Bueno, al fin nos acercamos al corazón de la historia. Espero que disfrutéis de este capítulo tanto como de los anteriores y gracias por comentar, adoro cada comentario que dejáis. Por cierto, por si os interesa, os dejo el enlace a mi grupo de discord, de reciente creación, en el que responderé preguntas y publicaré algún que otro trozo de historia anticipado (solo tenéis que quitar los espacios):
discord. gg/ S7u3ugAP
Capítulo 6
―Tendrás cuidado, ¿verdad? ―imploró aquella dulce voz.
Faramir miró al bello joven, quien lo observaba con preocupación.
Cuando su padre decidió enviar a uno de sus hijos a mantener el dominio sobre la antigua capital, Osgiliath, nadie estuvo más sorprendido de su elección que el propio Faramir.
Estaba claro que su padre había querido enviar a su hermano mayor e hijo predilecto, si para aumentar su gloria o alejarlo de las "distracciones de la corte" ninguno lo sabía.
Boromir, sabiendo del deseo de su hermano menor de probarse digno ante su padre y no queriendo dejar a Harry, había logrado de alguna manera convencer a su padre de enviar a Faramir en su lugar.
―Por supuesto. No debes preocuparte, Harry; habré vuelto antes de que te des cuenta.
Sin embargo, sus palabras no parecieron tranquilizar al mago en absoluto. Faramir se volvió hacia su hermano, quien dio un paso adelante para darle un breve abrazo.
―Cuídate, hermano. ―murmuró dándole un par de palmadas en la espalda.
Faramir asintió, separándose de él. Volviéndose hacia Harry, el guerrero con corazón de académico trató de esbozar una sonrisa.
―Cualquiera diría que no confías en mí para cuidar de mí mismo.
―Es en los orcos y en sus sucios trucos en quienes no confío. ―replicó Harry antes de adelantarse y abrazarlo. ―Vuelve sano y salvo, por favor.
Faramir lo apretó con fuerza contra su pecho, colocando una mano en su nuca y la otra en su espalda. Tuvo que resistir la tentación de hundir el rostro en su sedoso cabello negro y alzó la mirada al cielo para evitar los penetrantes ojos de su hermano mayor.
―Te lo prometo. ―susurró.
Habiendo prolongado el contacto más de lo debido, Faramir se separó de su joven amigo, descendió las escaleras de la Ciudadela y montó sobre su caballo.
Con una última mirada dirigida hacia lo alto de las escaleras, donde Boromir y Harry lo observaban ―y muy a su pesar, aún sintiendo una punzada de decepción por que su padre no se hubiera molestado en estar presente para despedirlo―, Faramir espoleó su montura y dejó Minas Tirith.
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Harry observó con tristeza cómo caballo y jinete se alejaban. Faramir, con su calmada naturaleza, sed de conocimiento y espíritu soñador, se había convertido en un gran amigo para el mago.
El joven no podía olvidar todas las preguntas que el Hombre había tenido al saber de su magia ni la facilidad con la que había aceptado su naturaleza.
De no ser por Faramir, Harry apenas abandonaría sus habitaciones o el jardín, ni sabría qué hacer en los momentos en que Boromir debía dejarlo para atender sus obligaciones como Capitán-General.
Sin haberlo notado, el hermano de Boromir se había hecho un hueco en su corazón y se había convertido en una constante para Harry.
Nada de eso hacía más fácil verlo marchar.
Un sirviente interrumpió sus pensamientos al inclinarse y entregar su mensaje.
―El senescal solicita vuestra presencia, Capitán-General.
― ¿Ahora?―preguntó Boromir frunciendo el ceño.
―Sí, mi señor.
Boromir suspiró y despidió al sirviente.
Tras escoltar a su dulce Harry hasta sus habitaciones y depositar un beso en sus labios, el hombre lo dejó bajo la protección y compañía de Arborn y Tolan antes de ir en busca de su padre.
Encontró al senescal en la sala del trono, como de costumbre, y el anciano rostro se iluminó al verlo.
―Boromir, hijo mío, siéntate y come conmigo.
Boromir observó con mal disimulado disgusto cómo su padre devoraba un plato lleno de costillas de cerdo, muslos de pollo y diferentes quesos.
―No, gracias, padre; no estoy hambriento. ―respondió tomando asiento frente al hombre. ―Faramir acaba de partir hacia Osgiliath.
―Esperemos que al menos sea capaz de mantener el orden entre sus hombres. ―murmuró el senescal con un desdeñoso movimiento del brazo. ―Pero no te he pedido que vengas para hablar de la desgracia que tu hermano brinda a nuestra familia.
Boromir apretó los dientes con fuerza para evitar decir algo que pudiera empeorar el humor de su padre más de lo que la sola mención de su hermano lo había hecho.
― ¿Para qué, pues?
―He oído rumores. Dicen que recogiste un niño de las calles de la ciudad durante el festival.
―Así es. Su nombre es-
―No me importa cómo se llame. Deshazte de él.
― ¿Cómo decís? ―preguntó Boromir, tratando de contener su temperamento.
Denethor se detuvo con un trozo de costilla cerca de la boca y lo miró a los ojos.
―Devuélvelo a la ciudad.
―El niño es huérfano…
―Esto es la Ciudadela, no un orfanato, y es un ladrón.
― ¡Solo es un niño hambriento, padre!
―Si tuviéramos que acoger a cada persona hambrienta de la ciudad, no habría espacio para todos. ―lo cortó el senescal con voz firme. ―Y no te atrevas a levantarme la voz, muchacho, ¡soy tu padre!
Boromir respiró hondo y apretó los puños bajo la mesa.
―Si el chico no ha dejado la Ciudadela antes del anochecer, mis propios guardias se encargarán de echarlo.
―Padre, por favor…
―Ya es suficiente tolerar la presencia de esa… distracción tuya; no toleraré también que cobijes a un ladronzuelo bajo mi techo.
―Harry no es ninguna distracción. ―respondió el guerrero con un feroz ceño. ―Lo amo, padre, y quiero casarme con él.
Un estrepitoso silencio siguió a sus palabras y los sirvientes se quedaron inmóviles, temiendo la inevitable explosión que las seguiría.
Denethor, por su parte, se quedó muy quieto en su asiento, la comida ya abandonada, y sus ojos se alzaron lentamente.
― ¿Lo amas? ―repitió con burla, su voz alzándose con cada palabra hasta que se encontró gritando a su hijo favorito.―Es obvio que no sabes lo que dices. ¿Crees que lo amas porque es joven y hermoso? ¿¡Crees que lo amas porque te deja meterle la verga cuando lo deseas!?
Su última acusación fue demasiado para Boromir, quien se levantó de un salto, volcando la silla en el proceso.
― ¡No te atrevas, padre! ―bramó el hombre temblando de rabia.― ¡No te atrevas a hablar así de él! ¡Yo jamás deshonraría a Harry con tales actos fuera del vínculo del matrimonio!
― ¡Un vínculo que jamás contraeréis! ―gritó el anciano golpeando la mesa con sus puños al tiempo que se ponía en pie. ―Mi hijo no se casará con un vulgar sirviente, sin importar cuán bello lo crea la gente. Te casarás con una mujer de buen linaje capaz de darte un heredero. Mientras tanto, puedes divertirte con quien desees, pero al final cumplirás con tu deber.
Con eso dicho, el senescal abandonó la sala del trono dejando a un furioso Boromir detrás, aunque no sin una última advertencia.
―Asegúrate de deshacerte del chico o tu preciado sirviente será el siguiente en dejar la Ciudadela.
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Boromir se dirigió a sus habitaciones en busca de Harry, profundamente sacudido y furioso por las palabras de su padre. No era la primera vez que había expresado su desaprobación, pero nunca lo había hecho con tantas palabras o tan burdas acusaciones.
Un sirviente lo dirigió a su jardín privado cuando encontró las habitaciones vacías. Allí, sentado en el mismo banco de piedra del templete en el que se encontraba el día en que lo conoció, estaba Harry.
A su lado, Tolan fue el primero en notar su presencia. El hombre se levantó en silencio para dejar que su Capitán-General ocupara su lugar junto al mago en el banco de piedra.
En lugar de eso, Boromir se posicionó detrás y colocó sus manos suavemente en los hombros de su dilecto.
El joven giró la cabeza para mirarlo con una sonrisa, que fue reemplazada por una mirada de preocupación al ver su expresión.
― ¿Boromir? ¿Qué ha ocurrido?
El guerrero observaba la escena que Arborn y Galeth presentaban, el mayor enseñando al niño a coger ranas y riendo cuando escapaban.
Con un suspiro, apartó la vista de ellos.
―El senescal ha ordenado que Galeth abandone la Ciudadela antes del anochecer.
Harry lo miró con los ojos muy abiertos y tragó saliva.
―Pero… pero es solo un niño…
Boromir se pasó una mano por el cabello, frustrado.
―Lo sé, pero el senescal se niega a atender a razones. Si no obedezco, enviará a sus propios guardias.
Harry dejó escapar una temblorosa respiración y colocó una de sus manos sobre la que descansaba en su hombro izquierdo.
― ¿Qué vamos a hacer?
―No lo sé, mi amor. No lo sé. ―respondió Boromir sacudiendo la cabeza levemente.
―Si me permitís… ―intervino Tolan esperando a que le concedieran permiso para hablar. ―No creo que debáis buscar lejos para dar con una buena solución.
Siguiendo su mirada, Boromir se encontró observando de nuevo a Arborn, quien reía al tiempo que evitaba que el niño cayera al estanque.
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Días después, Harry paseaba por la Ciudadela en compañía de sus dos guardias. Tolan mantenía su característico silencio, mientras Arborn relataba la alegría de su esposa al tener un niño del que cuidar.
―Maina pasó el día entero comprando cualquier cosa que pudiéramos necesitar y Galeth cayó en sus redes tan pronto como se le pasó la timidez.
Arborn tenía una enorme sonrisa al pensar en su familia. Era evidente para cualquiera que el hombre adoraba a su recién acogido hijo tanto como a su mujer.
Sin embargo, Harry estaba distraído. Los últimos días, Boromir había estado de un humor extraño. A pesar de sus afirmaciones de que no había ocurrido nada además de la expulsión de Galeth cuando se reunió con su padre, Harry sabía que algo más le carcomía.
Los rumores que los sirvientes extendían no resultaban nada tranquilizadores tampoco.
Harry se detuvo un momento ante una ventana con vistas a la ciudad, pero sus ojos se posaron más allá, en los prados y bosques que la rodeaban.
No le gustaba pensar en que él era la causa de los problemas entre Boromir y su padre.
Faramir, a quien echaba profundamente en falta desde su marcha a Osgiliath, hubiera sugerido un paseo para despejar su mente. Así se había encontrado recorriendo los pasillos de la Ciudadela en compañía de sus dos guardias, pero tales pensamientos se negaban a abandonar su mente.
La ausencia de Faramir era casi palpable en momentos como este en los que las obligaciones de Boromir lo mantenían apartado de Harry.
Con un suspiro, el joven se puso en marcha de nuevo, una idea tomando forma en su cabeza. Tuvo que preguntar a varios sirvientes antes de averiguar el paradero del Capitán-General.
―Harry, ¿ha ocurrido algo? ―preguntó Boromir, despidiéndose de sus acompañantes tan pronto como lo vio acercarse.
El mago negó suavemente con la cabeza y devolvió tímidamente su beso cuando el Hombre se inclinó hacia él.
―No, Boromir, nada en absoluto.
El guerrero asintió, aliviado, y lo miró con ojos inquisitivos.
―Había pensado en salir a cabalgar un rato.
Boromir parpadeó un par de veces antes de sonreír.
― ¿Quieres que te acompañe?
―Solo si tienes tiempo.
―Siempre tendré tiempo para ti, mi amor. ―respondió el hombre acariciando su mejilla. ―Arborn, Tolan, podéis iros; yo me quedaré con Harry lo que queda de día.
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Harry cerró los ojos un instantes para disfrutar de los cálidos rayos del sol y la brisa en el rostro. A su lado, Boromir lo observaba desde su caballo con una pequeña sonrisa.
― ¿Boromir?
― ¿Sí, mi ángel?
El mago enrojeció ligeramente, aún sin acostumbrarse a los dulces términos con que el hombre se refería a él.
― ¿Crees que a Faramir le irá bien?
―Estoy seguro de que así será.
Harry asintió débilmente antes de suspirar y apartar esos pensamientos de su mente. Habían salido a disfrutar del día y, en su caso, a tratar de ayudar a Boromir a sentirse mejor.
―Sé que estos últimos días he estado de mal humor. ―comenzó Boromir para su sorpresa. ―Lo siento, creo que he estado descuidándote.
―En absoluto, Boromir. Entiendo que estos días han sido… difíciles. ―dijo Harry antes de suspirar y decidir ser sincero. ―Has discutido con tu padre. Ha sido a causa de mí, ¿verdad?
Boromir titubeó y esa fue toda la respuesta que hizo falta.
―No es culpa tuya. Mi padre es un hombre…
― ¿…difícil? ―sugirió diplomáticamente el joven ojiverde.
―…perturbado. ―afirmó el hombre.
Un pequeño silencio se asentó entre ellos.
―Lo siento. ―murmuró Harry entonces.
― ¿Por qué? ―preguntó Boromir, sorprendido.
―Por causar problemas entre tú y tu padre.
―No te disculpes por eso. No solo no es culpa tuya, sino que hubiera ocurrido tarde o temprano. Su cordura se desvanece y con ella el vínculo que teníamos.
―Aún así, lo siento. Sé lo que es perder a tu familia y sé que no es fácil, sin importar el motivo.
Boromir lo observó unos instantes.
― ¿Perdiste a tu familia en la guerra? ―preguntó delicadamente.
―Sí, a mis padres. Yo solo tenía un año y medio cuando nuestra casa fue atacada. Murieron protegiéndome.
―Lo siento. ―dijo Boromir. ―Yo perdí a mi madre cuando tenía diez años, pero al menos tengo su recuerdo. Faramir, en cambio, apenas la recuerda.
―Me alegro de que os tuvieseis el uno al otro.
Boromir sonrió a su amado.
―Sí, fuimos afortunados en ese sentido. Padre nunca volvió a ser el mismo tras la muerte de nuestra madre, así que a veces siento que los perdimos a ambos aquel día.
Harry suspiró y Boromir lo miró inquisitivamente.
―No era mi intención hablar de temas tan serios cuando te propuse dar un paseo.
― ¿Y cuál era entonces tu intención?
―Distraerte de tus problemas. ―explicó Harry. ―Quería que tuvieras la oportunidad de despejar tu mente de todos los problemas que la oscurecen últimamente.
―Entonces dejemos tales temas y disfrutemos de la compañía. Tu luz es suficiente para que todos esos pensamientos me dejen. ―dijo Boromir, obteniendo uno de esos sonrojos que tanto apreciaba. ―Ven, sígueme, hay un sitio que deseo mostrarte.
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La noticia de que Osgiliath estaba siendo atacada los sorprendió en medio de la noche. Al amanecer, la batalla había terminado y los soldados, derrotados, regresaban a Minas Tirith.
Tan pronto como la comitiva de Faramir llegó al patio, Harry salió disparado hacia la alta y conocida figura del gondoriano. Faramir apenas se tambaleó cuando sus cuerpos chocaron y unos delgados brazos le rodearon el cuello.
―Me alegro tanto de que hayas vuelto. ―murmuró el joven. ―Estaba muy preocupado.
Apartándose, Harry lo observó de arriba abajo, frunciendo el ceño al ver sangre en los puntos más débiles de su armadura, aunque ninguna de sus heridas parecía demasiado seria.
Boromir, quien lo había seguido con más calma, fue el siguiente en abrazar a su hermano, pero no dijo nada.
―Atacaron desde el agua, por el único punto que no los esperábamos y no podíamos vigilar por completo. ―informó Faramir. ―un grupo salió del agua y antes de que nos diéramos cuenta había despachado a la guarnición de vigilancia. Para cuando nos dimos cuentas, llegaban barcazas llenas de orcos. La mayoría de los hombres ni siquiera estaban preparados, tuve que ordenar la retirada para evitar una masacre.
―Hiciste bien, hermano. Perder una ciudad en ruinas es mejor que perder un ejercito.iciste bien, hermano. Perder la
―Sí, pero ¿lo verá padre del mismo modo?
Los hermanos intercambiaron una mirada cargada de significado. Por supuesto que no. Denethor no lo vería así.
―Mi señor Faramir, ―intervino entonces el sirviente que había estado esperando junto a Boromir y Harry. ―vuestro padre demanda vuestra presencia en la sala del trono.
―Comunícale que estoy en camino. ―asintió Faramir.
El sirviente asintió, hizo una pequeña reverencia y se marchó. Pero Harry no pudo evitar protestar.
―Estás herido. Lo primero es tratar tus heridas, Faramir.
―Mi padre solo lo verá como una falta más, Harry. Es mejor que vaya ahora. Ya habrá tiempo para curar mis heridas después; de todas formas, ninguna es grave.
―Pero…―Boromir posó una mano en el hombro del mago y negó tristemente con la cabeza. Harry se mordió el labio inferior. ―Está bien. Pero después permitirás que use mis dones para sanarte.
Faramir asintió y, sin más pausas, los tres se dirigieron hacia el salón del trono, donde Harry se quedó a las puertas esperándolos. Incluso así, podía escuchar los gritos de Denethor.
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Al final del día, los gondorianos volvían a prepararse para la batalla. Al amanecer, el ejercito partiría para recuperar Osgiliath bajo el mando de Faramir y Boromir.
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Esa noche, Harry no pudo descansar, asaltado por pesadillas en las que Faramir y Boromir morían y unos extraños sueños en los que los anillos susurraban y una sombra crecía. Ni siquiera la presencia de Boromir a su lado, acariciando su cabello para ayudarlo a dormir de nuevo tras una pesadilla, alejaba su temor.
