¡Hola a todos!
Les vengo a traer el tercer capítulo de esta historia que como ustedes querían: 'D
Comentarios:
melgamonster: La pobre kagura sufre en silencio unu aquí habrá una pequeña sorpresa para ella x3 Desde el principio tenía lo tenía planeado lo de Itou, me alegra que te haya sorprendido xD Kondo logró conquistar a su gorila :'D espero que te guste este cap.
Hitorikitefa8: Acá nuestra pequeña kagura tendrá una sorpresa :'D
Franny Fanny tsuky: Se nota que te gusta el ginmutsu xD Sakamoto tendrá su papel en el fic. Desde el principio pensé en hacer que Kagura fuera cortejada xD ahora verás la reacción de sougo eue Me alegra que te gustó lo de Tae embarazada.
Yukimuraakirareverse: Veremos si ahora si sigues con tu sospecha xD Kagura sufre pero no será la única en este lio. Veo que a todos se sorprendieron lo de Tae xD bueno es algo importante para la historia :'3
YorozuyaOkikagu: Me alegra que te guste este fic :'3 pues ahora verás la reacción de Sougo por los coqueteos de Itou eue sobre Mutsu... Hay una pista en este capítulo.
Ebano Wigran: Descuida todos sufrirán, por algo tiene este nombre el fic xD
Grekamuse98: Acá puede ponerse más intenso con la aparición de un personajes 7u7
MusumeAnon: ¿Por qué presiento que me seguirás diciéndome así? XDD bueno ahora viene momento para fangirlear (?)
shiawase day: Por unos segundo no te conocí Cryss xDD se me olvidó que te cambiaste de Nick x). Pues, tenía que hacerlo por el bien de la historia. Kagura no podía atacar como quería para no arruinar la imagen que trabajo Mitsuba en ella, menos mal que Tae vino a salvar el día x) Eres la única que me ha dicho que soyo no conoce la cara verdadera del sádico, cosa que es cierto; ella vive su mundo de rosas. En este capítulo se verá un poco los sentimientos de Sougo.
Espero que le guste y no me tiren piedras :'v
la responsabilidad es de los personajes de Gintama es del gorila
Carmesí 3:
[Advertencia de posible Ooc]
(…)
Tu eres el príncipe de mi sueño,
Desde que nos conocimos no he podido olvidarme de ti.
He leído varios cuentos de hada,
Pero mi favorito, es el que estoy viviendo a tu lado
(…)
— Te traje alguien con quien jugar, pequeño Sougo. - había dicho su querida hermana en el momento en que le presentaba una niña, quien tenía la peculiaridad de tener el cabello corto de color bermellón y unos curiosos ojos azulados.
Empezaba a despertar gracias al brillo del molesto sol, que se asomaba por la ventana de su habitación. El castaño con molestia se sentó en su cómoda cama, recordando aquel sueño que había tenido y fue interrumpido. Ese sueño que era más un recuerdo de su infancia. Suspiro mientras se levantaba para iniciar el día.
— Las cosechas de este año está yendo bien, a pesar de la sequía de este año… - escuchaba el aburrido príncipe sobre los asuntos del reino, mientras fingía que leía los documentos que había hecho su consejero Kondo para ver los detalles que Itou no le contaba. Su mente estaba en aquel recuerdo que había aparecido en su sueño, que no lo abandonaba.
— Príncipe, ¿Me está escuchando? - preguntó su segundo consejero al darse cuenta que el castaño lo ignoraba completamente, a pesar que parecía estar oyendo atentamente.
— Te escucho perfectamente - comentó irónicamente el príncipe sin despejar sus ojos en aquellos papeles que estaban en sus manos.
— No es mi deber decírselo y más en estos tiempos, pero debería preocuparse por el reino. Después de todo con la muerte de la reina Mitsuba y su esposo, solo lo tenemos a usted para que guíe a la gente. - le regaño Itou mientras acomodaba sus lentes.
— Te dije que te escuchaba, ¿no? - soltó algo molesto que lo regañarán de algo que ya sabía perfectamente, el cuál era el mismo motivo de que ahora estuviera prometido con la princesa de Edo — la preocupación ahora sería la sequía que hubo este año ¿no? - sacó un mapa que mostraba la tierra de su reino y sus cercanía, señalando un río que parecía tener una distancia que duraría medio día el viaje de ida y vuelta — Se le ordenará a un grupo de novatos caballeros que lleven baldes en dos carroza hacia este punto para juntar agua del río y traerlo hacía acá, esto se hará tres veces a la semana. Después será administrada para los granjeros que los necesiten y algunas familias necesitadas.
Itou se quedó en silencio y sorprendido al ver la frialdad pero necesaria para solucionar el problema que pasaba el pueblo por la sequía.
— Será como usted manda, príncipe.
Sougo miró a su segundo consejero, viendo como esté tenia el cuerpo tenso. Logrando que le llamara la atención.
— ¿Hay otro problema en mi reino que debo saber o tiene algún problema con su esposa, señor Itou?
— Oh, solo algunos problemas en la casa no se preocupe por mi - contestó el rubio con una sonrisa nerviosa ante la mirada escéptica del castaño.
Hoy estaba feliz de poder disfrutar la buena vida, era su día en que podía descansar de su cargo como caballero y guardián del castillo.
— ¿Por qué me llevas? - preguntó el que era arrastrado por su compañero.
— No seas aburrido pequeño Kouki~ - contestó con un tono burlesco el albino, al mismo tiempo que le daba una sonrisa ladina a su compañero — ¿Acaso tenías planeado pasar todo tu día en el castillo para acompañar al idiota de Sakamoto? No, no, no, hoy es día de salir y festejar sin preocupación alguna; así que iremos al mejor bar que tiene el pueblo - era el único motivado entre los dos.
Kouki miró escéptico a su compañero, sintiendo molestia en todo su ser.
— Prefiero estar con ese idiota que verte todo patético coqueteando con tu mejor amiga - soltó con veneno el castaño. Odiaba cuando estaba en aquel bar, sintiéndose fuera de lugar en aquel lugar bulliciosos mientras su amigo lo dejaba por estar con aquella mujer de cabello dorado.
El simplemente prefería la tranquilidad que le daba cierta parte del castillo.
El albino no le gusto aquel cruel comentario de su agradable amigo, ¿Acaso la compañía de Sakamoto era más agradable que la suya? No le gustaba como el castaño ponía a ese idiota de risa extraña sobre su persona. No creía que el fuera un marica* para sentir atracción hacia un hombre, el sabía que su preferencia eran las mujeres. Sin embargo, la molestia aparecía cuando el joven Kouki no lo tomaba en cuenta y él buscaba de forma inconsciente su atención. Era tal su deseo de monopolizarlo que lo había traído a este lado del pueblo, cuando tuvo la oportunidad de alejarlo de Sakamoto.
— ¿Acaso me estás diciendo aburrido? ¿Ya no valoras nuestra amistad y la salida que hacíamos antes? - preguntó con un tono dramático el albino, al mismo tiempo que ponía sus manos en el pecho. Como si su corazón hubiera sido herido.
Kouki suspiró avergonzado por la actuación exagerada que hacía Gintoki delante de toda la personas.
— Voy contigo solo si prometes no hacer más de tus actuaciones en la calle - propuso el castaño mirando fijamente a su amigo, quién ya tenía una sonrisa triunfadora al lograr su cometido.
— Realmente eres un buen amigo Kouki - el brazo izquierdo del albino ya descansaba en los hombros del castaño, mostrando la felicidad que sentía Gintoki en ese momento.
— Aunque aún no comprendo por qué no trajiste a Sakamoto - los ojos marrones miraban curioso a su compañero, quien no dudo en desviar un poco su mirada por aquellas palabras acusatoria.
— Si venía ese idiota lo más seguro es que tendríamos problemas. Además tengo entendido que debe hablar de negocios importante con el príncipe, por eso no lo traje - se excusó de forma hábil el albino, mientras apresuraba sus pasos. Arrastrando al castaño por segunda vez.
A pesar de ser de día se podía escuchar un gran bullicio en aquel bar, los hombres entraban y salían borrachos en aquella puerta principal. Era algo común en ese lugar de mala muerte donde los hombres iban a olvidarse de sus penas u obligaciones, incluso de tener alguna aventura con una linda doncella que trabajará en aquel lugar, solo si eran permitidos.
Los dos amigos entraron a aquel lugar.
— Así que vinieron - comentó una mujer de cabello dorado y ojos violeta como la amatista, su vestido llevaba un escote que mostraba sus firmes y notables pechos. Era la dueña de aquel lugar y amiga de Gintoki.
— Esa no es la forma de saludar a tu mejor cliente, Tsuky - reclamó en broma el albino mientras de sentaba en una mesa vacía que estaba vacía en el rincón junto con el castaño.
— ¿Van a querer los mismo? - preguntó la de pelo rubio, mientras ignoraba al albino. Obteniendo una afirmativa por el castaño.
— Oí, no me ignores Tsuky - se quejó el albino como si fuera un niño pidiendo un dulce —. Sabes que siempre pido lo mismo, incluso vengo por ese servicio especial que me das - soltó sin sentir vergüenza alguna.
— ¡C-Cállate! - un lindo golpe en la cabeza había conseguido el albino, por parte de la mujer que ahora estaba sonrojada — les traeré sus pedidos.
De esa forma la mujer se fue de la mesa. Gintoki estaba satisfecho al saber que el silencio de su mejor amiga, le daba la aprobación para tener un poco de diversión ese día.
Sin darse cuenta, del dolor que había en los ojos marrones de su compañero; por haber presenciado aquella escena.
Llevaba una canasta vacía en sus brazos, mostrando que había terminado su trabajo de alimentar los caballos. Era una de las pocas tareas que le gustaba hacer por su gusto a los animales, cuando los alimentaba y los acariciaba podía olvidarse de sus problemas, y su sentimientos por aquel príncipe sádico.
— Siempre es un gusto verla sonriendo, señorita Kagura - escucho aquella voz molesta, sintiendo como el buen día había sido arruinado por la presencia del segundo consejero del príncipe.
— Usted no debería estar en estos lugares - pudo lograr forma una sonrisa en su rostro, mientras dejaba el valde en el suelo para enfrentarse mejor a aquel hombre de cabello rubio. Recordando todas las veces en que la difunta reina Mitsuba y su auto-proclamada hermana mayor le habían enseñado para este tipo de ocasiones.
Se maldecía por tener esta mala suerte de encontrarlo y sentía asco a la osadía de aquel hombre que estaba ahora frente a ella.
Itou sonrió.
— Estaba terminando de organizar un grupo de novatos caballeros para un trabajo - se acomodo los lentes tranquilamente —. No me esperaba encontrarla tan temprano.
Tomó con delicadeza la mano dándole un beso entre aquellas manos maltratada por el trabajo, de la chica de bermellón. Quién ya no podía mantener aquella sonrisa que había aprendido; su cara mostraba toda la molestia que sentía en este mismo proceso. El acoso que tenía aquel tipo sobre ella era tal, que no le sorprendería de que la estuviera esperando.
Sentía su estómago revolverse, listo para vomitar en ese mismo momento y arruinarle aquel costoso traje de ese hombre. Sería una linda venganza y lo mejor; es que podía dejarla en paz.
— ¿Qué crees que haces, Itou? - preguntó una tercera voz, interrumpiendo aquella escena.
El consejero soltó la mano por el susto y junto con la sirvienta miraron donde provenía aquella voz, encontrándose con el príncipe que parecía mantener aquella calma que siempre tenía. Sin embargo, Kagura lo conocía tan bien que podía notar como el castaño de ojos carmesíes estaba molesto.
Definitivamente el destino tenía algo malo con ella.
Sougo había visto como su segundo consejero tuvo la osadía de tomar y besar la mano de su sirvienta. A la vez que ella intentaba mantener aquellas conductas que había aprendido de su querida hermana junto con la esposa de kondo. El sabía que ella no era fácil de domar, que a pesar de todo no era tan tonta para caer a la redes de algún hombre por unas simples palabras; sin embargo, no podía evitar sentir celos por lo que presenciaba, de ver cómo ese bastardo quería quitarle su persona más preciada después de su hermana.
El no iba a permitir aquello.
— Príncipe - Itou fingió una sonrisa. Como si la situación anterior no hubiera pasado — ¿No debería estar acompañando a la princesa en esto momento?
Los ojos de Sougo se agudizaron por unos segundos, para luego volver a la misma mirada siempre.
— La princesa está tomando una siesta, así que aprovecho de venir a ver si hiciste bien aquello que te ordené - su voz parecía tan relajada. Sin embargo, tanto Kagura como Itou sabían que era una fachada —. Sin embargo, te veo aquí coqueteando… con mi sirvienta personal… - El príncipe no tenía pudor para decir que aquella chica de cabello bermellón solo pertenecía a el.
— Si su prometida lo escuchará estaríamos en graves problemas, príncipe.
— La princesa no está en este momentos, además no digo ninguna mentira. Después de todo, yo tengo la última palabra sobre ella*. - sonrió satisfecho al ver como su estúpida sirvienta lo miraba toda enojada por sus palabras.
Pero su sonrisa fue mayor al notar como Itou lo miraba con fastidio.
— Si me permite… - Itou no podía seguir hablando al seria interrumpido por el príncipe.
— Además tengo entendido que su esposa no aprueba que tengas alguna concubina - aquellos ojos rojizos volvieron agudo —, ahora entiendo porque tiene problemas con su mujer - soltó burlesco el príncipe —. Por cierto, su esposa lo está esperando en el salón.
Con aquella mentira había logrado hacer que su consejero se fuera de aquel lugar en silencio, ya tenía algunos planes que podía hacer como castigo a su osadía por tocar su sirvienta; sin que nadie se diera cuenta de aquello.
— ¿Por qué no le pateaste? - le pregunto a su Kagura ahora que estaban solos. Sin ocultar aquellos celos que sentía al ver como fue cortejada su sirvienta.
— Porque le iba a vomitar, a ver si ya me deja en paz. - soltó la chica de cabello bermellón, quejándose como si fuera una niña pequeña.
— Maldición, debí quedarme en silencio - susurró saber lo que tenía planeado su sirvienta para su consejero.
— igual… gra-gracias por venir. Aunque no necesitaba tu ayuda idiota - Kagura miró hacia otro lado algo sonrojada por la vergüenza, que sentía por agradecerle. Sougo solo podía apreciar aquello vista que su sirvienta rebelde que el tanto deseaba en secreto le estaba dando.
Si tan solo no fuera un príncipe.
— Ya lo dije ¿no? Tu eres mi sirvienta y solo yo puedo tenerte - soltó sin tapujo y con una sonrisa ladina en su rostro.
— Bastardo, yo no le pertenezco a nadie. Además tú estás prometido con la princesa recuérdalo - Kagura sentía como usted mejillas ardían por lo que había dicho aquel príncipe idiota, su corazón sentía una calidez al verlo celoso solo por ella. Sin embargo, debía evitar que los sentimientos que ella tenía guardado salieran a la luz.
Tenía que impedir que todo saliera del control.
— Deja de hablar sobre el compromiso - pidió molesto el príncipe, cansado que todos le recordarla a cada segundo su compromiso con la princesa de Edo.
— Si lo sabes, entonces ¿por qué dices aquello sobre mi? Tu atención debe estar con la princesa. - le reclamó la chica de cabello bermellón. Ella no quería hacerse ilusiones, ella sabía que ese príncipe por más sádico que fuera no abandonaría a su reino por huir con ella.
Esto no era esas novelas que leía la reina Mitsuba.
— ¿Es que no puedes ser más idiota? - si había alguien que podía molestarlo con facilidad era aquella estúpida sirvienta que tenía delante de él — Si lo hago es por qué me importas idiota. No necesito ninguna otro motivo para alejar a esos idiotas de ti, ni siquiera se el compromiso me lo va a impedir.
Aquella declaración había dejado a la chica de cabello bermellón en shock.
Las estrellas adornaba en el cielo, demostrando que otro día había terminado. La mayoría descansaban poder reponer energía, otros recién empezaban su horas de trabajos; alguno salían a tomar como recompensa de su duro trabajo. Entre ellos había un hombre de cabellera plateada y ojos rojizos que caminaba tambaleándose; sintiendo la necesidad de ir a ese lugar donde podía estar tranquilo con sus penas.
Cuando llegó lo primero que hizo fue dejar con cariños unas flores que había recogido en el camino, para luego sentarse a frente de aquella tumba. Su mirada pérdida se fijó en el suelo y las lágrimas traicionera empezaban a hacer su recorrido en su rostro.
— Perdóname… perdóname… -susurraba el hombre ahogado en su pena. Recordando aquel fatídico día en que había perdido a la única mujer que había amado en su vida. Arrepentido de sus acciones por el intentar olvidarla.
La luna hizo compañía a aquel hombre que lloraba por su desdicha, convirtiéndose cómplice junto con el bosque. Gracias al brillo de la luna se podía identificar el nombre de la persona que descansaba en aquel lugar, ese mismo nombre que salía en los lamentos de aquel hombre y se perdía en aquel solitario lugar.
— Mutsu...
Bueno antes que me tiren las piedras quiero aclarar algunas cosas.
* Marica: sé que suena fuerte y algo prejuicios. Sin embargo hablamos de la edad media donde el prejuicio era tardío y estaba a solas del día.
* Yo tengo la última palabra sobre ella: Esto parece algo que plantea y enferma, pero mientras investigaba las costumbres de la edad media; me enteré que el rey tenía derecho sobre sus sirvientas para el permiso de matrimonio. En otra palabra como los padres de Sougo están muertos, al igual que Mitsuba y su esposo, es nuestro sádico quien tiene el futuro matrimonial de Kagura en su mano.
Eso es todo y recuerda que si me apedrean puede que muera y no traiga el siguiente capítulo: ')
