Ni la historia ni los personajes me pertenecen.
Capítulo 11
Gaara se había ido de nuevo cuando me desperté a la mañana siguiente en Nueva York. Debido a los tres conciertos programados, estaríamos en la ciudad durante casi una semana. La cosa acerca de estar de gira eran las infinitas posibilidades de dormir hasta tarde. En parte, tendría pereza al momento en que llegáramos a casa. Hubo una cena de la banda la noche anterior, a pesar de las quejas de Neji acerca de todos viviendo uno encima del otro. Creo que su eterno mal humor secretamente escondía un infierno de interior suave. Y sí, esa era mi opinión profesional. Lo atrapé acariciándose la barbilla al mismo tiempo que le daba a TenTen una mirada pensativa, más de una vez. No me sorprendería si tuviéramos otra barba a bordo en un futuro próximo.
Con mi lado perezoso en mente, me encontré con Hinata en el gimnasio y fijamos residencia en un par de bicicletas estáticas durante media hora. La última ginecóloga que vi hace unos días dijo que el ejercicio ligero era genial y estupendo. A pesar del fetiche ocasional por un poco de comida extraña, y ayer la fiesta de pasteles de TenTen, no me consentí con muchos caprichos. Un montón de ensaladas y verduras, y el viaje ocasional al lado oscuro por postres decadentes. La negación total no me sienta bien. Al final del día, un Frijolito saludable y yo feliz era más importante que el tamaño de mi trasero.
Los hombres se fueron a una prueba de sonido, seguido de varias apariciones en televisión antes de subirse al escenario. Las tiendas de maternidad podrían irse de paseo por un tiempo, no era nada. Un reportero de una revista renombrada de la música quería hacer un seguimiento de la banda, incorporándose al viaje. Aparentemente, un análisis exhaustivo sobre el Tour de Stage Dive: el artículo La Verdadera Historia Detrás de La Fachada Pública estaba en proceso. Gaara parecía particularmente poco convencido con todo el asunto. Pero luego, un poco conmovido. Tendía a tomar la mayor parte de las cosas a su ritmo. Lo cual era genial. Yo podía, lo sé, ponerme más bien nerviosa a veces. Pensar demasiado las cosas. Aunque la reserva genética con la que Hinata y yo vinimos, probablemente era una maravilla que no nos hubiéramos vuelto unas mujeres locas por los gatos a los dieciocho años o algo así. No es que estuviera poniendo excusas o sugiriendo que transmitir la culpa por el comportamiento personal de una persona era una oportunidad. Pero para mí, creía que el aura de Gaara de tranquilidad y sin rodeos era una buena cosa. Las personas con baja autoestima temen al amor. (Sip. El título en psicología asoma su cabeza de nuevo). Ellos dudan de la capacidad de otra persona para apreciarlas, porque no ven el valor en sí mismos. Yo sabía que me merecía cosas buenas. O por lo menos, no conformarme con menos que una cosa buena.
Con mis pantalones de yoga enrollados, una camiseta de tirantes un poco bastante pequeña para contener los pechos y el vientre, y una cola de caballo sudorosa, vagaba de nuevo por nuestra suite. Esta vez era gris oscuro con apliques de laja. La impresionante vista de Manhattan. Muy agradable.
Lo que esperaba adentro para mí, no tanto.
—Estás jodidamente bromeando —gruñó una extraña, mirando mi vientre.
Puse una mano en mi cintura, deteniéndome en seco. La mujer era alta, morena, cabello increíble. Alrededor de los treinta quizás. Era difícil de decir por la forma en que su desprecio retorcía su rostro de modelo y labios rojos cereza. Supongo que ella era la groupie de Gaara en Nueva York o algo así. Qué incómodo. Además, ¿cómo demonios entró aquí?
—¿Y tú serías? —pregunté, con un borde en mi voz.
—Si piensas que recibirás un jodido centavo de él sin una prueba de paternidad estás soñando. Y aun así, luchará por la custodia.
Interesante. Ella parecía creer que sabía un montón acerca de mi novio sin realmente saber nada en absoluto.
—¿Tu nombre, por favor? —pregunté.
—Tú no eres el primer coño en intentar esta mierda con uno de ellos, y te aseguro que no serás la última. —La mujer, de ahora en adelante conocida como ‚la perra‛, me miró con desprecio desde sus altísimos tacones de aguja— No tengo idea de por qué Kabuto no me lo contó.
¿Era colega de Kabuto? No era una buena señal. Por todo lo que había visto y oído hablar del mánager de la banda, creo que era uno de los más grandes idiotas de nuestro tiempo.
—¿Gaara te esperaba? —Seguro como el infierno que no me mencionó a ninguna visitante.
—Soy bienvenida aquí.
—¿Sí? ¿Cómo entraste, solo por curiosidad?
—La seguridad me conoce.
Un desafiante movimiento de cabello. Cristo, la mujer era igual que cada chica malvada que encontré en la escuela secundaria. Era increíble cómo algunas personas paraban de desarrollarse a partir de cierta edad y se quedaban atascadas. Por fuera hice todo lo posible para lucir tranquila y en calma, pero por dentro me sentía irritada, infeliz y enojada. ¿Qué demonios hacía en nuestra habitación? Supongo que Gaara no tuvo la oportunidad de romper con esta chica. Impresionante.
—¿Te gustaría un jugo? Me muero por un jugo.
—Déjame adivinar: eres una ordinaria putita que vive en un tráiler, una pequeña caza fortunas que pensaba que llegar entre bastidores y chupar la polla de uno de los chicos te llevaría a alguna parte.
Supongo que no quería una bebida. Sin embargo…
—No te quedas embarazada chupando una polla. No estoy especializada en biología ni nada, pero estoy malditamente segura de que no.
La perra se me quedó mirando. De acuerdo, así que esto no iba realmente bien.
—Lo siento —dije. No lo siento— No quise interrumpir tu alucinante diatriba. Por favor, continúa. Honestamente, no puedo esperar a escuchar lo que tienes que decir a continuación.
Su hermoso rostro se arrugó como una especie de gato, la mujer en realidad tenía la audacia de acecharme, sus manos se cerraron en puños. La chica se hallaba fuera de quicio. Mi corazón latía al doble de ritmo, cada instinto protector en mí se levantó en alarma. ¿Me golpearía a mí y a mi Frijolito? Creo que no. Afortunadamente, el bar gozaba de una gran variedad de armas disponibles. Mi favorito personalmente era una botella de Chivas. La sopesé de una mano a la otra. Tres cuartos de su capacidad. Era bastante pesada. De ninguna manera iba a jugar limpio con esta imbécil.
—Karin —gritó Suigetsu, el hombre de seguridad, salvando el día. No sé cuándo entró, pero estaba jodidamente contenta de verlo. Cuando tuviera la oportunidad, cubriría su cara marcada de besos— Pon una jodida mano sobre ella y tu hermano nunca te perdonará. Te lo garantizo.
La perra se congeló.
—Oye, Suigetsu. ¿Quieres un poco de Chivas? —pegunté, ofreciéndole al musculoso hombre en traje negro la botella.
—Perfecto. Me quedaré con eso, ¿sí, señorita Hyuga? —Puso la botella de nuevo en su lugar entre la fina selección de bebidas alcohólicas.
—Así que tú eres la hermana de Gaara —dije, tragando mi jugo de manzana una vez más— Interesante.
Suigetsu colocó su celular junto a su oreja, sus ojos luciendo un poco preocupados por una vez. Al corpulento guardaespaldas nunca le vi mostrar el menor atisbo de miedo antes. Qué giro extraño que había tomado mi día. Y qué toda poderosa perra sobre ruedas que era la hermana de Gaara. Envié una oración rápida para que esos genes particulares saltaran una generación o tres. No era extraño que Sasuke la hubiera cambiado por Saku. Uff.
—De ninguna manera él puede estar tragando la mierda que sea que ella está vendiendo —escupió Karin.
—Sr. Sabaku —dijo Suigetsu a su celular— Su hermana ha venido de visita.
—Déjame hablar con él. —Karin alzó su mano.
Suigetsu le dio una mirada. Guau. Incluso hizo que Karin se detuviera de nuevo. Cualquiera que sea la historia allí, apuesto a que era un infierno de cuento.
—Sí, la señorita Hyuga y ella se conocieron —informó Suigetsu al celular— Solo interrumpí su intercambio de palabras. La situación era un tanto volátil.
Se calló, escuchando lo que sea que Gaara decía. Luego se volvió hacia mí.
—Señorita Hyuga, a él le gustaría saber si está bien.
—La mejor salud, Suigetsu. Todo bien. —Sonreí.
Fueron unos buenos seis años más o menos desde que me había metido en peleas. La mayor parte de nosotras maduramos y cortamos esas tonterías. Sin embargo, si Karin se empeñaba en conocer mis instintos maternales de protección, entonces así sería.
Gaara y Suigetsu charlaron. Sobre todo la conversación por parte de Suigetsu consistía en sí, señor, y etcétera.
—Señor —dijo Suigetsu finalmente—. Me pregunto si podría ayudar a resolver la situación si yo tuviera una charla tranquila con su hermana. —Un último—: Sí, señor —Y desconectó la llamada.
—Señorita Hyuga, ¿sería tan amable de darnos a Karin y a mí un momento a solas?
—Claro, Suigetsu.
Entré a mi habitación, con el jugo en la mano. Mi oreja pegada a la puerta cerrada dos centésimas de segundo después. Escuchar las conversaciones de los demás es un terrible defecto, lo sé. Aunque de ninguna manera podría perderme esto.
—¿Qué demonios sucede contigo? —comenzó Suigetsu, su voz baja y mortal— Te vi arruinar la mierda con tu hermano y Sasuke por años. Hasta el punto en el que tuviste que ser enviada al otro lado del país para que dejaras de causar problemas. Es la chica que tu hermano piensa que es el jodido mundo, y lleva a su niño. Planeaba presentártela mañana, después de advertirte sobre la situación —dijo Suigetsu— Él tenía la esperanza de que pudieras ayudar a conseguirle algo de ropa de maternidad, ya que conoces la ciudad.
La perra se burló. —Tienes que estar bromeando.
—No. Mira, aquí está la cosa triste. Tu hermano en realidad cree en ti, piensa que solo tuviste un par de errores, pero que has aprendido de ellos y has crecido. No sabe cuán amargada y perra egocéntrica eres.
Al parecer, ella no tenía nada que decir a eso.
—Pero entonces, el amor distorsiona cómo la gente ve las cosas. Y tu hermano te ama, a pesar de toda la mierda que le has tirado en los últimos años.
—Solo quiero protegerlo —dijo, su voz temblando de furia— Lo está engañando, debe hacerlo. Gaara nunca ha sido el tipo que se establece, lo sabes tan bien como yo. Es básicamente un vago millonario y profesional. Apenas puede ver más allá de la próxima sesión de improvisación y botella de cerveza.
—La gente cambia.
—Bueno, si está tan comprometido con ella, entonces de ninguna manera piensa con claridad. Él es suave, Suigetsu. No es como nosotros. Vemos el mundo como realmente es. La gente utiliza a los chicos, siempre lo han hecho. Y esta chica no es diferente, puedo decirlo con solo mirarla.
No podía ver ni una mierda. Suigetsu maldijo fervientemente.
—Tienes razón en que vemos las cosas como realmente son. ¿De qué tienes miedo, Karin? ¿Te preocupa que si tu hermano está en una relación, por primera vez, si tiene una mujer y un hijo de los cuales cuidar, no se sentirá inclinado a seguir proporcionándote tu caro estilo de vida?
Silencio.
—Tú eres la aprovechadora aquí, Karin. Siempre lo has sido.
—Jódete. Es mi hermano.
—Sí, tu hermano, no tu cuenta bancaria. Tal vez un día de estos deberías aprender la diferencia entre los dos.
De ninguna manera. Santo infierno. Así que este es el gasto del que Gaara habló anoche, mantener a su hermana con el estilo de vida al que al parecer se acostumbró cuando vivía con la banda. La única familia verdadera que tenía lo drenaba hasta secarlo. Que completa perra. No importaba lo que él dijo, dudaba altamente que cualquier cosa que implicara a esta sanguijuela chupa-dinero estuviera bajo control. Hombre, quería otra oportunidad para golpear un objeto duro contra su bonito cráneo. Pero era su dinero y su familia, no el mío. Por lo tanto, realmente no era mi asunto. No es que me detuviera de escuchar o soñar en maneras de hacer desaparecer a esta mujer. Extraño, preocuparme por Frijolito y Gaara realmente sacaba el lado violento en mí. Juro que por lo general era una pacifista.
—Esa chica…
—Ama a tu hermano. Y él la ama. Nunca lo vi de esta manera con nadie, y ella es buena para él. Pasa menos tiempo a solas, habla más, interactúa. Él es feliz, Karin.
—Por favor. ¿Qué demonios sabes? Solo eres ayuda contratada.
—No seas ingenua. Si realmente fueras tan estúpida ni siquiera estaríamos teniendo esta conversación.
—No puede estar tan colgado de ella. No vi un anillo en su dedo.
—Va a suceder. Solo están demasiado ocupados por la llegada del bebé para detenerse y hacer esta mierda oficial —dijo Suigetsu, el martilleo de mi corazón casi lo ahogó— Haces alguna cosa para causarles problemas y voy a asegurarme de que nunca más seas aceptada de nuevo en la banda. Tu exclusión será permanente.
—Son mi familia —dijo en un tono horrorizado.
—Entonces comienza a actuar como tal. Deja de tomar el dinero de tu hermano y sostente sobre tus propios pies. Trata a Matsuri y a todas las mujeres con un poco de respeto.
Ninguna respuesta.
—Nunca recuperarás a Sasuke. Esos días ya fueron. Acéptalo. Si no quieres perder también a tu hermano, sigue mi consejo.
Un momento después la puerta principal se cerró con un golpe. Después, el llamado a la puerta de mi habitación golpeó a través de mi cabeza. Auch. Escuchar a escondidas era un pasatiempo peligroso.
—Ya puede salir, señorita Hyuga.
Salí, bebiendo lo último de mi jugo, haciendo mi mejor esfuerzo por parecer indiferente sobre todo el súper-drama. Diversión brilló en los ojos de Suigetsu.
—Es grosero escuchar las conversaciones de otras personas.
—No sé de qué hablas —dije, mi nariz elevada al cielo.
—Por supuesto que no sabe.
Bajé la nariz de regreso a donde pertenecía antes de que consiguiera un calambre en el cuello.
—¿Realmente crees que lo hago feliz?
El tipo en traje negro sonrió. Fue la más pequeña de las sonrisas. Ahí estuvo y se fue en un instante.
—Eres la estudiante de psicología. Piensa en eso. Cada uno de los chicos juega un papel en la banda. No es solo un instrumento, sino una pieza del rompecabezas que los hace funcionar. Sasuke es el poeta sensible, Naruto es el payaso bocazas y Neji es el bastardo melancólico. Pero Gaara, él solo sigue con el trabajo, haciendo lo suyo. Es el único sobre el que no tengo que enloquecer si sale en público. No le interesa ser el centro de atención. El chico pasa desapercibido, ¿sabes?
—Sí. Supongo que sí.
—Los otros chicos compraron mansiones y mierda, pero él no. Solo sigue mudándose, viviendo en hoteles, tocando su música. —Suigetsu me miró desde la longitud de su nariz rota. Dios sabe cuántas veces fue rota— Tú le das un lugar al cual pertenecer, cosas que planificar, una vida fuera de todo esto. El idiota ni siquiera se dio cuenta de que lo necesitaba, pero lo necesita. Le das estabilidad. Nadie más le ha dado eso en mucho tiempo.
—Eres una especie de filósofo, Suigetsu.
—Nah. —Otra sonrisa de milisegundo—. Solo uso mis ojos. Para eso me pagan.
Le sonreí. La mía duró más tiempo.
—Si Karin regresa, llámame. No creo que vaya a causar más problemas, pero con ella…
—Lo haré.
Algo me despertó como a la una de la mañana. La luz de un e-reader, por extraño que parezca.
—¿Gaara? —Bostecé, rodando para chocar un cuerpo caliente y duro— Hola. ¿Cuándo entraste?
—No hace mucho. —Quitó el cabello de mi cara, procediendo a frotar mi cuello— No quería despertarte. ¿Quieres que vaya a leer a la sala de estar?
—No.
Hundí mi cara contra sus costillas, aspirando la caliente masculinidad. Divino. Incluso los vellos suaves y con olor a jabón bajo sus brazos funcionaban para mí. En cuanto al camino al tesoro que va desde el ombligo hasta por debajo de sus bóxers… el paraíso. Imposible mantener mis dedos lejos de él.
—Eres toda una acurrucadora. —Rio entre dientes.
—¿Eso es un problema? —La idea de que mi apego lo pudiera molestar no me pasó por la cabeza.
—Nop. Me gusta tenerte cerca. Significa que puedo mantenerte fuera de problemas.
Puse mi mentón en su pecho.
—¿Y eso qué quiere decir?
—Escuché sobre tu enfrentamiento con Karin hoy. ¿De verdad la ibas a golpear con una botella de whisky escocés de veinticinco años?
—Si se hubiera acercado más a Frijolito y a mí con la mano levantada, lo puedes apostar. Aparentemente tengo una racha violenta estos días, lo cual es preocupante. Pero no estoy dispuesta a quedarme de brazos cruzados si yo o los míos salen heridos.
—Hmm.
—No lo inicié, Gaara.
—Lo sé. —Las comisuras de sus hermosos labios inclinadas hacia abajo— Lamento jodidamente tanto que eso sucediera, cariño. No tenía idea de que iba a reaccionar así. Quiero decir… sabía qué pensaría lo peor. Ha visto bastante gente de mierda tratando de sacar provecho de la banda en los últimos años.
Solo pensé que yo estaría aquí para controlar la mierda. Escondí mi rostro contra su costado. No había una gran cantidad de formas educadas de decirle a alguien que su única familia verdadera era una imbécil de la peor especie.
—Esperaba que ella y tú fueran amigas —añadió.
Muy poco probable.
—¿Qué lees? —pregunté, tomando la opción más segura.
—Neji me lo dio. Lo cargó con libros sobre bebés.
—¿Te lo dio?
—Sí. —Gaara sonrió y levantó el e-reader a su cara— ¿Sabías que las contracciones son parecidas a las olas del mar profundo, llevando pura energía natural a través de ti? Debes aceptarlas y abrirte como una flor al sol de la mañana para que tu hijo pueda nacer.
—Eso suena como una inmensa mierda.
—Sí, no sé si este libro valga la pena. Podría probar con otro.
—Aún no he hecho una gran cantidad de investigación sobre el parto. Pero mayormente imagino dolor, drogas y el abuso al azar con gritos a cualquiera que esté cerca.
Un resoplido.
—Además, los bebés necesitan unas malditas toneladas de cosas —continuó— Será mejor que nos encarguemos de eso. Neji contrató a un especialista para él y TenTen, que va a trabajar con ellos en la decoración de la habitación del niño y colocar todo lo que necesitan.
—Guau.
—Sí. Podría valer la pena pensar en eso, ya que aún estaremos de gira por un tiempo.
Froté la barbilla contra su pectoral, teniendo pensamientos profundos.
—Todo eso suena muy bien, pero apenas hemos decidido intentar ser novios. No tenemos idea de si vamos a vivir en mi apartamento o dónde.
—Es verdad. —Dejó a un lado el e-reader y curvó su mano alrededor de mi cadera— Estaba pensando, algunos de los libros decían que el yoga era grandioso en la maternidad y te preparara para dar a luz y todo. Recuerdo que dijiste que te gustaba, pero no tenías una gran cantidad de tiempo ni dinero para hacerlo mientras estudiabas. Entonces… no te enojes conmigo, porque no estás obligada a hacerlo si no quieres, pero pensé que sería agradable si tú y TenTen tenían un instructor especialista, para que trabajara contigo cuando quieras.
Quedé boquiabierta.
—¿Conseguiste uno?
—Neji dijo que a TenTen le interesaría, y pensé que tú podrías disfrutarlo. Pero es tu decisión —continuó— Ah, y Neji dijo que debo señalar que de ninguna manera esto se debe a que me preocupe por el tamaño de tu culo o algo así, porque no lo hago. Creo que tu culo es impresionante. Si se hace más grande, eso solo significa que hay más con que jugar. Solo quería hacer algo bueno para ti y sé que estar de gira se vuelve un poco aburrido a veces. Y pensé…
Alivié sus preocupaciones subiéndome a horcajadas sobre el hombre, besándolo con dureza. Y entonces lo seguí besando un poco más porque había pensado en mí. No me importaba que hubiera estado afuera haciendo sus cosas, ningunas relacionadas a mí. En algún momento del día estuve en su mente. Le importaba. La prueba de ello era casi la cosa más dulce de mi vida.
Con la respiración pesada, mi novio me dio una sonrisa lenta.
—Te gusta la idea.
—Me encanta la idea. Gracias.
—Mañana te llevaré de compras, ¿de acuerdo? Lo prometo.
—Está bien.
Mi pecho se llenó de sentimientos cálidos y difusos. Cada poquito de emoción inspiradas por él. Íbamos a lograrlo. Lo haríamos. Él, yo y Frijolito seríamos la mejor familia que existía. Nuestra niña nunca dudaría de que era amada y cuidada.
—Realmente lo siento por mi hermana, cariño —dijo—. Joder, nunca deberías haber tenido que lidiar con esa mierda.
—No quiero hablar de ella en este momento —le dije, bajando por su largo cuerpo.
—¿No?
—Nop. Tengo hambre.
Enterré mi cara en su cuello, respirando su aroma. Que Dios me ayude, Suigetsu tenía razón. Me enamoré de este hombre. Podría postergar decir las palabras y negar cuanto me gustaba. La verdad, sin embargo, no iba a cambiar. Lento. Si lo tomábamos con calma, esto realmente podría funcionar.
—¿Qué te apetece? Te voy a pedir servicio a la habitación.
—Tú.
—¿Yo? —Su voz bajó al menos una octava.
Besé primero una plana tetilla marrón y luego la otra, turnándome, chasqueando la lengua a través de ambas.
—Mm-hm.
Con la ayuda de mis pies, empujé la sábana hacia abajo, arrastrándola cada vez más abajo. Tracé la línea de cada costilla y la curva de cada músculo. La hendidura de su ombligo y las líneas a ambos lados que llevaban a sus caderas. Muy pronto me encontré cara a cara con su erección, la cual tensionaba el algodón negro de sus bóxers cortos. Juro que los ojos del hombre parecían en llamas, viéndome hacer lo mío.
No dijimos nada. Pero tampoco necesitábamos hacerlo.
Un gran tatuaje de un cráneo decoraba su lado izquierdo, el detalle y los colores increíbles. Las líneas de una vieja canción de Led Zep cubrían el lado derecho. El hombre era una obra de arte andante.
Siempre tan amablemente, levantó sus caderas para que pudiera deslizar su ropa interior hasta la mitad de sus muslos musculosos. Realmente nunca me detuve y analicé, de una forma tan cercana y personal, a su polla. Una maldita lástima. Era gruesa y larga, surcada de venas, la cabeza ancha y lisa, llamando a mi lengua. Por ahora, no obstante, pasé mi pulgar sobre la piel sedosa, sintiendo la cresta y la hendidura donde se ubicaba el punto placentero.
Gaara aspiró con fuerza cuando lo masajeé, sus costillas sobresaliendo. Hombre, él era hermoso. Sus ojos brillantes y las líneas de esos pómulos. Su boca perfecta y esa barba. Guau, esa barba. Las cosas que podía hacer. Si el hombre alguna vez se afeitaba, no me acostaría con él hasta que volviera a crecer.
—¿Qué estás pensando? —preguntó, su voz apenas por encima de un murmullo.
Apreté mi agarre en su polla, disfrutando de la sensación de que fuera tan suave y caliente contra mi palma. Lo bombeé una vez, dos veces.
—Nada.
—Sabes, pareces muy buena, pero tienes una chica mala en ti. Me gusta.
—No sé de qué hablas.
Agradable y lentamente me agaché, arrastrando la lengua a través de la cabeza lisa de su polla. Mm, líquido pre- seminal salado. Delicioso.
—Juegas conmigo así, para empezar.
—¿No te gusta?
Seguí la cresta de su polla con la punta de la lengua antes de excavar en profundidad a su punto placentero. La cabeza cabía en mi boca perfectamente, era genial para succionarlo.
—Mierda —dijo entre dientes, empujando las caderas, forzándose a sí mismo más adentro en mi boca.
Succioné con fuerza, chupando y sorbiendo ruidosamente su gruesa polla, comiéndolo. No mentí en nada, realmente tenía hambre. Y complacer a mi novio era el número uno en el menú. Lo llevé tan profundo como podía, relajando mi mandíbula. Esto realmente requeriría de práctica, dado su tamaño. De alguna manera, dudaba que le importase practicar.
Sentada sobre él, vestida solo con una delgada camiseta sin mangas y bragas, le di lo mejor de mí. Si mi técnica era desordenada o algo deficiente, Gaara nunca lo mencionó. Arrastré mi lengua arriba y abajo por su longitud, trazando las venas y jugueteando con la cresta. Entonces abrí mi boca y lo llevé tan profundo como pude. Probablemente no era mucho, pero le hice disfrutar todo lo que podía tomar. Definitivamente era una de esas ocasiones en las que succión equivalía a amor. Un montón de amor. El sabor salado en mi lengua, sus gemidos y las palabras de elogio llenando mis oídos lo confirmaron.
Darle una mamada a Gaara era genial.
El hombre grande y barbudo se encontraba completamente a mi merced. Sus caderas empezaron a sacudirse, obviamente incapaz de contenerse por mucho más tiempo, y lo succioné con fuerza. Gritó, sus manos enredadas en mi pelo, tirando la cantidad justa para hacer hormiguear mi cuero cabelludo. Ese ligero escozor funcionó para mí, a lo grande. Me sostuvo en el lugar, para que tomara todo su semen. Tragué lo más rápido que pude, limpiando el resto con la lengua y los dedos. Él era mío, y cuidar de él era definitivamente una recompensa.
Con las mejillas sonrosadas y su caja torácica subiendo y bajando con rapidez, me miró con asombro. No sabía que lo que hice era tan notable, pero era agradable ser apreciada. El hombre sin duda inspiraba mi deseo de complacerlo. Lucía tan hermoso después de correrse. Todo aturdido y desconcertado, su rostro relajado, en paz.
Me subí de nuevo encima de él, yaciendo sobre su pecho. Inmediatamente sus brazos se cerraron alrededor de mí, sosteniéndome con fuerza.
—Lo siento, agarré tu pelo, manteniéndote abajo —dijo, todavía respirando con dificultad— Nunca hice eso antes.
—Estuvo bien.
—Nunca sucederá de nuevo. No sé qué coño se apoderó de mí.
—Oye —dije, levantándome sobre un codo para mirarlo a la cara. Parecía estar en pánico— Gaara, me gustó. Me gustó que estuvieras tan perdido, hacerte eso, lograr que pierdas el control un poco.
Se quedó mirándome. Le di una sonrisa y con cuidado rodé fuera.
—Iré a conseguir algo de agua. ¿Necesitas un poco?
Asintió. —¿De verdad no te importa?
—Me gusta ser suave contigo. En serio. Pero creo que volvernos un poco rudos de vez en cuando también es divertido. Sé que lo que podemos hacer está un poco limitado por el bebé. —Le di a mi vientre una palmadita— Después, sin embargo…
Otro asentimiento, éste francamente entusiasta, hasta el punto que me preocupaba que pudiera terminar con un esguince cervical. Parecía que a mi hombre realmente le gustaba jugar.
—Genial —dije.
Después de todo, ¿cuál era el punto de tener un hermoso y enorme novio descomunal si no estabas dispuesta a jugar con él? No era más que otra exploración saludable de los límites de nuestra relación. Que nos lleváramos tan bien en la cama me daba una buena sensación. Me daba esperanzas.
—Esperaré por eso. —Le di un guiño.
Tenía esta cosa de ser novia muy controlada. Asombroso.
