Rusia. Ekaterimburgo, 19:20PM.
—Ha sido una misa gloriosa, Tsurugi-san —comenta un hombre de traje militar, con una piocha en su pecho que cita el apellido: Kurtzberg— Esperamos verla más seguido por acá.
—Su hijo se ha portado digno con nosotras, camarada August —endosa Tomoe— Nuestros hijos, se llevan muy bien en la universidad.
—Este año, se gradúan —expresa el varón, con jovial sonrisa— Estamos felices de honrar a su familia. Si me lo permite, mi primogénito quisiera entablar una amistad con la suya.
—Está permitido —asiente, complaciente— Puede visitarnos cuanto quiera.
—Спасибо. "Gracias" —asiente.
[…]
—Kagami-san —Tojo la interpela, en medio de la sala— Es hora de cenar.
—No tengo hambre —refuta la japonesa, con actitud agria.
—No puede seguir en esta huelga de hambre, señorita —esboza Matsuhito— Su madre me regañará por esto.
—Que lo haga —se encoge de hombros, despreocupada— Ojalá te despida y te corte la cabeza, hijo de puta.
—Se-Señorita…—traga saliva, embrollado— Disculpe, pero ese vocabu-…
—Lárgate, perro —Tsurugi lo amenaza con un Tanto (cuchilla corta) sobre el cuello. Lo asesina con la mirada— ¿No me escuchaste? ¿Qué quieres? ¿Qué te mate yo? Le haré un favor a la familia.
—¡Se-Señorita Kagami! —tiembla el hombre, intimidado— ¡Por favor! ¡Yo solo sigo ordenes!
—Te voy a descuartizar y cuando tu cadáver nade en el Sunagawa, me comeré tu corazón —gruñe, con voz animal— Me bañaré en tu sangre y le daré tus tripas de comer a tus hijos y su esposa, la puta zorra que te acompaña. ¿Me escuchaste, pedazo de puto?
—¡Ka-…!
—Kagami —interrumpe Tomoe.
Kagami suelta al pobre enfermo, gesticulando una mueca inocente. Pero vamos, que de honrada no tiene nada. Dado que ya no puede lidiar con su madre, se ha enfrascado en una contienda de terror para amenazar y atemorizar a sus cómplices que la mantiene cautiva contra su voluntad. Su progenitora hace ingreso al cuarto de su hija y examina sus estudios con indulgencia. Como de costumbre, su heredera lleva la cabecilla de las mejores notas de la facultad. Aun así, no es suficiente para ella. Conoce a la perfección la clase de mujer que ha criado. Valiente, indómita y bárbara. Kagami se profesa feroz delante de ella, a portas de presentar su examen de graduación a solo días. Tomoe hace una pausa, gesticulando una mueca soberbia.
—El hijo de los Kurtzberg vendrá a verte el jueves —determina la mayor— Te quiero presentable.
—No iré —refuta Kagami, determinada.
—No tienes opción —añade su madre, con vanidad— Está decidido. Vas a interactuar con gente de este país.
—No tengo tiempo para tertulias — aclara con presunción, la menor— Estoy muy ocupada terminando mi tesis. En cuanto me gradúe, yo-…
—En cuanto te gradúes —interrumpe su progenitora— Volverás a japón con tu marido.
—Y una mierda —rechaza Kagami, dibujando una sonrisa morbosa en el rostro— Adrien, está enamorado de otra mujer. No volveré con él.
—¡Kagami! —chilla, Tomoe.
—Se acabó, mamá —rezonga la menor de los Tsurugi con determinación— Admítelo. Has cometido un grave error al separarme de Félix Fathom. El va a salir de la cárcel y vendrá por mí.
—En tus sueños, niña tonta —niega con la cabeza— Ningún hombre se atrevería a desafiar a una familia Yakuza.
—Eres más ingenua de lo que pensé, madre —declara la nipona de ojos marrones, dibujando una sonrisa solapada— Para estos momentos, Félix se debe de haber enterado que no estoy en japón. Y se volverá loco. Vendrá por mí. Y te aseguro, que será mejor que te prepares.
—¡Jajajaja! —carcajea con arrogancia la mujer— ¡¿Qué Félix Fathom vendrá por ti?! ¡Sueñas, hija! En estos momentos, de seguro se está follando a alguna puta en japón. Deja de soñar, Kagami. Eso no va a pasar —se retira del cuarto, triunfante.
—Si que vendrá…—profesa Kagami, entre lágrimas humedecidas— Vendrá por mi… ¿Verdad…?
[…]
—Mierda…
Amanece en Tokio. El smartwatch de su muñeca marca las 08:20AM. Y una jodida resaca lo lacera de golpe. Todo le da vueltas en un comienzo. Solo para cuando vuelve en sí, se percata de lo que ha hecho. Acaba de despertarse al lado de una mujer que no es Kagami. Mierda. ¿Qué hizo? Bueno, no es hora de alarmarse. Lila Rossi permanece recostada sobre su pecho completamente desnuda, tan solo cubiertos de unas sabanas escuetas. ¿Acaso se la cogió la noche anterior? Si…sí que lo hizo. Algo recuerda y aquellos acontecimientos, le asaltan como flashes en su mente. El detrás de la mujer, dándole su "cariño".
Félix recobra la conciencia de su agravio.
—Carajo —Graham de Vanily recuerda con vergüenza lo que el mismo alcohol ha hecho en él y, febril, se viste raudo— Despierta, abogada —la zamarrea de forma suave— Lila…
—Mmh…Félix Fathom…eso ha sido…
—No. No, no, no, no. ¡No! —niega con la cabeza, estupefacto— ¡Esto fue un error!
—La última vez te viniste afuera…—balbucea mintiendo, obnubilada por la noche brindada— Dios mío…hombre perfecto. Eres muy bueno en la cama, te lo concedo…—sisea, adormecida.
—¡¿Qué dices, mujer?! —parpadea, estupefacto con declaración— ¿Cómo que solo la última vez me vine afuera? Es una broma. Eso no es cierto.
—¿No te acuerdas? Mh…—sisea, Rossi, endiosada— Yo acabé muchas veces…—se muerde el labio inferior— Nunca ningún chico se interesó tanto en mí, jeje…
—N-no. ¡No! ¡Lila! ¡Despierta! ¡Yo no-…!
Su teléfono comienza a vibrar. Joder, en un momento así. ¿Qué mierda? La pantalla se ilumina, con un numero desconocido que no distingue por los últimos dígitos. ¿Quién podría llamarle? Esperaba que no fuera una de esas de amenazas. Fathom se levanta de la cama y se pone los boxers, caminando hacia el living para atender con premura. Aunque más embrollado que otra cosa, pues le cuesta trabajo procesar todo lo que ha pasado en menos de 24 horas.
—¿Diga? —se toma la cabeza, agobiado.
—Ha pasado un tiempo, Félix —sisea una voz masculina del otro lado.
—Colt…—frunce el ceño, con desazón— ¿Cómo te has conseguido mi número?
—No me subestimes, mocoso. Tengo mis métodos —sonríe con morbosidad.
—Bueno, yo…—Graham de Vanily divisa que, a lo lejos, Lila se levanta de la cama. Traga saliva, liado— No es un buen momento para hablar. Tengo asuntos que atender. ¿Sí? No molestes ahora.
—"Asuntos". Claro —confiesa— Imagino que te ha sentado bien la noche que te pasaste con tu abogada.
—¿Cómo dices? —se paraliza, tras su revelación— ¿Cómo es que sabes de…?
—Te creí más inteligente, la verdad —carcajea con morriña— Pero por mas que te guste renegar la realidad, en el fondo sigues siendo mi hijo. Llevas en la sangre mis genes.
—Cierra la boca, Colt —espeta el británico, furibundo— Jamás me compares contigo —profesa con recelo. Aunque ahora mismo, la teja la cae en la cabeza y todo comienza a cobrar sentido. La verdad, es una sola— Maldito…así que todo esto es obra tuya ¿Verdad? ¡¿Qué pretendes?!
—Yo no pretendo nada, niño estúpido —gruñe al teléfono— Tu solito te has metido en esto, hasta los huevos. Y lo menciono de una forma bastante cinematográfica.
—Así que tu la contrataste —masculle Félix, colérico— No estes cantando victoria. Tu jodido plan enfermizo se irá por las cloacas. ¿Me oyes? Ahora mismo, echaré a Lila de mi apartamento y me buscaré a otra persona que me represente.
—Está bien, hazlo si gustas —esboza su progenitor, encendiendo un cigarrillo en el proceso— Puedes hacer como que nada ha pasado realmente. Pero es una estrategia infantil que no te librará de esto —le envía un par de fotografías al móvil— Tengo pruebas de lo que hiciste. Y no creo, que Kagami Tsurugi se lo tome muy bien que digamos.
—¿Qué mierda? —el inglés recibe un compartido de imágenes. Literal, son él y Lila…en una comprometedora situación intima. ¡¿La maldita sacó fotos?! El poco color que tenía en el rostro, se desvanece— Te lo advierto, infeliz. Yo no-…
—¡¿Tú me adviertes?! ¡¿A mí?! ¡Jajaja! —carcajea burlesco el mayor— ¡No estás en condiciones de exigir nada, pequeño monstruito! —golpea su escritorio— ¡Esto te pasa por meterte donde no te llaman!
—¡¿Es esto una venganza?! —chilla, inyectado de ira.
—Tómalo como quieras —exhala humor por los labios, bosquejando una mueca soberbia— Yo lo llamo… "justicia divina". Es lo justo ¿No? Tú me alejaste de la mujer que amo. Ahora, yo te alejaré de la tuya. Pagan inocentes, por pecadores como nosotros.
—¡Cierra la boca, Colt! ¡Tu jamás amaste a mi madre! —berrea Fathom, apretando los puños con violencia— ¡Eres un maldito desalmado! ¡No tienes derecho a meterte en mi relación, ni mucho menos en mi vida!
—Debiste pensarlo antes, Félix —narra Colt— Antes, de meterte tu primero en mi matrimonio.
—Y agradezco de haberlo hecho. Ojalá, haber intervenido muchos años atrás —rezonga el Yakuza— Pero no tenía la edad suficiente para ello. Mi madre jamás volverá contigo. La he mandado de vuelta a Londres, donde pertenece. Y muy pronto, te llegará la notificación de divorcio.
—De hecho, ya me llegó —el varón observa sobre su escritorio, el aviso— La leí y para que veas lo indulgente que soy, se la daré. Ahora mismo, lo que menos me importa es la frígida de Amelie. Solo estoy asegurando mi patrimonio.
—¿Cómo dices…?
—Te tengo de las pelotas, enano mal agradecido —amenaza Fathom, triunfante— Ahora, estás a mi merced. Y más te vale, que hagas lo que te pido o me aseguraré, de que Kagami no vuelva a verte ni en pintura.
—Cabronazo de mierda —farfulle Félix, atado de manos. Mas frustrado que otra cosa, desvía la mirada— ¿Qué carajos quieres de mí?
—No lo tomes tan personal. Son solo…negocios —Colt se frota los dedos, victorioso— Llegué a un acuerdo con Tsurugi-san. El trato es simple. Ella no quiere verte cerca de su hija y yo, no quiero verte cerca de mis inversiones —relata— Así que ella, se casará con algún rico poderoso, allá por Rusia. Y tú, te casarás con Lila.
—Jamás renunciaré a Kagami ¿Me oyes? Ni tu ni esa mujer, lo evitarán —refuta, con altivez— Estas loco si crees que aceptaría contraer matrimonio con esa prostituta de mala muerte. Tu y Tomoe, se pueden ir bien a tomar por culo.
—Ya está hecho. Me da lo mismo lo que pienses o sientas —se encoge de hombros, detrás del teléfono— Evítate el bochorno, niño. No te humilles más. Asume tu cagada. Le acabas de ser infiel a la mujer que tanto te jactas y profesas amar. Eres indigno —se mofa— Que tengas la verga desconectada del cerebro, no es culpa mía.
—Ghn…—gruñe, completamente frustrado. Ya no sabe…que más responderle.
—Lila seguirá siendo tu abogada. Te sacará de la podredumbre en la cual te metiste, por dártelas de machito solapado —demanda— Luego, te casarás con ella. Y si las cosas van bien, espero la preñes. ¿Te quedó claro?
—Vete a la mierda, Colt —Félix cuelga el teléfono de sopetón.
Tentado por azotar el aparato táctil contra el suelo, recula, recordando que tiene muchas cosas valiosas en la memoria de este. Aprieta el artefacto entre sus dedos, trémulo. La rabia lo incinera por dentro. Ahora mismo, desea matar a esa mujer infame que yace en su cama. Mas bien, por haberle engañado y usado, coludiéndose con su progenitor. Por su cabeza, pasan imágenes de un sinfín de formas, sobre como acabar con su miserable existencia. Pero muy dentro de su corazón, sabe a ciencia cierta que no le hará nada. Pues apela a su buena educación y principios valóricos. Félix, no lastima mujeres ni niños. Irónico pensar en ello justo ahora ¿No? Dado que si bien, lo lleva a un escenario físico, lo que ha hecho la noche anterior destruiría la vida de una fémina en particular: Kagami. Y eso, es mucho más grave que simplemente quitarle la vida.
Derrotado, se deja caer sobre el sofá. Se siente desarmado y llanamente devastado. Perder a la mujer que ama, arruinando su futuro y porvenir a su lado, es lo inversamente opuesto a querer vivir. Es la muerte, en carne propia. Sin ver una salida al final del lóbrego túnel al cual ha ingresado, se toma la cabeza con ambas manos y suelta un par de lágrimas endebles; sollozando en silencio.
Lila Rossi se asoma por el cuarto, terminando de vestirse hasta incorporarse a la escena. Ella tiene sus propias ambiciones. No se ve a sí misma como la villana de la película. Es tan solo un antagonista más, de la tragedia. Mas que mal, Colt le ha ofrecido un trato a cambio de, literal…vender su vida a un hombre que, a todas luces, la desprecia. Lo observa con mirada templada y cruda, fingiendo inmodestia por su dolor. No siente pena por él. Solo lastima. Ya que no está arrepentida ni por un segundo, de la forma en la que ha actuado.
Con autoridad, se sienta a su lado. Esto…no ha terminado. Solo está comenzando.
—Será mejor que repasemos lo del juicio —comenta la ojiverde, tomando la carpeta de la mesilla de centro— Tus descargos.
—Yo no te amo ¿Ok? —confiesa Félix, sin si quiera sentirse capaz de mirarla a los ojos. Se limpia las lágrimas— Ni si quiera me gustas realmente. Lo que pasó anoche fue solo una cuestión de sexo casual, en un estado libertino y alcohólico de mi parte.
—No me ofendes, si es lo que buscas —exhala despreocupada— No soy tonta, Félix. Ya lo sé.
—No tenías por qué sacar esas fotos —manifiesta Fathom, con voz hosca y metálica. Inexpresivo, mira sus pies— Lo que hiciste, no tiene perdón.
—Estoy consciente de ello, Fathom —sisea Rossi, hojeando las páginas de su resumen— Me hago cargo de lo que hice. Créeme, yo tampoco tuve muchas opciones. Colt pagó mis estudios y me sacó de ese mundo degradante en el cual, mi propia madre me había metido. En lo que a mí respecta, solo estoy devolviéndole la mano. Eres libre de odiarme si gustas.
—Si he de odiar a alguien —se levanta, dándole la espalda en son de sinsabor— Es al bastardo de mi papá. Tu no mereces ni eso, de mí.
—Siempre te consideré un hombre inteligente, Félix —esboza Lila, con serenidad— Y fue eso mismo, lo que me llevó a aceptar esto. Se que, en el fondo, sabes que esto es lo más conveniente para ti.
—Conveniente —cita, redundando en sus palabras con sarcasmo. Se voltea a verla finalmente, adolorido— ¿De eso se trata todo esto? El amor, Lila…no se compra con nada. Y si hubiera un precio, tu jamás podrías pagarlo —la fulmina con los ojos— Kagami es la única que ahora me importa. Solo ella, puede juzgar que es lo mejor para ambos. Mi corazón, le pertenece.
—Por favor, ahórrate las cursilerías —la abogada se levanta también, buscando su cartera— No quiero escucharlas.
—Creí que habías cambiado —chista Graham de Vanily, con actitud nauseabunda— Pero ni con todos los estudios, títulos o fina ropa elegante que te pongas encima, cubres tu mayor defecto en esta vida.
—¿Y ese cual sería? —responde, altanera— Ilumíname.
—Que no te amas realmente —sentencia el rubio— Quiérete un poco, mujer.
—Eres un caballero de tomo y lomo, Félix Fathom —expresa sarcástica la morena. Camina hacia la puerta, tirándole la carpeta a los pies— Será mejor que te aprendas de memoria esa mierda.
—No me casaré contigo. No te haré ese favor.
—El favor te lo estoy haciendo yo, niño ingenuo —ríe, girando la manilla— Me parece que el que no se quiere aquí, es otro —añade, saliendo por la puerta— Adiós, Félix. Nos veremos en la corte en dos días.
El portazo es violento. Pero no tanto, como el sentimiento abrumador de verse así mismo, rodeado de mierda y asquerosas telarañas de mentiras y engaños. ¿En qué jodido momento, acabó metido en esto? Tal vez, su primo tenía razón. Tal vez, su madre la tenía. ¡Tal vez, la misma Lila lo hace! Definitivamente, no se ama. Ahora mismo, se odia. Se desprecia. Solo siente repulsión hacia su propia existencia. La muerte…es lo más dulce, que podría pasarle justo ahora. Chequea una vez más los registros visuales de su peor error noctívago. Las consecuencias, de no medir sus propios límites en virtud de lo puritano. No…
No hay forma…de que Kagami se entere de esto. No puede hacerlo. Prefiere aceptar su inevitable destino, comprometiéndose en papel de la misma forma que ella lo hizo con su primo hermano, antes de mostrarle tales aberraciones. El pánico se apodera de él. Iracundo, rompe todo lo que pilla a su paso. Desde lámparas, hasta vasos, vajilla, sillas y libros. Todo vuela por los aires, en un arranque irascible de incomprendido patrocinio errático. Al cabo de unos minutos, consigue calmarse. Su apartamento, se ha vuelto patas arriba. Pero incluso si el mundo, conspira en su contra, no declinará. Al igual que Colt, Lila, y la maldita de Tomoe, él también tiene un plan en mente.
Coge el teléfono y le escribe a Adrien. Quedarse dormido en los laureles, entre lamentos y culpabilidad no le devolverá a la chica que ama. Debe actuar con templanza, siendo minucioso en cada uno de los pasos que dará a continuación.
—"Es el ultimo favor que te pediré. Prometo no molestarte más" —teclea— "¿Aun tienes contacto con los de interpol? Si es así, veme a las 21:10PM en la azotea del Shitsu-sen. Ya sabes lo que necesito"
Enviar.
—Kagami…—sentencia Félix, con potestad— Iré por ti…
[…]
—Traje lo que me pediste —revela el comisario Agreste, desentrañando un sobre desde su chaqueta.
Azotea del edificio Shitsu-sen. La hora acordada.
—¿Te ha costado mucho? —pregunta el inglés, examinando los legajos con recelo.
—Increíblemente no —confiesa Adrien. Nota que su familiar, expresa duda en su semblante al revisar los documentos. Le toma del hombro, calmándolo— Tranquilo, todo está en orden. Afortunadamente logré que, el alcalde de parís, el señor Bourgeois intercediera. Se acordaba de mí y los veranos que pasé en casa de su familia en Francia. Recordaba lo bien que me llevaba con su hija, Chloé. De eso…bueno —ríe nervioso— se lo debo a mi papá.
—Gabriel tiene buenos contactos, he de admitirlo.
—Es un viejo lobo de mar, como diría mi tía Amelie —carcajea, templado— Está arreglado. Conseguí que borrara tu extenso prontuario en japón. Es tu nuevo pasaporte francés —le señala— Podrás moverte por Europa libremente, sin que nadie sospeche nada. Y para nuestra suerte, su hijastra Zoé trabaja en el ayuntamiento en Nueva York. Será tu contacto. Una vez que llegues a Francia, podrás viajar a Rusia. Y luego, te puedes asentar en Estados Unidos como ciudadano.
—Gracias, Adrien —Félix guarda todo en su chaqueta, satisfecho con su ayuda— De verdad, te debo la vida…
—Primo…solo —agrega una última condición, mirándolo a los ojos con decisión— Hagas lo que hagas, no vuelvas a Japón. Al menos no, dentro de dos años. Quédate allá. Todo lo que puedas.
—Colt no se va a quedar tranquilo —advierte Fathom, compungido con su relato— Ese bastardo aún tiene potestad sobre mi familia. Mi madre le ha pedido el divorcio, pero, estoy seguro de que aprovechará la más mínima posibilidad para volver a Inglaterra a por ella. Finge estar de acuerdo con el trato, pero lo conozco como la palma de mi mano —adiciona— En fin…trataré de mantenerla alejada de él, cuanto pueda —le extiende un cigarro a su primo, para que le acompañe a fumar.
—Es gracioso. Tú te muestras muy inquieto por Colt. Pero a mí, la que realmente me preocupa es Tomoe —dice Adrien, fumando su cigarrillo— Es mi suegra en el papel, pero aun así aprendí a conocerla bien con los años. Ella…es mucho más peligrosa de lo que tu padre puede llegar a ser. Es capaz de todo.
—Lo sé. Estoy consciente de ello. Por lo mismo, debo alejar a Kagami de esa mujer cuanto antes —frunce el ceño— Debo…salvarla de ella.
—Félix…—revela de pronto, sutilmente ruborizado. Algo nada que ver con el tema, pero siente la necesidad de confesarlo— Marinette está embarazada…
—¿Que? —parpadea atónito, el inglés— ¿De verdad?
—Si. De verdad —aclara, febril en una sonrisa inocente— ¿Puedes creerlo? Ella…lleva un bebito mío en su vientre. Me lo ha confesado esta tarde. Casi me caí de culo cuando me lo contó, jejeje…se me llegó a bajar la presión de la sorpresa. No te miento.
—¡Pero qué buena noticia, primo! ¡Es maravilloso! —Félix golpea su espalda, en un abrazo fraternal. Aunque su compañero, responde escueto y minimizado por el gesto— ¿Qué pasa? ¿No estás contento? ¿Estás asustado, acaso?
—¡N-No! ¡Estoy muy feliz, en serio! Bueno…sí. Un poco —rasca su nuca, tímidamente— Pero no porque esté rechazando la idea. Vamos, es que soy primerizo en esto. No sé qué se nos viene ahora…
—¿Que más se vendría, tonto? —sonríe jovial el británico— Serás padre, en hora buena.
—¿Qué harías tú?
—¿En dónde?
—¿Qué harías si Kagami de pronto te dice algo así? Ya sabes…—añade, grácil— Que está embarazada.
—Ay, Adrien —exhala, tomándolo con ligereza— No te podría responder ahora ¿Sabes? Mírame. Estamos de mal en peor. Kagami y yo nos movemos en un sub mundo peligroso. No es, claramente el mejor momento o la clase de vida que podríamos darle a un hijo.
—Entonces… ¿Le dirías que lo aborte?
—Eso jamás ¿Me oyes? Nunca. Si llegase a pasar, cosa que no creo. Pero si pasa, lo asumiría con responsabilidad. Yo amo a Kagami. Es la mujer de mi vida. Si me pide hijos, con gusto se los daré —asiente decidido, apretándole el hombro a su camarada. Ahora mismo, afirma los brazos sobre el barandal y observa en la distancia a la gran urbe nocturna— Ah…voy a extrañar este país.
—Creí que no te gustaba —murmura Adrien, recibiendo la brisa noctívaga en la frente— Aun recuerdo cómo te quejaste por venir a japón.
—Kagami ayudó en parte —exhala humor por la boca— No te confundas, sigue sin agradarme Tokio. Creo que es una ciudad decadente al igual que sus habitantes. Pero…la cultura me agrada. Su comida, sus templos, esas cosas —finaliza, tirando la colilla de tabaco al vacío— Ya me voy, primo. Una vez más, muchas gracias —le entrega un papelillo doblado— Este es mi nuevo número telefónico. No se lo des a nadie, por favor. Será nuestro contacto mientras esté lejos.
—Te voy a extrañar, Félix —el Agreste arroja el cigarro y lo abraza con intención natural— Cuídate mucho, por favor.
—Estaré bien, tontito —ríe Fathom, regalándole una nalgada de vuelta— No voy a morir, si es lo que estás pensando.
—Cualquier cosa…sabes dónde encontrarme —confiesa el francés, bosquejando una sonrisa cariñosa.
—Lo haré si es necesario. Aunque sabes…—camina hacia la escalera de emergencias— que no pretendo involucrarte en nada peligroso. Lo evitaré. Suerte.
—¿Suerte? Es la que más necesitarás tu…—piensa, despidiéndolo con la mano.
El día del juicio.
—Como juez y representante de la décimo quinta corte de Tokio, este tribunal y humilde servidor de estado, da sentencia al dictamen; conforme a la ley 30.321 del código penal. Se resuelve que: Félix Fathom es absuelto de todos los cargos, delitos y apremios ilegítimos en su contra, convirtiéndose en un ciudadano libre y habilitado para sufragio —demanda el varón, golpeando su pequeño mazo contra el escritorio— Notifíquese y archívese por el estado diario; en conjunto de las partes presentes, abogada y compañía —arquea una ceja— ¿Algo más que quieran agregar a esta tribuna?
—Nada más, su señoría. Mi cliente está conforme con el fallo —determina Lila, girándose hacia Félix. Le entrega en sus manos, la carta de su libertad— Te han levantado el arraigo nacional. A partir de ahora, eres libre de salir del país si gustas.
—Gracias, abogada —Graham de Vanily guarda el sobre en el interior de su chaqueta y se retira con una reverencia del estrado— Con permiso.
—Félix, espera…—Rossi lo persigue hacia la salida.
Creyéndose independiente y emancipado al fin, pequeño Kenji hace abandono del gran edificio, tentado a irse a la chucha. Si siguiente paso en el plan, es ir a casa, armar una maleta y largarse de japón en dirección a Norteamerica. No obstante, sus movimientos se ven truncados de un momento a otro, por el amargo sabor de la presencia de un intruso. Uno, que, a todas luces, al parecer le ha estado mordiendo los talones desde hace varios días. Un automóvil de vidrios polarizados, le aguardaba en frente de la puerta. Era lo que Lila, intentaba decirle. Aunque el, la hubiese ignorado. Un hombre de estatura promedio desciende del carro y le abre la puerta para que ingrese.
Félix junta el entrecejo con huraña negación. Podría tan solo oponer resistencia, apelando a la leyenda que gira en torno a su prestigiosa carrera delictual. Pero vamos, acaba de salir de un juicio en su contra. Armar un alboroto de esa índole en un lugar como ese, no es apropiado. No es una invitación. Es una orden. El rubio observa a su compañera por sobre el hombro, comiéndosela con la mirada. Ella, tan solo se encoge de hombros exhalando con obviedad. Y finalmente, ambos entran al auto. En el interior, les esperaba un singular personaje que por lo demás, acrecentó su odio en demasía.
—Colt…
—El placer también es mío, hijo —bosqueja Colt, con soberbia— No sabes lo mucho que me alegra que hayas salido por fin de prisión y, de todos los cargos.
—Y una mierda —berrea el británico— No creas que pensaré que de pronto, te bajó todo el amor por tu primogénito.
—No. En eso tienes razón. No me importa en lo más mínimo lo que sientas. Solo, lo que vales en tu peso —carcajea, fumando un puro habanero con avaricia— Ahora mismo, nos dirigimos hacia el registro civil. ¿Lo has notado?
—Estás loco —refuta Félix, con agravio— ¿En serio crees que yo-…?
—Se te acabó el tiempo, Félix —rezonga su padre, mientras el auto estaciona de lleno en el frontis de la institución— Te vas a casar ahora con Lila. Es una muy buena abogada. La mejor de todas, en sacar criminales de la cárcel y limpiarlos. Y esto lo hago por conveniencia. Para que ella, pueda heredar parte de nuestro patrimonio. Es básicamente, negocios. Y si te niegas más —le muestra la pantalla de su celular, dotada de imágenes de su encuentro amoroso— Le enviaré esto ahora mismo a Tsurugi, para que la pobre e inocente Kagami se retuerza en dolor. ¿Te queda claro o te lo escribo en una carta, estúpido?
—No…—revela Graham de Vanily, alzando ambas manos— Ya…entendí, Colt…
—Bien —gesticula, enfático. Abre la puerta del auto y los expulsa a ambos— A casarse, mocosos.
¿Qué más opciones tenía? Si de igual forma, iría a Rusia a buscar a su mujer. Sin más preámbulos o hechos para darle vueltas en el asunto, Fathom contrae matrimonio civil con Lila Rossi. Pero, es algo solo en papel. La misma mierda que hizo su primo y que de alguna forma, increíble por lo que parezca, si le da la libertad de irse a donde guste. Porque ni en pedo, será su marido. Es lo mismo que firmar un contrato absurdo de una actualización de hardware de su móvil. Una vez casados, sin un beso ni un signo aparente de cariño o displicencia, Graham de Vanily hace abandono del recinto con mirada altera y sagaz. Su plan sigue en marcha. Es hora de viajar…
[…]
—Bienvenido a los Estados Unidos, Félix —expresa Zoé, con amabilidad— Permíteme llevarte hasta tu casa. Tus papeles y la visa son legales. Ahora, podrás viajar por Europa a gusto.
—Gracias, Zoé —reverencia el pequeño Kenji, con sumisión— Por favor dime, como puedo irme a Rusia.
—Bueno…verás…
[…]
Ekaterimburgo. Universidad de leyes de Gumanitarnyy, 15:16PM.
—¡Ha sido una tesis asombrosa, Tsurugi! —revela un canoso decano— ¡Estás aprobada! Oficialmente, eres una ciencista de renombre —añade, brindando con un Vodka en la mano— ¡Dos hurras por la camarada Kagami! ¡Hip, hip!
—¡Hurra! —chillan los estudiantes.
Kagami Tsurugi finge disimuladamente estar orgullosa. Pero para ella, no es un gran logro ser reconocida en Europa como una distinguida doctora de leyes. Por el contrario, ya las expectativas de su madre no alcanzan su poderío en cuanto a sus verdaderos sentimientos y estilo de vida. Siendo hija de Yakuza, requiere salir de ese entorno nocivo y ácido, en compañía de un pobre escolta a las afueras del recinto educacional. Dos minutos antes de poder abordar el vehículo que la llevaría a su casa, son asaltados por un hombre en moto, que los acribilla sanguinariamente con una Katana delante de todos. Se estimula a mas no poder, pues le concede a su salvador, el dote de un verdadero hombre Yakuza de antaño.
El muchacho, la llama debajo del casco, haciendo rugir las bovinas de su moto.
—Súbete —demanda el sujeto.
Kagami ha reconocido la voz enérgica y dotada de masculinidad que la cita. Ese, es el vozarrón de Félix. ¿Quién más, si no? Como pidió en sus plegarias nocturnas, el ha venido por ella, cual príncipe rescatando a una damisela del dragón. Se monta en la parte posterior de la moto y el, le brinda un casco de protección. Con la mitad de la guardia diezmada, Fathom acelera rumbo a la nada. Y perdiéndose en la inmensidad de la avenida principal de la ciudad, desaparece, esfumándose en un recóndito viaje sin vuelta atrás.
Su destino…una casa rusa apartada de todos, en las afueras del distrito de Vysotskiy.
El primer reencuentro es entusiasta y dotado de mucha pasión. Apenas lograron entrar a la cabaña, ni los besos ni los abrazos dan cabida suficiente para su furtivo bailoteo; que los desliza acabando en el cuarto mismo. Kagami no entiende nada. No comprende, como llegó ahí, como salió de la cárcel ni si quiera como le encontró. Pero ya tendrán tiempo para charlar. Lo extraña demasiado. Y no tiene problemas en demostrárselo, con habilidad en la cama. Solo para cuando finalmente cae la noche y ambos, extasiados en cariños y sudor descansan, es cuando consigue un dialogo más fluido con su amante.
—Dios…—jadea Félix, desplomándose a su lado completamente desnudo. Suelta un carcajeo infantil, rayando en la locura de un post-orgasmo increíble. Lo ve y no lo cree. Por algunos momentos, realmente pensó en no volver a verla. Pero ahora, están juntos de nuevo. Lo que le obliga a depositar otro beso intenso y prolongado en los añorados labios carnosos de su mujer— No tienes idea…de lo mucho que te extrañé.
—Te tardaste —sisea una ruborizada Kagami, enrollándose a su cuerpo como un koala a un árbol— Yo también tenia mucho miedo ¿Sabes? Todo pasó…demasiado rápido. Ya me estaba volviendo loca en esa gélida casa.
—¿Qué pasa? ¿Creíste que no vendría por ti?
—Eso jamás —confiesa Tsurugi, recostándose sobre su anatomía para remover un par de mechones húmedos de su frente. Besa su mentón— Siempre tuve la convicción de que lo harías.
—Te hice una promesa ¿Lo recuerdas? —añade Fathom, deslizando una sábana por sus cuerpos; hasta cubrirle la espalda— Nunca te dejaré sola.
—Lo sé, pero…—desvía la mirada, abochornada— ¿Cómo es que lograste salir de la cárcel? ¿No tuviste problemas legales para entrar al país?
—En realidad, no actué solo —suspira, mas relajado que otra cosa. Masajea así, las mejillas rosadas de su compañera— Adrien me ayudó.
—¿Adrien? —balbucea dubitativa la nipona— ¿De verdad Adrien te ayudó? Que extraño. Por lo regular, tu primo es un debilucho que no se mete en nada que lo comprometa. Disculpa si te ofendo con ello.
—Tranquila —se mofa el inglés, esbozando una mueca dócil— No me molestas. Lo cierto es que a mi primo si le faltan huevos a veces. Pero solo para despabilar en el acto. Porque no dudo de que sea un hombre valiente en el fondo. Al menos no, cuando se trata de Marinette.
—Entonces…—la japonesa se levanta de su lugar, sentándose a su lado para cubrirse los pechos, con las colchas— ¿Me estás diciendo que Adrien te sacó de la cárcel? —examina, inquisitiva— ¿Solo él? ¿Nadie más?
—¿Quién más podría?
—No lo sé, Félix —murmura suspicaz, la fémina. Empequeñeciendo los ojos— Te conozco. Eres bueno mintiéndole al mundo, pero a mi no. ¿Qué escondes? ¿Acaso hay algo mas que no me estás contando?
—Eh…n-no…bueno…—Fathom exhala frustrado, pues una vez mas ha sido pillado en su tentativa de falsear la realidad de los hechos. Se sienta también, tomándola de las manos con ternura— Ah…demonios. Si. Colt estuvo detrás.
—¿Colt? ¿Tu padre? ¿El mismo que te odia?
—Te parecerá una locura, pero a veces pienso que lo mío con Colt no es personal. El odia a todo el mundo —se encoge de hombros— Pero si, fue él. Contrató a una abogada conocida de la familia. Aunque está claro que algo mas esconde detrás. De seguro, llegó a un acuerdo con Tanaka, el enemigo de Tomoe. Ya sabes —rueda los ojos— Ellos dos, tienen negocios juntos. Colt les vende armas.
—¿Estás diciendo que Colt traicionó a mi madre? —frunce el ceño con desazón.
—Colt traiciona a todo el mundo, cariño. Que no te sorprenda —sentencia Félix, con frivolidad— Es un hombre que solo vela por sus intereses personales. Incluso, le fue infiel a mi madre en el pasado.
—Y que bien que no heredaste sus genes —rezonga Kagami, hastiada con su relato.
—Si…que bien…—murmura más bajito— supongo que me he salvado de su influencia de mierda.
—¿Y? ¿Qué pasó entonces?
—¿Con que?
—Vamos, estamos hablando de Colt —añade Tsurugi, preocupada— Ya me has dicho que solo piensa en el cuando actúa. ¿Qué quería a cambio por ayudarte? No pretendes que crea que fue un acto samaritano.
—Bueno…sobre eso…—Graham de Vanily suelta sus manos, rehuyendo de su mirada con timidez. Se rasca la nuca, nervioso— te lo quería contar. Pero no pensé que después de hacer el amor, sería un buen momento.
—Ya me conoces, Félix. Puedo separar las cosas —espeta con serenidad.
—Si, este…jejeje…—admite, abochornado— me exigió casarme con la abogada. Su nombre es Lila Rossi. De la misma forma que te obligaron a ti, a contraer matrimonio con Adrien. ¡Pero, hey! No te alarmes o algo así. Solo es un mero arreglo comercial. Son negocios, como suelen decir los adultos. Yo no-…
—Mierda —Kagami se levanta de la cama, buscando su ropa interior para vestirse— Mierda, Félix —berrea furibunda la muchacha— Esto no es lo que teníamos en mente.
—No, mi amor. No lo era —Fathom se alarma con su reacción y se desliza hasta ella, siguiéndola— Pero tampoco lo era que yo cayera preso y tú, fueras literalmente secuestrada a venir a Rusia para escapar de mí. Tienes que entender…—ya con los calzoncillos puestos, la voltea para mirarla a los ojos— son medidas desesperadas que uno debe tomar.
—Pudiste negarte ¿Sabes? —masculle entre dientes la mujer— ¿Desde cuándo tan blandengue?
—La situación se complicó, Kagami —manifiesta liado el ojiverde— Mi madre le ha pedido el divorcio a Colt. Y el maldito me amenazó con hacerle la vida imposible si no aceptaba —miente— Amelie es una mujer decidida, increíblemente fuerte. Pero no se la puede sola. Su naturaleza…se lo impide.
—¿Y cual es tu plan ahora? —pregunta la Yakuza, con amargura— Porque imagino que tienes uno ¿No?
—Por supuesto que si —pequeño Kenji la abraza en el proceso— Todo estará bien. Vine a buscarte para llevarte conmigo. Claro que no nos quedaremos aquí. Nos iremos a Estados Unidos. Ya tengo todo listo para que viajemos mañana.
—Genial, pero ¿Y luego qué?
—¿Y luego…que, de qué? —parpadea, atónito.
—¿Qué haremos en USA, Félix? —inquiere, inquisitiva en su pregunta— Porque supongo que sabes las consecuencias de tus actos.
—Viviremos allá, amor…—sonríe ladino y seguro, el rubio— ¿No es eso lo que quieres?
—Félix…—suspira derrotada la chica de ojos marrones. Acto seguido, toma su rostro para clavarle una mirada decisiva— Todo muy bonito y romántico, casi como un cuento idílico de Hollywood. Pero la realidad está por sobre tus planes. ¿Qué piensas? Ok, mi madre me secuestró de ti. Y ahora tu me secuestras de ella.
—N-no te estoy secuestrando —revela, pasmado con sus palabras— Te estoy…liberando de ella.
—Pues no creas que será tan fácil. La libertad se construye —narra Tsurugi, completamente asustada— Para estas horas, mi madre ya debe de haberse enterado del desmadre que causaste en la Universidad. No se quedará tranquila. Va a buscarme, querido. Y cuando nos encuentre…—aprieta sus pómulos, con potestad— Te va a matar.
—Ya lo sé —refuta Fathom, acariciando con dejo de zozobra las manos que sujetan su rostro— No me subestimes. No soy una persona tan accesible de atrapar. Lo del incidente con Tanaka, no volverá a repetirse —junta el entrecejo— No se la haré tan fácil.
—¿Y viviremos toda la vida huyendo de ella?
—Si hace falta, sí. Además, Norteamérica es enorme —añade, seguro y con altanería— Y no es el único país al que podemos ir. Adrien trabaja con interpol. Podremos ir a donde queramos, mi amor. Solos, tu y yo…contra el mundo —proclama, esperanzado.
—¿Eso es lo que tú quieres?
—Si.
—¿Y me has preguntado, que es lo que quiero yo?
—¿Eh…?
Kagami Tsurugi le ha desarmado por completo con su pregunta. Es una excelente pregunta, por lo demás. Recordemos que finalmente, esta historia se ha contado a través de los ojos del varón. Pero ¿Qué hay de ella? Al parecer…no está para nada satisfecha o conforme con su arbitraria decisión. Se aleja de él, paseándose por el cuarto pensativa. Sin duda, no se asemeja a nada lo que buscaba en un futuro para ambos. Mas que inquieta, está asustada. Pero ¿De donde viene tanto temor de pronto? Félix siempre creyó que era una mujer implacable.
—Félix…yo-…
—Nos la arreglaremos —le interrumpe Fathom, esta vez posando sus manos sobre sus hombros— Confía en mí. Te protegeré de todos.
—No es eso…—desvía la mirada, temerosa— Es que yo en verdad…deseo…
—¡Shh! ¡Silencio! —la ataja Félix, cubriéndole la boca con la mano. Ambos, entran en alerta— Algo se acerca…
—¿Qué?
¿Es el sonido de un motor de vehículo lo que escucho? No, mas bien, de varios. A lo menos unos cuatro. Carajo. Mi suegra, nos ha encontrado. Raudos, cogemos nuestras prendas de vestir y nuestras pertenencias, apostándonos en la sala principal con actitud rebelde. Es tal como pensé. Un hombre, chilla desde el exterior. Reconocería esa voz a kilómetros. Es el maldito de Tojo Matsuhito, la mano derecha de Tomoe.
—¡Pequeño Kenji! ¡Sabemos que estás ahí dentro con Kagami-san! —berrea, con una Katana en el hombro— ¡Entrégala pacíficamente! ¡Y te doy mi palabra, de que Tsurugi-sama tal vez te perdone la vida!
—Que idiota…—piensa Fathom, observando de reojo por las cortinas del ventanal. Ha divisado a lo menos 10 sujetos. Todos, fuertemente armados con armas corto punzantes— ¡Tu y yo sabemos que eso no va a pasar, imbécil! —responde, desde el interior— ¡Así que ve y dile a tu jefa que pierde su tiempo! ¡Kagami viene conmigo! ¡Lárgate, si no quieres que te haga sashimi humano!
—¡Estás jugando con fuego, Fathom! —vocifera Tojo, ordenándole a los muchachos que rodeen la casa— ¡Sabíamos que eras altanero, pero nunca imaginamos que fueras tan estúpido, como para secuestrar a la heredera de los Tsurugis!
—¡No estoy secuestrada, cara de simio! —le contesta Kagami, al lado de su camarada— ¡Yo me escapé porque quise!
—¡Es usted muy ingenua, Kagami-chan! —Matsuhito camina hacia la puerta de entrada de la morada, tentado junto a dos hombres mas a ingresar— ¡Por favor, no se entrometa! ¡El problema es con el inglés! ¡No con usted!
—¡Si te metes con el inglés, te metes conmigo, tarado de mierda! —Kagami desenvaina su Katana también, dispuesta a todo— ¡Ya escuchaste a Félix! ¡Lárgate! ¡No tendré compasión contigo tampoco!
—¡Señorita! ¡Tenemos ordenes de llevarla con vida! —levanta el pie para patear la puerta— ¡No lo haga más difícil!
—¡Una lástima! —advierte soberbia la fémina— En un cajón me van a llevar.
—Si…esa es la Kagami que yo recordaba —Graham de Vanily le regala una mirada solapada de lascivia, apagando las luces del interior de la casona— Adelante, putos. Vengan si tienen huevos.
Se que mas de alguno de los Yakuzas temblaron ante mi amenaza. La leyenda que yo mismo me atrevería con humildad a admitir, sembré en los bajos suburbios de Tokio era de conocimiento público. Nadie, jamás, se atrevería a meterse con pequeño Kenji. Y si alguien al menos, por muy mono neuronal que fuese lo intentaba, acababa descuartizado en una zanja de mierda. He de reconocer finalmente, que esos hombres fueron mucho mas valientes de lo que pensé. Darme pelea, era una sentencia de muerte segura. De igual forma, seguían órdenes. Y posiblemente, morir bajo mi mano, era mucho mas indulgente que hacerlo por la despiadada de Tomoe. Después de todo, eran japoneses. Yakuzas. Tenían un honor que cubrir. Mismo, que me lo pasaría por el tajo de la verga si me provocaban. A los dos minutos de haberse silenciado le treta, la puerta principal es derribada. Entran dos sujetos armados por delante, otros cuatro por las ventanas y dos por la parte trasera y más, por los cuartos de atrás. Kagami estaba armada de una filosa Katana y yo, solo de una cuchilla corta y una pistola semi automática. El resultado, fue inequívoco.
En algún momento, creí inocentemente que sería yo el dueño, amo y señor de esta carnicería. Pero lo que menos me esperaba, era ver en acción a mi mujer. Les juro, que jamás la vi tan enajenada y salvajemente vehemente a la hora de actuar. Kagami solía ser muy insolente para hablar. Sin embargo… ¿Ser despiadada? Era una idea que navegaba como un naufrago en mi mente. Lo primero que vi, fue un brazo cercenado caer a mis pies. La sangre, salpicó su rostro. Completamente desquiciada, me hizo el favor de acabar con a lo menos 5 de los 10 pendejos que nos atacaron esa noche.
Fue un baile, una danza, un ritual de esgrima en pleno dojo de combate feudal del siglo XII. Así como mi pareja no tuvo compasión por nadie, yo tampoco la tuve. Y aunque suene macabro admitirlo, mi dúo disfrutaba en demasía lo que hacía. Era una verdadera asesina a sueldo. De tomo y lomo. Poco y nada le importaba ser brutal, feroz y cruel a la hora de matar. Me preguntaba si de cierto modo, el acto mismo le excitaba tanto como a mí. Como una especie de alter ego que ambos profesábamos ocultos tras un manto de honesta mirada.
¿De dónde…ha salido esta mujer? Es increíble. En algún punto, ella pierde su espada. Pero no es motivo para declinar. Por el contrario, puedo notar a la luz de la luna, como se mece sobre uno de los maleantes, haciéndole una llave de judo que asfixia al pobre bastardo.
—¡Maldita perra! —berrea otro, abalanzándose hacia ella— ¡Ya no me importa matarte! ¡Muere!
—¿A dónde crees que vas, infeliz? —espeta Tsurugi.
Me ha dejado helado. Violentamente le revienta la jeta en una patada casi voladora, que lo reinicia al útero de su madre. Su cabeza se azota contra el ventanal, cortándose en pedazos con los miles de vidrios que acaban incrustados en su destruida cara. Otro pobre diablo la acomete por atrás. Pero ella, se desliza debajo de su axila, lo coje del brazo y luego de quebrárselo como una rama debilucha, le quita la cuchilla de la mano y se la entierra de lleno en el ojo derecho. La sangre se rocía, como un tatuaje de guerra sobre su ropa.
—Ouch…yo escuché eso —carcajea Félix, sobre estimulado con su reacción— ¡Que rico!
—Estoy practicando nada más —esboza Kagami, limpiando el sudor de su frente victoriosa— Ahora… ¿Quién sigue? —mira de lado a lado.
Literalmente…no queda nadie. Solo Tojo Matsuhito, quien yace de piedra en el vestíbulo de la morada. Félix enciende la luz. El panorama, no parece ser para nada alentador para el varón. Hay cuerpos, sangre, tripas y desmembrados en el suelo.
—Se acabó, Matsuhito —advierte Fathom, apuntándole con una pistola— Sabes que no suelo usar estas cosas de mierda. No es "honorable" Pero dada la ocasión en donde me tocaste bien los cojones, espero entiendas que es menester para mí, meterte un puto balazo entre ceja y ceja.
—Ustedes dos…—masculle el japones, apretando el pomo de su Katana— Están enfermos…
—El mundo está lleno de gente enferma, Tojo —agrega Kagami, levantando su sable samurái desde el suelo, para apuntarlo de lleno— Pero créeme, que no se ven como nosotros. Ultima oportunidad —sentencia— Si no te largas ahora, le enviaré tu cabeza a tu esposa y a tus hijos como regalo de navidad.
—Tsurugi-san…—traga saliva el hombre, compungido— Yo no quiero hacerle daño. Por favor…entiéndame. Yo la vi nacer…y crecer.
—Que bueno por ti, pero yo no tuve ese privilegio —se encoge de hombros, dando cuatro pasos hacia adelante— Y me importas una mierda. ¿Te lo dije o no te lo dije antes? Si…te lo dije. Te voy a descuartizar y cuando tu cadáver nade en el Sunagawa, me comeré tu corazón —gruñe, con voz animal.
—Ka-Kagami…—tiembla, horrorizado con su mirada— N-…
—¡WOF! —ladra Kagami.
¿Pueden creerlo? ¡Lo veo y no lo creo! ¡El maldito idiota soltó la espada y salió corriendo todo meado y cagado por la entrada! ¡Jajaja! Se monta en su sucio auto y se larga bien a la verga, desapareciendo en la noctívaga noche rusa. Increíble…
He de admitir que nunca escuché a Kagami amenazar de esa forma. Mucho menos utilizando esas palabras tan macabras. Pero no estoy para nada atormentado. Por el contrario. Esta es la chica que amo. Y demonios, como me gusta cuando se comporta como una maldita sicaria desalmada. Dejando pasara todo atisbo de desagrado por la escena misma, corro a ella y nos besamos con intenciones reproductivas. Es…sublime. La amo. La amo mucho. Y de cierta manera, se activa una alerta interior que me dice: No se te ocurra encabronarla, tonto. El recuerdo de Lila me asalta. La suelto, disimulando profesarme asqueado con tanto muerto regado por el piso. Rio jocoso.
—Bueno…espero que hayan tenido seguro social —bromea Félix.
—Tenías razón —confiesa Tsurugi, con nostalgia— No hay manera de que podamos llevar esto de una forma pacífica. Tendremos…que huir.
—Tu también la tenias —admite Félix, limpiando los rastros carmesí de su rostro— Tu madre no se detendrá hasta matarme.
—Jamás permitiré algo como eso ¿Me oyes? —sentencia Kagami, clavándole una mirada certera— Lucharé, todo lo que tenga que luchar, para protegerte de ella.
—Somos dos en eso, mi amor —asiente, cogiendo su bolso en el proceso— ¿Nos vamos? La policía no tardará en venir.
—Si…es lo mejor —copia su gesto, envainando su katana; la cual acaba sobre su espalda— ¿Norteamérica entonces?
—A donde quieras —le guiñe el ojo— Vamos —aprieta su mano— Mi amor…
Ekaterimburgo. Dia y lugar desconocido.
—¡ERES UN INUTIL!
Tomoe azota con su Bokken al varón, sacándole un diente en respuesta. Este, rueda por el suelo. Tojo Matsuhito le reverencia completamente sumiso sobre un tatami, derrotado. Su cabeza, pegada al suelo. Se disculpa una y otra vez, excusando su falsa modestia.
—¡Perdóneme lo que le diré, Tsurugi-sama! —confiesa, obtuso— Pero creo…que fuimos muy pretenciosos con el tema.
—¡¿Qué insinúas, pedazo de mierda?! —berrea la mujer.
—¡Que hemos subestimado a su hija! —revela su mano derecha, humillado y deshonrado— Con todo respeto…mi señora. Usted no ha sido del todo honesta con nosotros.
—¿Cómo dices, insolente?
—¡Usted nos dijo que su hija era una víctima del inglés! —manifiesta, desesperado— Pero…lo que vi esta noche, no se asemeja para nada a la historia que nos ha contado. Ella no es ninguna rehén inocente…—levanta la mirada, tomando cartas en el asunto con potestad— Kagami masacró a todos, sin un ápice de culpabilidad. Es…una maquina mortal de matar, mi señora. Y le gusta…goza con ello.
—Bueno, eso no me ofende —agrega Tomoe, con petulancia— Yo misma la críe para que lo fuera. ¿Pero eso que tiene que ver, con que seas un fracasado? ¡Tus ordenes eran claras, Tojo! Kagami no es mi objetivo. Te dije, que me trajeras al maldito inglés.
—¡Es que usted no entiende, señora! ¡Es lo que intentamos! —vocifera frustrado el varón, sintiéndose esclavo de sus palabras— No hay forma de…llegar al ingles, si no es pasando por ella. Ella…
—Si —agrega a su relato, sentándose mas calmada sobre su sofá personal— Ella lo defiende. ¿Es eso lo que dirás? —el muchacho asiente— Era lo que me temía…
—Es una dragona, Tsurugi-sama —sentencia, abrumado— Tira fuego por la boca. Los muchachos y yo creíamos que el malo de la historia era Félix, pero-…
—Para, ahí —le intercepta, soberbia— No se te ocurra insinuar que mi hija es la responsable de este desmadre o la mala. Admito que ha actuado como una verdadera Tsurugi, no te confundas. Sigue siendo manipulada por el veneno ponzoñoso de ese sucio británico.
—Tsurugi-sama, por favor…no sea tan ciega…—señala el menor, compungido— Kagami está actuando por voluntad propia. Si la hubiera visto…
—Suficiente, Matsuhito —Tomoe se levanta abruptamente— Por cierto ¿Por qué mierda sigues vivo?
—Ella…fue muy indulgente conmigo —admite, avergonzado— Me perdonó la vida. Pero dijo que lo haría, solo para que le diera este mensaje.
—¿Qué mensaje?
—Mientras me subía al auto, dijo…—recuerda.
"Yo amo a Félix Fathom. Y mientras el viva, yo viviré por él. Ve y díselo a mi madre. Primero, tendrá que matarme a mi"
—Ah…que bien —esboza la fémina, bosquejando una mueca sarcástica en el proceso— Ella misma nos ha dado la solución al problema.
—¿Disculpe…? —parpadea, embrollado.
—"Mientras Félix Fathom viva" —redunda, con maquiavélica expresión— El plan sigue en marcha, Tojo. Levántate del puto suelo y tráeme el teléfono —demanda— Es hora de hacer una llamada…
[…]
—Esta situación no puede seguir así, Gabriel —berrea Colt, mientras fuma un puro habanero— Debes cortarlo de raíz.
Tokio, 16:30PM. Mansión Agreste.
—Lo que me pides, es una estupidez, Colt —rezonga Gabriel, bebiendo una copa de vino en el proceso— Yo no haré nada más. Está hecho.
—¿No te da vergüenza acaso? —chista el norteamericano, con actitud nauseabunda. Acto seguido, mira a su mujer— ¿Y tú? ¿Emilie? ¿No dirás nada acaso?
—Escucha, Colt —agrega la rubia, cruzada de brazos— Suficiente ya hemos aceptado como familia. No creas que tus abusos sobre mi hermana, han pasado desapercibidos para nosotros. Amelie ya te pidió el divorcio. Por favor —exige— Se digno y acepta la realidad. Te queremos fuera.
—No está en discusión ese tema —declara Fathom— Ya se lo dije a Félix antes y se los repito a ustedes. Yo le daré el divorcio como piden —frunce el ceño, sagaz— Pero primero, tendrán que desarmar esta farsa.
—¿De que farsa hablas, por favor? —espeta Emilie.
—Vamos, mujer —ríe con ironía— Tu hijo, es un adultero. Se casó con Kagami, pero folla con Marinette Dupain-Cheng. Ya nos hemos enterado todos del tema —se cruza de piernas— La muchacha está esperando un hijo bastardo de ese matrimonio.
—Mucho cuidado con tus palabras, Fathom —advierte la señora Agreste, furibunda— No es un bastardo. No nos trates como idiotas. Por supuesto que estábamos al tanto de esa relación. Si casamos a Adrien con la Tsurugi fue por otro tema.
—"Otro tema" —carcajea Colt, sarcástico— Son unos hipócritas. Y se jactan de mí, llenándose la boca con mi forma de actuar, como si no actuaran igual.
—¿Qué quieres, Colt? —refunfuña Gabriel, mosqueado ya con su presencia— Ni pienses por un segundo, que le haremos daño a nuestro hijo. Su relación con Dupain-Cheng, es aprobada por mi esposa. Y a diferencia de ti, a mi si me importa mucho lo que mi mujer opine. Puesto que yo la amo.
—Esto es simple, Agrestes —Colt se levanta de su posición, extinguiendo el puro sobre un cenicero— Resulta ser, que Adrien por la ley es un infiel. Y Tsurugi no lo acepta más. Ha dado claros indicios de disolver nuestro negocio trípode —añade— Mi hijo, el imbécil de Félix, se ha embrollado con Kagami Tsurugi. Exige que ambos se alejen. Si no puedo darle esa seguridad, amenaza con destruirlos.
—¡Eso jamás! —berrea Emilie, colérica— ¡Ni se te ocurra meter a mi hijo en tus turbios tratos con los Tsurugi! ¡Gabriel no-…!
—Ok. Suficiente he oído —interviene el francés peliblanco, levantándose también— Colt, tu plan es básicamente acabar con tu propio hijo. ¿No? Pero eso no arrastra a Adrien al trato. En estos momentos…solo me importa su seguridad.
—¿Qué estás diciendo, cariño? —parpadea estupefacta su cónyuge— ¿Qué demonios planean?
—Perdóname, Emilie —sentencia Gabriel, denostado— Pero no tenemos opción…
—¡No! ¡Espera! —interviene su esposa, ultrajada— ¡No vas a aceptar ser parte de esto! ¡¿O sí?!
—…
—¡Es tu sobrino, Gabriel! —Emilie apela a su buena providencia. Pero ¿Qué motivos tiene? Ahora mismo, su esposo ni si quiera está escuchando sus demandas— Dios mío…Gabriel…no puedo creer que quieras congeniar con este mal hombre. Colt es malvado —berrea, en su oído— ¡Félix es el único hijo de mi hermana! ¡No hagas esto-…!
—¿Me das un minuto, Colt? —relata Gabriel, jalando a su mujer hacia otra habitación, para hablarle en privado— Escúchame, mi amor. No estoy de acuerdo con esto. Pero es momento de poner paños fríos al asunto. En estos instantes, aunque suene egoísta, debo proteger Adrien. ¿Entiendes lo que siento? Marinette está embarazada de nuestro hijo, cariño. Es nuestro nieto, mujer…
—Y créeme que lo entiendo. No soy estúpida Gabriel —rezonga la señora Agreste, recelosa— Pero eso jamás me llevaría a pensar que debo sacrificar la felicidad de Adrien por la del hijo de mi hermana. Es nuestro sobrino, amor. El único que tenemos. Se que Félix ha actuado de formas erráticas y es distinto a nosotros. Pero no es un mal muchacho. Es un chico bondadoso, sensible y muy honorable por lo demás. Y, además, si haces esto, Adrien no…—desvía la mirada, decepcionada; recula— Tu hijo no te lo va a perdonar nunca. Para Adrien, Félix es como el hermano que nunca tuvo. Y se que viceversa, se siente igual.
—Vale —asiente, derrotado— ¿Y entonces que sugieres? ¿Qué no entiendes?
—Sugiero cualquier cosa, menos una cacería en contra de Félix. Solo porque se le ocurrió la brillante idea de enamorarse de Kagami —manifiesta Emilie, injuriada y muy ofendida. Acto seguido, se separa de el— Arréglatelas como puedas. Engáñalo, si es necesario. Te doy permiso. Pero no lastimes a ese pobre niño. Te lo prohíbo, Gabriel. Y si piensas hacerlo yo…—advierte— yo me divorcio. ¿Me oyes? Me divorcio.
—…
De regreso al vestíbulo.
—¿Ya hablaron los tortolitos? —bufa Colt con arrogancia.
—Si. Mi esposa, ya entendió el tema —miente Gabriel, bosquejando una falsa mueca de engreimiento— Ya sabes como son las mujeres, Colt. Muy débiles —le engaña, mostrando machismo en sus palabras para congeniar— Haremos lo que sugieras. ¿Cuál es el plan?
—Bien —diseña en el rostro, con maquiavélica mueca en respuesta— Encontrarlo
Gabriel y Emilie se miran solapadamente con su petición. Claro que les conviene. Después de todo, desean que su hijo sea libre ahora que será padre dentro de poco. Al final del día, son abuelos casi obnubilados. Asienten, coludidos.
—¿Y qué más? —inquiere Gabriel.
—Solo eso —añade— Me vas a ayudar con tus recursos. Una vez lejos el idiota de mi hijo de esa mujer, todo se dará por añadidura.
—Hecho —Gabriel estrecha su mano derecha con el norteamericano— Pero solo una ultima condición. Y transmítela a Tsurugi-san.
—¿Cuál es esa?
—Una vez lo encuentres, Adrien y Kagami se divorciarán. Y, no tocarán a Adrien ni a Marinette jamás —sentencia el señor Agreste— Ni si quiera a sus hijos a futuro. Se alejarán de nuestra familia. Toda mierda que quieran aclarar, será entre ustedes. ¿Ok?
—Ok —Colt apretuja su mano, confianzudo— Un placer hacer negocios con ustedes, Agreste —añade. Se levanta de su asiento, caminando hacia la salida.
—Y Colt —agrega una ultima condición. Es Emilie quien, lo interpela— Si no acaban con Félix, lo dejarán ir. ¿Ok? A él y a Kagami.
—Jajaja…—carcajea soberbio el varón, asintiendo en respuesta— Si, claro que sí. Lo dejaré ir…—sale por la puerta— Adiós, idiotas.
—Idiota tu —enuncia Emilie, satisfactoria— Jamás matarás a mi sobrino…date por muerto, imbécil.
[…]
—Discúlpame la hora, Zoé. No teníamos a donde más ir…—se excusa Fathom, entrando a su apartamento.
—¡Tranquilos! —transmite con jovial cariño la rubia— ¡Son amigos de Adrien y Marinette! ¡Sean bienvenidos!
Nueva York, jueves, 22:20PM.
—Que apartamento mas decente tienes, Lee —reverencia Kagami, con actitud honorable— Muy bonito.
—Aguanta, no hace falta que seas tan "japonesa" para mí. Todo bien —carcajea Zoé, mostrándole su cuarto— Aquí dormirán todo lo que gusten.
—Descuida, solo nos quedaremos un par de noches hasta encontrar donde asentarnos en este país —advierte Félix, con humildad— Venimos desde Rusia y viajamos mucho. ¿Será posible que…?
—¡Todo resuelto, primo de Adrien! —Zoé les regala la vista de un baño amplio y cómodo, solo para los dos— Por favor, háganme el honor de compartirlo. Pídanme lo que quieran, les juro que tengo motivos de sobra para ayudarlos.
—Gracias —esboza Félix— Yo no-…
—¿Y esos motivos cuáles serían? —interroga Kagami, con suspicacia.
—¡Mi amor! —interrumpe Graham de Vanily, abochornado por la actitud desconfiada de su pareja— Perdónala, es que es-…
—¡No! —ríe jovial la americana— No me ofende, en serio. Te lo contaré si no lo sabes, aunque a estas alturas, estamos todos emocionados —chilla— ¡Adrien y Marinette serán papás! ¡¿Puedes creerlo?! —se remueve cariñosa sobre su lugar, tomándose las mejillas, ruborizada— Me enteré la semana pasada. Pero me llegó el chisme como el aire. Estamos todos tan emocionados, que decidimos darle una mano a lo que pidiera. ¿No te parece una bendición, Kagami?
Kagami se acaba de poner pálida, como una estatua griega del antiguo roma. No quiero pensar que se lo tomó muy mal. Solo, de sorpresa ¿Ok? Me mira preocupada, pero yo sonrío. Se lo que debe de estar pensando. "Tomoe y Colt". "Ellos irán por Marinette y Adrien si lo saben" Pero vamos, no es momento de pensar en esos dos imbéciles. Acabamos de escapar victoriosos de Rusia casi masacrando a una mitad de sus sequitos y lo que menos quiero remembrar, es aquello. Intento hacerle ver a mi mujer, que Zoé es muy condescendiente con nosotros en su casa. Nos ha dado mas que hospitalidad, si no cobijo y protección jurisdiccional, pues le confieso a mi pareja que ella trabaja en la embajada norteamericana y labura con interpol. Estamos en territorio seguro. Pero ella…no se siente tan positiva del todo. En un intento por amagar a su buena voluntad, mientras compartimos baño sobre una tina llena de burbujas, me arrimo a ella y le explico de manera templada la situación.
—Perdóname…—confiesa Félix— No pensé que fuese a importarte. Pero yo me enteré hace super poco, como tú.
—¿Cuándo me ibas a decir que tu primo y Marinette serán padres?
—Cuando dejaras esta actitud agria y furibunda.
—Félix…estamos huyendo de mi madre. No me pidas menos.
—Ya sé, mi amor. Pero, necesitas relajarte por unos segundos ¿Sí? —admite Fathom, masajeando dulcemente sus hombros— Estás muy tensa y si te pones en ese plan, no lograrás pensar con claridad nuestros siguientes pasos.
—En realidad…—admite Tsurugi, nostálgica; mientras se permite agasajar por su pareja— Es la primera vez que te dejo tomar el control a ti de la situación. No suelo ser una mujer que se reste de los acontecimientos. Y créeme, no es personal. Es solo…que me cuesta un poco. Entiéndeme, por favor.
—Nadie te está culpando, Kagami. Descuida —esboza Graham de Vanily, depositando un beso casto en sus labios— Mira. Norteamérica es enorme —agrega, tomando su móvil del mueble para acercárselo a ella. Juntos, googlean sobre la pantalla— Tenemos muchas partes a donde ir. ¿Tu madre conoce este país?
—Muy poco —manifiesta la japonesa, apoyando su espalda contra el pecho de su amante. Examina las paginas web que pasan de un lado a otro, con el dedo— Eso nos da cierta ventaja.
—Mientras no se alíe con el idiota de Colt, todo bien —añade el rubio— El, si que conoce todo estados unidos.
—Ya le diste a Colt todo lo que pedía ¿No? —sugiere mas tranquila, la fémina— Te casó con esa mujer y además, está en divorcio con lady Amelie. Creo que, en verdad, nos dejará en paz por un tiempo —se detiene en una publicación en particular— Mi madre quiere matarte. Sé que te llevas mal con tu padre, pero dudo que el quiera lo mismo. Después de todo, eres su hijo.
—Bueno, si…en eso tienes razón —Félix se encoge de hombros, rascándose la nuca un tanto embrollado— No tiene sentido casarme para luego matarme. Sin contar, el hecho de que mi madre no lo aceptaría.
—Esta casa me gusta —le extiende el teléfono, revelando así el contenido de lo que examinaba hace un momento— Está al norte del condado de Clark, en Nevada.
—Nevada se ve un buen lugar para vivir ¿No crees? —consulta esperanzado, el varón.
—Si. Pero está casi al otro extremo del país. ¿No será muy duro el viaje para ti?
—Míranos —murmura grácil el hombre, rodeándola con sus brazos hasta regalarle un mimo tierno sobre su mejilla derecha— Mira que tanto hemos llegado ya. Ir un poco mas lejos, no nos hará daño. Todo estará bien —suspira, complacido con su idea— Haremos que funcione.
—Félix, yo…—Kagami hace una pausa prolongada, depositando el móvil de vuelta a su lugar; fuera de la bañera. Acto seguido, se gira hacia él, tomándole del rostro con ternura— Quiero que sepas…que estoy arrepentida de haber aceptado casarme con tu primo. Siento que fue una estupidez y una inmadurez de mi parte. No estaba pensando bien las cosas. Actué de manera fría y soberbia, creyendo que no me pasaría la cuenta mas adelante. Pero…me equivoqué —confiesa, apenada— Ahora mismo, si tan solo pudiera volver el tiempo atrás, rechazaría ese compromiso forzado.
—¿Qué…estás insinuando…? —Félix se ruboriza de golpe.
—Que…—lleva un par de mechones sobrios detrás de su oreja, sonrojada también— si tuviera que elegir, sin duda te elegiría a ti para eso.
—Kagami —Fathom toma sus manitos, con un brillo ocular febril— ¿Te gustaría ser mi esposa?
—Para mí sería un honor, serlo —asiente, sonriente— Nada me haría más feliz. Creo sin duda alguna, que eres el hombre con el cual me gustaría pasar mi vida entera. Se que quizás suene una cursilería, viniendo de mi —ríe, nerviosa— Pero yo no-…
—No digas más. No lo es —niega, atosigado de aire caliente en el pecho— Es lo mas lindo que me han dicho y yo con gusto aceptaría.
—¿Te casarías conmigo? —se arrima a él.
—Si. Sin dudarlo —imita el gesto, juntando su frente contra la suya en el intertanto— Me gustaría ser tu esposo.
—¿No te parece medio sacado de onda? Que sea yo, la que te lo pida y no al revés como tradicionalmente es —se mofa, inquieta.
—Para nada. Y mucho menos viniendo de ti, que eres una mujer tan fuerte e independiente —asiente, satisfecho con sus claras intenciones— Eres una chica increíble, Kagami. No podría esperar menos de lo que eres. Te amo…te amo mucho —agrega, dejando en claro sus sentimientos. Toma su mentón y la besa— Los tiempos están cambiando y romper esquemas, es lo nuestro.
Hemos jurado ante…nada, porque estamos literalmente en una bañera. Pero vamos, equis. Félix me mira así y me desarma. Hemos jurado delante de nuestros corazones desnudos, prometer amor eterno. Y casamiento, que, si bien parece una declaración de muerte súbita como una accidentada crónica anunciada, para mi es lo más parecido a ello; permanecer juntos hasta nuestros días. Terminamos la ducha y en cuanto salimos del baño, Zoé nos recibe con una nueva invitada inesperada. Es una muchacha de piel morena y viste un uniforme militar. ¿Quién es esta? No me da buena espina.
—Perdonen, olvidé decirles que mi pareja vendría hoy —se excusa Lee, bosquejando una mueca amistosa— Kagami, Félix. Ella es Jessica Keynes. Mi novia…
—Ah…es un placer, señorita. Félix Fathom para servirle —espeta Graham de Vanily, tentado a estrecharle la mano. La mujer rechaza su saludo, reacia. Algo que alerta a Tsurugi de inmediato, con actitud solapada. No comprende— Disculpe, yo no-…
—Un Fathom —Jessica fulmina a su compañera con morriña, bosquejando una mueca recelosa. Rehúye de su saludo, quitándole la mano de golpe— Genial. ¿Esta era tu sorpresa, Zoé?
—Perdón —se disculpa la rubia, cabizbaja— Es que me dijiste que-…
—Si. Así es —rezonga Tsurugi, frunciendo el ceño en respuesta al rechazo de su futuro esposo, que ya da por hecho que lo es— Ya se presentó. Es Félix Fathom. ¿Algún problema con eso?
—Cariño…—balbucea el ojiverde, acobardado con su interpelación.
—Jm…—ríe Keynes, con altivez— Con una Tsurugi. Es tal como pensé —agrega, aceptando estrechar su mano con violencia. La estruja de arriba hacia abajo— Un placer, Fathom.
—Félix —aclara el británico, furibundo— Mas-…
—Mas Graham de Vanily que otra cosa, lo sé —completa la oración la norteamericana, caminando hacia el despacho de su pareja— Ven conmigo, hijo de Colt.
—¿Cómo es que…conoce a Colt? —parpadea, estupefacto el europeo. La nipona le ataja del antebrazo, negando con la cabeza. El, asiente, soltándose. Desobediente, la sigue hasta el despacho de su amante y se sienta frente a ella— Disculpa mi ignorancia. Nadie nos presentó antes. Pero…veo que conoces a mi padre.
—Hueles bien —olfatea Jessica, con la nariz alzada en el cuarto. Félix responde con un rubor notorio en el rostro, minimizado para olerse las prendas de vestir. Acto seguido, la muchacha le ofrece un Whisky con hielo, adivinando sus gustos— A las rocas.
—¿Cómo sabias que…?
—Se que te mosquea. Lo noté cuando te nombré por tu apellido. Pero, aunque te duela, te pareces a el —sentencia Jessica, sentándose de lleno sobre su silla— Vamos al grano, Félix.
—¿Qué sucede? —toma un sorbo de su trago. Lo saborea en el paladar, estupefacto por el sabor— Dios…sabe muy bien lo que me cabrea. Pero… ¿Qué es?
—Jajaja —carcajea la morena— No es Whisky. Es Whiskey. Un destilado similar al suyo. ¿Te ha sentado bien, hombre inglés?
—Muy bien…pero…—lo deja de lado, juntando el entrecejo— Dijiste que iríamos al grano. Así que, a la vena. ¿Qué quieres de mí?
—¿Este hardware es tuyo, Félix? —Jessica le revela un pendrive en medio de dos dedos. Reconoce el toque de su familia con la F.
—Si. Es el programa de hackeo que diseñé para mi familia…
—Para Colt, querrás decir —rezonga la fémina, con soberbia— Se lo que me quieres preguntar ahora mismo, así que te lo aclaro —suspira— Si. Conozco a tu padre. Hizo el servicio militar con el mío. Fueron buenos amigos hasta que…—sentencia con amargura— Tu padre decidió seguir sus propios caballos de batalla. Mi papá intentó detenerlo en el consejo, pero fue despedido por esto —lo fulmina con la mirada, después de haber dado un trago de lleno de su vaso de Whiskey— Así que ya imagino lo que debes de estar pensando.
—No. Te juro que no —advierte, con inocencia real el inglés— ¿Qué intentas decirme? Si admito que ese es el programa que cree cuando era más joven. Fue hecho para una exposición científica. Yo tenía 15, lo juro. Pero ¿Qué mierda o relevancia tiene ahora? No veo lo malo en ello. Era básicamente un troyano de nivel 2 para entrar a las consolas de control de los comandos de DNS que yo no-…
—¿Por qué lo hiciste? —rezonga la militar.
—Porque quería ganar el concurso de la escuela.
—No. En serio —farfulle la muchacha, lacerándolo con la mirada— Dime por qué lo hiciste en verdad.
—Es que…no recuerdo bien —se toma la cabeza, un tanto cohibido— Pero…debe de haber sido para impresionar a Colt o algo así. Escucha —esboza una ladina sonrisa, bastante incomodo— Antes yo era muy estúpido ¿Sí? No me creas cómplice de nada de lo que el ha hecho en los últimos 10 años.
—Tu padre le vendió esto a los Tsurugis —insiste— Una de las empresas con la mayor alta gama de tecnología en el mercado negro.
—Si, lo sé —responde con templanza.
—Lo sabes, porque sales con una Tsurugi —manifiesta reacia la norteamericana.
—No. Lo sé, porque trabajé con los Tsurugi personalmente —revela— Es más, yo le ayudé a perfeccionarlo y…—calla de golpe, abriendo los ojos como dos focos gigantes— Espera… ¿Esa cosa que hace realmente?
—¡¿Cómo dices?! —lo increpa, colérica— ¡¿Tu les ayudaste a mejorarlo?! Joder…y decías que "antes" eras estúpido —ironiza.
—¡Tu no sabes como sucedieron las cosas! —refuta, molesto.
—¡No! ¡Pero eso da lo mismo! —Jessica golpea el escritorio con violencia y se levanta de la silla— ¡Porque, aunque quieras restarte ahora del problema, eres parte de el! —lo toma de la ropa y lo fulmina con los ojos— Tsurugi se lo vendió a los rusos. Y en estos momentos, esta basura está en manos de gente que podría hacer mucho daño.
—¡Ca-Cálmate! —se defiende, a duras penas— ¡¿Cómo demonios iba a saber yo que caería en manos de rusos?!
—¡¿A que edad te diste cuenta, que debías levantar la tapa del WC para orinar?! —chilla sarcásticamente— ¡Eres un imbécil, Félix! —lo suelta de golpe— Esta mierda ahora es capaz de entrar a un satélite y derribar cualquier sistema de seguridad en un abrir y cerrar de ojos. ¡¿Te das cuenta de lo que hiciste?!
—¡No! ¡No me di cuenta de lo que hice! ¡Pero ahora lo sé! ¡¿Ok?! —vocifera Fathom, horrorizado con la noticia— ¡Entiéndelo! ¡Yo trabajaba para ellos! ¡Yo era un Yakuza! ¡¿Crees si quiera pensé que al final del día mi propia jefa me…?! —desvía la mirada, totalmente derrotado— Bueno, no. De igual forma, yo la traicioné primero. Era natural que tomara represalias —toma un sorbo extenso de su vaso; en manera disuasiva para calmarse.
—Te pasa por andar jugando a los criminales, enano —berrea Kaynes, tomándose de lleno su trago. Aclara la voz— No sé que te habrá visto esa japonesa. Eres un perdedor.
—Humillarme no resolverá tus problemas ¿Sabes? —masculle frustrado el inglés.
—No. No lo hará —agrega, rellenando su vaso— Pero me sirve de terapia. Mi psicólogo es un tarado.
—Genial. Avísame para cobrarte entonces por la sesión —chista con infantilismo, el rubio. Acto seguido, exhala embrollado— Ya está, Jessica. ¿Para esto me hablaste? ¿Qué carajos quieres de mí, en realidad? Mas bien…—arquea una ceja, suspicaz— ¿Quién eres en el fondo?
—Soy militar. Trabajo para la inteligencia norteamericana —sentencia.
—¿Eres un agente de la CIA o algo así?
—Ahora mismo, soy tu ángel redentor.
—No me intimidas —se encoge de hombros— Por si no lo sabias, estoy limpio de cargos.
—Quizás en japón. Pero perfectamente podría procesarte aquí en Nueva York, genio —lo amenaza con voz hosca— Eres cómplice de esto. Y tengo tu confesión guardada justo aquí —le enseña una grabadora, dentro de un pequeño bolígrafo.
—Escucha, mujer —Félix entra en colera, inmiscuido en rabia y desgracia— Tu no tienes la más puta mínima idea, de todo lo que he tenido que pasar para llegar aquí. Estuve preso, mi padre me odia, los Yakuzas me detestan y ahora la madre de la mujer que amo me anda buscando para cortarme la jodida cabeza. Intentó asesinarme en rusia —narra, malogrado— En estos momentos, ni si quiera sé si ya sabe que estamos aquí. Podría salir por esa puerta y recibir un balazo en la cabeza sin problemas si quisieran. Pero claro, eso no te importa una mierda ¿No? Solo estas haciendo tu "trabajo" —se levanta, con los puños apretados— ¡Y a pesar de todo eso! Mi vida, no me interesa. Mi prioridad ahora, no es pelear. Es proteger a Kagami —agrega, cabizbajo— Por si no te has dado cuenta, venimos huyendo hace varios días. Lo que significa, que continuaremos en el mismo camino, hasta poder ser felices juntos.
—Ay…que enternecedor —le aplaude la morena, con dejo de altanería— ¿Debería sentirme conmovida por tu patética historia? Pues que crees —ríe— Estas muy lejos de provocarme lastima. Tienes razón, Fathom. No me importa una mierda. Y no me interesa que tanto te esfuerces por ingenuamente, salir adelante. Nada de lo que hagas a partir de ahora, borrará lo que hiciste. Así que será mejor que dejes esa actitud de perro atropellado y seas un hombre de verdad. ¡Asume la responsabilidad!
—…
—Pasar una vida entera huyendo de tus problemas, suena bastante jodido para mi —la agente se levanta, dándose un paseo por la habitación con el vaso en la mano— Se que en el fondo estás consciente, que ellos jamás te permitirán ser feliz con la japonesa.
—Vale…ya entendí —Félix se deja caer sobre el asiento, vencido en la contienda— ¿Qué es lo quieres que haga entonces?
—Si realmente quieres ser libre, tendrás que esforzarte un poco mas —le planta el pendrive en el escritorio— Tu creaste esto. Tu, lo destruirás. Y solo para ese entonces, tal vez reconsidere no enviarte a la cárcel norteamericana. Creo que es un trato justo.
—Me estas pidiendo algo imposible…—admite Graham de Vanily, observando el artefacto— Este programa debe de haber sido reconfigurado un millón de veces desde que lo fabriqué. Lo mas seguro es que los códigos de desactivación ya ni si quiera existan o se hayan borrado en el historial.
—Lo sé. Tampoco somos tan tarados como crees —Jessica se acaba su segundo trago, finalizando— Tenemos a los mejores trabajando de nuestro lado. No estás solo tampoco —y le entrega una tarjeta— Este es tu contacto. Su nombre es Max Kanté, un ingeniero informático de los mejores. Trabaja en el departamento hace 8 años. Ha avanzado un montón, pero, aun así, le faltan registros para terminar el modelo. Datos, que solo tu conoces y que puedes entregarle.
—¿Ese es tu plan entonces? —balbucea el británico, con la mirada agria en el semblante— Si te ayudo a anular esta cosa… ¿Me dejarás en paz?
—No se si la palabra correcta sea "paz" —le adjudica la fémina— Pero es lo más cercano a ello que tendrás, para que puedas vivir tu historia de amor adolescente que tanto profesas.
—¿Y…si me rehúso? —la mira, receloso— ¿Qué va a pasar?
—No lo sé, Félix. Tu dime —arquea una ceja, con soberbia— ¿Quieres averiguarlo?
Maldita estúpida. ¿Cómo se atreve a amenazarme de esta forma? Ni si quiera la conozco y ya me anda intentando tocar los cojones. Encima, ni si quiera sé como pude llegar a meterme en algo como esto. Yo solo estaba cumpliendo órdenes. ¿Qué iba a saber yo, que Tsrurugi planearía una dominación mundial o algo así? Ni que fuera una película de Tom Cruise. ¿Qué otras opciones tenía? La chica delante de mi no se iba con rodeos. Así que no me quedó de otra que aceptar su propuesta. No, mas bien…no era una propuesta. Era una orden. Tomé la tarjeta, la unidad USB y salí del cuarto con mas cara de muerto que otra cosa. Y yo que pensaba al menos pasar una noche tranquila durmiendo con algo de seguridad. En cuanto camino por el pasillo reincorporándome a la habitación, Kagami me recibe con expresión lánguida. No puedo ocultarle a ella el contenido de la plática. Ni, aunque quisiera disimularlo, no se me da. Además, ella me lee como un libro abierto para kínder. No sé como se vaya a tomar la noticia. Solo esperaba…apelar a su cordura.
Luego de contarle todo, se pasea cual león enjaulado por la pieza; tomándose el mentón.
—No puedo aceptarlo —niega Tsurugi— Es absurdo.
—¿No puedes aceptarlo o simplemente no quieres creerlo? —consulta Félix, decaído.
—Félix —espeta la muchacha, arrimándose a el— Mi madre es muchas cosas. Y me atrevería a decir, que mas cosas malas que buenas. Pero esto…es una locura. ¿Qué sugieres? ¿Qué intenta dominar el mundo o algo así?
—Tu la conoces mas que yo ¿No? Tu deberías saberlo.
—Se que es ambiciosa y que actúa la mayor parte del tiempo por conveniencia para la familia. Pero…no —rehúye de su mirada, acongojada— esto no tiene pies ni cabeza. Mi madre no aspira a tanto. Hay que ser muy maquiavélico o perverso para pensar en algo así. Los satélites mundiales controlan cosas mucho mas grandes que la 5G. Esto…
—Está bien, cariño. Lo entiendo —Fathom le toma el rostro, asegurándose de que no le pierda de vista ni por un segundo al hablar— Supongamos que tienes razón ¿Sí? No digo que mientas. Digamos que Tomoe no quiere controlar las armas mundiales. Pero… ¿Y si alguien más lo quiere?
—¿Qué insinúas?
—Tal vez tu madre no sea esa clase de persona. Pero…—Félix aprieta los labios, con desazón en lo que confesará— Yo si conozco a alguien que si sería capaz de provocar aquello, con tal de enriquecer su industria armamentista. A diferencia de ti, la semilla del mal ronda en mi familia hace años…
—¿Crees que Colt esté detrás de todo esto? —examina, pasmada.
—Me duele admitirlo, pero sí. No lo creo. Lo sé —sentencia— Colt es un mal hombre. El no conoce la palabra honor y no basa su vida en seguir un par de reglas moralistas. No tiene vergüenza —agrega— Lo mas probable, es que haya influenciado a Tomoe en esto. Y solo espero…que no sea demasiado tarde para impedir que expanda sus redes de mierda hacia otros.
—¿Hablas de los Agreste? —parpadea, aun mas aturdida que antes.
—Ellos tres formaron una sociedad ¿No? No me extrañaría que intentara arrastrar a Gabriel al hoyo —relata, frunciendo el ceño en el proceso— No es difícil manipular a mi tío. Es cosa de apretarlo con mi primo y el, accederá con tal de protegerlo. Después de todo, tu matrimonio con Adrien era solo "negocios".
—Los contratos también se pueden deshacer ¿Sabes?
—Si. Pero…aquí no se firmó nada monetario —masculle entre dientes, irascible— Aquí hay vidas de por medio. Colt es peligroso, Kagami. En estos momentos…incluso mi madre corre peligro.
—Félix —murmura la heredera de los Tsurugi, tomando su carita entre sus manos— ¿Qué vamos a hacer?
—Descuida…tengo un plan —recula— Bueno, no es mío precisamente. Pero como ya te comenté, no estamos solos en esto. Ya a escalado a mayores y hay gente poderosa involucrada detrás.
—¿Vas a aceptar el trato de Jessica Kaynes? —pregunta, una vez más.
—¿Qué otras opciones tenemos? —dice Graham de Vanily, observando el pendrive en sus dedos— Si es esta la única salida, debemos tomarla.
—Tu padre se enfurecerá…—advierte, atemorizada— En cuanto se entere de que tu tienes esto, se volverá loco.
—Ya lo está, mi amor…—exhala, cabizbajo— ya lo está…
¿Qué más desquiciado…podría ser?
[…]
Londres. A esa misma hora.
—No puedo creer que haya ido a amenazarlos con algo así —reclama Amelie, al teléfono. Se encuentra en una videollamada con su hermana desde japón— Este hombre, está cada día más enfermo.
—Lo sé, Ame. Imagínate como estamos nosotros —comenta Emilie, claramente asustada— Pero lo que importa ahora, es la seguridad de nuestros hijos. ¿Has sabido algo de Félix al menos?
—Si. Afortunadamente el está a salvo —revela la británica— Hablamos por teléfono esta tarde. Está en Nueva York ahora mismo, con Kagami. Aunque…creo que no fue del todo honesto conmigo. Dijo que todo estaba en orden y que no me preocupara. Pero me cuesta creerlo realmente —agrega, preocupada— Conozco a mi hijo. Es muy impulsivo. Y esta idea de ir por la chica a rusia…es ponerle una soga al cuello a los Tsurugi. Temo que esté jugando con fuego…
—Por el momento, solo nos resta confiar en él —musita su gemela, asintiendo con sobriedad— Impulsivo y todo, mi sobrino ya es un hombre adulto. Imagino que sabrá lo que hace y las consecuencias de ello. Aboguemos ahora a que ha tomado medidas al respecto ¿Sí? —sonríe, un tanto desganada— Solo quiero decirte, que me siento orgullosa de ti. Eres muy valiente ¿Sabes? La idea de pedirle el divorcio a Colt, fue increíble —expresa la francesa, con nostalgia— A pesar de todos los años que te lo veníamos sugiriendo, por fin diste el paso. Te felicito, hermana.
—Gracias, Emilie —asiente, satisfecha con su halago— Ha decir verdad, no fue fácil. Pero de cierto modo…se lo debo a Félix. Ese niño, me ha dado el coraje que necesitaba para lograrlo. Fueron demasiados años de abuso…y ya no están los tiempos para seguir atada a ideas arcaicas de antaño.
—Solo cuídate mucho ¿Sí? —le alienta su familiar, bosquejando una mueca grácil— Sabes que cuentas con nosotros para lo que necesites. Incluso en la distancia, los Graham de Vanily seguimos siendo una familia unida. Nunca lo olvides.
—Te lo agradezco, hermana —sonríe jovial la rubia— Yo solo quiero acabar rápido con esto y deshacerme de ese hombre horrible de una vez por todas y-…—es interrumpida por alguien, que toca a su puerta— Adelante.
—Lady Amelie —interviene un varón— El señor Fathom está aquí. Ha venido para discutir lo de su divorcio. ¿Lo hago pasar?
—¿Colt está aquí? —Amelie hace una pausa, con dejo de pánico en la mirada. Su compañera lo nota a través de la pantalla— ¿Vino solo?
—Si, mi señora.
—Ame —advierte la señora Agreste, con el entrecejo ceñido— Tómalo con calma ¿Sí? Posiblemente intente manipularte para que declines. Escúchame bien. Tu sabes como es el. ¿De acuerdo? No hagas caso. Sigue adelante. No importa lo que te diga.
—Emilie —advierte la inglesa, con actitud malograda— Si en una hora más, no te llamo…—sentencia— Contacta a Félix —determina, esclavizada a sus palabras— Te amo mucho, hermana…
—Tranquila. Todo saldrá bien —espeta la mayor de las gemelas— Esperaré tu llamado.
—Gracias. Adiós —corta.
En el vestíbulo principal.
—Colt…
—Tanto tiempo sin verte, Amelie, querida —expresa sereno el hombre, estirando ambos brazos para abrazarla. Pero ella, se niega y rechaza su gesto— Vaya…veo que no te he encontrado en el mejor momento.
—No juegues conmigo, por favor —rezonga Graham de Vanily, con actitud nauseabunda— Si te he dejado entrar, es porque tenemos asuntos que discutir.
—Te juro que no he hecho tal cosa, mujer —chista sarcástico el varón— Claro, he venido para ello. ¿No le ofrecerás un trago a tu marido?
—Ex, marido —le corrige— Querrás decir.
—¿De igual, no? Que esto no te quite los modales —ríe.
—No. No da igual. Pero…si te apetece y acomoda acompañarlo con alcohol como de costumbre, te lo daré —Amelie ordena al mayordomo a que le sirva— Vamos al living. Ya tengo los papeles que debes leer —lo invita a acompañarle.
[…]
—Su té, Lady Amelie —el sirviente deposita una taza sobre la mesilla de centro, retirándose del cuarto.
—¿Y bien? —la ojiverde se cruza de brazos— ¿Qué esperas?
—Tranquila, Ame. Con calma —redunda Colt, con el texto entre sus dedos— ¿Qué no ves que estoy leyéndolo? Debo procesarlo bien, jeje…
—Llevas media hora en eso, Colt —rezonga Amelie, fulminándolo con la mirada— No hay mucho que entender. Solo necesito que firmes y ya —le extienda una pluma.
—Debo asegurarme primero de que mis inversiones estén a salvo —bufa con sarcasmo— Que seas rica no quiere decir que te deje llevarte el botín de mi trabajo.
—Jamás me fijé en tu dinero, si es eso lo que insinúas —se encoge de hombros, con altivez— Olvídate de eso. No te necesito para mantenerme.
—Mhm…si —se frota el bigote, suspicaz— Es que ¿Te digo algo? Hay una parte aquí que me inquieta mucho.
—Dime y te lo aclararé —sisea la fémina, bebiendo un sorbo de su taza.
—¿Qué va a pasar con Félix?
—¿Con Félix? —repite, más confundida que otra cosa— ¿Qué tiene que ver Félix, en todo esto? No te estoy pidiendo manutención por el o algo así. Nuestro hijo es mayor de edad por si no lo has notado.
—Me preocupa que ya no pueda verlo más —Colt bebe de su trago.
—¿Disculpa? —Amelie tose, un tanto atorada con el liquido que consumía— Eso no tiene nada que ver con el divorcio ¿Sabes? Si quieres verte con Félix, debes hablarlo directamente con él. Como te repito, el es un adulto.
—Se me complica un poco eso —Colt Fathom se acomoda contra el respaldo del sofá, cruzando una pierna sobre la otra— Temo que Félix tenga una mala imagen de mi y ya no quiera ver mas a su papá por esto.
—Colt, no seas ridículo ¿Quieres? —esboza Amelie, con el rostro irascible— Desde mucho antes de esto, que Félix no quiere verte. Tu solo te has encargado de alejarlo de ti, con tus actitudes horribles. Y por lo demás —carcajea— ¿Desde cuando te preocupa tanto tu hijo? Siempre fuiste un canalla con él. Tal vez, si hubieras sido más decente conmigo que soy su madre, te tendría algo de lastima. Pero ni eso.
—Si…eso temí…—cierra los parpados, fingiendo falsa culpabilidad entre tanto— Tu siempre has sido…—la mira y gruñe con odio— Una puta molestia.
—¿Qué estás-…?
La puerta del cuarto se abre de golpe. Y cuatro hombres fieramente armados, ingresan al living con amenazante actitud. Amelie se levanta de golpe, aterrada. Su taza de té, se derrama instantáneamente por la mesilla.
—¡¿Qué crees que haces?! —chilla la mujer, estupefacta.
—¿Tu que crees, mujer? —Fathom se termina el trago y se levanta, chasqueando los dedos. Automáticamente dos hombres la sujetan de los brazos, apresándola para que no escape— Asegurándome, de que ya no me estorbes más.
—¡¿Estás demente?! —forcejea infructuosamente, la británica— ¡Has perdido la cabeza!
—Verás, querida. He leído tu carta de divorcio y la verdad es que no me convenció para nada —Colt rompe el texto delante de sus ojos, con soberbia. Una sonrisa morbosa se dibuja en su semblante— Estoy consciente de que el amor entre ambos se acabó. Y admito que no me porté del todo bien contigo. No fui suficiente para ti.
—¡Por supuesto que no lo fuiste! —berrea Graham de Vanily, ofuscada entre tirones.
—Exacto —masculle entre dientes, dándole una bofetada flagelante en la mejilla. Procede a tomarla del mentón, con ímpetu— Debí haber sido mas duro contigo. Pero está claro, que ni así aprendiste tu lugar. Siempre fuiste tan mimada, mocosa mal agradecida. Y ahora mismo, es hora de que te enseñe lo que te toca por tus insolencias.
—¿Vas…a matarme? —pregunta Amelie, horripilada. Su mejilla se hincha enrojecida.
—Ganas no me faltan —sonríe, pérfido— Pero para mí desgracia, no me sirves muerta —farfulle, colérico— Esa mierda que pariste y a la que malamente llamas "hijo", tiene sentimientos por ti. Si te mato —arrima su rostro al de ella, hecho un energúmeno— Jamás lograré que me entregue lo que es mío.
—¿De qué…demonios hablas…? —emite apenas, con dolor.
—De nada, que realmente te importe —Colt suelta a la mujer, encaminándose hacia el mini bar para coger una botella de whisky— ¡Llévensela! Y quemen todo. Este circo, se acabó.
Amelie se resiste a los hombres que la apresan. Pero entre tanto, uno de ellos le cubre la boca con un pañuelo impregnado de cloroformo. Lo que automáticamente la duerme. Una vez inconsciente, es trasladada hacia las afueras de la mansión, mientras el, disfruta glorioso; dándose por victorioso a la contienda con un vaso colmado de alcohol. Acto seguido, chasquea la lengua. Aun hay asuntos pendientes por resolver. Pero al menos, se ha asegurado de eliminar a uno de sus tantos obstáculos del camino. Secuestrar a su esposa, acrecienta su demencia de poder en demasía. Nota un retrato familiar en el estante y con ayuda de un revolver de su empresa, le dispara; generando un orificio de lleno entre ceja y ceja de su hijo. Sonríe, satisfecho.
—Te lo dije, Félix. Aquí pagan todos...jm.
