CHICAS AQUÍ LES DEJO UN NUEVO CAPITULO DE ESTA ADAPTACION ESPERO LES GUSTEN..

**Los personajes son de Stephanie Meyer al final les digo el nombre del autor.


Capítulo Veinticuatro

Edward

Entré a casa de Tanya con una sonrisa en el rostro. Rose y Bella seguían hablando, pero se detuvieron y elevaron la mirada al momento que el umbral de la puerta se cerró detrás de mí. Se abrió una vez más cuando Tanya pasó para dirigirse hacia la cocina y abrir silenciosamente el gabinete debajo del fregadero, y luego volver con una caja verde y naranja en su mano, volviendo a salir hacia el patio.

—¿Está todo bien? —preguntó Bella.

Rose se puso de pie, inclinándose para echar un vistazo por las ventanas.

—¿Dónde está Emmett?

Los demás se encontraban agachados en el patio, gateando para recoger los pequeños esqueletos de los conejos. No quería que Bella los viera, porque sabría inmediatamente, tal como yo, quién dejó el sostenía bolsas grandes y negras para que los chicos los arrojaran en ellas.

—¿Mase? —preguntó de nuevo.

—Oh, están, eh… jugando. Qué se yo. ¿Cómo te sientes?

—Mejor —sonrió.

Mi corazón se hundió. Una vez más, no era honesto; pero no podía contarle la verdad. Se hallaba en su tercer trimestre y no necesitaba el tipo de estrés de saber que Alec y sus amigos acababan de estar afuera.

—Qué bien. Eso es bueno, cariño. Probablemente deberíamos…

—Oh —dijo, levantándose. Sacudió la mano de Rosalie—. Fue un placer conocerte.

—Lo mismo digo —contestó Rose—. Hazme saber si te gustaría venir a almorzar.

—Lo haré. Feliz acción de gracias.

Le ayudé con su abrigo, y nos encaminamos hacia la puerta luego de que Bella se despidiese de Henry y Miles. Los miró por sobre su hombro. —Tienen tan buenos modales. He interrogado a la pobre Rosalie toda la noche sobre los trucos del oficio.

—Adora hablar de sus hijos, criar y ese tipo de cosas. Es probable que sea la mejor noche que ha tenido en un tiempo —dije.

El senador King asintió hacia Bella luego salió al porche. — Que tengas buena noche, Bella.

—Gracias, senador.

—Puedes llamarme Royce. Feliz acción de gracias, y si no te veo antes, entonces felices fiestas. Buenas noches, Mase.

—Buenas noches, señor —dije, ayudando a Bella bajar las escaleras.

El equipo rodeó la casa justo mientras íbamos hacia la camioneta. Call, McCarty, Riley y Tyler la abrazaron, manteniendo sus manos sangrientas lejos de su ropa.

Agradecí la oscuridad.

—Fue realmente bueno volver a verte. Estoy segura de que nos veremos pronto —dijo Tanya, con las manos en su espalda.

—Gracias por esto. Me encantó conocer a todos —dijo Bella con su tierno acento sureño.

—Vuelve cuando quieras. Será bueno volver a ver a Mase más seguido.

La abracé. —Gracias, Tany.

—Por supuesto.

Cuando Bella giró, todas sus sonrisas cordiales desaparecieron. Estiré el brazo para abrir la guantera y luego saludé a Tanya con la mano. Me observó retroceder de la entrada, con una expresión preocupada en su rostro. Tanya sabía tan bien como yo que requeríamos de un plan.

A Bella no parecía importarle no saber qué ocurría, hablándome de conocer a Rose y los niños, y emocionada de conocer a otra mamá en el pueblo. Se sentía más que emocionada de haber conocido al senador, y me alegraba tener que decirle la verdad: él creció con Tanya.

—Riley… él parecía estar teniendo una noche dura. ¿Es por eso por lo que todos salieron con él?

Asentí. —Las fiestas son duras para él. Se ha sentido desanimado todo el día.

—Debes preocuparte por él cada año.

—Así es. Me alegra que estemos todos juntos este año. Es más fácil mantener un ojo en él. El resto del año casi exitosamente pretende que todos siguen vivos, y se lo permitimos. Pero cuando se trata de Acción de gracias o navidad, simplemente no puede.

—Es tan triste. Él es muy agradable. ¿Conociste a su esposa e hijos?

Me aclaré la garganta. —Me encontré con ellos un par de veces. —

En despedidas y bienvenidas de las misiones,y en bailes de los Marines, mayormente.

Se recostó en el asiento, acariciando su barriga.

—¿Estás bien? —pregunté.

Suspiró. —Maddie tan solo intenta acomodarse. Se queda sin espacio. No estoy segura de cómo lograremos llegar a febrero.

—El doctor Park dijo que a mediados de enero era más que suficiente para ella.

—Esperemos que Maddie nos quiera conocer tanto como nosotros a ella. No puedo respirar.

Sostuve su mano. —Lo siento, amor. No debe ser cómodo.

Me echó un vistazo con una sonrisa en su rostro. —Ella lo vale.

Entré al estacionamiento del hotel, deteniéndome bajo el sobresaliente de la entrada. Alcancé las llaves en el arranque, pero Bella me detuvo.

—Está bien. Ni siquiera salgas para abrirme la puerta. No quiero que ella tenga la satisfacción de pensar que entras o sales de la camioneta esperando verla. Sabes que eso pensará.

Me encogí de hombros, mi mano aun en la llave. —A quién le importa lo que piensa. Está loca.

—No debería. Pero a mí me importa.

Volví a sentarme, dejando encendida la camioneta. —De acuerdo.

Que tengas buenas noches. Te veré en la mañana.

Bella lentamente se inclinó para besarme, dejando sus labios carnosos un rato más en los míos. —¡Te veo en ocho horas!

Fruncí el ceño. —Es mucho tiempo.

Soltó una risa en tanto abría la puerta y se bajaba.

—¿Segura que no necesitas ayuda? —pregunté. Bajó e hizo una pequeña cortesía. —¡Tada!

—Te amo —dije con una sonrisa—. No olvides mandarme un mensaje de texto desde tu nuevo teléfono.

—¡Oh! —dijo, agachando la vista hacia su mano. Lo sostuvo en alto—. ¡Lo olvidé! Te enviaré un mensaje. Muchos. Te mantendré despierto toda la noche. Lo arrojarás lejos cuando llegues a casa.

—No me amenaces con un buen rato.

Soltó una risita, el sonido como campanitas atravesando el aire nocturno. —Te amo.

La puerta se cerró, y la observé entrar y sacarse de inmediato el abrigo. Me pregunté si Lauren se sentía nerviosa por la confrontación que se encontraba a punto de ocurrir, pero era probable que no. Conociendo a Lauren, pensaba que quizá se sentiría justificada, pues, en su mente narcisista, nos conocimos primero. A Lauren le gustaba cualquier hombre que le daba atención, y tras la segunda cita, un par de salvajes encuentros en mi habitación, se sentía con la certeza de que estaba enamorada de mí. Fue en ese momento que supe que, sin duda, no era la indicada. Luego de dejar de atender sus llamadas y mensajes, aún seguía viniendo al hotel para verme, incluso más de una vez yendo al cuarto de alguien más, con la esperanza que me hiciera sentir celos.

Eché un vistazo, revisando el estacionamiento por cualquier actividad sospechosa y decidí manejar por los alrededores una vez más. Acababa de estacionarme a un costado del edificio cuando el teléfono sonó.

—Mase—respondí.

—¿Tu chica está en el trabajo? —preguntó Tanya.

—Síp. Acabo de dejarla. Chequeé el estacionamiento.

—¿Dónde estás ahora?

—Aún en el estacionamiento. —Lauren salió de la entrada, con los brazos cruzados y la cabeza gacha—. Lauren acaba de salir. Tiene el rabo entre las piernas como si Bella acabase de destrozarla.

—Bella no me dio la sensación de ser celosa.

—No lo es. Simplemente le hizo saber a Lauren que lo que hizo hace unas horas no era muy festivo.

—Sabía que me agradaba —dijo Tanya. Soltó una risa—. No vas a salir esta noche, ¿verdad?

—Nop.

—Que bien que dejé de beber hace una ahora. Al parecer soy la conductora designada sustituta. ¿Llamaste a Victoria?

—La llamaré en la mañana. No es mucho lo que puede hacer ahora.

Probablemente se encuentre con su familia.

Tanya suspiró. —Esto es jodido, Mase. Es evidente que es un maniático.

—Bella lo mencionó.

—¿Vas armado?

—Síp —contesté—. Una Glock 19 debería darle unos cuantos agujeros, incluso si no es humano.

—¿Bella dijo eso?

—Lo hizo.

—No está solo. No me sorprendería que también estuviera armado, así que mantente alerta.

—Entendido.

—¿Cómo crees que la encontró?

—Bella dijo que tiene un hermano que es analista en computadores. Pudo ser cualquier cosa. Pero tengo la sensación de que fue cuando Victoria verificó sus antecedentes.

—¿De qué hablas? —preguntó Tanya.

—Cometí el error de contarle a Victoria de Bella. La investigó. Eso pudo ayudar al hermano.

—¿Cuándo fue eso?

—No mucho después de conocernos.

—Al parecer es un maniático con paciencia.

—Lleva tiempo trazar un plan —dije, mi mandíbula tensándose.

—Esto es jodido, Mase. Es una mierda de otro nivel.

—Estar a la defensiva no es mi fuerte. No me gusta esperar a que dé el primer paso.

—Pues, de acuerdo —dijo. Pude oír la sonrisa en su voz—. Llama a Victoria en la mañana, y ponnos a la ofensiva.

—Será una larga noche —contesté, frotándome los ojos con la mano libre. Me acostumbré a despertarme a las cinco de la mañana.

Parpadeé un par de veces, manteniendo la vista en el oscuro estacionamiento.

—Cuando consigamos emborrachar a Riley hasta desmayarse y meterlo a la acama, pasaré con café.

—Grande, por favor.

—Vale. Llama si me necesitas.

—De acuerdo…

—Espera. Mierda. En estos momentos, estoy escuchando a una chica hablar mierda de ti en la barra. Está bellísima. ¿Qué le hiciste? — preguntó, riéndose.

—¿Quién?

—También está hablando de Bella. —Se detuvo para escuchar—.

Oh, trabaja con ella.

—Lauren —dije, ardiendo de rabia.

—Se encuentra con unos tipos. Lucen como si vinieran en busca de problemas. Será mejor que me vaya.

—Mantenme informado.

—Lo haré. Nos vemos en un rato.

Tanya colgó y esperé. No se oían chirridos de grillos, ni ranas, solo las unidades de calefacción sonando y el ruido rítmico de la carretera. Nadie entraba o salía, las ventanas estaban oscuras. Las pocas personas en el camino de Acción de Gracias se encontraban en la cama, durmiendo en sus comas de comida y tratando de descansar por una noche decente antes de volver a la carretera temprano a la mañana siguiente. Quería estacionar en otro lado para tener una mejor vista de Bella, pero debido al riesgo de ser visto, me conformé con poder ver la puerta de entrada, la única que se hallaba abierta al exterior por la noche.

Medianoche llegó y se fue, entonces llegó la una de la mañana. Veinte minutos después del final de la hora, un par de faros rebotó en el camino lleno de baches del hotel. Tanya se estacionó a mi lado, sonriendo a medida que sostenía una taza enorme al lado de su rostro. Salió y se arrastró por el lado del pasajero de mi camioneta, dando un portazo.

—Cuidado, Tany, mierda.

—Oh, está bien. Deja de ser un bebé. —Me tendió la taza—. Una taza de tamaño gigante para el café.

—Gracias —dije, tomando un sorbo—. Ah, joder, eso está bien.

—¿Cansado? —preguntó.

Asentí. —¿Cuánto tiempo puedes quedarte?

Se encogió de hombros. —Tengo la mañana libre. Mientras lo necesites.

—¿Qué tienes? —le pregunté.

Dio unas palmaditas en su espalda. —Vicky no quería que tu Glock se sintiera sola.

Asentí. Vicky era su Glock 26. También tenía una Ruger llamada Chuck Norris y una Beretta llamada Cecil. En lugar de mascotas, Tanya compraba armas de fuego.

Las limpiaba, les ponía nombres y las trataba como si fueran de la familia.

—También traje a Walter.

Arrugué la nariz. —¿Qué diablos planeas hacer con él?

Se inclinó y sacó un cuchillo táctico de caza Bowie de doce pulgadas de su bota. Era negro mate con una hoja fija y tan rudo como Tanya. No esperaría menos.

—Hay más de uno. Debería tener más de un arma —explicó con naturalidad.

Me reí.

—Entonces ¿los eliminaremos de primera o adoptaremos el enfoque diplomático?

—Bueno, considerando que lo primero es ilegal, digo que demos una advertencia justa y nos aseguremos de que no regresen.

—Mase. Es hostil y hace amenazas.

—Todavía tenemos que hacer esto de la forma adecuada,Tany.

Ya no estamos en guerra.

Miró por la ventana y gruñó. —Ella le pondrá el nombre a ese bebé por Matt. Mataré a cualquiera que se acerque a ella con algo más que comida y regalos para bebés.

—Gracias por el café. Y gracias por ser una buena amiga. Tanya se encogió de hombros más cerca de mí.

—Entonces, ¿qué pasó con Lauren?

—Tenía razón. Los tipos que vinieron con ella buscaban problemas.

—¿Y?

—Puse a uno sobre su espalda. Una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, pude decir que no se hallaban interesados. Lauren preguntó dónde te encontrabas. Riley piensa que te buscaban.

Fruncí el ceño, confundido. —Hermanos grandes, ¿tal vez?

¿Defendiendo su honor?

Arqueó una ceja. —Esa nunca tuvo ningún honor. Uno tenía su mano en su culo, entonces no es de la familia. Los otros dos fueron sus secuaces. Hicieron lo que él les dijo y lo miraron para saber qué hacer a continuación. Especialmente después de sacar el grande. Y eran seis, fácil.

—¿Lauren preguntó por mí antes o después?

—Antes. Vino a buscarte. Luego ellos vinieron. El grande se fue.

—¿Locales?

Negó con la cabeza. —No lo creo. El cabecilla lo intentó con cada uno de nosotros. Incluso con el senador. Casi como si tratara de ver quién lucharía contra él.

—Supongo que se enteró.

—Me interpuse entre él y Riley, luego el grande pensó que me iba a mandar matar, así que lo puse sobre su culo.

—Lamento no haber estado ahí.

—No, no lo lamentes. Necesitas estar aquí.

—Sí —dije, mirando a la puerta de entrada. Mi teléfono celular sonó, y sonreí.

—Guau. ¿Quién acaba de hacer tu día?

—Le di a Bella un teléfono hoy. Acaba de enviarme un mensaje de texto por primera vez. Me envió un corazón.

—A —dijo inexpresivamente Tanya

¿Cómo va todo?, escribí.

Lento. Tranquilo. El problema de tener una casa grande y sorprendente es que quiero estar ahí.

Renunciasi quieres.

Sabesqueno puedo.

Puedes.Simplemente no quieres.

Voy a quedarme con Seth hasta que tenga a este bebé o el hotel se arruine. Le debo eso.

Él ha sido bueno contigo, estoy de acuerdo con eso. Pero también trabajaste para él durante mucho tiempo. Realmente no le debes nada.

Le debo mucho más que dobles turnos. Me salvó. Y si no me hubiera dado este trabajo, no te habría conocido.

Lo habríamos hecho.

Lo siento si te desperté.Te veré en unas horas.

Preferiría hablar contigo antes que dormir.

Deberías enviarme todas las cosas que solías escribirme en tu teléfono en el trabajo para poder leerlas.

Entré en mis notas, las copié todas y luego las pegué en el mensaje de texto, presionando enviar. Me recosté y me relajé durante unos segundos antes de echar un vistazo al estacionamiento.

—¿Terminaron? —preguntó Tanya.

—Me pidió que le enviara todas las cosas que le escribí en el trabajo. Le llevará un tiempo leerlo.

—Ustedes dos son asquerosos —bromeó.

—No es como si no te lo hubiera advertido durante años. —Miré mi reloj. Victoria estaba en una zona horaria con una hora de retraso, de manera que después de que recogiera a Bella del trabajo podría llamar.

—¿Y tú? —pregunté—. ¿Qué hay del senador que estuvo allí anoche?

—Fue solo la cena. No pudo llegar a casa. Nadie debería estar solo en Acción de Gracias. Es la razón por la que tenemos el fin de semana libre.

—Esperando que él pueda pasarlo contigo, apuesto. Soltó una carcajada. —Pidió venir mañana.

Me encogí de hombros. —No parece un tipo tan malo, Tanya. Su sonrisa se desvaneció. —No es Matt.

—Nunca vas a encontrar otro Matt. No significa que no puedas ser feliz con alguien más.

—Dios, suenas como mi hermana. Estoy bien. No quiero a nadie más. Conocí al amor de mi vida. Se fue. Si no puedo tenerlo, no tendré a nadie más. No tenemos que estar con alguien, ¿sabes? No estoy sola. Te tengo a ti, a los muchachos y a Walter —dijo, dándose unas palmaditas en la bota—. Estoy tan feliz como puedo, considerando todo.

—Está bien, está bien, solo pensé en mencionarlo.

—Bueno, no lo hagas —dijo, sus ojos se abrieron por un segundo cuando pronunció la última palabra.

—Copiado —dije, revisando mi reloj de nuevo—. ¿Qué hay de Jacob y Jared? ¿Qué hacían allí?

—Para no estar solos —dijo, molesta.

—Solo preguntaba.

—Hablando de preguntas que no son asunto de nadie ¿ya le has contado todo?

Fruncí el ceño. —No todo. No sobre el trabajo, obviamente.

—¿Qué pasa con ese pequeño detalle sobre que eres un Marine?

—Todavía no.

Arqueó las cejas. —Masen,¿qué diablos?

—Lo sé. Lo sé. He tenido varios momentos para contarle, pero por lo general discutíamos acerca de que le ocultaba cosas. En este punto, creo que es mejor no hacerlo.

—¿Cómo diablos vas a hacer eso? ¿Cómo no lo sabe? Tienes un tatuaje de USMC en tu hombro.

Negué con la cabeza. —Todo se jodió durante la cirugía. Es un desastre. Nadie puede decir de qué se trata.

—¿No ha preguntado?

—Sí. Le dije que era muy joven cuando me lo hice, y que fue un desafío, y que fue un desastre en un accidente, lo que es todo cierto.

Tanta se movió en el asiento. —Va a estar tan enojada. Tienes que decírselo, Mase.

—Honestamente, no sé cómo. Es demasiado tarde.

—No es demasiado tarde hasta que ella se entere de otra manera que no sea por ti. Entonces será demasiado tarde.

—Tienes razón. Sé que tienes razón. Las cosas están muy bien ahora, y con Alec husmeando, solo… no es un buen momento. Esperaré hasta después del bebé.

Negó con la cabeza. —Es un gran riesgo, amigo. Ya dijo una vez que no puede confiar en ti. Perdonó lo de la verificación de antecedentes porque intentabas protegerla.

—No fue una verificación de antecedentes —gruñí.

—Es solo que estás mintiendo. Te conoce lo suficientemente bien como para saber que no eres como Alec. Esa fue tu excusa original ¿no?

—Esa es la cuestión. Siento que constantemente me compara con él. O, al menos, lo hacía cuando todo esto surgió. Cuando accedió a mudarse, Tany… solo quiero dejar el pasado donde lo dejé. Las cosas han sido realmente buenas.

Puso su mano sobre la mía. —Espero que funcione. Realmente lo espero. Pero debes decirle. Cada día que esperas lo empeora.

Asentí. —¿Podemos cambiar el tema ahora?

—Claro.

Charlamos sobre todo, menos posibles perspectivas para Tanya hasta el amanecer. El trabajo, su casa, Jacob, King, el general, las últimas noticias sobre nuestros amigos aún desplegados. Tanya se quedó media hora más y luego saltó del asiento del pasajero. Saludó con la mano antes de retroceder, volviendo a su casa.

Arranqué la camioneta y me metí debajo del saliente, esperando a Bella como lo hacía todas las mañanas, de lunes a viernes por la mañana. Me saludó desde detrás del escritorio y terminó de cerrar su turno. Bree me saludó mientras pasaba frente a mi camioneta, las puertas de entrada se abrieron, y unos minutos más tarde se abrieron de nuevo, dando paso a mi hermosa novia. Todavía no tenía un cabello fuera de lugar, su lápiz labial rojo era tan vibrante como cuando lo aplicó en la casa.

Salté y corrí al lado del pasajero, abriendo la puerta para Bella y sosteniendo su mano a medida que subía.

—Buenos días —dijo, un poco cansada.

—Puede ser hora de conseguir un vehículo más bajo —le dije.

—No te atrevas. Me gusta esta camioneta.

—Quizás un segundo auto, entonces. —Corrí de regreso al lado del conductor, luego me deslicé detrás del volante.

—Mase, no puedo comprar un auto, y no me vas a comprar uno.

—¿Tienes idea de cuánto dinero gano? Puedo comprarte uno —dije, tirando de la palanca de cambio a modo conducción. Me acerqué, viendo a Bella sacudir su cabeza en mi vista periférica.

—De ninguna manera. Absolutamente no. Eventualmente conseguiré uno.

Cuando pasamos al otro lado del hotel, un sedán blanco llamó mi atención, cuatro sombras dentro. Lauren se encontraba en la parte posterior, el hombre al lado de ella besando su cuello. Ella me miraba fijamente, con una pequeña sonrisa en su rostro. Los dos hombres al frente miraban hacia adelante, sin inmutarse sobre la actividad detrás de ellos.

Continué hacia la carretera y luego giré hacia mi casa. El sedán se quedó en el hotel, pero no pude evitar la extraña mirada en la cara de Lauren. La venganza era fuerte, pero los ojos no mienten. Había mucho más en la sonrisa de Lauren que la esperanza de una reacción celosa de mí.

—Estás callado —dijo Bella—. ¿Todo bien?

—Sí. Solo cansado.

—Noté que llevas la misma ropa que anoche.

—Oh, hoy tengo el día libre. ¿Te dije eso?

—¿Lo tienes? —preguntó emocionada. Me agarró del brazo con ambas manos.

—Así que me puse la ropa que tenía la noche anterior. Pero no dormí una mierda anoche. Creo que solo te necesito en mi cama.

—¿Dices que nos iremos a la cama juntos cuando lleguemos a casa?

—Eso es exactamente lo que digo. Incluso me tomé toda esta gran taza de café y todavía estoy listo para caer dormido.

—Eso no es una taza, bebé. Eso es como… un litro de café. —Me apretó el brazo—. ¡Pero estoy tan emocionada de ponerme ropa cómoda y acostarme contigo!

Le tomé la mano y le besé la palma, luego entrelacé los dedos con los de ella. Había enemigos esperando su oportunidad, y la situación de Lauren era muy sospechosa.

Me acostaría con Bella hasta que se durmiera, luego tenía que hacer esa llamada telefónica a Victoria.


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