Nota del autor. Ha pasado un año desde que empecé a publicar esta historia aquí, me alegro de que la estén disfrutando, honestamente no creí que llegaría tan lejos, y apenas estamos entrando en la segunda mitad de la historia por lo que nos queda un largo camino por recorrer .


Mira por la ventana, probablemente lo único que veas sea tu reflejo. Yo veo a un joven de apariencia familiar, esa gorra roja sobre su cabeza lo vuelve inconfundible, aunque después de mirarlo un poco mejor está más delgado de lo que grababa, aunque para nada desnutrido. Detrás de ese joven hay una capa casi tan profunda como la que bañaba cierta ciudad ficticia que vale la pena no recordar. De vez en cuando se alcanzan a ver una que otra luz amarilla de lo que supongo son casas; pero de repente varias luces parpadeantes se asoman más cerca de lo que esperaría.

No parece provenir de un avión pues no se escuchaba un motor adicional.

«Chicos, tienen que ver esto» dijo Jeff mirando desde su lugar.

Las mismas luces parpadeaban en la ventanilla de Jeff.

«Lo estoy viendo» respondió a Paula desde la suya.

Nos tenían rodeados.

«Dime que esta cosa tiene sistema de defensa» le dijo a Jeff.

Él no respondió.

Esperamos en silencio que pase algo, cualquier cosa.

Como llegaron las luces, se fueron, haciéndonos sentir más tranquilos.

«Pasamos inadvertidos» comenté en un suspiro.

Volvimos cada uno a nuestro lugar.

«No sé tendrás horas queden de camino por creo que lo mejor será intentar dormir un rato», dijo Paula.

«Claro, y si alguna nave enemiga nos ataca, yo les aviso».

Cuidado Paula, creo que alguien quiere robarte tu lugar en pensamiento positivo».

Jeff soltó un profundo suspiro de angustia.

«¿Qué ocurre?» preguntó Paula.

«No es nada».

Paula voltea a verme esperando que yo tuviera una respuesta, pero con un gesto le hago saber que no.


Estoy solo en un lugar oscuro, parado sobre una superficie blanda y viscosa, el aroma a vísceras impregna el lugar. Cuando reviso mejor veo que el suelo sobre el que estoy parado son varias mangueras gruesas, mangueras que se asemejan a los intestinos de un gigante.

Desde las profundas sombras que me rodean provienen de un susurro.

«Ríndete».

Sin saber a qué dirección mirar respondí: «¿Por qué he de rendirme ahora? He superado cada obstáculo que me ha puesto».

Varias risas siniestras comenzaron a sonar en un eco. «Te quité a tu amiga, si quisiera haberla matado».

«¿Por qué no lo hiciste?».

«Porque aún estas a oportunidad de dar media vuelta, ya viste de lo que soy capaz, no creo que quieras seguir arriesgando las vidas de tus amigos en un sin sentido como luchar conmigo».

«¿Y no lo vas a hacer de todas maneras? ¿Crees que no sé que quieres destruir nuestro planeta?».

«Ustedes humanos lo están destruyendo poco a poco, es algo inevitable, solo les ahorraré tiempo».

«No mientras yo esté vivo».

«Eso podemos arreglarlo».

«A todo esto, ¿por qué quieres destruir nuestro planeta?».

La voz guardó un breve silencio. «Yo estaba destinado a ser el guerrero más grande y poderoso de mi planeta, ¡pero fui contagiado de una horrible enfermedad terrestre! Un solo error causado por mi debilidad bastó para echar a perder un historial perfecto. Me convertí en una burla para mi planeta, despreciado y humillado».

«Entonces resuélvelo en tu planeta, ¿nosotros qué tenemos que ver?».

«Oh no importa, mi planeta ya no existe, los hice pagar caro».

«._.».

«Descubrí que, lo que la tierra me arrebató también me lo podría devolver. Si aún no he destruido tu patético mundo es por la cantidad de energía que posee. Una energía que me hará trascender y me destruirá en algo mejor de lo que estaba destinado a ser en un inicio».

Avanzo por un túnel de vísceras acercándome cada vez más al origen de la voz. Llego a una crisálida con la forma de un globo ocular tres veces más grandes que yo. Todas las mangueras estaban conectadas a él y parecían estar nutriéndose algo en su interior.

La voz prosigue con aún más agresividad: «Cuando haya extraído hasta la más mínima gota de poder, ni tú, ni nadie me podrá detener y finalmente me desharé ¡del planeta ¡que me entregó a ¡LA HUMILLACIÓN!».

Corrí de ahí buscando una manera de escapar a través del túnel de vísceras mientras varias risas me perseguían.

«¡Eso! ¡Corre! ¡Aprovecha el tiempo que tienes con los que amas porque es limitado! ...».

Llegó a una bóveda subterránea, las paredes estaban blindadas con planchas de metal. Miles de starmen estaban en formación, acomodados a lo largo y ancho de una pared como si resultaran figuras de acción en una juguetería. Miro hacia tras de mí, las vísceras han desaparecido.

«… Porque si decide continuar, ¡me encargaré de deshacerme de cada persona importante para ti frente a tus ojos!».

Hubo un silencio que fue interrumpido únicamente por los latidos de mi corazón y mi respiración frenética.

«¿De esto se trata esto? ¿Quieres infundirme miedo nuevamente? Escucha, si algo aprendí en Moonside es que no puedo creer en todo lo que veo, no sé si este lugar es real o solo existe en este ridículo sueño, pero sí se una cosa: Estoy destinado a derrotarte, porque cuando el bien se enfrenta al mal ¿qué lado cree que gana? Y si realmente fracasaste una vez significa que no eres invencible. ―Una sonrisa burlona se pinta en mi rostro―. Y eso te asusta, ¿no? Saber que puedes volver a fallar…».

«¡Calla!».

«…Por eso te escondes. Me he enfrentado a cada uno de tus secuaces y los he derrotado a todos mientras tú estás resguardado en tu burbuja buscando adquirir suficiente poder como para derrotarnos».

«¡Basta! ¡Si alguien aquí ha fallado eres tú! ¡Le ha fallado a tus amigos varias veces y le seguirás fallando!».

«Sí, lo sé, pero a diferencia de los tuyos, los que me rodean no me juzgan con dureza, sino que me ayudan a seguir mejorando. Esa es mi fuerza».

La voz gritó con desesperación «¡Nooo! ¡Tú no me vas a ganar! ¡Te quitaré a tus amigos, a ver si sigues siendo tan fuerte como dices! ¡No voy a fracasar! ¡No otra vez! ¡NOO!».


Me despierto en mi asiento. Ya era de día, pero no me muevo hasta terminar de procesar aquel sueño. Giygas había intentado infundirme miedo ―y de cierta forma lo había hecho― pero le salió el tiro por la culata pues in voluntariamente confesó tener una debilidad. Aun así, no podía confiarme de alguna palabra suya. Su debilidad podría estar en un lugar del que él prefiere desviar la atención. Bien podría ser un truco. Lo que si era una realidad es que él había amenazado a mis amigos. ¿Será que revelará más información de la que debería? Volteo a un lado mío y veo a Paula aún dormida, sus pestañas se ven más largas con los ojos cerrados. Delante de mí está Jeff, despierto, pero perdido en sus pensamientos. No importaba lo que viniera. No iba a dejar que algo les pasara.

Volví a mirar tras la ventana. Una manta de escarcha como la que se hace en invierno la cubría, cuando la quité vi cuanto había cambiado el paisaje; y es qué, parecía que un arcoíris se había estrellado contra el suelo.

«Paula, Paula ―dije para despertar a mi compañera―. Tienes que ver esto».

Ella se unió a mirar.

El mar azul, las flores silvestres, la hierba seca junto con la nueva y la nieve que aún permanecía en ciertos puntos: Todos combinados para deleite, incluso parecía que se habían puesto de acuerdo para darnos la bienvenida.

«Bienvenidos a Brumocia ―dijo Jeff con un tono algo apagado―, todavía falta un poco para llegar a Winters así que tendrán paciencia».

En ese momento no le dimos mucha importancia a las palabras de Jeff, pues estábamos absortos en el paisaje. A medida que pasaban los minutos se podía ver más nieve, a pesar de que en el calendario ya era primavera. Supongo que por eso el nombre "Winters".

Jeff encendió su radio y la conectó a un micrófono.

«Doctor Andonuts, estamos llegando al laboratorio, pido acceso».

El mencionado laboratorio descansaba sobre una colina, La nave empezó a descender y entró por una puerta en el techo.

Jeff se quedó pensativo antes de subir hasta la escotilla, era evidente que algo además de la altura le inquietaba.

Salimos. Un mono rojo y regordete muy parecido a los que vivían en el desierto trepó por la nave. Me gustaría saber que hacía en una tierra tan fría.

Al verlo, Jeff exclamó con alegría: «Burbuja». Ese era el nombre del monito.

Burbuja vivía en el laboratorio, era amigo de Jeff y le gustaba la goma de mascar. Jeff metía la mano a su bolsillo y le ofreció un poco. Entonces esto hizo una burbuja más grande que su cuerpo, lo suficiente como para hacerlo elevarse el suelo. Sin duda un mono interesante.

Nos recibió un hombre de bata blanca, como la que usan los doctores, el cabello alrededor de su brillante calva también era blanco, así como su poblado bigote, sobre sus ojos había un par de fondos de botella. Llevaba un pantalón gris y unas botas con casquillo negro, y, a pesar de ser adulto no era mucho más alto que yo.

«Hola hijo» dijo el hombre en tono de camaradería al ver a Jeff.

«Doctor Andonuts» respondió Jeff prefiriendo conservar la formalidad.

Ya que Jeff no nos presentó en instancia, yo lo hice por mi cuenta. Me siguió Paula.

«Oye, es muy bonita, ¿es tu novia?» preguntó mientras picaba con un hombro a Jeff.

Se que lo dijo en son de burla, pero aun así no evité sentir que un nervio se torció dentro de mí. Dejando eso de lado, noté que por más que el doctor quería hacer hablar a Jeff este tiene su actitud tímida y fría, que por cierto, hacía mucho de este último.

«Jeff nos ha hablado mucho de usted (mentira) ―dijo Paula―, él nos trajo hasta aquí porque dice que usted nos puede ayudar a llegar a Scaraba.

«Qué raro, el correcielos debería ser capaz de llegar allá sin ningún problema».

Evitando contacto visual Jeff respondió: «Pero… tal vez… necesitamos cargar combustible».

La amigabilidad desapareció del rostro del doctor. «Jeffrey Albert Andonuts ¿Qué hiciste?».

Ahora lo entendíamos:

«¡Es tu papá!» exclamamos al unísono.

Jeff se puso rojo como el fuego. «¡Por qué le tienen que decir lo del correcielos!» gritó con mucho enojo.

«Mira esto, ¿quién le metió mano?» exclamó el doctor desde dentro de la nave.

«Oiga, no sea tan duro con Jeff,―intervino Paula― nos trajo hasta aquí en una pieza».

«Le quitó una pieza, querrás decir. ―El doctor se asomó por la escotilla―. Es muy amable de tu parte querer defenderlo, pero él sabe cómo son las cosas. Si un aparato no funciona bien, es mejor que no funciona».

Jeff apartó la mirada y en un susurro respondió «Por eso te deshiciste de mí».

Eso me puso furioso. «¡Oiga! ¡Usted no es un médico, es un monstruo!».

«Sí, ahora entiendo por qué Jeff no lo había mencionado hasta apenas ayer», añadió Paula.

«Digan lo que quieran, aún estoy dispuesto a ayudar» Respondió el doctor Andonuts mientras se movía por todo el laboratorio buscando herramientas.

«Ahórrese el favor, le vamos a pagar». Después de decir eso me dirigí con mis amigos a la salida del laboratorio. Burbuja también vino con nosotros.

«Alto, ¿A dónde van?».

«A explorar un rato ―dije―, volvemos cuando el invento esté terminado».

«Está frío afuera».

«De eso usted sabe». Dicho eso empujé la puerta y crucé el umbral.

Paula intentó abrazar a Jeff, pero este la empujó con desprecio.

«Basta Paula, no necesito tus condolencias».

Sostuve a mi amiga de no caer, pero ninguno de los dos dijimos nada sobre la grosería de Jeff pues comprendíamos que estaba enojado.

«¿Entonces qué necesitas?» le pregunte.

El chico se sentó en la nieve sobre la colina y pensó la respuesta mientras miraba a la lejanía. «Que me dejen de amar con el apellido Andonuts. Soy Jeff, no Jeffrey Andonuts, ni el hijo de Andonuts o el niño Andonuts. Jef ».

«Oye, fuiste Jeff para nosotros desde un principio». Doblo mis rodillas para sentarme junto a él. «¡Ajá! está fría…» exclamo al sentir la nieve. Me vuelvo a erguir.

Jeff también se levanta.

«… A lo que me refiero es que, fue Jeff el que nos rescató de esa cripta, fue Jeff el que derrotó a Eructo».

«Fue Jeff el que ayudó a salvarme en Fourside», añadió Paula.

«Y será Jeff quien nos ayudará a encontrar los santuarios que faltan ya derrotar a Giygas… Momento, ¿ santuarios ? ―Me llevo una mano a la cabeza―. No puede ser. Olvidé uno en Fourside».

«¿Cómo pasó eso?» dijo Paula mientras generaba una pequeña llama entre sus manos para entrar en calor.

«Estaba tan preocupado por encontrarte, nosotros , que olvidé recordar que la piedra sonora estaba brillando».

«Chicos, ―llamó Jeff desde cierta distancia mientras miraba a las lejanías―, creo que ya sé dónde podemos encontrar el siguiente santuario».

Nos unimos a mirar.

Jeff dijo lo que a primera vista parecían varias colinas nevadas en la lejanía, pero al mirar con más cuidado era un banco de neblina, parecía que las nubes habían descendido a la tierra para echarle un vistazo a algo especial en ese lugar.

Entre toda esa niebla hay una caverna extraña, varios exploradores han entrado en ella, pero no han regresado».

Saqué la piedra sonora de mi mochila y la sostuve en mi mano mientras la extendía en la dirección a la que señalaba Jeff. La piedra soltó un leve resplandor celeste.

Le sonrío a mi compañero «Bien hecho Jeff.

«¿Vamos?» preguntó Jeff.

Paula y yo estábamos temblando bajo nuestras prendas primaverales, aun así, nuestra estancia en Winters no sería larga, no podía dejar pasar otro santuario y menos sabiendo que con cada segundo que pasaba Giygas estaba más cerca de realizar su plan. Por otro lado no quería precipitarme, y exponernos a quedar congelados en el camino. A pesar de todo Burbuja parecia estar muy comodo en ese clima.

Mientras castañeteaba los dientes Paula comentó la misma observación que hice.

Me quité la mochila de sobre mi espalda y la abrí. «Tal vez si usamos varias prendas de ropa, una sobre otra, podemos contradecir el frio.

El doctor Andonuts salió del laboratorio. «Si planean ir a explorar, más les vale estar bien abrigados», dijo. Nos dio a cada uno de nosotros un conjunto para el frio: Gruesos abrigos de esos que utilizan los alpinistas: rellenos por dentro de plumón. cada abrigo tenia una capucha integrada.

Nos quedamos mirando al doctor durante algunos segundos sin saber que decir o pensar siquiera. ¿Un gracias hubiera sido lo más apropiado?, tal vez, pero simplemente nuestros ojos se clavaron en él, aunque sin malicia, sino más bien como la mirada que le regalan un grupo de niños pequeños a un desconocido cuando pasa cerca del área en donde están jugando.

«Em, voy a seguir trabajando». Con eso, el doctor volvió adentro.

«Vamos entonces» le dije a mi equipo. «Que dices Burbuja, ¿te apuntas?».

El mono se puso rojo como un tomate, pero no por el frío.

Desde arriba del laboratorio saltó una mono, quien le regaló a Burbuja una mirada coqueta, si me preguntan cómo sé que era una mono hembra, fácil: tenía pestañas largas y un lazo en la parte superior de la cabeza. Lo sé, alto estereotipo.

«Así que están de luna de miel» dijo Paula después de oír chillar a ambos monos.

Jeff exclamó asombrado, pero algo molesto «¡¿Qué?! Y ni siquiera me invitaste a tu boda».

«Bueno, tú tampoco nos habías dicho que tenías un amigo mono» le dije a Jeff en un tono de burla.

Ahora es Jeff el que se pone rojo.

Burbuja sonrió apenado.

«Esta bien, les daremos espacio», dijo Paula.

Ambos monos trepan el laboratorio y se van a quien sabe donde.