Infiel/Investigadora Privada.
Advertencias: contenido sexual EXPLÍCITO (prácticamente PWP y descripciones más crudas), así que 18. Mención de infidelidad.
(Personalmente, incluso aunque he usado sutilmente el tema antes, canónicamente no veo ni a Naruto o Hinata siendo infieles. Usualmente evito ese tipo de contenido NaruHina pero hipócritamente heme aquí, oops).
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Lujuria
Uno de los peores escenarios que estaban advirtiendo en las noticias —más que la llegada del Anticristo u otros eventos catastróficos— era el llamado «fallo del Nuevo Milenio». Hinata entendía perfectamente que no era un mito o una estrategia para vender más computadores aunque en realidad no podía hacer nada más que apagar su ordenador antes de la medianoche tal y como Shino le había aconsejado.
Justo ahora podía imaginar al pobre de su amigo, muy ojeroso y sobreviviendo de café, en frente de alguna de las computadoras de la compañía en la que trabajaba, finalizando los últimos detalles en actualizar sus sistemas antes de que en dos horas el día finalizara y llegara el siguiente, el primer día del nuevo año 2000, y así evitar que las fechas enloquecieran y todo tipo de proceso informático regresara al año 1900.
Un «real apocalipsis», le había comentado Shino.
Y así, para seguir el consejo de su amigo y no utilizar su computadora personal justo cuando fuera la medianoche, Hinata había optado por adelantar un poco su trabajo.
Su poco convencional trabajo.
Contrario a Shino o a varios amigos más, Hinata no trabajaba para ninguna empresa. Su trabajo era realizado generalmente en solitario con algunas cuantas excepciones: según el caso que llegaba a ella o por requerimiento de la persona que la contrataba, a veces pedía la ayuda de circunstanciales colaboradores.
Otras veces, gracias al área de trabajo en el que se desenvolvía, los pedidos de sus clientes podían bordear la ilegalidad, como cuando tenía que averiguar si alguna empresa le estaba haciendo «dumpster diving» (1) a su competencia y, si resultaba que así era, rastrear entonces cuánta información dicha empresa había obtenido. En esos casos debía engañar a algún empleado o hacerse pasar por una nueva mensajera, por lo tanto lo primordial era siempre poner atención a cada uno de sus pasos, evitar errores o posibles señalamientos, principalmente para no dejar evidencias a través de las cuales fuese descubierta porque, entonces, eso significaría que su cliente podría también quedar al descubierto y… bueno, una de las promesas que Hinata ofrecía era la de la confidencialidad, y con un cliente insatisfecho el cheque llegaría con menos ceros.
Sin embargo, lo dudosamente ilegal no era la norma. La mayoría de las veces eran casos más deprimentes y menos complejos del tipo «creo que mi marido me está siendo infiel», los que, por cierto, eran los más fáciles.
Hinata suponía que las relaciones habían cambiado y la privacidad de ellos también. Existía un límite muy difuso sobre la información íntima, lo que de ésta se compartía y lo que podía lograr alguien como ella con datos expuestos en la red; así, era increíblemente útil sólo hacer algo tan simple como visitar la página web de la empresa del implicado o poner su nombre en la barra del buscador de Yahoo o Google.
Los foros y el chat eran lugares especialmente provechosos para saber sobre la vida de alguien más, especialmente sobre sus indecentes actividades incluso cuando la persona usara un nickname o crease más de un perfil o correo. Hinata sólo tenía que hacer una trazabilidad de la información en cosas como detallar la forma en que los mensajes estuvieran redactados o si ponían siempre el mismo número en sus nicknames aludiendo a su año de nacimiento o al día de su cumpleaños.
A veces los supuestos infieles eran bastante obvios, exponiendo con orgullo lo que hacían en la vida real a otros en el anonimato y entonces Hinata sólo tenía que tomar una cámara e ir por fotos que pagarían su arriendo.
Y ahora, dos horas antes de la medianoche, Hinata estaba haciendo eso, su inicial búsqueda colocando las palabras «Naruto Namikaze» en la pantalla frente a ella antes de que tuviese que apagar su computadora según el consejo de su amigo.
Hizo clic en los primeros tres resultados, abriéndolos en diferentes pestañas y luego, dándole un mordisco a la grasosa hamburguesa que tenía como cena de fin de año, llevó el mouse hasta el link de un portal de noticias y esperó a que cargara los textos y fotos de una reciente noticia sobre el hombre —quien era, según le había dicho su clienta, el hijo de un difunto político que empezaba a seguir los pasos de su padre.
Hinata entonces, dos horas antes del nuevo milenio, observó la sonrisa más encantadora que había visto en su vida.
También pensó, con algo de culpa crepitando en ella ante la sola idea en su mente, que Naruto Namikaze sí podía tener a toda mujer que él quisiera.
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Hinata sabía que Naruto era un esposo infiel. También sabía que era uno infeliz.
Ella, en realidad, tenía información sobre eso, sobre todas sus infidelidades.
También lo sabía viéndolo ahora mismo a los ojos, sus azules ojos concentrados totalmente en ella, repasándola con detalle mientras ella amarraba su cabello detrás y se colocaba de rodillas encima de la mullida alfombra.
El momento acabó cuando él se acercó terminado de desabrochar sus negros pantalones de marca y, tal y como otras veces cuando el aroma de su colonia golpeaba la nariz de Hinata, ella cerró sus ojos cuando sintió el semierecto miembro de él deslizándose a lo largo de los voluminosos labios femeninos.
—Abre, Hina —sólo ordenó él.
Hinata no tenía opción, no tenía en su mente ningún otro deseo que no fuera obedecerlo y de paso sentirse gloriosamente excitadamente, por mucho que luego sintiera mortificación.
Aún así, eso no significaba no ser un poco desobediente, jugar casi que imperceptible con las circunstancias que él ofrecía; y eso, Hinata lo ya lo sabía muy bien, a Naruto le encantaba.
En un primer segundo sólo abrió un resquicio de sus labios para sacar apenas lo necesario de su rosada lengua, rozando lo que tenía frente a ella como si fuese un gesto más instintivo que consciente.
—Maldición, sí que eres linda —pronunció el rubio con un evidente escalofrío en su cuerpo, de tensión escalonando sin piedad en la rigidez de su desnudo abdomen y en la cada vez más hinchada cabeza roja de su pene.
A Hinata le encantaban esos elogios y que el hombre fuera bastante hablador y no se guardara nada de lo pasaba por su cabeza, especialmente cuando pensaba que ella era la mujer más bonita que conocía, o cuando nunca podría ser más bella que cuando estaba él enterrado en ella y su lindo rostro evidenciaba la llegada de su orgasmo.
Quiso decir en un susurro su nombre, Naruto quizá en adoración.
Sin embargo, lo único que ella permitió ahora era que la punta de la dureza de él por fin entrara en su boca mientras Naruto llevaba su mano detrás de la nuca de la mujer arrodillada frente a él, y sin esperar más, Naruto empujó sus caderas hacia adelante, sin realmente ejercer premura.
—La más linda, créeme.
Hinata no hizo un sonido alguno de atragantarse, sabía cómo hacer ese tipo de cosas y reconocer el sabor de un hombre en ella. No obstante, tuvo que aferrarse a los antebrazos de él cuando sintió que el agarre en su nuca pasaba a su cola de caballo y la erección que su boca sostenía empezaba a deslizarse fuera y dentro de ella con cierto ritmo. No estaba siendo agresivo y al parecer no tenía afán… Y Hinata tuvo que cerrar por un momento sus ojos cuando esa última idea le hizo sentirse más húmeda por la anticipación...
Quizá, como cortesía por ser la primera vez de ambos así, Naruto estaba tomándose con calma el hecho de tener a una mujer arrodillada frente a él; pero cuando él estaba en medio de sus piernas…
Hinata audiblemente soltó aire por su nariz recordándolo a la vez que concluyó que el masaje de su húmeda lengua debía sentirse tan bien cuando vio cómo Naruto echaba su rubia cabeza hacia atrás, indudablemente concentrándose en la sensación.
—Oh, Hina… tu boca es increíble, Dios —halagó él y luego soltó un gruñido, justo cuando ella decidió ahuecar su lengua, haciéndole el saber que tanto le gustaba eso cerrar más sus dedos en el cabello de ella. Hinata no se detuvo ahí, sus mejillas, adorablemente sonrojadas, sorbieron un poco hasta que sus labios estaban formando una más apretada "O"—. ¡Puta sea, Hinata!
Ella habría sonreído ante esa reacción si hubiese podido hacerlo, pero lo único diferente que podía hacer era soltarlo de los antebrazos y aferrarse a él de su pantalón.
Naruto se había curvado hacia adelante, sólo un poco más rápido en sus movimientos contra ella, empujando y retrocediendo con mayor vehemencia que segundos antes.
—Quizá, si sigues siendo tan buena chica… algún día realmente destruya tu garganta, linda, linda chica.
Continuaron así, lo necesario hasta que Hinata hacía música con la saliva y músculos de su boca mezclados con el presemen de él, y su muda voz vibraba alrededor del grosor de él cuando Naruto volvía a mencionar algo de su belleza.
Luego sintió una mano en su mejilla.
—Hina, me quiero venir dentro, ¿sí? Asiente si puedes, si quieres…
Unos pocos segundos más y Hinata tragó todo de él.
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Naruto ubicó la excitada cabeza de su miembro en la entrada de Hinata. Su erección prácticamente doliendo pero optó por tomarse algo de tiempo en mover su cadera en leves vaivenes, casi que tanteando con delicadeza esa entrada, y cuando soltó un suspiro de alivio y placer al seguir hacia adelante hasta que el inicio de su envergadura estuviera dentro, ella supo que le había encantado la diferencia entre el frío del ambiente esa noche y la calidez de la sensible intimidad en la cual se enterraba.
Entonces ahí, sin esperar por más segundos, Naruto empujó sus caderas.
—Me gusta… me gusta siempre cómo lo metes.
Naruto se limitó a sonreírle con socarronería. El ya sabía eso.
—Lo sé, linda.
Hasta ese día ya sabía lo suficiente de Hinata; al menos en el ámbito sexual.
No le gustaba ambas piernas en los hombros de él, una en cada hombro, porque la posición le hacía doler su cérvix así que lo había solucionado con mover ambas piernas sobre un sólo hombro y ladear su cuerpo un poco, sosteniéndola con sus fuertes brazos. También sabía que la posición favorita de ella era ambos acostados casi que en cucharita, él detrás de ella penetrándola desde atrás mientras Hinata movía su cadera uniéndose en cada brusco golpeteo de él, así rozaba todo lo que la hacía gemir. Y, cómo no mencionarlo, sentirse aplastada contra una pared era otro de sus favoritos.
A Naruto claramente cualquiera de esas posiciones le gustaba también. La sensación de las paredes empapadas de Hinata apretando su eje rígido era perfecta siempre. Escuchar el sonido de sus lloriqueos o jadeos lo hacía temblar.
Ahora, quizá la posición era bastante más tradicional pero la visión de sus redondos senos subiendo y bajando en cortas respiraciones y la facilidad de ver su propio miembro enterrado en ella, ahí ubicado en medio de sus muy abiertas piernas, era todo un deleite. Es más, con una idea resulta en su cabeza, queriendo tener una mejor vista de su cuerpo mientras la follaba, Naruto retrocedió un poco y se aferró a la parte posterior de los muslos de Hinata, elevándolas más y separando lascivamente sus piernas.
Bajó, por supuesto, sus ojos a la exquisita visión y se permitió recuperar un poco de aliento —este era el segundo round— antes de continuar. Entonces retrocedió más sólo para clavar su miembro en ella de nuevo, evocando un sonoro gemido de Hinata.
En ese segundo empuje volvió a quedarse quieto.
—Naruto… —Sabía que la forma en que acababa de decir su nombre era para apremiarlo a continuar, podía reconocer él, aún así…
—Es sólo que… —Naruto dijo mientras abiertamente sonreía— …no creo recordar a alguien más perfecto que tú.
Nadie era comparable. Ni su esposa la primera vez que estuvieron juntos y él aún era tan joven y fácilmente impresionable, ni la rubia que alguna vez estuvo bajo el y salía en portadas de revistas femeninas.
Naruto sin embargo, antes de hacerla frustrar más, continuó casi que sin previo avisó en salir y entrar de ella y separó por fin su mirada azul de la entrepierna de ella para ubicarlos en el rostro de Hinata. Ella había echado la cabeza hacia atrás.
Naruto a veces se imaginaba que siendo tan compatibles en el sexo —sorpresivamente sabía seguirle el ritmo a su alto libido—, quizá lo serían también afuera de habitaciones de hoteles o el pequeño apartamento de ella.
Hinata era joven como él y más dulce que cualquier otra chica y a veces compartían el desayuno, y era sinceramente la mujer más linda que había visto. Todo eso, no obstante, no hacía mayor peso en su real vida.
Paró de pensar en cosas como esas.
Sólo siguió empujando en ella, manteniendo sus piernas abiertas y disfrutando de su cuerpo.
Limitarse en hacer eso era seguro, dejar que sus senos rebotaran y su espalda se arqueara bajo la atención de él.
Naruto la obligó entonces a que enganchara una de sus piernas en su cintura y así, con una mano libre e inclinándose un poco hacia ella, tocó con experticia su clítoris.
Hinata sólo pudo empezar a susurrar continuos sí, sí, sí mezclados con el nombre de su amante.
Debía sentirse muy bien, cada caricia y pellizco en su clítoris y cada empuje rápido hacia ella, sus instintos aflorando sin control frente a la pesada mirada de él.
Y Hinata realmente era hermosa y él definitivamente era un afortunado hombre.
—Ah, Hina, aprietas tan bien —empezó él a pronunciar entre dientes—. Me encantas, en serio.
Hinata quizá no lo escuchaba, estaba en un trance, Naruto podía sentirlo, verlo. A su cabeza inquieta sobre la almohada y a sus dulces labios que mordía sin ser del todo consciente.
La observó frenéticamente mover sus manos por sobre el colchón y las arrugadas sábanas, tanteando por algo a lo que aferrarse hasta que un leve resquicio de lógica la hizo llevar sus manos hasta la cabecera, las palmas abiertas contra el material de madera que encontró.
Así, con Naruto volviéndole a decir que no existía mujer más hermosa, Hinata mordió más su labio y dejó que la ola de su segundo orgasmo se apoderara por completo de ella.
Naruto no paró cuando notó su evidente clímax pero dejó de tocarla con sus manos, acercándose más a ella, estirando sus brazos a cada lado del cuerpo de ella y la siguió golpeando más fuerte; sabía que eso le gustaba. Así, la sensación de sus aterciopeladas paredes alrededor de él justo después de su orgasmo era quizá la parte favorita de él, sentir cómo se contraían lo hacía casi que perder del todo su autocontrol.
—Hinata —dijo él gutural.
Sólo un poco más y se vendría en la funda de látex. Un poco más para poder sentir infinita satisfacción.
Entonces tembló y gruñó cuando se abalanzó sobre Hinata, viniéndose por fin.
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Naruto fue el primero en seducirla. Hinata era una completa hermosura como para dejar de lado al menos el intento por acercarse a ella.
También ya sabía por ese entonces que era la persona a la que su esposa había contactado —con el misterioso propósito que tuviese ella teniendo en cuenta que no era un secreto en su matrimonio arreglado.
No podría negarse si alguien le señalaba su particular visión de la moralidad en cuanto a su vida íntima, no obstante, Naruto sí creía que la balanza se inclinaría un poco a su favor —en el caso de una mediática polémica— porque había hecho más cosas buenas en su vida que ser un infiel.
Naruto sabía, también, cuánta información le había pasado Hinata a su esposa. Incluso nombres porque aunque Naruto obviamente nunca había hecho referencia a algo de su vida frente a Hinata, ésta al parecer hacía muy bien su trabajo. Pero, bien trabajo o no, el rubio sólo se había encogido de hombros mientras Hinata se lo había contado horas después de otro gratificante encuentro en algún hotel. El tercer encuentro entre ellos si no recordaba mal.
Convenientemente, sin embargo, Hinata le había omitido a su clienta cada uno de sus primeros encuentros con él.
Eso era bueno, al menos Hinata estaría blindada ante cualquier complicación que su amada esposa tuviese en mente.
Así, mientras ahora agarraba uno de los pomposos glúteos de su más reciente y agotada amante —desnuda y acostada boca abajo, su pierna flexionada encima de él—, Naruto fantaseó que lo que hubiese en la mente de su esposa fuese un divorcio…
Escalonar hasta el puesto más alto de un sistema político ciertamente era difícil.
Naruto también fantaseó, mientras soltaba y le daba una juguetona palmada al glúteo de Hinata, con despertar cada mañana pudiendo hacer una nimiedad como esa.
—¿No tienes frío, princesa?
—Mm… —fue la única respuesta de ella, poco a poco quedándose dormida.
Naruto entonces hizo otra nimiedad como alcanzar una sábana y ubicarla encima del cuerpo de ella.
Quizá algún día, pensó.
Por ahora, en su muy convencional trabajo, seguramente había miles de correos que en dos horas tendría que revisar y aprobar. Los primeros seis meses del nuevo milenio sólo habían resultado ser una pesadilla burocrática.
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Gracias por leer!
