaba a salir del mundo de los sueños.
Sakamoto solo pudo soltar una carcajada a lo dicho por su compañero.
Había logrado de terminar de ordenar los cuartos de huéspedes, por eso no dudo de irse a un lugar a descansar y que nadie la molestara. Estaba cansada tanto físico como emocionalmente últimamente. Había sido una gran tarea no encontrarse con tanta frecuencia a aquel príncipe bastardo, como lo hacía anteriormente. Como también fingir algo que no era delante de la princesa Soyo.
Sus pasos la llevaron al patio, con sus ojos azulados se quedaron apreciando el paisaje que le daba aquel lugar que eran adornada solamente de flores y plantas. No importaba cuantos años pasara, aquel patio era su lugar favorito desde que había llegado al castillo cuando tenía cuatros años. Aun recordaba cuando, en ese entonces, la princesa Mitsuba la había llevado al patio para que conociera a su hermano menor y jugara con él, ya que este no tenía amigos de su edad.
Negó su cabeza el recordar aquel día, no necesitaba recordar aquellos días de su dulce infancia; no quería sentirse melancólica, era lo último que necesitaba en esos momentos. Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando sintió alguien acercándose a la dirección en que estaba. Haciendo que mirara su lado izquierda y encontrarse con un Itou, el segundo consejero del príncipe.
– oh, pero que coincidencia encontrarnos señorita Kagura - saludo de forma cortes, el segundo consejero. Provocando que la chica de cabello bermellón levantara la ceja izquierda, mostrándose un poco incomoda con su presencia.
– Lo mismo puedo decir con usted, señor consejero - respondió con la misma cortesía a la que le habían hablado. Ella deseaba no haberse encontrado con aquel hombre de cabello de cabello rubio. Su presencia hacia que ella no pudiera actuar como quisiera, sus sentidos le decían que siempre estaba atento a cualquier falla que pudiera hacer, para repudiar la imagen que tanto Mitsuba se había esforzado en trabajar por ella.
Sencillamente no le agradaba.
– No debería estar tan defensiva conmigo - soltó de forma algo burlona el rubio para bajar la tensión que había entre los dos. – ¿Qué le parece si mejor paseamos por ahí? - propuso con obvia coquetería hacia la chica de ojos azulados. Quien, sonrió de una manera falsa al escuchar la propuesta.
– Estoy ocupada señor, así que no podrá ser - no dudo en darle la espalda para alejarse de él. Sin embargo, el segundo consejero no podía aceptar aquel rechazo de la chica azulado, que tomo su muñeca para impedir que se fuera. – Suélteme - le pidió mientras forcejeaba para ser liberada
– Usted necesita descansar después de su duro trabajo. Por favor acepta mi propuesta - se excusó Itou acortando su distancia con la chica de cabello bermellón.
Kagura no entendía estos comportamientos que tenía Itou con ella desde hace una semana. Ella sabía que estaba casado desde hace tiempo, por eso no comprendía porque la empezó a corteja cada vez que podía ¿acaso quería convertirla en una de esas concubinas que tenía los altos mandos? Aquel pensamiento solo la hacía enfurecer más de lo que ya estaba.
– Y ya le dije que no puedo - contesto sin ocultar su molestia a la insistencia del hombre de cabello rubio. Ya estaba lista para olvidar toda formalidades y darle una patada entre las piernas junto con un escupe en su cara. No obstante, en ese mismo momento había llegado alguien a interrumpirlos.
– No debería estar aquí Kagura - Itou soltó y se alejó de Kagura en tan solo escuchar aquella voz. – Oh, pero si es el señor Itou. Mi marido lo está buscando - comento la nueva llegada con una gran sonrisa inocente que ocultaba cierta advertencia al rubio.
– ¡Hermana mayor! -. Exclamo la chica de cabello bermellón, feliz de ver a su salvadora.
Itou estaba molesto con la nueva llegada. Sin embargo, pudo ocultarlo perfectamente para poder dedicarle una sonrisa a la esposa y futura madre del hijo de su compañero de trabajo: Otae Kondo.
– ¿En serio? Si es así, entonces sería una mala educación hacer que me siga buscando – sin aviso, tomo la mano de Kagura; dándole un beso entre los dedos. Dejando sorpresiva por aquel movimiento a la chica de ojos azulados. – Espero que recapacite su respuesta - con esa palabra se marchó.
Cuando estuvieron a solas en el patio la chica de ojos azulado pudo dar un suspiro de alivio, llamando la atención de la mayor que la acompaña ahora.
– ¿Estas bien Kagura? - preguntó preocupada la mujer de cabello café como el chocolate, amarrado con una coleta y ojos del mismo color. Llevaba puesto un vestido especial para embarazadas de color rosado adornado con cintas blancos en el pecho y muñequera. – Deberías hablar de esto con el joven Kouki o con el príncipe - recomendó a la chica de ojos azulados.
– Estoy bien hermana mayor – respondió con una sonrisa llena de confianza a quien la miraba con preocupación – Además esto puedo manejarlo. No quiero ser una carga para kouki y el sádico no tiene nada que ver aquí. Él debería preocuparse por la princesa ¿cierto?
La mayor no puedo evitar de suspirar a ver lo orgullosa que era la chica de cabello bermellón.
– Solo ten cuidado. Y prométeme de que si ves que ya no puedes controlar la situación o que este apunto de abusar de ti, no dudes de avisar al joven Kouki – miro fijamente con sus ojos marrón a la chica de cabello bermellón, quien solo pudo mover su cabeza de arriba hacia abajo en señal de aprobación.
– si eso la hace más tranquila a ti y al mini gorila, entonces lo hare hermana mayor.
– Deja de llamar así a mi bebe delante de mí, por favor - aquellas palabras eran tan inocente como la sonrisa que le estaban dando a la chica de cabello bermellón, sin embargo, kagura podía sentir que detrás de aquel tono y sonrisa había una real amenaza por quien consideraba como su hermana mayor; provocando que diera un paso atrás y moviera su cabeza de arriba para abajo repetidamente.
– L-lo hare hermana mayor - el miedo era una buena arma para controlar a las personas.
– Bien ahora que aclaramos aquello – aún en la voz de la castaña la amenaza hacia la chica de ojos azulados. Para luego su mirada volverse seria, mostrando la importancia de lo que iba a decir a continuación – E venido a preguntarte si sabes del paradero del príncipe, lo princesa lo ha buscado por todo el castillo.
– A ese bastardo no lo he visto desde la mañana. No siempre debo saber a dónde va él- aquellas palabras eran tan dura como también una innegable verdad. Ella no era dueña de los movimientos de aquel príncipe idiota, para que vinieran a preguntarle cada vez que desaparecía. Solo era una sirvienta que tuvo la oportunidad de conocerlo bastante bien por haber sido su compañera de juego en la niñez.
– No deberías hablarme así, pequeña kagura - había vuelto aquel tono y aquella sonrisa inocente, pero que traían amenaza en la mujer de cabello marrón. Haciendo asustar a la menor mientras se maldecía por haber hablado así a su hermana mayor. – Pero tienes razón, sería extraño que una sirvienta supiera donde está su amo y no su prometida.
Aquellas palabras habían hecho sentir a la chica de cabello bermellón una daga en el corazón. Sin embargo, lo oculto lo más que pudo sabiendo que aun así, que Otae estaba al tanto de su sentir respecto al compromiso y la boda.
Todo estaba bastante calmado cuando se despertó, sus ojos carmesís analizaban el lugar donde estaba, encontrándose debajo de un árbol en medio del bosque que rodeaba al castillo. Se había escapado para descansar de tanto trabajo que le habían dado Kondo con Itou, como también poder recuperar su energía si quería seguir siendo el príncipe perfecto delante de la princesa Soyo. También necesitaba pensar en cómo hacer que su sirvienta idiota dejara de escapar cada vez que se encontraba, evitándolo de tal manera que lo molestaba más que hacer los aburridos papeleos.
Paseo su manos en su cabello preguntándose cuanto tiempo estuvo dormido y si se dieron cuenta de su desaparición. Se levantó y empezó a caminar hacia la entrada secreta que conectaba al castillo; y que había utilizado con anterioridad. Antes de que empiecen a hacer un desastre más de lo normal por estar buscándolo.
Cuando entró al castillo pudo ver algunos sirvientes felices al verlos, mostrando la señal que lo estuvieron buscando. Se acercó a un caballero que estaba cerca y le pregunto dónde estaba su consejero Kondo. Tras escuchar que estaba en la sala de estudio se fue directamente hacia allá, pero fue detenido por al escuchar como su comprometida lo llamaba.
– Príncipe Okita –se acercó la chica de cabello azabache con ojos llorosos, mostrando la preocupación que tenía por no haberlo encontrado hasta ahora. – ¿Esta bien? Y-yo lo buscaba y no lo e-encontraba… a-así que me preocupe que le haya pasado algo malo –admitió soltando algunas lágrimas de alivio, al mismo tiempo que sus mejillas eran adornada por un hermoso y pequeño carmesís por su confesión.
Sougo miro fijamente a su prometida y acerco sus manos para secar las lágrimas de la azabache. Tal como había leído en aquellos libros que leía su hermana cuando estaba viva. Provocando que el sonrojo se intensificará más en las mejilla de la azabache.
– Lo siento si la hice preocupar princesa Soyo, solo tuve unos asuntos que atender en el pueblo –se excusó descaradamente mientras daba una sonrisa como todo un galán, aquello solo hacía que la princesa quedara embobada y moviera su cabeza de arriba hacia abajo.
– Y-ya veo –se notaba que estaba más tranquila como para darle al castaño una de sus hermosas sonrisas, para luego empezar a conversar de otros temas con el príncipe de Rakuyou.
Más tarde Sougo hablaría con Kondo
Sin saber, había dos pares de ojos que presenciaban por casualidad aquella escena que daban el príncipe y la princesa. La mayor miro con toda preocupación a su compañero de cabello bermellón, quien tenía una mirada sin brillo; mostrando lo doloroso que le era ver aquel príncipe siendo tan gentil con la princesa.
– Será me… - otae no pudo terminar su frase al ser interrumpida por el susurro de la menor.
– Es un idiota – se dio media vuelta y empezó a caminar rápidamente hacia el campo de entrenamiento donde estaría Kouki entrenando.
Otae solo pudo suspirar de pena por Kagura.
No podía evitar odiarse a sí misma. Ella fue la primera en dar su apoyo cuando Sougo le conto sobre su compromiso con la princesa de Edo, sabía que el sádico idiota se comportaba de esa manera solo por cortesía. Sin embargo, no podía evitar sentir aquella presión en su pecho y el deseo de arrancar lejos de todos a un lugar seguro cada vez que lo veía juntos. Se maldecía por ser tan débil antes sus sentimientos, pero sobretodo de haberse enamorado del príncipe sádico.
Sonrió con amargura al pensar que el destino era bastante cruel.
