Dieciséis.

Desastre.

Cómo terminó aceptando la propuesta de investigar sobre un labrador de rasgos tan específicos, ni él tenía la menor idea. Comprendía que indirectamente estaba involucrado en el caso de Legosi por ser esposo de Azuki pero ni siquiera sentía que eso tuviera sentido en la actualidad. Louis suspiró mirando de reojo a sus acompañantes, quienes lucían tan tensas mientras paseaban a su lado por una zona llena de transeúntes. Ninguna estaba acostumbrada a que las utilizara a plena luz del día debido a su rutina inicial, aunque no se quejaron del cambio repentino, comprendiendo más de la situación que él mismo. Además era la loba quien volvería más efectiva la búsqueda, ya que él sólo podía hacer uso de sus redes empresariales y de vez en vez contactarse con algún herbívoro que no se hubiese alejado de la vida a la que él renunció tras casarse. Y aunque caminara directo a una de estas reuniones clandestinas con intención de obtener la más mínima pista, el olfato bien desarrollado de Juno podría ahorrarles la fatiga de continuar ejerciendo un plan tan impreciso. Giraron una esquina, entonces el ciervo decidió que le apetecía fumar, así que sacó una caja de cigarrillos para de unos cuantos hábiles movimientos encender uno, cuyo aroma rápidamente picó las narices de las carnívoras, motivo por el cual Juno detuvo de forma abrupta el agitado ritmo de andar que mantuvieron hasta ese instante.

—Se supone que había dejado eso. ¿Cuándo lo retomó?

—Justo ayer durante la media noche, después de tu charla con Legosi —respondió divertido por el gesto reprobatorio que le dedicaba la loba mientras expulsaba el humo burlonamente por el hocico—. ¿Es un impedimento para tu tarea?

—Me apena decirlo pero sí.

—Bueno, pueden adelantarse, ya las alcanzaré en cuanto lo termine.

—No podemos dejarlo desprotegido —renegó.

—Mis enemigos no vendrán contra mí de la nada. A decir verdad, este era mi plan cuando salimos de casa. Quiero que ustedes recorran libremente la ciudad mientras yo converso con mi amigo, luego podemos volver a reunirnos para regresar a la mansión. Una llamada en sus collares digitales será suficiente, total no me iré lejos de la taberna.

—Amo, su esposa le habló detalladamente del riesgo que enfrentamos, ¿verdad?

—Sí, y no omitió detalles pero no creo que deba preocuparme mucho. No importa lo peligroso que sugiera ser el antiguo amo de su sumisa mascota suelta, no podría estar más lejos de cumplir su ambición si se enfrentase al Conglomerado Cuernos.

—Lo está subestimando —espetó Juno un tanto irritada—. Debe saber que ese fue nuestro mayor error en el pasado.

—No me estoy arrepintiendo de darle techo y protección a una fugitiva rebelde como tú —declaró mordaz, algo que congeló por completo a la canina especialmente por la gélida mirada que Louis le dedicó—. Así que tampoco me acobardaré de enfrentarme a lo que sea.

—Amo, yo…

—No te equivoques —dijo desviando la vista antes de que Juno pudiera formular palabras con aquella marcada incomodidad en su semblante—. Hay una razón por la que quise capturarte esa noche a pesar de que sabía podría estar adoptando una fiera peligrosa, y de hecho es un motivo simple. Tan simple como decir que amo a los carnívoros, tan simple como confesar que soy un niño rico mimado que adora romper las reglas y domar bestias por su cuenta. Nunca me importó tu pasado, Juno. Yo sólo quería que me pertenecieras. Y ya que ese lobo idiota significa tanto para ti, estoy listo para limpiar sus inquietudes. Sólo espero que eso baste para que decidan quedarse.

El sorpresivo brote de honestidad por parte del ciervo desconcertó gravemente a ambas carnívoras ya que resultaba difícil el sólo hacerlo admitir cuando algo le aterraba o simplemente le desagradaba, que les estuviera mostrando una parte de su frágil alma estaba causando un efecto casi expiatorio; ni siquiera podían imaginarse qué había sucedido para que Louis se mostrara así ante ellas, nada menos que al aire libre, arriesgando ser escuchado por aquellos frente a los que siempre mostró una imagen distorsionada de su verdadera personalidad. Juno estaba un poco conmovida por este cambio. Casi estaba comenzando a sentir aprecio por los herbívoros.

—Lo llevaremos a la taberna primero —intervino Shiira—. Después de eso nos dividiremos si es eso lo que desea, ¿está bien?

—Si eso las dejará tranquilas, no me opongo.

Louis se alzó de hombros y apagó el cigarrillo para que pudieran continuar, obteniendo una mirada aprehensiva de la canina que no podía asimilar del todo el comportamiento de quien se convirtiese en su amo temporal, que por fin aceptaba estar interesado en conservarla para siempre, cosa a la que Juno ya se había resignado cuando comprendió que no volvería a tener la vida que había deseado junto a Legosi, al menos antes de que apareciera su reflejo. Dudaba que este lobo gris que apareció de nuevo frente a ella fuese a replicar los sentimientos y promesas que alguna vez compartió con el primero, pero no podía negar que esperaba algo parecido para rehacer su vida. Pero después de escuchar al herbívoro, notó que no le desagradaba la idea de seguir como su mascota, pues además tenía a Shiira a su lado, una hembra que le entregó su calor cuando más necesitaba una caricia, llenando el hueco que no pensó rellenar jamás después del terrible acontecimiento que le llevó desear la muerte. Miró a la susodicha, quien había estado esperando que la notara para avanzar tras su amo, misma que le sonrió ligeramente mientras le daba la espalda, una invitación sin voz que Juno aceptó sintiéndose hipnotizada. Tal vez era momento de perdonarse por todo lo que pasó.

Cuando llegaron a la taberna ubicaba a once cuadras por delante, las carnívoras se despidieron cordialmente de su amo, suplicándole tener cuidado y enviarles una señal ante la más mínima sospecha de problemas. Louis accedió, entonces las vio alejarse para encender un segundo cigarrillo en honor al recuerdo de la noche anterior golpeando su cerebro, regalándole imágenes difusas como si hubiese estado borracho mientras todo se desarrollaba. Cuando Azuki había vuelto, Louis todavía yacía recostado en la cama, recibiéndola en la misma posición sin siquiera molestarse en disimular lo que había estado haciendo hasta que la hembra volvió. Mantuvieron una conversación tensa, después de minutos que parecieron horas de incomodidad se sinceraron un poco y acordaron hacer ese intento al que Louis se había negado en la mañana. Necesitaban un heredero, eso no podían negarlo, por el bien de la fachada de su sociedad y por el anhelo silencioso de Azuki por convertirse en madre. Y había sido maravilloso. El Louis que fumaba en el presente aún lo estaba asimilando, pues en algún punto había estado sintiendo asco de Azuki; de su estilizada figura, sus discretos atributos físicos, así como de su personalidad acida.

Se estuvo perdiendo mucho, ahora lo entendía.

Al principio quiso culpar a los instintos de reproducción que despertaron en él debido al fuerte aroma a carnívoro contaminando su lecho matrimonial, pero mientras avanzaba el coito alcanzó la iluminación: Sus cuerpos ajustaban perfecto precisamente porque pertenecían a la misma raza de herbívoros, sin importar los fetiches que hubiesen desarrollado individualmente y a pesar de sus preferencias, coordinaban de manera alucinante porque eran dos ciervos genéticamente hechos el uno para el otro. Louis ya había dejado la rebeldía atrás, así que estaba preparado para admitirlo. No negaba que las relaciones interespecie resultaban excitantes por su cubierta de prohibición y pecado genético (había disfrutado compartir su tiempo con Haru debido a eso), pero realmente nunca contempló las ventajas sexuales en una relación como la que gozaba con Azuki. Entonces entendió que esto marcaba una etapa de su vida adulta. Si la fecundación llegaba a ser exitosa, sería hora de abandonar vivir aventuras para él. Pero lo que más le sorprendió de todo el asunto es que no le deprimió pensar en ello, de hecho le hizo sentir afortunado. Apagó el cigarrillo e ingresó al interior de la taberna, yendo al llamado de su conocida en una mesa al fondo. Se trataba de una equidae que había administrado el tercer centro de apuestas más famoso entre los herbívoros; humilde y discreto para todo aquel que desease iniciarse en el mundo de los casinos, siendo bastante cuidadosa entre la clientela que manejaba por temor a involucrarse con lo peor del bajo mundo por motivos personales.

—Ellen —saludó a la cebra mientras tomaba asiento con sutileza—. Me alegra verte.

—Hola. No sueles acordar esta clase de citas después de que te casaste, a menos que el asunto sea de suma urgencia. ¿Pasó algo?

—Investigación. Busco a un labrador de estatura media y ojos color miel. Aparentemente es muy amigable e inteligente. Responde al nombre de Jack. ¿Tienes idea de quién pueda ser?

— ¿Amigo de alguna de tus recientes mascotas?

— ¿Intuición femenina? —inquirió sin sorprenderse demasiado por la asertividad de la astuta cebra, quien sonrió cómplice luego de darle un rápido vistazo a su animado alrededor.

—Casi —dijo mientras recargaba los codos en la mesa y se aproximaba relativamente más cerca de su acompañante para reducir el volumen de su voz—. Hay un labrador que ha estado rondando los centros de apuestas desde hace como medio mes atrás, algunos dicen que está involucrado con organizaciones peligrosas porque la placa y el collar de mascota que porta son falsos.

— ¿Te has encontrado alguna vez con él?

—De frente no. Pero algunos de mis clientes han podido intercambiar algunas palabras con él. Al parecer busca a una loba de pelaje rojizo.

—Juno. —Louis no tardó en concluir—. ¿Sabes dónde podría estar ahora?

—Me temo que es todo lo que sé. Ha sido muy cuidadoso sobre dar información detallada ya que mezcla intenciones con sus charlas pero todo indica quiere que el nombre de tu mascota viaje entre chismes, probablemente para delatar su estadía aquí en Cherrynton.

—Un poco engañoso sin duda. Que complicado. ¿Asiste a tus casinos seguido?

—No estoy segura, tiene una manera muy curiosa de desplazarse. Las cámaras de seguridad no han logrado captarlo. —Aquello sorprendió al ciervo de sobremanera. Conocía lo quisquillosa que era Ellen con los sistemas de seguridad en sus negocios, ninguna figura por muy pequeña que fuera podía escaparse de ser registrado para siempre, y que un can burlara las cámaras era un golpe duro en el orgullo de la celosa cebra—. Puedo revisar los videos que he grabado los días que ha visitado mis locales por ti, aunque no te aseguro encontrar una imagen de alta definición.

—Me basta con la información que me has dado —declaró Louis con una sonrisa mientras introducía una mano en sus bolsillos y extendía un generoso fajo de billetes a la hembra sobre la mesa, el cual la cebra tomó velozmente para ocultarlo bajo su chaqueta de la misma discreta manera—. Gracias. ¿Te molesta que vaya de incognito a tu local más famoso?

—Te daré fichas gratis para entretenerte mientras esperas a tu presa —concedió Ellen con una sonrisa—. Sólo, ya sabes, nada de alborotos.

—Descuida, llevaré a Juno conmigo. Eso será suficiente para que él solo se acerque a la red.

—Bien —La cebra se levantó de su asiento con claras intenciones de marcharse—, entonces te espero hoy en la noche alrededor de las nueve y once, son sus horas favoritas para asistir.

—Gracias de nuevo, Ellen.

Con un asentimiento la cebra comenzó andar, haciendo un sonido rítmico que Louis reconoció como un llamado común para mascotas felinas, así que curioso la siguió con la mirada, comprobando con gratitud que había llamado a un tigre blanco, el cual salió desde detrás de un pilastrón a la derecha de la entrada. Le complacía que su amiga de instituto hubiese hecho caso a sus sugerencias sobre conseguirse una mascota para que la protegiera de posibles turbulencias y no temiera más andar sola por la ciudad a riesgo de toparse con individuos indeseados. Con esto en mente descubrió su reloj de pulsera digital, presionando el botón que enviaría la señal al collar de sus mascotas para que volvieran a él y mientras esperaba tomó la decisión de hacer una llamada al móvil de Azuki para darle las buenas noticias.

.

Melon se relamió los labios tratando de imaginar el sabor de la sangre que manchaba sus colmillos luego de haberse mordido intencionalmente esa extremidad suave y carnosa que coronaba su propio hocico. Luego de haber terminado su trabajo de escritorio tuvo tiempo libre para dedicarse a sí mismo mientras esperaba informes de algunos de sus carnívoros más prudentes, los cuales había mandado a espiar los movimientos de su ansiada presa que hasta el momento no parecía dispuesta a separarse de grandes grupos de gente en ningún momento. Acostado en el suelo frío junto a las puertas de cristal que llevaban a su patio personal, muy lejos de la alfombra tapizando su piso, trató decidir alguna actividad que lo mantuviera distraído hasta que fuera el momento de actuar pero la carencia de ideas terminó por aburrirlo e incitarlo perder cuidado del daño que se ocasionaba sin real intención. Cuando no eran sus garras las que perforaban su piel, usualmente se rasgaba los labios o se hería la lengua al morder el ambiente sin sentido; una manía que solía llevarlo tener un contacto continuo con la mini-enfermería construida en su planta privada del edificio que manejaba, después de todo no podían permitirse que doctores ajenos a su rama familiar pudieran enterarse de que ahí había un híbrido vivo (adulto, por si fuera poco). Su madre se aseguraba que su existencia se mantuviera en secreto en todo momento, era por eso que no volvieron a contratar nuevos herbívoros para hacerse cargo de las distintas áreas de medicina y experimentación. A veces les bastaba con los carnívoros que chantajeaban.

—Cariño, levántate. Vas a enfermar. —La voz de su madre lo sobresaltó, a tal calibre que de un momento a otro se había puesto de pie y golpeado la espalda contra el vidrio de la puerta mientras se cubría el hocico con ambas manos. No queriendo que notara la sangre que lo llenaba—. Amor, ¿por qué te cubres el rostro? Sabes que estás completamente a salvo aquí de todos los lugares —decía Akiko avanzando con una lentitud inquietante del marco de la puerta al centro de la habitación sin mirarlo siquiera—. Ya me di cuenta que tienes sangre.

—Vete —imploró Melon aterrorizado pero luchando por conservar un poco de cordura.

—Ya te he dicho que no te haré daño. ¿Por qué me echas?

—No te quiero cerca ahora, vete.

—Oh, mi niño. Eres tan encantador cuando estás asustado, justo como tu padre.

—Mamá… hablo en serio… —espetó con voz trémula, buscando a tientas el picaporte con una sola mano, pues sus instintos de herbívoro le advertían sobre la amenaza que representaba aquella leopardo al encontrarse en un estado tan vulnerable—. Estoy tan cerca… tan cerca de capturar a la coneja que me llevará al experimento más importante de mi padre. No puedo permitir que me devores ahora. Sería… una tragedia cómica.

—No te voy a devorar —Akiko dio un paso hacia él, tal acción le bastó al hibrido para alterarse.

— ¡Aléjate!

—Por favor, Melon. —Los ojos cerrados de la carnívora mostraron sus siniestras intenciones en cuanto se abrieron—. Sólo una probada —Había dicho antes de lanzarse contra él.

Melon no consiguió abrir la puerta para salir debido a su sofocante pánico, así que sólo acertó esquivarla y correr hacia al baño donde cerró la puerta con seguro, escuchándola golpear apasionadamente durante un rato hasta que se calmó. Pero el hibrido sabía bien que no era producente emerger aún, conocía el patrón desde que era muy pequeño y se enteró de la muerte de su padre, así que sería de estúpidos fiarse de la pasividad y ternura que esa felina le mostraría en adelante.

—Melon, mi amor, ábreme. Todo estará bien, te lo prometo.

—Vete de aquí, mamá —gruñó apresurándose en ir al lavabo para limpiarse la sangre e inspeccionar en el reflejo la herida que se había causado. Al tomar el botiquín de primeros auxilios que siempre yacía fiel junto al inodoro y descubrirlo vacío, se molestó consigo mismo, pues debió haberlo renovado antes de que se presentara esa situación. ¿Cómo no lo recordó mientras estaba tirado en el suelo sin hacer nada? Volvió a gruñir con fastidio.

—Melon… —continuaba de manera maniaca la insistente voz melosa de su madre.

— ¡Lárgate! ¡Me obligarás a usar el garrote contigo de nuevo! —exclamó exasperado—. ¡Y esta vez te juro que no me detendré hasta matarte! ¡Te destrozaré la cabeza!

—No me iré sin curarte esa herida. Vamos, Melon. Hazlo por mamá. Sal de ahí —canturreó.

—Vete el averno —murmuró frotándose el rostro con cansancio, no soportando siquiera verse en el espejo, así que se retiró a la regadera donde se acurrucó en el rincón con las piernas apoyadas en su pecho.

Odiaba con todas sus fuerzas haber nacido hibrido. Si la vida de un hibrido era tan jodida, era comprensible que las leyes de su mundo decidieran asesinar a seres como él apenas nacer; él hubiese preferido ser abortado si su entorno iba a ser tan desgastante. Sin embargo, odiaba más la imprudencia de sus padres. ¿Qué clase de lunático sin escrúpulos iba a gustar de enredarse con carnívoros en su cama? Y peor aún, que su naturaleza no fuese apta para convertirse en sumisa, porque su madre no hubiese podido ser domada ni con todas las disciplinas del universo, muestra estaba en que los restos de su padre gacela se habían desvanecido en los drenajes ya que nada más que su sangre había servido de prueba para registrar el día de su muerte. Se resistió llorar. Hubo una etapa en su adolescencia en donde pensó librarse de todo, pues su condena en muerte no podría doler más de lo que lo hacía en vida. Pero entonces encontró los archivos rojos de su padre mientras trataba por vía telefónica con Vinett* (el conejo encargado de enviarle muestras de ADN para la clonación en sus laboratorios), descubriendo que existía una manera de revertir toda su condición, únicamente necesitaría una muestra que cumpliera las pautas. No necesitó más que comentárselo a su socio para que éste le asegurara poseer un prospecto adecuado, acordando llamarlo de nuevo cuando estuviera listo.

— ¿Nunca te he contado cómo murió tu padre? —Aquello sacó a Melon de sus cavilaciones abruptamente, haciéndole experimentar un escalofrío por toda su espina dorsal—. Fue hermoso. Su boca emitía dulces gritos mientras su lengua parecía acalambrarse. Toda la cama se salpicaba de carmín, dándole la bienvenida a huesos crujientes sembrados en la oscuridad.

— ¡Cállate! —exigió Melon turbado por esta nueva movida de su madre. Estaba acostumbrado a que lo llamara sin cesar con connotativos cariñosos. Sin embargo, esta vez parecía dispuesta a inventar una nueva forma de tortura, impulsada por una caza triunfal frustrada.

—Estaba tan frágil, tan indefenso, sin una sola oportunidad para defenderse.

—¡Cállate!

Melon se cubrió los oídos, queriendo impedirse escuchar más pero ni con ese bloqueo significativo en sus orejas dejó de oír la voz de su madre atravesando las paredes, sintiéndose nuevamente como un niño que se esconde de los monstruos saliendo de su armario, sólo que el monstruo al que más temía siempre estaba junto a él, usando el título de madre biológica.

—Nunca dejó de rogar que me detuviera, ¿sabes? Por supuesto, yo quería escucharlo, luché por lograrlo. Pero mientras más partes arrancaba de su cuerpo, menos entusiasmada me sentía.

— ¡Basta! ¡Mamá, por favor! ¡No sigas!

—Antes de perder la consciencia, me hizo jurarle que no te devoraría a ti, que te cuidaría con mi vida hasta que fueras adulto y te valieras por ti mismo. Sé que hemos pasado por circunstancias similares a esta pero… he mantenido mi promesa. Por eso, Melon, sal de ahí.

—¡No estoy loco!

—Estaba bromeando cuando te perseguí, sólo quería darte un beso.

—Quisiera creerte, mamá —confesó Melon empapado en lágrimas, que traidoras habían encontrado la salida en contra de su voluntad—. Siempre lo quise, desde que era un niño. Pero… tú y yo sabemos que en estos momentos me estás cazando. Quieres que me descuide y baje la guardia, así me tendrías a tu merced. Porque te recuerdo a mi padre… ¡es por nuestra sangre maldita que te sientes atraída como un imán! No es únicamente por la carne, si esa fuera la solución todo lo que te he dado: presas vivas, campos de cacería, bastaría para que dejarás de perseguirme… pero no lo has hecho. Nunca te detendrás.

—Melón, escucha a tu madre —La voz de Akiko se quebró a causa del llanto—. Tienes que salir.

— ¡NO! ¡Prefiero podrirme aquí encerrado que ser tu alimento! Por favor, ¡vete!

Un fuerte golpe azotó contra la puerta antes de que resonaran pasos alejándose presurosos de la habitación, seguidos de un portazo desconsiderado. La carnívora se había ido, con ese conocimiento Melon fue capaz de respirar aunque no con tranquilidad, ya que los sentimientos que le abordaron nuevamente alimentaron sus deseos de llorar. Debía darse prisa, su madre finalmente había cruzado la línea. Se recargó en el muro de nuevo y cerró los ojos dejando al tiempo pasar. Microsegundos, horas, tal vez pasó un día entero y no le importó, estaba tan aterrado de salir que quiso por un instante cumplir su promesa de quedarse ahí eternamente. Sin embargo, al cabo de unos minutos volvieron a tocar la puerta.

—Mierda. ¿¡No vas a rendirte!?

—Soy Savon, amo —respondió la voz masculina del otro lado y eso bastó para que los nervios alertas del hibrido se congelaran, sin saber de qué manera sentirse, aún cuando se dijo que debería estar aliviado—. Llevo puesta mi máscara, le aseguro que no lo puedo lastimar. —Melon se dejó reír de forma ácida, pues la afirmación de su mascota más usada podía ser contrarrestada de mil maneras; poseía fuerza, tamaño, entrenamiento entre otras tantas cosas, obviamente su veneno no era el único aspecto del que alguien debía preocuparse—. ¿Me permitiría entrar?

—No sé si quiero abrir la puerta.

—La señora Akiko se encuentra afuera. Tomó su collar y se marchó. Probablemente no vuelva pronto, se veía muy mal.

—La consciencia es algo que puede herir el alma de los seres vivos. Un arma de doble filo.

—Amo, ella dijo que está herido de nuevo. Debe permitirme tratar su herida —insistió el reptil del otro lado de la puerta—. No queremos que se infecte.

—Que atento, Savon. No quiero.

—Amo —El tono severo del dragón despedía reproche.

—Lárgate de aquí, no me apetece recibir atención. Quiero morir.

—De ser así, debió dejar que su madre acabara con todo, ¿no?

Aquel comentario reanimó algo en el interior de Melon que derritió todo su cerebro, haciéndolo tensarse de pies a cabeza tan abruptamente que asemejó la sensación a ser inmovilizado por un bloque de ochenta toneladas, el cual lo aplastaría esparciendo sus órganos igual a masa. Sin razón aparente eso lo hizo sonreír hasta que ya no consiguió contener la fuerte e insana carcajada que sirvió para organizar todos sus pensamientos. Irónico que una frase tan insensible le hubiese servido para devolverlo a su estado natural, Savon no pudo evitar sentirse incomodo pero no se alejó de la puerta hasta que escuchó el seguro retirarse para visualizar a su sonriente amo tras una rendija, de donde emergió la mano que le acariciaría la cabeza en modo de felicitación.

—Por estas cosas es que me encantas, Savon. Amo tu oscuro sentido del humor.

—Me complace haber sido de ayuda, supongo.

—Sí, sí. Vamos a la enfermería o lo que sea ya que pareces tan preocupado.

—Amo. —Antes de que el hibrido pudiera poner marcha a la salida de su recamara, el reptil lo retuvo con la seriedad de su acento—. Estoy a sus órdenes, ya sabe.

— ¿Tienes una petición especial que hacerme? —inquirió con tono amigable, por lo tanto Savon sabía que estaba siendo bastante amenazante con él luego de que recuperara su compostura.

—Si tiene miedo, puede simplemente ordenarme permanecer junto a usted en el lugar de su madre... Por supuesto, sólo es una sugerencia. Usted es libre de hacer lo que quiera.

—Eso me recuerda… —En ese momento Melón se dio cuenta de un detalle importante que no había notado al principio de este encuentro—, ¿cómo saliste de tu jaula? Tú y tus amigos deberían estar descansando, ¿no es así?

—Su madre…

— ¿Mamá fue quien te liberó? —le interrumpió.

—…Y me pidió me asegurara de que estuviera ileso.

— ¿Acaso pensó que me suicidaría ahí encerrado?

—Lo desconozco.

— ¿Temes que tu presa busque el camino de la dignidad, mamá? —susurró para sí mismo, no importándole lo que pudiese pensar el reptil al escucharlo decir tal cosa—. Savon, me apetece sentir que he vuelto a la vida. —La insinuación hizo que el dragón de komodo se mostrara indispuesto enseguida pero sin hacer el menor comentario al respecto. Además de que sería inútil advertir lo obvio y señalar su trabajo de protección hacia ese pobre fenómeno sin apetitos más que el masoquismo físico, una orden del hibrido no daba cavidad a reticencias—. ¿Te importaría llamar a mi oso perezoso favorito? Quiero un nuevo tatuaje. Te esperaré aquí mismo, acabo de decidirme tomar tu oferta. No quiero a mi madre cerca hasta que haya cumplido mi objetivo.

—Eso significa que, ¿ya ha decidido lo que le gustaría ser?

—Planeaba pensarlo cuando tuviera al lobo en mi poder pero… sí, creo que he tomado mi decisión. Como carnívoro me libraría del apetito de mi madre pero como herbívoro seguiría gozando de los beneficios de especie, así que adivina. Digo, si es que funciona.

—Cierre con llave esta habitación, todas las puertas y ventanas. Volveré enseguida.

Savon se dio la vuelta y salió por la puerta principal del dormitorio para cumplir el reciente mandato. Melon suspiró, entonces se movilizó para sellar cada recoveco, cerrando las persianas para sumirse a una completa –casi pura- oscuridad. Normalmente sería capaz de percibir la mueblería de su entorno y percibir figuras gracias a la mitad de su genética pero en esa ocasión se reconoció ciego en su totalidad. Se sintió bien, pues le ayudaría darse una idea de lo que era estar muerto. Pronto no notaría sus propios movimientos, ni escucharía los ruidos de afuera. Sería asfixiado por esa nada sin color ya que tampoco su olfato funcionaba como le gustaría. Si el experimento fallaba en darle lo que más deseaba, tal vez no sería tan malo unirse a la nada.

.

La noche había llegado y en compañía de nadie más que sus mascotas caninas, los ciervos arribaron al establecimiento que el líder del Conglomerado había mencionado visitarían para probar suerte en su búsqueda. Rodeando el antebrazo de su esposo con las manos -que a su vez yacía doblado contra su pecho-, Azuki presumía un vestido de noche color vino que combinaba perfectamente con el traje gris de Louis mientras avanzaban como una verdadera pareja con sus respectivas mascotas andando justo detrás, quienes inspeccionaban lo más discretamente posible las multitudes que se reunían entorno a las costosas máquinas de azar. Debido a que esto era sumamente nuevo para Legosi, sus orejas se mantenían aplastadas contra su nuca mientras su cola estaba caída, todo lo contrario a Juno que estaba más que alerta a cualquier sonido, agitando de vez en cuando la cola. La loba no había entrado en un casino desde que su anterior amo la había comprado para presumir, así que le traía ácidos sentimientos, pero pensar en que encontraría a su amigo en un lugar así bastaba para que no quisiera perderse detalle. Olfateó y se encogió; el ambiente estaba infestado de aromas. Estarían gozando de una excelente racha de buena suerte si esa primera noche se topaban con Jack.

— ¿Alguna sección en especial que les gustaría revisar, Juno? —quiso saber Louis cuando vislumbró la mesa donde daría uso a sus fichas enumeradas hasta el sesenta.

— ¿Es prudente que nos separemos en un lugar tan concurrido? —cuestionó Legosi sin darle tiempo a su compañera de responder, ganándose una mirada burlona cortesía del ciervo, lo cual logró que el carnívoro se tensara de pies a cabeza.

—No imaginé que te acobardarías apenas empezar. Creí que te importaba recuperar tu memoria.

—Yo sólo…

—Déjalo, amor. Es comprensible que esté nervioso —intervino Azuki—. Incluso yo me estoy sintiendo muy fuera de lugar en un sitio como este. Propongo que los dejemos acoplarse al entorno mientras nosotros como sus dueños mantenemos las apariencias aprendiendo del funcionamiento de todos estos coloridos juguetes.

— ¿Es interés por el juego lo que escucho? —Louis le dedicó a la hembra una sonrisa burlona que más pronto que tarde atacó su orgullo como modelo de la alta alcurnia—. Creí que aborrecías todo este asunto, no imagine que te tendría tan intrigada el espectáculo de luces.

—Oh, cállate.

Azuki soltó su brazo en un impulso y se dirigió a la primer maquina bajo la mirada estupefacta de ambos lobos y la sonrisa divertida del herbívoro, quien se volvió a ellos para indicarles el visto bueno a la propuesta de su esposa, después de todo no era raro que las mascotas se pasearan por el lugar sin la compañía de su dueño, así que no tendrían problemas en inspeccionar los alrededores mientras trataran de mantenerse al margen de conflictos con otros jugadores estresados. Juno y Legosi lo vieron partir a la mesa más próxima, entonces con una mirada entre sí decidieron ponerse en marcha también. Al principio caminaron tensos, inseguros sobre cómo moverse en una zona tan apretada pero cuando se acostumbraron al flujo fue más sencillo mezclarse con los demás ocupantes. A pesar de tener un objetivo fijo, no vieron necesario sobre esforzarse en cruzar la meta, pues existía la posibilidad de no cumplir su cometido, por eso no tenía sentido se apresuraran.

Vigilaron tanto como pudieron, fingieron echar andar una máquina y entonces continuaron inspeccionando a los carnívoros que se asemejaran medianamente a un labrador. Cuando no tuvieron éxito por un largo periodo de tiempo, Juno y Legosi volvieron a juntarse frente a una tragaperras de modelo antiguo, motivo por el que muchos se mostraban poco interesados en darle uso. Mareados por los variados olores, ambos comprendieron porqué Jack elegiría un punto de reunión como ese, lo mantendría anónimo y dificultaría cualquier rastreo, así con sus propios misteriosos métodos localizaría a su objetivo.

—Tu amigo Jack en un sujeto brillante —comentó Legosi con una sonrisa avergonzada.

—Lo sé, fue gracias a su intelecto que muchas veces salimos de apuros en el pasado. Sólo mi Legosi era capaz de seguirle el ritmo y no porque supiera con exactitud lo que hacía. Pero supongo que lo comprendía por el tiempo que llevaban conviviendo.

—En estos momentos me encantaría ser el Legosi que tú conocías. Seguro que al menos hubiese podido determinar si está aquí ahora mismo.

—Bueno, nadie dijo que sería sencillo pero no hay que perder la esperanza. Separémonos de nuevo, podría ocurrir un milagro.

Con asentimiento, Legosi fue el primero en emprender el paso hacia una de las zonas del casino que no había visitado. Juno fue en dirección contraria, suspirando derrotada, sintiéndose de alguna forma capturada en un bucle infinito. Entonces alguien la tomó del brazo y la arrastró a una orilla del pasillo que estuvo recorriendo, apenas tuvo tiempo de gemir impresionada por el repentino acto, luego miró conmocionada la silueta con capucha sin aroma arrastrándola, hasta que al fin estuvieron frente a frente fuera de toda mirada.

—Al fin —dijo éste—, tras meses de intentos inútiles, te he encontrado, Juno.

— ¿Jack? —La loba se sobresaltó ante la revelación, no podía equivocarse, aquella sin duda era su voz. Lo comprobó cuando vio sobresalir su hocico canino aún por debajo de la capucha negra, aunque no había una expresión de alegría reflejada en su rostro—. ¡Jack! —La carnívora lo abrazó impetuosamente y el receptor correspondió a su abrazo aunque con menor entusiasmo—. Hoy definitivamente la suerte está de nuestra parte.

—No llores —Jack casi suplicó pero fue demasiado tardío ya que la loba pelirroja ya sollozaba con miles de emociones invadiendo su interior mientras seguía estrechándolo fuertemente.

—Lo lamento. Si te hubiese buscado antes… estaba aterrada… Maldición, no sé ni por dónde empezar. Hay tanto que quiero decirte. Yo… no pensé que estarías todavía en Cherrynton.

—Está bien, entiendo que quisieras iniciar una nueva vida. No te culpo. En realidad me alegra que hayas optado por hacer eso. Temí lo peor cuando te marchaste.

—Jack…

—Pero lo siento, no hay tiempo para esto. —El can se separó del abrazo con un nudo en la garganta—. Juno, hay una razón por la que te he estado buscando hasta la fecha. Desgraciadamente este no es el mejor lugar para hablarte de ello. Ven conmigo.

Jack volvió a tomarla de un brazo y pretendió arrastrarla de nuevo por el edificio hasta la salida de emergencia pero esta vez la loba se resistió para absoluta conmoción del labrador, quien le dedicó una rápida mirada que encapsulaba todos y cada una de las preguntas que Juno se apresuró contestar con determinación.

—Antes de eso, debes conocer a alguien. Es la razón por la que te vine a buscar.

—Juno… —Jack mostró los dientes, listo para saltar en protesta pero la hembra se mantuvo firme.

—Entiendo que quieras mantenerte oculto pero te aseguro que esto es más urgente de lo que imaginas. No serviría de nada explicártelo, debes verlo por ti mismo.

— ¿Tiene relación con el collar que portas? —preguntó desconfiado—. Porque no estoy dispuesto conocer a tu nuevo dueño. He tenido suficiente.

—No. Se relaciona con nuestro pasado.

Aunque todavía renuente, Jack accedió seguirla fuera de su improvisado escondite, mezclándose de nuevo con la clientela hasta que vio a Juno realizar una seña hacia una figura lejana, la cual correspondió alzando el largo brazo en su dirección. Inexpresivo, Jack se debatió entre correr a ocultarse de nuevo o aguardar la llegada de este extraño pero entonces su figura se hizo más nítida, haciendo que sus nervios se crisparan en un terror desmedido. Legosi terminó de acercarse en ese tiempo, listo para formular la pregunta más importante a su compañera cuando el grito del labrador inundó ese sector del casino, atrayendo un gran número de miradas curiosas, entre estas Louis y Azuki que habían estado recorriendo el lugar buscándolos. Ambos lobos fijaron sus ojos en el perro domestico que señalaba con un dedo tembloroso al alto lobo gris como si estuviera frente a un espectro demoniaco.

— ¡Eres tú a quien él busca! —acusó dominado por el pánico. Por supuesto que Juno se esperaba una reacción parecida pero no anticipó algo de semejante magnitud—. No, no. Esto no puede ser posible —murmuró para sí mismo sujetándose la cabeza, horrorizado—. Es imposible que realmente lo hubiesen logrado.

— ¿Eh? Disculpa pero, ¿de qué estás…? —Legosi trató de hablar cuando fue interrumpido.

— ¿No te das cuenta? La vida que estás viviendo no te pertenece, es una ilusión, ni siquiera debiste nacer. El ADN carnívoro es esquivo, demasiado complicado para moldear, es por eso que no existe la clonación carnívora pero tú… tú eres el resultado de un método exitoso. Esto es malo, es muy malo.

—Jack, aguarda. ¿Puedes explicarnos qué está ocurriendo? —exigió saber Juno impaciente, bajo la mirada escandalizada de Legosi.

—Era de esto de lo que quería hablarte, Juno. Vinett ha hecho algo terrible. La razón por la que mi mejor amigo pereció aquella noche. —Jack empuñó las manos unos momentos y apretó los dientes con rabia antes de volver a señalar al lobo frente a él—. Todo fue para crear a este ser.

La revelación turbó a ambos ciervos que se habían acercado y Juno pero especialmente a Legosi, quien se quedó paralizado de la pura impresión. ¿Había escuchado bien? ¿Él no era un carnívoro nacido de forma natural? ¿Todo este tiempo fue un experimento? Pero, sus memorias, él poseía recuerdos. Aunque fueran difusos estos le pertenecían, ¿cierto? Pero al tratar de cavar en ellos de nuevo, una visión se apoderó de su cerebro, era la imagen de una superficie trasparente que le impedía a sus manos tocar más allá de ese espacio liquido mientras contemplaba la figura de un conejo de pelaje oscuro, quien le sonreía amorosamente mientras a su lado yacía una extraña criatura con colmillos, ojos y garras de leopardo pero complexión de gacela. No había podido escucharlos pero estaba seguro que había podido leer sus labios.

«Está consciente. Maravilloso. Si logra sobrevivir las próximas 24 horas, lo habremos conseguido»

«Yo estoy deseando que madure. Así por fin podré usarlo para deshacerme de mi condición hibrida. Bienvenido al mundo real, Legosi 0.1»

—No… —Legosi se dijo a sí mismo en absoluta negación, tambaleándose peligrosamente hacia atrás mientras se cubría una parte del rostro con los largos dedos; sus emociones divididas, pues uno a uno sus más entrañables evocaciones se construían en su mente como si de un juego de bloques se tratase—. No, no. No es cierto. Yo… en verdad soy un impostor. Absorbí las memorias de la sangre de Legosi y las hice mías. Sólo había vivido dos días antes de que escapara de la jaula donde me habían encerrado tras sacarme de ese contenedor y sintiera el impulso de salvar a Haru.

—Legosi.

La voz de Azuki parecía tan lejana mientras ella se acercaba con intenciones de calmarlo y él continuaba retrocediendo, hasta que no pudo soportarlo más y empezó a correr, huyendo de la realidad contra la que terminaba de impactarse. Los gritos llamándolo le siguieron varios kilómetros hasta que por fin sólo pudo percibir el sonido del viento causado por sus veloces movimientos, esquivando transeúntes y burlando vehículos hasta que se encontró con los callejones por los que se deslizó sin intenciones de detenerse. Las lágrimas que no se dio cuenta ya liberaba, mojaron el pelaje de sus mejillas, salpicando en la atmósfera calurosa de aquella noche. Su corazón por momentos parecía detenerse o incrementar la frecuencia de sus latidos, presa de la adrenalina y el ejercicio que empleaba en su búsqueda por un refugio. No quería creer que fuera verdad lo que acababa de recordar pero todo indicaba que esa era la verdad que creyó desear conocer con todas sus fuerzas.

Ahora entendía cuanto se había equivocado.

Los carnívoros no podían sufrir amnesia ya que formaba parte de su naturaleza sanguinaria el enfrentar y soportar escenarios desagradables, todo por su necesidad de consumir carne, así que resultaba imposible que su mente bloqueara recuerdos tan profundamente. A menos que no se tratara de una criatura normal, sino de una imitación de tal ser. Se detuvo, descansando gran parte de su peso sobre sus temblorosas rodillas por un momento, intentando infructuosamente recuperar el aliento perdido por aquella descontrolada carrera. Pensó en su ama y se dio cuenta de que no podía volver aunque su parte racional le reprochara sobre las promesas que les había hecho a ella y Haru. Además, tenía una deuda con Louis, incluso Juno, por haber accedido acompañado en esta locura. Sin embargo, a pesar de que lo comprendía, en esos instantes no se creía con la suficiente fuerza de voluntad de unirse a ellos ahora que la verdad había salido a la luz.


*Este personaje se trata directamente de un OC, todo porque no existe un conejo varón además del novio de Mizuchi que hubiese resultado relevante en el manga/anime de Beastars. Pero descuiden, aunque sea medianamente importante en la trama, no aparecerá directamente así que pueden tomarlo como relleno.