Un nuevo comienzo
Por Luz de luna82
Capítulo 28 (Parte 1)
Chicos este capitulo estará dividido en dos partes, esta un poco largo, advierto que cuando vean +18 quiere decir que esto es para adultos, si es sensible a este tipo de lectura puede saltarlo sin problema, sobre advertencia no hay engaño, asi que disfrutenlo. Besos.
Albert
Me tenía fascinado viéndola con el cabello corto, nunca pensé que se viera tan bella con el cabello asi, me encantaría verla con esa peluca de vez en cuando, le queda de verdad bien, la adoro rubia, es tan a su estilo, pero ese look le quedaba realmente arrebatador, el jean ajustado le delineaba sus perfectas curvas, era un sueño para todo hombre, la amo tanto que de alguna forma no podía permitir que pasara por todo esto sola, pero fue su decisión y guarde mi distancia hasta que concluí que me necesitaba y ahí estaría, claro que estaría para ella.
—No tenía idea de que tenías un avión Albert— dijo Candy sacándome de mi escrutinio, sorprendida ante el jet SF50 que tenían enfrente.
—Cariño no tienes idea— le dije un poco divertido, realmente Candy no tenía idea de todas las propiedades y vehículos con los que contaba un millonario como William Albert Ardlay, la mayor parte del tiempo era una bendición, pero algunas otras era una maldición, ya que era parte del ojo de todo el mundo.
—Jamás pensé subirme en algo asi— exclamo volteando a ver todo a su alrededor, los finos asientos de piel, con capacidad de reclinarse completamente, el asistente de vuelo fue hasta nosotros ofreciéndonos una copa de agua.
—Bienvenido señor Ardlay, estamos listos para despegar—se dirigió el capitán hacia mí.
—Capitán Morris, gracias, adelante por favor.
El capitán organizo todo para el despegue, las instrucciones por parte del asistente de vuelo sonaron en los altavoces.
Cuando Candy termino de despedirse de Jimmy estuvimos de acuerdo en que nada más teníamos que hacer en Atlanta, regresamos en el auto que ella acertadamente había rentado, mi jet estaba listo para despegar en cuanto se los ordenara, tuve suerte que al ser un pueblo pequeño todos estaban enterados de todo y afortunadamente para mí, el taxista era muy comunicativo, el servicio había terminado y todo el pueblo despedía a Jimmy White en el cementerio y el taxi me llevo directo ahí, tendría que buscarla, sabia que estaría observando todo a una distancia prudente, entonces a lo lejos recargada en un gran árbol vi una castaña con el cabello corto con una gabardina abrazándose a sí misma, era mi Candy.
—Tenemos una hora estimada de llegada a las 5 am— la voz del capitán me saco de mis recuerdos recientes. Vi cómo se le cerraban los ojos a Candy por el cansancio, en realidad no sabía todo lo que había sucedido en Aldora, pero a juzgar por su cara tranquila todo había salido bien, mientras la dejaba que el despegue terminara analizaba como es que tendría que abordar el problema que teníamos encima, no podía creerlo, sin embargo, me ha tenido inquieto todo el día, ¿Qué mente tan retorcida me había tomado aquellas fotografías? Definitivamente querían hacernos daño, no dudaba, porque todo debería tener una explicación.
Se nos había dado el aviso de quitar los cinturones de seguridad, me acerque y su respiración era profunda y acompasada, seguro que no había dormido nada al igual que yo, el asistente de vuelo me vio levantarla e inmediatamente me abrió la puerta del dormitorio, era delgada no pesaba casi nada, la desvestí para que pudiera descansar, la sudadera, tenis y pantalón los envié al piso, ya nos habíamos visto solo con ropa interior, asi que no creí que le molestaría, yo estaba igual de cansado asi que no lo pensé demasiado me desvestí igual y me metí entre las cobijas para atraerla a mi cuerpo que la extrañaba y ella se acomodó en mi pecho como si fuera lo más natural entre los dos, como si tuviéramos toda una vida durmiendo juntos, esa sensación a familia que sentía cada vez que la tenía en mis brazos era lo que me volvía a la vida, jamás podría dudar de ella, aunque las pruebas decían lo contrario, no desconfiaba de ella, no, de ella no, ella no era igual a las demás, ella me amaba.
Casi tres horas después…
—Candy, cariño, despierta, tenemos que ir a los asientos.
—Hmm Albert, por favor, cinco minutos más…
—Dormilona, estamos en el jet—dije divertido al ver que no estaba consiente de donde nos encontrábamos.
Se levanto de golpe —Si Albert ya me desperté.
La vi sonrojarse al verse casi en ropa interior, pero a mi me encanta verla asi, tan natural, es preciosa, pero creo que no esta consiente de la gran belleza con la que cuenta.
Whitman paso por nosotros al aeropuerto, los niños la habían extrañado, sin embargo, les explique que regresaríamos hasta la tarde del siguiente día, no estaba seguro lo que me encontraría al ir a Aldora por Candy, les daríamos una sorpresa al llegar antes, pero de pronto tuve una mejor idea.
—Whitman por favor detente un momento por favor.
—Si señor.
—¿Qué sucede Albert? — pregunto Candy preocupada.
—Espera cariño.
Eran las 4 de la mañana, sabia que estaban todos dormidos, entonces llame al único que sabía que me contestaria. Stear.
—Dime que es algo urgente, tengo mucho sueño Albert.
—¿Cómo estan los chicos?
—Estoy bien, gracias por preguntar, ellos estan profundamente dormidos Albert, estan bien, tranquilos, mañana es sábado y no tendremos que levantarnos temprano y ahora que me estas desvelando menos, ¿Sally esta bien?
—Todo bien, llegaremos por la noche, cualquier cosa avísame, gracias— Era perfecto.
—Whitman al pent house de Wheaton por favor.
—¿Albert? — pude ver que ella no entendía nada, pero no hacía falta.
—Vamos a descansar del viaje y quiero ser egoísta y tenerte para mi solo, bueno hasta la noche que regresemos, iremos al departamento, ¿de acuerdo?
La vi sonreír y le brillaron los ojos como niño en navidad, asintió con la cabeza y media hora después subimos en el elevador con las maletas.
—Whitman, regresa por nosotros a las 9 de la noche por favor, si necesito algo te contactare—le dije a mi leal chofer de alrededor de 50 años antes de cerrar el ascensor, él asintió y con una mano se despidió de nosotros.
Le tome la mano a Candy y me la lleve a los labios, los dedos estaban helados, estaba un poco nerviosa y a decir verdad yo también, teníamos mucho que hablar.
Por lo regular la alacena estaba surtida y el refrigerador tenía lo indispensable para dos comidas o tres, no iba mucho por ahí, pero a veces trabajaba mientras esperaba para mostrar el departamento a los nuevos inversionistas y el servicio de mantenimiento del edificio se encargaba de todo eso, entonces no teníamos por que preocuparnos por que comer, y estaba seguro que Candy tenia tanta hambre como yo.
Entramos y dejamos las maletas en el piso y no hice más que abrazarla por la espalda, la había extrañado y no quería volverme a separar de ella más.
—Te extrañé amor— le dije desde mi posición, se volteo para besarme, era lo que mas extrañaba, sus labios, sus dulces, suaves y carnosos labios que tanto me encantaba besar.
—Te amo Albert— me dijo en medio de la intensidad que nos tenía envueltos, la solté, estaba consiente que necesitábamos hablar y comer, sobre todo.
—Vamos a ver que puedo cocinarte, necesito alimentarte.
—Al fin voy a conocer tus habilidades culinarias—me dijo tomando asiento en una de las sillas altas que estaban a rededor de la barra desayunadora.
—Ponte cómoda— saque del refrigerador de vinos un vino rosado que le va bien a muchas comidas, decidí no complicarme tanto, un fetuccini con camarones sería suficiente para aguantar hasta el desayuno.
—¿Qué te parece pasta con camarones?
—Perfecto.
Me puse manos a la obra, veía como me observaba desde su lugar —¿Sabías que te ves muy sexi cocinando? Jamás había visto a un hombre haciéndolo.
Me sorprendí, —¿Tu padre no ayudaba a tu madre en esas tareas? — esperaba que no fuera un tema delicado por los recientes eventos.
—Mi padre es un hombre de campo, adora a sus vacas, caballos y todo lo que implica tener la finca en condiciones, es un hombre bastante inteligente y hábil en los negocios, pero para él las labores del hogar son exclusivas de las mujeres, adora a mi madre, nos amaba a Jimmy y a mí, nos dio la oportunidad de estudiar, mi hermano no tenía opción, tendría que hacerse cargo de la administración de la finca, él estaba de acuerdo con esto, en mi vio mi inclinación por la psicología y busco los medios para que yo me fuera a Atlanta a estudiar, se lo estaré eternamente agradecida, ¿sabes? Él no es un hombre malo, solo que su padre lo educo con mano dura, es un hombre un poco complicado, pero con un gran corazón.
La pasta estaba lista, me faltaba la crema y los camarones, seguí con mi tarea recordando como era la convivencia en mi familia —Mis padres hacían todo juntos, me refiero cuando tenían tiempo libre, los dos se divertían cocinando y viendo televisión, a pesar de ser un hombre de negocios siempre trataba de pasar tiempo con mis humanos y yo, aunque todo cambio cuando murió Anthony, mi padre se refugio en el trabajo y mi madre, bueno en las obras de caridad y otras actividades, cada quien se fue por su lado, creo que siempre se culparon de su muerte.
—Me gustaría que me contaras más sobre Anthony.
Suspire, jamás había hablado tanto de él después de su funeral. —Era mi hermano menor, él tenía 21 años cuando murió, estaba por terminar la carrera de administración, era como todos los jóvenes, impetuoso, que sentía que se podría comer el mundo de un solo bocado, Stear, Anthony y yo nos hicimos el habito de ir cada domingo a las carreras de motocross, Stear siendo dos años menor que yo se aventuro a comenzar a participar con una moto pequeña, con el tiempo cada uno tenía su propia moto aunque Stear era el único que competía, mis padres se opusieron totalmente a nuestro hobbie, pero lo único que causaron fue que lo hacíamos a escondidas, con el paso del tiempo yo me fui a Cambridge a hacer una maestría y un doctorado, cuando estaba a punto de regresar me avisaron que Anthony había tenido un accidente en la motocicleta mientras manejaba de noche bajo la lluvia, se impactó con la parte trasera de un tráiler sin poder hacer nada por la gran velocidad que llevaba mi hermano, nos destrozo a todos su perdida, pero más a mis padres.
En un abrir y cerrar de ojos la pasta estaba lista, no me di cuenta de que había terminado mi labor hasta que terminé de contar mi relato, mis manos se movían solas, la pasta estaba servida en los platos.
—Lo lamento tanto cariño— acaricio mi mano, me dio un beso en la mejilla, no quise seguir recordando eso que me causaba tanto dolor, asi que comenzamos a comer, agradecí en mi interior no seguir hablando de eso, aunque dicen los psicólogos es mejor hablar de ello para que sane la herida, y era un hecho que hablar con Candy me daba paz.
—Esto esta delicioso Albert, gracias por cocinar para mí.
—Cuando quieras lo repetimos.
—¿Todo bien con los chicos?
—Te extrañan, pero por la noche los veras de nuevo y estoy dispuesto a compartirte con ellos— dije juguetón.
—Sigo con sueño— dijo mientras bostezaba.
—Lo sé, yo igual.
—Este departamento es perfecto, me encanta— dijo mientras lavaba nuestros platos.
—Ven vamos a darnos una ducha y a la cama señorita.
—No sé si deberíamos dormir, en la noche no podre conciliar el sueño de nuevo— dijo mientras me besaba el cuello.
—De cualquier forma, nos bañaremos, anda, vamos— la cargue en mi hombro dándole una nalgada a su redondeado trasero, haciéndola dar un grito de sorpresa.
+18
—Te voy a llenar la bañera, comiénzate a desvestir—cuando regrese la vi cómo se tambaleaba tratando de sacarse el pantalón, la sujete por la cintura para que pudiera sentarse en la cama, se lo jale por los pies y al fin pude sacarlo.
—Vamos Candy, báñate tu primero y luego yo, le dije mientras me sacaba la camiseta sobre la cabeza, mientras que, hacia esto, sentí como se acercaba a mí, me acariciaba los pectorales con una lentitud que me causo pasar saliva, subió la mirada y me observo durante unos largos segundos, su mirada era brillante y vibrante, la vi morderse el labio inferior ya no pude evitarlo más.
Mis manos la tomaron de los hombros acercándola hacia mí, sintiendo todo el calor de su cuerpo, sus manos acariciaban mi espalda mientras yo tomaba sus deliciosos labios contra los míos, me contesto con la misma intensidad, me tenia a sus pies, sentía todo el deseo contenido en mi interior y no quería detenerlo a menos que ella me lo pidiera.
Esperaba que no lo hiciera, la deseaba, todo mi cuerpo vibraba por ella.
En un segundo estábamos acostados en la cama, yo sin pensarlo demasiado estaba sobre de ella, mis ataques siguieron en la clavícula, los sonidos que salían de su boca me decían que lo estaba disfrutando igual que yo, quería tomarme mi tiempo para complacerla, mimarla y adorarla como ella se merecía.
Mi boca besaba su vientre plano, mis manos recorrían sus brazos y lo que mas me gustaba de ella, sus preciosos montes que estaban deseosos de ser tocados por mí, el hombre que la estaba haciendo vibrar en este momento.
No la hice esperar, hábilmente quite el sostén, el rose fue causa de un gemido y sentí como se encorvaba hacia mí, me dio la libertad de seguir más allá, yo me deshice de mi ropa en un segundo, quería estar en igualdad de condiciones, me observo con atención y sonrió pícaramente, pude leer en sus ojos que le gustaba lo que veía, que le gustaba este Albert de 35 años maduro y que le pertenecía a ella en cuerpo y alma.
Quite aquello que me impedía poder besarla desnuda completamente, la ultima prenda la quite de un tirón, la bese en ese lugar que la hacia vibrar, sus dedos acariciaban mi cabello y me decían como le gustaba ser complacida, sus toques eran tímidos, me decían que no tenía mucha experiencia, todo era húmedo, caliente y deseoso, me posicione sobre ella de nuevo y le bese los labios, mi lengua bailaba junto a la de ella, la sentí lista, en mi interior luchaba para contenerme, trate entrar lo más lento que mi voluntad me lo permitía, pero sorprendentemente su cuerpo me pedía más.
—Hazlo de una vez por favor—me suplico.
Y asi lo hice, entre de un solo golpe y fue la sensación más placentera que jamás había sentido, los sonidos de plenitud que salieron de su boca me indicaron que lo estaba disfrutando también, me moví con sigilo de nuevo, pero ella no quería eso y a decir verdad yo tampoco, me moví con todo el ímpetu que había guardado durante todo este tiempo, unas gotas de sudor comenzaron a caer por mi frente, no quería aplastarla, era mucho mas alto que ella, creo que a ella no le importo, nunca había hecho el amor con verdadero amor, sentí como nos estábamos fusionando en alma y cuerpo en este momento.
Los sonidos gloriosos de aquellos gemidos me hicieron saber que pronto llegaría al clímax, yo estaba listo, sentí como sus paredes me apretaban indicándome que estaba cerca, di dos movimientos duros y certeros más, y ella dio un sonido liberador, ella había llegado al éxtasis, me dio luz verde y yo seguí llegando al mío también, el glorioso orgasmo que nos habíamos regalado mutuamente me llevó al cielo y me regreso a los brazos de Candy, mi Candy.
Me acerqué y le di un beso en los labios saliendo de ella, acostándome a su lado y atrayéndola a mi pecho, mas satisfecho de lo que jamás había estado con una mujer.
Ella seguía acariciándome el pecho y de pronto recordé que la bañera se estaba llenando, afortunadamente estaba programada para apagarse después de cierto tiempo, evitando inundar el baño.
—Te amo cariño— fue lo que salió de sus labios, me causo que mi pecho se llenara de nuevo y regresara de nuevo a ella, sentí que era el momento perfecto.
—Cásate conmigo Candy por favor, no quiero pasar un día mas sin ti, estoy seguro que me amas y tú sabes que te amo, mis hijos te adoran, cásate conmigo nena, acéptame en tu vida cariño— Le dije expresándole mis deseos mas profundos, lo que sentía que nos haría felices.
—Albert, te amo.
—Quiero que lo pienses, este soy yo, tengo tres hijos, soy mayor que tú, te prometo que siempre hare lo posible por estar para ti, para los chicos, sé que estarán felices con la noticia, mis hermanos son un poco complicados, pero te adoran también, Candy te prometo que hare lo posible por protegerte y tendrás un compañero en mí, solo te puedo ofrecer mi amor sincero— puso un dedo sobre mi boca, sorprendiéndome.
—Acepto cariño no tengo nada que pensar—dijo sin más, con la mirada brillante, había emoción y expectativa en su voz.
—Te amo Candy…
Continuara…
