¡Holi, holi! Sí, lo sé, me he tardado mucho. Pero entre recaídas, un constipado complicado y que empecé a trabajar por unos míseros euros, no tengo tiempo de nah.
Este capítulo tiene cerca de 57k de palabras, os aviso.
He de comentar una cosa importante que quizás no leáis, pero os aviso: este capítulo tiene una especie de "sesión" entre Rin (que es sicóloga como ya sabéis) y Gaara. Yo NO soy un especialista en esto y sé que puede tratarse de otras formas, así que no os toméis esto como algo real. Sigo escribiendo un poco desde mi experiencia, pero no de una especialista. Además, fue algo duro de escribir…
Ahora os dejo los avisos:
ADVERTENCIAS:
Parejas: Una pareja está evolucionando en un trío oficial (para el fic y trama, me refiero, no que sea canon xD). Se comienza a desarrollar poliamor.
Generales: Lemon, exceso de dulzura, peleas verbales y comentarios de Violación.
Este capítulo va dedicado a:
Menie, mi hermosa guerrera.
Milca, por su ingenio.
A mis chicas del chat por aguantarme y ayudarme tanto. Mención especial a Seishes hermosa y Bruxi reina de mis lobos.
Las quiero amores.
Roturas
Capítulo 21
Que caiga hasta roma.
Yo puedo cambiar. Definitivamente mis ojos pueden empezar a ver.
Finalmente, ¿podré ser yo?
Neji bostezó mientras intentaba pensar qué podría apetecerle a su estómago para desayunar. Tras no poder dormir muy bien debido a los ronquidos de los demás y sus condenados pensamientos, no podía pensar en comer. Sin embargo, sabía de sobras que si iba a gastar energías debían den de restablecerse con algo.
El resto de sus compañeros también estaban saqueando el buffet, menos los enfermos. Aunque había escuchado que al menos, uno de ellos, iba a probar a bajar a la playa con ellos. No sabía hasta qué punto eso era bueno, pero siempre era mejor tener más ojos atentos que no.
—Claramente, estamos todos agotados.
Levantó la mirada de las tostadas que acababa de echarse en el plato hacia la joven a su lado. Tamaki se servía algo de huevos revueltos en su plato. Al percatarse que lo había dicho en voz alta le miró en disculpa.
—Es cierto —aceptó, sin embargo—. ¿Ha pasado algo extraño entre las chicas?
—Bueno… —Ella miró a su alrededor, queriendo asegurarse de que no tenían orejas indebidas cerca—. Karin no ha podido dormir y ha dado muchas vueltas. No sé si tiene que ver conque acompañara a Sakura a su cuarto. No sabemos si es que hablaron de algo o qué, pero Karin volvió muy echa polvo. Además —añadió mirando por encima del hombro hacia una de las mesas—, Menma no ha cesado de mirarla y eso la inquieta.
Neji siguió entonces su mirada. Menma estaba sentado en una mesa algo alejado de Shikamaru, Naruto y Choûji. Los tres parecían incómodos con la presencia del muchacho en la misma mesa, pero lo ignoraban. Sin embargo, Menma, tal y como había dicho Tamaki, estaba centrado en Karin, quien comía de espaldas a él, removiendo más la comida que tragándola.
—¿Ocurre algo entre ellos?
—Sinceramente, no lo sé —confesó Tamaki encogiéndose de hombros—. Más allá de que son primos. Porque ya no es ningún misterio para nadie que los Uzumaki están enlazados sanguíneamente. ¿Sabías que Karin tuvo que fingir y esconder su apellido para no importunar su estadía a Naruto en la clase? Sospecho que es algo más oscuro, pero ella nunca habla de estas cosas. No se deja ayudar mucho, ¿sabes? Por eso tiene un bajo perfil desde que ya no ronda a Sasuke. Y menos mal que ya no lo hace, sinceramente. Está mucho mejor así.
En eso debía de darle la razón. Karin y las demás secuaces que perseguían a Sasuke tiempos atrás eran irritantes.
—¿Qué te atormenta a ti, Neji?
Dio un respingo sin esperarse esa pregunta. Ella sonrió amablemente.
—Imagino que no tenemos tanta confianza como para que me lo cuentes, pero igual me ofrezco a ser tus oídos durante un rato de hacerte falta. Soy buena escuchando.
Luego, tras que él emitiera un gruñido nada claro, se alejó para sentarse en la mesa junto a Karin y Karui.
Al volverse con su plato ya lleno en busca de sitio, se percató de que todos estaban en completo silencio y tensos. En seguida, su cuerpo despertó las alarmas, pero no fueron tan intensas hasta comprender qué les había puesto así. Y no era para menos.
Tenten, de todas las mesas que podría haber ocupado, se sentó justo frente a Menma, e incluso le ofreció un trozo de pan que este aceptó, claramente, tan estupefacto como el resto por su actitud.
Sintió unas ganas terribles de zarandearla y llamarla loca, alocada o idiota. Cualquier cosa valdría con el enfado que estaba creciendo dentro de él. Como si no fuera suficiente el hecho de haberse sentado ahí, Tenten comenzó a entablar una conversación con Menma, quien no parecía desagradado con ella.
Aferraba tan fuerte la bandeja que sólo logró reaccionar cuando la escuchó crujir. Caminó hacia ellos con lentitud, con todo el cuerpo tan tenso que le dolía.
—Sí, pero si tiras demasiado del gatillo hacia atrás corres el riesgo de que la bala se atasque y… Ah, Neji —saludó Tenten tan campante—. ¿Vas a desayunar? —Le miró de arriba abajo—. ¿Por qué traes esa cara?
Menma esbozó una sonrisa cruel.
—Quizás, porque estás sentada comiendo conmigo y hablando de temas que él ni sería capaz de comprender.
Tenten ladeó la cabeza.
—Eso es cierto en cierta parte —aceptó ella—. No todos los días puedo hablar con alguien de pistolas. No obstante, que esté sentada contigo no debería de ser un problema. ¿O sí?
Neji no supo que contestar. Sin embargo, fue Naruto quien respondió.
—No lo es —dijo—. Ningún tipo de problema.
Menma parpadeó confuso. Y como si acabara de comprender qué diablos estaba haciendo se puso en pie. Rebuscó en el bolsillo de su pantalón algo y se lo estampó en el pecho.
—Con esto estamos en paz, Hyûga.
Luego, se alejó, gruñendo y tirando pestes por la boca. Tenten, sin embargo, parecía satisfecha con su actuación. Chupaba algo de chocolate de una cuchara y esperó a que él se sentara para hablar.
—¿Qué es lo que te ha dado?
—Algo que no es realmente para mí —respondió todavía sin comprender bien si es que continuaba dormido o no.
—Oye, Tenten. —Fue Naruto quien habló esa vez, acercándose junto a Shikamaru y Choûji más hacia ellos—. Eso ha sido imprudente hasta para ti.
Ella movió una mano descartando su preocupación.
—Para nada. Ya os conté que no siento tanto peligro emanar de su parte. Además, me disculpé por romperle la nariz, aunque alegué que tenía mis razones y lo ha admitido. Creo que quizás Menma no es tan cruel como quiere hacerse ver. Y justo como ha dicho, hay conversaciones que puedo tener con él. Podría haberme hecho algo, pero no.
Naruto frunció el ceño y compartió una mirada sugestiva con él de preocupación.
—Chicos, en serio. Sé lo que hago. Dejad de ser tan perros guardianes en este caso —recomendó.
—La última vez que estuvo a solas con una chica le vi maltratarla —recordó Shikamaru—. Así que no pienso disculparme por preocuparme.
—No quiero decir eso, pero… —sopesó Tenten—. ¿Y si le escuchamos en vez de atacarle a su vez?
—Oh, en eso estoy de acuerdo —aceptó Choûji—. Conmigo siempre intenta atacarme por mi gordura o porque hable con alguna chica. Sin embargo, ayer logré hacer que se callara de la sorpresa cuando le seguí la corriente. Él siempre busca la forma de hacer daño, pero sabe reconocer cuando es un caso perdido y no fuerza la situación. Y en este momento, podría haberle clavado el cuchillo a Tenten y no lo ha hecho. Ha mantenido una conversación civilizada.
—Es como un perro —indicó Naruto cruzándose de brazos—. Puede parecer meloso, pero cuando te descuides, te dará un bocado —advirtió.
—Lo sé. Por eso voy con cuidado y no debemos de asustarle tampoco.
Neji estaba de acuerdo con los chicos. Le preocupaba que Tenten hiciera una locura hacia Menma.
Recordó el papel en sus manos y buscó la mirada de Shikamaru. Este los miraba a todos, pero captó su señal, poniéndose en pie y saliendo. Poco después, él le siguió.
Nara esperaba a un lado, mirando hacia el exterior con los ojos entrecerrados. Cuando se colocó a su lado, Neji sacó finalmente el papel y observó el nombre antes de entregárselo.
—¿Puedes hacer que tu padre investigue a este hombre? —cuestionó—. Creo que es el que está tras Tenten por la fortuna robada por Uchiha Fugaku. Igualmente, avisaré a mi tío sobre los resultados y quizás Itachi se vea inmiscuido. Por si quieres darle detalles a tu padre.
—Comprendo —aceptó Shikamaru leyendo una sola vez el nombre y devolviéndole el papel—. ¿Cómo lo has conseguido sin salir del hotel?
Neji no sabía hasta qué punto podría compartir esa información con Nara. No era un secreto lo que había ocurrido en la azotea entre el gemelo de Naruto y Shikamaru.
—Menma —dijo, no obstante.
Shikamaru se quedó observándole un tiempo, acariciándose los labios mientras pensaba en su respuesta.
—Se me hace realmente curioso que sea fiable la información, entonces.
—A mí también. Por eso te la he entregado a ti primero. Si es correcta, entonces, avisaré a mi tío. ¿Crees que podrás hacerlo cuanto antes?
—Sí, lo haré —confirmó chasqueando la lengua—. Sólo espero que no lleve a mi padre a cualquier peligro.
—Entiendo lo que te refieres —aceptó—. Si lo consideras que lo es, puedes evitarte esto.
—No, tranquilo —descartó metiendo las manos en los bolsillos—. Lo haré. Sólo dame un tiempo. No sé si mi padre podrá atenderme pronto. Después de que el cadáver del padre de Naruto volviera a casa, mi padre seguro que está inmiscuido en el luto.
—Lo siento.
Shikamaru lo descartó con un movimiento de su mano.
—Es fuerte. Más de lo que yo pensaba. No sé cómo es capaz de aguantar todo esto, pero lo hace. No es sólo que sea su trabajo, es que se enfrasca en ello personalmente.
—Como con la muerte de Tayuya.
Shikamaru guardó silencio por un momento, pero asintió.
—Especialmente. Estoy seguro que se culpa por no haber estado más atento a ella.
—No fue su culpa. Ni la tuya —añadió al notar el tirón de su barbilla—. Ninguno de nosotros podíamos percibir en qué estaba inmiscuida. Es más, nunca lo hubiéramos pensado porque no lo parecía.
—Porque ella no consumía, la transportaba —explicó Shikamaru—. Era una de los tantos niños usados como correo.
—¿Crees que podría haberlo dejado en algún momento?
—No lo sé —confesó Shikamaru agotado—. Nunca hablamos demasiado. Sus intenciones conmigo era básicamente… sexuales. Nada más. Si lo pienso, es ridículo y no sé ni por qué acepté. Sopeso que es por mis recuerdos de culpabilidad hacia ella, pero no me hace menos despreciable.
Neji sacudió la cabeza.
—Las cosas llegan por un motivo. Hasta las muertes de las personas. La muerte de mi padre me llevó a este lugar con ustedes —explicó—. Conocer mejor a mi prima, entender a mi tío y hacer las paces con una familia atormentada por un simple ser tan humano como cualquiera.
—Te refieres al padre de Sasuke.
—Sí —afirmó—. Fue él quien provocó la muerte de mi padre. Ni Sasuke ni Itachi tienen culpa de nada, pero durante mucho tiempo…
—Les odiaste.
—Sí…
—Debió de ser una patada en los huevos el hecho de que tu prima tuviera que casarse con Sasuke.
—No te imaginas cuanto —reconoció cruzándose de brazos—, pero no por lo que la gente piensa. Entre Hinata y yo nunca hubo nada. Ella siempre…
—Naruto —interrumpió Shikamaru—. Sí… todos nos dábamos cuenta menos el interesado. Lo siento por Hinata, pero al menos ahora parece feliz. Aunque no puedan vivir en un cuento de hadas exactamente.
—Ninguno podemos. Felicidades, por cierto.
Shikamaru inclinó la cabeza, aceptándolo.
—No es como si me hubiera casado.
—Cierto —admitió encogiéndose de hombros. Iba a añadir algo más cuando el móvil de Shikamaru sonó.
Este mismo descolgó, con el ceño fruncido.
—Nara. Ah. Sí, le conozco. Espera.
Tapó el auricular y le miró.
—Necesito que seas testigo de esta conversación. ¿Te iría bien?
—Claro —aceptó.
Shikamaru entonces desbloqueó el teléfono y puso la llamada en altavoz.
—Perdona por la espera. Dices que te envía Sasori. ¿No es así?
—Es correcto. Hace unos días llegué a la ciudad con intenciones de averiguar qué sucedió con mi prima y terminé conociéndole a él. Me explicó diversas cosas que no cuadran con las que sabemos de Tayuya y me recomendó que hablara contigo. ¿Por qué?
Shikamaru intercambió una mirada con él.
—Probablemente por muchas razones.
—Explícate. Porque necesito aclarar esto antes de llevarlo a asuntos legales.
—¿Asuntos legales? —cuestionó—. ¿Acaso no han acudido a la policía?
—Nuestro tío dijo que no era necesario.
Se rascó la mejilla, pensativo. Nunca había visto al padre de Tayuya y, de haberlo hecho, no lo recordaba.
—Pues mucho me temo que sería mejor que lo hicieran.
—Primero quiero saber de ti lo que Sasori me ofreció.
Claramente, a Nara no le hacía ni pizca de gracia que el sujeto saliera en la conversación. O en el lío que le había metido.
—Salí con ella —dijo finalmente—. Nada más. Poco después de que cortáramos fue detenida.
—¿Detenida? —cuestionó la mujer incrédula—. ¿Por qué iban a detener a mi prima? Ella era una buena chica.
—Una chica que secuestro, violó y drogó a un compañero de mi clase.
Se percató de que prefería dejar en la ignorancia el hecho de que ahora Gaara era su cuñado.
—Está mintiendo…
—Ojalá estuviera haciéndolo —dijo Shikamaru con tono molesto—, sin embargo, no es así. Su prima fue detenida por esos cargos. La policía la interrogó y le ofreció protección a cambio de que dijera para quién trabajaba. Sin embargo, no habría la boca. Y tampoco volverá a hacerlo. Fue asesinada. El veneno estaba en su flauta.
La mujer mantuvo silencio desde el otro lado de la línea. Shikamaru tragó, seguramente, inquieto y preguntándose si había hecho bien en decir todo aquello.
—¿Qué pasaba entre ella y vuestra clase?
Ambos se miraron sin comprender.
—No era muy amigable —reconoció.
—Pero tú saliste con ella.
—Sí… y no fue mi mejor decisión. Porque lo hice por culpabilidad.
—¿De qué?
—Sabía que Tayuya era uno de los niños robados usados para la venta de droga.
De nuevo, llegó el silencio desde el otro lado.
—Ninguno de nosotros lo sabíamos —aseguró Nara—, hasta después de su muerte.
—¿Qué diablos hacías con mi prima? —cuestionó acusadora—. Quizás ella te pidió ayuda y tú no… Dios, esto es de locos —farfulló—. Nuestro tío no nos contó nada sobre esto. Tayuya era una buena chica y… Necesitamos asimilar esto. Volveré a llamarle.
Y sin darle tiempo de responder, colgó.
Neji se frotó el ceño mientras Nara guardaba el móvil en el bolsillo.
—A ver si me aclaro con lo que estoy deduciendo —dijo—. ¿Esa mujer es la prima de Tayuya? —Shikamaru asintió—, y cree que la muerte de Tayuya es a causa nuestra. Desconoce los tejemanejes que se traía su prima y su tío no ha hecho más que mentirles. ¿Por qué diablos no han ido a la policía si las cosas no les cuadran?
—No lo sé —reconoció Shikamaru sin comprender—, pero parece que quisieron sacar información de Sasori y este al final me las ha pasado a mí. Supongo que ahora sí que irán a la policía.
—Igual te llama para más información.
—Sólo tengo la que tengo, nada más —indicó encogiéndose de hombros y rascándose la coleta de piña—. No hay más donde escarbar. A menos que mientras estamos aquí mi padre y Jiraiya hayan sacado más información. Según tengo entendido este último iba a centrarse en el caso de los niños con más ahínco y por eso nos quería fuera. Porque la cosa iba ponerse bien fea en casa. Es de cajón.
—Sí, también me lo figuré. Tenemos todos los flancos en peligro.
Shikamaru asintió y miró hacia la cafetería donde los demás empezaban a salir.
—Tengo que volver al trabajo —anunció—, pero llamaré a mi padre y le daré el nombre a ver qué averigua. No sé qué diablos vas a tener que hacer para Menma, pero esperemos que valga la pena.
Se detuvo antes de alejarse para mirarle.
—¿Es por Tenten?
Neji se frotó el pecho, inseguro. Mierda, sí, se sentía de esa forma hacia ella.
—¿No lo harías tú por Ino o Temari?
Shikamaru asintió sin dudarlo.
—Es sólo que hasta ahora sólo te mantenías protegiendo a Hinata y es extraño ver que lo haces por otra mujer.
—Hinata ya no necesita de mi protección. Ya tiene quien la proteja.
Nara sonrió.
—Incluso has dejado de usar el sufijo de respeto cuando hablas con, o de, ella. Te has relajado hasta el punto de poder hablar contigo de esta forma.
En realidad, él no se sentía tan diferente, aunque sí relajado. Sin embargo, con Tenten eso volvía a cambiar.
—Te estoy halagando, no insultando —indicó Shikamaru, como si pensara que su mutismo era por eso.
—Lo sé —aceptó—. Gracias.
—Bien. Oh —exclamó al recordar—, tendré que pedirte más tarde que testifiques por la llamada con Asuma o Kakashi. ¿Está bien?
—Sí.
—Genial. Entonces, al trabajo —anunció—. Aunque sea una patada en los huevos.
Dejó a Nara marcharse protestando y se quedó mirando por el exterior hacia el mar. Tendría que esperar a que Nara diera su confirmación antes de avisar a su tío y que este hablara con Itachi a su vez. Admiraba, eso sí, la rapidez con que Menma trabajó. Lo extraño es que no le hubiera pedido algo más. Probablemente, continuaba con miedo ante la información que él tenía en sus manos.
Aunque…
Su mente comenzó a sopesar diferentes opciones y cuando la vio pasar cerca de él la atrapó. Tenten podría tener una de las respuestas.
—¿Ocurre algo? Tenemos que ir a la playa para clases.
—Eso puede esperar un momento —descartó—. Necesito hablar contigo seriamente.
—¿Es que nunca me hablas en serio?
—Sí, lo hago —aseguró soltándola—. Necesito que recuerdes la noche en que te descubrí en el colegio.
Ella chasqueó la lengua, desagradada con la idea.
—¿Es que quieres que me muera de espanto? Estoy muy asustada ya, ¿vale?
—Lo siento, pero necesito información y sé que eres buena reteniendo cosas que a otros se les escapa. Después de verte con Menma y cómo actúas con él, sé que podrías tener la respuesta a la pregunta que necesito hacerte.
Igual era exponerla al peligro, pero necesitaba averiguar si su suposición era cierta.
—¿Recuerdas el nombre del chico que iba con vosotras esa noche?
—Yo…
Tenten pareció más asustada de lo que esperaba. Seguramente, estaría intentando recordar cómo él se había enterado, si lo hablaron, pero es que ella ya se lo contó todo aquella noche en que acudió a su casa, completamente aterrada.
—Sé que no estabais solas, Tenten. Intenta recordar.
La vio llevarse el pulgar a los labios y mordisquearse la uña.
—Su nombre. Lo recuerdo. Maldita sea, sí que lo recuerdo —farfulló bajando la voz y mirando a su alrededor para asegurase de que nadie les espiaba—, pero no es tan sencillo. Si te digo cuál era, estarás más implicado que ahora.
—Kabuto.
Ella se echó hacia atrás, aterrada.
—No has…
—Sí —confirmó él dando ese paso que ella retrocedió—. Es él. ¿Verdad?
Tenten desvió la mirada, culpable.
—No sé cómo lo sabes, pero es mejor que te olvides de él.
—No puedo —descartó—, porque ese nombre es peligroso para ti y es la única cosa que tengo ahora mismo para protegerte.
Ella le miró con sus grandes ojos chocolateados muy abiertos.
—Neji, nunca debí de inmiscuirte en esto —dijo sinceramente. Levantó sus manos hasta atrapar su rostro con ambas—. No debí de hacerlo. Nunca debí de correr hasta tu casa ni abrir mi boca. Ahora podrías estar pensando en otras cosas naturales de chicos en vez de estar pensando en mí.
Le sujetó las muñecas con cautela. Era extraño que se dejara tocar por una mujer que no fuera Hinata, pero con Tenten, aquello empezaba a parecerle tan natural que no le importaba.
—Soy consciente de mis propias limitaciones y de las puertas que decido abrir, Tenten —aseguró—. Y esta es una que pienso cerrar a nuestro favor. Aunque tenga que sangrar para ello.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Lo sé mejor de lo que crees —constató. Le tomó finalmente las manos, acariciándoselas con los pulgares—. Ten un poco más de fe en mí.
Luego, miró hacia el ascensor y la playa.
—Vamos, tengo que dejarte con el resto del grupo —indicó.
Tenten la siguió algo confusa. No se soltaron de la mano hasta que se unieron al resto. Confirmó que Temari estaba en la playa junto a Matsuri. Ino estaba también, pues habían bajado a Sai, quien se mantenía bajo una sombrilla junto a Sasuke y Hinata. Los tres enfermos parecían estar más castigados que otra cosa.
—¿Puedes quedarte con ellos?
—¿Qué vas a hacer?
La estudió con la mirada antes de responder.
—Neji… —suplicó ella—. No vayas a hacer una locura.
—Esta necesito hacerla.
Tras decir esto, la soltó y se alejó de la playa hacia los ascensores. Bajó en la planta de sus dormitorios y caminó hacia el de los enfermos. Shizune estaba allí.
—¿Vienes de visita?
—Sí. Me dijeron que cuidara un poco de él.
—Genial. Yo iré a revisar a Sai. Le diré a uno de los enfermeros que esté atento —indicó recogiendo algunas cosas y marchándose.
Neji esperó a que se marchara para acercarse a la cama de Gaara.
Estaba sentado con las sábanas revueltas y enredadas en sus pies. Sostenía una revista que abandonó cuando se percató de su presencia.
Claramente, no le recordaba. Y él tampoco tenía un recuerdo tan intenso de él como para tal, pero estaba seguro de que no era ese muchacho delgado y ojeroso que tenía delante.
—¿Eres…?
—Neji. Neji Hyûga —se presentó—. Estoy en tu clase y soy…
—El primo de Hinata —dedujo.
—Así es —confirmó caminando hacia la otra cama y sentándose—. ¿Cómo te encuentras?
Gaara se miró el cuerpo y se encogió de hombros.
—No le deseo a nadie estar en mi lugar —respondió.
—Puedo imaginármelo. —Era lo único factible a decir. Jamás se había sentido atraído por las drogas como para sopesar en sus consecuencias—. Dime una cosa, Gaara. ¿Puedes hablar o es difícil para ti?
El muchacho le miró confundido.
—Puedo mantener conversaciones coherentes, si es a lo que te refieres. No me ha afectado al cerebro.
Neji negó con la cabeza.
—Sé que no. Pero mi pregunta está relacionada hacia una persona en particular que quizás puedas conocer. No quiero que te ocasione ningún problema.
—Sin embargo, tu voz tiene un toque urgente.
Guardó un momento silencio antes de asentir.
—No te recomiendo meterte en esta mierda —sugirió empezando a darle la espalda—. Es un lugar sin fondo y si tienes suerte de salir… aprovéchalo. Mejor ni des el primer paso.
—No me interesa tanto la droga como las personas que te la vendían.
Entonces, Gaara volvió a mirarle con los ojos muy abiertos y la boca tensa. Más pálido. Neji empezaba a levantarse para llamar al enfermero, cuando volvió a hablar.
—¿Por qué de entre todos los que me rodean eres el que quieres hablar de esto con tanta urgencia y no por querer saber qué mierda hice con mi vida como para caer?
Bien. Si uno quería información siempre debía de entregar algo a cambio. Era justo.
—Porque hay una chica que me gusta que podría sufrir tu misma situación.
Pudo percibir el terror en su gesto, en sus ojos, en la forma en que miraba a su alrededor angustiado.
—Tayuya está muerta —murmuró—. Nara y mi hermana lo saben.
—Todos lo sabemos —confirmó—, pero su causa no sólo te afectó a ti, afectó a otra persona y ahora, podría correr peligro.
—¿Es Matsuri?
Neji tuvo que intentar comprender qué diablos pintaba la chica en todo aquel asunto, pero Gaara parecía seriamente interesado en eso.
—No es ella —negó y percibió cierto alivio en su gesto—, es… —Mierda. Decirlo en voz alta era más duro de lo que pensaba—. Es Tenten. Puede que no al recuerdes, pero…
—Sé quién es —interrumpió con un gesto de su mano—. Mi hermana y ella pelearon una vez. Tenten perdió.
—Sí…
Cada quien recordaba los detalles que le iba mejor. Y aunque seguramente a Tenten no le hacía gracia ser recordada por eso, a él le servía.
—Pues es ella la que está en peligro a causa de eso. Tayuya ya no puede hacerle daño, pero quien estuviera enlazado a ella; sí. Sólo tengo un nombre, pero necesito saber si estoy en lo correcto y el que puede guiarme eres tú. Sin embargo, si no estás en condiciones de hacerlo, lo comprenderé. No voy a juzgarte por nada.
Y era cierto. ¿De qué servía castigar a un hombre que estaba sufriendo por sus propios errores y quería enmendarlos? De nada. Sólo retrasar su buena evolución.
—A cambio —dijo repentinamente Gaara, tragando—, quiero que cuides o que cuidéis de alguien más de lo que ya se hace.
—¿De Temari? —cuestionó—. Te aseguro que Nara la tiene bien vigilada.
—No. Mi hermana no. Sé perfectamente que hasta un idiota como nuestro primo cuidaría de ella.
—¿Entonces…?
—Matsuri. Quiero que esté protegida.
Se quedó mirándole durante un momento.
Joder, hablaba en serio. Realmente estaba pensando en esa chiquilla.
—Naruto lo hace sin necesidad de que nadie se lo pida. Sólo tendrías que ver cómo actúa con ella. Es como si fuera su hermana pequeña. Siempre anda cerca de Temari y ahora, de Sakura, así que está bien. Menma no tiene interés en ella y…
—No es Menma quien me preocupa. No, a menos que el nombre que tienes para mí esté enlazado a él.
Parecía más agotado, apoyándose contra la almohada y frotándose los cabellos de la cara como si fuera lo que le impidiera ver.
—Entonces… —comenzó lamiéndose los labios—, es Kabuto.
Gaara tembló tanto que Neji tuvo que acercarle las mantas. Aún así, sus manos continuaron temblando y parpadeaba muy rápido.
—Llamaré a…
—Después —dijo sujetándole la mano antes de que presionara el botón—. Kabuto Yakushi es su nombre completo. Es él. Él estaba siempre con Tayuya y era quien me pasaba la droga… Y estoy seguro de que es el hombre que persiguió a Matsuri.
—¿Por qué?
—Porque ella le vio la cara. Ella sabe quién es. Aunque sea una despistada, lo sabe.
Luego, se desmayó. Neji presionó el botón y se retiró cuando los enfermeros entraron. No tuvieron que pedirle demasiado que se marchara.
—Si indagas demasiado vas a terminar quemándote.
Se detuvo cuando Kakashi entró en su punto de vista.
—¿Qué tal si entras un rato a nuestro dormitorio? Al fin y al cabo, nos debes nuestro silencio. ¿Recuerdas?
Neji maldijo entre dientes y obedeció. Lo que menos quería era problemas con los profesores. Sin embargo, sólo estaban ellos dos.
Kakashi cerró las cortinas y colocó el seguro en la puerta, para después, acercarse a él y darle palmadas de ánimo en los hombros, alentándole.
—¿Qué has averiguado, Neji? —preguntó—. Porque Gaara no ha hablado con nadie hasta ahora. Ni siquiera con su hermana. Eres el único que realmente ha logrado sacar algo de él. Y necesitamos esa información por su bien y por el de su hermana.
Neji negó.
—No sólo por el de ellos. Matsuri, Sakura y Tenten también —nombró—. Y me atreveré a decir que Menma está también atrapado en sus propios errores.
—¿Lo dices por la conversación que tuvisteis en la salida de emergencia?
—Sí —confirmó—. Estaba hablando con ese sujeto. Por lo tanto, sospecho que lo que enviaran a Sakura era de su parte. Kabuto juega con Menma también. Y si mató a Tayuya, no dejará títere con cabeza. Tenten y Matsuri son claves conocedoras de su persona.
Kakashi silbó, alejándose.
—Eso que estás contando es realmente importante y peligroso. ¿Se lo has contado a Shikamaru?
—No. Lo de Shikamaru es otro tema —confesó—. Algo que todavía estoy a la espera de respuestas y después, actuaré sobre ello.
Kakashi ladeó la cabeza.
—Definitivamente, eres un condenado genio. Si tú y Nara os propusierais usar esa inteligencia para algo, estoy seguro de que daríais el mismo miedo que ahora.
Le vio coger el móvil y sentarse en el sofá.
—¿Qué hará? —cuestionó.
No era extraño que los adultos actuaran por su cuenta después de sacarles información.
—Voy a hablar con la persona que está encargándose de este asunto. El padre de Shikamaru, por ejemplo, y Jiraiya. A este último puede que no lo conozcas, pero es el mentor de Asuma y el mío. O más bien, el mentor del mismo hombre que nos educó a nosotros —se corrigió—. El caso es que con ese nombre y estas deducciones, puede que le hayas dado las pistas necesarias para avanzar.
—¿Podrá encontrarlo y detenerlo? ¿Hay suficientes pruebas?
Kakashi sopesó sus preguntas antes de responder.
—Si tenemos suerte y Jiraiya es tan bueno como era antes; podrá. Tenemos confesiones y lo sucedido con Gaara. Quizás no sirva para mucho, pero cuentan. Además, hay que contar con lo que ocurra durante los interrogatorios y los abogados que intervengan. Además, hay que sopesar que quien pasa la droga no es el jefe de todo. Por eso Tayuya está muerta. Puede que Kankuro sea un rango más alto que ella, pero eso, sólo son suposiciones.
—Es como si hubiéramos lanzando una pelota al otro lado del campo y esperáramos qué hace el contrario.
—Exactamente. Puedes verlo de ese modo y sería correcto.
Asintió, algo inquieto. Si Menma se enteraba de todo eso corría el riesgo de dar por finalizado su trato.
—¿Vais a decírselo al resto? ¿Por inmunidad Menma puede saber esto?
—No y no —negó Kakashi dejando el móvil sobre la mesa—. Esto sólo lo sé yo. Puedes estar tranquilo. Y tranquilizar a Tenten también. Fingid delante de Matsuri, ella no es muy consciente de qué ocurre y creo que es del tipo asustadiza. Y en cuanto a Sakura, ya está bastante protegida. Por los mismos que custodian a tu prima, he de añadir.
Asintió, comprendiendo por dónde iban los tiros.
—Regresaré —anunció.
Cuando salió del ascensor poco después, se encontró de bruces con Temari.
—¿Está mi hermano bien? —cuestionó.
—¿Perdón?
—Shizune me dijo que fuiste a verle —explicó—. ¿Es que ha pasado algo?
Neji se percató de que Menma los miraba a los lejos. Negó, tranquilizándola. Porque también sospechaba que Gaara no querría que su hermana se inmiscuyera en esa conversación y que, de enterarse que fue la causa de un nuevo ataque, Temari los pondría a todos firmes a base de golpes.
—Sólo quería escaparme un poco y Kakashi me ha pillado. ¿Está Tenten con vosotros?
—Sí —confirmó—. Está con Hinata y Sakura. Pensé en ir a Gaara, preocupada, pero si todo va bien, puedo quedarme un poco más.
—Harás bien —recomendó. Porque Gaara seguramente dormiría por unas buenas horas—. Gracias por lo de ayer, por cierto.
—No, gracias a ti —descartó ella—. Es… bueno hacer las paces. Se siente bien.
Era extraño hablar con ella de esa forma o que mostrara sus sentimientos de esa manera. Neji sopesó que tal y como sintió, hizo una obra inesperadamente buena.
Shikamaru se acercó a ellos nada más salir al exterior.
—Neji —nombró—, puedes dar el aviso. Lo es.
Comprendió enseguida y se apartó de ellos para llamar.
Esas eran las palabras que más estaba esperando.
.
.
Aparcó la moto junto a otras en un parking casi vacío. Un guardia de seguridad lo cacheó en la entrada y otro se quedó con sus pertenencias. Luego, lo dirigieron hacia la sala de visitas. Un gran ventanal separaba por dos lados diferentes mesas vacías. En lugar de los clásicos teléfonos existían pequeños agujeros en el cristal frente a la silla, a la altura de la boca.
Se sentó en el número cuatro y sólo tuvo que esperar unos minutos para que su padre apareciera por la puerta con un guardia flanqueándole y se sentara frente a él. Su gesto de sorpresa lo decía todo. Definitivamente, el naranja, no era su color.
Estaba más delgado, más marcado en años. Fue como si lo viera por primera vez en mucho tiempo cuando no era así. Ese mismo hombre que ahora le parecía un pelele les había golpeado a todos, los había atemorizado y castigado de formas tan crueles que aún creaba pesadillas en él. Por no hablar de su pobre madre ingresada y cayendo en la locura hasta el punto de creer que él y su hermano serían como ese monstruo o, como le dijera Izumi, creer que él estaba aún de viaje.
Existía demasiado dolor como para poder sentir lástima por él. Menos, pensar en perdonarle.
—Es una verdadera sorpresa que seas tú quien venga a verme, Itachi.
—No es una clase de visita familiar. Estoy aquí por negocios, nada más.
Fugaku Uchiha frunció el ceño. Tenía el cabello más largo y el gesto más marcado y delgado.
—¿Tú quieres hacer negocios conmigo?
—No. Quiero arreglar la mierda que has dejado atrás.
—Si no te hubieras metido donde no te importaba, hoy día ese arreglo estaría ya solucionado.
—Acosta de la libertad de mi hermano —recalcó apoyando los codos en la mesa—. Mira, no estoy aquí para remover eso. No puedo ni quiero hacerlo. Pero a causa de tus malas acciones has dejado libre a alguien que va tras una niña inocente. Una niña que no tiene la culpa de las acciones de su padre, igual que nosotros no las tenemos de ti.
No esperaba a su padre sentir empatía. Nunca lo sintió por uno de sus hijos. ¿Cómo esperaba que lo hiciera por una persona ajena a él?
—¿Sabes con cuántas personas trabajé y cuántas de ellas trajeron críos en el mundo? Itachi, Itachi —nombró defraudado—, pensé que te había hecho más inteligente y no tan idiota.
—¿Qué me dices de un traficante de armas que se hacía pasar por un simple vendedor de libros?
Entonces, Fugaku apretó los labios severamente. Su oscura mirada brilló con reconocimiento. Un reconocimiento que llegaba demasiado tarde. Itachi dio golpecitos con las uñas sobre la mesa.
—Sé que estuvo contigo aquí. No sé cómo diablos pudo burlar a la policía, pero lo hizo. Sé que le dijiste quién era la hija que buscaba y la que pagaría unas deudas que no puede pagar, porque son tuyas. El robo del dinero que hiciste no debería de afectar a esa niña. Que tus problemas recaigan en una menor es despreciable. Creo que ya has caído lo suficientemente bajo.
—Una muerte más no va a hacer menos corta mi condena.
—Una muerte menos haría que tuvieras una mínima oportunidad de ser decente por una vez en tu vida. Le dijiste quién era ella. ¿Verdad?
Fugaku tardó en contestar.
—Le dije que era una compañera del colegio de mi hijo, pero que era difícil de rastrear. Esa mocosa lleva años escapando de mí. ¿Cómo no iba a escapar de él?
—Porque esa niña finalmente ha logrado establecerse —contestó—. Y deberías de respetar esa parte de su vida. Tú has sido como eres, pero esa niña conoció a un padre que perdió por tu culpa. Conoció lo que era vivir en la calle y te aseguro que no es nada agradable.
—Tú terminaste en la calle porque quisiste.
—Porque te iba a matar.
El mayor de los Uchiha cerró la boca con tensión. Sus ojos entrecerrados, observando al menor. Itachi no estaba de broma. Ya no.
—Si no me marchaba, sé que te habría matado. Por pegar a mi madre, por pegar a mi hermano, por maltratarlos, por hacerles sentir que son la peor escoria del mundo. Lo que le has estado haciendo a Sasuke durante estos años es vomitivo. Lo que le has hecho pasar a mi madre…
—Tu madre no es la señora perfecta que creéis —interrumpió cruzándose de brazos airado—. Ella me engañaba con otro Uchiha. Sois hijos de ese bastardo.
Itachi se echó hacia atrás con ganas de echarse a reír. O a llorar. No estaba seguro de qué parte ganaría.
—No sigas por ahí. No vas a lograr lo que buscas. ¿Crees que mi hermano y yo no escuchábamos? ¡No tienes ni puta idea de cómo nos hemos sentido todos estos años escuchando a mamá gritar! Incluso he conocido a alguien que tú…
Se frotó el ceño con hastío.
—No sirve de nada —continuó—. No sirves para nada. En tu vida vas a hacer una buena acción porque no ves más allá de tus narices.
Empezó a ponerse en pie cuando Fugaku lo retuvo.
—Te daré una dirección —susurró—, pero no sé si seguirá allí. Si va tras esa chica, hará lo que sea hasta llegar a ella. Y es un tipo peligroso, te lo aseguro. No usa armas, le gusta tomar a las mujeres por sí mismo. Domarlas. Todo lo que yo os hice a vosotros no es nada en comparación a la mente retorcida de ese hombre.
Itachi clavó la mirada en él. Sabía que no debía de preguntarlo, pero su boca le traicionó.
—¿No te sientes ni siquiera un poco culpable por todo lo que nos hiciste?
Fugaku no tardó en contestar.
—No.
Luego, fue él quien se levantó para marcharse, dejándolo con un malestar horrible en el estómago que le llevó a vomitar no muy lejos de la cárcel.
Cuando pudo recuperarse fue directamente al hogar Hyûga.
El ambiente era algo tenso desde que Kushina Uzumaki estaba en ese lugar. No deseaba inmiscuirse más allá de lo necesario, pero era conocedor acerca de que esa mujer mantuvo en su protección más de una vez a su hermano y quizás fue más madre para él de lo que sería nunca la suya.
—Siento llegar en mal momento —se disculpó—, pero tras su llamada fui directamente a la cárcel.
Hiashi Hyûga detuvo la taza de té que estaba ofreciéndole para mirarle con gesto severo. No era el tipo de gesto que un hombre desapegado a sus problemas haría. Era, justo, el gesto que un padre pondría de saber que uno de sus hijos había hecho algo tan alocado por su cuenta.
—Logré sacarle una dirección y una advertencia agria. Nada más.
—Dame la dirección, se la enviaré a Shikaku Nara. —Mientras se la dictaba, el hombre mantuvo el gesto severo—. Itachi, no vuelvas a hacer algo tan peligroso como eso. Deja que sea mis abogados los que se encarguen de las reuniones con tu padre.
—Los abogados no hubieran conseguido la dirección —le recordó—. Igualmente, necesitaba hacerlo.
El rostro de Hiashi se relajó.
—Si era algo necesario…
—Sí —confirmó—. No ha servido de nada. Sólo para ver que sigue en sus trece.
—¿Te ha dicho algo dañino?
Dudó. No era de abrir sus pensamientos a todo el mundo.
—Que ni mi hermano ni yo somos sus hijos.
Hiashi se mostró cauteloso ante la siguiente pregunta.
—¿Estaba en lo cierto?
—No. Tanto mi hermano como él somos sus hijos. Lo sé porque hace años atrás me hice la prueba de ADN. De mi hermano también. Somos hijos de nuestros padres. Él cree que ella la engañaba y, por ende, que no tenemos su sangre.
—Como si eso dejara su conciencia tranquila —indicó Hiashi cruzándose de brazos—. Siempre me pareció un hombre falso, crítico con quienes no aceptaban sus ideales y, desde luego, muy obstinado en sus creencias. Lo único que lamento es no haber actuado antes.
—Tiempo al tiempo, suelen decir —descartó tomando un sorbo de té. El móvil de Hiashi vibró en la mesa y el hombre enseguida acudió a él—. ¿Noticias?
—La policía ya está en ello —afirmó—. Sinceramente, están sobrecargados con muchas cosas.
Hiashi miró de reojo hacia la sala donde su esposa parecía hablar en susurros con Kushina, quien apretaba un pañuelo entre sus manos y mantenía la cabeza gacha.
—¿Ha sucedido algo con Naruto? —cuestionó.
—No. No exactamente —negó el hombre inclinando los hombros—. Hemos vuelto a enterrar a su padre.
Itachi se mostró perplejo.
—¿Perdón?
Sabía por Sasuke qué ocurrió, pero poco más.
—Digamos que su cuerpo ha viajado gratis de un lugar a otro. Por muy bárbaro que suene.
—Creo que… entiendo —murmuró pensativo. Quizás todo eso tuviera que ver con la actitud apresurada de su hermano en su última llamada.
—¿Cómo vas con los estudios, Itachi?
Aquella pregunta le pilló con la guardia baja.
—Eh… Bien —dijo—. Eso creo. Son las primeras clases, así que…
—Comprendo. No quiero que te sientas presionado por nada. Si suspendes, se vuelve a hacer. No hay otro modo. El error también sirve para aprender y madurar. Incluso en las relaciones. Desgraciadamente, algunas no pueden arreglarse nunca, pero…
Calló al escuchar que llamaban.
—Discúlpame un momento.
Se incorporó para abrir la puerta y como si fuera un rayo pelirrojo, otra mujer entró, empujándolo y buscando con la mirada a su alrededor.
—Le ruego que se calme —aconsejó Hiashi, quien parecía saber perfectamente quién era.
Él comenzó a levantarse justo cuando Kushina salió de la habitación junto a la esposa de Hiashi.
—¡Tú, maldita condenada oportunista!
Kushina Uzumaki estaba claramente desconcertada.
—¿Kala? —cuestionó—. ¿Qué haces aquí?
—¿Cómo que qué hago aquí? —inquirió a su vez la otra mujer. Parecía estar haciendo un gran esfuerzo por no lanzarse al cuello de la otra.
En realidad, si las miraba bien, se parecían bastante. Especialmente, por el cabello pelirrojo y los ojos.
—¡Tu madre me llamó para contarme lo que habías hecho! ¿Cómo te atreves a denunciarles? ¡Son tus padres!
Kushina pareció entonces volver en sí. Enderezó la espalda y la miró con acritud.
—¿Realmente quieres tener tú esta conversación conmigo, Kala? ¿Acaso no deberías de estar preocupándote más por tu hija que por mí o mis padres? Si es que se les puede llamar así.
Antes de que nadie tuviera tiempo de reaccionar, la mujer llamada Kala abofeteó a Kushina sin ningún miramiento. Hiashi apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Kushina se lo devolvió, sin tapujos y sin achantarse.
—¡No te atrevas a golpearme cuando no tienes ningún derecho de hacerlo, Kala! —advirtió Kushina severa—. Lo que habéis hecho todos, aceptando las decisiones de mis padres como si fueran las correctas es vomitivo.
—¿Vomitivo? ¡Nuestros padres se aseguraron de cuidar a tu estúpido hijo todos estos años! ¡Hemos tenido que aguantar su soberbia y sus caprichos porque es un condenado demonio!
—¡Si tanto malestar os ha dado, no habérmelo quitado! ¡Era mío! ¡Mío y de mi marido!
—Una mancha en nuestro historial, claramente —descartó Kala arrugando el gesto ante el recuerdo de Namikaze—. Nunca debiste de irte con él. Nunca debiste de tener un hijo con él.
—¡Tuve dos! ¡Dos hijos! Y me robasteis uno. ¡Toda la puñetera familia está tras esto! No voy a quedarme de brazos cruzados mientras que vosotros habéis abusado mentalmente de mi hijo.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Usar el apoyo de un clan como el Hyûga? ¿Esconderte como una asquerosa rata? ¡Eres una idiota si crees que eso va a bastar! Encima, eres tan cobarde que atacas a tus padres, que son mayores y casi están muertos. ¡Lo único que Menma ha conocido!
Kushina parecía estar a punto de llorar.
—¡Era y es mi hijo! Mío. Si sólo conoció a mis padres fue por su acto egoísta de robármelo. Menma es mío y debe de volver a mi lado así me tenga que arrancar el corazón para eso. Vosotros y mis padres no sois más que piedras para una madre furiosa. Y si tengo que arrastrarme como una condenada rata y agachar la cabeza frente a un clan con el que siempre he estado enemistada, en parte gracias a las malas lenguas de nuestra propia familia, ¡lo haré!
Se golpeó el pecho con fuerza para reafirmar esas palabras. Las lágrimas ya caían por sus mejillas, pero la determinación de su mirada era aterradora.
—Eres egoísta, Kushina. No hubieras podido cuidar a dos niños.
—¡Ni siquiera me dejasteis intentarlo! —acusó—. Además, no sé cómo pudieron hacerlo estando mi padre tan enfermo.
—Porque toda la familia nos volcamos en él —contestó Kala asqueada—. Mientras tú llorabas por los rincones por tu marido, nosotros nos hicimos cargo del que debe de heredar el poder Uzumaki. Tú no habrías podido hacerle comprender eso y lo que conlleva.
—Lo que conlleva heredar ese apellido es maldad, egoísmo, mentiras y robos. No puedo creer que mi hijo creciera en ese nido de víboras, porque sí, tienes razón, jamás habría permitido que se convirtiera en lo que habéis hecho con él. Y tú hija —recordó angustiada—. ¿Has pensando alguna vez en cómo se siente Karin? ¿Lo que le haces sentir?
—Karin es una buena Uzumaki. O lo era hasta que empezó a juntarse con tu hijo y a corromperla. Y sé que te has estado viendo con ella —recalcó Kala levantando la mano y acusándola con el dedo—, no te vuelvas a acercar a Karin, Kushina. Porque no responderé de lo que te pueda hacer. Avisada estas. Y más vale que quites la denuncia, Kushina. Más te vale. No lo diré más veces.
Luego, les dio la espalda y se marchó.
Itachi tragó, incrédulo. Incluso ver a Kushina, una mujer tan fuerte, caer de rodillas mientras lloraba como si fuera un niño al que han quitado su caramelo favorito, le creó sensaciones contradictorias.
Empezaba a sentirse fuera de lugar cuando el matrimonio se enfocó en consolarla.
—Yo… me gustaría retirarme —anunció.
Hiashi asintió y le miró en disculpa. Itachi se marchó antes de que terminara envuelto en ese lío también.
Buscó su móvil y presionó el botón de llamada para Sasuke. Su hermano respondió al tercer tono.
—¿Qué?
—Yo también me alegro de hablar contigo —contestó sarcástico.
—Siempre que llamas tienes a un estúpido a tu alrededor que hace preguntas idiotas.
—Estoy solo.
—Qué novedad.
Itachi le habría pegado una colleja de tenerlo cerca.
—He ido a ver a nuestro padre.
Entonces, el tono de voz de Sasuke cambió.
—¿Para qué?
—Necesitaba información a cuenta de un sujeto que va tras una amiga tuya. ¿Cómo era…? Ah, sí, Tenten —nombró. Sasuke emitió un gruñido—. ¿Pensaste que sería Sakura?
—Cállate —ordenó molesto.
—¿Qué ocurre? ¿Problemas en el paraíso?
Sasuke tardó en contestar.
—Sólo somos amigos —dijo al fin.
Itachi maldijo. Sabía qué significaba eso para su hermano. Sasuke que estaba nadando como si fuera un recién nacido acababa de hundirse por una mujer.
—Por algo se empieza —animó.
—No intentes endulzarlo. Sé qué mierda significa.
—Bueno… no diré que no te lo has buscado.
Su hermano no contestó y Itachi supo que había dado en la diana.
—Como sea. ¿Quieres que le diga a ella algo?
—No. Al chico que está cuidando de ella. El sobrino de Hyûga. Dile que está en proceso junto a la policía.
—Se lo diré.
Asintió y miró alrededor. Estaba solo por la calle.
—Sasuke. ¿A ti él alguna vez…? No, olvídalo —descartó. No podía hacerle esa pregunta. No sin estar cara a cara. Porque su hermano a veces necesitabas eso para entenderle—. Diviértete.
—Sí, claro.
—Oye. Míralo de este modo: podría ser peor y no tener nada. Ni siquiera amistad. Ahora tienes la oportunidad de arreglar toda la mierda como su amigo. Ella sigue queriéndote lo suficiente como para darte ese lugar. Y un amigo tiende a conseguir privilegios que otros no.
—Ya…
Chasqueó la lengua. Un tipo como su hermano no era fácil de convencer.
—Por cierto. ¿Qué tal Naruto? —cuestionó—. Acabo de ver una escena con su madre bastante preocupante.
—Jodido —respondió Sasuke sin tapujos—. Su hermano está aquí dando por saco. Y no sé quién mierdas fue envió el cadáver de su padre hasta esta playa para que Sakura lo viera.
—¿Sakura? —inquirió sorprendido—. ¿Por qué ella?
—No lo sé exactamente.
Itachi percibió que mentía, pero no pensó en meter el dedo en la llaga. Su hermano, claramente, estaba susceptible con Sakura.
—Imagino que está siendo duro para él y que debe de sentirse solo.
—No. Tiene a su novia.
—¿Novia? —cuestionó sorprendido—. Eso es nuevo.
—Es… Mierda, es Hinata Hyûga.
Soltó un taco en acompañamiento.
—Mira tú por dónde. Tu ex sale con tu mejor amigo.
—No es mi…
—Es tu ex prometida. Quieras o no, eso siempre estará ahí. Que no pasara nada entre vosotros es otra cosa, pero existió ese detalle. Ahora, que ambos prefiráis ignorarlo por el bien de Naruto, es… aceptable.
—Ni se te ocurra decirle nada que…
—Soy una tumba —prometió.
Aunque no negaba que sería divertido meterse un poco con él y crear algo de inseguridad sana. Sin embargo, conocía lo suficiente a ese mocoso como para saber que terminaría creando un holocausto y empeorando todo.
—¿Quieres algo más o cuelgo?
—No, nada más —negó—. Es mejor dejar la mierda encerrada donde está. Sin removerla, mejor.
Sasuke, por supuesto, comprendió que se refería a su padre.
—Mejor.
Colgó poco después y miró hacia el cielo. La conversación con su padre le traje el amargo recuerdo de Izumi. Repentinamente, sintió deseos de verla.
Enfiló el camino hacia la guardería donde la conociera y esperó, pacientemente, hasta que alguna de las mujeres saliera.
—¿Izumi? —cuestionó la única que se atrevió a asomarse—. Oh, no. Hoy no ha venido. Nos llamó diciendo que estaba resfriada y prefería tomarse el día libre.
Maldijo entre dientes.
—¿Eres su novio?
—Sí —respondió—, pero no me ha dicho nada y hace poco que he vuelto a la ciudad y estoy perdido con donde queda su piso. No estoy seguro si la calle es correcta o no.
La mujer dudó por un momento, pero el pequeño al que salvara una vez se asomó, sonriendo con un moco goteando de su nariz.
—¡Mí héroe! Este chico bueno. Salvó.
La mujer entonces pareció comprender y se imaginó que Izumi había contado su versión de la historia al resto de trabajadores.
Gracias a eso, no obstante, logró lo que buscaba: la dirección.
Como ella le dijo, ya no residía en las lindes del clan Uchiha, sino en un edificio práctico cerca del centro y del trabajo.
Tal y como esperó, cuando le abrió tenía un gesto desconcertado en la cara, con dos pañuelos incrustados en sus fosas nasales y los ojos brillantes. Incluso estaba despeinada y en pijama.
—Por favor, dime que no he abierto la puerta en estas fachas y que sólo eres una ilusión.
—Dicen que existen las mentiras piadosas, asi que… ¿No?
Ella soltó tal bufido que escapó uno de los trozos de papel, golpeándole en el pecho y cayendo a sus pies.
—Buen disparo.
—¡Oh, por dios, Itachi! —protestó avergonzada—. ¿Por qué de todos los días tenías que venir justo cuando estoy constipada y parezco el troll de una mazmorra?
Él se agachó para recoger el papel que luego ella le arrebató.
—Necesitaba verte —dijo, sin mentiras—, y hablar contigo.
Ella pestañeó rápidamente, como si esas palabras la hicieran más feliz de lo que debería permitirse mostrar. Finalmente, se hizo a un lado para invitarle a pasar y fue… sorprendente.
Un completo caos de desorden. Había pañuelos hasta colgando de las cortinas. ¿Cómo era capaz de hacer eso?
Izumi pasó junto a él y se dejó caer en el sofá, colocándose una manta, una botella de agua caliente y algo de hielo en la frente.
—Siento no poder ofrecerte nada.
—Un resfriado siempre puedes —bromeo sentándose en el único asiento sin nada encima—. ¿Estás comiendo comida basura?
—No puedo ni cocinar —admitió—, así que sí.
Suspiró, remangándose.
—¿Vas a cocinar?
—¿Yo? No. Pero sé de alguien que es bueno cocinando para enfermos.
Izumi soltó aire por la boca, cerrando los ojos y rindiéndose.
Poco después, llamaban al timbre y ella volvió a abrirlos. Cuando vio a Kisame entrar, se dejó caer en el sofá con hastió.
—De entre tanta gente en la ciudad…
Kisame, nada más verla, se echó a reír.
—Y yo pensando que las mujeres enfermas eran más bonitas. Izumi, claramente, rompe la regla.
Como respuesta, ella movió una mano agotada.
—No tiene fuerzas ni para contestarme. Esto es un caos, Itachi —reconoció remangándose—. Déjamelo a mí.
En un abrir y cerrar de ojos, Kisame se encargó de todo. Limpió la pocilga del salón. Cambió las sábanas y preparó un baño que obligó a Izumi a tomar. Luego, una vez estuvo seca y acostada en su cama, se encargó de prepararle la comida.
Itachi le observaba cruzado de brazos.
—Es increíble que un tipo tan grande como tú seas capaz de hacer estas cosas.
—De algo tenía que ganarme la vida, ¿no? —cuestionó indiferente—. No me da vergüenza admitir que he trabajado cuidando enfermos y personas mayores. Te sorprendería lo gratificante que es en realidad.
—Y sin embargo, te dedicas a dar palizas y hacerte pasar por quien no eres.
Kisame probó algo de comida y luego se la ofreció a él. Itachi probó gustoso.
—Sólo muestro quién soy a quien se lo merece. Y lo sabes. Puedes sentirte privilegiado. Oh, y Izumi también.
Itachi asintió el tema de la sal y sabor y luego miró hacia la habitación.
—¿Por qué siempre tienes que meterte con ella?
Kisame apagó el fuego y rebuscó tres platos. Luego, una bandeja que preparó con sumo cuidado.
—Porque te gusta.
Itachi guardó silencio como toda respuesta. No quería pensar en eso, pero Kisame siempre parecía querer aclararlo.
—Venga. No me digas que no te importa si has pensando incluso en llamarme porque sabes que habrías hecho un caos de todo esto. ¿Algún día sabrás preparar algo que no sean huevos fritos, por cierto?
—Cállate —protestó recordando aquel suceso con desagrado. Fue antes de marcharse. Se quedó unos días en casa de Kisame y como agradecimiento, pensó en hacer algo productivo como un condenado desayuno. Le pasó exactamente lo mismo que cuando quiso hacérselo a Sasuke tiempo antes—. Sólo soy preciso.
—Perfeccionista, diría yo. Tanto que perdí dos cajas de huevos en nada y se los tuve que hacer a los chicos. Por poco y les sube el colesterol por las nubes.
Itachi lo descartó con un gesto y se encogió de hombros.
—¿Estás aquí porque ibas a hacer algún movimiento con ella?
La pregunta tan repentina fue casi una bofetada.
—No era eso.
—Ya. Un hombre visitando a una mujer enferma porque sí, porque le apetece charlar —dijo sarcástico—, para eso hubieras buscado a Deidara que es casi una mujer.
—No te burles de su situación.
—Ambos sabemos que él solito se lo busco —recalcó Kisame encogiéndose de hombros—. Y ahora carga con las consecuencias. Pero no me cambies de tema. La hembra. ¿Te gusta o no? Yo creo que sí, desde luego —continuó sin dejarle responder y cargando con la bandeja—. Gustos colores. No es fea y tiene buenas tetas. Me la tiraría sin dudarlo, claro.
Deseó darle un puñetazo en el bazo.
—Pero no sé tú. Tú eres muy retraído y muy tímido. A saber qué diablos estás pensando, así que igual estás muriéndote por ella —o por mí—, y no dirás nada de nada. Ahora que lo pienso, puede que me hayas hecho venir porque tenías miedo de dejarte llevar y cometer un acto pervertido.
—Kisame. Hablas demasiado —recalcó abriéndole la puerta para que pudiera meter su gran cuerpo mejor—. Cuida de ella simplemente. No tienes que…
Cerró la boca al ver que Izumi estaba despierta, intentando meterse dos trozos de papel en la nariz de nuevo.
Kisame la miró por un momento antes de echarse a reír.
—¡No te días! —acusó ella sin pronunciar bien—. ¡Se me gae todo el foco!
—Imagino que eso es un "no te rías. Se me cae todo el moco".
—¡Ejo! —afirmó Izumi señalando al grandullón—. ¿Haj cocinado?
—Claro que he cocinado. Si esperas que lo haga Itachi, vas de culo. Igual no tiene sabor para ti por el constipado, pero está buenísimo. Soy un cocinero de cien.
Izumi asintió y miró con ojos brillantes la comida una vez le puso la bandeja encima de las piernas. Kisame se sentó junto a ella y le fue ofreciendo la cuchara y los palillos.
—Hay medicina sobre la mesa —recordó Kisame mirando hacia él—. Tráela. Haz algo por la pobre.
Itachi obedeció sin rechistar. En realidad, eso era algo que bien podía hacer. Porque empezaba a sentirse un inútil. Cuando regresó, sin embargo, la escena le dejó congelado en el suelo.
Kisame se había inclinado sobre Izumi y presionaba su boca contra la frente de ella.
—¿Y bien? —preguntó ella una vez se separó.
—Tienes un poco. Ahora que comas te tomas la medicina.
Izumi asintió y probó algo de la comida.
—Seguro que después planeas chantajearnos de alguna forma.
—Oh, lo haré —aseguró Kisame. —Y lo que estoy pensando probablemente provoque que Itachi me golpee. O los dos —añadió emitiendo una risita propia—. Me la jugaré, sin embargo.
—¿Y qué es? —preguntó Izumi.
—¿Te lo digo? Puede que mañana no te acuerdes.
—Prueba —alentó ella metiéndose una cucharada en la boca.
—Sexo.
Izumi le escupió toda la comida en la cara.
—Bueno, esperaba un golpe y no comida en mi cara —protestó limpiándose. Itachi se acercó a ella y lo golpeó con la caja de la medicina—. ¡Ey, eso duele!
—Mejor cierra esa bocaza para no decir babosadas.
—No lo son —descartó Kisame frotándose el golpe—. Cuando esta mocosa se ponga bien, más vale que me paguéis con buen sexo.
—¿Ej que quiede que le pague una… una…?
—¿De qué habla? —cuestionó Kisame levantándose.
—Una mujer de compañía.
—¡No, mujer, claro que no! —descartó Kisame entre carcajadas—. Me lo voy a montar con los dos. Así que id preparándoos.
Le dio una palmada en el hombro que casi lo tira a la cama y luego, se marchó a la cocina. Izumi estaba limpiándose la boca cuando volvió a mirarla.
—¿Habla en serio?
—Completamente —afirmó—. ¿Por qué te crees que nos ha estado rondando siempre que hemos estado juntos?
—Madre mía. Nunca me habían… esto es… de locos.
—No tienes ninguna obligación de hacerlo —le aseguró—. Kisame habla mucho pero no es un monstruo. Si le dices que no, lo aceptará. Aunque seguramente preguntará el motivo.
—No quiero hablar de cosas con otra persona que no le afectan, pero sí a terceros.
—Kisame sabe qué mierda de padre tengo. Lo sabe de sobras. No apoya sus acciones, desde luego.
Izumi dejó los cubiertos y levantó las manos para asirle el rostro.
—¿De eso querías hablar conmigo hoy?
—Sí —admitió.
—Estoy bien, Itachi —aseguro—, puede que ahora esté llena de mocos, pero estoy bien. Lo que ocurrió ya no se puede remediar, pero sí vivir y seguir adelante. Y seguiré.
—¿Eso significa que aceptas mi proposición?
Kisame estaba apoyado en el quicio de la puerta, cruzado de brazos y casi ocupando toda la zona. Su boca estaba elevada hacia la derecha, pero su mirada era firme.
El muy cabrón hablaba en serio.
—Los dos —recalcó mirándole también—. Lo digo en serio.
Itachi no sabía qué decir. Fue Izumi, echándose hacia atrás, agotada, quien comenzó a reírse.
—¿Por qué no? —cuestionó divertida—. ¡Seguro que es una gran aventura!
Kisame esbozó una tirante sonrisa.
—Chica, cuando nos veas a ambos sé que vas a preferirme a mí, pero, sí, es una gran aventura la que vivirás.
Itachi negó con la cabeza.
—No tengo tiempo para…
—Para follar uno siempre tiene tiempo, Itachi —aseguró Kisame—. Y la noche es más larga de lo que parece. Sólo necesitas disfrutarla para que sea corta.
Se incorporó, inquieto y caminó hacia la ventana.
—Ey, no te duermas sin tomarte la medicina, chica.
Vio por el reflejo que Kisame quitaba la bandeja, se sentaba junto a ella, bebiendo agua y pasándole con su propia boca para que tomara las pastillas. Izumi estaba demasiado adormilada para reaccionar, pero no hizo ningún extraño por liberarse de él. Incluso suspiró, satisfecha, recostándose mejor.
Kisame silbó, acercándose a él.
—Oh, venga ya. ¿Acaso te ha traído malos recuerdos? —cuestionó rozándole la espalda—. ¿No fue a causa de que tu padre nos viera besarnos que te golpeó fuertemente, reabriéndote las heridas de la espalda?
—Cállate, Kisame —ordenó clavándole el codo en el estómago—. Definitivamente, tu maldita boca siempre te pierde.
Se alejó para salir. Necesitaba tomar el aire y quitarse ciertos pensamientos de su mente.
—Ey, Itachi —nombró Kisame siguiéndole—. No huyas esta vez.
Se detuvo. Levantó el mentón.
—No lo haré.
.
.
Cuando vio a Neji y Temari regresar sintió cierta punzada en el pecho de molestia. No eran celos, lo sabía. ¿Neji y Temari? Tenían que estar de broma. Además, Temari ya estaba saliendo con Shikamaru y cuando ella le preguntó en el momento en que Neji la dejó con Temari, esta misma lo confirmó. Los rumores eran reales. Aunque estos fueran dichos por alguien como Menma.
El que, por cierto, empezaba a caerle bien de cierta forma. No aceptaba sus torpezas ni lo dañino que era, pero sí empezaba a comprender que era como había pensado. Menma tenía muchos demonios. Y algunos de ellos le comían la cabeza para llevarlo por el mal camino. Pero cuando lograbas hacer que se abriera un poco, era un chico como los demás, con los ojos brillantes, emocionado con lo que hable y dispuesto a compartir ideas.
El problema residía en que había hecho ya tanto daño que a los demás les costaba bajar la guardia con él.
De cierta manera, todo eso de Menma le recordó sus desavenencias con Temari y que Neji les diera el empujón que necesitaba vino de maravilla. No se percató hasta ese momento cuánto la había echado de menos.
—Oye, Tenten.
Fue Ino quien la llamó. Estaban sentadas bajo una sombrilla ocupada por Sasuke y Hinata también. Al otro lado de Ino, con otra sombrilla, Sai parecía echar de menos la cama en cuento a comodidad. Sin embargo, sonreía cuando le preguntabas por su estado y alegaba que era preferible eso a la soledad del cuarto, pese a tener a Gaara allí.
—¿Por qué me pidió Neji que cuidara de ti?
Ino le gustaba de cierta forma. Aunque a veces deseaba estrangularla. Una de las cualidades que más valoraba de ella era su capacidad de ir directa al tema que le interesaba, sin rodeos innecesarios. Era la típica persona que, si debía de decirte que alguien había muerto, seguro que te lo soltaba a bocajarro y sin anestesia.
—No lo sé —respondió sinceramente. Ese era un misterio que Neji no parecía querer compartir con ella—. Igualmente, se supone que todos debemos de cuidar de los demás. ¿O no?
—Cierto —corroboró Hinata sonriéndole afablemente.
Ella, sin embargo, siempre le escamaba. No podía creer que alguien fuera tan bueno y tan despistada como para haber ignorado el sufrimiento de su primo e incluso sus sentimientos hacia ella. Desde luego, Hinata no estaba obligada a corresponderlos, pero sí, al menos, a tener un poco de empatía y rechazarle en condiciones.
Claro que, eso, era algo que sólo imaginaba desde lejos. Neji se había negado diversas veces al hecho de sentir algo por su prima, pero Tenten a veces pensaba que era demasiado tímido como para admitirlo.
—Esa parte ya la sé —descartó Ino sacándola de sus pensamientos—. Lo que quiero saber el significado especial tras todo eso.
—Ino —advirtió Sai.
Ella hizo un gesto sin importancia hacia él.
—¿Estáis saliendo?
Hinata exclamó y Tenten no pudo entender si era de sorpresa o indignación. Aunque cuando la miró, se percató de que no la miraba a ella, sino a Ino, la que tenía una sonrisa y la mirada fija en ella.
—¿Y bien? —cuestionó elevando las cejas—. Porque ya sabía yo que la playa iba a caldear corazones, pero no imaginé que sería el tuyo y el de Neji.
—Ino —aseveró Hinata esa vez.
Ino la despachó con otro gesto que no pareció gustar a la Hyûga, quien se levantó y se marchó, dejando a un Sasuke realmente incómodo, hasta que, repentinamente, Sakura apareció para sentarse en el lugar de Hinata.
—¿De qué diablos estáis hablando que habéis provocado que Hinata se marche enfadada? Y para enfadar a Hinata ya tiene que ser algo gordo.
—Ino está… investigando —explicó Sai.
Entonces, Sakura clavó la mirada en la rubia, quien silbó distraídamente.
—¿Acaso no es suficientemente obvio que ella y Naruto están saliendo?
—Es que no son ellos quienes me interesan —protestó Ino cruzándose de brazos y resaltando sus senos, cosa que, para diversión de la mujer, no pasó por alto ni para Sai ni algún que otro hombre del grupo—. Esos dos son tan claros que me aburren. Sé que a Naruto le va a costar hasta mojar el churro. O que seguramente Hinata se desmaye en su primer beso. En realidad, me da pena Naruto.
—¡Ino! —aseveró Sakura esa vez—. Haz el favor de cortar tu lengua ahora mismo. Ambas sabemos lo que le ha costado a Hinata conseguir que Naruto finalmente se fije en ella. ¿Por qué no tiene derecho a ir tan despacio como quiera? Ya hemos hablado muchas veces de tu rapidez con los chicos. ¡Incluso tienes la experiencia de…! —Se calló al percatarse de por dónde iban sus palabras—. Lo siento —se disculpó posando una mano en su hombro—, pero, diablos si te gusta tirar de la lengua de las personas.
—No importa —descartó Ino, aunque claramente, le había dolido—. Es cierto. Se me olvida la timidez de Hinata y sé que somos realmente diferentes. Pero es que me aburre muchísimo que todos estéis como: "ay, por fin" y emocionados por ellos como si no hubiera más chismes interesantes.
—¿Y yo soy el chisme interesante? —cuestionó señalándose.
Ino dio una palmada y extendió la mano hacia ella. Parecía que la tristeza había desaparecido de su rostro.
—¡Exacto!
—Pues puedes ir sentándose que no vas a sacar nada —indicó—, entre Neji y yo no hay nada de lo que te gustaría enterarte. Es un buen tipo, desde luego, pero no me ve con esos ojos. Así que no. En realidad —añadió bajando la voz y mirando hacia la orilla donde Neji se había unido a Kiba y Lee—, es como si yo fuera ahora la sustituta de su prima y eso… me cabrea.
—A nadie le gusta ser la sustituta de nadie —admitió Ino mirando de reojo a Sakura, quien fingió que no iba con ella, tomando la crema solar por encima de las rodillas de Sasuke, quien se tensó, echándose hacia atrás para darle más acceso—. Así que es normal que te enfades. Aunque…
Tenten elevó una ceja, curiosa. Ino lo sopesó bien antes de hablar.
—¿Y si lo que te molesta es que termine igual que con Hinata? —cuestionó finalmente—. Es decir. ¿A ti te gusta alguien?
—No —negó algo dudosa. La última vez que habló de un tema amoroso fue con Karin y con Tayuya.
Ino entrecerró los ojos, pero no pinchó sobre ello.
—Entonces, puede que una vez se termine el peligro él ya no sienta la necesidad de protegerte como sentía hacia Hinata y se termine vuestra relación.
—Mira que eres pájaro de mal agüero, hija —protestó Sakura ofreciéndole el bote de crema a Sasuke ya harta de intentar abrirlo. Cuando Uchiha se lo devolvió, continuó hablando—. Tenten y Hinata son claramente diferentes para Neji. Me arriesgo a decirlo porque nunca le hemos visto actuar así antes con nadie que no fuera Hinata. Y, sinceramente, ¿no fue él quien empezó a acercarse a ti? En ese tiempo aún protegía a Hinata.
Asintió por no ser capaz de admitir la verdad. ¿Qué cara pondrían los demás de saber que Neji se acercaba a ella porque la estaba extorsionando? Peor: ¿Cómo podía admitir que tuvo que hacer un trabajo como el de espiar al hermano del propio chico sentado junto a ellos? Sasuke no iba a tomárselo muy bien de confesarlo.
—Algo asi —dijo encogiéndose de hombros—. Igualmente, no es un tema fácil de tratar y no quiero llegar a ningún punto. No soy de las que se crean historias.
No, cuando siempre le habían fallado.
—¿Es por Menma? —cuestionó Ino repentinamente, sacando una exclamación de alerta de Sakura, quien le palmeó el hombro con toda la mano llena de crema—. ¿Qué? —protestó Ino ofendida—. Después de lo de antes desayunando, ya me dirás. Creo que es la única que está tan loca como para acercarse. Además, mira cómo puso a los chicos en alerta. Casi pareciera que fueran a quitarle una hembra de su corral, por dios. Especialmente; Neji —recalcó, claramente, con intenciones.
Tenten suspiró agotada.
—Sólo estaba hablando con él. No es nada extraño una vez comienzas una conversación con él. Especialmente, si tienes temas que tratar. No es tan diferente de… no sé, Sasuke o Sai —explicó.
Sasuke emitió un gruñido.
—Oh, y tanto que es diferente —aseguró Sakura—. Sasuke no va secuestrando a gente, dejándolas expuestas a gilipollas o corriendo a gritar a los siete vientos que una pareja está saliendo sólo para hacer mal a otras personas. Y eso, es quedarme corta —puntualizó—. Tenten, la última vez que estuve junto a él en la misma habitación me… me maltrató y provocó que Sasori escuchara algo doloroso para él.
Un rechinar de dientes llegó de diferentes zonas. Ino por un lado y, por el otro, de Sasuke, quien, sin embargo, miró hacia otro lado y fingió tomar la botella de agua cercana para beber.
—Sinceramente, me da igual lo que le pase a ese tipo —reconoció Ino cruzándose de brazos—. Otro tema que también trae tela, Sakura. Pero no, no te preocupes —añadió antes de que Haruno comenzara a discrepar—, no voy a seguir dándote la tabarra con eso. Ya verás por ti misma los resultados.
Sakura se incorporó y miró a Ino desde su altura.
—Desde luego, eres experta en echar a las personas. Más te vale disculparte después con Hinata, Ino. Ella no soy yo y no tiene por qué aguantar tus estupideces.
—Si me escucharas verías que no son estupideces.
Sakura se mordió el labio inferior. Más por no soltar lo que estaba a punto de decir que por otra cosa. Aún así, Ino se mantuvo en sus trece.
—Tenten.
Dio un respingo al escuchar su nombre. Kakashi salía del hotel con gesto serio. Levantó una mano para invitarla a unirse a él y obedeció. Esperaba que no fuera otro que decidiera que era incapaz de cuidar de sí misma y le recomendaba no acercarse a Menma.
Sin embargo, las palabras del profesor la dejaron boquiabierta.
—¿Qué ha dicho?
Kakashi se rascó la nuca, sopesando su inquietud.
—Tu tía se ha puesto en contacto con nosotros para saber de ti. Dice que la llames. Que sabes su número. Sinceramente, Tenten, te recomendaría investigar qué desea de ti. Y, de ser algo que no te agrade, cortarlo por lo sano. Nadie, repito, nadie, debe de hacerte sentir miedo. Eres una muchacha libre y muy inteligente. No olvides —añadió—, que nosotros estamos para ti aquí. ¿De acuerdo? Y tus amigos, en especial. Apóyate un poco en ellos.
Asintió un poco ida, alejándose mordisqueándose la uña.
No quería pensar en esa mujer y en las consecuencias de que deseara volver a acercarse a ella. Si bien era cierto que se sabía su número de memoria, estaba algo atemorizada de tener que volver a tenerla delante. Incluso de escuchar su voz.
—Tenten.
Se detuvo al casi chocar con alguien. Dando ágilmente un paso atrás, enfocó mejor a la persona frente a ella. Neji la miraba paciente. No se movía, como si ella fuera un animal peligroso con el que debería de mantener la calma. Ella suspiró, aliviada y luego miró a su alrededor, percatándose de que casi estaba pasando el mirador.
—¿Cómo diablos he llegado hasta aquí? —cuestionó asombrada.
—Te hemos llamado varias veces, pero nos has ignorado. Hasta Menma.
Eso, le sorprendió.
—Se detuvo cuando ibas a pasar a su lado, te llamó, pero como seguiste se hizo a un lado encogiéndose de hombros y dejándome pasar para llegar a ti. ¿Ha ocurrido algo?
Tenten volvió a mordisquearse la uña.
—Neji, si te pido un favor. ¿Me lo harías?
Neji tragó, mirando a su alrededor.
—¿Qué ocurre?
—Que es una suerte que ni Lee ni Kiba estén por aquí —murmuró incómodo—. Como sea, dime qué es. Si es dinero…
—Oh, no, no —descartó—. Con lo que me preparaste tengo de sobras. Es otro asunto.
Cuando él asintió ella lo guio hacia una de las rocas donde poder sentarse apartados del resto y cubiertos. Sacó el móvil para mostrárselo.
—Tengo que llamar a mi tía y me gustaría que estuvieras a mi lado. Si puede ser.
Él frunció el ceño.
—¿Es un problema?
—No, no es eso —descartó con un gesto y acomodándose—. Es que eres la segunda persona que me pide algo así. Nada más.
—Oh, probablemente, porque sabemos que eres bueno reteniendo las palabras y eres rápido de respuesta —sopesó—. ¿Quién fue? —añadió.
—Shikamaru —contestó—. No creo que sea eso. Hay veces en que me bloqueo, como todo el mundo.
—¿Por ejemplo? —preguntó intrigada.
Neji lo sopesó.
—Por ejemplo, cuando… —Levantó la mirada para posarla sobre la de ella. Tenten le miró intrigada, pero él tardó en continuar—. Nada, olvídalo. Sí que soy bueno con eso.
Ella se echó a reír y le dio un codazo con total confianza.
—¡Mira que eres! —acusó—. No sabía que pudieras bromear.
Siempre tan serio y firme, Neji era toda una caja de sorpresas, de eso estaba seguro.
—¿Y bien? —cuestionó señalando con el mentón el móvil—. ¿Dices que tienes que llamar a tu tía?
—Sí —confirmó—, pero no es tarea fácil.
Miró la pantalla del móvil, pasando los pulgares por encima. Había tomado una fotografía de la puesta de sol y la tenía como fondo de pantalla.
—¿Por tu padre?
Tenten cabeceó en afirmación.
—En parte, por él y… porque no soy obediente. Ella quería… bueno, quería que hiciera todo. Lavar, coser, limpiar, fregar, ir a recados y hasta atender asuntos de los que no tengo ni pajolera idea de cómo solucionarlos. Decía que me servirían para el día de mañana cuando me casara y para no ser como mi padre, quien iba abandonando hijos por ahí. Siempre tenía un insulto para él.
Apretó los labios. Todavía recordaba la última discusión como si fuera ayer.
—Mi padre podría ser quien era, no lo discutiré nunca, pero él me amaba. Me quería mucho y no me arrepiento de tener los recuerdos que poseo de él o su sangre. Puede que yo sea un perro de la calle, pero gracias a él pude sobrevivir sin pasar hambre, sin más frío del necesario y sin mojarme. Cosas que ella nunca me ofrecía. Porque me quería de sirvienta y que durmiera en una perrera.
El rostro de Neji fue cambiando de serio a uno que claramente parecía atragantarse para no soltar lo que pensaba.
—Algo me dice que hacer esta llamada será para que demuestre cuanto me odia y que le debo el favor de permitirme ir a clases. Como si fuera así.
—No le debes nada. ¿No?
—¿Qué le voy a deber? Si comía como podía aún viviendo con ellos. No gastaba luz en mí porque en la perrera no llegaba. Y el agua ni se me ocurriera usarla. Así que no, no le debo absolutamente nada.
—Entonces, no debes de tener la cabeza gacha para nada con ella.
Asintió, entendiendo que tenía razón. No podía actuar como una condenada cobarde.
Así pues, sintiendo a Neji a su lado más que nunca, presionó el botón de llamada tras teclear el número. Su tía respondió al cuarto tono. Ella presionó el botón de altavoz.
—¿Diga? ¿Quién llama?
Tragó.
—Soy Tenten.
—¡Ah, por fin te dignas a llamar!
—Tía —nombró cansada.
—No, no te pongas en ese tonito, jovencita. ¿Tú ves normal todo cuanto has hecho, llenándonos de preocupación? ¿Es que quieres seguir los pasos de tu padre?
Se mordió el labio inferior antes de responder.
—No, tía, no. Os dejé una carta avisándoos que me marchaba y que no me buscarais. Sé que os preocupasteis por mí a vuestro modo. —El sarcasmo era marcado en su voz—. Sin embargo, tengo que seguir mi vida por mí misma.
—¿Por ti misma? —cuestionó su tía cautelosa—. ¿Cómo? —Antes de que ella pudiera contestar, la mujer contestó—. ¿Acaso has vendido tu cuerpo?
—¡Oh, por todos los demonios! —exclamó notando que sus mejillas y orejas ardían—. ¡No, para nada! ¿Cómo puede ocurrírsete eso? —cuestionó ofendida.
—Siempre es la opción fácil —respondió su tía con suma tranquilidad—. ¿Dónde has estado viviendo? ¿Qué has comido? ¿Con quién? ¿Dónde estás ahora? Tus profesores
Frunció el ceño ante tantas preguntas.
—Lo importante es que estoy bien, tía —dijo—. Quería que lo supieras. No voy a volver —anunció antes que ella preguntara por ello—. Tengo alojamiento, comida y agua caliente. No tengo goteras ni frío. Estoy perfectamente bien. Y… Y no estoy sola.
Nada más decir esas palabras le miró. Neji asintió, concienzudo y ella sonrió. Incluso cuando él atrapó su mano no la apartó.
—Sí, me imagino que estás bajo el cuidado de los profesores. ¿Cuándo podría verte, Tenten? Quiero verte.
Ella dudó. No tenía la menor gana de hacerlo. La conocía bien como para saber que eso no era bueno.
—Ahora mismo no tengo tiempo. Es más, estos días será imposible hacerlo —explicó.
—¿Es que no quieres vernos? Tu tío también está preocupado por ti. Qué menos que nos atiendas para saber que estás bien. Sabes que nosotros podemos trasladarnos a donde estés y…
—No, tía —negó más firme—. Sinceramente, ahora mismo no tengo cabeza para atenderos. Entre las clases y los problemas de mi padre…
—Ah —interrumpió la mujer—. Así que se trata de eso. Tu padre.
Tenten cerró los ojos y apretó la mano de Neji con fuerza.
—No es exactamente mi padre es…
—Su dinero. ¿Es eso?
Una vez más, intercambió una mirada de sorpresa con Neji.
—¿De qué hablas? —cuestionó.
Su tía suspiró.
—Ya era hora —exclamó—. Ahora más que nunca tenemos que vernos, Tenten. Tenemos que hablar de ello y organizarlo.
—¿Organizar qué exactamente?
—¡Pues qué va a ser! ¡El dinero! No puedes encargarte de eso sola. Nunca has tenido control de finanzas. Eres demasiado joven para saber qué sí y qué no hacer con todo eso. Además, cabe la posibilidad de que ni siquiera sea legal. ¿Quieres terminar igual que tu padre? ¿En la cárcel? ¿Muriendo sola y triste? ¿Abandonada por tu familia?
Se quedó sin palabras por un momento. ¿Qué clase de preguntas eran esas? Neji, a su lado, le dio un apretón de menos y negó con la cabeza cuando le miró.
—Tía, estás muy equivocada conmigo —dijo finalmente—. Yo no estoy sola. Tengo a mis amigos conmigo.
—¿Amigos? Los amigos terminan dejándote atrás a la primera de cambio. Nunca olvides cómo lo dejaron a tu padre una vez tu madre murió.
—No es algo que necesite recordar porque jamás lo olvidaré —respondió—, sin embargo, no puedo vivir estancada en el pasado ni vivir la vida de mi padre. Tengo que vivir la mía. Y eso conlleva organizar mis finanzas inclusive.
—Y por eso te insisto en que dejes que te ayudemos. Nunca has llevado una fortuna en tu bolsillo. Eres capaz de gastártelo sin pensamiento.
—En realidad, tengo alguien que se encarga de mis finanzas. Y justo por la escasez que tuve en mi vida soy capaz de gastar sólo en lo que necesito. Este móvil fue un consejo por mi seguridad de mis amigos, así que, sí, confío en ellos.
Su tía soltó un aullido incómodo.
—¿Y quién es el que se ocupa de tus finanzas, Tenten? —cuestionó.
Neji negó con la cabeza, llevando el dedo índice hacia los labios.
—Eso no importa.
—Claro que importa, Tenten —protestó la mujer—. Podrían estafarte.
—No lo harán —prometió—. Igualmente, mis finanzas no deberían de ser importante para ti ni para el tío. Son mí problema.
—¡Y esta muchacha! —exclamó la mujer ofendida—. ¡Pues claro que son nuestro problema también! Tu padre nos dejó a nuestro cargo a su hija con todo lo que viniera. No sólo para los problemas.
Apretó los dientes antes de hablar.
—Déjame que discrepe un poco en eso, tía. Mi padre os dejó mi cuidado, sí, pero dudo que aceptara las condiciones en las que me teníais. Y en cuanto al dinero, es el único que dejó libre para mí. Es mío y de nadie más. No quiero ser desagradecida, sinceramente, pero quiero vivir mi vida por mi cuenta. Sola.
Su tía colgó al instante.
Tenten suspiró y buscó nuevamente la mirada de Neji, quien miraba al frente con el ceño fruncido.
—¿Siempre es tan preguntona? —cuestionó.
—No. Le daba realmente igual si había comido o no, por ejemplo.
Neji comprendió, poniéndose en pie y tirando de ella.
—Espera. ¿Qué ocurre?
Neji se detuvo. Su gesto más severo que nunca.
—Tengo que hablar con Nara. Creo que sé por qué tu tía estaba haciendo esas preguntas. Tienes que quedarte con el resto, a salvo.
—Pero…
Comprendió que Neji no iba a compartir más información y estaba realmente apresurado, tirando de ella y dando grandes zancadas.
Se detuvo repentinamente, tirando de él en el trascurso.
—¿Qué ocurre? —le preguntó confuso.
—Voy a quedarme aquí.
—Estás sola —recalcó.
—No lo estoy.
Levantó el dedo hacia lo alto del mirador donde Menma observaba a lo lejos. Neji tensó la mandíbula y empezaba a negarse cuando ella se soltó de su mano.
—No estoy sola.
—La última vez que Menma estuvo en ese mirador tiró a Sakura por él —recordó sujetándola del codo—. ¿Es que quieres que te tire igual?
—No lo haré —aseguró—. Me quedo con él, Neji. Ves con Shikamaru. ¿No era muy urgente lo que querías decirle? Y, no, no soy un saco de patatas que puedes dejar con quien te de la gana de todos nosotros. Por dios, agradezco tu preocupación, pero si empiezas a ponerme cadenas dejaré de confiar en ti porque me sentiré atrapada.
Él aguardó un momento y miró hacia el chico a lo lejos.
—Como te haga algo…
—Sí, sí —afirmó cruzándose de brazos—, Naruto y los chicos lo mataréis.
—No —negó con firmeza y mirándola profundamente—. Lo mataré. Te juro que lo haré.
Por un instante, se olvidó de respirar. Esa sensación repentina de protección, el cosquilleo agradable de sentirse querida y… la asfixia de sentirse igual que Hinata.
—Vete, Neji.
Él obedeció poco después. Tenten se percató de que sus orejas estaban algo rojas, pero no le prestó mucha más atención y empezó a subir al mirador.
Menma estaba casi al filo, mirando a lo lejos con las manos en la espalda. Tenten sabía que él era consciente de su cercanía pese a que fingiera que no. Sus hombros estaban tensos pese a que buscaba una postura más relajada.
—¿Problemas en el paraíso con el perro guardián?
—Algo parecido —respondió colocándose a su lado—. ¿Por qué estás apartado?
—¿Acaso puedo estar en otro lugar? —cuestionó algo irritado.
—Podrías, si dejaras de ser tan cascarrabias y el tema ese de "soy el amo del mundo".
Menma entrecerró los ojos.
—¿Estás burlándote de mí?
—No. Sólo te aconsejo como bien puedo. Si permitieras a los demás tener conversaciones como las nuestras, seguro que verías que te caen mejor de lo que crees y viceversa.
—Ya… Me imagino mucho hablando con Nara de armas. Con su novia de cómo secuestrar a alguien. O, y con mi hermano, esa charla seguro que es la mejor de todas. "Como exponer a tu novia frente a un montón de tíos para que la violen". Sí, conversaciones interesantes en las que mis dientes saldrían volando de descuidarme.
Tenten chasqueó la lengua.
—Al menos eres consciente de qué hiciste mal hacia ellos y consideras que no son temas a tratar con ellos. Algo es algo.
Menma desvió la mirada de nuevo al mar, con el ceño fruncido. Cuanto más lo miraba, más veía en él un muchacho atormentado que no sabía cómo abrir las puertas que él mismo había cerrado.
—¿Tienes problemas con tu familia?
Tenten suspiró. Le había aliviado tener una conversación diferente a sus problemas, pero Menma también pecaba de curioso. O…
—¿Has escuchado?
Él se encogió de hombros, excusándose.
—Lo tenías en manos libres y podía escucharlo desde aquí. No es mi culpa que decidas que el resto del mundo conozca tu vida.
—Sólo quería que Neji lo escuchara. Con mi tía siempre existe una posibilidad de que entienda lo que quiera. Además… hay alguien que va a por mí.
—Eso lo sé —accedió—. Tuve que buscar cierto nombre para tu perro. Ese condenado… Igual debería de quitarlo de en medio antes de que sea tarde.
—¡Oh, no, no, no! —negó aferrándolo del brazo—. Si haces eso no harás más que cavar tu propia tumba en cuanto a relacionarte con el resto del grupo. ¿No estás cansado de tanta soledad?
—Tú no sabes nada de soledad.
—Lo sé. Lo sé bien —aseguró—. Sé cuanto duele. Mientras ves el mundo moviéndose a tu alrededor y nadie se da cuenta de que estás ahí, sufriendo. Mordiéndote los labios para no causar problemas. Escondiéndote para buscar un lugar seguro y que te dejen en paz esos pensamientos que te torturan.
—O las personas reales…
Tenten asintió y bajó su mano hasta la de él, tomando la suya con cautela. Menma no la rechazó. Mantuvo la mirada en el mar.
—¿Tu padre está muerto?
—Sí. Y dejó dinero para mí. Ese dinero que salvó era de otra persona al parecer y ahora quiere recuperarlo. Por eso va a por mí.
—Irónico —farfulló soltándose y alejándose—. Será mejor que no te mezcles mucho conmigo, apestosa, o realmente me crearás problemas que no busco.
—Porque tus problemas son con Sasuke, Naruto, Sakura y Hinata.
Menma se detuvo para mirarla desde su altura. Incluso estando a un nivel más bajo, era tan misterioso como peligroso. Lo sabía, pero continuaba teniendo ese no sé qué que le daban ganas de abrazarlo y protegerlo.
Aunque si él supiera qué clase de pensamientos tenía hacia su persona, seguramente se encargaría de hacerle ver que no era así.
Y no de una forma agradable.
—¿Qué insinúas? —cuestionó él, sorprendiéndola.
—Pues que te enfocas mucho en ellos. Entiendo que quieras derrocar a tu hermano, pensando que es el líder y Sasuke su mano derecha, pero te equivocas. Naruto es quien es gracias a todos. No sólo a una persona. O a Hinata. No negaré que ella es un gran pilar para él, pero no es todo lo que hace que se mueva. Si Naruto piensa que tiene que saltar por ti, lo hace. Sin pensarlo.
—Ya conozco los "elogios" hacia mi hermano —descartó hastiado Menma—. Un día saltará y se estrellará.
—Y el resto irá detrás —añadió ella—. Incluso Hinata y Sakura.
Menma se encogió de hombros.
—Daños colaterales.
Tenten se cruzó de brazos y encogió los hombros.
—Me lo creería si lo dijeras en serio.
—Lo digo en serio.
—No, no lo haces. He visto como miras a Hinata…
Antes de que pudiera añadir más él estaba sobre ella, cubriendo su boca con su mano y la mirada brillante en advertencia.
—Más te vale que no termines esa frase. Si a mí me gustara esa modosita no habría hecho lo que hice con ella. No soy el tipo de hombre que expone a sus mujeres frente a otros.
Le dio un toque en la muñeca para que le soltarla.
—Pero sí eres el tipo de hombre que una vez se te rechaza destruyes todo cuanto podrías haber amado.
Menma frunció los párpados.
—Estás jugando con fuego —advirtió.
—Lo sé, pero no puedo, ni me parece bien, dejar que te autoengañes. ¿Por qué no me dejas ser tu amiga?
Menma elevó las cejas, sorprendido. De verdad, de forma natural. Como si eso fuera la primera vez en su vida que lo escuchaba.
—Deja de mentir, mujer.
—No estoy mintiendo. No tienes por qué estar solo. Necesitas conversación y distraerte de todo.
—Sé por qué todo el mundo quiere ser mi amigo o siente interés por mí. Algo por lo que mi hermano no… —Se mordió el labio para acallar sus palabras, pero era demasiado tarde.
Tenten comprendía por dónde iban los tiros.
—¿Era eso lo que ocurría? —preguntó suavemente—. Que se acercaban a ti por tu apellido y no por quien eres. Como le pasa a Naruto naturalmente.
Su silencio fue la mejor respuesta.
—No pensé que un chico como tú pudiera tener esa inseguridad creada por idiotas, seguramente.
Menma bostezó y se rascó la nuca.
—Será mejor que dejemos el tema o terminarás quemándote, como ya he advertido. No te metas más profundo de lo que puedes nadar.
—Me meto porque tú amistad me interesa.
—¿Para que no te hiera en mis intenciones de destruir todo este mundo de felicidad? Inteligente y rastrero.
—Te equivocas —negó firme—, porque puede que no lo parezca, pero sé bien cómo te sientes y donde estas y quiero hacer por ti lo que no hicieron por mí.
—Tú no…
Calló al escuchar que su móvil vibraba. Lo sacó con un quejido entre dientes y tras mirar el mensaje, frunció el ceño.
—¿Una noticia desagradable? —cuestionó.
—Un mensaje inesperado. De una persona que no esperaba —respondió encogiéndose de hombros—. Lárgate. Quiero verlo solo.
Tenten aceptó su intimidad y empezó a descender del mirador. No había dado unos pasos cuando cuatro jóvenes aparecieron frente a ella. Sonrientes, sudados y con el cabello largo y lustroso. Los típicos aburridos de las playas.
—¿Qué tal muchacha? Cómo está la vista ahí arriba. ¿Por qué no nos la muestras?
Las preguntas salieron a borbotones a la par que empezó a sentir la misma sensación de asco. Intentó esquivarlos. No tenía ganas de pelear.
Por supuesto, ellos no estaban por la labor de permitirle escapar. La atraparon del brazo antes de lo que esperaba y entre todos, empezaron a subirla hacia arriba. Irritada, empezó a forcejear hasta que fue otro puño el que golpeó el rostro de uno de los abusadores.
Lo primero que pensó fue que Naruto acababa de aparecer, sin embargo, eran otros cabellos y otro tono de ojos. Incluso su piel era menos morena, pero su furia, igual.
En un abrir y cerrar de ojos le quitó de encima a los abusones y miró, satisfecho, su obra de espaldas a ella.
—Gracias.
Él miró por encima de su hombro hacia ella.
—Podrías haberte desecho de ellos fácilmente.
—Lo sé —admitió acercándose a él—, pero contaba contigo. Eso es lo que hacen los amigos.
Menma esbozó una agria sonrisa.
—Ya, los amigos.
Luego, cuando los gritos de los demás empezaron a llegar, Menma se alejó. Tenten fue arropada rápidamente por los demás.
.
.
Ino observó desde lejos al resto de la clase enfocarse en Tenten, la cual alegaba estar bien y parecía enfadarse a medida que le iban preguntando ciertas cosas. Especialmente, Naruto.
—¡Menos mal que está bien! —exclamó Hinata a su lado.
Ella, Sasuke y Sai eran los únicos que no habían acudido en su auxilio. Aunque dudaba mucho que ella necesitara ser socorrida. Y no es que no le interesara el chisme a cuenta de qué había ocurrido. Simplemente, no sentía ganas de ir detrás de Tenten cuando claramente era ella la que estaba metiéndose en la boca del lobo con Menma.
Desde que le pasara aquello con Deidara no podía evitar dudar de aquellos que no consideraba cercanos. Y sí, quizás estaba siendo injusta con Menma, pero las acciones que estaba cometiendo no eran sanas ni buenas. Le escamaba.
Y después de lo que había escuchado qué le sucedió a Sakura con él, menos todavía. Por eso, de alguna forma, los recuerdos la aprisionaron hasta el punto de no querer separarse, esa vez, de Sai. Se mantuvo a su lado, apretando su mano hasta que todo pasó.
—¿Estás bien? —preguntó Sai en un susurro.
—Sí —respondió sonriéndole—. Sólo tuve malos recuerdos.
Notó una mano en su hombro y, al volverse, se encontró con la sonrisa empática de Hinata y sus ojos clamando una calma que le inquietaba. No quería ahora empatía, quería seguridad.
—Gracias, Hinata —dijo soltándose.
Ella parpadeó, confusa, pero asintió y miró hacia el resto, levantándose cuando Naruto se acercó a ellos para tomarle la mano y hablar muy deprisa. Tanto, que Ino apenas captó qué decía, aunque Hinata sí al parecer, porque también habló en susurros y se alejaron del resto.
—¿Ocurre algo? —preguntó a Kiba antes de que se marchara. Este asintió. Parecía tan perplejo como el resto—. ¿Tan malo es lo que ha pasado? Yo veo a Tenten fresca.
—No, ella está bien. No le hicieron nada —descartó Kiba rascándose la nuca.
—Bueno, ya sabemos que Tenten es capaz de defenderse —indicó pensativa.
—El punto es que no ha sido ella quien ha actuado.
—¿Cómo que no ha sido ella? —cuestionó sin comprender sus palabras. Kiba negó repetidas veces—. ¿Neji? Aunque lo dudo. Él estaba junto a Shikamaru cuando escuchamos los gritos.
—Menma —respondió Sasuke repentinamente.
Ella le miró sin comprender.
—Sí —afirmó Kiba rascándose la nuca—. Fue Menma quien salvó el culo de Tenten. Sin que nadie se lo pidiera y sin pedir nada a cambio. Esto es realmente extraño.
Ino miró con otros ojos entonces la situación. Ahora entendía por qué Tenten parecía tan airada en sus afirmaciones por las acusaciones de los demás y, especialmente, las dudas. Al parecer, el más afectado era Naruto.
No.
Neji.
Su gesto remarcaba la culpabilidad que sentía. Podía deducir que Neji la dejó atrás por algún motivo. ¿Quizás una disputa? El caso es que ahora se lo estaba reprochando. ¿Quizás porque le habría gustado a él salvarla? ¿O era el hecho de que fuera Menma como ocurría con Naruto?
La intriga empezó a cosquillearle el cuerpo.
—¡Oh, no! Tiene esa mirada.
Fue Sakura la que exclamó de esa forma y el resto la miró intrigados. Ella sonrió y parpadeó inocentemente.
—No sé de qué mirada me estás hablando —se defendió—. Sólo estoy preocupada por lo que ha ocurrido con Tenten. Es realmente sorprendente que Menma la haya salvado. ¿O no te lo parece, frentona?
Sakura entrecerró los ojos.
—Sí, lo es —confirmó—. Sin embargo, siento que no es esa parte la que a ti te interesa.
Ino no pudo evitar sonreír orgullosa por Sakura. Su amiga era muy capaz de entenderla incluso antes de que iniciara sus actos. El problema es que nunca le gustaba inmiscuirse en esas ideas. Sakura podía ser algo chismosa, pero ¿ir a buscar el chisme? ¡Jamás!
Pero ella no tenía reparos en hacerlo.
Sabía que algo se cocía entre Neji y Tenten.
—Sakura. Cuida un poco de Sai. ¿Quieres?
Sakura dudó, pero ella unió las manos en rezo y añadió cerca de su oído.
—Tengo que ir al baño —susurró.
—Ah, vale —aceptó ella entonces pasando a su lado para sentarse entre Sasuke y Sai—. No tardes.
—Si quieres te acompaño —se ofreció Kiba.
—¿Cómo diablos vas a acompañarme tú? —cuestionó asqueada—. ¡Pervertido!
Y luego se alejó con el mentón levantado mientras Kiba se quedaba en ascuas, sin comprender por qué acababa de ser rechazado de esa forma.
—Ino.
Se detuvo al escuchar el llamado. Choûji caminó hacia ella rápidamente, ofreciéndole patatillas que ella descartó amablemente.
—¿Dónde vas tan deprisa?
—¿Sabes hacia donde se han marchado Shikamaru y Neji?
—Sí, hacia el interior —respondió Akimichi señalándole el lugar indicado con el índice lleno de restos de patatillas—. Iban hablando muy serios, como si tuvieran prisa por lo que fuera que decían. Es más, juraría que lo que ha ocurrido con Tenten ha incrementado que esos dos se apresuren.
—¿Y conoces el motivo?
—No, pero sí que capté el nombre de Tenten.
Ino se lamió los labios interesada.
—Voy a averiguar.
—Ino —advirtió Choûji—. Neji parecía muy serio. Daba miedo y todo. Era como cuando éramos más jóvenes y una vez intentaste seducirle. ¿Te acuerdas?
—Claro que me acuerdo —respondió entre dientes.
Aquel recuerdo era horrible. Ser rechazada y amenazada de ese modo…
—Esto es diferente. No tengo interés en seducirle ni nada así —explicó—. Quiero saber qué ocurre entre él y Tenten.
—Oh, realmente le importa, parece.
Entonces, centró toda su atención en él.
—¿Qué es lo que sabes? —cuestionó sin tapujos—. Quiero decir, qué has escuchado o por qué supones algo así.
Choûji miró a su alrededor y se acercó más a ella.
—Cuando pasó lo de Tenten, Neji fue el primero que echó a correr. Sólo le he visto actuar de ese modo una vez y fue con Hinata. Claramente, uno no corre así a menos que haya un premio importante al otro lado. Yo correría como un loco por un paquete de patatillas premium.
Ino chasqueó la lengua.
—Choûji, cariño, creo que deberías de cambiar el paquete de patatillas alguna vez por una chica. ¿No crees? —cuestionó llevándose las manos a las caderas y sacudiendo la cabeza—. Empieza a mirar más allá de la comida, anda.
Choûji se miró los pies con las mejillas ligeramente enrojecidas.
Ino elevó una ceja. Una alarma ya conocida se encendió en ella. Pero estaban hablando de Choûji y este parecía ser capaz de casarse un día con un trozo de carne. Lo amaba. Dios si le quería, pero debía de ser severa en ese caso.
—Ya la hay —dijo sin necesidad de que ella preguntara.
Sin embargo, Ino tuvo que inclinarse más hacia él y agudizar el oído. Y no era porque el resto comenzaran a entrar y Kiba fuera un condenado megáfono.
—¿Qué?
Choûji levantó la cara para hablar. Kiba la empujó con el hombro en la espalda. La gravedad hizo el resto.
—¿Ino?
Se retiró como un resorte mientras que Choûji se ponía pálido como la pared y ella sopesaba la idea de cómo reaccionar a ese error. No quería herir a uno de sus mejores amigos, pero… pero… ¡Un condenado beso!
Se volvió para encarar a la persona que le había nombrado.
Sai estaba junto a Sakura, Karui, Sasuke y Hinata, que la miraban como si acabaran de ver una película de terror.
—Vaya, yo pensé que… —tartamudeó Hinata frunciendo el ceño—. Quiero decir, yo creía que…
—Cállate mejor —ordenó tocándose el ceño—. Voy a matar a Kiba.
Giró sobre sus propios pies y empezó a caminar hacia el comedor. Furiosa, dejó de pensar en Neji y Shikamaru o lo que tuviera que ver amorosamente hacia Tenten. En esos momentos sólo podía pensar en sus manos alrededor del cuello de Inuzuka mientras este echaba espuma por la boca.
Por supuesto, Kiba no entendía por qué estaba intentando atraparle del cuello y la esquivó cada vez que podía.
—¡Pero qué diablos pasa contigo, Ino! —exclamó Kiba.
—¡Es que eres odioso! ¡Siempre tienes que meter la pata donde no debes! ¡Por ir a tu bola siempre arrastras al resto a problemas! ¡Discúlpate con Choûji ahora mismo!
Levantó la mano para señalarlo. El chico estaba colorado y sostenía en una sola mano una bolsa que se había desparramado por el suelo.
Kiba los miró alternadamente sin comprender.
—¿Por qué tengo que disculparme con él? Yo no le he tirado esa bolsa de patatillas al suelo.
—¡No son sus patatillas!
—¡Pues no sé qué he hecho mal, maldita loca!
—¡No me llames loca! ¡Discúlpate!
—¡Es que estás loca, chica!
—Vale, suficiente —intervino Rin entrometiéndose entre ellos—. Será mejor que los tres vengáis conmigo para aclarar este asunto y dejéis al resto de clientes comer en paz. Y sin discusiones —advirtió al ver que Kiba iba a abrir la boca para quejarse—. Venga, Choûji, tú también.
Ino maldijo entre dientes. No era su intención para nada llegar a ese punto.
Subieron los cuatro en silencio y entraron en la habitación de profesores. Ino se sentó la primera en el sofá y Choûji a su lado, mientras que Kiba se sentó en el suelo pese a que Rin le ofreció el otro sillón.
—¡Yo no he hecho nada! —exclamó cruzándose de brazos—. ¡Ella se tiró encima de mí sin más!
—¡No fue sin más! —se defendió—. Siempre actúas como un idiota y vives en tu mundo hasta el punto en que no te fijas las catástrofes que puedes crear. ¡Es como aquella vez que empujaste a Shikamaru y provocaste que Sasuke y Naruto se besaran!
—¡Eso fue sin querer! —protestó Kiba—. Además, ellos no quisieron estrangularme.
—No, lo pagaron con Shikamaru mientras tú escurrías el bulto. Es lo que mejor se te da hacer.
—¡Eso no es…!
Rin dio una palmada para acallarlos.
—Chicos, por favor. Gritándoos no vais a solucionar nada —aconsejó—. ¿Por qué no intentáis poner en orden lo que ha pasado uno por uno? A ver, Choûji, empecemos contigo que estás muy silencioso.
Akimichi suspiró como si le pesara todo el mundo. Ino no pudo evitar sentir tristeza por él. Los demás podían creerse lo que no era: ella no estaba enfadada por haber besado a Choûji. Y mucho menos asqueada. Simplemente, le irritaba que aquello hubiera sucedido sin que él quisiera. Todavía recordaba aquella vez que lo encontró llorando bajo la escalera de su casa, escondido porque sus padres lo habían echado de casa para estar un rato a solas.
El pobre se repetía a sí mismo que nadie iba a quererle. Si ya sus padres no le querían, cómo iba a quererlo una chica. Ino se esforzó mucho en convencerle de que eso no era así, que sólo debía de tener paciencia y encontraría a la chica adecuada a la que querer. El entonces juró proteger su primer beso para ella.
Y ahora, el idiota de Kiba provocaba que…
Cerró los ojos al sentir la furia crecer de nuevo por su cuerpo. Arder en sus venas y cosquillear sus manos.
—¿Ino?
Los abrió al tercer llamado, cuando Choûji la sacudió suavemente.
—Te toca —le susurró.
Ella asintió y contó lo ocurrido con pelos y señales. Rin asintió y cuando finalizó, se inclinó para estar a la misma altura que ellos, excepto Kiba, quien, aún mohín, parecía ir asimilando que había obrado mal. Aunque fuera sin querer.
—Y eso es todo.
—No obvies que querías estrangularme —se quejó Kiba tocándose el cuello—. Ni que por darle un beso a Choûji fueras a morirte.
Ino siseó.
—¿Quieres dejar de preocuparte por mí? —acusó sentándose al filo del sillón—. ¡Eres tan… neandertal!
—Está bien, Ino —aceptó Choûji calmadamente—. Está bien.
—¡Pero…!
Él negó y esbozó una suave sonrisa.
—Fuiste tú, así que está bien.
—¡Choûji! —exclamó afligida.
Era tan adorable verle aceptar el asunto con tanta serenidad que no pudo evitar abrazarle. Porque, aunque fuese así ella sentía que le dolía, mas no lo admitiría frente a Kiba o Rin.
—Lo siento —dijo finalmente Kiba.
Choûji asintió, aunque Kiba frunció el ceño sin comprender por qué debía de disculparse con él. Esperaba que eso no creara consecuencias después.
Pero esa disculpa bastó para que Rin finalmente los dejara marcharse.
—¿Qué diablos ha pasado? —cuestionó Sakura reuniéndose con ellos en el pasillo—. Has armado una buena.
—No importa —descartó entrando en el dormitorio. Frunció el ceño al encontrarse con Hinata, quien la miró preocupada.
Sakura le dio un codazo y susurró.
—Deberías de disculparte con ella por lo de antes. Lo de mandarla a callar y presionarla con lo de…
—Ya lo sé —interrumpió irritada.
Pero en lugar de ir hacia Hinata entró al baño tras coger su bolsa de aseo. Estaba segura de que ese malestar no tenía que ver sólo con lo ocurrido con Sai, con Kiba y Choûji o simplemente su genio. Y, efectivamente, había algo más.
—Genial. Ven a una playa y sufre el ataque de la marea roja —protestó tirándose del flequillo—. Cómo odio esto.
Cuando salió, Hinata y Sakura continuaban ahí, esperándola y observándola como si pudiera explotar en cualquier momento. Dejó su bolso de aseo en el armario y les devolvió la mirada.
—¿Quién está con Sai?
—Temari y Matsuri —respondió Sakura haciéndole gestos que empezaron a irritarla.
—No es el momento —aconsejó acomodándose en su cama y abrazando la almohada.
—Ino.
—Sakura —repitió a su vez sarcástica.
Finalmente, la chica bufó y se levantó, marchándose. A veces le irritaba la sobreprotección que tenía hacia Hinata. Si bien era cierto que ella la gran mayoría del tiempo también la sentía, en esos momentos, no.
Y no es que Hinata tuviera la culpa, era consciente de ello, pero sentía que, que la forzaran a hacer algo, era irritante.
Esperaba que Hinata se fuera tras Sakura pero no se movió de su posición.
—¿No tienes que cuidar de tu novio?
Ante la pronunciación de la última palabra, Hinata se sonrojó.
—No, él… creo que está con los chicos ahora.
—Ya… Crees.
—Sí —afirmó parpadeando sin comprender su actitud.
—La verdad, tenéis ese aire de parejita inseparable que no se despega ni con cola, así que por eso mi "creo".
Hinata se miró las manos, dudosa.
—Yo… no sé cómo ser esa clase de novia. Ni siquiera se cómo ser la novia de Naruto. Sé que tengo ese rango, pero… —Levantó la mirada hacia ella y abrió la boca ofendida—. ¿Me estás ignorando?
—Sí —confesó bostezando—. Mira, Hinata, no te ofendas, pero no encuentro justo que me disculpe por haber hablado de tu primo y Tenten antes o mandarte a callar cuando claramente estabas metiéndote en donde no te llaman. Y ahora, no me apetece nada escuchar cuentos amorosos que realmente son fáciles de resolver si dejaras de tener la cabeza metida en la tierra y más al aire. Te darías cuenta de que Naruto te desea como un condenado adolescente y que tu timidez no hace más que retraer tu noviazgo. Y lo sabes, pero aún así tienes el descaro de hacerte la inocente alegando que no sabes cómo ser la novia de Naruto. ¿No crees que eso es algo insultante para él?
Hinata abrió la boca. La cerró. Los ojos se le llenaron de lágrimas y Ino, chasqueó la lengua.
—Esa otra. ¿Querías que te dijera la verdad o que fuera mentirosa?
—Lo que quiero —dijo poniéndose repentinamente en pie—. ¡Es que una de mis mejores amigas regrese! Parece que te estes convirtiendo en un ogro, Ino.
—¿Un ogro? —cuestionó poniéndose en pie—. Más te vale no querer jugar a los insultos conmigo, niña mimada.
Hinata exhaló sorprendida.
—¡Sabes perfectamente que no soy eso!
—¡Oh, por dios, lo eres! Y ahora más con Naruto.
—¿Qué… qué tiene de malo que quiera que él me abrace o… o…?
—¿O qué? —cuestionó cruzándose de brazos—. ¿Lo ves, Hinata? Vives tan en tu mundo que ni siquiera te atreves a pasar más allá de cosas suaves y dulces, cuando Naruto quiere comerte entera.
—Vale ya, Ino —advirtió poniéndose colorada—. Naruto no es como crees.
—Naruto es un hombre que sale con una chica que al menos no le ha dicho que no.
Al instante que dijo eso sabía que había metido la pata. Mucho más incluso que antes. Recordarle a Hinata que Naruto estuvo enamorado de Sakura fue como una bofetada más dolorosa. No era que Hinata odiara esa parte entre esos dos, porque la había aceptado y hasta se había rendido a ello, y, ahora, era capaz de verlos juntos y saber que no pasaba nada porque Naruto la quería a ella. Sin embargo, eso continuaba doliendo en esa parte oscura que seguramente carcomía a Hinata haciéndose preguntas como si realmente no era un plato de segunda mesa.
—Hinata. No es lo que yo… Mierda, no quería…
Pero Hinata levantó una mano, mientras con la otra intentaba controlar las lágrimas sin lograrlo. Finalmente, sin aguantar más, salió de la habitación mientras ella deseaba darse cabezazos contra la pared.
—Eres un idiota. Una grandísima idiota.
Intentó interceptarla y salió fuera, encontrándose de bruces con Neji. Hinata no estaba por ninguna parte.
—¿Has visto a Hinata? —cuestionó.
Neji entrecerró los ojos.
—¿Qué le has hecho?
—¿Qué?
—¿Qué le has hecho a Hinata?
—¿Sin el apelativo? Uau. Debes de estar realmente enfadado.
Neji la atrapó del brazo para empujarla dentro de la habitación. Cerró la puerta con el pie y Ino se sintió repentinamente encerrada.
—¡Oye! —acusó—. Esto es cosa nuestra. No debes de meterte.
Él negó y dio un paso hacia ella.
—Eso simplemente era una excusa —descartó bajando la voz—. Sé que Hinata se encargará por sí misma de sus problemas. Llorará un poco y volverá más fuerte. Más bien, tú tienes que prepararte. No te gustaría que te diera una bofetada.
—Me la merezco —aceptó, sin embargo, no comprendía por dónde iba Neji—. Si no estás aquí para tirarme en cara el haber hecho llorar a Hinata. ¿Qué quieres?
Él asintió pero no respondió rápido. Parecía marear un poco los pensamientos.
—Neji, no tengo todo el día y tampoco es mi día bueno.
—Necesito saber algo —dijo finalmente—. Necesito información de ti.
Ella entrecerró los ojos, dudosa.
—Depende de qué información. Puedo ser experta en sacarla, pero no chismearla con según quién. Es decir, me gusta saber el chisme, pero soy selecta en quién puede saberlo a su vez.
Neji la observó como si acabara de decirle que tenía testículos. Ladeó la cabeza, desinteresado.
—Te pedí que cuidaras de Tenten.
—¡Ah, eso! —exclamó comprendiendo—. Entiendo por dónde van los tiros. ¿Quieres saber si habló de ti? ¿Si dijo si le gustabas?
La incomodidad apareció en el gesto masculino.
—No. Eso prefiero que sea ella quien diga sus cosas y no los demás. Además, tal y como has dicho dudo que lo airearas. Lo que quiero saber es si dijo algo de Menma.
—Ahm…
Ino se mordisqueó los labios sin poder controlar la sonrisa que escapaba a su control. Su mente ya estaba calibrando nueva información.
—¿Celoso, Neji? —cuestionó cantarina.
Él arrugó el ceño y se separó, como si acabara de quemarse.
—No es eso.
—¿No? ¿Entonces? —insistió—. Me extraña mucho que tú te intereses repentinamente en un chico por el cual Tenten pueda sentir interés.
—No seas condescendiente, Ino. Ambos sabemos lo peligroso que es. Y al igual que haría contigo, no puedo permitir que Tenten esté cerca de él demasiado. En cualquier momento podría hacer algo inesperado.
—Déjame discrepar en una cosa, Neji —dijo levantando el dedo índice y moviéndolo de un lado a otro negativamente—, tú no saltarías de un precipicio por mí de Menma empujarme. Por Tenten o Hinata, sí.
—Me subestimas.
—No, te conozco —puntualizó—. No es malo que te sientas interesado en Tenten.
—Ese no es el punto de la conversación, Yamanaka —advirtió cruzándose de brazos—. Sólo dame la información que necesito y habremos terminado.
Se toqueteó los labios pensativa.
—¿Qué consigo a cambio?
Neji abrió lentamente la boca al no esperarse esa pregunta.
—¿Me estás chantajeando?
—Obviamente. Un informante nunca da información si no obtiene otra a cambio.
Neji expulsó el aire antes de soltar un taco seguidamente.
—Eres cruel.
—Soy práctica.
—¿Qué quieres? —ofreció.
—¿Te gusta Tenten?
Neji guardó silencio sin dejar de observarla. Por un instante, le recordó aquel día en el pasado que intentó seducirle. La misma sensación terrorífica recorrer su espalda como un escalofrío.
—Eso es algo que no te incumbe. Pregunta otra cosa —dijo.
Chasqueando la lengua se colocó ambas manos en las caderas.
—Vale. Al menos dime si estás cuidando de Tenten porque te recuerda a Hinata.
Su gesto fue de desconcierto.
—¿En qué punto exactamente Hinata y Tenten se parecen? —cuestionó confuso—. Para nada son similares. Y por supuesto no la cuido porque se parezca a ella. Hay muchos motivos detrás para todo esto y no son los que tú crees —recalcó—. No te inmiscuyas de más en esto, Ino —recomendó—. Shikamaru no podrá con todo si lo haces.
—¡Oh, Shikamaru! —exclamó satisfecha y sonriendo—. La respuesta a tu pregunta es: no. No quiso hablar de chicos. Sólo estuvo enfrascada en hablar del móvil intentando comprenderlo y esquivaba mis preguntas. Tenten es peor que Temari, sinceramente. No me extraña que ambas fueran uña y carne años atrás.
Neji no parecía satisfecho con la respuesta.
—¿No dijo nada?
—Nada de nada —prometió—. Es más, yo misma estoy sorprendida de su actitud hacia él. ¿Puede ser que le gusten los chicos malos?
Neji le dio la espalda ignorando su pregunta. Caminó hacia la salida y abrió la puerta sin más. Ino le siguió, pero Neji había regresado a su caparazón y la ignoró.
Shikamaru y Choûji intercambiaban algunas palabras en el pasillo y ella se acercó de puntillas, con las manos en la espalda.
—Shi… ka… ma… ru —nombró.
Éste se volvió dando un respingo.
—Sea lo que sea la respuesta es: no.
—¡Ni siquiera he preguntado nada! —exclamó pataleando el suelo—. No seas malo y hazme caso, anda.
—Ino, tengo suficiente trabajo en mi espalda como para cuidar de que obtengas tus chismes de mi parte. No es no —repitió—. ¿No funciona cuando lo digo yo?
—¡Eso no es justo! —protestó—. ¡Algún día te quedarás calvo!
Shikamaru elevó una ceja, sin comprenderla.
—¿Y ahora por qué me dices eso y lloras? —cuestionó irritado.
—¡Yo qué sé! —exclamó frotándose las mejillas.
Ambos chicos se quedaron estáticos sin saber qué hacer.
Fue Rin quien volvió a aparecer frente a ellos.
—Ino, corazón. ¿Qué tal si vienes un rato conmigo? —cuestionó.
Ella asintió y la siguió arrastrando los pies. Generalmente, desconfiaba de esa clase de situaciones, pero hasta ella misma se estaba dando cuenta de que algo no iba bien. Y no era sólo a causa de la regla.
Aceptó la taza de tila de las manos de Rin y miró a su alrededor esperando ver a otro profesor.
—No te preocupes. Estamos solas. Los chicos no suelen entender esta situación. Ni siquiera cuando son adultos —recalcó—. Por más que quieran creer que sí.
—¿Sabes que tengo…?
—Sí —afirmó—. No sueles actuar de esta forma desde que te conozco y creo que todo se ha juntado y siempre que estamos en esos días es más común que todo estalle. Y tú eres una persona muy activa mentalmente y social, así que estar bajo la presión que has estado te ha hecho mella. Y sospecho que, que tus esfuerzos no hayan dado resultado, también.
Se miró las uñas y asintió, notando que nuevamente las lágrimas escapaban a su control. Dios. Había regañado a Hinata por ser llorona y ella estaba en las mismas condiciones.
—Creo que he perdido a una de mis mejores amigas incluso —dijo sorbiendo por la nariz—. Soy inútil. Siempre estoy dando vueltas, queriendo saber cosas, disfruto con la información a cuenta del resto de personas y soy incapaz de darme cuenta de mis propios problemas. Como con Deidara… y ahora Sai sigue recuperándose y no quiere ni escuchar de la pintura. Creí que había dado un paso tentándolo con desnudarme frente a varios artistas, pero… no.
—Las personas, todas, necesitan pasar su propio proceso y recuperar la ilusión que un día sintieron. Tristemente hay muchas que jamás lo recuperan, pero creo, y hablo muy desde lejos de conocer bien a Sai, que está en su proceso gracias a ti. No lo descartes. Lo que no puede ser es que todo salga de la noche a la mañana. Pero algo es algo. Una pequeña bola de nieve puede terminar convirtiéndose en algo más grande.
—Espero que tenga razón.
—Puedo equivocarme, soy humana —avisó—, pero estás ayudando mucho a ese chico. Y veo progreso. Fue capaz de salir en esa camisetita para ir a buscarte. Con todo su trasero al aire.
Ino sonrió al recordarlo.
—Cierto.
—Y en cuanto a Hinata. Sí, sé que es ella. Necesitas tu tiempo para controlar tu carácter y sensaciones para disculparte sinceramente. Quizás dijeras cosas que fueran necesarias, pero las dijiste de mala manera. ¿No es así?
—¿Es que tienen cámaras en los dormitorios?
—No —negó Rin firme—, pero le escuché decir algo así a Sakura cuando le preguntó.
—Oh —comprendió. Asintió y dio un sorbo antes de contestar—. Quise apresurar cosas que no me conciernen porque son entre Naruto y ella. Y siento que de cierta forma estaba celosa de ellos. Porque sé que Hinata no se ha equivocado en la elección de su hombre y yo… lo hice. Y con ello provoqué mucho daño a la gente a mi alrededor. También, veo a Sakura junto a Sasori y… me da un terror horrible por ella. Siento que es un hombre malo, pero Sakura no se da cuenta y eso hace que piense que Sakura está mi lugar cuando ella me aconsejaba por Deidara.
—Las quieres mucho.
—Sí —afirmó firme—. Tanto que puedo herirlas. Y sé que no es sano esa clase de cariño. Lo sé. Me disculparé con Hinata como se debe, de eso estoy segura. Y con Shikamaru.
Se frotó el rostro preocupada.
—Dios mío. ¿Por qué es tan fácil para mí herir a las personas que más quiero?
—Porque sabes que ellos te escucharán. Y no merecen ser castigados, desde luego, pero sé que pese a que se enfaden contigo te quieren y no querrán que te hagas daño. Ni física ni mentalmente. Tienes que ir paso a paso, cariño. Yo no puedo decirte con qué empezar primero, tú lo sabes mejor que nadie. Sin necesidad que nadie te lo diga.
—Necesito sanar yo misma —dijo—, y una de las formas de sanar es disculparme con las personas a las que hice daño.
Rin asintió, sonriendo amablemente.
—Hay personas que no van a aceptar tu perdón, porque no consideran que seas culpable de lo que pasó.
—¿Lo dices por Sai?
—Sí. Él no te echa las culpas. Se las echa a sí mismo. Él debe de sanar por su lado también. Con su situación hacia ti y hacia el arte, especialmente, en lo que afectó Deidara.
Ino entrecerró los ojos, observándola.
—Rin. ¿Cómo puedes saber cosas sin que nosotros te lo digamos?
—Es mi trabajo. Aunque para eso necesitas pasar tiempo con tus alumnos. Y soy un poco como tú —reconoció guiñándole un ojo—. Lo confieso. Estoy realmente feliz de estar con vosotros. De ver cómo intentáis sobrevivir en un mundo que siempre os ha puesto pegas para ser vosotros mismos y evolucionar. Soy vuestra fan número uno y sé que podéis salir perfectamente de todo lo que os pongan encima.
—¿Incluso con Menma?
—Especialmente con Menma —dijo—. Y creo que una de vosotros ya se ha dado cuenta de eso. Os asusta, lo comprendo, pero pensad en cómo de asustada se siente ella por no seguir el mismo sendero que vosotros por haber visto algo que vosotros todavía no.
—Insinúas que Tenten ha visto algo bueno en Menma que el resto no ve. ¿Verdad?
Rin se encogió de hombros y se puso en pie.
—¿Qué si miras por ti misma? Te gusta indagar y descubrir. Aprender y sorprendente con el resto de personas. ¿Qué tal si pruebas con él?
—Me da miedo que pase algo como con Sakura.
—No tengas miedo —animó Rin—, porque puede que saques una buena conclusión en vez de una errónea. Sin embargo, debes de trazar un límite, Ino. Hay puertas que nunca debes de abrir de los demás porque son demasiado privadas y a veces, esa puerta sólo se quiere mostrar a una sola persona. A nadie más.
—Creo que lo entiendo.
Era lo mismo que había pasado con Neji. Él no iba a decirle si le gustaba Tenten porque era esta misma quien debía de saberlo primero de ser cierto. Al igual que Hinata. No podía abrirle los ojos porque ella misma debía de hacerlo y así como Hinata podía ser torpe en una relación, Naruto también. Era él quien también debía de ser sincero con Hinata y considerar que ella no llevaba una bola de cristal que le mostrara lo que él deseaba.
Pero esos problemas debían de solucionarlos ellos solos.
Igual que ella sus propios problemas.
Sonriendo, dejó la taza sobre la mesa y se puso en pie. Inclinándose, le dio las gracias y salió dispuesta a enderezar todo el mal que había ocasionado.
Y Hinata era su prioridad.
.
.
—¿Te sientes mejor?
Hinata asintió y sorbió por la nariz. Negó y agachó la cabeza antes de sentir la mano de Sakura sobre su cabeza, consolándola. Sakura chasqueó la lengua con enfado.
—Debería de ir y abofetear a Ino. A veces se lo merece.
Negó rápidamente frotándose las mejillas.
—Ino no está bien. Está muy estresada y lo paga conmigo sin querer. Estoy segura.
—Hinata, eres demasiado buena —acusó—. Ino se ha portado mal y punto. También la tomó conmigo, pero yo suelo ser capaz de detenerla. Sin embargo, tú siempre intentas buscar la forma de calmar la pelea o entender las situaciones de otra forma.
—Soy una tonta —se insultó.
—No lo eres.
—Lo soy. Ino tiene razón. Puede que sus palabras fueran dolorosas. —Porque recordar aquellas palabras que la colocaban como ser una segundona en la vida de Naruto todavía le escocían—. Pero realmente no sé cómo ser la novia de Naruto y lo que eso conlleva.
—Es la primera vez que sales con alguien —recalcó Sakura firme—. Y esto es como montar en bici. Creo.
Notó que Sakura se sonrojaba y enseguida sintió esa conexión con ella. Al fin al cabo. ¿No era Sasori la primera pareja de Sakura? Quizás estuviera equivocada, por supuesto.
—Igualmente, Naruto también necesita ser sincero contigo. Tú no puedes adivinar qué quiere o no con sólo mirarle. ¿O sí?
—Creo que no.
Si bien era cierto que la conexión entre ambos era más profunda de la que esperaba, como el hecho de necesitarse o apoyarse, Hinata continuaba en blanco con ciertas cosas. Pese a que Naruto le había dicho que gustaba de ella, era muy diferente del amor que ella le procesaba. Debían de ir superando esos puentes solos. Era cierto que ella no se veía capaz de preguntar ciertas cosas más por miedo que la vergüenza que conllevaría.
"¿Me amas de la misma forma que yo?" "¿Te basta con sólo abrazarme?" "¿Tu corazón quiere escapar de tu pecho nada más verme?" "¿Crees que tendremos un final de cuento de hadas?" "¿Me amarías aún si fuera un hombre?" Preguntas tontas, asfixiantes, pero que a veces le carcomían la mente.
¡Por dios, sólo llevaban saliendo poco tiempo y ya quería todo eso!
Sin embargo, parecía que el asunto de Naruto iba por otro lado y no terminaba de comprenderlo. Ino era más avispada que ella y se daba cuenta de cosas que ella no. Intentaba desgranar sus palabras, pero todavía le hacían daño y dudaba que fuera bueno preguntarle a Naruto. Si él no se lo había dicho podría significar que él tampoco estaba listo para decírselo.
Y eso no era más que un bucle.
—Hinata, de verdad. No le des más vueltas a las palabras de Ino.
Asintió, aunque realmente sabía que ese pensamiento continuaría rondando por su mente por bastante tiempo.
—Es mejor dejar a Ino aparte hasta que se serene. Sé que luego vendrá disculpándose y te explicará mejor todo. Y si es por Naruto… puede que sea un idiota algunas veces, pero estoy segura de que contigo va muy en serio. Pondría mi mano en el fuego sin dudarlo. Es un idiota enamorado.
Sintió que el corazón se le llenaba de calidez y las mejillas y las orejas le ardían.
—Tú le conoces bien. Incluso mejor que yo…
—No, Hinata —negó acariciándole la mejilla—. Yo conozco a Naruto, mi amigo, el chico con el crecí. Tú conoces al hombre. Y eso es algo sumamente especial. Créeme. Ambas sabemos lo bueno que es Naruto de formas diferentes. Incluso como para perdonarme…
—Sakura, ambas sabemos que no tuviste la culpa.
—No, lo sé, pero también… guardé ese secreto durante años —protestó—. Naruto lo está pasando mal por lo de la muerte de su papá a manos de Menma. ¿Verdad?
Hinata asintió. Cuando Menma había salvado a Tenten del ataque ambos se habían sentado a hablar de todo aquello. Naruto le contó sobre la conversación en la escalera de emergencias entre ambos hermanos y Hinata no pudo más que sentirse orgullosa de que fuera capaz de controlarse. Y no podían negar que ambos estaban sorprendidos por el acto de Menma hacia Tenten.
Se alegraba de que ella estuviera a salvo, desde luego, pero después de todo lo que le hizo no pensó que fuera a saltar en defensa de una mujer también expuesta al peligro ante jóvenes.
Naruto, por supuesto, tampoco olvidaba eso y siempre que lo decía presionaba tanto los dientes que le chirriaban.
Ella no quería recordar ese suceso y tampoco deseaba que Naruto lo hiciera. Había descubierto una buena forma de hacerlo, por muy vergonzoso que fuera. Y eso, eran los besos. Eran cosas pequeñas, desde luego. Porque era consciente que no podía quitarle de la cabeza sus pensamientos hacia Sakura, la verdad de lo que ocurrió con su padre y desde luego, los dolores de cabeza que Menma le daba.
Repentinamente, sintió muchas ganas de ver a Naruto y tocarle. Abrazarle incluso.
—La relación entre ellos siempre estará en un filo —continuó Sakura sacándola de sus pensamientos—. Es como aquella época en la que Naruto y Sasuke estaban peleados. Se odiaban de cierta forma que era doloroso verlos. Menos mal que sólo necesitaron de darse unos golpes y de la noche, ya eran amigos. Pero con Menma… No creo que sea tan fácil como eso. Son muchas cosas.
—No, pero… son hermanos. No pueden vivir la vida peleando. Recuerda a Sasuke y Itachi. No llegué a conocer todos los detalles más que los que me incumbían como prometida, pero… Sasuke siempre parecía resentido con su hermano.
Sakura sonrió tirantemente.
—Si, su relación siempre fue tirante por culpa del padre de ellos dos.
Hinata se mordisqueó los labios observándola.
—¿Qué hay de ti? ¿Has podido perdonar a Sasuke?
Sakura levantó los ojos al cielo y luego, bajó la mirada hacia sus manos.
—Estoy en ello. Realmente no te imaginas cuanto lo echo de menos muchas veces, pero… intento mantener esa línea que he impuesto, porque sé que si caigo de nuevo… esta vez me engancharé bien.
Hinata encontraba más complicada esa relación que la suya incluso. Quizás lo de ellos era más hablar, pero Sasuke y Sakura necesitaba sanar, que era muy diferente. Se preguntó cómo serían las disputas entre ellas y Naruto sintió que el corazón le dolía. Recordaba el enfado de Naruto cuando defendió a Menma. Lo ocurrido con Sakura tapó ese evento, pero igual quedaba esa espina.
—Hablando del tema, Sakura —dijo, lamiéndose los labios y preguntándose si debería de preguntarlo—, cuando estábamos hablando ayer, te miraste la mano y te callaste acerca de lo que ibas a decir. Yo sentí que era algo importante y que te hacía daño. De alguna forma me gustaría ayudarte. Y sé que Ino armaría el holocausto, pero… debo de inmiscuirme en esto.
Sakura sonrió.
—Pues parece que has aprendido bien de Ino, Hinata —felicitó—. Incluso te fijaste en algo que hice inconscientemente.
Su sonrisa se volvió amarga y suspiró.
—Tenía que ver con Sasuke. La noche que pasé en el hospital tanto él como Naruto se quedaron dormidos junto a mí en la cama —explicó—. Me desperté algo más tarde y… me dejé llevar.
—¿Cómo? —cuestionó algo perdida.
—Le acaricié la cabeza. Sé que es una tontería —añadió rápidamente y sonrojándose—, pero en ese momento yo sentía que aquello era muy intenso y que… eran tan pocos los momentos en que realmente podía tocarle. Puede que siempre estuviéramos juntos, pero Sasuke puso una línea separadora entre nosotros. Y nunca me permitía más de lo imprescindible. Se esforzaba en impulsarme hacia Naruto.
—Entiendo…
—Oh, pero no pasó nada —recalcó—. Ya lo sabes. Entre Naruto y yo: nada de nada.
—Lo sé —aceptó sonriendo—. Y también sé que ahora eres tú la que ha puesto esa línea.
—Sí… e impuesto la ley marcial de amistad —indicó sonriendo y levantando los hombros—, pero sé que es algo que nos está matando a ambos.
—¿Por Sasori?
—Por miedo —respondió automáticamente.
Ella no comprendió.
—¿Cómo puedo confiar en alguien que me hizo tanto daño? Le quiero, Hinata, eso no va a cambiar en mucho tiempo. Siempre será mi primer amor y creo que me entiendes cuando lo digo.
—Sí. Naruto también es… Bueno —balbuceó sonrojándose—. Mi primer amor.
—Y la suerte de ser correspondida es inmensa.
Ella asintió sintiéndose como un flan de felicidad, pero se detuvo al ver que para Sakura no era así.
—Espera. ¿Sasuke…?
—No lo sé. Quiero decir, no sé si miente y es lo que me da más miedo, Hinata.
Cambio de postura para encararla.
—Sakura.
—Sé lo que me vas a decir —dijo antes de que continuara—. Y también se los pros y los contras. Pero tengo a Sasori y…
—Y no le amas.
—¿Por qué todos me decís lo mismo? —protestó.
—Porque es verdad.
—Le he dado una oportunidad como amigo —reprochó.
—Sasuke no te ve ya como su amiga. Te ve como una mujer. ¿No es cierto?
Esa vez, fue Sakura la que cambió de postura.
—Sólo le agrada que yo siga enamorada de él, nada más.
—¿Segura?
Sakura abrió la boca para cerrarla, hundiéndose.
—No. Pero no puedo lanzarme a la piscina. Entiendo vuestro punto y que le querías y penséis que podría ser feliz con él, pero el cuento de hadas se rompió en mil pedazos y es un puzle difícil de recomponer. Sin embargo, está siendo tan atento ahora que… siento que podría caer en cualquier momento. ¿Sabes?
Hinata ladeó la cabeza.
—Sinceramente, Sakura, no sé si quieres que te aliente o que te detenga —dudó.
Haruno emitió una risita entre dientes.
—Si ni tu lo tienes claro, imagínate yo.
Repentinamente, la puerta se abrió y una rubia cabeza se dejó ver.
—¡Al fin os encuentro! —gritó Ino señalándolas y antes de que pudieran decir nada se dejó caer de rodillas frente a Hinata, tomándola de las manos—. ¡Lo siento! ¡De verdad que lo siento! Estoy realmente estúpida pagando mis frustraciones sobre vosotras, envidiosa de vuestra felicidad y tengo miedo de todo que salto con cualquier cosa. Sé que debéis de odiarme o algo peor… pero de verdad. ¡Lo siento!
Lejos de enfadarse con ella, Hinata se soltó suavemente de las manos contrarias para abrazarla. Ino temblaba y nada más hacer ese acto, las lágrimas escaparon de sus ojos. Como una idiota sentimental terminó uniéndose a ella.
—Chicas —farfulló Sakura parpadeando para luchar con sus propias lágrimas—. No hagáis esto o yo también terminaré llorando.
—Ven aquí, anda —invitó Ino extendiendo su brazo libre. Sakura, finalmente, se rindió y se unió a ellas.
Ninguna estaba segura de cuánto tiempo pasaron abrazándose. No importaba. A Hinata siempre le había gustado esas reconciliaciones con ellas. Las adoraba.
—Ino.
—Dime.
—Sé que lo que me dijiste lo hiciste porque te preocupas por mí. Y sé que te arrepientes de cómo lo dijiste, pero creo que en sí necesitaba escucharlo. Aunque un consejo como "¿por qué no hablas con Naruto de lo que lo atormenta?" la próxima vez, será mejor.
Ino, por suerte, se lo tomó con humor. Sonrió, acomodándose sobre ella y dejando que la abrazara tiernamente. Suspiró y miraron la grisácea pared.
—¿Sabéis? Cuando obtuve la oportunidad de volver a clases me alegré de volver a veros y no os cambio por nada. Eso sí, jamás pensé que tantas cosas cambiarían en el trascurso escolar. Una piensa que ya debería de estar madura y nos continuamos comportando como chiquillas de quince.
—Dios, no —protestó Sakura—. A los quince años era insoportable.
—Eso es verdad —aceptó Ino.
Las tres estallaron en risas que fueron calmándose poco a poco.
—Pues a mí me gusta donde estoy ahora —confesó—. Porque a mis quince años seguía mirando a mi novio desde lejos y era doloroso. Ahora si le miro es por gusto.
—¡Vaya, señorita! —exclamó Ino dándole palmadas en los brazos—. ¡Qué atrevida!
Hinata se echó a reír, sabiendo que eso no era cierto. Sólo mirarle a veces no era suficiente. Dios, muchas veces su mente la había hecho divagar a cómo sería su primer beso y ahora, estaba perdiendo la cuenta de cuántos llevaba.
—¿Sabéis que ha cambiado la forma en que hablamos de los chicos? —cuestionó al caer en ello.
Ino chasqueó la lengua.
—Porque a algunos los queremos castrar —dijo Ino sin tapujos—. Yo siempre pensé que cuando habláramos de nuestros chicos todas estaríamos conformas de a quien ama la otra, pero…
—Sasori —interrumpió Sakura suspirando—. Entiendo tu percepción de él, Ino. Pero él no es tan malo como Deidara.
—No, pero igual tampoco detuvo nada y esa espina no me la quita nadie. Fue Sasuke quien me salvó y ante mis ojos, siempre es mejor que él. Y tú lo sabes.
—Ino.
—No, no. No voy a ser borde ni a presionar nada —añadió elevando las manos—. Eres tú quien debes de tomar las decisiones correspondientes y la que sabe cómo es Sasori desde otro punto de vista que yo no quiero ni ver. Yo sólo sé que si llegas a casarte con él, nunca podría ir a tu casa libremente como me pasaría si fuera Sasuke.
—¡Oh, por favor! —exclamó Sakura abrumada—. ¿Por qué de matrimonio?
—Porque eres del tipo que se casa. Y Hinata más que nadie. Estoy emocionada con ver vuestros vestidos de novia.
Hinata enrojeció. No se atrevía a decirles que ya lo tenía más que pensado de las veces que había imaginado diferentes situaciones con Naruto. En muchas, era él quien la esperaba en el altar. En otras, era Naruto quien aparecía como un príncipe para salvarla de las garras de un matrimonio concertado. Claro que por aquel entonces estaba prometida a Sasuke Uchiha.
—¿Y qué hay de ti con Sai? —cuestionó Sakura suspicaz. Hinata salió de su ensoñación, interesada.
—Es cierto. ¿Qué tal va el tema con Sai?
—Pues, no lo sé bien —reconoció Ino—. Me siento cómoda con él y siento que puedo encajar. Pero él sigue sin querer retomar su pasión y me duele que lo dejara por mi culpa. He intentado diversas cosas, chicas. Incluso hasta el punto de desnudarme de hacer falta.
—Espera, espera, espera —exclamaron a la par, alerta—. ¿Te has desnudado para…?
—No, no —negó incorporándose—. Sabéis que hay taller incluido de pintura. ¿Verdad?
—Y al que nadie se ha querido apuntar —recalcó Sakura—. ¿Es que estás muy aburrida?
—No. Quería unirme para atraer a Sai. Sólo eso. El caso es que había un apartado en la revista que estuve mirando que, siempre que fueras mayor de edad, podías participar como modelo de desnudos.
—¡No! —acusó Sakura escandalizada.
—¿Estabas dispuesta a hacer algo como eso?
—Sí —afirmó a ambas—. Mirad, Sai casi pierde la vida por mi culpa. Por ser tan… tan idiota —pronunció, rabiosa—, y lo que menos puedo hacer es algo como eso.
—¿Lo has…? —cuestionó preocupada.
—No —negó para tranquilidad de ambas—. Sai me detuvo antes de. De todas maneras, ¿no habíamos tenido ya esta conversación?
—Espera —interrumpió Sakura—. ¿Shikamaru lo sabe?
—¿Qué importa que Shikamaru lo sepa? —cuestionó Ino a su vez—. Supéralo, Sakura. Entre él y yo nunca habrá nada.
Sakura expulsó el aire, irritada.
—No lo digo por eso. Si no porque si lo sabe, igual sigue preocupado en que hagas esa locura y por preocuparse por algo que no vas a hacer le quites de cosas más importantes.
—Y las cosas están bien delicadas —corroboró Hinata—. Puede que Naruto esté controlado ahora, aunque sea una forma fea de decirlo, pero cualquier cosa podría hacerle saltar. Y si salta, me da miedo de que sea como una bomba.
—Sí, la verdad… —afirmó Ino poniéndose en pie—. ¿Sabéis qué? Voy a ir a ver a Sai. Seguro que también me echa la bronca por todo lo que ha pasado.
—¿Por qué te enfadaste tanto por el beso? —cuestionó Sakura antes de que se fuera.
La muchacha sonrió.
—No me mal entendáis. No me enfadé por besar a Choûji como pensó el idiota de Kiba. Me enfadé porque provocó que Choûji perdiera su primer beso conmigo —explicó enfadada—. Choûji le da mucha importancia a los temas amorosos lejos de lo que creen los demás. Es un chico muy sensible y me enfadé mucho porque truncaran sus deseos de besar a la chica que le gustara por primera vez. No entiendo por qué los chicos tienen que denigrar a otros chicos por pensar esas cosas.
—Porque se supone que son cosa de chicas —dijo Hinata encogiéndose de hombros—. Yo también a veces siento que Neji me desespera —confesó—. No en plan malo, pero me gustaría que fuera más sincero con sus gustos, porque hay mucha gente que cree que él gustaba de mí.
Ambas mujeres levantaron la mano y ella abrió la boca sorprendida.
—¡Por eso tus palabras antes! —exclamó comprendiendo por qué Ino fue tan intensa hacia Tenten.
—Sí, sí —confirmó Ino cruzándose de brazos—. No me gustaría nada que Tenten sintiera algo por él y que Neji la tenga en cuenta como si fueras tú. A nadie le gusta ser un reemplazo.
—Lo sé bien —farfulló.
Ino posó repentinamente las manos en sus codos.
—Hinata. No eres el reemplazo de nadie. Lo que dije fue horroroso y fuera de lugar, sí, pero no es cierto. Sólo tienes que preguntarle a Naruto. Además, si fueras una segundona, Naruto no miraría a Sakura y sin embargo, sigue prestándole atención porque os tiene a ambas en el mismo pedestal. La diferencia, entre nosotras, es que tú eres la que le das lo que quiere y Sakura ni se le pasa por la cabeza.
—¿Eres consciente de que os estoy escuchando? —protestó Sakura—. Y hace mucho tiempo que yo aclaré con Hinata que Naruto no obtendría nada de mí y eso, sigue muy en pie.
—Porque te gusta Sasuke.
—¡Por que…! —Sakura bufó—. ¡Sasori! ¡Es Sasori!
—Hinata y yo fingiremos que te creemos —respondió Ino sacudiendo una mano—. En fin, voy a irme mejor.
Se incorporó justo cuando la puerta se abrió y esta, le golpeó en el trasero, empujándola hacia delante. Sakura y Hinata acertaron a sujetarla antes de que diera de bruces contra la pared.
—¡Ah, aquí estáis!
Las tres clavaron miradas furiosas sobre el pobre Uzumaki que las miraba sin comprender. Hinata amaba a su novio, pero podía jurar que tenía el don de la inoportunidad.
—¿Qué ha pasado'ttebayo? —cuestionó Naruto guiñando los ojos—. ¿Está bien Ino?
—Estoy bien, aunque mi trasero no tanto —protestó esta incorporándose y frotándose justo ahí—. Sé bueno y déjame pasar al menos.
Naruto obedeció, confuso y permitió que saliera como alma que lleva el diablo. Hinata sonrió, divertida. Luego, extendió una mano hacia él, que aceptó de buena gana y se arrodilló frente a ella para besarle la mejilla.
—¿Qué tal estáis ambas? —cuestionó mirando luego a Sakura fijamente—. ¿Menma ha vuelto a hacer algo?
—No —negaron a la vez.
Él frunció el ceño y la miró esa vez a ella.
—¿Entonces? ¿Con quién te has peleado?
Hinata abrió la boca, confusa.
—¿A qué te refieres?
—Bueno, Matsuri dijo que había escuchado gritos de vuestra habitación y que después saliste tú. Luego, Shikamaru me dijo que Ino estaba preocupada por ti, pero que Rin se la llevó y a saber qué pasó después. Te estuve buscando, pero no te encontré, así que vine aquí.
Hinata se lamió los labios, preocupada. Le gustaría contarle a Naruto la disputa, pero Ino y él siempre se habían llevado de maravilla y no quería que esa forma de ser cambiara. Si bien era cierto que más de una vez le habría gustado estar en el lugar de Ino, era incapaz de enfadarse con ella por tener la capacidad que ella no.
—Ino y Hinata se han peleado —dijo Sakura por ella—, pero ya está todo arreglado y es una cuestión de chicas.
Sakura le guiñó un ojo y sonrió.
—Oye, Sakura —nombró Naruto asiéndole la mano cuando hizo amán de levantarse—. El Teme realmente lo está intentando. De verdad que sí.
El gesto de Sakura se tensó, aún así, sonrió y le dio una palmada en el hombro a Naruto.
—Os dejo mejor. ¿Vale? Tengo que ir al baño.
Hinata dudó, pero cuando ella le guiñó el ojo, comprendió.
Naruto se movió para sentarse a su lado y tomarla de la mano.
—¿Realmente ha ido todo bien con Ino?
—Sí, ya hemos hechos las paces, además —afirmó sonriente.
—Vaya, las chicas sois verdaderamente raras. Os peleáis como de pronto os unís y os queréis mucho.
—Bueno… a mí me reconforta más tener a mis mejores amigas cerca y confiar en ellas si algo pasa. Puede que nos peleemos alguna que otra vez, pero las quiero mucho como para perderlas. Ya estuve separada de ellas estos años en que nos dispersamos.
—Lo entiendo. Tampoco quiero estar años sin vernos. Esta vez no —reafirmó mirándola fijamente.
Ella se ruborizó y bajó la mirada.
—Yo tampoco —susurró.
Él tomó su mentón, sonriente, completamente feliz.
—Igualmente. Me pregunto qué fue lo que detonó el que vosotras os pelearais.
Hinata tomó aire. Decidió que era mejor afrontarlo, aunque momentos antes dudara de ello. Si quería una relación sincera, era mejor empezar una misma.
—Me abrió un poco los ojos acerca de cosas que no me doy cuenta. Lo hizo algo duro, sí, pero… tenía razón. Igual es porque soy muy densa en ciertas cosas.
—¿Tú densa? —cuestionó Naruto intrigado—. Hinata, estás hablando con el rey de eso. ¡No me percaté de tu amor todo este tiempo! Y es algo que ahora mismo me arrepiento, sinceramente.
Sintió que el corazón le volaba en el pecho, si es que eso era posible. Llevó su mano libre a su mejilla y se la acarició con ternura.
—Más vale tarde que nunca. Tenemos mucho tiempo para recuperarlo —prometió—. Si tú estás de acuerdo, claro.
—¡Ni lo dudes! —aseguró sonriente. Luego, se inclinó para darle un tierno beso.
Le acarició los labios con el pulgar y luego, se echó hacia atrás.
—Naruto, me gustaría preguntarte algo.
—Soy todo oídos. ¿Qué quieres saber?
—Tú… verás, no es fácil para mí preguntarlo. Pero tras la discusión con Ino me di cuenta de que yo no me doy cuenta de las cosas. Sé que dices que eres el más denso, pero en ciertas cosas, no. Y yo… yo, bueno, ya lo sabes, es la primera vez que estoy saliendo con alguien o que estoy con un chico y… —Dios, cómo odiaba cuando no hacía más que darles vueltas a las cosas sin poder ir a lo importante por miedo o a causa de los nervios.
—Lo sé —dijo él retirándole el cabello de la cara—. Pero si te preocupa que me moleste eso, no lo hace.
—No es eso —negó. Porque no era algo que hubiera pensado en sí—. Es otra cosa. Yo… sé que tú y Sasuke solíais llevaros chicas y…
Entonces, Naruto hizo algo muy extraño. Se echó hacia atrás, dejando de tocarla y mirando a cualquier otra parte que no fuera ella. Se pasó una mano por los cabellos y apretó la mandíbula antes de chasquear la lengua y maldecir.
Ella no supo que hacer. ¿Debía de tocarle? ¿De disculparse? No consideraba haber hecho ni dicho nada malo. En realidad, ni siquiera había terminado su conversación. Pero sentía que Naruto acababa de levantar un muro entre ellos. Uno bastante doloroso, debía de decir.
—¿Naruto? —cuestionó.
Pero él no contestó. Agachó la cabeza y se frotó el ceño esa vez.
—Perdónale, Hinata —dijo repentinamente una voz desde lo alto de la escalera. No necesitaba ver quién era para reconocerle—. Mi hermano acaba de recibir una bofetada hecha palabras.
—No te metas —advirtió Naruto mirándole desafiante desde su altura una vez entró en su campo de visión.
Menma levantó las manos en son de paz.
—Tranquilo, hermanito. Sólo vengo a hablar con ella. Más bien, quiero preguntarle algo.
—Por encima de mi cadáver —dijo Naruto levantándose.
Hinata estaba entre preocupada y enfadada por su actuación. Comprendía perfectamente que la defendiera, y se lo agradecía, pero no podía ser una tumba en un momento y en otro creer que tenía voz sobre sí misma.
—¿Qué se te ofrece? —preguntó.
Naruto se volteó para enfocarla y su mirada entre la sorpresa y la irritación era clara.
—Necesito que me confirmes este número de teléfono.
Entonces, rebuscó en su bolsillo y sacó el móvil para entregárselo, pero Naruto lo palmeó, tirándolo al suelo. Hinata ahogó un gritito entre los dientes al no esperárselo. Especialmente, porque después de eso atrapó a Menma de la ropa, empujándolo contra la pared.
—¡Naruto!
Pero este no la escuchaba.
—No te atrevas a acercarte a ella como si nunca hubieras hecho nada —amenazó ignorando cuando le tiró del brazo para detenerlo—. No te atrevas porque te juro que te tiro por estas escaleras cabeza abajo.
Menma elevó las cejas, curioso.
—¿Sabes que estás cavando tú mismo tu tumba sin fijarte mejor en tu relación en estos momentos? ¿Crees que amenazándome me haces daño a mí? Mira bien, hermanito.
Hinata se agachó para recoger el móvil y luego, se encontró con la mirada de Naruto, incrédulo por su acto.
—Suéltale —ordenó.
—Pero…
—Naruto, suéltale —repitió más firme.
Finalmente, Uzumaki obedeció. Hinata posó su mano en su pecho para empujarlo hacia la puerta de salida. Mantuvo la cabeza gacha, intentando soportar las lágrimas.
—Vete.
—No voy a dejarte sola con…
—Vete.
—Hinata, no…
—Vete —repitió casi sin voz.
Naruto apretó los puños y le dio la espalda, saliendo. La puerta se cerró bruscamente. Cuando se volvió, Menma bajaba una mano que había utilizado para saludar a su hermano y borró la sonrisa de diversión. Hinata le entregó el móvil.
—No puedo ver el número si está bloqueado.
Él, entonces, lo desbloqueó y se lo enseñó. Ella revisó el número y, sorprendida, comprendió entonces que algo estaba pasando.
—¿Por qué preguntas por ese número?
—Vaya. Entonces sí sabes de quién es. Así que es de la casa Hyûga —dijo Menma alejándose y acariciando el mentón—. Entiendo. Entiendo.
—¿Qué es lo que entiendes? —cuestionó confusa.
Menma entonces la miró.
—¿Sabes? Conmigo haces las preguntas adecuadas, pero con mi hermano das mil vueltas y creas momentos incómodos. ¿Crees que mi hermano es feliz reconociendo la cantidad de mujeres que se ha tirado antes de estar contigo? Aunque yo le pediría que se hiciera una prueba de ETS antes de acostarme con él, claro —añadió divertido—. Igualmente, si no vas al grano, el idiota de mi hermano no entenderá nada. ¿Tienes ganas de abofetearme, cuñadita?
Hinata mintió y se negó. No iba a darle ese gusto. Levantó el mentón y sonrió lo mejor que pudo.
—Por más que te guste intentar hacerme daño, no te va a funcionar, Menma. En realidad, empiezo a creer que no eres tan mala persona. No sé para qué quieres saber lo del teléfono, pero es algo que parece que te interesa para bien, porque quieres saber algo. Si mi familia puede ayudarte, seré la primera en hacerlo.
Menma arrugó el gesto, incrédulo.
—Parece que se te olvida que te expuse como una furcia frente a un montón de tíos, que te secuestré y que…
—Todo eso lo hiciste para llamar la atención de Naruto. Menma, tú lo que más quieres es a tu familia. La de verdad. Y te mueres porque Naruto te quiera.
Entonces, un gesto que conocía muy familiar se dibujó en el rostro del Uzumaki. Sin abrir la boca, Menma bajó las escaleras para marcharse y ella, finalmente, pudo permitir que las lágrimas escaparan de su control. Rindiéndose finalmente.
La puerta se abrió a su espalda y se cerró. Reconoció su aroma y le permitió que la abrazara.
—¿Por qué has vuelto?
—¿Cómo podría dejarte sola con ese idiota? —cuestionó Naruto—. Entiendo que perdí los estribos y que fue tu forma de evitar que cometiera un error. Pagué con Menma mi inseguridad.
La volteó para mirarla a la cara y retiró algunas lágrimas con sus pulgares.
—Hinata, esas chicas fueron… sólo desquite. No me importaban. No soy un condenado santo y pese a que me gustaba Sakura por aquel entonces no me importaba hacer esas cosas. Contigo es diferente. No pienso mirar a otra mujer ni estar con nadie más que contigo —prometió—. Lo siento. No puedo cambiar el pasado, aunque me gustaría.
—Yo no quería hablar de eso —confesó—. Es sólo que le doy muchas vueltas a las cosas y siempre me explico mal. Menma tiene razón. Con los demás puedo ir directa al grano en ciertos asuntos, pero contigo tengo tanto miedo que no… no sé, me hago un ocho y no sé hacer nada… O decir. Como si me olvidara de hablar o formar frases.
Tragó, angustiada.
—Naruto, quiero una relación sincera, no quiero… tener que mentir o tener que llegar a estos puntos tan peligrosos.
Naruto la abrazó fuertemente.
—Te entiendo. Te entiendo perfectamente.
Le besó la coronilla.
—Y quiero lo mismo. Aunque sea un torpe negado para estas cosas. ¿Qué tal si me preguntas lo que querías preguntarme?
Ella asintió. Sorbió por la nariz y se forzó en ser capaz de gesticular bien. Le miró alternadamente, asegurándose de qué él era consciente de que ella estaba allí y que iba a hacer una pregunta difícil para sí misma.
—Naruto. ¿Tú tienes pensamientos hacia mí que no puedes decirme?
Y de nuevo, pasó algo extraño. Sólo que esa vez, Naruto se puso muy colorado y se tiró al suelo de cuclillas, frotándose la cara con ambas manos mientras casi parecía salir humo de sus orejas.
—Ten piedad de mí, mujer.
Hinata se quedó, de nuevo, sin comprender.
.
.
Shikamaru movió el móvil entre sus dedos, haciéndolo rodar entre estos, antes de que diera contra sus pies y se deslizara por la moqueta. Chasqueando la lengua, se agachó para descubrir unos pies frente a él. Neji Hyûga se agachó a su vez y se lo entregó.
—¿Nada todavía?
—No. Estoy a la espera.
—Hace horas…
—Pueden haber surgido complicaciones.
—Y mientras, ella sigue llevando una diana en la espalda —protestó Hyûga apretando los puños y apoyándose contra la pared del pasillo.
De la puerta tras él llegaron carcajadas pronunciadas de Kiba y una palabrota por parte de otro que no reconoció. Shikamaru intentó ignóralos.
—Me sorprende realmente que estés tan preocupado por ella. Es como si estuvieras de nuevo cuidando a Hinata cuando estaba prometida con Sasuke.
Neji frunció el ceño y sacudió la cabeza.
—Tenten no es como Hinata. Los líos en los que está metida, sin querer o no, son peores de los que jamás podría estar mi prima. Compararlas es… innecesario.
Shikamaru asintió y no preguntó más. Él no era como Ino. No necesitaba información de más e innecesaria. Si Neji encontraba necesario proteger a Tenten, lo entendía. Especialmente, si había ciertos sentimientos invertidos.
Porque él también movería cielo y tierra por proteger a Temari. Y sí, tampoco le importaría pelear por Tenten, pero quizás por ella no fuera tan corriendo como lo haría por Temari.
Finalmente, su teléfono tembló entre sus manos y descolgó al reconocer el número de su padre.
—Shikamaru —nombró este—. Lo tenemos.
—¿De verdad? —cuestionó buscando la mirada de Neji, quien le miraba ansioso—. ¿Es el mismo sujeto del nombre que te pasé esta mañana?
—El mismo. Estaba en casa de los tíos de esta muchacha.
—Tenten.
—Eso mismo —confirmó su padre—. Estaba chantajeándolos con sacar información a su sobrina. Al instante que supo que estábamos ahí intentó escapar. Sus tíos no han sufrido daños y están sanos.
Un gruñido escapó de la boca de Neji al captar esas palabras.
Ya le había comentado acerca de ellos y sus pensamientos a cuenta de su comportamiento hacia Tenten. Aunque dudaba que esas personas actuaran de esa forma sólo por estar sugestionados por el sujeto. No era raro que al llegar una herencia o cualquier ingreso monetario alto salieran a la luz algunos aguiluchos.
O personas problemáticas mezcladas en el asunto.
Y con eso no podía evitar pensar en Sasori Arenas y su relación hacia Temari y Gaara ahora que era el dueño de todo lo que aconteciera con el padre de ambos hermanos.
—¿Volverá a la cárcel o qué sucederá con él?
—Eso quedará en manos del juez. Pero dado que se escapó y los cargos que tiene encima, pasará un largo tiempo. Además, Hibiki se encargará de sacarle todo cuanto pueda y aclararle los puntos acerca de esa chiquilla.
—Esperemos que se pudra —soltó Neji cruzándose de brazos—. Voy a avisar a Tenten.
Shikamaru asintió y volvió a centrar su atención en su padre.
—¿Ese es el chico que se preocupara por ella?
—Sí —confirmó—. Se lo está tomando muy en serio.
—Bueno, esperemos que no sea sólo cosa de las hormonas —bromeó su padre—. Y hablando de hormonas, Shikamaru.
Tragó, incómodo. No quería tener esa clase de conversación y menos, por teléfono.
—¿Tienes cerca a Temari y su hermano? —cuestionó—. Hay algo que considero que deberían de saber.
—Ya sabes que la situación de Gaara es delicada —le recordó—. Lo sé, pero sopeso que saber eso podría hacerles ver el mundo de otra forma.
—Entonces, dame un momento —pidió caminando hacia la habitación de los enfermos. Tras llamar Shizune se asomó y él le explicó brevemente. La mujer aceptó y terminó sacando a Sai y Ino, dejándolo a solas con los hermanos.
—¿Ocurre algo? —preguntó Temari poniéndose en pie del sofá en el que estaba sentada con las piernas dobladas bajo su trasero.
—Sí —contestó explicando lo ocurrido y poniendo en manos libres a su padre—. Te escuchan.
Shikaku carraspeó.
—A ver chicos. Igual penséis que me estoy metiendo donde no me llaman, pero quiero explicaros algo que hemos descubierto a razón de la muerte de vuestro padre. Sé que es un momento duro ahora mismo para ustedes y no quiero pecar de descarado, pero no quiero dejar escapar la oportunidad de que tengáis información que nadie, posiblemente, os contaría.
Temari apretaba la boca y Gaara los miraba sin comprender del todo de qué diablos estaba hablando ese hombre.
—¿Acaso mi padre hizo algo que nos afecta a nosotros ahora? —cuestionó para sorpresa de su hermana.
—No es algo "malo". Desde luego, soy del pensamiento que ese hecho no justifica sus acciones —continuó su padre.
—¿Qué fue? —preguntó Temari impaciente.
—Papá, ves directo al grano que los estás poniendo nerviosos —intervino.
—Claro, sí, sí —aceptó el mayor de los Nara—. Averiguamos que vuestro padre fingió el secuestro de Gaara para protegerle. Sus actos fueron justificados porque estaba siendo explotado. Tenemos pruebas de que…
—Perdón por interrumpirle —habló Temari con el gesto endurecido—, pero sinceramente, como si mi padre donaba a la caridad. Su actitud fue cruel y lejana con nosotros. Ni siquiera saber que fue por equis motivo justifica nada. Los actos que hizo dejó secuelas en mi hermano para siempre y le aseguro que es imperdonable.
Se abrazó a sí misma y negó repetidas veces con la cabeza.
—No. No sirve de nada. Estoy harta de las mentiras de los adultos. No nos protegen, nos hacen infelices. Además, ya está muerto. ¿De qué nos sirve enterarnos ahora cuando no podemos hablar de ello? Le agradezco mucho, señor Nara que nos de la información, pero no cambia nada. El daño ya está hecho.
—Señor Nara —repitió su padre en broma. Shikamaru entendió perfectamente por qué era y sintió cierta vergüenza—. Está bien. Es aceptable tu pensamiento, Temari. Y lo entiendo a la par que no lo juzgo. Igualmente, yo consideré que ambos debíais de saberlo. Y como dije antes, no justifica para nada sus acciones.
—Gracias —aceptó Temari algo confusa—. Señor Nara…
—En serio, creo que a estas alturas con llamarme Shikaku o suegro está bien.
Ambos enrojecieron al instante. Shikamaru maldijo entre dientes.
—Papá. ¿Qué tal si te centras en vez de…?
Shikaku comenzó a reírse con todas las ganas del mundo.
—¿Acaso es una mentira que no estáis saliendo? ¿Asuma me ha mentido?
—No le ha mentido —negó Temari frotándose el puente de la nariz—. Pero es un poco difícil para mí llamarle de la nada de esa forma.
—Bueno, pues tiempo al tiempo. ¿Qué querías preguntarme?
—Sí —asintió Temari enderezándose—. ¿Qué hay del asunto de mi hermano y Tayuya?
—Todo eso sigue en marcha. Hemos adelantado cosas, pero todavía necesitamos tener paciencia. Tenemos a uno de nuestros mejores investigadores en ello. No te preocupes que yo os iré informando de eso. Lo que sí que tened en mente que Gaara tendrá que testificar en un futuro.
—Lo sé —afirmó Gaara.
Shikamaru le miró preocupado. Parecía que algo había cambiado en él. Continuaba con un aspecto enfermizo, pero su mente parecía más clara. Como si algo hubiera detonado ese cambio. Esperaba que sufriera un ataque nuevamente ante esa conversación y, por lo visto, Temari también, quien ya se había acercado lista para avisar de ser necesario. Sin embargo, Gaara los sorprendió con su estabilidad.
—Iré cuando me llamen. Estoy seguro de que Neji les ha dado un nombre.
—Sí —afirmó su padre que continuaba esperando—. Estamos en ello. No dejaré que os pase nada, chicos. Sé que no creéis en los adultos, pero creed en mi hijo.
Temari le miró a él y luego el teléfono.
—Eso ya lo hago —dijo.
Shikamaru elevó las cejas, sorprendido, notando cómo su corazón parecía querer volar hasta las manos de esa mujer.
Su padre, en la línea, se echó a reír.
—¡Seguro que se ha puesto colorado! —exclamó entre risas.
—¡Papá! —aseveró dispuesto a colgarle.
—Oye, mocoso, pon la llamada normal y pásame con ella.
Shikamaru dudó pero obedeció. Le entregó el teléfono a Temari y le dio su espacio. Temari respondió con monosílabos, alejándose de ellos. Pudo notar cierto rubor en sus mejillas en parte de su conversación, pero después les dio la espalda.
—Tu padre es diferente.
Shikamaru desvió la mirada que tenía sobre Temari hacia Gaara. Él tampoco dejaba de observarla y podía casi percibir una entrañable sonrisa en sus labios.
—Lo es, pero no deja de ser quien es gracias a su trabajo. Pero si promete encontrar al que te hizo eso, lo hará.
Él cerró los ojos y se acomodó en la cama.
—Eso espero. Tenten también está en peligro si no lo hacen. Y… Matsuri.
Shikamaru recordó lo sucedido de la pequeñaja.
—Sakura me lo contó, sí.
Gaara asintió lentamente. No iba a hablar más de lo necesario. Pero de alguna forma parecía sentir culpa por lo que podría ocurrirle a la muchacha.
—Ten.
Temari se acercó a él con el móvil apagado, entregándoselo.
—¿Colgó?
—Sí. Dijo que te llamaría más tarde para darte más detalles —explicó ella—. Agradezco de sobras lo que ha querido hacer, pero aunque suene cruel decirlo, ahora no sirve de nada. Y no sé si se entiende mi problema con eso, por muy cruel y mala hija que suene.
—No lo es —negó Gaara antes que él—. Pienso igual. Puede que nosotros tampoco se lo pusiéramos fácil… Yo se lo pusiera fácil —se corrigió—, pero hay cosas que no se le puede perdonar. Momentos en que lo necesitamos y… nos dejó solos.
Temari asintió y entrecerró los ojos con ternura hacia Gaara.
Shikamaru miró hacia la cama de Sai.
—No es justo tener a un enfermo fuera de hora. Más con el trote de hoy en la playa. Le diré que vuelvan a traerlo —indicó acercándose a la puerta. Temari le siguió, deteniéndole.
—Necesito hablar contigo después —dijo.
—Déjame hacer esto y busco alguien con quien pueda estar Gaara.
—Ino será suficiente —puntualizó ella antes de volver dentro.
Shikamaru no le dio demasiadas vueltas y se encargó de avisar a Shizune. Sai no parecía nada molesto con los paseos, con Ino a su lado.
—¿Todo bien? —le preguntó a ella antes de que se adentrara en la habitación.
—Sí —dijo ella—. Rin me ha abierto los ojos y ya sé que hacer.
Le acarició las mejillas con ambas manos y sonrió. Repentinamente fue como verla más madura, más lejana y de alguna manera, cuando le dio la espalda, fue como si acabara de perderla.
Sin embargo, Temari apareció frente a él y Ino desapareció de su mente como un cosquilleo suave de su mente cuando su cuerpo despertaba a la presencia femenina.
—¿Listo?
—Sí —asintió dando un último vistazo a Ino, quien esa vez, sonreía a Sai, quien le devolvió la sonrisa a su vez. No una sonrisa de esas que daban escalofríos, sino una amorosa que a él le dio repelús, pero a Ino, parecía encantarle.
—Si quieres hablar con Ino…
—No, está bien. Sólo estaba preocupado por ella por su comportamiento de antes, nada más. Pensé que iba a meterse de nuevo en líos, pero veo que no. Me quedo más tranquilo.
Temari asintió y empezó a caminar. Se dirigieron por las escaleras de emergencia y bajaron varios pisos hasta poder sentarse libremente en uno de los rellanos. Shikamaru apoyó la espalda contra la barandilla y estiró las piernas, con sus pies pegados a los de ella, quien ejerció un poco de presión contra sus plantas, divertida.
—Si piensas que tu preocupación por Ino va a molestarme, no es así —dijo ella repentinamente—. Sé cuánto te importa y en realidad, me da cierta envidia, pero no del tipo que seguramente crees.
—Ni siquiera he pensado en eso —reconoció pasándose una mano por el pelo—. Siempre he sido de la opinión de que estás fuera de esa línea.
—Vaya… —musitó y casi pudo ver algo de rubor en sus mejillas. Luego, suspiró y retiró las piernas para abrazárselas—. Mi envidia es más que nada por la amistad que habéis conseguido mantener pese al paso de los años.
—Bueno, ser vecinos también ayudó o que nuestros padres se conocieran de la niñez —explicó encogiéndose de hombros—. Además, Ino es un terremoto que no acepta una puerta cerrada, así que no era raro que entrara sin más en mi cuarto.
—¿Sin llamar?
—Sin llamar.
—Vaya. Imagino que ha visto más de ti que…
Shikamaru chasqueó la lengua y asintió. Temari mantenía el ceño fruncido, como si estuviera valorando el alcance de sus palabras.
—Aunque desde que crecimos no ha vuelto a suceder más que de cintura arriba.
—¿Vosotros nunca…?
—Una vez. Lo intentamos. Nada.
Temari asintió una vez más y se acarició las rodillas.
—Gracias.
—No me gustan las mentiras y prefiero que lo sepas —explicó—. Además, cuanta menos mentiras, menos problemas conlleva.
—Pienso igual —admitió—. No hay nada.
—¿Cómo?
—Que mi historial es nulo —respondió—. Aunque la gente crea lo contrario. Ya has visto la forma de tratarme mi padre en cuanto a ciertos temas y a Sasori siempre detrás de mí. Luego, estuve tan enfocada en cuidar a Gaara que no tenía cabeza para ningún tipo de hombre más. En realidad, ni siquiera pensé que pasaría contigo.
Él sonrió de lado.
—Pero pasó.
—Sí —aceptó ella ocultando parte de su rostro entre sus brazos—. Y en cuanto al tema de antes hacia Ino. Es que me recordaste al tiempo en que Tenten era importante para mí. Cuando Neji me pidió que la cuidara recordé ese sentimiento y que la echaba de menos. Más de lo que creía.
—¿Nunca hiciste por acercarte a ella de nuevo?
—No. Peleamos y se acabó todo. Fue una pelea fea. Yo no atendía a razones por aquel entonces. Y comprendo que dentro de lo que cabe, ella tenía algo de razón.
—¿Habéis podido arreglarlo?
—No lo sé, sinceramente. Me gustaría creer que sí, que ahora podremos abrirnos algo más. Pero no puedo saber qué pasa por su cabeza, claro. Por mi parte, pienso intentarlo.
Asintió, pensando en lo complicada que era la amistad femenina.
—¿Qué piensas de lo ocurrido con Menma?
—Extraño y que inquieta a Neji.
—Sí, eso he notado. Pero ya sabes que no me gusta meterme en las vidas ajenas más de lo necesario. Sin embargo, no soy ciega.
—Ni tú ni nadie. Lo que ocurre es que los interesados no parecen o no quieren darse cuenta —puntualizó—. Es un poco como Naruto y Hinata. En que él no se daba cuenta de nada.
—¿No empezamos todos así?
—Puede —reconoció acomodándose mejor. Luego, la miró de soslayo—. ¿Te encuentras bien?
—¿Lo preguntas por mí padre?
—Sí. No sé si mi padre ha osado de…
—No. Tu padre ha hecho bien. Él vio una esperanza pequeña y quiso compartirla. El problema es que el daño ya está hecho y perdonar no es fácil. Shikamaru —nombró dolida—. Éramos niños y necesitábamos a nuestro padre. Perdimos a nuestra madre y luego, a nuestro hermano. Gaara y yo nos hemos quedado solos por muchos años y aprendimos a sobrevivir sin él, soportando miradas y conversaciones que no eran agradable. La que tuvimos en el hospital frente a ti y tu padre no fue nada. Una de las veces, Gaara tuvo que intervenir.
Shikamaru no pudo contenerse. El impulso de su propio cuerpo diciéndole que hacer. Tiró de ella con suavidad contra él, abriendo las piernas para encajarla ahí. Temari se dejó hacer, demasiado sorprendida para reaccionar seguramente. Apoyó la cara contra su pecho y las manos contra su estómago.
—No puedo perdonarle. No puedo…
—No tienes que hacerlo —aseguró—. Estás en tu derecho de sentir dolor. Es aceptable.
Le dio un beso en la cabeza, bajando hacia su frente cuando ella se incorporó. Bajó hasta sus labios y la rodeó con fuerza con sus brazos. Si tan sólo fuera capaz de protegerla y evitar que nadie más la hiriera de esa forma.
—Sasori —dijo ella poco después. Él sintió el impulso de gruñir y mandar al cuerno mentalmente al sujeto—. ¿Recuerdas la conversación que tuvimos?
—Sí.
—Le desbloqueé —explicó apartándose para rebuscar el móvil. Luego, lo desbloqueó y tanteo hasta llegar a la conversación con él para mostrárselo—. Son todas disculpas y ofrecimientos de quedar. Pero el que me inquieta es el último.
Shikamaru tomó el móvil para leer. Si bien era cierto que la gran mayoría eran palabras de disculpas o frases que presionaban a Temari para quedar y aclarar lo sucedido con Gaara, tampoco faltaban las palabras de confesión de sus sentimientos hacia ella.
Pero el último mensaje era más serio. Más imperioso y, claramente, era después de la lectura del testamento del señor Arenas.
—Pensé en llamarle, pero no quería hacerlo sola porque sé que lo mandaré a la mierda sin ninguna duda. ¿Querrías…?
—Sí. —Le entregó el móvil y se mantuvo a la espera.
Temari se encargó de llamar y poner el altavoz para que ambos escucharan. Sasori no tardó en responder.
—Temari —saludó—. Hasta que al fin decides darme otra oportunidad.
—Sólo quiero saber qué es tan urgente que quieres hablar conmigo —dijo mordiéndose el labio inferior—. ¿Qué quieres de mí?
—Ya sabes de sobras qué quiero de ti.
—Estás saliendo con Sakura —le recordó. Luego buscó su mirada y Shikamaru asintió—. Y yo estoy saliendo con…
—Con Nara —interrumpió Sasori—. Ya lo sé. Eso no quita que mis sentimientos hacia ti continúen existiendo.
—Sasori.
—Sí, sé de sobras que no me perdonas lo que pasó con tu hermano y me extraña mucho que no me enviaras a la policía, teniendo en cuenta quién es el padre de tu novio.
—Eso no tiene nada que ver —defendió.
—Tiene que ver mucho. Me alegra saber que todavía me aprecias.
—Sasori, no es no.
—Sé perfectamente qué es un no, pero mi corazón no.
—No me parece justo hacia Sakura, Sasori —aseveró—. Nada justo. No puedes estar ilusionándola y seguir empecinado en un amor que nunca va a ser.
—No puedes decirme qué hacer, Temari. No tienes ese derecho.
—¿Lo dices por la herencia? Porque…
—No —negó—, eso realmente me ha pillado por sorpresa. Jamás pensé que tu padre me escogiera a mí y terminara, de este modo, siendo tu tutor.
—Ya no tengo edad de tener un tutor.
—No, pero sí un marido.
—Sasori —advirtió.
—No voy a obligarte a casarte con cualquier tipo, Temari. En eso puedes estar tranquila. Sin embargo, sí me gustaría que me tomaras en cuenta porque yo sí soy el mejor para todo esto. Incluso para heredar.
Temari apretó fuertemente el teléfono y Shikamaru se debatió entre quitárselo y mandar a la mierda a Arenas o evitar que ella rompiera el aparato.
—Sasori, aunque termine bajo un puente y roñosa, en la vida, escúchame bien: ¡en la vida!
Luego, colgó y echando pestes por la boca se puso en pie. Shikamaru atrapó el teléfono antes de que lo tirara y le permitió un momento de espacio para calmarse.
—Tengo que hablar con Sakura de esto. ¡No puede ser que esté bien con esto! —exclamó dirigiéndose hacia la puerta.
—Espera, Temari —detuvo aferrándola de la muñeca con cierta torpeza—. Hablar con Sakura ahora mismo no es beneficioso. Estás furiosa y no vas a hacer otra cosa que ocasionar una pelea entre vosotras porque ella no va a dar su brazo a torcer. Y no es justo que pierdas tu amistad con ella por culpa de Sasori.
—¡Pero es que…!
—Ponte un poco en su lugar —ofreció—. ¿Y si fuera Sakura la que te pidiera que no salieras conmigo?
—Eso sería ponerte a ti en el lugar de Sasori, y no. ¿Tú ves normal que siga insistiendo aún sabiendo que estoy saliendo contigo? Entiendo que no pueda controlar el quererme, pero… no hieres a quien aprecias. Yo sería incapaz de hacerte daño, por ejemplo.
—Existen personas que no saben amar y Sasori, claramente, es uno de ellos. Que arrastra a Sakura en esto, sí. Pero creo que ella lo sabe y lo acepta.
—Eso es una locura.
Shikamaru no pudo más que darle la razón.
—Sasori es un ser extraño. Empezaba a cambiar mi pensamiento sobre él, pero después de esta llamada siento ganas de… estrangularlo.
Temari suspiró acercándose a él y asiéndole la cara, provocó que la mirase.
—No voy a elegirle a él por más dinero que tenga.
—Eso ya lo sé —rezongó atrapándole las muñecas—, pero odio el daño que te hace todo eso. Debería de ser vuestro legítimamente y no debería de existir esa estúpida regla de que necesites casarte y menos con Sasori.
—Mi padre lo tenía en un pedestal a causa de mi hermano mayor. No podemos hacer nada. Eso no va a cambiar. Y no tengo por qué cumplir algo así. No necesito el dinero.
—Eso lo sé —dijo bajando las manos hacia sus caderas y besándola—. Pero tu primo ahora puede hacerte la vida imposible por la herencia y no es algo que me haga feliz, exactamente.
—Ni a mí —asintió Temari alejándose y frotándose los cabellos rebeldes—. Igual siento que tendría que hablar con Sakura de esto. Puede que no ahora porque sí, me dan ganas de zarandearla. Pero tengo los mensajes como prueba. No quiero que esté metida en una relación cuya pareja la engaña y sea conmigo.
—Eso sería si le correspondieras.
—No lo hago —aseguró—. Pero igualmente, hay una parte ahí que no ama a la otra parte y no odio lo suficiente a Sakura como para querer que sufra con eso.
—¿Se te ha ocurrido que Sakura esté haciendo lo mismo?
—¿Lo mismo?
—Usar a Sasori y sus sentimientos hacia ti.
—¿Por qué?
—Para alejarse de Sasuke.
—¿No habían hecho las paces? Hoy estaban muy normal.
—No del todo. He notado que ella sigue manteniendo las distancias de cierta forma. Pero no voy a inmiscuirme en ello. Eres tú la que me importa y sé que Sasori no va a dejarlo estar, aunque le cuelgues y ahora me preocupa que más que tiene más acceso a vosotros.
—Más le vale no acercarse a mí hermano de nuevo de esa forma. Con esas intenciones, me refiero. Porque de verdad que no se lo pasaré esta vez. Y no será una papelera lo que le tiraré.
—Dudo que lo haga —supuso—, Sasori tiene las intenciones de mantenerse lejos de eso. Igualmente, no sabemos del todo lo que hay detrás.
—¿Lo estás justificando?
—No. Pero Temari, debemos de ser justos: no sabemos mucho del tema y tú misma me contaste lo duro que fue estar con Gaara ese tiempo. ¿Y si Gaara también presionó a Sasori de alguna forma?
Temari, lejos de enfadarse, pareció sopesarlo.
—Mi hermano es el único que tiene respuestas a esas preguntas. Y creo que no puede todavía recordar.
—Yo lo he visto hoy diferente. Sé que Neji ha hablado con él y nos dio un nombre importante que mi padre está investigando.
—¿Qué? —cuestionó alertada.
Shikamaru chasqueó la lengua.
—Ya te he dicho antes que Neji está actuando de una forma diferente hacia Tenten y por protegerla llegó a hablar con tu hermano de ese tema. Tu hermano no tuvo ningún ataque…
—¡Eso da igual! ¿Por qué no me lo dijo? ¡Me encontré con él! ¿Por qué llevó a mi hermano a eso? Se sabe que no se debe de…
—Y él lo sabe, pero por Tenten…
—¡Como si es por su madre, Shikamaru! Mi hermano es lo más importante que tengo ahora mismo. No quiero que nadie más le haga daño.
—Temari, no vas a poder proteger a Gaara siempre. Tiene que enfrentar esta situación y te aseguro que le he visto realmente firme con eso.
—Lo que tiene que hacer es descansar y recuperarse, no hacer esas cosas que podrían provocar que se muera por un ataque, Shikamaru.
—Y estoy de acuerdo que necesita tiempo para eso, pero si Gaara considera…
—¡Gaara no puede considerar nada ahora mismo! —exclamó ella obstinada.
Shikamaru le dio un poco de espacio.
—No puede forzarlo a eso. Si hubiera teniendo un ataque… si él…
Se detuvo tomando aire y mirando al techo.
—Lo siento —se disculpó frotándose los brazos—. Sé que sueno muy egoísta, pero Gaara es lo último que me queda y me aterra perderlo. No puedes imaginarte el miedo que siento con esa idea.
—Sí puedo —dijo acercándose de nuevo y acariciándole el cuello—. De pensar en perderte a ti. Sin embargo, tienes que verlo desde otro punto de vista: Gaara ha sido muy valiente. Mucho. Por Tenten y por ti. Y respetar que él quiera enfrentar esos demonios. Porque tarde o temprano tendrá que hacerlo, Temari. Queramos nosotros o no. Puedes patalear, gritar o pegarme si quieres, pero la realidad es la realidad.
—Igual soy yo quien evita que esas cosas pasen —farfulló mordiéndose el labio inferior—. Yo le ato y le creo estrés.
—No, no es eso. Creo y sólo creo, que Gaara fue capaz de reconocer la urgencia que emitía Neji. Mejor que yo, que estuve con él antes, debo de decir. Tu hermano siempre fue bueno analizando a los demás y esa parte, no ha desaparecido ahora que está serenándose.
—Eso quiere decir que mi hermano dejó de ser tan perceptivo mientras se hundía en esa mierda.
—Esa es mi suposición, sí. Él quiso dejar de entender esa capacidad tras los diversos rechazos de su padre y cayó en las drogas. Pero como dije, es suposición.
Ella guardó silencio sólo observándole. Le acarició el mentón y los labios mientras lo observaba.
—Realmente eres un genio.
—No lo soy. Sólo observo mejor que otros, nada más.
—No te desprecies a ti mismo —regañó severa—. No me gustan los chicos idiotas. Para eso me hubiera quedado con alguien como Kiba, por ejemplo.
Shikamaru notó deseos de gruñir una vez más. Bajó las manos de su cuello por su espalda hacia su cintura. La pegó contra él, como si deseara que sus huesos y piel se fundieran.
—Ni de broma.
—¿Shikamaru Nara celoso?
Notó la burla en su voz, el cosquilleo de sus dedos en sus labios y el juego de sus ojos oscilando sobre los suyos.
—¿Qué tiene de malo? —cuestionó sin negarlo.
Ella sonrió.
—Que son innecesarios, claramente —dijo finalmente—. Ya te lo dije. Y me gusta la idea de que quieras claridad en nuestra relación.
—Ya te dije. Las mentiras dan problemas y eso sería…
—Problemático —terminó por él echándose a reír.
—Justo.
Bajó la cabeza nuevamente buscando sus labios, pero ella se retiró y pegó su mejilla contra la de él, abrazándole.
—Creo que tus manos han bajado demasiado de mi cintura.
Se percató de que era así y las volvió a levantar, sintiéndose avergonzado y torpe. Como si fuera un condenado niño que había cogido el caramelo que no era, aunque se muriera de ganas por él.
Porque sus hormonas estaban todas disparándose a un mismo deseo.
Temari se echó hacia atrás y pudo ver que su verdosa mirada brillaba pícaramente. Esa vez, fue ella quien le besó, atrayéndolo contra ella y frotando sus dedos contra su espalda, bajando mucho más.
Se separó, sorprendido.
—Esta vez ha sido tu mano.
—Soy consciente —admitió satisfecha—. ¿Te disgusta?
—¿Te disgustaba a ti?
Ella lo sopesó.
—No, pero sé que para ti será más difícil disimular si nos interrumpen.
Notó que corazón le daba un vuelco inesperado. Sus orejas debían de estar muy rojas porque las sentía muy calientes.
Ella besó sus mejillas, pero cuando estaba por besar sus labios una vez más, su móvil rompió la magia.
Se separó para descolgar al ver que era su padre y que ella asintiera.
—Shikamaru. El nombre que nos dio Gaara a través de Neji es factible. Lo tenemos.
—¿Cuál? Te dio dos.
—Uno es el sujeto que iba tras esa muchacha. El segundo es Kabuto Yakushi.
—¿Lo habéis capturado?
—Sí. No ha sido fácil, pero está hecho —indicó su padre—. Lo procesaremos y esperemos que el juez no esté comprado.
—No me das muchos ánimos con eso. Podría tomar represalias después —recalcó—. Y Gaara podría estar en peligro entonces.
—No sólo él —intervino Temari—. Matsuri también. Le conoce. Y yo también.
—Bueno, eso significa que tenemos más sujetos para proteger. No te separes de Temari, Shikamaru.
—Escucha no es…
Pero su padre ya había colgado.
Se volvió para mirarla.
—No sé cómo diablos voy a hacer para repartirme —protestó—. No me importa cuidaros, pero no puedo con los encargos de delegado y no voy a dejarte sola con todo ese deber. Además, necesitas también ser protegida.
Temari arrugó el gesto.
—No quiero decir con eso que seas débil, ni mucho menos, pero poco podemos hacer contra una pistola. Y no me gustaría que te pasara nada.
—Ya. Pero también exponiéndote no me siento feliz. No soportaría que te pasara nada. No somos… yo qué sé, ninjas o superarmas humanas.
—Eso lo sé de sobras.
Todavía recordaba la impotencia del día del hospital. El no poder hacer nada por ella, el peligro que estaba corriendo. Y luego, descubrir que Temari fue capaz de tumbar al sujeto sin problemas, pero convertirse en un flan frente a su padre.
Temari le acarició las mejillas una vez más y frotó las orejas con cariño. Él se inclinó y la besó.
—Gracias por escucharme. Ahora estoy más calmada, así que iré a hablar con Sakura —anunció.
Se retiró y notó le cuerpo frío ante su ausencia. Temari se marchó dejándole en una soledad extraña, como si vaticinara una desgracia entre ese silencio.
.
.
Sakura respiró fuertemente, sintiendo el aroma del mar y los últimos rayos de luz de la tarde le acariciaron la piel. Parecía mentira que el día estuviera pasando tan rápido que ni siquiera se hubiera dado cuenta. Entre la disputa con Ino y Hinata, el comer, participar en el taller y comer, se le fue volando.
Se sentía mucho mejor a medida que pasaba el tiempo y que Naruto no mostraba interés en odiarla por lo ocurrido. Además, debía de reconocer que hablar con Sasuke la ayudaba mucho. No había notado cuánto lo echaba de menos como amigo más que como interés romántico hasta ese momento.
Porque Sasuke siempre sabía escucharla y solía tener consejos interesantes y dar en el punto. Como el hecho de percatarse de que fue Menma quien estuvo allí y quien, en realidad, ocasionó la muerte de Minato y no ella.
Y aunque Uchiha no había vuelto a hacer nada por demostrar sus sentimientos o reclamar los pasados de ella, seguía ahí esa espina. Además, que alguien mencionara a Sasori delante de ellos era peligroso. Por suerte, hasta ahora, Sasuke sólo fingía necesitar distraerse y ella acotaba la conversación porque sabía que terminaría teniendo dos frentes difíciles.
Ya le había enviado algún que otro mensaje a Sasori. Quería saber cómo se encontraba tras haber escuchado que Shikamaru y Temari estaban juntos. Entendía que era algo que él esperaba, pero sabía perfectamente que no era plato de buen gusto.
—Sakura.
Dio un respingo por el cual casi pierde el equilibrio hacia delante si unas manos no la aferran. Al volverse, se encontró con el rostro de Temari, tan asustado como el tuyo.
—¿Estás bien? —cuestionó la mujer rubia.
—Sí, me asusté —confesó aferrándose a sus manos para entrar en el interior de la habitación—. ¿Cómo has entrado?
—La puerta no estaba cerrada del todo. Entré silenciosa pensando que pasaría algo, pero al ver que estabas sola, simplemente te llamé. No esperé que estuvieras a punto de entrar como un gato.
—Perdón. Se ve que se quedó entreabierta cuando entré. Iba más concentrada en mis pensamientos.
—Pues eso ahora mismo no se bueno. Especialmente con Menma —recalcó—. Tampoco deberías de estar sola. Siempre tienes que encontrar a alguien con quien estar. Incluso conmigo.
—Te lo agradezco, Temari —agradeció sinceramente sentándose a los pies de la cama—. ¿Quieres sentarte?
—Sí —aceptó—. En realidad, he de confesar que he venido para hablar contigo.
—Pues aquí me tienes —aceptó—. Aunque reconozco que es raro que tú quieras hablar conmigo.
—Porque sé que es algo que no te va a gustar, pero nos atañe a las dos.
Sakura se apretó las manos.
—Imaginaba que tarde o temprano querrías hablar conmigo. Y sé qué me vas a decir.
—No sólo te lo voy a decir, te lo quiero mostrar. Pero, antes que nada, Sakura, no pienses que soy una entrometida que no soporta que estén con su primo. No lo soy. Soy realmente feliz con Shikamaru. Puede que, porque sea el principio, pero así me siento. Shikamaru despierta en mí cosas que Sasori nunca pudo ni podrá. Y aceptaría de buen gusto que saliera contigo porque me gustaría verle sufrir y no… no arrastrándose por un amor que no sirve de nada porque no tiene salida.
—Yo sé que él te ama, Temari —asintió—, y desgraciadamente, se enteró por mediación de Menma que Shikamaru y tú salís. Sé que debe de sentirse realmente mal ahora mismo puede que todos sus actos parezcan enfebrecidos por eso.
—No es sólo eso, Sakura —dijo Arenas sacando el móvil y mostrándoselo—. Es todo esto. Considero que si está contigo no debería de seguir enviándome mensajes de este tipo.
Sakura bajó la mirada hacia el móvil y leyó cada uno de ellos. Especialmente, el último.
"Solo tienes que decírmelo para que deje a Sakura y me vaya contigo a donde quieras. Me tienes a tus pies. Ya sabes que no soy de palabras cursis, pero es lo que siento por ti. No olvides que tienes mi corazón en tus manos y puedes hacer con él lo que quieras. Sólo hay una mujer para mí. Para siempre".
Le había abierto completamente su corazón. Lo admiraba por ser tan valiente en ese sentido. Por recibir tantos golpes negativos y aún así, terminar abriendo lo que ella bien podría pisotear.
Le devolvió el móvil silenciosamente, con Temari mirándola de forma urgente. Sakura sabía qué esperaba de ella.
—Sé que quieres que le deje.
—Sí —afirmó Temari automáticamente—. No me mal entiendas, por favor. Sé que no somos íntimas y que bien puedes mandarme a la mierda si gustas. Pero por favor, no sigas con un amor tan lastimoso. Mereces… Mira —dijo, frotándose las piernas y luego uniendo las manos en rezo—, ahora que estoy con Shikamaru he aprendido muchas cosas y sé que todo el mundo merece un amor sincero, sin mentiras. Y Sasori te miente.
—Sasori me ayuda, Temari.
Eso la descolocó. Enderezó la espalda, sin comprender.
—Sé que es difícil de entender. Lo sé mejor que nadie y que crees que ese mensaje me hace daño, pero no es así. Como dices, una relación con mentiras no ayuda y es lo que me gusta de esto que tengo con Sasori.
—Quieres decir que…
—Sí. Sé que él te ama. Desde el principio.
Temari dejó caer las manos entre sus piernas, sorprendida.
—Yo no sé qué decir entonces.
—Puedo explicártelo, Temari. Pero me has de prometer que no vas a contárselo a nadie. Sé que pensarás igualmente mal de mí, pero quiero que sepas que soy consciente de los motivos por los que quieres evitar que salga con él. No tengo pensamientos del tipo que dices, porque sé a simple vista que eres feliz con Shikamaru, lejos de saber qué pasa entre vosotros. Has cambiado mucho desde que estás con él, incluso viniendo a hablar conmigo. Y eso lo aprecio muchísimo. ¿Me escucharías?
Pensó que se levantaría y se marcharía para no entender sus razones. Y de escucharlas, tampoco tenía todas consigo de que comprendiera por qué.
—Te escucho. Siempre te he tenido por alguien inteligente y no creo que sea una estupidez la que te lleva a aferrarte a esta clase de amor.
—No todo el mundo estaría de acuerdo contigo —dijo sonriendo tristemente—, pero es algo que necesito para evitar que… para evitar que Sasuke Uchiha haga conmigo lo que quiera.
Temari pestañeó intentando hilar los hilos de sus palabras.
—Sé que suena a estúpido, pero Sasori y yo estamos saliendo juntos para evitar que Sasuke llegue a mí.
—Pero vosotros…
—Sí, ahora nos hemos… ¿amigado? No sé si esa es la palabra. Pero durante el tiempo que estuvo lejos, que estuvo pasando todo aquello del clan Uchiha y Hyûga, Sasuke y yo tuvimos una charla demasiado… fuerte.
—Define fuerte.
—Suena como si fueras a pegarle.
—Igual lo haga —amenazó Temari enderezando la espalda—. Dímelo.
—Estaba destrozado y cayendo en un pozo de oscuridad. Atacaba a todo el mundo y yo siempre he sido una molestia para él. Y lo llevé hasta el límite y provoqué que dijera unas palabras que sé que nunca haría. Nunca.
—Te amenazó —dedujo.
—Sí. No con matarme, pero no fueron acertadas sus palabras. Sin embargo, hablando con diversas personas y pensándolo mucho decidí darle la oportunidad al menos, de mantener mi amistad. Sin embargo, él…
—Quiere más. Lo que despreció durante todo este tiempo.
Sakura la miró sorprendida.
—Sí, puede que yo me haga mucho la indiferente, pero hasta yo me di cuenta del cambio entre ustedes. Era doloroso verte detrás de él mientras que Sasuke actuaba fríamente. Y ahora, parece que las cosas se han turnado, pero porque impones tus deseos de tenerlo lejos y usas a mi primo para eso. ¿Verdad?
—Sí.
—¿Y él es consciente?
—Sí.
—Entonces, es un noviazgo de conveniencia.
—Sí. En el momento en que uno de los dos quiera romper, no pasaría nada.
—¿Qué esperaba sacar él, Sakura?
Sakura dudó. Temari podía haber cambiado, pero estaba segura que la vena repentina explosiva continuaba ahí.
—A ti. No voy a dar rodeos.
Temari apretó los labios antes de soltar el aire lentamente.
—¿Ibas a ayudarle?
—¿Ayudarle?
—Tipo a concertar citas, ocasionar encuentros…
—No —negó incrédula—. Eso no. En realidad, yo siempre he sido sincera con esas cosas. Pensaba decirle que estabas saliendo con Shikamaru de otra forma diferente a como lo hizo Menma. No voy a forzar que ames a un hombre que no amas. Sé bien lo que es eso y jamás querría que te pasara. No voy a imponer más los sentimientos de una persona sobre otra. Ya no. Aprendí la lección.
Temari asintió y se levantó. Sakura pensó que se marcharía. En su lugar extendió los brazos para abrazarla con fuerza.
—Dios mío, Sakura. Que hayas tenido que recorrer a alguien como Sasori para esto. ¿Tan poco confías en nosotros? Entiendo que Sasuke es alguien importante para Naruto, pero ni siquiera él sería capaz de pasar algo como eso. ¿No crees? Sasori no es la moneda adecuada. Es Sasuke quien debe de controlarse y respetarte incluso si estás soltera. Y yo lo siento por mi primo, pero no va a pasar nunca entre nosotros. Así que no necesita usarte para nada.
Temari se lamió los labios, nerviosa.
—Sakura, por favor, déjale.
Ella suspiró y le tocó las manos cariñosamente para que la soltara.
—Es algo que planeo hacer. No voy a quedarme enganchada a Sasori toda la vida. Sé que también incomoda a Ino, pero Temari, él es bueno conmigo. Me ha apoyado cuando me sentía vacía, sola y temerosa con Sasuke. Y no, no podía decírselo a Naruto porque él sigue pasando muchos problemas. En ese entonces, más. Sin embargo, como te dije, Sasuke ha cambiado, se ha disculpado correctamente y yo llegué a la terminación de aceptarlo como amigo.
Temari se echó hacia atrás, cruzándose de brazos.
—Se te ha ocurrido pensar que exista la posibilidad de que cuando quieras hacerlo sea tarde. No porque te enamores de él, sino porque Sasori salga con una negativa y te lleve a un punto en el que no puedas escapar. Estoy con Ino en esto. Cuando me enteré de lo que os hizo y de dónde metió a Gaara… yo sentía ganas de matarlo —confesó dejándose caer en la cama de culo—. Nunca en mi vida he tenido tantas ganas de matar a alguien que llevara mi sangre. Ni siquiera a mi padre con toda… toda su mierda. Y la mierda que ha dejado, por cierto, atañe a Sasori.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que mi padre, mi santo padre —nombró sarcástica—, se ha encargado personalmente de que Sasori me siga martirizando dejándolo como heredero universal de todo y responsable de mí. Como si fuera una niña que necesitara un tutor.
—No sabía eso… supongo que era lo que Sasori quería contarme antes de que Menma interrumpiera.
—¿Él te cuenta estas cosas?
—Sí —afirmó—, Temari, él actúa completamente como si fuera mi novio. Me apoya, me escucha, me ayuda, es cariñoso y amable.
—Tiene una vena mala, Sakura.
—Lo sé —admitió—. Ino me lo dijo. Sasori no hizo mucho por detener el ataque de Deidara, sin embargo, fue Sasuke quien sí intervino.
—Eso dice mucho de Uchiha.
—Sus palabras también —rezongó, regañándose a sí misma para recordarse que había hecho una tregua con eso—. Lo siento, ignora eso.
—Creo que te hizo una herida que necesitas sanar bien, lo entiendo. Pero mi primo es ahora mismo una bomba en explosión al que han subido el ego con poder. No sabes cómo va a reaccionar y puede que ese amable hombre desaparezca. Sasori siempre ha actuado para su beneficio, recuérdalo, por favor.
—Lo tendré en cuenta.
—Y otra cosa —añadió Temari—. Si necesitas ayuda con ello, no dudes en pedírmela. ¿De acuerdo? Conozco a mi primo, sé que es inesperado y peligroso.
—Te lo agradezco. De verdad —aseguró mirándola con ojos brillantes.
Temari asintió y empezó a alejarse. Al abrir la puerta les llegó el ruido de las voces (1) y gritos. Sakura se levantó de golpe para seguirla. En el pasillo, Choûji parecía evitar que Naruto entrara en la habitación de los chicos. Naruto forcejeaba con él gritando el nombre de Kiba y Sasuke apareció poco después.
—¿Qué pasa? —preguntó al verle.
—No lo he entendido bien, parece que Kiba ha dicho palabras inadecuadas de Hinata.
—¿Y Choûji qué pinta ahí? —cuestionó Temari—. ¿Es que intenta detenerle?
—No —negó Tamaki esquivando a Naruto justo cuando salía disparado hacia atrás a causa de un empujón de Choûji—. Este ha entrado también a su vez y ambos han bloqueado la entrada. Lógicamente, Choûji ha ganado por su… tamaño.
—Vale. A ver —dijo Temari lamiéndose los labios y frotándose el rostro—. Entiendo que Naruto se haya enfadado por las palabras de Kiba. ¿Pero Kiba?
—Eso es un misterio —respondió Tamaki—. Igual, no es raro que Kiba esté metido en algo. Últimamente parece tener muy mala estrella.
—¿Estás preocupada por él? —cuestionó Sakura.
—Bueno, a nadie le gustaría verle con la cara desfigurada con lo feo que ya es —zanjó Tamaki alejándose.
Temari soltó un silbido y ella la miró con la misma intuición.
—¿No es así como se empieza?
—Algunas veces, sí —admitió Arenas buscando con la mirada hasta encontrar al sujeto que le interesaba. Shikamaru estaba tirando de Naruto para llevárselo, mientras que Menma, apoyado contra la puerta de su propio cuarto, observaba todo con cierta diversión.
—Me sorprende que no esté ahí metiendo cizaña.
—Ya lo ha hecho por WhatsApp —indicó Sasuke. Pero no les mostró la conversación. Se guardó el móvil en el bolsillo y Sakura, conociéndole, sabía que había algo más que no deseaba que ellas vieran.
—Parece que el alboroto no va a durar demasiado. Y no creo que llegue la sangre al río, así que volveré con Gaara.
—Mejor, el pobre debe de estar desesperado con Ino.
—No creas. Él, mientras le dejen dormir, feliz. Y la verdad, Ino no le da nada de guerra.
—Será al único —protestó Sakura en broma.
—Si lo dices por Shikamaru —dijo Temari asintiendo—, sé que ella siempre estará ahí para nosotros. Lo mismo que mi hermana estará.
—Entre ellos nunca ha…
—Todo eso lo sé y te aseguro que no estoy celosa de ella —prometió Temari—, así que, no te preocupes que no voy a atacar a tu mejor amiga por tonterías. El día que Ino y yo nos peleemos, será por algo muy duro y delicado.
Sakura asintió, sonriendo algo cohibida. No le gustaba haberse metido de esa forma, pero Ino, con lo cabra loca que era, le preocupaba. Y ya sabía de lo que Temari era capaz de hacerle a las personas con las que tenía disputas.
—Me alegra que estés bien con esto.
Temari asintió y tras inclinar un poco la cabeza, se alejó.
Sakura miró al pasillo. Primero un lado, donde el conflicto parecía haber menguado. Al otro lado, donde Menma parecía haberse aburrido y cerró la puerta.
Suspiró, frotándose los brazos.
—Pues bueno, si Naruto no va a armarla, todo está en calma. Volveré dentro.
Sasuke continuaba a su lado y fue quien evitó que la puerta se cerrase, siguiéndola.
—¿Ha ocurrido algo con Temari?
—¿Con ella? No —negó—. En realidad, me gusta hablar con ella. Es firme y directa, pero escucha. Sólo está preocupada por mí.
Caminó hasta la cama, dejándose caer de bruces y abrazando la almohada. Sasuke cerró la puerta. Pensó que se había marchado hasta que escuchó sus pasos tras ella.
—¿Por qué está preocupada?
Ella volvió la cabeza sin moverse para mirarle desde el otro lado.
—Ambos sabemos por qué.
Sasuke apretó la mandíbula y asintió sentándose en la otra cama.
—Sasuke, no te fuerces a esto.
—No me fuerzo —descartó—. Estoy realmente preocupado por ti. Lejos de mis sentimientos reales.
Volvió a girar la cabeza para mirar la pared. No quería que viera cómo le afectaba esa clase de palabras. No quería ceder a eso.
—Si Sasori te hace daño… no habrá dios que pare a Naruto. Lo que ha hecho ahora sólo ha sido un juego de niños, porque de haber querido, incluso Choûji se habría ido a la mierda y Kiba estaría recogiendo sus dientes del suelo con una lupa. No actuó por Ino porque se largó, pero…
—Lo sé bien —interrumpió—. Sé lo que todos pensáis de Sasori mejor que nadie. Sé cómo me ha mirado Temari, cómo me mira Ino sin poder creerse que esté con un hombre que no detuvo a Deidara. —Apretó los labios antes de continuar—, pero no pueda estar con el que sí lo detuvo. Sé bien que Naruto me mira como si esperase grandes cosas de mí y una de ellas, es que deje a Sasori porque tampoco lo comprende. Por lo que pasó con Ino, porque es tu mejor amigo y porque no sabe qué ha pasado.
—Lo sabe.
Se incorporó, mirándole asustada.
—¿Se lo has contado?
—Vino a partirme la cara. Cuando le dije por qué fue si no hubiera estado tan herido, seguramente me habría vuelto a romper las costillas. Sakura, ese imbécil puede que salga con Hinata, pero sigues siendo parte de su talón de Aquiles.
—Hinata lo es más.
—En eso estamos de acuerdo. —Se levantó y muy despacio se sentó a su lado—. ¿Por qué nunca me dijiste lo que pasó?
Ella buscó en su mirada oscura.
—Sasuke. ¿Me habrías escuchado? Sólo querías alejarme de tu vida.
Uchiha inclinó la cabeza, apretando los labios esa vez él.
—Lo sé… pero creo que esa parte la habría escuchado.
—¿Y luego qué? —cuestionó a su vez, comprendiendo que esa, realmente, hubiera sido una posibilidad—. ¿Habrías actuado igual que Naruto? ¿Ir a pegar al profesor? Ya estabas expulsado por fumar. De haberle hecho algo…
—No me habría importado menos lo que pasara.
—A mí sí, cabezón. No, cabezones los dos —acusó pensando en Naruto también—. Os quiero tanto que no os dais cuenta de cuánto me duelen a mí los golpes que recibís por mi causa. Naruto llevará para siempre una marcha en su expediente que puede que le impida llegar a ser policía.
—Sakura. Naruto lleva muchas más marcas en su expediente de las que crees y nunca sabrás. Ni siquiera Hinata las conocerá jamás —añadió—, porque estoy seguro de que de muchas se muere de vergüenza y otras afectan a… féminas.
Sakura le observó por un momento. Sasuke le mantuvo la mirada, elevando las cejas con curiosidad.
—Tú igual.
—No lo negaré. Es algo que ya sabes. Jamás me escondí de ti.
—Ya —admitió con dolor—. Era tu diversión favorita.
—No puedo cambiar ese pasado —protestó frotándose el pecho con dolor.
Ella notó su gesto y se sentó mejor para poder tocar ese punto. Él se lo permitió. Habían pasado de un punto en el que él no le permitía ni estar cerca a permitirle cualquier cosa y, tocarle, era una de sus favoritas, al parecer.
—¿Te duele?
—Internamente.
—¿Tienes algo mal dentro? —cuestionó asustada—. Iré a avisar a Shizune.
Saltó de la cama para ser retenida por su mano.
—Ella no puede curarlo.
—Eso no lo sabes —regañó frunciendo el ceño.
—Lo sé perfectamente. Porque sucede de hace tiempo —explicó. Y parecía costarle hacerlo.
—Sasuke.
—No me muero —tranquilizó—. Aunque es casi como si lo hiciera.
—Me estás asustando…
Le sostuvo la mano por un tiempo más. Era maravilloso el contraste de su mano, más pequeña y fina, engullida por la masculina, más ancha y magullada tras su escalada por las rocas.
—Es mejor que no entremos ahí, Sakura —dijo finalmente—, no, mientras estés con Sasori.
Ella frunció los párpados, aguda.
—¿Estás celoso? ¿Eso es lo que te pasa?
—Simplemente, duele no poder cambiar el presente —confesó irritado.
La soltó y se incorporó. Ganándola en altura, en anchura, con su mirada oscura clavada en la suya.
—No quiero…
—Sé que no quieres. Y sé que hemos quedado en un término medio, pero nuestra conversación siempre lleva a lo mismo. Yo te herí. Tú me hieres. Es lo que tenemos. No sabemos estar en un mismo nivel y a este paso, dudo que se llegue sin que nos matemos.
Sakura soltó el aire que estuvo reteniendo sin darse cuenta. Se cruzó de brazos. Sabía que no debía de hacerlo, que era alargar más el desenlace.
—¿Acaso estás rindiéndote tan fácil, Uchiha? Eso es como insultar los años que estuve enamorada de ti. ¿Te vas a rendir porque un mes no te hago caso ni babeo de tu boca?
Él guardó silencio y le sostuvo la mirada. Maldijo entre dientes.
Él tenía razón. Era siempre lo mismo y ella era la que los llevaba a ese mismo bucle. Le pedía a él paciencia y amistad, ella recriminaba cosas que no debería y continuaba metiendo a Sasori entre medias de todo.
—Estabas intentando hacer una tregua.
—Sí. Por eso, hay conversaciones que no podemos tener.
—Tu empezaste preguntando lo de Temari.
—Naruto preguntaría igual y no pasaría nada.
—Naruto no quiere que le deje para sentirse mejor consigo mismo —espetó irritada y avergonzada.
—Naruto quiere que le dejes porque no comprende que un tipo que ni conoces te guste.
—No te conocía cuando comenzaste a gustarme. Y tú no me conoces.
Fue como si repentinamente él creciera. Hinchándose como un condenado pavo.
—Sé, que te gusta dormir con la tele puesta porque te da miedo el silencio pero no la oscuridad. Sé que odias el kétchup en las patatas y te las comes porque al resto les casa eso. Sé que odias los chicles de menta pero te encantan los de cereza. Que tu cabello suele enredarse fácilmente y que te cuesta ir a bañarte. Sé que no te gustan las comidas grasosas pero amas la barbacoa, aunque te harte enseguida. Que amas tomar el sol y el mar, pero odias que se te pegue la arena a las braguitas del bikini. Sé que de niños te escondiste en el armario de los enseres para que nadie te encontrara para pegarte y que te quedaste dormida durante horas y, al salir, te sentías tan avergonzada que corriste a tu casa sin esperar a Ino.
Fue dando pequeños pasos hasta quedar más cerca de ella, deteniéndose cada vez que hablaba hasta que llegó totalmente sobre ella.
—¿Quieres que siga?
Su corazón estaba completamente desbocado. Negó con cierta torpeza.
—Sabes tantas cosas porque nos conocemos desde niños.
—Porque te observaba más de lo que crees —corrigió entrecerrando los ojos—, una parte de mí se alegra de que mi plan funcionara porque así estuviste fuera de mi alcance de locura, y pese a eso, dije unas palabras que nunca superaremos. Otra parte de mí… desearía golpear a esa otra y evitar que lo hiciera. Pero…
Un recuerdo doloroso y oscuro pareció pasar por su mente. Retrocedió, alejándose lo suficiente, y tras frotarse el cabello, se recompuso.
—Sé —comenzó ella volviendo sobre sus pasos como hiciera él—, que odias los días calurosos, pero te gusta la primavera. Sé que te encantan los tomates y que no soportas ver cómo otros los echan a un lado en el plato. Sé que de noche dormías con cascos puestos. Sé cuánto dolor has pasado bajo el yugo de un padre horrible del que me protegiste echándome de tu casa una vez. Sé que si realmente hubieras querido luchar contra todo eso solo habrías tenido que coger mi mano y echar a correr y que te hubiera seguido sin importar a dónde ni de quién huíamos.
Él clavó la mirada en ella con dolor.
—Sé que tu padre podría haberme hecho muchas cosas, Sasuke. Sé que esa parte te atormenta, pero no hiciste las cosas bien apartándome y refugiándote en otras personas. Hiriéndolas de paso.
Bajó la mirada para levantarla y sonreírle.
—Yo te perdono, Sasuke.
Él soltó el aire lentamente, con los ojos brillando.
—Pero necesito tiempo. Ya te lo dije. No puedo lanzarme al vacío sin más. Quiero hacer las cosas bien por una vez.
Ambos guardaron silencio. De nuevo, sus cuerpos estaban cerca, tensos. Él la aferró del codo con suavidad, subió sus dedos por su brazo hasta su cuello y ella se quedó ahí, quieta, sintiendo la caricia como si le quemara de una forma sumamente relajando la piel.
—¿Y si quiero besarte?
—Te aguantas, Uchiha.
Él chasqueó la lengua y retiró la mano hasta su cintura. Sakura se estremeció. Quería permanecer firme a sus pensamientos e ideales, pero si Sasuke tiraba de ella y quería besarla, estaba segura de que accedería. Aunque luego se sintiera terriblemente mal.
—Voy a abrazarte.
—No.
—Sakura.
—No.
Él retiró la mano, frustrado.
—Un amigo puede abrazar a otro.
—Un amigo no quiere comerte la boca cuando menos lo esperas.
—Yo quiero comerte más que la boca, maldita sea —protestó.
Y ella se sorprendió por escucharle ser tan sincero con sus sentimientos. Tenía a Sasuke por un hombre más de actos que de palabras.
Iba a protestar cuando alguien golpeó la puerta.
Fue Sasuke quien actuó antes y se movió para ir a abrir. Sakura jamás habría esperado verle a él en la puerta. No, después de lo que había pasado. Sasuke no tardó en ocupar gran parte de la puerta.
—Quiero hablar con ella.
—¿Qué quieres hablar con Sakura? —cuestionó Sasuke a su vez.
—Nada que implique a un Uchiha con complejo de perrito.
Sakura intervino antes de que Sasuke decidiera que la pared sería más bonita con la cabeza de Menma estampada en ella.
—¿Para qué quieres hablar conmigo? —cuestionó—. ¿Para volver a insultarme y amenazarme?
Él pareció sopesarlo, pero Sakura se percató de que era más para molestar a Sasuke que lo que en realidad quería. Porque Menma conseguía las formas adecuadas para hacer sus maldades y nunca era llamando a la puerta dócilmente.
—Está bien —aceptó para desconcierto de Sasuke, quien no dudó en mirarla en advertencia—. Hablaré con él. Puedes irte.
—Sakura.
—Sasuke.
—Menma —se nombró a sí mismo—. Y no tengo mucha paciencia para peleas de enamorados.
—También puedo escoger no hablar contigo —indicó irritada.
Menma se encogió de hombros y se hizo a un lado invitando al Uchiha a marcharse.
—Te doy diez minutos —advirtió Sasuke antes de salir.
—En diez minutos podría haberla violado, roto el cuello, tirado por el balcón o…
—Cállate y entra —interrumpió, cerrando después tras agradecer silenciosamente a Sasuke. Sabía que este no iba a moverse de la puerta en ningún momento. Quizás como un perro, pero le gustaba esa idea, por muy maquiavélica que fuera.
Se volvió para encarar a Menma, esperando encontrárselo amenazante y orgulloso tras ella. Pero no. Estaba sentado a los pies de la cama, moviendo los dedos por un móvil que hacía girar, nervioso. Era como ver a Naruto repentinamente. Sólo que moreno y con heterocromía.
Un adolescente atormentado.
Caminó cautelosa hasta estar frente a él.
—Tú dirás.
Menma levantó entonces la cabeza para mirarla desde su altura.
Sí. Idénticos.
—Voy a pedirte algo y espero que no salga de esta habitación. Por tu bien —señaló.
Ella chasqueó la lengua.
—Pedir un favor bajo amenaza no es algo bueno. No suelo aceptarlos —añadió—. Y creo que todavía me debes una disculpa por lo que me hiciste. Podrías haberme matado.
—Mi idea era herir a mi hermano y hacerte pagar por lo que ocurrió. No ha funcionado, así que he fallado. Yo perdí, tu sigues viva. Estamos igualados.
—Ah. ¿Esto trata de eso? —cuestionó elevando las cejas—. Mi vida es lo que ocasiona un empate. ¿Y qué pasa si hubiera muerto?
—Que mi hermano estaría sufriendo —respondió automáticamente y sonriendo completamente orgulloso.
Sakura deseó abofetearlo.
—Tienes ganas de pegarme. Lo noto —dijo satisfecho—. Sería aburrido si no fuera así. Sin embargo, no he venido buscando una guerra y no tengo demasiado tiempo antes de que tu novio, o el amante, decida ir en busca de la tropa para sacarme de aquí. Y si no lo consigo ahora de buenas, lo haré de malas y será peor. Incómodo para ambos.
—¿Y qué es lo que te urge tanto de mí como para querer ir primero por las buenas? Porque eres el tipo que lo haces por la malas siempre. Que es lo que te ocasiona placer.
—Esto no puedo obtenerlo primero así —respondió cruzándose de brazos—. Y es algo que ni siquiera Hinata podrá responder jamás. Porque ella no se ha colado en esa casa como le gustaría a la pobre.
Su boca se torció en una sonrisa divertida.
—Antes de hacerte la gran pregunta, déjame preguntarte: ¿Qué se siente haber quitado tantas cosas a tu mejor amiga? Quiero decir: has dormido antes que ella en la cama de su novia. Con su novio, añado y puntualizo. Os habéis bañado de niños. Te has puesto su ropa antes que ella. Has recibido sus abrazos y amor. Es más, hoy día sigues siendo una prioridad para él por encima de Hinata mismo. ¿No es eso doloroso? ¿Te hace sentir buena persona?
Sakura apretó el puño.
—Si quieres que te ayude ese no es el camino, Menma —advirtió—. Compórtate.
—Oh, venga, respóndeme a eso al menos. ¿Crees que merece Hinata una disculpa por todas esas cosas que le has quitado de primera vez? Porque Naruto sí tendrá todas esas primeras veces, pero ella… oh, pobrecita. Si ya le tortura que otras mujeres hayan tocado a su hombre antes. Porque tú no te acostaste con él. ¿Verdad?
Sakura no lo soportó más. Lo abofeteó. Y que fuera lo que dios quisiera. Pero las ganas que sentía de matarlo cuando exponía la situación entre ellos como si fuera la mala de la película le daban ganas de vomitar.
—Cierra la boca, Menma —ordenó aferrándolo del cuello de la camiseta—. Y ves directamente al grano. Deja de herir a la gente cada vez que quieras abrirte a ellas.
La mirada de Menma permanecía oculta por su cabello. A diferencia de Naruto, su cabello era algo más largo y como si sus intenciones fueran claras de ocultar su visión, el corte era perfecto a ello.
La asió de la muñeca con suavidad.
—No sé cómo hacerlo —dijo entre dientes—. No sé cómo mierdas pedirte que me hables de ella.
Eso la confundió.
—¿De Hinata?
Menma negó. Bajó su mano por su codo hasta su espalda y presionó con fuerza hasta que tiró de ella hacia delante, ocultando su rostro entre su vientre y su top. Su voz sonó amortiguada, pero Sakura lo escuchó perfectamente y el corazón le dolió con una ternura que no pensó jamás sentir hacia él con todo el daño que le había hecho.
—De mi madre.
.
.
Como fue empujada durante el jaleo, Matsuri se había refugiado junto a Hinata en las escaleras, quien parecía tan ajena a lo que sucedía con ella. Cuando le preguntó si había pasado algo Hinata enmudeció con el ceño muy fruncido y la mirada perdida. Matsuri imaginaba que necesitaba espacio, pero cuando intentó alejarse, Hinata la aferró de la falda y a ella no le quedó más remedio que quedarse.
Aunque sonara a fastidio, en realidad, estaba feliz de ser necesitada. Generalmente era ella quien necesitaba que la cuidaran y protegiera y a veces, se enfada consigo misma por ser tan dependiente e intentaba recordarse que los chicos no estarían siempre ahí. Es más, llevaba un buen rato pensando cómo hablar con Temari tras lo que había descubierto.
Su contrato había cambiado.
Tenía una aplicación en la que solía firmar cuando terminaba su jornada laboral. Algo nuevo y que le gustaba para no tener que encontrarse con el señor Arenas. Pero recibió el aviso de la muerte de este y su nuevo contrato a manos del señor Sasori Arenas. Y eso la tenía desconcertada desde hacía horas.
Sin embargo, no pudo encontrar a Temari y no se atrevía a molestar a Gaara con eso. Sasori la salvó cuando fue perseguida junto a Sakura, pero también solía intentar atacarla cuando estaban cerca desde que se conocieron en la cocina de los hermanos. E iba acompañado por aquel tipo que no cesaba de rondar esos días su mente. No se lo había dicho a nadie, ni siquiera a Sakura.
Le daba cierto pavor.
Y que Sasori ahora fuera su jefe tampoco le cuadraba. Con la muerte de Arenas esperaba que todo fuera a manos de ambos hermanos y no de un lejano familiar. Aunque fuera el primo, Temari no parecía sentirse cómoda con él y eso, creaba molestia en ella. Porque se juntaba todo cuanto sabía y le creaba un completo caos de preocupación y terror.
Sasori podría llegar a explotarla de alguna forma. O quizás, chantajearla para que mantuviera la boca cerrada.
—Estás helada, Matsuri —dijo Hinata tanteándole las manos y mirándola preocupada—. ¿Te encuentras bien?
—Sí, sí —mintió sonriéndole—. Es sólo que… estaba pensando demasiado. ~
Hinata asintió y suspiró. Aún sin soltarle las manos, como si quisiera calentarlas.
—Yo también. Desgraciadamente. En cosas que no debería, seguramente.
Matsuri se lamió los labios. No era extraño que no hablara con los demás en sí. Si ya con Sakura descubrió que era mucho más diferente de lo que pensaba de ella. Hinata podía ser igual.
—Si quieres puedo escucharte.
La boca de Hinata se extendió levemente.
—No quiero aburrirte.
—Pensar en otras cosas ahora mismo es lo que más necesito —admitió—, y puede que no sea Ino o Sakura, pero también me gusta ayudar. Quizás pueda.
Hinata la estudió con la mirada un momento.
—¿Qué pensarías tú si tu novio ha tenido más amantes que dedos en las manos y te sientes como un ser pequeño? O si tuviera pensamientos sobre ti que no puede decirte.
Matsuri parpadeó muy deprisa para intentar comprender todo eso.
—Espera. ¿Te han puesto los cuernos?
—No, no —negó rápidamente Hinata—. Eso fue mucho antes de salir. Pero crea cierta ansiedad en mí de si seré capaz de superar todo eso y… me angustia de que aquello fuera mejor.
Entonces, comprendió mejor.
—Vale. No soy para nada experta en parejas —reconoció rascándose la nuca—, así que hablaré un poco del desconocimiento, peeeero, creo y siempre he pensado, que el pasado, pasado es. Es algo que no se puede cambiar y que estará siempre ahí. Y en lugar de hacernos peor nos hace mejor persona. Con ello, puede que tu novio ahora sepa hacer muchas cosas y ver la relación de pareja de otra forma distinta e incluso mejor. Por otro lado: tú eres tú y él te ama a ti. El presente. Si no, no gastaría el tiempo contigo. O eso me gustaría creer. Quizás hablo del desconcierto porque no sé quién es él.
—Es Naruto.
Matsuri abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir. Se puso en pie y señaló las escaleras mientras sentía que las orejas le ardían.
Hinata miró sus acciones sin comprender. Parecía haberse quedado muda.
Tuvo que chasquear la lengua varias veces antes de poder hablar coherentemente.
—¡Eras tú! —exclamó al final.
—¿Qué?
Se echó a reír.
—Cuando pasó lo de Menma y Shikamaru, Naruto y yo bajamos por estas escaleras. Le pregunté si le gustaba alguien y que me dijera quién era, pero él me miró de una forma muy guay y atractiva y dijo que sólo la persona indicada era quien debía de saberlo primero. ¡Oh, por favor! ¡Si eso no es tomarte en serio ya me dirás!
La mirada de Hinata brilló emocionada. Incluso Matsuri pudo percibir algún brillo húmedo. Se arrodilló frente a ella y la tomó de las manos.
—Entonces, estoy más segura que antes que está completamente a Full contigo. El quería reservar sus sentimientos para ti. Quería que fueras la que vieras su cara cuando lo decía. La que escuchara de su propia boca esas palabras. Y eso me confirma que lo que hubo antes no era nada. Nada de nada. Eres tú, Hinata. Todo.
La vio inclinar la cabeza e hipar. Sonrió, feliz, tanto que terminó por abrazarla.
—En cuanto a los pensamientos que no puede decirte…
Lo sopesó seriamente. Intentó ponerse en el lugar de Naruto.
Era algo difícil porque la única persona que venía a su mente era Gaara y ella quería decirle todo. Hablar por los codos de mil cosas y ver su reacción en cada una de esas historias. Incluso en sus sentimientos por él. Sentía que no haya nada que no pudiera decirle. Excepto, quizás, esa parte de Sasori que ahora le atormentaba. Porque también le implicaba a él y, aunque Temari estaba furiosa con su primo, desconocía qué pasaba con Gaara y él.
Sin embargo, eso era algo que a ella le preocupaba. No podía imaginarse qué era lo que rondaba por la cabeza de Naruto. Sólo él mismo podría hacerlo.
A menos que…
—¿Podrías describirme como surge eso?
Hinata asintió y le contó lo sucedido.
—¿Estaba avergonzado?
—Sí —asintió Hinata—. Muchísimo. Si no fuera porque leyó un mensaje de Kiba que le hizo echar a correr, no sé cómo habría continuado la conversación. Pero ya estábamos un buen rato en silencio y él no abría la boca, así que…
—Hum. Vale —admitió repetidas veces—, entonces un problema más de chico que de otra cosa.
—¿Un problema de chico?
Matsuri asintió y se cruzó de brazos.
—No sé cómo explicarlo en sí, porque es Naruto quien tiene la última palabra y puede que no sea lo que yo pienso. Pero ya sabemos que los chicos son realmente complicados y que les dan mil vueltas a las cosas. Puede que él quiera expresarse pero le de vergüenza o piense que podría asustarte.
Hinata pareció rumiarlo y ella se unió a sopesarlo. De nuevo, Gaara ocupaba el lugar de Naruto, pero tenía a Gaara por un chico más de soltar lo que piensa y listo. Como cuando se metía con ella a cuenta de su ropa interior, no tenía tapujos con ofrecerse en desnudarse… Pero claro, ese era el Gaara oscuro. ¿Y si ahora había cambiado? Aunque la última vez le pidió condones.
—Pero Naruto no puede hacer algo que me asuste —sopesó Hinata—. Sí que es cierto que no me gusta que sea violento y que a veces me preocupa qué pueda pasar si actúa de esa forma, pero… ¿O será que quiere dejarme?
—¿Cómo has llegado a esa conclusión? —preguntó Matsuri asustada—. ¡Si habéis tenido mil oportunidades para que te dejara! Y Naruto no creo que sea de los que da vueltas.
—No, eso es cierto —reconoció algo más aliviada.
—Hinata. Creo que piensas demasiado y siempre te vas al lado oscuro de las cosas.
—Lo siento —se disculpó—. Ino ya me ha regañado por eso y sé que soy de esa forma, pero… quiero tanto a Naruto.
Matsuri la observó por un largo momento.
—¿Le dejarías irse de querer hacerlo?
Hinata tardó en contestar pero asintió con la cabeza, llevando una mano a su corazón.
—Sí. Ya estuve a punto de dejarlo atrás. De dejar de amarle. Pero…
—¿Cómo deja una de amar? —cuestionó agridulce.
Hinata asintió y sonrió con la misma tristeza que ella.
Porque más que pensara en querer a otra persona el rostro de Gaara continuaba apareciendo.
—¿Quién es?
Matsuri elevó una ceja.
—¿Cómo?
—El chico que te gusta. ¿Quién es? Si puedo saberlo, claro.
—Oh, creo que es bastante obvio para todo el mundo —reconoció entre risas y frotándose la mejilla avergonzada.
—¡Ah! —exclamó Hinata asombrada—. ¡Pensaba que era sólo por amistad!
—¡Y lo es! —aseguró—. Me gusta cuidarle porque le apreció. Sé que es algo inentendible desde fuera, pero conozco a Gaara de antes y pues… Bueno, no puedo detenerlo exactamente. Y eso que ha sido malo conmigo —reconoció—, pero hablando con Sakura he conseguido aclarar mejor mi cabeza. Y definitivamente, sí, me gusta Gaara. Con sus defectos incluidos.
Hinata sonrió amablemente. Levantó una mano y le acarició la mejilla libre.
—Ojalá yo tuviera la misma mirada que tú cuando hablas de él.
—¡Oh, la tienes! —aseguró—. Cuando hablas de Naruto eres un mapa abierto. ¡Definitivamente!
Ambas se echaron a reír, coloradas y más relajadas.
—¿Qué hay de ti, Matsuri? —cuestionó entonces Hinata—. Porque no creo que fuera algo muy simple como para estar tan helada. Es algo que te da miedo. Lo sé —añadió rápidamente—, porque me pasa lo mismo cuando tengo miedo. Y dado que estamos en un lugar donde hace mucho calor, manos heladas es raro (2).
Asintió bajando la mirada.
—Me gustaría mucho contártelo —confesó.
—Hazlo.
—No puedo —negó rápidamente—, porque de hacerlo podría estar llevándote a algo peligroso. Y primero tengo que hablar con Temari y Gaara —añadió.
—Oh, entiendo. Si los atañe a ellos, ya es un tema delicado —aceptó.
—Sí. Es más. Voy a ver si puedo pillarles juntos. Necesito aclarar esto o me moriré del miedo —confesó poniéndose en pie—. ¿Puedes quedarte sola o…?
—Sí, tranquila —aceptó sonriendo—. Necesito todavía poner en orden otras cosas, así que me quedaré haciendo una llamada.
—Vale.
Se acercó a la puerta, deteniéndose para mirarla, sonriendo.
—Naruto es un chico fantástico —aseguró—. Tienes mucha suerte. A mí me gusta mucho. Me trata como si fuera su hermana pequeña y hace que me sienta segura. Así que no puedo ni imaginarme cómo te sientes tú de querida.
Hinata enrojeció y movió los labios suavemente.
—Mucho.
Asintiendo, salió y la dejó sola.
En el pasillo no había nadie más que Sasuke Uchiha apostado en la puerta de la habitación de Sakura, Hinata y Ino. Era casi gracioso pensar que fuera el nuevo guardia de seguridad de una discoteca oculta a profesores.
Se acercó a él, dudosa.
—¿Por qué estás en el pasillo? —cuestionó.
Esperaba que no la respondiera o la mandara a la mierda. En su lugar, Sasuke la miró como si fuera su salvación.
—Pequeñaja —nombró al recordar el apodo de Naruto hacia ella—. ¿Tienes el móvil de Sakura?
—Sí, claro —confirmó rebuscando el suyo propio.
Sasuke entonces se inclinó para susurrarle lo que sucedía.
—¿Menma está con ella? —cuestionó nerviosa—. ¿Eso no es peligroso?
—¿Por qué crees que estoy aquí? —gruñó él.
—Pero si no tienes llave, igualmente, es como si no hicieras nada —reflexionó.
Él chirrió los dientes.
—No subestimes la dureza de estas puertas —rezongó.
Ella sopesó que era más su ego herido el que hablaba, porque a ella le parecían muy duras las puertas del hotel. Especialmente, eléctricas.
—La llamaré para asegurarme —ofreció.
Presionó la pantalla hasta encontrar su número y se llevó el teléfono hasta el oído. Sasuke se apoyó contra la puerta disimuladamente.
Sakura tardó en contestar, pero, finalmente, le llegó su voz.
—¡Ah, Sakura! —exclamó—. ¿Está todo bien?
—Si. ¿Por qué?
—Bueno… —Ella dudó—. Sasuke me dijo que estabas con Menma y estaba preocupada por ti. ¿Va todo bien? —cuestionó.
Sakura tardó en continuar.
—Dile a Sasuke que necesito más tiempo y que no le quiero como perro guardián en la puerta. Estoy bien, dile que… No. Mejor pásamelo.
Matsuri obedeció y le entregó el móvil. Lo que ambos hablaran no llegó a sus oídos, porque Sasuke se alejó con el móvil y luego regresó con él en su mano con la conversación cortada.
—Ten —le ofreció al devolvérselo. Luego, se giró a la que era su habitación originalmente. Se detuvo antes de abrir y la miró—. Dile a Temari que Ino tenga la llave lista por si acaso. Si ese cabrón hace algo…
Matsuri había visto a Naruto y Sasuke pelear muchas veces. Eran como uña y carne en medio de un campo de batalla. Pero jamás le había visto poner esa mirada.
Tragó, asustada.
No quería ser su enemigo.
Giró sobre sus pies, pero antes de echar a correr escuchó un seco "gracias" que se perdió cuando él entró en el jaleo tras la puerta de su habitación.
Ella se detuvo frente a la de los enfermos. Llamó dos veces y fue Temari quien le abrió, sonriendo al reconocer que era ella.
—Pensaba que estarías ya en el dormitorio.
—No, todavía no. En realidad, es una suerte que te encuentre —reconoció—, te estuve buscando antes pero no estabas.
—Ah, perdón. Salí para hablar con Shikamaru y después estuve con Sakura. ¿Quieres pasar?
—No, mejor no —descartó intranquila—, creo que lo que tengo que hablar será mejor primero contigo. No sé cómo afectará a Gaara.
—Entiendo.
Temari fue entornando la puerta hasta finalmente cerrarla tras ella. Pese a que se moría de ganas de echar un vistazo a Gaara, la prioridad, era la prioridad.
—Cuéntame —invitó Temari apoyándose contra la pared.
Ella asintió y rebuscó en su móvil hasta mostrarle el contrato. Temari lo leyó en silencio, con la boca tensa a medida que comprendía su preocupación. Se lo devolvió al terminar.
—Mi padre dejó casi todo a mi primo. Y lo que no le dejó sigue estando bajo su tutela o… aprobación. Así que me temo que tú también Matsuri. Entenderé si quieres dejarlo, no te preocupes, pero dudo que yo pueda permitirme pagarte ahora.
—Entiendo. Desconocía qué estaba sucediendo. Mi contrato fue un tanto complicado porque era la suplente de mi mamá, pero… Ahora, en realidad, tengo miedo.
—No creo que Sasori sea tan cerdo de despedirte.
Matsuri miró la pantalla del móvil por un rato demasiado largo. Temari inclinó la cabeza, dudosa.
—¿O no es eso lo que te preocupa?
—Yo no sé si realmente puedo contar esto, pero…
Temari entrecerró los ojos antes de tomarla de las manos.
—Ya sabes de sobras que puedes contarme lo que quieras. Y sé perfectamente que Sasori puede ser un capullo irremediable al que te dan ganas de pegar con una papelera. Tú misma viste ese acto en el hospital, así que no hay mucho misterio.
—Es justo eso.
—¿Lo que sucedió allí?
—Lo que hizo Sasori —corrigió.
Temari entonces comprendió.
—Lo dices por Gaara.
Asintió, intranquila.
—Yo estuve en tu casa diversas veces que él vino. Una de las veces, la bolsita que te mostré, Sasori estaba allí. Cuando me persiguieron sin que me diera cuenta es cierto que me salvó, pero tengo esa espina clavada de que Sasori podría venderme si quisiera a esa persona. Tengo miedo de que ahora sepa que trabajo para él y me chantajee con algo y de no cumplir…
—Si hace eso lo mataré —rugió Temari crujiéndose los nudillos de una mano con la otra—. Sería realmente bajo para él hacer algo así.
—Quizás sólo sea yo teniendo miedo innecesario, pero me preocupa que eso también afecte a Gaara.
—No tendría por qué. Mi hermano no se ha encargado nunca de las finanzas o de quién trabajaba para nosotros. Y antes controlaba a Sasori —recordó—, o al menos, le tenía cierto respeto. El problema ahora es que es Sasori quien tiene el poder. Incluso…
—¿Incluso?
Temari soltó aire con frustración.
—Tiene el poder de dejarme sin nada si no me caso. Y ahora quiere que me case con él para darme todo.
—Eso es… ¿Acaso no sabe que tienes a Shikamaru?
Temari sonrió amargamente.
—Eso es lo peor. Lo sabe de sobras. Pero él sigue empeñado en que sea suya. Es un circo esta mierda de familia, Matsuri. Yo sólo tengo a mi hermano en realidad y puede que un día deje de ser mi centro porque encuentre a otra persona que lo cuide bien.
Matsuri a veces era algo lenta para comprender las indirectas, pero cuando las captaba, era como si alguien encendiera el botón de energía de su cuerpo. Empezó a saltar y sacudir las manos de arriba abajo, como si fuera a jugar a chocar manos con otra persona.
Temari le dio una suave palmada en la cabeza.
—¿Qué tal si te calmas y le echas un vistazo mientras yo voy un momento a la habitación a buscar un libro?
—¡Con gusto! —exclamó excitada.
Temari se alejó y ella tomó diversas veces aire para intentar tranquilizarse. Luego, apretó el pomo y empujó la puerta. Podía ver los pies de ambas camas y a medida que se acercó, descubrió a Ino inclinada sobre la cama de Sai, tomándose unas fotos ridículas en que ambos sacaban la lengua.
En la otra cama, Gaara escondía algo al percatarse de que ella estaba ahí. Sonrió, ignorando el gesto y caminó hasta llegar a él.
—¿Cómo te encuentras?
—Como si alguien se dedicara a clavarme agujas todo el tiempo en el cuerpo —respondió mirándola fijamente—. ¿Qué haces aquí topitos?
Hizo un mohín en broma de protesta.
—Quería ver cómo te encontrabas.
—No seas malo con ella, Gaara —regañó Ino guiñándole un ojo—. La pobre siempre está de arriba para abajo y se preocupa mucho por ti. Qué menos que un poquito de cari…
Sai cubrió la boca femenina antes de que continuara y Ino le miró molesta, refunfuñando bajo su mano.
Matsuri ladeó la cabeza y alternó la vista de ellos a Gaara.
—¿Sigues correteando como si fueras un ratón?
—Se me da bien —respondió sonriente.
Se sentó a su lado en la cama y jugó con el filo. Él siguió sus dedos.
—¿Sabes? —comenzó—, puede que deje de trabajar para ti pronto.
Él frunció el ceño.
—No trabajabas para mí. ¿No es así?
—Me refiero a tu casa —corrigió—. Porque ahora mi jefe es Sasori y no sé qué pasará.
Él tensó la mandíbula.
—No te quedes a solas con él.
—Ah —farfulló—, pero tendré que hacerlo. Porque caundo regrese tengo que ir a hablar con él.
—¿Por qué? —gruñó.
—Por mi contrato —explicó tranquilamente—. Saber si me despide o no. Si lo hace, aunque ya pensaba hacerlo, aceptaré la oferta de la escuela y me iré a vivir a los dormitorios.
—Deberías de hacerlo incluso aunque sigas trabajando para ellos, Matsuri —intervino Ino pese a que Sai hizo un gesto impaciente para que no se metiera en la conversación—. Y en casa también puedes quedarte cuanto necesites.
Ella sonrió agradecida. Aunque sí que habría preferido que esa conversación fuera más entre ella y Gaara, agradecía la amabilidad natural de Ino de preocuparse por su situación.
—Tenten vive allí —añadió Ino—. Y no le va nada mal.
—Matsuri.
Desvió su atención de Ino hacia Gaara. Él levantó una mano para aferrar la de ella.
—Llévame al baño.
Ella lo miró dudosa pero enseguida se levantó, ayudándole como pudo. En realidad, no sabía si podía tocarle sin hacerle daño o si es que le costaba mantener el equilibrio. Pero estaba encantada ante la idea de ayudarle. Cuando solía quedarse como guardiana él no le permitía ayudarla más de lo necesario y no era un paciente demandante.
Lo acompañó hasta la puerta, pero cuando pensó que iba a cerrar, tiró de ella hacia dentro y cerró la puerta. Matsuri parpadeó un buen rato hasta comprender cómo había acabado allí. Gaara simplemente la miraba fijamente, como si no fuera nada del otro mundo. Mientras que ella sentía que su corazón podía irse volando por su boca de querer.
—¿Qué…?
—No quiero que hables con Sasori a solas —dijo acercándose mucho a ella hasta que sus omóplatos tocaron la puerta—. Hazme caso. Me da igual si después te marchas al dormitorio escolar o sigues trabajando en casa. Incluso si vives interna en ella. No estés a solas con él.
—Pero he de…
—Iré contigo.
Ella frunció el ceño y él comprendió, chasqueando la lengua.
—Esto no va a durarme para siempre, mujer.
Asintió, llevándose una mano hasta los labios.
—Lo sé. Estoy segura de que no te durará. Creo más en ti de lo que tú crees en ti mismo, Gaara. Más de lo que me dejas hacerte ver —añadió—. Y, sí, ya sé que me vas a amenazar de alguna forma de nuevo y buscarás la forma de que me aleje, pero no voy a hacerlo, lo siento. He decidido quedarme.
Él suspiró y apoyó una mano junto a su cabeza contra la puerta. Matsuri pensó que iba a perder el equilibrio, pero no fue así. Se mantuvo firme, con la mirada clavada en su cara.
—Pues si vas a quedarte, tendrás que lidiar con muchas cosas, topitos.
—¿Incluso con que me llames topitos?
Él esbozó una leve mueca semejante a una sonrisa.
—Incluso con eso.
—Jo —protestó pestañeando y bajando la mirada.
Pero él se retiró y caminó hasta sentarse pesadamente en el váter cerrado. Ella lo siguió, preocupada.
—Voy a tener que empezar a caminar…
—Poco a poco.
—Cuando estás en esta situación, que te digan eso, no ayuda. Porque es algo que sé perfectamente —protestó frustrado—. Como una mierda si no lo sé.
Ella asintió y se puso de cuclillas frente a él.
—Pues se hace paso a paso. ¿Vale? Además, dentro de poco será tu cumpleaños y quiero darte un regalo que tengo de hace tiempo. ¿Me escucharás ese día?
Él pareció sopesarlo por un momento, como si no fuera capaz de recordar en qué mes estaban exactamente o que pronto iba a cumplir los diecinueve. En realidad, era el primero de la clase que iba a hacerlo.
O que ella fuera consciente de que era así, debía de reconocer.
—¿Quieres que te ponga al día con algunas cosas que han pasado con el resto de la clase?
—Creo que Yamanaka ya ha hecho un buen parte de todo —protestó—. ¿Esa chica siempre ha sido así?
—¿Así?
—Metiéndose en todo.
Matsuri se echó a reír.
—Si quieres un buen chisme: busca a Ino Yamanaka. Si esa chica no se hace periodista de prensa rosa, quizás sea una tragedia.
—¿Tienes una idea de esa para todos?
—Oh, sí —admitió sentándose mejor en el suelo y mirándole fijamente—. Mira, de Naruto es claro que será policía. Sasuke podría serlo también, pero lo tengo más como detective. Aunque él no se dé cuenta. No lo veo sentado tras un escritorio. Hinata la veo más de ama de casa que otra cosa. Sakura estaría bien en algo relacionado con medicina o que tengan que ver con mates y ciencias. Shikamaru podría estar en la sección de inteligencia, sea policía, médica o hasta política. Sai pintor sin lugar a dudas. Choûji lo veo como director de cadenas de comida. A Karui como modelo de ropa Hip-hop. A Tenten con algo que tenga que ver con armamento…
Fue sopesando, llevándose una mano al mentón mientras pensaba en todos ellos.
—Lee claramente tiene que ser algo relacionado con ejercicio físico. Puede que monte un gimnasio o se haga entrenador personal. Me lo pudo ver entrenando a gente de la élite. Kiba es más como perro, así que me lo veo regentando un refugio de animales, más perros que gatos y a Tamaki justo lo contrario, de gatos.
—No recuerdo a esa chica.
—Ya, es que cuando no se está peleando con Kiba tiene bajo perfil —explicó dudosa—. A Temari la veo como interprete o gobernante de algo. No creo que sólo se quedara en casa cuidándola. Ella necesita llevar el mando.
—No hace falta que me lo digas —protestó algo avergonzado.
—Luego, a Neji me lo veo en negocios, sí. Como su tío o su padre fallecido. Karin creo que estaría bien como nadadora profesional, pero no se atreve. Y Menma… No lo sé. Es complicado. No consigo ver qué pueda hacer. Aunque a veces cómo se comporta es casi como si pudiera ser un guardia de vigilancia. Porque observa mucho a las personas.
—Menma es…
—Lo sé —interrumpió antes que lo dijera—. Me lo han dicho mucho. Sobre todo, Naruto —recalcó.
Gaara frunció el ceño.
—¿Qué hay entre…? No, olvídalo —descartó empezando a levantarse.
—Es mi hermano mayor. De alguna forma —respondió comprendiendo y levantándose por igual. Cuando estuvo a su altura, sonrió, satisfecha por su interés—. Yo solo tengo y he tenido ojos para ti.
Gaara desvió la mirada, carraspeando.
—Eres demasiado…
—Directa, lo sé —admitió—. Pero ya dije que no iba a quedarme más callada. Quiero que vuelvas a clases, que disfrutes de todo y hasta de tener una chica loca persiguiéndote a la que no estás obligado a corresponder de ninguna forma. Oh —exclamó recordando—, y en cuanto a las palabras que dijiste, comprendo por qué fue. Querías que me alejara de ti porque sabías que era peligroso para mí. Pero la próxima vez, usa otras, mucho más sinceras y mejores —aseveró—. Ya sé de sobras que no podrías haberte sentido atraído por mi cuerpo.
Sonrió, satisfecha por ser capaz de decir todo cuanto pensaba. Gaara permaneció en silencio, hasta que levantó una mano como si fuera a sujetarla, mas su mano tembló y lo dejó estar.
—Ahora no, pero algún día te tragarás esas palabras —advirtió caminando hacia la puerta—. Vamos que si te las tragarás.
Ella se echó a reír.
—Gaara, las palabras no se pueden tragar —dijo adelantándole para abrir la puerta ella.
Se escuchó un gritito de sorpresa y alcanzó a ver una rubia cabellera antes de terminar de asomarse y ver a Ino intentar no caerse en la silla y silbando de una forma terrible en un vano intento de disimular.
—Ya le dije que no lo hiciera —indicó Sai como defensa.
Matsuri sacudió la cabeza y se hizo a un lado para dejar que Gaara pasara a su lado para sentarse.
—¿Qué? —cuestionó Ino encogiéndose de hombros y sentándose mejor—. No podéis culparme. He estado horas aquí y Gaara nunca me ha pedido que lo acompañe.
Sai elevó una oscura ceja.
—¿Quieres verle el pene a Gaara?
Matsuri sintió que enrojecía y Gaara se puso más pálido de lo normal, mirando a su compañero de equipo con total asombro.
—¡Claro que no quiero verle su…! —protestó Ino golpeándose la frente—. ¡Eres incorregible, Sai!
Sai sonrió de una forma que la escamó. A veces le daba algo de miedo porque no sabía cómo interpretar sus sonrisas. Muchas veces parecía un lobo con piel de cordero que se preparaba para atacar directo a la yugular.
—Y hablando un poco de todo —continuó Sai.
—Hablar de miembros viriles no es hablar de un poco de todo —protestó ella sentándose en la silla junto a la cama de Gaara.
—Te sorprendería la de veces que el falo masculino es parte de las conversaciones cotidianas, Matsuri —explicó Sai sin mirarla, fijo en Ino, quien le miraba sin comprender—. ¿Te has besado con Choûji?
Matsuri dio un brinco en la silla e intercambió una mirada de sorpresa con Gaara, quien fingió estirar su sábana sobre su vientre y miró hacia la puerta del baño preguntándose si no habría sido mejor quedarse más tiempo en él.
—Sí —respondió sin tapujos Ino, con suma tranquilidad—. Lo hice. Por culpa de Kiba. ¿Por qué?
Sai se encogió de hombros y volvió a esbozar esa tirante sonrisa que ella no conseguía descifrar.
—Por nada. Sólo era curiosidad. Nada más.
Ino asintió, echándose hacia atrás tranquilamente.
—¿Cómo te has enterado? —preguntó Yamanaka—. Si no sales mucho de aquí.
—Se lo han echado en cara a Kiba —explicó Sai—. En el chat grupal de los chicos.
—¡Sabía que teníais uno! —exclamó Ino más interesada.
—¿Es cierto? —cuestionó Matsuri mirando hacia Gaara.
—Sí. Y por alguna estúpida razón estoy también en él —afirmó.
—Oh, bueno. Las chicas también tenemos uno —indicó ella encogiéndose de hombros desinteresada.
—No, no, Matsuri —negó Ino inclinándose hacia ella—, que los chicos tengan un chat es realmente peligroso. Muy peligroso. ¿Sabes cuánto porno pueden pasarse? O fotos nuestras de estos días…
—No hay nada de eso, Ino —descartó Sai incrédulo—. ¿Eso hacéis vosotras?
—No, para nada —negó Matsuri—. En realidad, siempre son cosas de compras, de moda, fotos de faldas o cosas así.
Por supuesto, no iba a delatar el hecho de que fueran a hacer una encuesta de valoración de los chicos a futuro.
—Exactamente. Cosas de chicas.
—Pues el nuestro es fútbol, idioteces de Kiba que desembocan en pelea con Naruto —respondió Sai encogiéndose de hombros.
—Cosa de chicos —dijeron ambas mujeres a la vez.
Y la cosa quedó ahí. Al menos, para Matsuri, a la que poco le preocupaba lo que se cocinaba en un chat de varones hormonados y con ojos en la cara y un pene feliz.
.
.
Sasori levantó la cabeza de los diversos papeles que estaban dándole un dolor terrible de cabeza cuando escuchó la puerta cerrarse. Se percató de la figura justo antes de que estuviera sobre él.
—Tenía entendido que la policía se anunciaba al menos cuando iban de visita.
—Esta es una visita extra oficial. Para proponerte un plan.
—¿Usted, Nara? —cuestionó inclinándose curioso—. ¿Acaso quiere pedirme que le conceda una dote a mi prima para casarse con su hijo?
—Nada de eso —descartó Shikaku—. A mi hijo podría importarle menos eso. Él quiere a Temari, no lo que lleva en los bolsillos. Vengo a hablar algo más serio. Algo que ha pasado a perseguirte al heredar de tu tío.
—¿Facturas? ¿Se debe alguna? —cuestionó sarcástico—. Porque es lo que más veo frente a mí estas últimas horas.
Shikaku Nara no era un hombre con el que podías bromear en el trabajo. Se tomaba demasiado a pecho las horas que gastaba en él. Sasori se percató de que las bromas no eran lo suyo.
Apartó las hojas para centrar toda su atención en él.
Nara pareció satisfecho con eso.
—Imagino que no has destapado todo en lo que tu tío estaba metido. Y estoy hablando de trapos muy sucios que utilizó para, tanto proteger, como exponer a su familia. Ahora, eres el encargado de llevar a cabos esas deudas y volver a exponer a tus primos a una posible muerte.
—Mi tío nunca habló conmigo de esos temas. Es más, ni siquiera era conocedor de que fuera a ser heredero en vez de su línea sanguínea.
—Por supuesto. Arenas nunca revelaba esas cosas y la única vez que estaba por hablar alguien le metió una bala en cabeza. Pero esa misma persona —continuó mirándole fijamente—, sé que vendrá a buscarte a ti. Y sé que será hoy.
—¿Por qué y cómo?
—El cómo no puedo desvelártelo, pero sí el por qué. Como he dicho, tu tío tenía muchos tejemanejes y uno de ellos era a cuenta de niños robados y usados como pases de droga. Sé que conocías a una de esas chicas, Tayuya. Ahora difunta y asesinada por el mismo hombre del que creo que puedes hacerte una idea te hablo. Un hombre que no tiene reparos en ir por aquellos a los que quieres y, que lejos de tu comportamiento, te quieren.
Entendía por dónde iban los tiros y sabía perfectamente a qué hombre se refería.
Sin embargo, había algo escondido que no comprendía.
—¿A qué se refiere con lo último?
Shikaku esbozó una sonrisa maliciosa.
—Venga, Sasori. No vamos a ser idiotas o pretenciosos al creer que no sé todo. Que ni Temari ni Gaara hablen no quiere decir que los hechos estén ahí. ¿Entiendes a qué me refiero o lo quieres más claro? —cuestionó Nara.
—Ellos no…
—No. No te han delatado. Lejos de lo que Temari deseaba hacer porque eres el que llevó a su hermano a esa zona oscura, no lo ha hecho. He hablado con ella para preguntarle cuál era su decisión final y me ha ofrecido un pacto para evitar que caigas junto a los demás. Y en cuanto a Gaara… ese chico sabe más de lo que te gusta a ti o al otro sujeto. Si hablara, Sasori, ni siquiera lo que te ha heredado tu tío bastaría para pagar la satisfacción que me dará de meter tu trasero entre rejas y que no salga nunca más.
Sasori apretó los labios. Él continuaba presionando a Temari para que dejara a Shikamaru. La había chantajeado. Permitió que Gaara se hundiera en toda esa mierda en lugar de imponerse.
Y aún así ambos hermanos cerraban la boca para salvarle el culo.
—¿Qué trato ha propuesto Temari?
Shikaku asintió.
—Si no la chantajeas, cosa que, chaval, es ilegal, ni la obligas a contraer nupcias con otro o contigo mismo, además de proteger a una de vuestras empleadas, accederá a cubrir tu culo. Aunque parece que tiene muchas ganas de pateártelo.
Nara hizo una pausa.
—No le importa si no le das dinero a ella, pero te pide que no descuides a Gaara y que si quieres que deje la casa lo hará. Yo, por mi parte, no tengo ninguna pega en que venga a vivir a mi casa —añadió—. Su padre ya fue un tirano con ella, Sasori. Si no quieres que te odie más, dado que puedo percibir cuánto la amas, te aconsejo no atarla. No se daña ni se ata a las personas que se aman.
Sasori guardó silencio. Porque le parecía realmente irónica esa última parte cuando él tenía a sus padres maniatados como marionetas porque nunca podría tenerlos con vida. O a su primo en una falsa familia feliz.
Dio unos golpecitos sobre la mesa.
—¿Cuál es el nombre de la trabajadora?
—Matsuri —respondió Nara—. Dijo que tú la conocías gracias a Gaara.
Asintió al recordar a la chica. La última vez la vio junto a Sakura. Le pareció una muchacha simple, del claro gusto de su primo.
—Me encargaré de ella —aceptó.
—En cuanto a lo demás…
—Su nombre es Kabuto Yakushi y sí, estoy seguro de que vendrá a verme. Esperará que le haga alguna donación de dinero para mejorar su trato con la droga y, si mi tío tenía líos con él, querrá afianzarlos conmigo. Ahora, señor Nara —continuó apoyando los codos sobre el escritorio y la barbilla sobre sus manos—. ¿Qué gano yo de la policía de conseguir esto?
Shikaku sonrió.
—Seguridad, tranquilidad, el saberse participe del cierre de una organización en la que pudo terminar su primo. No ir a la cárcel. Porque puede que Gaara y Temari le aprecien. Yo no. Sin embargo, si me ayuda, le ayudo. Si me jode… Bueno, ya puede imaginar qué pasará.
Sasori apretó los labios.
—Definitivamente odio a los Nara.
—¿Eso es un sí?
—Sí —rezongó.
Luego, Shikaku desapareció y él advirtió a su secretaria de que le informara de cualquier visita inesperada.
No iba a ausentarse demasiado lejos. Si Nara estaba por el lugar es porque Kabuto no iba a tardar. Desconocía cómo podían tener a alguien capaz de seguirle los pasos a ese condenado hombre que le recordaba a las serpientes, tan escurridizo como una. Al menos, era algo que podría terminar.
Sólo cambió de puerta. Del piso de su tío que ahora era suyo, así como despacho, avanzó hasta el de sus primos. Le habían entregado llaves de todo el edificio y por supuesto, del hogar de Temari y Gaara no iba a ser menos.
Se adentró para descubrir la oscuridad que esperaba de ventanas abiertas y corrientes que oscilaban cortinas. Olía diferente a la última vez que estuvo, donde todavía se percibía el olor del tabaco de Gaara.
Estaba todo limpio y colocado en su lugar.
Pasó el salón y se dirigió hacia el pasillo que daba a los dormitorios. Se detuvo al ver el de Gaara abierto. Había algo de ropa revuelta a los pies de su cama, como si alguien hubiera estado rebuscando rápidamente antes de marcharse. Su cama estaba intacta. Era raro verlo con las cortinas abiertas y las ventanas permitiendo que entrara pequeños haces de luz y aire.
Continuó hasta llegar al dormitorio de Temari, deteniéndose antes de posar su mano en el pomo y girarlo. El aroma de la habitación fue una bofetada de anhelo. El recuerdo de la infancia de quedarse dormido sobre las piernas de Temari y permitir que esta le acariciara los cabellos fue doloroso al aparecer.
Era algo que ella ya nunca le permitiría hacer. Ni siquiera si no estuviera saliendo con Shikamaru.
Era una habitación ordenada. Con cada cosa en su lugar. Era sorprendente cómo las mujeres podían llegar a tener cosas pequeñas y organizadas.
Temari no poseía demasiado maquillaje, pero sí que tenía una colección de abanicos. Su cama estaba pulcramente extendida y diversos cojines adornaban la cabecera.
Sasori sintió la punzada dolorosa de los celos quemarle la sangre a medida que su imaginación le recordaba que en esa cama podría haber yacido junto a otro hombre. En cuestión, Shikamaru Nara.
Había visto las imágenes de video del día en que Gaara desapareció. Nara entró en esa casa, pasó la noche. Con ella.
Podía imaginársela sentada a un lado del lecho, con él besándola mientras sus manos surcaban un mar escaso de ropa y piel morena. Podía verle con su estúpida cola de piña inclinarse sobre sus senos y besar esos lugares donde él nunca podría poner su boca. En cómo se las ingeniaría para que ella se sentara en la cama totalmente, que abriera sus piernas para él, que le permitiera quedar inmerso y encajar en ese lugar secreto.
Golpeó la pared antes de ser consciente de que iba a hacerlo. Notó algo crujir bajo su puño y hasta que este no cayó al suelo no se percató de que era un marco de fotos. Se agachó para recogerlo. Era una fotografía de toda la clase de sus primos. Una de esas fotografías que te sacabas cuando ibas de excursión. Aunque quizás no lo fuera, eso le hacía pensar. Debió de ser años atrás, antes de que ambos dejaran las clases.
En aquel tiempo Kankuro todavía estaba vivo. Iba a morir poco después.
Dejó caer de nuevo el objeto y giró sobre sus pies al escuchar que su móvil vibraba. Era su secretaria.
—Dime.
—Su visita está aquí, señor —anunció.
—Ahora mismo voy.
Tomó aire antes de salir. Iba a necesitar fuerzas y paciencia. Esperaba que por una vez, confiar en ese condenado policía no fuera una estupidez.
Kabuto le esperaba sentado en el escritorio. Tenía una de las hojas de cuentas entre sus dedos mientras se subía las gafas.
—Me extrañaba que no hubieras venido antes, Kabuto —saludó—. Al parecer, la noticia de que soy el heredero de mi tío ha corrido como la pólvora.
—¿Y te extraña? Todo aquello que tenga que ver con dinero siempre será algo sonado. Y tú ahora tienes mucho dinero.
—¿Algo que te deba? —cuestionó girando hacia el escritorio y ocupando su puesto—. ¿Te debía algo mi tío?
—No. En realidad nos pagó y se mantuvo calladito mientras vivió. Luego intentó abrir la bocaza —recalcó con un gesto de desgana—. Igual, hizo un pequeño favor de última hora a uno de nuestros socios. Gracias a sus abogados. Interesante. ¿No crees?
—Entonces. ¿Qué quieres de mí? —cuestionó—. Yo nunca he consumido droga. Sólo te buscaba algún que otro comprador de la universidad.
—Y se agradece. Pero una de las mayores fuentes que nos trajiste fue tu primo —indicó, directo al grano—. ¿Cuándo va a regresar? Porque necesito que vuelva a casa. Si me entiendes.
Por supuesto que lo hacía. Gaara solía hacer grandes compras con el cuento y Kabuto sacaba suficiente al día de él. Sin embargo, eso iba a ser una pérdida e iban a intentar de todas formas porque volviera a reengancharte.
—Creo que lo último que intentasteis no funcionó —indicó irritado—. Cuando te lo llevé te dije que nunca le dieras lo suficiente como para matarle. Y esta vez, os pasasteis.
—Fue cosa de Tayuya, no mía —explicó Kabuto abriendo los brazos en cruz—. Ella se ofendió muchísimo porque tu primita mandara al cuerno su trabajo de convencerle de consumir de nuevo. Así que optó por usar el método final con él. Iba a quedar tan, pero tan enganchado, que no iba a poder volver a dar un paso sin que quisiera más. ¿Ha funcionado?
—No tengo ni idea —respondió—. Mi prima no me permite acercarme a él.
Kabuto silbó antes de echarse a reír.
—¿Me estás diciendo que eres el dueño y señor de esto y todavía no has puesto a tu prima en cuatro?
Sasori gruñó.
—¿No tendrías que estar haciendo algún recado para tu jefe?
—Oh, eso hago —indicó—. Vas a ser un buen donador a nuestra empresa y vas a terminar el programa hospicio que tu tío planeaba hacer.
—¿Un hospicio?
—Sí. Una tapadera, por supuesto —susurró Kabuto—, serán niños de contrabando, por supuesto. Una obra de caridad tachada bajo el suburbio de la droga infantil. Perfecto. Queremos que se haga cuanto antes. Hemos de ganar más dinero. El que nos hizo perder Tayuya y que tú pagarás.
—¿He de pagar lo que mi primo no consume? —cuestionó incrédulo.
—Por supuesto. Tú lo trajiste. Tú pagas. Y que no se te olvide que sigo sin olvidar a aquella chica —recalcó—. Sigo queriendo meter mi cosa en muchas partes de su cuerpo mientras la rebano por la mitad.
—Tus ideales de sexo son asquerosos —puntualizó—. Esa chica, ya te dije, ni siquiera te reconoció. No recuerda quién eres. Está más preocupada en mi primo.
—Y eso podría servirme para que tu primo volviera a consumir —añadió Kabuto sonriente—. Gracias por la idea.
Sasori remugó.
—No sé qué diablos estás planeando, Kabuto, pero deberías de dejarlo.
—No. Ahora tenemos un amigo en los altos barrios. Tú serías el segundo. Dinero y dinero. Favores devueltos.
—¿De quién estás hablando? —cuestionó.
Kabuto pareció dudar por un momento. Luego sonrió y se inclinó para susurrarle el nombre en el oído.
—Imposible. Ese chico no puede formar parte de eso. Es todo lo contrario.
—Oh, pero es que no es ese chico. Es su gemelo. O mellizo. Como sea —descartó con un gesto—. Tenemos mucho trabajo y muchas ideas. Y aunque tengamos a la policía masticándonos la nuca, nunca van a poder hacer nada.
—Bueno, en eso no estoy de acuerdo, chaval.
Sasori se puso en pie e intentó estar todo lo desconcertado que era posible.
—¿Quién diablos es? —cuestionó a la par que miraba a Kabuto en busca de explicaciones—. ¿Has traído a la policía?
Kabuto parecía perplejo.
—No. ¡No! —negó mirando a su alrededor.
Caminó hacia la mesita de estar y atrapó una de las sillas, estapándola contra los cristales. Estos apenas se movieron.
—Mierda, antibalas tenían que ser.
Pero cuando se volvió hacia la puerta, Shikaku Nara y su equipo ya estaban ocupándola. Kabuto siseó entre dientes. Era como ver una fiera enjaulada.
—¡Kabuto! —acusó Sasori cuando uno de los policías le apuntó—. ¿Qué has hecho?
—Esto es imposible —negaba el nombrado—. No me había seguido nadie. Ni siquiera sabían que iba a venir. Ni tú mismo lo sabías.
—Claro que no —protestó—, siempre te presentas cuando menos lo espero. Pero esto… ¿De qué diablos va?
—Aquí tu amigo está detenido por tantos delitos que le va a caer la perpetua. Con eso te lo digo todo —respondió Shikaku poniéndole las esposas a Kabuto, quien parecía realmente perdido, pálido—. Dime. ¿Quién te va a disparar a ti en la cabeza esta vez? —cuestionó. Luego se volvió hacia Sasori—. Y tú, nuevo rico, no te vas a librar de cumplir algún que otro año.
—Yo no tengo nada que podáis usar contra mí. Todo era de mi tío.
—Oh, tenemos unas grabaciones maravillosas —puntualizó Nara sonriente—. Cuando revisamos el despacho ante la muerte de tu difunto pariente colocamos escuchas. Hemos sido muy precavidos. En cuanto a ti, Kabuto —continuó—, no subestimes a la policía y menos, a sus detectives. Andando.
Sasori ni siquiera salió del despacho. Lo liberaron una vez Kabuto desapareció de su vista. Esperó, rezando, porque Kabuto no lograra escapar y descubrir que él no estaba preso.
—Un poco más y realmente creo que ibas a detenerme —protestó cuando Nara regresó junto a él.
—Tenía que ser convincente. En cuanto a lo de los micrófonos. Era cierto —reconoció quitando un pequeño altavoz de la mesa, justo donde estuvo anteriormente detenido para hablar con él—. Has actuado bien, chico. Espero que recapacites con todo lo demás. Amas a tu prima con su libertad, no enjaulada.
Caminó hacia la puerta para detenerse antes de salir.
—Por cierto, no te vayas lejos: tendrás que declarar y de donde ha salido este, puede que haya más.
—No me haga mucho caso, pero creo que era él y su jefe. Los demás son niños que usaron para… bueno, ya se hace una idea.
—Gracias, pero eso es algo que ya sabemos.
Luego, se marchó y él se quedó por largo rato sentado en la oscuridad, tomando algo de la despensa privada de su tío y sopesando qué hacer con su vida y las decisiones que debía de tomar.
—Tiene visita, señor. ¿Quiere que le diga que venga otro día?
—¿Quién es? —cuestionó hacia la mujer.
—Dice llamarse Hisame.
—Dile que pase.
Dio un largo trago al baso y después, escuchó los tacones sobre el parqué de la mujer. Hisame no parecía de estar de mejor humor.
—¿Por qué hay tanta policía? —cuestionó acercándose a él—. Hablé con Nara, como me dijiste.
—Directa al grano.
—Siempre lo soy —aceptó mirando la copa en su mano—. ¿Qué tal si me ofreces una? La necesitaría también.
Él dudó pero accedió. Dejó la botella sobre la mesa entre ambos tras servirla. Hisame se sentó en la silla conjunta a él y se bebió dos vasos en un abrir y cerrar de ojos. En realidad, ni siquiera él estaba siendo consciente de cuántos llevaba poco después.
—Me aclaró cosas que me dejaron pensando. E ido a ver a mi tío, pero este ya no vive donde nos dijo. He puesto una orden de búsqueda para él. La policía me ha contado cómo murió mi prima. Otra botella.
Sasori obedeció y, con tras pies, sacó otra sin mirar si quiera de qué era. Hisame le sirvió primero y luego a ella misma para apurarlo.
—No puedo creer que nos mintiera de esa forma y que mi prima esté tan metida en… en… no sé ni en qué.
—Drogas. Y el sujeto que se han llevado ahora es el causante de su muerte.
Hisame se puso en pie y con una torpeza extraordinaria aferró la botella y se tambaleó en dirección a la puerta.
Sasori se levantó antes de que continuara más y la aferró de la cintura para tirar de ella hacia atrás.
—¡Déjame que lo mate! Le arrancaré su horrible corazón y se lo daré de comer a los cerdos.
—¿Y qué harás con todos esos policías? —cuestionó tirando con tanta fuerza que ambos cayeron hacia atrás.
No estaba seguro de qué estaban volviéndolo más idiota: si el alcohol o el hecho de que su cabeza se golpeara contra el suelo o que ella estuviera aplastándole posiblemente el hígado.
Repentinamente se quedó en silencio, sobre él, hasta que comenzó a llorar como si fuera una niña pequeña. Sasori no entendió por qué, pero sólo sabía que eso le molestaba. Intentó cubrirle la boca con la mano para acallarla a la par que eructó.
Cuando logró atraparla, notó que le mordía y cuando se volvió hacia él, le miraba furiosa.
—¿Intentas matarme? —cuestionó—. ¿O qué? ¿Eres como ese tipo?
—No, no es ni mi amigo ni nada así. Simplemente nos hacíamos favores, nada más —descartó—. Por su culpa perdí a la mujer que amaba. Si no me hubiera dejado llevar, Temari todavía… ¿Qué diablos haces?
De alguna forma, ella había bajado sus manos hasta su bragueta. La vio elevar una ceja, inocente.
—Quiero echar un polvo. Me aburres con romances trágicos. Mejor disfrutemos.
—¿Qué diablos te hace pensar que quiero…? Joder.
Su mano había logrado adentrarse en sus pantalones y ropa interior. Y de alguna forma, su condenado cuerpo no obedecía y su pene parecía estar feliz con esa atención.
—Esa tía no sabe qué se pierde. Eres más grande de lo que esperaba. Espera.
Bajó su cuerpo hasta quedar de rodillas entre sus piernas. Sasori no necesitó mucha orden para levantar las caderas y permitir que le bajara los pantalones. Cuando se lo metió en la boca soltó tras taco que ni siquiera era consciente de conocerlo.
Buscó la botella cerca de ellos y tras cogerla, le dio un buen trago, notando cómo la boca femenina le succionaba a la vez. Poniéndose cada vez más y más duro, el alcohol ayudaba a que fuera otra persona a la que deseara, y, sin embargo, Hisame parecía lo suficiente capaz como para evitar que Temari apareciera. O quizás es que nunca podría imaginarse a Temari hinchada de alcohol y chupándosela en medio del despacho de su padre.
—Oye, qué tal si también haces algo —protestó ella alejándose para quitarle la botella, quitarse los pantalones tras dar un trago y quedarse en ropa interior. Si es que a ese hilo negro se le podía llamar así—. Chúpame también.
Le dio la espalda para ir gateando hacia atrás.
Sasori dio otro trago y miró las preciosas vistas que tenía delante.
Si, definitivamente, Temari nunca haría algo así.
Hisame lo apretó con fuerza, mordiéndole la punta a la par que sacudía sus caderas con impaciencia.
Finalmente, él obedeció y se dejó llevar completamente. Puede que más tarde no recordara nada, que se sintiera como una mierda o que simplemente lo viera como un sexo de alcohol sin más.
Pero Hisame, claramente, puso todo cuanto pudo en ello. Incluso se tragó su simiente y gritó sin tapujos cuando él finalmente logró que sucumbiera con la torpeza que el alcohol le permitía en dar lamidas o mordiscos.
Cuando ella rodó a su lado, con las piernas abiertas sin el menor decoro, como un condenado perezoso y torpe se acomodó sobre ella.
—Nunca follo así —le dijo ella tomándolo de las mejillas. Dios, ni siquiera la veía bien—. Me gusta follar más duro, de otra forma. Pero esta vez haré la excepción contigo. Ven, Sasori.
Le rodeó las caderas con fuerza para apretar su cintura y marcar su sexo contra él. Maldijo al notarse más apretado y con mayor dificultad para encontrar encajar sobre ella. Apartó la ropa y, cuando finalmente logró ubicarse, empujó. Una, otra, otra…
No sabía cuál de los dos se durmió antes. Ni si llegaron a algo más o finalizaron todo aquello.
Sólo supo que cayó muerto de sueño, de babas, de simiente y a saber de qué más, sobre ella, horas más tarde, sobre el único sofá de cuero en la habitación.
La nube del alcohol lo tranquilizó de una forma que no debía. Odiaba todo eso, dejarse llevar de esa forma, tomar decisiones bajo los efectos de esa endemoniada bebida.
Pero incluso sereno la respuesta era la misma: debía de dejar a Temari irse.
Ella no iba a amarle nunca. Jamás podría estar a su lado ni mirarle de la misma forma que miraría o besaría a Nara. Nunca le perdonaría en realidad lo que hiciera con Gaara o lo que estaba muy tentando a hacer con ella.
No podía obligarla a quererle. Y menos, quería un matrimonio lleno de infelicidad. Junto a infidelidad, seguramente.
Tendría que hacer tripas su corazón y terminar con todo aquello.
Y entre ello, estaba su relación con Sakura. Ya no iba a necesitarla. Puede que ella todavía le necesitaría por Sasuke Uchiha, pero era un juego al que no pensaba jugar. Sakura debía de sacar sus propias conclusiones y luchar sus propias batallas.
Él había llegado hasta ahí.
.
.
Sai se dio golpecitos en el estómago con los dedos al notar el conocido cosquilleo de necesidad. Ino, a su lado, chateaba con alguien completamente absorta. Habría preferido que se marchara un rato para poder coger, aunque fuera el lapicero un rato entre los dedos.
Gaara dormitaba en la otra cama y Temari se había marchado para hablar por teléfono de algo que parecía realmente serio.
—¿Te aburres?
Miró hacia ella y sonrió.
—Bastante, sí.
—¿Quieres que hagamos algo? ¿Hablar?
Sai lo sopesó.
No. Quería pintar. Pero no quería que ella reconociera las ganas que tenía o el uso que ansiaría darle al lápiz entre sus manos. Todavía no.
Sabía que era un pensamiento egoísta de su parte y que probablemente a ella la haría feliz, pero eso significaba que había superado su problema con todo lo que conllevaba y no era así.
Era una tontería, lo sabía, pero se sentía avergonzado con eso.
—Sí —dijo finalmente al notar que ella empezaba a cuestionarse su silencio.
—¿Y de qué quieres hablar? —inquirió entonces.
Sai lo sopesó una vez más. Había algo que continuaba cosquilleándole en la boca desde que lo hablaran frente a Matsuri.
—¿Qué tal del beso?
El gesto de Ino cambió de diferentes formas. De curiosidad a fastidio y de fastidio a agotada.
—Ya sabía yo que no ibas a dejarlo pasar. ¿Cuánto llevas dándole vueltas?
—Desde que lo supe.
—Sólo diré que Kiba es un idiota.
Sai elevó una ceja preguntándose qué tendría que ver eso. Algo habían dejado caer en el chat, pero no estaba seguro del todo.
—¿Kiba te ha besado también?
—¡No! —exclamó cubriéndose la boca después y mirando hacia Gaara, disculpándose silenciosamente—. Kiba fue el que ocasionó que yo me besara con Choûji —explicó—, me empujó y simplemente pasó. Como en las películas, vamos.
—Sólo que no parece haberte afectado.
Ino lo estudió con la mirada un rato antes de responder.
—Sai. Quiero mucho a Shikamaru y Choûji porque los conozco desde niños. Para mí son mis hermanos, no los he visto como hombres. Es más, una vez lo intenté con Shikamaru y nada de nada. No pasa nada. Así que besar a Choûji me ha enfadado más por él que por mí.
—¿Por qué?
Ella se chupó el labio.
—Prefiero no contarlo porque es algo privado de él, nada más —respondió encogiéndose de hombros—. ¿Por qué te preocupa tanto que me besara con Choûji? —inquirió a su vez.
Como no respondió, se apoyó con los codos sobre las rodillas y a su vez, la barbilla en sus manos.
—¿Celoso?
La diversión se marcó en su mirada. Sai adoraba ese brillo. Lo había visto muchas, pero muchas, veces y casi nunca eran hacia él. Ahora, finalmente, esa mujer le miraba a él de esa forma.
—¿Y si lo estoy? —preguntó a su vez alargando la mano para acariciarle la mejilla—, ¿Y si también quiero que me beses?
Lo dijo como un juego, no como nada. No esperaba que Ino realmente aceptara el reto. Así que, cuando se movió para sentarse a su lado en la cama, con su cadera pegada a la suya, el corazón le dio un vuelco.
—Sólo tenías que pedirlo.
—Ino —advirtió cuando le puso las manos en los hombros.
Ella sonrió inocentemente.
—¿Mhn? —cuestionó mirando fijamente sus labios—. ¿No quieres que sigamos?
Sonrió a su vez y llevó una mano hacia sus caderas.
—Me gustaría, pero estas tirando de las sábanas y me presionas la herida.
Ella bajó la mirada y se levantó, preocupada.
—Ay, perdón —se disculpó.
Él la aferró del mentón, aprovechando que estaba inclinada tanteando las sábanas para aflojarlas, y la giró hacia él. Presionó sus labios en un corto y suave beso por el que ella comenzó a pestañear rápidamente.
—Eso es juego sucio —protestó casi sin voz—. Tramposo.
Parpadeó, confuso.
—No sé por qué. En realidad, no te haces idea del tiempo que quiero hacer esto y cuánto me he aguantado.
Ella guardó silencio y se sentó una vez más, ahuecando las sábanas a posta.
—Lo he visto en los dibujos. La forma en que me has visto siempre. Es maravillosa. No sé cómo eres capaz de verme de esa manera, Sai. Por eso, me gustaría mucho que volvieras a dibujar. Tengo mucha curiosidad sobre cómo me ves ahora. Especialmente hoy, con el día tan duro que he tenido.
Sai sintió un nudo en la garganta. Miró hacia la mesita de noche y señaló el cajón.
—Ábrelo, Ino. Dame lo que hay dentro.
Ella obedeció algo dudosa. Abrió el cajón y retuvo el aliento caundo reconoció lo que era. Tomó el lápiz y el cuaderno para entregárselo. Sai lo aceptó en silencio. Notó el peso del lapicero en sus dedos. Acomodó el cuaderno a sus acciones y tomó aire antes de presionar la punta contra la hoja.
Luego, surgió sólo.
Ino llenaba toda su mente. Los últimos momentos, lo que implicaba para él su simple presencia. Dibujarla fue fácil y rápido. Su mano continuaba recordando todo de ella.
Cuando terminó, dejó caer el lápiz contra su estomago y destensó la mano, dolido. Arrancó el papel del cuaderno y se lo ofreció a ella para descubrir entonces que estaba llorando.
En silencio tomó la hoja y la observó con los ojos anegados en lágrimas. Se pegó el papel a la frente, sollozando sobre el dibujo. Sai solía ser muy cuidadoso con sus obras y muy pocas veces le gustaba que otros las tocaran o simplemente pasaran el dedo por encima. Sin embargo, esa vez ni siquiera estuvo tentado a regañarla.
Ino estaba llorando por él. Las lágrimas que no podía liberar las sacaba ella. O eso pensaba. Hasta que sintió el calor sobre sus mejillas. Se cubrió su propio rostro con una mano temblorosa.
Como si Ino presintiera el gesto dejó caer el dibujo y volvió a sentarse a su lado para abrazarle.
Fue silencioso y necesario.
Sentirse acompañado y ayudado. Acurrucado y consolado. Algo que, si echaba la vista atrás, tuvo muy poco tiempo antes de que su hermano muriera y cuando era un niño.
No estaba seguro de cuánto tiempo estuvieron de esa forma. Con lágrimas silenciosas e hipidos acallados.
—Quiero volver a pintar. Quiero hacerlo —susurró mirándose la mano—. Mi cuerpo lo recuerda, no puede estar sin hacerlo.
Ella asintió y le acarició el cuello cariñosamente.
—¿Qué te parece participar en el concurso del hotel? —cuestionó.
—¿El que ibas a posar desnuda? —cuestionó con un deje de molestia y diversión.
—Ja, ja, ja —protestó ella sarcástica—. No, ese no.
Se movió solo para coger la revista y pasar las páginas hasta llegar a la adecuada.
—En este.
Se talló los ojos para poder disipar las lágrimas y leyó el artículo. Era algo sencillo lo que pedían y no tenían límite de edad.
—Puedo conseguirte lienzo y lo que necesites —dijo ella—, se lo pediré a los profesores. Si quieres.
Asintió, pensativo.
—Por favor.
Ino sonrió y se apoyó más contra él. Emitió un leve gemido de dolor y ella hizo por retirarse, pero la aferró, manteniéndola.
—No te vayas.
—No me iré.
Y así fue incluso cuando Temari regresó. Sin darse cuenta el sueño le venció. La calma que Ino le otorgaba era más intensa de la que esperaba. Ni siquiera las heridas le dolían.
Y no sabía hasta qué punto eso era bueno.
Sentía cierto temor. Temor de ser incapaz de defenderla de nuevo. Incapaz de darle todo cuanto ella necesitaba.
.
.
Temari sonrió al verlos dormitar juntos en la cama. Ino acurrucada contra Sai y este mismo rodeando la cintura de la muchacha como si fuera algo delicado. Se sentó junto a la cama de su hermano, quien se movió un poco inquieto. De debajo de su almohada sobresalía algo.
Curiosa, lo aferró hasta sacarlo. Era un trozo de papel pulcramente doblado. Lo abrió con cuidado y descubrió que era un dibujo. Aunque no cualquiera. Era el rostro de Matsuri.
Claramente, era cosa de Sai. No había duda. Esa no era la cuestión que inundaba su cabeza.
Antes de que pudiera devolverlo, una mano se lo arrebató bruscamente y se encontró con la mirada a asustada de su hermano menor.
Ella sonrió amablemente y se sentó más cómoda, sin mostrar nada de ataque o defensa.
—Me gusta la idea de que Sai vuelva a dibujar —le dijo—. Hace unos bocetos de rostro muy bonitos. Casi reales. No me extraña que te guste.
—No es... —comenzó Gaara—. Es que…
—No tienes que disculparte por nada —tranquilizó—. No voy a censurar tus gustos y menos, por el arte de Sai.
Gaara guardó silencio por un rato. Cuando volvió a hablar Temari ni siquiera esperaba que lo hiciera.
—No se lo digas a ella.
—¿A Matsuri?
Él asintió.
—Si lo sabe…
—Será feliz.
—… armará demasiado ruido.
Temari dudó. Su hermano continuaba siendo algo inesperado para ella. Por dios, ni siquiera esperaba que tuviera el dibujo de una chica bajo la almohada. No estaba segura de si ya estaba preparado para algo como tal. Incluso se preguntaba si Matsuri sería el tipo de chica que su hermano necesitara.
—Si te molesta, por qué te atrae.
—No lo sé —reconoció él cruzándose de brazos—. No tengo una respuesta clara. ¿Acaso tú puedes explicarme por qué te gusta Nara?
Sintió que las orejas le ardían, pero lo pensó detenidamente.
Pese a que era un vago sin remedio era un hombre confiable. Inteligente y es lo valoraba mucho porque siempre tenía una conversación posible. Se conocían de años y no fue hasta ahora que podía decir que finalmente le veía como hombre. Tenía una balanza de pros y contras.
—No podría —dijo finalmente. Quizás porque le daba vergüenza lo que pensara Gaara de ella o porque todavía le costaba poner sus sentimientos en palabras frente a alguien que no fuera Shikamaru.
Su hermano cabeceó afirmativamente, sin insistir.
—Lo comprendo —aceptó finalmente—, pero también me preocupa en tu caso si está bien que sea alguien tan efusiva y lanzada como Matsuri.
Él entendió por qué lo decía. Se miró las manos que aún temblaban. Temari se preguntó si no habría hablado de más y Gaara estaba cerca de sufrir un ataque. Aunque le sorprendía que, desde el último, el tiempo que pasaba sin tenerlos hubiera aumentado.
Era una buena señal, desde luego.
—Eso mismo pienso yo. También… —calló por un momento—, sufro el castigo de palabras hirientes que le dije.
—Gaara… —masculló sorprendida—. Dime que no fuiste capaz, que cuando me lo dijiste fue de…
—No hice nada —prometió—. Esta asquerosidad… yo… jamás podría… Menos a Matsuri.
Temari sintió que las manos le temblaban llenas de recuerdos. Ver a su hermano cabizbajo, con el semblante pálido y los ojos acuosos despertaba en ella una ternura que no esperaba. Se levantó del sofá para sentarse a su lado y sin importarle que fuera a protestar lo abrazó.
—Siento mucho no poder decir que alguien va a pagarlo, pero… Al menos todo va a solucionarse poco a poco. Te lo prometo.
Él asintió y permitió lo acogiera, que le acariciara e incluso que besara su cabeza.
—Y si Matsuri te perdona, si ella acepta ese hecho como una ocurrencia más, es su decisión. No tengo ni puedo juzgarla por ello. En realidad, sinceramente, me alegra mucho que sea capaz de quererte incluso con tus defectos —admitió—, porque muy pocas personas aman de esa forma. Esperan que la otra persona sea perfecta siempre y eso no existe. Todos venimos con una de cal y otra de arena.
—Lo sé. Aunque me sienta abrumado —reconoció mirándola—. Mi piel sigue dolida, Temari.
—Ah, perdón —se disculpó soltándole, escuchándole suspirar de alivio.
—Por cierto —dijo algo más cómodo—. ¿Estás engañando a Nara?
Temari abrió la boca desconcertada.
—¿Qué clase de pregunta es esa? —acusó.
—Te escuché hablar con un hombre antes.
—Ah, eso —reconoció sonriente—. Con este tema se me olvidó decírtelo.
Volvió a sentarse en el sillón, acercándolo con más cuidado para poder hablar con tranquilidad.
—Era el padre de Shikamaru.
—Tu suegro.
—Ehm… Sí —reconoció algo azorada—. En fin. —Carraspeó y continuó—, me llamaba para darme buenas noticias. Aunque implican a Sasori.
—Estoy bien con ello —permitió Gaara interesado en lo que ocurría—. ¿Qué ha pasado?
—Gracias a Neji y la información que Shikamaru y él le pasaron, Shikaku, el padre de Shikamaru, fue a hablar con Sasori con la esperanza de convencerle de que nos ayudara a capturar a Kabuto.
Su hermano se tensó, enderezándose en la cama y mirándola con ojos ansiosos.
—Por suerte, nuestro primo a accedido —explicó—, y la policía lo tiene. Lo han detenido, Gaara —recalcó para que él comprendiera.
El suspiro que su hermano soltó fue tan grande que temió que se volviera de gelatina ahí mismo. Se llevó las manos hasta el rostro, cubriéndoselo.
—Gracias a Dios.
—¿Gaara?
Pero él no contestó. Continuó en esa postura unos minutos hasta que finalmente la miró.
—Yo le di la información a Neji —confesó—. Kabuto era… era quien me conseguía la droga a través de Sasori —explicó—. Y no era lo único que adquiría. Gracias a él también conocía a Tayuya, por ejemplo —indicó haciendo referencia a sus necesidades sexuales—. Siempre era con él. Me amenazaba con cortarme el grifo y luego me daba más para que yo quisiera más.
Hablar de ello, claramente, le dolía. Temari atrapó una de sus manos para darle un apretón en señal de confianza, sin dejar de mirarle.
—Creí que controlaba todo. Sólo quería perderme lo suficiente para no recordar —continuó con la voz amortiguada por el dolor—. No recordar que mi hermano mayor había muerto o que mi padre me odiaba por alguna estúpida razón. Para no recordar que eran tan mierda que ni siquiera podía cuidar de mi hermana…
—Oh, Gaara —musitó acariciándole la mejilla—. No necesitabas cuidar de mí. Yo era la que debía de cuidar de ti. No tenías, ni tienes, ninguna obligación de ser el hombre de la familia. Ambos somos lo que somos y estamos juntos en todo. En todo. ¿Vale?
Él cabeceó y parpadeó, como si intentara luchar contra las lágrimas.
—Cuando Matsuri empezó a entrar en casa, me di cuenta de que también quería dejar atrás todo lo escolar porque me recordaba a Kankuro y a ti. Pero ella fue metiéndose como una condenada estaca y me daban ganas de estar más sereno que en las nubes cómodas de la droga.
—Y empezaste a dejarlo.
—Sí.
—¿Ahí fue cuando Tayuya apareció?
—Sí. No sabía que era de la clase ni lo que conllevaba con ella —reconoció—. No sabía que estaba saliendo con Nara en aquel momento.
—Ya, bueno… nadie se lo esperaba —añadió ella entre dientes.
Gaara asintió, aunque la miró con cierta duda divertida que provocó que ella se sonrojara y le chistara.
—Continua, anda —demandó—. Si quieres.
Él cabeceó afirmativamente. Parecía realmente necesitar eso y ahora que había arrancado, no podía pararse.
—Tayuya debía de, mediante el sexo, convencerme de querer más. Probablemente, incluso de no querer, me habría inyectado algo. Pero…
—Matsuri.
—Sí, ella —admitió frunciendo el ceño—. Se enfadó mucho.
—Normal —aseveró Temari—. ¿Qué sentirías tú si hubieras estado esperando entrar en la casa de la persona que te gusta y esta estuviera con otro en la cama? Ya me dirás.
—Mi intención siempre fue alejarla.
—Es Matsuri. Con ella no funciona —descartó Temari con un gesto de su mano y encogiéndose de hombros—. Si esa mujer tuviera que abrir un agujero en la tierra para llegar hasta ti, seguro que lo hacía.
Se preguntó si habría hablado demasiado cuando él guardó silencio. Pero Gaara no tardó en volver a hablar.
—Como eso no funcionó, enviaron a alguien a por mí. Me encontraron en un callejón y me drogaron para llevarme con ellos. Lo demás está algo borroso, pero sé qué pasó. Lo sé bien…
Se abrazó a sí mismo, asqueado.
—Gaara, no tienes la culpa de eso.
—Yo empecé a tomar.
—Sasori te lo facilitó y debió de negártelo.
—Lo hizo. Diversas veces, Temari. Yo lo empujé a ello. Si no me lo daba me ponía demasiado violento —explicó avergonzado—. Sasori no es del todo el culpable. Soy responsable de mis actos.
Ella reconoció eso, no iba a negárselo.
—Si me lo estás diciendo para que evitemos que Sasori vaya a la cárcel, de eso ya me he encargado yo —manifestó—. Hice un trato con él. Bueno, más que yo, Shikaku —añadió—. Sasori lo ha aceptado, así que por eso han conseguido detener a Kabuto. Y este no va a volver a ver la luz del sol. Está acusado de asesinato por papá.
—¿Hay pruebas de eso?
—Sí —respondió. No le hacía mucha gracia hablar de ello, pero encontraba que Gaara debía de saberlo—. El padre de Shikamaru me ha dicho que dos de sus mejores investigadores están sobre ellos porque están relacionados con los niños droga, o paquete, o como quieran llamarlos. Un niño que podrías haber sido tú si papá no hubiera aceptado ese trato —recordó enfadada—, pero no desquita sus acciones. El caso es que han encontrado el arma, el cartucho y han corroborado las huellas.
—¿Y Tayuya?
—Había un policía comprado porque su mujer era drogadicta —explicó—. Secuestraron a su mujer y no le quedó más remedio que ayudar. Robó la flauta y se la pasó a Tayuya. Para ella tocarla era como un bálsamo calmante, así que sabían que iba a hacerlo. Pusieron veneno que fue lo que la mató.
—¿Te ha contado todo eso? —cuestionó Gaara sorprendido.
—Sí. Le pedí que me lo contara todo y él accedió. Aunque cree que luego Shikamaru le regañará por ser tan gráfico —añadió sonriendo—. Aunque consideró que ambos nos merecemos de una vez la verdad. Aunque sea dolorosa.
—¿Y qué hay de los demás? —preguntó Gaara.
—¿Los superiores de Kabuto? —Gaara asintió—. No sé cómo estará eso. Pero imagino que no se quedarán de brazos cruzados con Kabuto o con lo demás. Me preocupa qué puedan hacerle a otros niños, la verdad. O con familiares que hayan secuestrado como la mujer de ese policía. Aunque me gustaría que cayeran, la verdad. Cuanta menos droga haya en la calle, mejor y más segura me sentiré.
Gaara la miró dolido.
—Sé que no piensas volver a caer —añadió rápidamente y dándole palmaditas en la pierna—, pero ya hemos visto lo que hacen cuando quieres dejarlo. Si lo que te han hecho a ti se lo han hecho a muchos otros, es mejor que no haya nada.
—Aunque hay gente que estaría en contra de tu pensamiento.
—¿Por qué? —cuestionó confusa.
—La droga también da trabajos a otros que no consumen.
Temari frunció el ceño.
—¿En serio, Gaara?
—En serio —aseguró—. Muchas personas, al no encontrar un trabajo decente consiguen uno en eso. Muchas personas quedarán sin empleo cuando los encuentren. Niños sin hogar y sin función —añadió—, que no comprenderán para qué ha servido tanto maltrato entonces.
—Ellos todavía podrían tener una segunda oportunidad.
—Sí, pero los recuerdos de todo ese mal no desaparecerán. Y no todos conseguirán salir de esto… —Se miró las manos de nuevo—. Yo no sé si…
—Lo vas a hacer —aseguró ella con firmeza y apretándole la mano—. Y si no me crees a mí, piensa en Matsuri.
Notó cierto rubor en su cara y ella sonrió, satisfecha con haber dado en el clavo.
—¿No quieres ser mejor para ella? ¿Para disculparte por lo que hicieras? Creo que ella lo consideraría un honor y se sentiría realmente feliz de que seas libre de todos esos tormentos.
—Temari…
—Vale, he hablado demasiado —reconoció—, pero realmente quiero que seas feliz.
—No es eso —descartó señalando la puerta—. Es que Nara te está buscando.
Se volvió para ver a Shikamaru en la puerta levantando una mano. Ella sonrió al verle, aunque comprendió por qué estaba ahí. Volvió a mirar a su hermano y este movió una mano para invitarla a marcharse.
Obediente, salió con Shikamaru al pasillo, apoyándose contra la pared final de este.
—Tu padre ya me ha contado todo —explicó.
—Lo sé. Venía a ver qué tal os encontrabais. Aunque creo que he interrumpido una conversación importante.
—No importa, esta ya estaba terminando —tranquilizó—. Aunque sí que era muy importante. Gaara me ha contado todo —explicó—. Lo de Kabuto y su adicción. Aunque sé que ha dejado cosas en el tintero porque le cuestan todavía hablar de ellas. No puedes hacerte una idea de cómo me siento.
Notó las manos cálidas de Shikamaru en sus mejillas. Su gesto era amable y tranquilizador.
—Puedo imaginármelo perfectamente, Temari. Sólo tengo que mirarte a la cara para saberlo —dijo—. La felicidad, la ira y la tristeza juntas mientras escuchas todo. La impotencia en especial es horrible. Pero sabes que si permites que esos sentimientos salgan y se desboquen Gaara pensará que él es el culpable de todo eso.
—Ya lo cree y no es cierto. Yo tampoco hice mucho por retenerle.
—Hiciste cuanto pudiste.
Ella negó y se aferró al hueco interior de sus brazos para que los bajara, buscando después sus manos.
—No. Podría haber hecho más. Prever ciertas cosas. No lo hice. Me acomodé a que Gaara no me molestara y cuando le busqué ya era demasiado tarde.
—Temari…
Ella le sonrió y parpadeó.
—Pero bueno, al menos uno de esos cabrones ya está entre rejas.
—Sí y te aseguro que mi padre no va a dejar que salga ni que ocurra lo mismo que con Tayuya —aseguró Shikamaru—. Esta vez, todo va a terminar.
—¿Cómo puedes asegurar?
—Lo presiento. Sé que suena estúpido, pero lo hago. No por nada uno de los mejores está tras todo esto. Mira, no es un secreto que nos trajeron aquí para quitarnos de en medio —puntualizó—. Y todo está desarrollándose bien. Más pronto que tarde regresaremos.
—Me da cierto miedo volver a casa —reconoció—. Con Sasori y toda su mierda. Ya le escuchaste.
—Sí, por desgracia —gruñó molesto—. ¿Ha vuelto a ponerse en contacto contigo tras lo ocurrido?
—No. Tampoco sé exactamente cuándo ha pasado ni si estará ocupado con la policía. Y sé que de llamarle igual cree que quiero otra cosa —añadió—, y no me da la gana que se crea importante. Puede que Gaara siga defendiéndole y asegurando que no fue culpa de él, pero no puedo perdonarle ciertas cosas. Como que esté usando a Sakura para darme celos.
—Algo me olía —reconoció él—. Es una cosa estúpida. Aunque…
—¿Aunque? —preguntó interesada.
Él miraba hacia una de las habitaciones de puertas cerradas.
—Puede que contigo no funcione, pero con otro que yo me sé, sí. Como una puñetera patada en los huevos —dijo.
Ella silbó y él la miró con cierta diversión.
—Hablé con ella al final —contó—, y tu sospecha es más correcta de lo que crees. Sakura se niega a soltarle porque lo ve como una defensa perfecta. Yo creo que ella no debería de autoengañarse de esa forma y que mi primo no es de fiar. ¿Y si decide alargar esto y la chantajea de alguna forma? —cuestionó—. Me hierve la sangre de pensar que va a caer como una idiota en eso.
—Sakura no es tan idiota como parece —sopesó Shikamaru—. Igual lo tiene controlado.
—No creo. Sinceramente, no. Pero igual es mi punto de vista.
La puerta junto a ellos se abrió y Ino, tallándose los ojos, le mostró su teléfono.
—Ha sonado ya tres veces y no sé quién es "imbécil al que deseo matar", pero insiste mucho.
Le entregó el móvil y le guiñó un ojo a Shikamaru antes de volver dentro.
—¿En serio lo tienes guardado de esa forma?
—Es que no me dejaba meter todo cuanto quería poner —reconoció revisando las llamadas—. A ver qué quiere.
Presionó el botón de llamada y esperó. Sasori respondió al cuarto tono y en lugar de saludar, eructó.
—Vaya, perdona —se disculpó—. El alcohol no es mi fuerte. ¿Temari? ¿Eres Temari?
—Soy yo —respondió poniendo los ojos en blanco—. ¿Qué quieres que llamas tanto? Si es por la conversación de antes…
—Se terminó —interrumpió él decidido—. Se terminó todo contigo.
—¿Qué?
—Que si quieres acostarte con ese Nara cabeza de piña o ligarte a un viejo, ya me da igual. No quiero saber nada de ti amorosamente. No haces más que dolerme y yo no puedo mantenerme en esa mierda —dijo entre hipido e hipido—. Y no creas que es algo que he tomado a base de bebida, no.
—Y de sexo —dijo otra voz de fondo.
Él chistó y bostezó.
—Como sea. Que no quiero saber nada de ti como mujer —espetó—. ¿Puedes dejar mi pene dentro de mi pantalón? Gracias.
—Sasori. —Empezaba a perder la paciencia de tal modo que Shikamaru tuvo que sostener el móvil por ella antes de que lo rompiera—. ¿Qué tal si me llamas cuando no estés borracho y hayas salido del burdel?
—¿Burdel? —cuestionó él ido—. Ah, no. Estoy follando en el despacho de tu padre. Me hace pensar cuántas mujeres habrá traído él después de tu madre…
—¡SASORI!
—Vale, vale, me he pasado. En fin —continuó—. Joder, vale, chúpalo. —Lo escuchó sisear y luego, volver a la conversación cortos jadeos—. Que te dejo. Puedes hacer lo que quieras con tu vida. Cambiaré las cosas para daros pagos al mes a ambos. Quedaros con la casa y libertad. Nada más. Adiós.
Colgó.
Temari se quedó mirando el móvil por un rato antes de buscar la mirada de Shikamaru, quien estaba tan atónito o más que ella.
—¿Qué diablos ha sido eso? —cuestionó.
—Ya dicen que los borrachos dicen la verdad —sopesó Nara—. Igual es eso. Y ha tenido un momento de lucidez que ha llevado a considerar todo.
—Pues sinceramente, no me hace mucha gracia que ese momento de lucidez le haya llegado mientras está con una mujer que no es mi amiga —protestó apretando los puños—. Por dios, si se lo digo a Sakura no me creerá.
—Puedes probar.
Luego, sujetó el móvil y tras tantear en él le mostró un archivo de guardado que le serviría como prueba.
—Aunque… ¿a ti te gustaría que te lo dijeran?
Ella lo estudió con la mirada.
—Hipotéticamente —añadió Shikamaru—. Soy demasiado vago para ponerte los cuernos.
Temari no supo si reír o pegarle.
—Me gustaría —admitió finalmente—. El rollo ese de que tu pareja se acueste con otra y luego venga a besarte con a saber qué bacterias o demás, no es mi plan de amor. Además, soy demasiado radical y eso deberás de tenerlo siempre en cuenta —aconsejó—. O todo o nada.
—O todo o nada —aceptó él devolviéndole el teléfono—. ¿Vamos a hablar con ella?
Asintió y caminaron hacia la puerta indicada. Golpearon diversas veces sin lograr nada. La puerta tras ellos se abrió y Sasuke apareció.
—¿Sigue sin abrir?
—¿Qué quieres decir? —cuestionó ella.
—Sakura ha estado encerrada todo este tiempo con Menma.
—¿Qué? —exclamaron ella y Naruto a la vez, quien parecía recién enterarse de eso—. ¿Por qué?
Sasuke los miró alternadamente.
—No lo sé —respondió.
Naruto los rebasó para golpear la puerta.
—¡Sakura, Menma! ¡Abrid! O joder si tiraré la puerta abajo.
—Evita hacer tal cosa —recomendó Shikamaru—. O me darás un buen dolor de trasero.
—Cállate —siseó Naruto enfadado—. Si tengo que hacerlo, lo haré.
Para suerte de ambos, la puerta se abrió.
Pero no fue Sakura quien abrió y tampoco Menma. Fue Hinata.
La pareja se miró de diferentes formas. Naruto con confusión y Hinata con dudas. Finalmente, Hinata se hizo a un lado y todos entraron. Sakura salía del baño y los miraba confusa.
—¿Qué hacéis todos aquí?
—¿Y Menma? —cuestionaron Naruto y Sasuke a la par.
—Se fue hace un rato —respondió ella intercambiando una mirada confusa con Hinata.
—¿Y por qué no has dicho nada? —inquirió Sasuke irritado.
—Ah, perdón —se disculpó Sakura sinceramente—. Cuando llegó Hinata nos pusimos a hablar de cosas y luego me fui a duchar. Nada más.
Sasuke suspiró aliviado, pasándose una mano por los cabellos.
—Tenemos que hablar —dijeron ella y Naruto a la par.
Sakura y Hinata los miraron respectivamente.
Hinata obedeció a Naruto, siguiéndole cuando este le ofreció la mano. Sakura, sin embargo, continuó observándola a ella con ciertas dudas.
—Creo que llegamos a un acuerdo ya —dijo Sakura.
—Esta vez es algo más duro —aseguró.
Luego, miró hacia Shikamaru y con un gesto de súplica que él entendió llevándose a un Sasuke molesto, las dejaron a solas.
—¿De qué se trata? —cuestionó Sakura secándose el cabello mientras caminaba hacia su cama y aferraba el cepillo—. ¿De Sasori de nuevo?
—Sí.
Sakura chasqueó la lengua. Dejó la toalla a los pies de la cama y comenzó a cepillarse.
—Temari ya…
—Escucha esto —ofreció mostrándole el móvil con el archivo ya preparado de Shikamaru. No sabía cómo su novio fue capaz de algo como eso, pero lo admiraba por ello—. Por favor. Es una llamada que acabo de tener con él. Te interesa.
Sakura dudó por un momento, pero finalmente, accedió. Dejó el cepillo sobre la cama de nuevo y se acercó para tomar su móvil y, a continuación, presionó el botón de play. La conversación pasó justo como fue a través del auricular.
Cuando se acabó, se sentó a los pies de otra de las camas y le devolvió el móvil.
—Sakura…
—Ya sé qué vas a decirme —dijo—, y no puedes hacerte una idea de lo estúpida que me siento.
—¿A qué te refieres?
Haruno sonrió irónica.
—Le dije a Sasuke que no podía besarle ni hacer un movimiento. Y estúpidamente, en mi interior, pensaba que, aunque fuera una relación de pantomima, no quería faltar el respeto a Sasori.
—El alcohol nos hace hacer cosas que no queremos.
—¿Lo dices por concederte tu libertad y financiación monetaria de por vida?
—Ambas sabemos que eso último me importa una mierda —protestó.
—Sí, perdona. Es sólo que a veces me siento idiota de ser tan… responsable.
La escuchó tomar aire y soltarlo.
—No me mal entiendas, Temari. Comprendo el dolor de Sasori por dejarte ir y lo que conlleva estar con otra mujer mientras lo hace y lo me implica en eso. Pero no le amo y no me duele esa parte como crees que debería. Pensaste que tu primo tomaría actos hacia mí para no dejarme ir, pero claramente, no nos quiere a ninguna de las dos en su vida, lo cual, sinceramente, debería de ser un alivio.
Temari no pudo estar más de acuerdo con ello.
—Por otro lado, yo ya pensaba dejarle cuando volviéramos.
—¿De verdad?
—Sí —admitió cruzándose de brazos—. Y por si te lo preguntas, sí, es porque quiero darle una oportunidad a Sasuke. Como amigo y… puede que algo más.
—Por favor, dime que vas a hacer que se lo curre.
—Lo haré —prometió con cierta diversión—. Y te lo agradezco de corazón —añadió—, que te preocupes tanto por mí. De verdad. Gracias.
—No es nada —descartó—. Un día espero que hagas lo mismo por mí.
—Dudo que ese vago de Shikamaru sea capaz de ponerte los cuernos. Implicaría movimiento de más.
Temari se echó a reír.
—Habéis dicho justo lo mismo.
Sakura sonrió más amable.
—Es un chico maravilloso, Temari.
—Lo sé. Diablos si no lo sé.
.
.
Naruto cerró la puerta de la terraza una vez que ella entró y esperó hacia donde iría antes de seguirla. Llevaba todo el tiempo dando vueltas al tema y aunque también sintió ganas de matar a Kiba por sus palabras, continuaba enfrascado en esa preocupación. No quería mentiras entre ellos, pero conocía a Hinata y lo que menos quería era que se desmayara o pensara que él era un pervertido.
Debía de reconocer que también sentía cierta picazón de preocupación por el hecho de que Sakura y Menma hubieran estado encerrados todo ese tiempo sin que él se hubiera enterado. Además, Temari parecía tener algo serio que hablar con ella y se preguntaba si estarían enlazados.
Su hermano no dejaba de ser un dolor de cabeza. Y ya tuvo aquel encuentro con él y Hinata que continuaba molestándole. No quería ser un novio celoso o posesivo, es que le preocupaba lo que ese tipo hiciera a Hinata. Aunque ella pareció ver algo que él no. En realidad, todos se percataban de cambios en Menma mientras que él continuaba con ganas de estrangularlo.
¿Cómo perdonaba uno a su hermano tras matar a su padre y exponer a la que era ahora su novia a tipos tan asquerosos como aquellos, inclusive a su mejor amiga?
Era difícil. Aunque sabía que si su madre decidía acogerlo y le pedía que lo perdonara, lo haría.
Aunque sospechaba que ese resquemor quedaría para siempre entre ellos.
—¿Estás enfadado conmigo?
Naruto parpadeó volvió en sí. Fijó su ver sobre ella y ladeó la cabeza negativamente.
—No, para nada —negó—, simplemente estaba pensando en Menma. Para no variar.
—Lo entiendo —aceptó ella amable—, yo tampoco desde que me enseñó el número de teléfono que le interesaba. Era de mi casa.
—¿Tu padre?
—Sí. No sé qué habrá pasado para que le llamara, pero es de él.
—Esto me escama mucho —reconoció—, pero no te he hecho venir para hablar de mi hermano. Si no de nosotros.
Hinata se humedeció los labios y notó cierto temor en sus ojos.
—¡Ah, no es lo que piensas! —aclaró—. No quiero cortar. No quiero. Pero si tú crees que…
—¡No, tampoco quiero! —negó rauda.
Él suspiró exageradamente feliz.
—Menos mal. Pero sí que quiero hablar de algo que puede que haga que te enfades conmigo.
—Si es a cuenta de las chicas con las que estuviste antes…
—No —negó pensativo—. Creía que eso ya había quedado claro.
Ella bajó la mirada culpable.
—Lo siento. Aún después seguí pensando sobre eso.
Se rascó la nuca preocupado.
—¿Tienes dudas sobre que te engañe?
—No. Ya no —negó—. Sólo necesitaba otro tipo de punto de vista y me ha ayudado pensarlo. Así pues, está todo bien. Ambos tenemos un pasado y no se puede cambiar.
—No me recuerdes lo de Sasuke que cada vez me da más grima.
Hinata sonrió con cierta diversión.
—Es la misma base que lo tuyo con Sakura.
—No, Hinata —descartó—. Ambos sabemos que no.
—Ya…
Le puso las manos en los hombros.
—Te lo dejaré claro: Hay muchas cosas que quiero hacer contigo que con ella ni las pensé. Cosas que harían que te desmayaras —añadió, maldiciendo mentalmente al contradecirse a sí mismo, después que pensó que era mejor no ir tan deprisa con ella—. Muchas veces pensé que era mejor no decírtelo y antes cuanto te pedí un respiro era por esto. Pero si va a crear un problema entre nosotros, no lo guardaré más. No soporto que estés enfadada conmigo.
—Yo… no estoy enfadada contigo —sopesó parpadeando mucho—, pero sí confusa. ¿A qué cosas te refieres?
Él tomó aire. Cada vez que su inocencia aparecía era como si el mundo le recordara que era un capullo íntegro por pensar en esas situaciones.
—Sinceramente, no sé cómo explicarme —confesó—, porque sé que te vas a desmayar. Confío en que tú también te sientas del mismo modo, claro. Aunque quizás ni eres consciente porque eres más tímida. Cosa que no es mala —añadió—. Dios, estoy haciendo una mierda de todo esto, ttebayo.
Ella levantó las manos para posarlas en sus brazos y darle unas palmaditas.
—No, está bien. Entiendo que es complicado para decírmelo pero a la vez, sientes que si no lo haces parecerá que me mientes.
Naruto asintió algo confundido.
—Y en cuanto a que me siento del mismo modo, estoy segura de que sí. Yo también tengo… pensamientos secretos hacia Naruto.
Se quedó completamente en blanco. Parpadeó intentando que la información llegara a donde se suponía que debía de hacerlo. Hinata mientras iba poniéndose cada vez más y más colorada.
—¡Lo siento! —se disculpó alejándose de él y dándole la espalda.
—¡No, espera! —exclamó corriendo tras ella—. ¿Por qué te disculpas? Creo que has dicho algo muy emocionante que me hace feliz.
Finalmente, ella se detuvo para mirarle por encima de su hombro.
—¿De verdad? ¿No te resulta desagradable?
—¿Cómo podría resultarme así, ttebayo? Si yo estoy igual. Estoy completamente igual, Hinata.
La aferró del codo para acercarla a él. Con la otra mano rodeó su cuello hasta llegar a su nuca y acariciar sus cabellos.
—Soy muy idiota en muchas cosas, Hinata. Tendrás que tener una paciencia increíble conmigo, ambos lo sabemos —dijo—, pero si sentimos de la misma forma no me siento tan diferente ni… bueno, otra cosa —reconoció algo avergonzado—, me gusta. Tú me gustas.
Hinata parpadeó sin que el rojo de su rostro menguara. Lo encontró demasiado adorable. Sonrió, satisfecho y se inclinó hasta besarle la nariz.
—¡Awwh…!
Se desmayó tal y como imaginó. Suspirando, la sostuvo sin dejar de sonreír.
—Hazme el favor y no te desmayes delante de nadie más. ¿Vale? —advirtió pese a saber que ella no le escuchaba.
Luego, la acomodó en su espalda y caminó hacia la puerta de salida. Se percató de que había una figura en la parte alta, donde había visto alguna que otra vez a Tenten sentada. Reconoció a su hermano, enfrascado tanto en el móvil que era extraño que no hubiera aprovechado ese momento para meterse con ellos. Aunque lo prefería. Era condenadamente difícil conseguir coordinar conversaciones con Hinata mientras él continuara interrumpiendo o interviniendo de forma maliciosa.
Además, solía herir los sentimientos de Hinata y eso no podía permitírselo.
Así que abandonó la azotea antes de que fuera demasiado tarde.
.
.
Menma bufó cuando el dolor de cabeza se incrementó. Por más que se frotó las sienes no se apaciguaba y le daba una pereza increíble bajar del tejado para ir a visitar a una mujer que seguramente le haría más preguntas que otra cosa. Además, los Uzumaki le habían adecuado para aprovechar el dolor, no dejarse llevar por él.
Sin embargo, el dolor de cabeza era debido a los sentimientos tan contradictorios que tenía dentro de él. Joder, incluso había bajado la guardia frente a Haruno con tal de sacar información acerca de su madre.
Sus abuelos se la habían vendido como una mujer cualquiera. La palabra «puta» o «zorra» era siempre parte de su vocabulario junto a la de «traidora». Una mujer que no tuvo reparos con abandonarle a su suerte y entregárselos a ellos. Es más, siempre aseguraban que el daño que sufría era a causa de ella. Muchas veces idealizó a su madre, pero los castigos por su imprudente pensamiento no ayudaron a mejorar ese sueño infundado.
Su madre debía de odiarle para no haberle buscado. Es lo que siempre pensó. Lo que fomentaron.
Luego estaba el suceso con un padre que, pese a ser policía, jamás intentó buscarle y se encargaba en sacar a la luz trapos sucios de los Uzumaki en vez de preocuparse por su hijo abandonado. Sin embargo, siempre llevaba una fotografía de su hermano. Lo sabía porque aquel día se le cayó del bolsillo cuando volvió a entrar al edificio que acabó con su vida.
Fue así como conoció al perfecto de su hermano. Un niño sano, de rubios cabellos y ojos iguales. Los Uzumaki solían decirle que él era especial justo por ese rasgo, que significa que estaba tocado por el don del demonio que proclamaba una leyenda a cuenta del nacimiento del clan.
Un zorro de nueve colas destructivo llamado Kurama que erradicaba a sus enemigos con suma facilidad. El más fuerte de las demás bestias. Durante años se consideraba que un portador del clan lo llevaba dentro porque marcaba una diferencia al resto. Su heterocromía era eso para ellos. Pero él nunca se sintió una bestia más allá de lo que le obligaban a ser.
Por eso no podía ser todo de un diferente color como Asuma creía.
Sin embargo, aquel video estaba jodiéndole la existencia.
Su madre no era para nada como la imaginaba. Se la vendieron como alguien que no lucharía por él, que no le importaba lo que padeciera y que mientras siguiera preguntándose por ella él sería débil igual que esta misma. Sin embargo, en el video se veía a su madre capaz de arrancarle la cabeza a su tía. Gritaba desesperada por él.
Ella nunca lo abandonó. Una mujer que te abandona y que no quiere saber nada de ti no decía las mismas cosas que su madre. No lloraba por él. Por las cosas que se perdió. Por no ser capaz de abrazarle.
Muchas veces se preguntó cómo sería recibir un abrazo de ella. ¿Le gustaría? ¿Sería fuerte? Luego esas preguntas empezaron a convertirse en nada y los Uzumaki, especialmente sus abuelos, se encargaron de que fuera más consciente de la importancia que tenía hacia el clan como heredero que otra cosa.
Porque al ser sus abuelos los líderes naturales y su madre, aunque repudiada, su heredera, él pasaba a ser el siguiente gobernante. Claro que excluían a Naruto. Un hijo al que jamás aceptaban porque era idéntico a su progenitor.
Desde pequeño le obligaban a teñirse el cabello para que no fuera rubio igual que el de su hermano. No solía tomar el sol, pero su abuela odiaba que fuera capaz de tener una piel más curtida y lo obligó a tomar infinitos remedios que le quemaron la piel con dolor y blanquearon lo suficiente para que su abuela no arrugara la cara con asco al verle.
El maquillaje comenzó a ayudar lo suficiente y el no exponerse, también. Por eso ese viaje estaba resultando otro dilema al que debería de enfrentarse al volver. Su abuela odiaría que hubiera cogido si quiera algo de color.
Empezaba a cuestionarse muchas cosas. Por eso, le rogó a Sakura que le contara su madre en realidad. Quería conocer esa versión que él no conocía y no necesitó enseñarle el video para que la mujer que describía fuera idéntica a esta. Fuerte, directa, capaz de llevarse por delante a quien fuera por sus hijos (porque sí, Sakura lo incluyo sin tapujos), una luchadora sobreviviente que jamás volvió a casarse porque amaba a su marido incluso después de su muerte. Trabajadora, sin miedo a arrodillarse frente a un retrete de ser necesario. Amorosa cuando debía y mucho más sabia de lo que al resto le gustaba pensar. Reconocía que tenía un pasado ahí de rebeldía, pero aseguraba que a él le gustaría esa parte de ella.
Estuvo casi una hora hablando de ella, respondiendo sus preguntas sin hacer las suyas propias, porque seguro que Sakura sentía curiosidad al por qué su interés repentino en su madre. Tampoco le juzgó por no saber nada de ella ni indagó en por qué no lo sabía.
«Cuando sea el momento podrás encontrarte con ella. Cuando estés preparado y quieras deshacerte de toda esa basura que desea interponerse en que tú heredes lo que te corresponde por nacimiento».
Y finalmente podía. Aunque empezara por un hermano al que siempre consideró una piedra en el zapato. El señor don perfecto con amigos a tutiplén capaces de dar la vida por él.
Sabía que Naruto se lo ganó a pulso de ser el primero en dar el callo de ser necesario. Ese horrible sentimiento de valor de ser el héroe de toda contienda.
Él siempre tuvo guardaespaldas que daban su vida por él, pero le miraban por encima del hombro y no era raro que lo tildaran de niño mimado. Aprendió defensa, el manejo de armas de fuego, se había graduado ya en realidad. Su pantomima escolar no duraría mucho más. Y no es porque fuera superdotado, es que le obligaban a estudiar y ejercitarse sin tiempo de otras diversiones. La única «diversión» era la tortura que aprendió. Su abuela consideraba que debía de aprenderla porque era algo que pasaba de líder a líder. Su abuelo lo aprendió. Su madre no lo sabía. Él sí tenía ese conocimiento.
Sin embargo, con unos adolescentes a plena luz del día no era algo fácil de hacer.
Podría haber hecho uso de ello con Sakura y Hinata, pero la última ya estaba herida y la primera iba a morir gracias a la naftalina. No valía la pena malgastar más su tiempo. Además, Hinata sería la primera en caer con su mentalidad de niña buena y pobre. Sakura probablemente habría dado algo más de guerra, pero ya había visto que era fácil manipulable, especialmente, con la muerte de su padre.
Además, con los profesores metiéndose en sus asuntos no ayudaba. Podía tener inmunidad, pero si ellos usaban cualquier condenada excusa barata que justificara la necesidad de interrumpir, estaba jodido.
Descubrió también que Tenten era bastante interesante en cuanto a conversaciones y pese a que intentó alejarla, terminó ayudándola, frustrado ante la idea de que la única persona que hacía por acercarse a él y mirarle como era, fuera agredida por otro que no fuera él. Era muy del rollo de: yo puedo, pero los demás no.
Irrisorio y patético, si lo pensaba. Porque luego no había hecho nada por herirla y descubrió que le gustaba su cercanía. Cosa que era peligrosa.
Debía de reconocer que para su acto de héroe afectó también el video. Odiaba cuando sus otros familiares le desobedecían y actuaban por su propia cuenta. Había permitido que Karin lo hiciera porque en sí, le recordaba a él en sus comienzos. El patetismo de no saber dónde se encontraba y aceptar cuanto le cayera encima en vez de gobernar su propia vida.
Pero los Uzumaki también fueron invasivos con ella hasta el punto de neutralizar su ser. Karin no pudo desvelar su apellido ni sus raíces a la clase nunca. Ni a sus mejores amigos, si es que los tenía. Ahora por fin podía y parecía que su hermano todavía no había recordado que ella existía, porque no los había visto hablar nunca de más.
Su móvil vibró en llamada sacándolo de sus pensamientos. Reconoció el número. Era casi como si la hubiera invocado.
—Hola, cariño. ¿Todo bien? —Esa condenada voz melosa le irritaba de sobremanera—. Siento llamarte justo cuando debes de estar divirtiéndote.
Oh, sí, como una mierda con jaqueca.
—Pero me gustaría que me hicieras un favor —continuó. Él chasqueó la lengua—. Sé que Karin igual te está dando problemas…
—No los da. —No iba a mentirle y sabía por dónde iban los tiros—. ¿Qué quieres de ella?
—Me gustaría que le dieras un buen castigo. Le pedí que cuidara de ti durante el viaje y se ha negado a hacerlo. ¿Podrías encargarte tú, cielo? Si estuviera en casa ya lo habría hecho yo misma, pero la distancia no ayuda.
Miró hacia el mar con el ceño fruncido.
—Veré que puedo hacer.
—Gracias cielo.
—Tía —nombró antes de que colgara—. Dile al tío que te castigue a ti. He visto un video en que visitas a mi madre sin mi consentimiento. Más vale que aprendas de tus errores.
Y colgó.
Podía imaginársela pálida y mirando a su esposo con terror. Este, por miedo, no dudaría en obedecer.
Bajó del tejado justo cuando la puerta se abría. Tamaki, Karin y Karui entraban casi a la par en la terraza, hablando casi a gritos de algo.
Cuando le reconocieron sus voces se acallaron. Se acercó hasta Karin, quien palideció.
—Tu madre te manda saludos —dijo simplemente y la rebasó.
No iba a hacer algo estúpido. Ella lo detuvo con una mano helada en el codo que retiró cuando la miró de regresó.
—Eso significa que…
Él bajó su mirada por su cuerpo.
—¿Por qué llevas manga larga pese al calor que hace, Karin? —cuestionó a su vez—. Eso es más que suficiente. ¿No crees?
Ella tragó y asintió.
—Gracias.
Menma se encogió de hombros y terminó por alejarse. No había terminado de bajar las escaleras cuando se encontró con otra figura apoyada contra la pared.
—Vaya. El perro no está junto a su ama. Es extraño.
Neji Hyûga era experto en ignorar sus intentos de enfadarlo. A veces le daba cierta sensación de peligro emanar de él. Aunque ya había descubierto que años atrás su hermano pudo ganarle de sobras.
—Vengo a darte una noticia. Por si todavía no te ha llegado la información.
—¿Qué podría interesarme de ti? —cuestionó sarcástico.
—Kabuto.
Se detuvo antes de bajar mucho más, quedándose a la misma altura que Neji. Este continuó mirándole sin inmutarse.
—¿Qué diablos quieres más con eso?
—No se trata de qué quiero. Sino de lo que he conseguido y que debería de ponerte en guardia acerca de qué va a pasar después. Por supuesto, no he dado detalles de tu cercanía a él, pero puede que Kabuto sí te venda.
—¿Por qué?
—Ha sido detenido.
Se quedó mudo.
—La policía le atrapó esta tarde. Ya está entre rejas.
—¿Detenido? No tardará en escaparse o salir con algún pretexto. Ni siquiera los jueces están exentos a la extorsión —dijo desinteresado.
—Esta vez no —aseguró Neji—. Tiene tantas pruebas en su contra que será incapaz de hacer algo así. Va a caer y su jefe también.
Menma lo sopesó y volvió a encogerse de hombros.
—Sinceramente, me da igual. Eran alguien a quien sólo utilicé para descubrir si realmente mi padre estaba muerto y para entrar en la clase. Nada más. No tengo relación con sus trapicheos internos.
—Entiendo —aceptó Neji apartándose de la pared—, entonces, supongo que debes de sentirte muy tranquilo con eso. Sólo quería contártelo.
Caminó hacia la puerta de salida, deteniéndose antes de hacerlo para mirarle.
—Gracias por sus datos.
Luego, se marchó.
Menma empezaba a sentir cierto cosquilleo incómodo. Estaba acostumbrado a los malos actos, a recibir súplicas o obediencia. Pero no agradecimientos. O que alguien le hiciera favores sin más. Porque Neji bien podría haberse callado ese dato de Kabuto y tan pancho. Sin embargo, se molestaba en contárselo sin pedirle nada a cambio como la primera vez. Claro que, antes, Tenten estaba en peligro.
Ese perro, definitivamente, era un ser extraño.
Su móvil volvió a vibrar. Descolgó sin mirar si quiera quien era hasta que le llegó una voz familiar.
—Mi asociación secreta ha caído —dijo la voz—. Voy a desaparecer un tiempo por mi bien. Pero no temas, Menma Uzumaki, nos veremos pronto.
Colgó antes de que él pudiera decir algo. Maldiciendo entre dientes, miró hacia la cámara.
—¿Queréis charlar un poco?
Asuma no tardó en aparecer cuando salió al pasillo de las habitaciones que ocupaban. Una mirada de desconfianza llegaba desde sus pequeños ojos y mordía el filtro de un cigarrillo apagado como si fuera el dedo de su enemigo.
—Espero que sea para una buena obra.
—Lo es. Ni que fuera extraño que salga de mí.
—Digamos que no tienes fama de hermanita de caridad.
—Bueno. ¿Quieres que os cuente o me vas a tener todo el tiempo esperando?
—No me retes, mocoso. No me retes.
Luego, lo invitó a entrar. Kakashi estaba sentado en el sofá y le miró con suma atención. Se percató de que Rin no estaba por ningún lado.
—¿Y la loquera? ¿No quiere estar presente para saber si miento?
Kakashi se acarició el mentón con una mano.
—Sinceramente, creo en que eres suficientemente inteligente como para barajear el por qué haces esto y que si desearas mentirnos podrías hacerlo en cualquier momento. Sin embargo, por más capullo que quieras aparentar, en realidad, sigues teniendo sangre de tu padre.
Menma guardó un momento de silencio hasta que miró a Asuma a su lado.
—Ha dicho capullo. ¿Puede decir capullo delante de un alumno?
Asuma se echó a reír.
Y eso era bueno. Aunque malo para él, porque ese condenado profesor le caía bien.
.
.
Rin guardó silencio hasta que ambos estuvieron completamente a solas. Había recibido un mensaje de Kakashi indicándole que no visitara el dormitorio de ambos profesores hasta nuevo aviso con la clave Menma en el mensaje. Así que imaginaba que algo había vuelto a pasar con él.
Sin embargo, toda su atención estaba centrada en Gaara. Que él fuera quien la llamara implicaba un gran adelanto.
—Dime en qué puedo ayudarte —se ofreció.
Él asintió. Que la llamara también implicaba momentos silenciosos de pausas que a otras personas podrían parecerles incómodo. A ella le gustaban, porque le daba tiempo de reflexionar y de que su paciente encontrara estabilidad. Ella nunca presionaba una respuesta.
—Quiero salir de esto —dijo al fin—. Quiero sanar.
—Tú no estás enfermo, Gaara —rectificó—, estás herido y en base a esas heridas actuaste como considerabas mejor. Ahora, hemos de enderezar de nuevo ese sendero para que puedas lograr asentarte con toda la fuerza posible que posees. Y sé a simple vista que eres más fuerte de lo que parece. Estaré encantada de ayudarte con esto.
Gaara la miró con ciertas dudas, luego, asintió.
—¿Qué te parece si coordinamos citas para vernos? —propuso—. Tú serás quien decidas y si a ambos nos van bien, las haremos. Aunque, tengo que preguntarte algo.
—¿Qué?
—¿Piensas volver a clase o esconderte como a tu yo antiguo le gustaría que hicieras? Porque Gaara, tú tienes dos versiones de ti mismo. Debes de apostar por el que más te guste.
—Ahora mismo…
—Te aconsejo que no te atasques en el ahora mismo —intervino—, debes de enfocarte en el futuro. Mañana o esta misma tarde, podrías estar dando tus primeros pasos. O leyendo un libro a futuro de clases. Escogiendo una actividad extraescolar que te ayudará a subir nota. Dar clases secundarias. Mantener ocupada tu mente ayudará mucho.
Pareció inquieto.
—Sé que suena a que son muchas cosas, pero no estoy invitándote a hacerlas todas de golpe. No. Es poco a poco. Un paso cada vez y sin prisas. Hoy, por ejemplo, has dado el primer paso llamándome. ¿Y has visto que pequeño acto ha sido? Una voz diciendo mi nombre, quedarnos a solas y listo.
—Suena fácil.
—Pero parece difícil. ¿Verdad?
Él asintió.
—Es que la vida es difícil. No lo parece que nos montamos en esta montaña rusa desde que nacemos. Al principio nos sostienen porque somos pequeños, pero un día, sin que estemos preparados, caemos rodando por el mundo y descubriendo esas esquinas que no nos hacían daño de pequeño y ahora sí. Es parte de crecer. Y tú estas creciendo de nuevo. Sólo que esta vez no estarás solo. Y no hablo por mí. Ambos sabemos por quién lo digo.
O no. Porque él parecía debatirse. El primer pensamiento parecía agradable, el segundo… inquietud, vergüenza… Una chica.
Rin sonrió amablemente.
—Quiero preguntarte algo —dijo repentinamente serio—. Esto que me pasó…
—¿No quieres llamarlo por su nombre?
Existían personas que tardaban años en hacerlo. Lo comprendía.
—Me violaron —dijo tras reflexionarlo—. Pese a ser un hombre…
—Para ahí —dijo rápidamente—. Disculpa que te interrumpa, pero es tan válido como si eres mujer. Los hombres tienen la misma situación y a ti te ocurrió. Es legal y válido que tengas tu daño moral y sentimental dañado con esto. No por ser hombre eres menos en esto. Que se hable menos de ello no lo hace invisible o inexistente. Te violaron y con ello te hicieron daño. No hay ningún misterio tras esto y no es algo por lo que debas sentirte avergonzado porque no fue tu culpa.
Gaara guardó silencio, acariciando las sábanas con los dedos. Rin recordaba haber visto las cámaras de seguridad para revisar su estado porque Tsunade se lo pidiera. Recordaba la forma tan burda en que su progenitor lo trató por ello. Esa clase de acusación siempre la veía de un varón a otro. Inclusive los que felicitaban por el hecho como si fuera la gran cosa, ignorando el dolor que quedaba ahí, mitigado por una falsa idea de que estaba bien o que era repulsivo negarlo como tal.
—Me violaron —se corrigió entonces Gaara—. Y soy consciente de ello y lo que me ha creado. Antes ya no soportaba que la gente me tocara y ahora, creo que es por los efectos de la abstinencia, pero me preocupa que siga sucediendo. No quiero… —tragó—, que pase con alguien.
—Entiendo —dijo sonriéndole afable—. Trataremos eso también. Paso a paso. La paciencia va a ser una base muy importante de todo esto, Gaara. Tendrás que tenerlo en cuenta. Son muchos años y muchas cosas que sanar.
—Lo sé —aceptó él mirándola con ansiedad—. Pero ¿Podrá hacerlo?
—La pregunta está mal —corrigió—. Debe de ser: ¿podremos hacerlo?
Se puso en pie y se acercó a él.
—Lo haremos, Gaara. Lo haremos.
.
.
Salía justo para ir junto a los demás por la cena cuando ella lo aferró del brazo y tiró de él hacia el interior de la habitación, cerrando tras ellos. La miró en busca de respuestas pero Sakura simplemente puso un dedo sobre sus labios y le demandó guardar silencio.
—¿Eres consciente de que tienen cámaras y tarde o temprano sabrán que no estamos? —cuestionó—. Además, tengo hambre.
—No es por los profesores —descartó ella—. Sé que Ino está fuera de la habitación con Sai y que bajarán a cenar. Si ella ve que te he hecho entrar empezará un rumor o querrá saber qué hacemos.
Él miró su mano todavía aferrándole y luego, su rostro, con el ceño fruncido en concentración para escuchar las voces exteriores. Se inclinó mucho hacia ella, tanto que, cuando se volvió al notar su cercanía sus narices casi se tocaron.
—¿Y qué hacemos? Porque no lo sé ni yo —dijo—. ¿Sabes que podrías haber enviado un mensaje en vez de secuestrarme?
—Ah, cierto —admitió claramente desconcertada porque no se le hubiera ocurrido.
Él frunció el ceño.
—¿Es que tu charla con Menma te ha hecho perder neuronas?
—No seas brusco —protestó soltándole finalmente y caminando hacia la cama para hacerle una seña de que la siguiera—. Es simplemente que necesito a mi amigo. Y Naruto está con Hinata, quien, por cierto, ya despertó del desmayo.
—¿Es que esa chica se la pasa desmayándose o qué? —cuestionó sarcástico.
Ella hizo un gesto de molestia como regaño.
—Es igual. ¿Soy plato de segunda mesa?
—No —negó azorada—. En realidad, el primero en el que pensé fuiste tú, pero sé que no vas a querer escuchar lo que me pasa. Sin embargo, acordamos ser amigos y me gustaría poder contar contigo incluso en estos momentos. Aunque eres libre de irte si quieres. No he cerrado con pestillo.
La broma fue justa y necesaria. Él se sentó y tras dejar las manos colgando entre sus piernas, la miró.
—Soy todo oídos.
Ella se lamió los labios y Sasuke recordó cómo le gustaba que hiciera eso. Si fuera una invitación él ya estaría sobre ella buscando su lengua con una avidez que no sería ni sana. Dios. ¿Cómo iba a poder mantener el control?
—Sasori me ha engañado.
Vale. Aquello mandó a volar todos los pensamientos que tenía sobre ella y él besándose hasta que se les desgastaran los labios.
—¿Cómo sabes eso?
Ella suspiró, sentándose a su lado tan cerca que sus hombros se tocaron.
—Llamó a Temari antes y salía una mujer con él. En la conversación, bueno… decía cosas acerca de su…
Bajó la mirada significativamente.
—¿Le has dejado?
No quería sonar urgente, pero la verdad, eso daba pie a ello sin dudas.
—Planeo hacerlo cuando regresemos. Indiferentemente de todo, quiero hacer las cosas bien. Sé que es estúpido que lo haga, pero… me gustaría recibir lo mismo que entregó.
—Pero él claramente no va a darte el respeto que te mereces.
—No, pero sí dárselo yo me hace sentir mejor persona. Por muy estúpido que suene.
Él guardó silencio mientras lo pensaba. La cantidad de veces que él la había hecho sentirse como una mierda. O que lo hizo con cualquier otra chica. Si el tema iba de recibir lo mismo, entendía por qué el karma le castigaba de esa forma obligándole a ser él ahora quien pasara dolor por ella.
—¿Qué harás…?
—Por favor, no me preguntes qué haré después de cortar con él —suplicó—. Necesito al amigo ahora. De verdad.
—Iba a preguntar, más bien, qué harás si te dice que no quiere dejarlo.
Ella se sonrojó y le miró culpablemente.
—Ay, dios, perdón —se disculpó cubriéndose la boca con una mano—. Pensé que…
Se encogió hombros y lo descartó con una mano mas no con la mente. Porque también era un pensamiento que le rondaba la cabeza.
—¿Y bien?
—Bueno —continuó recomponiéndose—, yo supongo que no va a suceder algo como eso. Sé que Temari también piensa que pudiera suceder, pero no lo creo. Sasori no es de lo que harían eso, más bien.
—Qué fe.
—La tengo.
—También la tenías en que no te engañara.
—Más bien en que me engañara con otra que no fuera Temari —soltó cubriéndose la boca automáticamente después—. ¡Olvida que he dicho eso!
Por supuesto, él no iba a olvidarlo.
—Sakura.
—No preguntes.
—Sakura.
—Por favor…
—Sakura —repitió nuevamente—. ¿Has estado saliendo con él pese a saber que le gustaba Temari?
—¡Oh, Sasuke! —protestó angustiada—. Te he dicho que no me preguntes.
—Imposible no hacerlo. Porque empiezo a tener ideas. Ideas que me llevan a otra pregunta.
—¡No la hagas! —exclamó cubriéndole la boca. Notó que estaba sonrojada y nerviosa—. Por favor, Sasuke, no digas nada más. No puedo responder a otras preguntas.
Le tocó las manos para que le dejara hablar, pero ella continuó con ellas donde estaban, así que hizo algo que sabía que la haría saltar: lamer. Al instante, ella retrocedió, sorprendida.
—¡Pero qué…!
—No me dejabas hablar —se justificó.
—Es que no quería que hablaras. Esa era la idea.
Suspiró, aceptándolo.
—Vale, no lo diré. No obstante, si quieres poner en orden tus prioridades, quitarte de encima a un infiel, ayudaría. Sólo diré eso.
Porque sabía que si ahondaba y seguía insistiendo ella entraría en modo defensa y volverían a pelearse.
—Gracias —dijo, comprendiendo, al menos, su esfuerzo.
—¿Te supone algún tipo de dolor que te haya engañado?
Ella parpadeó, sopesándolo.
—No. Sólo en mi forma de ver el mundo, nada más. Como dije, lo esperaba aunque fuera con otra persona —explicó—. Igualmente, iba a dejarle, así que…
Él asintió y miró hacia la pared, pensativo.
—Sasuke —nombró repentinamente.
—¿Hn?
—Tú…
—¿Yo?
—¿Serías capaz de hacer algo como eso? Nunca te vi más de un día con una chica.
Él lo sopesó. Más por como responder que en sí la respuesta. Porque era un no rotundo. No era de los que se dejaban los cuernos con una chica por tantos años para nada.
—Porque ninguna era tú.
De nuevo, reinó el silencio. Él continuaba observando la pared, preguntándose si de nuevo habría hablado de más y estaba preparándose una tormenta. Así que decidió mirarla cauteloso.
Sin embargo, no esperaba encontrarse a Sakura congelada, mirándole con la boca abierta y los ojos brillantes. Unos ojos que después se llenaron de lágrimas silenciosas que ella intentó apartar, levantándose para ir al cuarto de baño y usar el papel para limpiarse.
Él le dio su espacio, incómodo.
Antes era más sencillo. La chica quería costarse con él. Si le pedía algo más él no podía dárselo y punto. Le abofetearía o cualquier cosa, nada más.
Pero Sakura era impredecible en esos momentos.
Se pasó tanto tiempo queriendo hacerle daño y alejarla que ahora no sabía qué esperar.
Decidió seguirla y se quedó en el arco de la puerta, apoyando un brazo contra este e inclinando la cabeza al verla frente al lavabo.
—¿Estás bien?
—Yo sí —dijo con voz gangosa—. Mi yo del pasado no.
Bueno, algunas cosas dolían y ella bien tenía el poder de hacerle sentir como un perro.
—Sakura, yo…
—No, tranquilo. Ambas necesitamos hacer las paces con esto —indicó—. Yo sólo… ¿Sería mucho pedir que me abrazaras?
Él dio un paso.
—Antes dijiste que…
—Sé lo que dije. Sé cada maldita cosa que he dicho para hacerte daño —reconoció—. Y sé cuánto me ha dolido más que a ti. ¿Puedes abrazarme o no?
Él lo hizo sin más. Se moría de ganas por ello, de hecho. Sentir su cuerpo contra el suyo encajar. Reconfortarla como nunca fue capaz de hacer cada vez que la vio llorar. Susurrarle que todo iba a estar bien y que el dolor pasaría.
Sintió sus brazos rodearle a su vez, sus dedos cerrarse en su camiseta y su mejilla húmeda pegarse contra su pecho. Se estremeció varias veces, sollozando.
—¿Por qué tenías que hacerme tanto daño? —cuestionó a media voz—. Jo, por qué.
—Lo siento —dijo al poco rato—. Lo siento, Sakura.
—¿Por qué? ¿Qué es lo que sientes? —cuestionó sorbiendo.
—Todo.
Ella hipó y sacudió la cabeza.
—Diablos, llegas muy tarde siempre.
—Pero llego.
—¡No seas tonto! —protestó echándose a reír entre lágrimas. Sorbió y usó su camiseta para secarse—. Toma, como castigo.
Chistó enfadado, pero accedió. ¿Qué importaba eso? Eran minucias en comparación con verla sonreír y bromear. De relajarse al estar con él.
De perdonarle.
Se miraron por un momento extraño. Ella llevó las manos hasta sus mejillas y se las acarició. Luego, se puso lentamente en puntillas y acercó su rostro al suyo.
Sasuke sintió como todo su cuerpo se enfocaba en eso. En ella, acortando las distancias. Su corazón nunca había latido tan deprisa como en ese momento. Hasta lo sentía en las orejas.
Sin embargo, su boca nunca llegó a donde él la deseaba. Se posó en su mejilla, suave, cerca de la comisura de sus labios. Se mantuvo ahí unos segundos que le pareció eternos. Podía girar la cara y afianzar mejor ese beso, perderse en sus deseos, pero se mantuvo ahí, firme, cuanto pudo.
—Será mejor que bajemos a comer —dijo—. O vendrá Shikamaru.
—O peor: Ino.
—No seas malo con ella —aseveró saliendo antes que él.
Pero fue a Nara a quien se encontraron a mitad de camino, con cara de molestia.
—Chicos, no me hagáis esto —protestó—. Anda, bajad.
Ambos compartieron una mueca cómplice y subieron al ascensor con él para ir al restaurante. No estaba seguro, pero sentía que el aire a su alrededor era más relajado. Finalmente, como si toda aquella bomba hubiera, finalmente, terminado.
.
.
Karui dejó caer el tenedor contra el plato sin poder concentrarse si quiera en comer. Su mirada no cesaba de desviarse hacia Choûji, sentado en la mesa junto a Ino, Shikamaru, Sai y Temari. Parecía que el grupo estuviera más unido que nunca, pero ella no podía sacarse de la mente a los dos primeros en el hall, besándose.
Había sospechado que podía haber algo más que amistad, pero no hasta ese punto y por alguna estúpida razón no conseguía sacárselo de la cabeza.
Y no quería, de verdad que no, hacer caso a Tamaki y Karin caundo aseguraban que su molestia era porque le gustaba el chico.
Sólo se sentía idiota por haber pensando en él como… algo más. No era gusto, era amistad. Sí. Aunque le molestaran cosas sin sentido.
—¿Por qué simplemente no preguntamos? —dijo Tamaki harta de sus refunfuños. Antes de que Karui pudiera retenerla, esta se giró hacia la mesa—. ¡Oí, Ino! ¿Estás saliendo con Choûji?
—No —negó él antes que lo hiciera Yamanaka. Extrañamente, volteó la mirada hacia ella, con el ceño muy fruncido—. No, no estamos saliendo.
Ino sonrió y le dio una palmadita suave de cariño antes de volverse hacia Tamaki.
—Es todo un partido, pero no. A mí me gusta otra persona.
Karui debía de reconocer que encontraba que era una mujer mucho más valiente de lo que esperaba. Con todo lo que había pasado con los chicos de tercero, lo que estuvieron a punto de hacerle, y era capaz de seguir adelante.
Tomó aire y se levantó, necesitando aire.
Tras avisar a Rin, que era la única profesora que había, salió hasta la entrada y tomó un sorbo de brisa marina nada más que el aire salado le golpeó.
—Karui.
Se detuvo al escuchar el llamado, volviéndose para encontrar a Choûji caminar hacia ella. Llevaba en sus manos dos trozos de mazorca. Le ofreció uno y ella lo tomó algo dubitativa. Hasta sentarse junto a él en el banco cercano y comenzar a comer en silencio.
Cuando él habló, casi la asustó.
—¿Por qué piensas que estamos saliendo Ino y yo?
Ella le miró sorprendida.
—Es Tamaki quien…
—Karui.
Bufó.
—Por el beso —respondió encogiéndose de hombros y dando un bocado a la mazorca—. ¿Cómo sabías que me gustan las mazorcas? Además, ya no quedaban cuando fui a coger.
—Sé que siempre las pides en el colegio y aquí estos días. Y que frunces el ceño cuando no quedan. Cogí dos porque sabía que no llegarías a tiempo. Pero no sabía si la querrías comer de mí —respondió él, quien ya había terminado con la suya—. En cuanto a lo otro, fue un empujón de Kiba, nada más.
Se levantó para tirar su trozo en la papelera y esperó a que ella diera el último bocado para tirarlo también.
—Actuabais muy… calmados.
—Oh, no. Ino estaba muy enfadada —aseguró él firme—. Sólo que quizás no se notara del todo.
—Creo que el hecho de querer estrangular a Kiba ayuda a que sí. Pero me refería entre vosotros —indicó.
—Ah. Es porque nos queremos mucho como hermanos, así que… no lo consideramos un beso en sí —sopesó rascándose la barbilla y el cuello—. Aunque para mí era importarte por un sueño estúpido.
—¿Por qué sería estúpido?
Él sonrió adorablemente.
Espera. ¿Adorablemente? ¿Ella estaba pensando de ese modo? Mierda, sí, lo hacía.
—Porque es más un pensamiento femenino que masculino.
—¿Reservabas tu primer beso? —cuestionó sin pensar.
Él se sonrojó y lo admitió con un gesto de su cabeza.
—Es idiota. ¿Verdad?
—No. No —recalcó—. Es… increíble. Es decir, siempre somos las chicas y le damos más importancia a ese tema, es cierto. Pero valoro que un chico lo haga. Lo hace diferente. Me gusta.
Choûji levantó la cabeza para sonreírle abiertamente. Se puso en pie repentinamente y le ofreció una de sus manos rechonchas.
—¿Quieres caminar por la playa?
—La odio —confesó—, pero caminar contigo suena bien.
Aceptó su mano y se puso en pie. Él no podía dejar de sonreír por algún estúpido motivo y ella pensó que esa era una bonita sonrisa.
Aunque no iba a admitir que Akimichi le gustaba.
Eso era de locos.
O no.
.
.
Karin sonrió cuando vio que Karui entraba al baño directamente después de que Choûji la dejara en la puerta de su habitación. Se quitó su chaqueta para colocarse el pijama, asegurándose que Tamaki continuara enfrascada en su conversación de teléfono con sus padres. Parecían buena gente, hasta el punto de admitirla a ella en su casa por unos días. Porque no pensaba regresar a casa.
Menos tras que Menma le dijera aquellas palabras. Era raro que su primo actuara de esa forma. Fue casi amigable y amable de alguna forma. Sin embargo, cuando su madre la había vuelto llamar mientras subían al dormitorio, descubrió que su padre la había castigado y que esperaba que ella hubiera sufrido un buen castigo por parte de Menma. Karin lo admitió para no hacer ver mal a Menma, pero entonces comprendía más lo agradecida que estaba porque él hubiera decidido dejar pasar ese acto.
Se dejó caer en la cama y sacó el móvil de nuevo para ver un mensaje de Suigetsu preguntándole qué tal iba. Lo cerró. Lo volvió a abrir para responder.
—Un profesor no debería de estar enviando mensajes a su alumna, idiota —leyó en voz alta antes de enviar—. Pero estoy bien… mejor de lo que pensaba.
Él no tardó en contestar y la charla se comenzó a convertir en una aburrida acerca de agua, del estado de la piscina y por alguna razón, del nuevo bañador.
—Pervertido —acusó.
Sin embargo, Suigetsu la llamó.
Tamaki entraba justo y ella ocupó su lugar.
—¿Por qué diablos me llamas?
—Porque sé que no vas a responderme y que me vas a dar evasivas. ¿Por qué no llevas el bañador reglamentario? ¿Estás llevando allí bañador?
—Suenas como un pervertido. ¿Lo sabías? —preguntó a su vez.
—No. Sueno como un profesor que no quiere ponerle un negativo a una de sus mejores alumnas nadando porque no quiera llevar el adecuado material.
—Puedo bañar bien con lo que llevo. No es como si fuera a ir a un campeonato.
—No veo por qué no.
—Porque ya paso de la edad reglamentaria. ¿Quizás? —cuestionó irritada.
Ya lo había intentado antes. Fue imposible. Ahora, menos todavía. Además, no quería tener esa conversación ni despertar el motivo de por qué se ponía lo que ponía para nadar.
—Suigetsu, no te metas. Pon tus ojos en otra alumna para esas cosas.
—Eres la mejor —repitió—. Tengo tus notas pasadas y no puedo creerme que fueras expulsada por no querer ponerte un dichoso bañador. Tus tiempos son muy buenos y podrías haber llegado a ser campeona.
—¡Ya! —exclamó irritada—. Te lo repetiré: no te metas en esto. ¡Y busca a otra a quien torturar!
Colgó, furiosa y jadeante. Apretó el teléfono entre sus manos y agachó la cabeza contra él. No quería. No debía.
No podía destapar esa tapadera.
.
.
Kakashi cerró la puerta nada más que ella se adentrara para dejar caer la tolla sobre la cama. En otro momento podría haber pensando que era algo erótico, si no fuera porque no era el momento adecuado. Rin estaba completamente emocionada desde que Gaara la llamara.
—Te juro que ese chico promete, Kakashi.
—Y seguro que tú haces que lo haga más —admitió—, pero también tengo noticias importantes.
—¿Sobre Menma? Leí el mensaje y entendí que era por él.
—Sí. Ese chaval es como si hubiera abierto la caja de pandora para nosotros —explicó sentándose en reposabrazos del sofá mientras la observaba cepillarse el cabello—. ¿Has cenado abajo?
—Sí —dijo mirándole—. ¿Planeabas invitarme a cenar?
—Lo pensé. Luego recordé que eres demasiado glotona para esperar.
—¡Serás tonto! —protestó avergonzada con aman de pegarle con el cepillo—. ¿Qué ha pasado con Menma? ¿A qué te refieres con la tapadera de la caja de pandora?
—Ha desvelado dónde se encuentra la guarida secreta del hombre tras todo esto de los niños. Localizaciones de estos mismos niños, gente que trabajaba para ellos, todos los condenados enchufes y chantajes. No sé cómo diablos consiguió sacar todo eso, pero todos están dando en la clave. Nara debe de estar saltando en una pata. Eso o deseando matarle porque no irá a su casa a dormir.
—¿Es una broma?
—No —prometió—. Yo tampoco me lo creí cuando comenzó a hablar. Tampoco sé por qué lo ha hecho. Aunque cuando le hemos preguntado ha dicho algo como: le debía este favor por enviar a mi padre de viaje sin mi permiso.
—Entonces, eso confirma que no fue él y fue otro sujeto.
—Sí. Y claramente, es el líder de todo esto.
—¿Ha dicho quién es?
—Ha dado un nombre, sí, pero creemos que es falso. No por parte de Menma, si no que fue algo que el sujeto le mintió.
—Mierda, eso significa que seguirá suelto si no lo encuentran en ninguno de esos lugares o uno de sus lacayos confiesa.
—Ninguno lo hará, desgraciadamente, porque seguramente le tienen demasiado miedo —calculó.
—Una mierda entonces. Estos chicos seguirán en peligro.
—Desgraciadamente sí. Sin embargo, esto implica que las cosas que se van cerrando y que volveremos a casa mucho antes de lo que calculamos.
—Vaya. Creo que estos chicos se merecen una fiesta. Aunque me gustaría que Gaara pudiera disfrutar de un día de playa antes. Le sentaría bien.
—¿Lo has hablado con Shizune?
—Sí. Ella piensa que también podría ser factible, aunque no sabe si tolerará el calor o qué pasaría de darle un ataque frente a todos.
—Claro… aunque creo que hoy ha ido bien con eso. ¿No?
—Más que bien: maravillosamente bien.
Rin caminó casi en saltitos hasta llegar a su altura.
—Sinceramente, Kakashi. Estos chicos están tan unidos que dudo mucho que se burlaran de él por su condición.
—Eso jamás lo harán. Será un buen proyecto de investigación.
—Kakashi —aseveró enfadada—. Para mí estos chicos no son ningún tipo de proyecto. No son ratas de laboratorio. Es más, me gusta su forma de quererse. Y empiezo a sospechar que esto está afectando positivamente a Menma.
—Mejor que no te escuche decirlo —aconsejó. Luego la tomó de la cintura y sonrió—. ¿Y si en su lugar me tomas a mí como conejillo?
Ella entrecerró los ojos, divertida.
—¿Estás seguro de eso?
—¿Por qué no? —aceptó encogiéndose de hombros a la par que ella colocaba sus manos en sus hombros—. Siempre puede ser tentador. Además, no tengo muchos chismes últimamente de Asuma.
—¿No lograste sacarle información a Shikamaru?
—Ese crío es más duro de lo que parece —reconoció con un suspiro—. Pero me enteraré tarde o temprano.
Ella retiró su cabello suavemente hacia un lado antes de inclinarse. Kakashi estiró el cuello para poder llegar a sus labios a su vez. Nunca estaba seguro de cuánto tiempo podría contar los segundos porque no le importaba.
—Es hora de revisar si todos están dormidos —protestó ella separándose—. O al menos, en sus cuartos. Te toca.
—Vaya. ¿Has captado por qué vine?
—¿Te crees que te conocí ayer? —Le dio repetidas palmadas—. Vete a hacer tu ronda, anda.
Volvió a besarla antes de salir y bostezó, perezoso. Prefería volver dentro y revisar otras cosas. Más ahora que las cosas parecían ir bien.
.
.
—Sí, hemos recibido toda la información y es correcta, Asuma.
Shikaku observó a sus hombres sacar a uno de los últimos lacayos que había presentado resistencia en nombre de su señor. Kimimaro se llamaba. Pese a eso, ninguno soltaba el nombre de este sujeto. Aunque ya lo conocían.
Sólo era cuestión de tiempo que también cayera. O eso esperaba.
—No sé quién sea tu informante, pero has logrado que destapemos todo. ¿Cómo es posible?
—Prefiero dejar el anonimato abierto por ahora. El día que haga falta, ya hablaremos de esto. Igual. ¿Tenéis pruebas suficientes?
—Más que suficientes. También hemos descubierto los orfanatos y a los niños. Es un caos todo esto…
—Ya, esa fue una parte por la que decidí dejar la policía. Pero tú lo llevas en la sangre desde siempre.
—Éramos criadores de ciervos.
—Ah, sí —reconoció Asuma riéndose—. Entre caza y caza de humanos conflictivos. Como sea. Esto significa que los muchachos podrán regresar pronto.
Shikaku guardó un momento silencio. Sabía que no iba a gustarle su respuesta.
—Sí, porque van a formar parte del siguiente evento.
—Maldita sea, Shikaku. ¿Vas a permitir que tu hijo vuelva a estar metido en un evento peligroso?
Rebuscó la caja de tabaco en su bolsillo, encendiendo uno antes de responder y soltar el humor.
—Mi propio hijo lo ha supervisado.
—¡Maldita sea!
—Asuma. No te entrometas. Si lo haces ya sabes qué pasará. Es nuestra última oportunidad.
El ex policía guardó silencio. Shikaku sabía de sobras que Asuma no era idiota, pero sí un profesor preocupado por la seguridad de sus alumnos. Joder, mentiría si no estuviera él también preocupado. Estaba seguro de que iba a costarle un buen regaño con su mujer. La suerte es que la cama de su hijo estuviera libre ahora.
—Está bien. Seguiré dándolo todo por ellos igualmente.
—Gracias por eso.
.
.
Tsunade se detuvo tan cerca de él que sus senos rozaban su pecho, cosa que a Jiraiya, claramente, no parecía importarle. Más bien parecía satisfecho con su enfado. Como si hubiera olvidado que era capaz de destruirle fácilmente atacando a sus puntos más débiles.
—No pienso aceptar esa orden. Esa clase entrará en completo caos de hacerlo.
—Pues entretenlos mientras. Él vendrá y tú aceptarás. Los chicos son fuertes. Lo han demostrado. Han descubierto más cosas fuera de este lugar que nosotros.
—No los estoy subestimando inteligentemente, Jiraiya. Lo que estoy cuestionando en cómo afectara a su salud mental aceptar tal petición.
—Lo superarán. Así que ya puedes ir diciendo que regresen. Si quieres, organiza un evento escolar en que tengan que distraerse antes del caos. Que disfruten un poco.
—Sois crueles haciendo esto.
—No. Somos prácticos. «Si no duele no sirve» (3).
—Casi parece el lema de esa clase —protestó.
—Podría serlo —reconoció Jiraiya bajando la mirada hasta sus cuerpos unidos—. ¿Esto es una invitación?
—En tus sueños.
Le dio un tortazo, alejándose y caminando hasta su escritorio.
—Haré un gran esfuerzo por no patearle cuando le vea. Pero cumpliré. Luego reclamaré muchas cosas —advirtió—. Más vale que cumplas.
—En tu cama, cuando quieras —bromeó él antes de salir corriendo huyendo de su grapadora.
Se dejó caer sobre la silla y miró al exterior.
—«Si no duele no sirve» … Como anillo al dedo.
Continuará…
(1): este evento está relacionado con las imágenes de WhatsApp que podéis encontrar en Imaginación Fanfiction. Ya sabéis que Roturas tiene un WhatsApp. Para los que no podéis encontrarlo allí =)
(2): Sé que es un poco generalizar porque yo siempre tengo las manos frías xD.
(3): Lema oficial del fic gracias a mis encantos hermosos y preciosas (no están a la venta) de mis chicas del chat. En especial, Milca bb.
