Miércoles 23 de mayo de 1984.

Las clases habían terminado y Jyushimatsu e Ichimatsu caminaban con Todomatsu hacia su casa.

—¿No van ustedes hacia otro lado? —preguntó Todomatsu.
—No por hoy. Debemos pasar a comprar algo al mercado y tu casa queda de paso, así que… —explicó Ichimatsu.
—¡Bien! Entonces nos vemos mañana. —Sonrió. Estaba en la puerta de su casa justo cuando se despedía, sin embargo, le fue imposible cerrarla por Jyushimatsu que había metido el pie para evitar la separación.
—Auch. —Se quejó.
—¡Jyushimatsu-kun!
—Emm… Lo olvidaba —dijo despistadamente—, ¿podrías dejarme usar tu baño? A la hora de la salida los baños de la institución se llenan y pues… Por favor. —Jyushimatsu quitó el pie de la puerta luego de sostenerla con su mano.

Todomatsu echó un vistazo adentro y después de suspirar les dijo que podían pasar.
Al entrar se quitaron los zapatos. Todomatsu podía notar que sus amigos estaban siendo un poco extraños ese día, pero poca importancia les dio. Tenía muchas cosas en las cuales pensar.

—¡Mamá! Ya estoy en casa —gritó desde la entrada.
—¡De acuerdo, cariño! —dijo su madre desde la cocina.

Antes de pasar al baño los chicos pasaron a saludar a la mujer.

—Buenas tardes, señora Matsuno —saludaron ambos al unísono.
La mujer se dio la vuelta y sonrió.
—Hola, muchachos. ¿Qué tal la escuela?
—Aterradora como siempre —dijo Jyushimatsu.
Ichimatsu asintió estando de acuerdo con su compañero. La mujer rio.
—Todomatsu, tu padre no tarda en llegar. Ve y cámbiate, que la cena casi está lista. —Ella sonrió—. Chicos, ¿no se quedan a cenar hoy?
—Eh… —Ichimatsu titubeó.
—Jyushimatsu-kun, ¿no querías usar el baño? —dijo Todomatsu entrometiéndose en la pregunta de su madre.
—¡Oh, sí! ¡Ahora vengo!
—Arriba, fondo a la izquierda —le dijo.

Jyushimatsu salió corriendo, fingiendo una enorme necesidad. Lo del baño había sido pura excusa. Midió el tiempo para que pareciera que orinaba y luego bajó de nuevo casi tan pronto como pudo. Tampoco quería que pensaran que estaba defecando.

Una vez que volvió, Todomatsu se fue a cambiar a su habitación (la que compartía con su hermano). Los chicos habían aceptado la invitación de Matsuyo; se quedarían a cenar y se irían antes de que fuera demasiado tarde.

Mientras Todomatsu estaba arriba, Ichimatsu y Jyushimatsu aprovecharon para contarle sus intenciones a la mujer. No querían que Todomatsu pasara un cumpleaños solitario luego de que fuera separado de su hermano, lo apreciaban mucho y querían que ese día estuviera de lo más feliz. La mujer estaba encantada con la idea de preparar una comida especial y poder celebrar, a su manera, un cumpleaños perfecto para su hijo "menor".

Pasada casi una media hora cuando Matsuzo volvió a casa y estaban todos juntos, se sentaron a la mesa.

—¡Me alegra conocerlos finalmente! Ya era hora de que vinieran a comer y no solo tuviera que escuchar un poco sobre ustedes —dijo el padre de los gemelos muy amistoso—. Vamos, ¡coman! Sin pena.
—Gracias por sus palabras, señor Matsuno. ¡Gracias por la comida!
—Gracias por la comida —repitió Ichimatsu juntando ambas de sus manos para comenzar a comer justo como el resto.
A Todomatsu se le veía un poco cansado. Matsuyo mantenía una enorme sonrisa y los invitados estaban más tranquilos de lo que pensaban que podrían estar.
—Eh…
—¿Qué sucede, hijo?
—Pensaba que quizá… mañana podría ir a visitar a mi hermano.
—¿A Choromatsu? Eh, no creo que se pueda, hijo. Hablamos de esto.
—¡Sí, pero…! Chicos —dijo Todomatsu volteando a ver a sus amigos con la esperanza de que lo apoyaran—, ¿no es cierto que ustedes podrían acompañarme? Así no tendría que alejarme tanto yo solo y entonces…
—Todomatsu-kun, primero tendría que pedirle permiso a mi madre para eso —le dijo Ichimatsu con calma, mientras aun sostenía los palillos llevando un bocado a su boca.
—Sí, igual yo… —respondió Jyushimatsu.
Todomatsu los miraba con impotencia, pero tenían razón. También tenían sus propias responsabilidades y normas domésticas.
—Aun así… —Todomatsu insistía, aunque no se podía hacer nada.
Hubo silencio.
—Ya hablaremos de eso más tarde, ¿sí? Come —ordenó su padre.

Luego de aquello platicaron sobre Choromatsu y la manera en que llevaba sus estudios en el antiguo instituto. También hubo anécdotas sobre los partidos de básquetbol y aclaraciones sobre eventos desafortunados pasados.
La cena terminó de buena forma. Los chicos se despidieron con una reverencia pidiéndole a la mujer en secreto que pusiera de su parte para el día siguiente. Se dijeron adiós.

Jueves 24 de mayo de 1984.

Por la mañana Jyushimatsu había estado especialmente enérgico. En cuanto vio a Todomatsu bajar de la camioneta se lanzó hacia él y lo envolvió en un cálido y fuerte abrazo gritando a todo pulmón: "¡Feliz cumpleaños, Todomatsu!"
Esto, por supuesto, había hecho que el cumpleañero se ruborizara con fuerza. Ichimatsu sonreía al ver la escena a lo lejos, recién se acercaba al portón del instituto y se unió también al abrazo. Ichimatsu le regaló un libro nuevo sobre artes visuales que podría gustarle, e Ichimatsu le dio uno de sus cupones especiales para canjearlo por una buena oferta. «Si lo llevas a Akatsuka Burgers el fin de semana —le dijo con ánimo— te llevas cuatro hamburguesas gratis. Es de combo familiar y todo. ¡Este cupón aparece cada mil años!»

Faltaban todavía tres horas de clases y pronto alcanzarían la libertad. Durante el breve receso de 10 minutos Jyushimatsu platicaba con su hermano, al parecer sobre algo emocionante por la forma en que el menor sonreía.

Afortunadamente ahora todos estaban en el mismo grupo luego del cambio semestral, por lo que Jyushimatsu e Ichimatsu podían platicar mejor las cosas. Mientras el profesor explicaba conceptos químicos, Jyushimatsu le dijo al otro en un susurro:
—Mi hermano va a ir también a la casa de los Matsuno.
—¿En-Entonces Karamatsu-kun dijo que sí?
—Y no solo eso, también va a traer a su mejor amigo. Es probable que ese amigo traiga a otros.
—¿Quién es este amigo?
—Osomatsu-san.
—Válgame.
—¿No te agrada? Es amigo de mi hermano y lo conozco muy bien. A veces va a casa y juega béisbol conmigo. Como también le gustan los deportes…
—Ok, eso está bien. Creo que deberíamos decirle "Osomatsu-kun", ¿no? No es tan mayor.
—Eh~ Subimos solo un grado y ahora tú…
—¡ALLÁ ATRÁS! —gritó el profesor, llamando la atención de los chicos susurrantes. Instintivamente todos se giraron hacia ellos, incluido Todomatsu.
—¿S-Sí?
—¿Podría dar un resumen de lo que he estado hablando durante la clase?
—Emm… sobre ¿potasio y… cosas de ese tipo?
—¡Los quiero a los dos fuera de mi clase!

Todos contuvieron la risa y Todomatsu no pudo evitar dirigirles una mirada de extrañeza. Ichimatsu se miraba apenado y Jyushimatsu hubiera querido soltar una carcajada por lo cómica de su situación. Se sentaron justo afuera del salón.

Al terminar la clase Todomatsu se dirigió a ellos de nuevo, llevando las mochilas de ambos consigo. Se las tendió y les dio una mano para levantarlos.

—¿Qué fue eso de allá adentro?
—Estábamos platicando sobre la nueva versión de Street Fighter —dijo Jyushimatsu.
Ichimatsu asintió.
—¡Pues basta! No es la primera vez que lo hacen. Si nuestras calificaciones bajan podrían negarnos las siguientes vacaciones y entonces mi hermano y yo…
—No tenemos nada que ver contigo, Todomatsu —dijo Ichimatsu—. Nunca querríamos perjudicarte, es solo que, a veces le pasa a unos u otros. Lo de siempre…
—¡Mhm! De acuerdo, lo entiendo. Sí, tienen razón. Lo siento. Últimamente estoy muy… En fin, ¿quieren venir a casa hoy? Es probable que mamá haya horneado una tarta gigante de cumpleaños, así que…
—¡No hay problema!
—Sí, cuenta con nosotros.

Pasaron las tres horas de clase y luego se dirigieron a la casa.

Mientras caminaban rumbo a la residencia Matsuno los chicos platicaban de forma animada sobre lo que les deparaba el futuro cercano, pues se acercaba otro evento deportivo. El único emocionado era Jyushimatsu. A Todomatsu se le veía más apagado.

Una vez entrando a la casa Todomatsu fue sorprendido por unas serpentinas soplando hacia su rostro. Hasta Jyushimatsu e Ichimatsu que estaban detrás suyo saltaron un poco del susto.

—¡SORPRESA!

Todomatsu abrió los ojos. No se lo esperaba en lo absoluto. Vio muchos rostros conocidos. Además de tener consigo a Jyushimatsu e Ichimatsu, pudo ver a Karamatsu, Osomatsu, Futsuumaru, Hashimoto, Kinko, Homura, Yanagida, Uchikawa, y hasta Atsushi.

—Eh… —Todomatsu estaba perplejo.
—¡Feliz cumpleaños, cariño! —Su madre lo recibió con un beso en la mejilla—. Vamos, pasa. Estábamos todos esperándote.
Todomatsu pasó y sin poder hacer más, dijo:
—Mu-Muchas… ¡Muchas gracias a todos por venir!
Luego de sus palabras hizo una reverencia. No pudo evitar pensar: «¡Estoy arruinado!»
—¡Vaya susto! —dijo Ichimatsu posando su mano en su pecho.
—¿Pero por qué? Si ya lo sabíamos —respondió Jyushimatsu.
—¿Ustedes ya sabían sobre esto? —dijo un sorprendido Todomatsu.
—Lo de las serpentinas no.

Todomatsu suspiró y agradeció sin poder hacer otra cosa.
Fue hacia adentro dejando su mochila a un lado junto a la de sus acompañantes y fue felicitado por todos sus amigos, se les veía muy amistosos a todos alrededor de la mesa. Su padre platicaba con algunos de ellos como si fueran sus propios hijos, contando anécdotas mientras bebía. No pudo evitar pensar que su padre estaba sintiéndose muy libre, pero se dijo que seguramente quería festejar de forma adecuada y alegre el cumpleaños de su propio hijo.

Todomatsu fue a cambiarse y volvió con sus amigos. Se sentó en la mesa redonda en el piso donde todos estaban mientras su madre intentaba terminar la cena.
El primero en dirigirse a él fue Karamatsu.

—¡Totty! ¿Cómo se siente tener por fin 17 años?
—"¿Totty?" Jyushimatsu-kun no deja de llamarme así tampoco. —Sonrió—. ¡Se siente bien! Me siento más fresco y un poco más consciente.
Yes! Los diecisiete son una buena edad. Se aprenden muchas cosas especialmente en esta etapa. Te lo digo yo —le guiñó un ojo.
Todomatsu no pudo evitar pensar en lo ridículo que se oía puesto que solo era un año mayor que él.
—Me alegra verte otra vez. ¿Cómo sigue tu hermano? —preguntó Osomatsu.
Todos me dirigieron una mirada de terror. Temían que el menor se sintiera triste ante la ausencia de su hermano, sin embargo, para el chico fue fácil preguntar algo que podría tener una respuesta simple.
—Mi hermano, Choromatsu, está esforzándose mucho por seguir adelante, así que…

Todomatsu no terminó su frase. Osomatsu asintió y sonrió para animar a los otros. Se abrazó a Atsushi y Yanagida y dijo: "¡bien, hay que festejar!"
Sacaron el pastel de cumpleaños y estaban a punto de cantar la canción de cumpleaños, cuando Todomatsu sugirió que mejor siguieran comiendo del sushi y yakisoba que había comprado y cocinado su madre, ya que tenía mucha hambre todavía. La verdad era que no tenía demasiado apetito, solamente estaba haciendo tiempo para algo mucho más importante.
—¿Y cómo les ha ido en la universidad? —comentó tímidamente Homura.
—Creo que puedo manejarlo —respondió Atsushi.

Todomatsu dejó su plato a un lado y dijo que iba al baño casi en un susurro. No todos lo escucharon, salvo Ichimatsu y Kinko. Fue hacia atrás para usar la puerta trasera y no tener que pasar en medio de todo el mundo en la cocina.

Futsuumaru, Yanagida y Uchikawa dieron respuestas parecidas a la de Atsushi, que era del mismo grado que ellos. Concordaban en que con el tiempo se volvería pesado, pero siempre tendría su recompensa. Osomatsu era quien generalmente desviaba un poco el tema y avivaba los aires.
—¡Hum! La universidad no está mal, pero hay algo todavía peor: ¡las relaciones con las chicas! ¿Por qué nadie me dijo que las muchachas son tan complicadas, especialmente cuando se tiene una relación a distancia? Cielos…
—¿Te refieres a Totoko-chan? —comentó Kinko con curiosidad.
Osomatsu asintió mientras tomaba algo de yakisoba con los palillos y masticaba con aires de fingida preocupación sobre sus hombros.
—Ella siempre ha sido complicada de por sí —dijo Hashimoto entre risitas.
Jyushimatsu que amaba escuchar chismes estaba calladito y atento. El padre de los gemelos se había retirado de la mesa un momento para ayudar a su esposa. Osomatsu siguió hablando.
—¡Encima de que no hay un club digno de baloncesto en la universidad tengo que lidiar con ella que quiere saber todo el tiempo en donde estoy y con quien estoy! No puedo más. —Se empinó una botella de refresco y siguió hablando—. ¡En fin! Es hora de cambiar de estilo de vida. Las chicas y el baloncesto no lo son todo… ¡Ni que fuéramos el Shohoku de todas formas!
—Me sorprende que diga eso alguien como tú.
—¡¿Qué quieres decir con eso, Karamatsu?! Tú y yo no somos tan distintos.
—¡Estaba a punto de decir eso! —dijo Futsuumaru.

Todos soltaron una risa.
La mujer sirvió nuevos postres para todos y Matsuzo los animaba.
—Coman, muchachos. Están en su casa.
—Gracias, señor Matsuno —respondieron todos al unísono.
Siguieron comiendo y bromeando. De vez en cuando sacaban su celular para compartir chistes y hacer fotos graciosas. A veces todos atacaban a Osomatsu con algún chiste extraño, y otras veces se iban contra Karamatsu o Yanagida o Futsuumaru.

Luego de pasados unos quince minutos Ichimatsu sintió ganas de ir al baño también. Se le hizo curioso que Todomatsu no hubiese vuelto todavía, sin embargo, ya conocía el camino, por lo que decidió ir por su cuenta. Nadie estaba en la planta de arriba, por lo que luego de hacer sus necesidades decidió dar un rápido vistazo a las otras habitaciones. Ya era demasiado raro que Todomatsu no estuviera ahí en el baño tampoco. Suspiró.

—¿Todomatsu-kun? —No recibió ninguna respuesta, por lo que volvió a preguntar—: ¿En dónde te metiste, Todomatsu-kun?

No estaba en ninguna parte. Un tanto inquieto, decidió volver con el resto teniendo la esperanza de verlo ahí sentado, creyendo que quizá Todomatsu volvió por la puerta trasera y jamás se cruzaron, pero no estaba allí. Sin poder evitar sus gestos de desconcierto, se dirigió al resto con un ápice de pena.

—Chicos…
—¡Te estoy diciendo que es imposible que los pulpos evolucionen de esa forma! —gritó Osomatsu a Jyushimatsu.
Ichimatsu tuvo miedo de interrumpir la discusión.
—Sí, ¡pero imagina! —respondió el menor mientras alzaba un takoyaki—. Si los pulpos se dieran cuenta de que los comemos, ¿no querrían vengarse algún día? Quiero decir, son casi como extraterrestres. Lo que está en las fantasías de las pelis es lo que tenemos en la vida real: ¡pulpos! Prácticamente son aliens marinos. Tienen colores tan raros y sus extremidades son tan blanditas pero peligrosas...
—Y deliciosas —agregó Yanagida.
Osomatsu se palmeó el rostro con frustración.
—Jyushimatsu-kun tiene un punto —dijo Atsushi.
—¡¿Verdad que sí?!
—Chicos —Ichimatsu intentaba llamarlos otra vez con timidez y un tono de voz no muy alto. Se preguntaba por qué la conversación había tomado ese giro en su ausencia.
—¡Vamos, Atsushi-kun! No te pongas de su lado —dijo un histérico Osomatsu—. ¡¿Que los pulpos pueden evolucionar y acabarnos porque son aliens?! ¿De dónde sacan eso?
—Yo no dije que podían acabarnos —respondió Atsushi rápidamente.
—¿Pero no es cierto que los pulpos ya son inteligentes? Quizá, en millones de años, podrían ser una especie de alien acuático con conciencia y juicio propio. —Opinó Homura con determinación. Luego remató diciendo—: Y podrían por fin acabarnos.
—¡¿Qué?! —Osomatsu enloqueció.
Kinko, Uchikawa y Hashimoto preferían no meterse en el debate, aunque por dentro se estaban muriendo de la risa.
Take it easy, Osomatsu, sabes que no hay manera de probarlo. Es solamente la opinión de my little brother.
—¡Deja que se trague el coraje, Karamatsu-kun! Osomatsu debe aprender a convivir con distintas opiniones —dijo Futsuumaru.
—No sé por qué ahora me tachan de loco —Jyushimatsu se sentía abatido.
—¡Es que es imposible imponer una teoría como esa! Ni siquiera los monos han llegado a tanto —dijo Osomatsu.
—Oigan… —De nuevo Ichimatsu intentaba decir algo.
—¿Acaso los pulpos podrían convertir sus tentáculos en piernas con el pasar de los milenios? —se preguntó Atsushi.
—Posiblemente. ¡Mira nada más a los pingüinos y cocodrilos! —respondió Homura.
—¡Eso de verdad sería aterrador! —Fustuumaru comenzó a impacientarse e intentaba aguantar la risa al ver las caras que hacía Osomatsu como si no pudiera creer que estaba rodeado de locos.
—Pero para ese entonces nosotros ya vamos a estar muy preparados. Imagínense… Posiblemente los humanos hayamos desarrollado telepatía y habilidades que se usan únicamente con los chakras. ¿Acaso no desarrollamos ya miles de idiomas y escrituras? Posiblemente acabaremos con los pulpos alienígenas primero, aunque caminen —pensó Karamatsu en voz alta.
—Y los volveremos a hacer takoyaki. Takoyaki futurista. ¿El sabor seguirá siendo el mismo en el futuro? —recalcó Yanagida mientras seguía masticando la comida mencionada y se perdía en sus cavilaciones.
—Hey. —Ichimatsu seguía sin suerte.
—Va a tener un toque marino-extraterrestre, lo cual va a ser fabuloso porque nadie ha probado tal cosa hasta entonces —respondió Jyushimatsu.
—¡Ya basta! Es imposible… Es… —Osomatsu comenzó a verse influenciado por el resto—. Pero, ¿será posible algo así? Takoyaki alienígena no suena mal. Ahora que lo pienso, si Atsushi lo considera debería hacerlo yo también, aunque…
—¡OIGAN!

Todo mundo se giró hacia Ichimatsu finalmente. La vergüenza volvió al chico de nuevo cuando todos los pares de ojos, incluidos los de los padres de su amigo, se habían posado sobre él.

—¿Qué pasa, Ichi? ¿Se te ocurrió una teoría todavía mejor? —dijo un sonriente Jyushimatsu.
—No… Es que, subí al baño y… bueno, lo que quiero decir es que… es Todomatsu.
—¿Mhm? ¿Qué pasa?
—¿Qué sucede con mi hijo? —intervino inmediatamente Matsuyo, dirigiéndose a la escalera con la intención de ir a su encuentro.
—No pude encontrarlo.
—¿Todomatsu-kun no está? —exclamó Karamatsu.
Ichimatsu negó con la cabeza.
—Ha desaparecido. Posiblemente por la puerta trasera —dijo el tímido joven mientras apuntaba al lugar.

La madre y su marido fueron a echar un vistazo. Evidentemente, los zapatos de su hijo ya no estaban en el recibidor.