Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


Capítulo 14. Veda electoral: los candidatos y sus equipos.


Cómo todos los días, Seiya se despertó porque los rayos de la media mañana le dieron de lleno en el rostro. El héroe del mundo siempre olvidaba cerrar las cortinas y como resultado, se levantaba a las nueve y tres cuartos de la mañana, demasiado tarde para el resto del Santuario, cuando el Sol se filtraba por su ventana. Como todas las mañanas, se vistió medio dormido; ese día se puso la playera roja al revés y salió de su habitación soltando un enorme bostezo. Gracias a su horario, siempre le tocaba desayunar solo, ya que Aioros se levantaba desde que amanecía, pero en los últimos días se venía encontrando con Gestalt en el comedor, quien lo miraba con una sonrisa y una sospechosa libreta frente a él.

—Buen día, Pegaso —saludó Gestalt, señalando el plato de huevos fritos y embutidos que sabía que Seiya comía, y que él había preparado—. ¿Cómo estuvo tu noche?

—Bien, gracias —respondió Seiya con una sonrisa y los ojos entrecerrados, el joven santo se moría por regresar a su habitación y continuar durmiendo.

—¿Y cuáles son tus planes, Pegaso? Yo planeo explorar el nuevo mundo que se abre ante mis ojos, averiguar qué es lo que la modernidad tiene preparado para mí.

Gestalt miró con ojo crítico a Seiya mientras este comenzaba su desayuno basado en pura proteína animal. El antiguo santo de Sagitario había descubierto que los mejores momentos para sacarle información al chico eran en las mañanas, cuando Seiya estaba más dormido que despierto, tan distraído que hablaba con facilidad, revelando cualquier secreto que intentara ocultar.

—Iré a entrenar con los chicos —afirmó Seiya mientras bostezaba, aún con la boca llena—. E intentaré evitar hablar de política porque no puedo hacerlo.

Refunfuñó, recordando las órdenes de Shun y Hyoga. A grandes rasgos sus amigos le habían contado en qué consistía esa nueva etapa de las elecciones, incluyendo más de las complicadas reglas que se habían creado para regular todo. En pocas palabras, Seiya tenía que guardarse su hambre política por apoyar a Aioros y "tomarse un momento para reflexionar" por quién votaría, como si no fuera demasiado obvio para él y todos. Lo malo era que además de eso, tenía que guardarse sus ideas para dejar que los demás "reflexionaran" sobre quién era su candidato.

—Es una lástima que no puedas continuar promocionando a Aioros, al menos frente a todos… ¿cierto? —Gestalt miró con mucha atención al adolescente comerse su desayuno con más energía que al inicio, muestra de que ya estaba despertando.

—Ni a escondidas. Shun fue demasiado claro y ahora que es amigo de Hades me da algo de miedo —explicó el joven aún masticando—. Además de que no sería correcto, ya sabes, romper las leyes, Saori quiere que esto sea un éxito y si para eso debo evitar hablar con los demás… Lo haré —Seiya terminó su desayuno y se levantó para dejar los trastes sucios en el fregadero—. Gracias por el desayuno, Gestalt, eres el mejor cocinero de todo el Santuario, tal vez a excepción de Aldebarán porque nadie le gana a sus platillos brasileños.

Seiya no había mentido, estaba dispuesto a perder el sentido del gusto con tal de no romper la veda, y Gestalt tenía buenas habilidades culinarias, y eso que no llevan mucho viviendo con ellos. Enfocándose solo en el primer hecho, Seiya salió de Sagitario con una sola idea en la mente, pedirle a Shun que utilizara sus nuevas habilidades de Virgo para eliminar su sentido más problemático para esa etapa de las elecciones.

El equipo de Sagitario estaba completamente comprometido a cumplir la veda electoral. Aioros le había prometido personalmente al Tribunal que no dirían nada, completamente feliz; al fin tendría algo de paz y alejamiento de la política, al fin podría descansar y simplemente disfrutar de su nueva vida al lado de su hermano, Seiya y todos sus amigos.

Lastimosamente, a Aioros le estaba costando algo de trabajo hacerle ver a Aioria que todo estaba bien, y que los gemelos no estaban haciendo campaña fuera de tiempo. El santo de Leo estaba muy seguro de lo que creía, tanto que después de los entrenamientos, perder el tiempo con Aioros y hacerla de maestro con Kaiser, Aioria se escondía entre los pasillos ocultos del Santuario para averiguar los planes secretos y malvados de los gemelos.

Usualmente, siempre veía a Kanon haciendo uso de estos pasadizos, a veces para salir del Santuario a hacer fechorías, según Aioria, y otras para ir a Cabo Sunion, probablemente a cumplir con sus deberes como Dragón Marino de medio tiempo, y en otras ocasiones lo veía caminar y caminar hasta que lo perdía de vista. Cuando eso ocurría, Aioria miraba a su alrededor una y otra vez, hasta que se daba por vencido y decidía retirarse, sabiendo que en medio de esos pasadizos le tomaría todo un día encontrar el rastro de Kanon.

El gemelo menor, por otra parte, era perfectamente consciente de que lo seguían, por eso, cuando tenía que hacer algunos de sus encargos contra la ley utilizaba una pequeña ilusión para distraer a Aioria o su escudero.

La veda electoral le había caído bastante mal al inicio. Esta había iniciado demasiado pronto para su gusto, por lo que detener su promoción lo hacía sentir que no lo había terminado de la manera correcta, al menos no como el equipo de Shion que había hecho una "pequeña" reunión para cerrar su campaña. Después Kanon descubrió los beneficios que esta le podía traer; sus contrarios no podían promocionarse, y ellos tampoco, por supuesto, ningún miembro de su equipo podía hacerlo.

Mientras tomaba un atajo para llegar directamente a Géminis, Kanon no pudo evitar una carcajada de esas que soltaban los villanos en las películas. La política para ellos estaba silenciada, pero nadie decía que sus adeptos, como Katya o Klaus, o algún miembro de otro santuario, como su madre o los generales, no podían mantenerse en silencio.

El pasadizo lo llevó directo a la entrada principal de Géminis, por la que entró con toda la calma del mundo, silbando una alegre melodía. Antes de hacer cualquier cosa se asomó a la sala principal del templo, donde vio a Caín y Death Toll comiendo palomitas mientras veían la televisión.

—... Me encanta como se viste Fran, a pesar de su falda corta, ¿crees que yo me vea así de maravilloso con esa falda de cuadros? —preguntó Death Toll con mucha ilusión, mirando a su compañero.

—Probablemente —dijo Caín, alzando los hombros—. Aunque el estilo ejecutivo de la señorita Babcock tampoco está mal…

Kanon miró en silencio a su antecesor y al santo de Cáncer hablar de moda como si fuera lo más normal del mundo. Según sabía, Death Toll de inmediato se había convertido en un experto en el tema, y al parecer todos sus compañeros de armas estaban acostumbrados a seguirle la corriente. Sabiendo que la conversación se alargaría mientras continuaran viendo su serie, Kanon se alejó en silencio hacia su habitación, donde su equipo de tramposos lo esperaba para continuar planeando esa fase de las elecciones.

—... Klaus, Katya, intenten ser lo menos obvios posibles, ustedes pueden hablar de política, pero no hagan que su ciego amor a mi hermano sea tan evidente —les dijo, mirando con especial énfasis a Katya, que a veces podía ser demasiado obvia—. Mamá, no es necesario que te contengas.

—¡Maravilloso! ¡Tengo tantos planes con mi pequeño bipolar!

—¡Oye! ¿Por qué ella sí puede hablar de lo maravilloso que es Saga y yo tengo que contenerme? —se quejó Katya viendo como Ker aplaudía y celebraba.

—¿Estás celosa, niña? —se burló Ker con una sonrisa ladeada.

—Mamá, no molestes a Katya —Kanon se dio la vuelta y miró por la ventana. Absteniéndose de decir que Katya estaba loca por su hermano y que incluso si no estuviera prohibido, no la dejaría hablar con tanta libertad, optó por cambiar de táctica—. Recuerden que todos estamos aquí por Saga, para llevarlo a la cima, para obtener el poder… para cumplir su sueño —corrigió después de fingir una leve tos.

—Ya que estás hablando de él, creí que tal vez hoy estaría en su habitación.

Intervino Klaus con un tono preocupado. Klaus siempre se estaba preocupando por Saga, como si el gemelo mayor todavía fuera el Patriarca y él su mano derecha. Al escuchar al hombre, Kanon alzó una ceja, sin tener ni idea que su gemelo no estaba.

Ese fue el inicio del descanso del candidato Saga. Mientras su gemelo y sus partidarios se movían por las sombras, Saga decidió seguir la filosofía de Aioros y dedicarse a estar lejos de los reflectores; por las mañanas solía bajar a Rodorio para comprar él mismo sus víveres para el templo, acompañado a veces por Aldebarán o Mū, cuando esté no iba con Kiki, algunas otras mañanas estaba desde temprano en el Coliseo, entrenando. Saludaba a todos los que se encontraban a su paso con un asentimiento de cabeza y aceptaba ir del brazo de "su madre", consciente de que eso era lo que Kanon, como su director de campaña, quería que hiciera.

Así como Saga y Aioros aprovecharon para descansar de la política, Shion y Dohko decidieron hacer algo muy parecido, con la diferencia de que ambos aprovechaban la posición de Shion como antiguo Patriarca para que pudiera continuar hablando sobre política, criticando el nuevo régimen. Ambos sabían que tal vez no era correcto, pero no podían quedarse sin hacer nada mientras sus opositores continuaban trabajando bajo las sobras; era demasiado obvio para Dohko que Kanon planeaba algo, y Shion no le creyó nada a Seiya cuando el joven se apareció paseando por el Santuario sin el sentido del gusto, para que no dijera nada contraproducente a favor de su maestro.

En opinión de los dos, todos estaban haciendo trampa de una u otra forma. Así que pasaron la veda electoral flexionando las reglas tanto como se podía. Habían iniciado con una reunión "extraoficial" en Tauro dónde los partidarios de Shion se reunieron para tomar alcohol y celebrar las ideas de su candidato; todos sabiendo que como la reunión no fue organizada por algunos de los miembros del equipo de Shion, o el propio Shion, no estaban rompiendo las reglas.

Por supuesto, la noticia de lo que hacían Shion y Dohko no tardó en llegar a oídos de Camus de parte de Mystoria, que se lo había comentado con un tono casual mientras sacaba todas las cosas del refrigerador para meterse en él; si los santos de su época estaban ocupados viendo televisión en su mayoría, Mystoria estaba intrigado por los electrodomésticos.

—¡¿Qué?! —había gritado Camus cuando escuchó la noticia. Alegre (aunque no lo demostrara) porque el espionaje estaba funcionando y molesto porque tuvo razón al enviar a sus espías en primer lugar.

—Shion suele hablar con la gente sobre cómo ve la diligencia del alumno de Izo —le había respondido Mystoria rodando los ojos—. No me gusta repetirme. Lo escuché esta mañana mientras estudiaba la estufa de Tauro, pero Cardinale y Écarlate llevan siguiéndole la pista desde hace varios días —Mientras hablaba, Mystoria ya se había metido en el refrigerados y estaba observándolo por dentro—. ¿Cómo es que es tan frío como nosotros? ¿Acaso puede manejar el cosmos? —murmuró, antes de dirigir su atención a Camus de nuevo— Shijima le preguntó a la dryade que vive con él… Dysnomia, y ella le dijo, en confidencia, que lleva haciéndolo desde que inició la veda. También sugirió que si van a ir a confrontarlo llevan su libro de reglas…

Camus había visto furioso como después de revelarle todo lo que sabía, Mystoria agarraba la puerta del refrigerador y lo cerraba con él aún dentro. En lo que se daba la vuelta y comenzaba su trayecto hacia su estudio, alcanzó a escuchar el grito de sorpresa de Mystoria: "¡Aquí no hay luz!".

El enfrentamiento entre Camus y el equipo de Shion ocurrió a mitad de la veda y casi, casi fue televisado. Sino hubiera sido porque al mismo tiempo Orfeo decidió visitar el Santuario, y de paso entretener a todos con su arpa, Milo hubiera estado en primera fila junto con su cámara.

Cuando Camus llegó a Aries, Mū y Kiki estaban camino a Virgo, para tomar el té en lo que el joven pelirrojo se sentaba a enseñarle a Shijima la magia de la Game Boy; pero tanto alumno como maestro se detuvieron al ver el usual ceño fruncido de Camus aún más fruncido. Sin decir nada, ambos retrocedieron lentamente y después salieron a la velocidad de la luz por la entrada delantera del templo, directo a ver el espectáculo musical de Orfeo. No fuera a ser que terminaran en un ataúd de hielo.

—No estoy haciendo nada contra tu llamada veda —se había defendido Shion tan pronto como la discusión inició.

—Estás haciendo propaganda política y la propaganda está…

—Prohibida, ya lo sabemos, pero no lo estoy haciendo. Dohko, mi querido director de campaña, termina esto por mí.

—Camus, lo que Shion dice es que como antiguo Patriarca; él está dando su punto de vista sobre algunas cuestiones que los santos… cuestionan —respondió Dohko con expresión seria, dándole un par de palmadas en el hombro a su amigo cuando este se fue de la habitación—. No da su punto de vista como candidato o ha mencionado sus pretensiones de volver a tomar el patriarcado, sólo comenta como el antiguo líder. Nada en tu libro de reglas dice que no pueda hacerlo —había asegurado; para que sus planes pudieran llevarse a cabo había puesto a Shunrei a estudiar el manual letra por letra—. Y si no me crees revísalo.

No era necesario revisarlo, Camus conocía cada palabra del manual, él lo había redactado. Era verdad.

—No puedo creer que encontraran un hueco legal en nuestras reglas. Creí que habíamos cubierto todos los puntos… —derrotado, Camus había subido hasta Virgo para contarle a Shaka los eventos más recientes.

—Bueno, no podemos presumir de tener el control completo sobre todas las cosas. Tómate un té, te ayudará a relajarte.

—Tampoco puedo creer que te los estés tomando con tanta tranquilidad… Un momento, lo sabías, ¿verdad, Virgo?

Sin responderle, Shaka sirvió el té y lo azucaró justo como sabía que a Camus le gustaba. No iba a decirle que durante el exilio, que pensó se prolongaría, Dysnomia le había contado todo, absolutamente todo, lo que los candidatos habían hecho a sus espaldas. Si así había reaccionado Camus con lo de Shion, no quería ver que su templo se convirtiera en la segunda Antártida si se enteraba de lo de Deathmask.

Debido a que Deathmask no tenía un equipo, táctica política, tendencia a fotografiarse con la gente, playeras o mínimo algún peluche de dudosa calidad, todo parecía normal en el templo de Cáncer, con la diferencia de que Death Toll había convertido su habitación en una tienda de modas y se la pasaba diseñando vestidos para Helena. No era que se quejara, ella se veía hermosa, pero si no se cuidaba corría el riesgo de que su templo terminara convirtiéndose en la casa de Barbie… y tal vez una funeraria.

Pasar la veda para él fue sencillo, tanto que decidió darle un receso a los hermanos de Helena y dejarlos ser niños normales mientras él decidía revivir algunas viejas prácticas. Estaban cerca del final, con las elecciones a la vuelta de la esquina lo mejor era recordarle a los ciudadanos que todos los candidatos tenían un pasado tan oscuro como él, a excepción de Aioros, que ni siquiera tenía un pasado.

Dejando que los niños fueran niños, Helena disfrutaba de poder pasear con Deathmask sin que eso significase una propaganda política. De hecho, cuando salían a caminar por el Santuario bajo los tenues rayos del atardecer, ambos solían concentrarse sólo en ellos, de repente sólo importaba el tiempo que tenían entre ambos, olvidando sus planes no tan buenos y pretensiones de poder. Para su mala suerte, Deathmask solía recordar sus planes cuando regresaban al templo y veía la ceja alzada y la expresión divertida de Death Toll.

Tres días antes de que las elecciones se llevaran a cabo, Deathmask salió temprano del templo rumbo a Rodorio con su billetera llena de dinero y una lista de cosas por comprar. La primavera griega estaba llegando a su fin, la temperatura poco a poco comenzaba a aumentar, el mejor momento para bajar al pueblo era ese, más tarde el calor se haría infernal, lo apropiado para comenzar a molestar a algunos aprendices con extenuantes entrenamientos.

Estaba ocupado buscando algunos de esos caramelos que le gustaban a los chicos cuando vio que a lo lejos, cerca del puesto de frutas, Saga y Aioros elegían algunas de ellas. Era algo sin precedentes, dos candidatos juntos, hablando como si nada, riendo entre sí y actuando como si no estuvieran disputándose el puesto más importante del Santuario.

Era una oportunidad única.

—Es hermoso…

Deathmask borró la sonrisa malvada que estaba adornando su rostro cuando escuchó la voz de Athena, seguido del click de una cámara. Tuvo que mirar hacia todas direcciones hasta que encontró a su diosa escondida detrás de un pequeño arbusto, usando una gorra para ocultarse de miradas indiscretas.

—Diosa Athena… —saludó, quitando algunas ramas que parecían estar picando el rostro de la joven— ¿qué está haciendo aquí?

—¡Nada! —aseguró la joven de inmediato, intentando ocultar su cámara— No me estoy aprovechando de los momentos compartidos entre dos de mis santos para sacar fotografías que sacadas de contexto alimentan mis fantasías románticas, si es lo que crees —casi gritó, hablando tan rápido que las palabras le salieron atropelladas, adornando su abrupto con un sonrojo avasallador.

Deathmask miró a la joven diosa con una sonrisa ladeada. Era increíble para él que alguien tan tonto como ella se hubiera ganado un lugar especial en su corazón; debido a eso, Deathmask sabía que no podría hacer nada si ella estaba ahí.

—Diosa Athena, ¿sabía que Camus y Milo desayunan juntos? —con una expresión inocente, el santo de Cáncer se agachó para estar a la altura de la joven— Y como Milo es torpe, a veces Camus tiene que ayudarlo, una vez vi que le limpió la boca con una servilleta…

Deathmask ni siquiera terminó de contar lo que había presenciado cuando Saori se enderezó y alejó del arbusto.

—…¡Oh, por mi padre! Había olvidado que tengo que preguntarle algo a Hyoga—gritó la joven, revisando su cámara, no fuera a ser que el rollo se hubiera acabado—. Es asunto de adolescentes —explicó innecesariamente—... Es un asunto que tiene que ver con mi cámara.

—Por supuesto.

Deathmask le dio un par de palmadas en la cabeza a Saori, como si felicitara a una pequeña mascota.

No podía hacer cosas malas si su diosa estaba presente. Pero la joven no tardó en darse la vuelta e irse corriendo, temerosa de perderse el desayuno de dos de sus subordinados.

Entonces sí. Sí que podía hacer cosas malas.

Recogiendo las compras que había dejado en el suelo para poder hablar con Athena, Deathmask se tronó el cuello y comenzó a caminar hacia donde estaba del puesto silbando la alegre tonada de entrada del programa favorito de Death Toll.

Viniendo del otro lado de la calle, acompañado por Kiki, que se encargaba de levitar las compras para hacerlas menos pesadas; Shion revisaba qué era lo último en lista de compras cuando casi chocó de frente con el estante donde estaban algunas frutas exhibidas, justo cuando Deathmask estaba llegando al lado de Saga y Aioros.

—Maestro Shion, ¿se encuentra bien? —preguntó Aioros al ver como el estante se tambaleaba sólo de tener cerca a Shion.

Mientras Aioros se entretenía con Shion, Saga volteó a ver al antiguo Patriarca; después, volteó a ver a Deathmask, que se había parado a su lado mientras fingía inspeccionar la mercancía; después miró a Aioros sonriéndole a Shion con toda la tranquilidad del mundo.

La última vez que los cuatro se habían reunido estuvieron en medio del Coliseo, armando un espectáculo digno de los programas de chismes que su hermano, Io de Escila y Shura amaban ver.

Acusaciones de un lado al otro se habían lanzado en el segundo debate, aún más que en el primero.

Shion le recordó a Saga que él lo había matado, en "plena flor de su juventud", según sus propias palabras. Saga se desentendió de todas las muertes que Deathmask había hecho a lo largo de los trece años de usurpación, y del tétrico diseño de Cáncer, admitiendo que hasta a él le daban escalofríos pasar por ahí. Deathmask había culpado a Aioros de morir; siendo un santo del rango más alto, no podía demostrar tanta debilidad muriendo al primer aire de guerra. Y Aioros…

Aioros había bajado la cabeza, admitiendo lo débil que era. Sí tan solo hubiera tratado de hacer entrar en razón a Saga, esquivado las rosas de Afrodita y la Excalibur de Shura mientras intentaba no caer en el Yomotsu, y cuidar que la bebé Athena no le babeara la armadura, las cosas habrían sido diferentes.

El ambiente alrededor del pequeño puesto se tornó en un pesado silencio. Algunos habitantes del pueblo, soldados y santos fingían que no estaban al pendiente de lo que fuera a suceder entre los cuatro candidatos.

Era algo sin igual, cuatro candidatos en plena veda electoral. Reunidos alrededor de un puesto de frutas, sin los ojos pesados del Tribunal que no los dejaba hablar a gusto.

Aunque sí tenían encima la mirada de sus espías. Usando un traje del estilo clásico de Sherlock Holmes (muy viejo para todos los santos y muy nuevo para ellos), con todo y su gorra, Caín, Kaiser, Gestalt y Écarlate (que usaba su habilidad para hacerse invisible), observaban la interacción entre los candidatos a una distancia segura, escondidos detrás de unos arbustos así como Athena lo había estado haciendo antes. Cada uno había seguido a un candidato, observando y anotando cada cosa que los jóvenes hacían para poder informarselo a sus jefes.

—¿Le avisamos a los santos de Acuario y Virgo? —preguntó Écarlate en un tenue susurro, sólo para que sus amigos lo escucharan.

—Creo que debemos esperar —viendo como Shion hablaba con el resto de los jóvenes, Kaiser entrecerró los ojos—. En el libro de reglas no decía nada sobre los candidatos encontrándose.

—Estoy de acuerdo —concordó Cain—. Veamos que hacen.

Aioros sonrió, sin saber que lo vigilaban, feliz de poder estar con sus compañeros, y rivales, sin cámaras de por medio o presión por enfrentarlos, claro, si ignoraba las miradas de curiosos a sus espaldas.

—Maestro Shion, Kiki, ¿cómo han estado? Esta mañana pasé por Aries y una chica del servicio me dijo que Mū estaba en Jamir —habló educadamente, llamando la atención de los otros dos.

—Sí —asintió Shion, mirando de reojo a Kiki—. Dijo que aprovecharía mi presencia para no dejar Aries solo.

—Trece años dejando el templo sin cuidado y ahora le importa —murmuró Deathmask ácidamente.

Durante el debate no sólo habían surgido ataques entre los candidatos a ellos mismos, sino también hacia sus partidarios. Le habían recordado a Saga que su gemelo había intentado conquistar el mundo mediante el poder de Poseidón, que Katya había intentado matar a Saori sabiendo que era Athena y que su "madre" era enteramente una sirviente de Hades. A Shion, por mencionar otro ejemplo, le habían echado en cara que su estudiante y mejor amigo básicamente habían abandonado el Santuario apenas él estiró la pata, sin que ninguno de los dos mostrara tener intenciones de averiguar todo lo que había ocurrido o montarse una resistencia.

Al escuchar el comentario de Deathmask, Kiki lo miró con los ojos entrecerrados. ¿Cómo se atrevía a hacer insinuaciones completamente reales sobre su maestro?

—Al menos él hace algo por el Santuario al arreglar las armaduras en lugar de quedarse encerrado en su templo sin hacer nada —comentó mordaz, logrando que Deathmask lo mirara con una ceja levantada.

Ese niño había aprendido bien.

—Prefiero no hacer nada en lugar de vivir en la vergüenza de tener un hermano que trabaja para Poseidón —señaló Deathmask, viendo en Kiki la oportunidad de llevar a cabo sus planes.

Al escuchar el ataque, Saga dejó de seleccionar manzanas y miró de reojo al cuarto guardián. Podían decir de él, de su "madre" o de la saintia de la que siempre olvidaba su nombre, todo lo que quisieran, pero nadie se metía con su hermano menor. Aún sin hablar, Saga se enderezó y miró a Deathmask como si estuviera viendo una cucaracha que estaba por aplastar.

—Bueno, viendo que los dioses ahora se llevan bien, y que al parecer Poseidón paga más…

—Aioros —interrumpió Saga a su amigo con voz plana. El buen Aioros, siempre intentando ver el lado bueno o el punto medio.

—¿Sí?

—¿Puedes guardar silencio por ahora, por favor?

Aioros asintió, cerrando la boca, decidió ocupar el lugar de Saga buscando las mejores manzanas, si no se apresuraba aparecería Milo y se las llevaría todas.

Al ver a Aioros ocupándose de otras cosas, Saga regresó su atención a Deathmask, quien lo miraba con una expresión confiada.

—Caballeros, chicos, niños —intervino Shion—. Demos un paso atrás y tranquilícense.

—Sí, todos deberíamos de concentrarnos en atacar a Deathmask —señaló Kiki, parándose a un lado de Saga.

—Estoy de acuerdo —murmuró el geminiano.

—¿Yo? —fingiendo sorpresa, Deathmask se señaló a sí mismo— Pero si no he dicho nada que no fuera real, maestro Shion, usted lo sabe.

—... —Shion entrecerró los ojos y después de varios segundos terminó por asentir mientras alzaba los hombros— Sí, tal vez tengas razón.

—¡Maestro Shion! —se quejaron Kiki y Saga.

—No dijo nada que no fuera verdad, me dolió que mi Mū no hiciera nada, pero era un niño.

—¿Ven? No he dicho nada malo, la verdad a veces duele.

—¿Y cuánto les duele a tus cuñados dormir en un lugar dónde estaban atrapados los espíritus de niños que asesinaste?

Deathmask borró su sonrisa cuando escuchó la pregunta mordaz de Saga. Ya que no estaban en un debate que fue visto por todo el Santuario y Rodorio, consideró que no era necesario ser amable.

No era que planeara contenerse.

—Probablemente lo mismo que a ti sabiendo que tú lo permitiste.

—Al menos Saga se redimió —intervino Kiki con las manos en la cintura—. Y puede decirse que su gobierno fue… decente.

—Claro, no como el de Shion que pasó sin pena ni gloria.

—¡Oye! ¡Creí que se estaban atacando entre sí! —Ofendido, Shion les dio la espalda mientras cruzaba los brazos— Al menos yo sé lo que hago, Deathmask, tú en cambio, no has propuesto nada desde que todo esto inició.

—¡Eso no es verdad! He hecho muchas propuestas y promesas, ninguna vacía, como las de Aioros.

Al escuchar su nombre, Aioros levantó la cabeza. Estaba sorprendido por la acusación puesto que a pesar de que sabía que había hecho muchas promesas, ninguna era vacía y si terminaba siendo Patriarca intentaría cumplir todas y cada una de ellas.

—¿Cuáles promesas vacías? —preguntó por lo bajo, dispuesto a llegar al meollo de la acusación. A su lado, Saga bufó y Shion rodó los ojos.

—El hospital que prometiste ya está construido.

—También dijiste que traerías la luz eléctrica al Santuario y Rodorio cuando la tenemos desde hace meses.

—Prometiste que todos podrían elegir el almuerzo en el comedor pero desde que se abrió cada sección del ejército ha trabajo en él y cada santo ha podido preparara para todos su platillo preferido —apuntó Kiki, recordando que como aprendiz a él le había tocado trabajar esos primeros días, bajo la vigilancia de los cocineros de Athena—. Y siempre ha habido postre.

Aioros abrió y cerró la boca varias veces. No tenía ni idea.

—Bueno, pues… al menos no prometí que el amor sería castigado —se defendió.

En el segundo debate, después del a escandalosa pregunta de Mii sobre las relaciones entre santos, Shion no había tenido reparos en señalar que no las aprobaba, a excepción de si una santo se veía en la obligación de amar al hombre que viera su rostro en lugar de matarlo (después de regresar la ley de las máscaras, por supuesto). Fuera de ese caso, no entendía por qué un santo se tomaría esas libertades.

—Yo no voy a prohibir el amor… al menos no el amor a Athena —señaló Shion—. Y eso tiene más sentido que decir que si el Patriarca no lo ve, entonces no sucede.

Deathmask alzó los hombros; esa había sido la única pregunta que Athena le había obligado a responder. Después de decir "durante mi administración no habrá nada más importante que los problemas homosexuales de los santos", había sentido un aplastante y aterrador cosmo rodeándolo; al mirar hacia atrás se había encontrado con la expresión molesta de Saori mientras sostenía su centro con una gran fuerza, y a su lado a un aterrorizado Shura que rompió las reglas para gritarle vía cosmo una única cosa: "¡Contesta bien la pregunta!".

Así que, con la amenaza de ser destruido por la torpe adolescente, Deathmask había profundizado en su idea. Si no lo veía entonces era como si no sucediera, y si no ocurría, ¿debía darle importancia? A eso también debía sumarle que él mismo estaba en una especie de relación, no podía ser tan hipócrita como para prohibir algo que se daba el lujo de disfrutar. Hasta para él existían ciertos límites.

—Eso fue mejor que la respuesta de cierto santo del que ahora dudo de sus inclinaciones sexuales —terminó por contestar el italiano mirando a Saga, antes de enderezarse y comenzar a hablar con un tono de voz grueso, en una pobre imitación—. "Yo creo que podemos aprovechar este momento de paz para mejorar el Santuario, eso incluye dejar atrás algunas ideas inadecuadas…" bla, bla, bla, sólo quiero una oportunidad para besuquearme con quien se me pegue la gana.

Saga entrecerró los ojos. Él no había dicho eso, claramente, a excepción de la primera frase. Sólo había señalado que él no tenía problemas con las relaciones que los santos pudieran tener con personas comunes, de otros ejércitos o dentro del propio Santuario, no iba a obligar a los santos a elegir, ya había provocado una guerra interna, no provocaría dos. Pero entendía el absurdo razonamiento de Deathmask, que sólo escuchaba lo que quería; como la saintia que lo apoyaba, que lo miraba con una aterradora ilusión que él no quería profundizar.

—Fue la respuesta más acertada —se defendió Saga—. No como Aioros asegurando que haría todo lo que Athena le ordenara.

Aioros simplemente alzó los hombros. En realidad todos habían sentido el amenazante cosmo de su diosa después de que Deathmask contestara tan escuetamente. De forma más inteligente y tal vez menos honesta que los demás, él sólo había dicho lo que ella quería escuchar, que la obedecería sin rechistar.

—Un debate de esa naturaleza se trata de decirle a la gente lo que quiere escuchar, no lo que uno piensa en realidad —dijo, recordando las palabras de Galarian sobre lo que debía hacer en el debate, según lo que habían estudiado de otros países democráticos—. También se trata de acusar a los contrincantes de cosas que hicieron y no hicieron, así que… uno de ustedes tiene tendencias a convertirse en un dictador, el otro es demasiado mayor y el tercero debería estar en un manicomio.

Los tres hombres restantes se miraron entre sí antes de reflexionar sobre lo dicho por Aioros, sólo la primera parte. Tenía un punto, pero todos estaban lo suficientemente molestos con los demás como para no tardar en lanzarse más comentarios venenosos entre sí, con Kiki apoyando a su maestro y de vez en cuando a otro candidato cuando las cosas comenzaban a ponerse desventajosas.

Su acalorado altercado no tardó en subir de nivel, acusaciones fueron lanzadas de un lado al otro, las voces fueron levantadas, y los curiosos ya no mostraban ninguna vergüenza por observar el espectáculo. Todos estaban rodeándolos, evitando que los espías del Tribunal observaran lo que ocurría, además de que el cuchicheo general les dificultaba escuchar correctamente.

—Creí que las cosas nunca se calentarían.

Al escuchar la voz femenina del lado derecho, los cuatro santos voltearon rápidamente, encontrando a la dryade que había invadido su santuario, Dysnomia de Anarquía, agachada y oculta detrás del arbusto junto con ellos. Al verla todos dieron un leve salto de la impresión, ni siquiera la habían detectado con su cosmo; Écarlate incluso perdió la concentración y su invisibilidad, mostrándose tal y cómo había llegado al mundo.

Con una sonrisa ladeada, Dysnomia lo miró de arriba a abajo antes de mirar hacia el frente, dónde continuaba la discusión.

—Los he visto más largos.

Al escucharla, el rostro de Écarlate se tornó tan rojo como su cabello. Rápidamente se cubrió con algunas hojas y ramas del arbusto.

—Viviendo desde la era del mito, no me sorprende —murmuró Gestalt.

—¿Ya le avisamos al jefe? —preguntó Kaiser, mirando de reojo a Caín.

—Dryade, ¿Shaka está por aquí?

—¿Acaso estoy siempre con él? ¿Pegada como su sombra? —Dysnomia entrecerró los ojos, sin quitar la mirada del frente— No, pero me gustaría —suspiró—. Déjenlos divertirse, la próxima semana son las elecciones, sólo yo me divertiré en ese momento.

Los hombres se mantuvieron en silencio, pero después de considerarlo decidieron que tal vez tenía razón. Y un ataque al otro no contaría directamente como una promoción, si se les preguntaban.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Algunos detalles importantes:

*Cain y Death Toll están viendo The Nanny, una sitcom de origen estadounidense emitida desde 1993 a 1999. Según Wikipedia sí fue emitida en Grecia, y fue un éxito. No los culpo, yo también amo esa serie.

*La Game Boy es una videoconsola portátil de Nintendo, lanzada en Japón y E.E.U.U. en 1989, y en Europa al año siguiente. Viendo que ya les pagan, no me sorprendería que Mū consintiera un poco a Kiki, el chico se lo merece.