Disclaimer: De Horikoshi todo, excepto los OCs que no se reconozcan.
Trigger warning: Sexo explícito. Sexo anal, sexo oral, fingering, rimming muy explícito, mordiscos, kink de sudor y axilas, swallowing.
¿Sabéis una cosa muy recurrente? La de que tantísima gente acierte (con mayor o menor precisión) las cosas que están escritas para los siguientes capítulos. Lleva ocurriendo todo el fic, pero es notoriamente gracioso cómo soy de predecible, xD. En otro orden de cosas, este podría ser un capítulo de cierre igual que el 47, pero he intentado sembrar parte del conflicto de Katsuki para los dos capítulos siguientes, aunque quede un poco... ¿reiterativo?, así que espero que queden bien conectados. ¡Muchas gracias por leer y comentar!
CAPÍTULO EXTRA. PRIMERA VEZ (PARTE TRES)
«Se trata de disfrutar, así que córrete tantas veces como te dé la gana», le ha dicho Katsuki, deseando que se deje llevar y lo haga.
No sólo porque ver o notar cómo Izuku eyacula le encanta, con su polla convulsionándose violentamente entre sus dedos o dentro de su boca a cada chorro de semen que lanza, también por la forma en la que todos los músculos del cuerpo del chico se estremecen de placer, sus labios se contraen en un rictus que ahoga el gemido que lo acompaña, a veces clavándose los dientes en el labio inferior por la potencia del orgasmo, y la manera en la que sus caderas se impulsan involuntariamente hacia arriba. Y, sobre todo, porque el hecho de que provocar que Izuku se corra por algo que él ha hecho hace que Katsuki se sienta pleno y orgulloso y sienta tanto o más placer que cuando él mismo llega al orgasmo.
Correrse es en lo que Katsuki nota más diferencia en el sexo con Izuku. Al principio pensó que era porque Izuku es más joven y más ardiente que él, pero Katsuki no recuerda haberse hecho nunca más de dos pajas en un día durante la adolescencia y en sus primeros años de juventud ese hito fue cada vez menos frecuente. En cambio, al preguntarle sobre ello, Izuku le ha confesado, escondiendo la cara entre sus manos, que llegó a aprenderse una asignatura en una sola tarde masturbándose como recompensa por cada tema estudiado.
Tiene más que ver con el hecho de que Izuku se recupera más rápido que él. El día que le permitió a Katsuki follarle la boca, ya se había corrido dos veces antes de ello y una más mientras se lo hacía. Todo en poco más de una hora, antes de rendirse al sueño posterior al orgasmo. En su caso, Katsuki queda envuelto en un sopor mucho mayor tras correrse y su pene se torna tan sensible que continuar estimulándolo le llega a resultar doloroso y por norma general necesita esperar un par de horas antes de lograr otra erección.
Lo había averiguado el día que, después de permitirle correrse en su boca, Izuku había seguido chupando, igual que Katsuki hace con él. A Izuku le gusta la sensación, tanto que en una ocasión le ha permitido chupársela hasta que su erección había decaído, pero para Katsuki había sido demasiado intenso y le había tenido que ordenar que se detuviese antes de que empezase a doler. Ha de admitir, eso sí, que desde que Izuku y él tienen sexo, está más cachondo de lo que ha estado nunca, incluyendo su adolescencia. Sigue necesitando esperar más tiempo que Izuku, que apenas requiere unos minutos, antes de volver a correrse, pero tiene el deseo insaciable de repetir, incluso aunque acabe de experimentar un orgasmo.
Es la razón por la que ha sugerido a Izuku que esta noche no trate de contener sus orgasmos para alargar el sexo, como suelen procurar los dos al follar. Quiere cerciorarse de que disfrute, tal y como le ha dicho, y confía en que, aunque eyacule, pueda seguir preparándolo para la penetración estando relajado. Y por eso es importante para Katsuki controlarse a sí mismo para no correrse antes de que sea oportuno, algo que, por lo durísima que tiene la polla y la humedad que está empezando a empapar su calzoncillo, intuye que va a ser difícil.
—Ahora sí, es hora de quitarte toda esta ropa. —Sin apresurarse, Katsuki aparta a un lado el plug y el lubricante y le quita la camiseta, dejando al descubierto la piel cremosa de Izuku, salpicada por pecas por todas partes; muchas de ellas son casi invisibles salvo allí donde se concentran, como en los hombros, donde forman una sombra oscura por la cantidad y la intensidad de su pigmento.
El cuerpo de Katsuki es musculoso y ancho, acorde a su altura. Lo ha sido desde la adolescencia, y el gimnasio y el ejercicio han contribuido a remarcar esa corpulencia. Izuku, en cambio, es delgado y su estatura entra dentro de la media nacional. No es escuchimizado: es la corpulencia de Katsuki la que lo hace parecer más pequeño. Aun así, este casi puede rodear el brazo de Izuku con una sola mano y cada uno de sus muslos es aproximadamente del tamaño del brazo de Katsuki. No se engaña, bajo el aspecto delgado de Izuku se esconde una fuerza considerable. Ya la tenía cuando lo conoció por primera vez, aquel lejano día en que peleó contra Katsuki para sacarlo del círculo, pero el entrenamientos constante y pautado la han magnificado y consolidado. Sus músculos no están tan marcados y tonificados como los de Katsuki, pero al tocarlos se notan firmes y duros bajo la piel.
Katsuki recorre esos músculos con las yemas de los dedos, sin importarle el sudor que las humedece, porque estar con Izuku logra que todas esas preocupaciones pasen a ser nimiedades. Rozando apenas la piel de este, une con una línea imaginaria las motas de los hombros, saturadas y repletas como si esa parte de la piel hubiese estado más expuesta al sol que el resto, con la solitaria peca que se sitúa al lado del pezón izquierdo de Izuku. Enardecido con el suspiro de este, sigue la línea del bíceps en ambos brazos, sujetando las manos de Izuku entre las suyas. Ambas, la biónica y la de carne y hueso. Las conduce hasta sus labios para besarle los nudillos y el dorso.
Al soltarlas para seguir con su exploración, Izuku le acaricia las mejillas, ligeramente rasposas por el incipiente vello rubio de su barba, y lo mira con las pupilas dilatadas de deseo y cariño. Los dedos de Katsuki viajan del pezón izquierdo a las seis pecas que, como una constelación de estrellas, se reparten entre el ombligo de Izuku y su cadera derecha, recorriéndolas una a una.
—Katsuki… Cosquillas… —protesta Izuku, riéndose y retorciéndose bajo su toque.
—Quieto, nerd —dice este, sonriendo de lado.
Se inclina hacia él, rozando su rostro con la punta de la nariz, y deposita besos en las pecas de sus mejillas, la comisura de sus labios, el punto en el que el lóbulo de sus orejas se une a su mandíbula, donde se descubre por primera vez la hilera de montas minúsculas y oscuras que adornan la curva de la oreja de Izuku, y baja por su cuello. Repasa con los labios las pecas de los hombros y la del pezón, deteniéndose a besar este respirando suavemente sobre él para provocar que se endurezca. Está a punto de lamerlo y morderlo, pero se contiene.
«Todavía no».
Traza un camino de besos ligeros sutiles hasta llegar a la constelación de la cadera y marca cada una de las oscuras motas con los labios. Exhala su aliento cálido una vez, sólo una, en el lugar donde el escaso pelo verde de Izuku que nace bajo su ombligo se pierde dentro de sus pantalones, que se abultan de manera considerable por su erección aprisionada.
—Kac-Katsuki —tartamudea Izuku cuando, al incorporarse, regresando de nuevo los labios junto al rostro de Izuku, frota su erección contra la de él.
—¡Ja! —La súplica de Izuku lo enciende, pero respira hondo, porque no quiere apresurarse ahora que está consiguiendo que se relaje y desenfoque su atención de la penetración.
Ahora es su lengua la que recorre el mismo camino que antes las yemas de sus dedos y sus labios. Sin prisa, deja un rastro de saliva por donde pasa, juega con el lóbulo de su oreja, revolotea alrededor de los pezones de Izuku, que se endurecen más cuando el aliento de Katsuki enfría la humedad que su lengua ha dejado ahí, y une la constelación de pecas de la cadera con la punta de la lengua. La saliva empapa también la línea de vello que conduce al pubis cuando lame su ombligo e Izuku alza las caderas, anhelante de más contacto.
—Todavía no, nerd —dice Katsuki.
Y, por cuarta vez, vuelve a recorrer, con paciencia, el mismo camino. Esta vez son sus dientes los que marcan, con más ferocidad de la que pretendía en un inicio, las pecas que motean la piel de Izuku. Este ya no se contiene. Gime cuando muerde sus mejillas y el lóbulo de sus orejas. Cuando mordisquea su labio inferior solloza. Y grita de placer cuando los dientes de Katsuki se cierran sobre sus pezones, tirando de ellos con fuerza antes de consolarlos con un lametón.
—Media vuelta, nerd —susurra Katsuki al oído de Izuku. Este se estremece, reaccionando a la ronca voz de Katsuki y obedece más rápido que si lo hubiese hechizado.
Katsuki tira de los pantalones y de los calzoncillos de Izuku, desnudándole completamente. Este lo ayuda levantando las caderas, pero las manos de Katsuki se posan sobre sus nalgas y lo empujan contra el futón. Bajo sus palmas, Katsuki nota los músculos de Izuku contraerse de vez en cuando y, cada vez que lo hace, el tope visible del plug anal también se mueve, acompasado.
—Otra vez —avisa a Izuku con la voz enronquecida, haciendo que este vibre de anticipación.
Sentado sobre los muslos de Izuku, busca con las yemas de los dedos las pecas que adornan la espalda de este. Son abundantes. En los omóplatos se oscurecen y apelotonan. Las que tiene en los costados son motas solitarias que se arraciman en pequeñas constelaciones cuanto más se acerca al final de la espalda, donde se vuelven más frecuentes hasta llegar a sus nalgas, donde explotan en millares, de forma similar a sus mejillas. Las motas individuales de la base de su espalda y el inicio de los muslos aumentan paulatinamente, mezclándose y fusionándose entre ellas cada vez en más cantidad hasta llegar a la parte más redondeada de sus glúteos, atiborrada de pecas oscuras.
Katsuki acaricia las nubes de pecas de los omóplatos, repasa una a una las solitarias de la espalda y le acaricia las nalgas redondeadas, dejando que la forma de estas le guíen hasta justo el centro, sobre el tope alargado del plug que encaja a la perfección entre los dos glúteos. Lo presiona con fuerza. Izuku solloza de placer y trata de levantar el culo hacia arriba, pero Katsuki no se lo permite, utilizando su peso para impedírselo.
Tira del plug hacia afuera con la punta de los dedos, observando cómo el ano de Izuku se amolda a la perfección a la forma ovalada del juguete erótico según lo extrae, resbalando apenas porque su cuerpo ha absorbido ya casi todo el lubricante. Aun así, se desliza con suficiente facilidad como para permitir que Katsuki vuelva a introducirlo y sacarlo un par de veces más, obteniendo como recompensa más gemidos de Izuku, que se retuerce de placer bajo el peso de sus piernas y sigue intentando elevar las caderas hacia atrás para suplicar por más. La sola visión hace que la boca de Katsuki se seque y la polla le duela por lo dura que está. Está tentado de follárselo con el plug hasta conseguir que Izuku se corra.
«Todavía no», se repite a sí mismo, respirando agitadamente.
Por su parte, está casi seguro de que bastarían un par de sacudidas en su propio pene para correrse encima de las pecas del culo de Izuku mirando cómo el juguete entra y sale mientras las caderas de Izuku se levantan suplicantes. Descuidadamente, deja caer el plug a un lado del futón. Bajo él, Izuku se aferra a las sábanas con los dedos, anticipándose al que cree que es el turno del plug de mayor tamaño, y su esfínter se contrae con fuerza. Katsuki esboza una sonrisa malévola, porque aún no ha terminado con él.
—¿Impaciente, nerd? —pregunta en un susurro, inclinándose hacia su oído—. Todavía no.
Ignorando el gimoteo suplicante de Izuku, recorre las pecas de su espalda de nuevo, esta vez con los labios. Había planificado hacerlo tan lento como al principio, pero su propia excitación empieza a dominar su cuerpo y no puede evitar apresurarse, acomodándose mejor sobre las piernas de Izuku al llegar a su culo. Libre del peso sobre sus muslos, este puede mover las caderas hacia atrás libremente, acercándolas nalgas a Katsuki, que besa las pecas de la nalga derecha y luego las de la izquierda, abriéndoselas con las manos para culminar con un beso, apenas un roce de labios, sobre su ano.
Después de eso, ya no hay un camino de lengüetazos y otro de mordiscos. Katsuki se olvida de su propósito, demasiado cachondo como para resistirse a empacharse de lo que apenas ha podido catar en el cuarto de baño.
—Hora del postre —masculla en un tono feroz que hace que el vello de Izuku se erice. Junta las manos ante su rostro, cerrando los ojos una milésima de segundo—. Itadakimasu.
—¡Katsuki! —exclama Izuku, escandalizado, pero indignación enmudece cuando la lengua de Katsuki se hunde en su ano y en la habitación sólo se escuchan los gemidos ahogados de Izuku y los sonidos húmedos de la boca de Katsuki.
Aunque sí es consciente de en qué momento ha dejado de estar sentado sobre los muslos de Izuku para hacerlo sobre sus talones y alcanzar mejor sus nalgas, no lo es de haberse tumbado entre las piernas de Izuku, con medio cuerpo fuera del futón, separándole las nalgas con ambas manos para poder meter la lengua más profundamente en su culo, comiéndoselo con ansia.
Intercala, de vez en cuando, mordiscos en la parte más redondeada de sus nalgas, que provocan respingos en Izuku, con lametones en sus nalgas, saboreando con la lengua la suave pelusa invisible que le recubre la piel del culo y empapándola de saliva. Lame entre ambos glúteos, deslizando la lengua desde los huevos de Izuku hasta su espalda y revolotea con ella, dibujando un camino en espiral alrededor del esfínter arrugado hasta culminar punteándolo para provocar que se abra.
Gimiendo palabras inarticuladas que Katsuki no se molesta en descifrar, porque le basta el placer y la súplica por más que tiñe su voz, Izuku pugna por levantar el culo para acudir al encuentro de su boca, contrarrestando la fuerza con la que Katsuki lo retiene encima del futón, con las mismas manos con las que le abre las nalgas, lo cual provoca que esté frotándose sobre las sábanas.
Katsuki se olvida de la lista de consejos para practicar lo que está haciendo que leyó en uno de los artículos de la página web donde compró los plugs y se deja llevar por su instinto. Pega los labios al ano de Izuku y los mueve igual que hace cuando lo besa en la boca. Lo lame de abajo a arriba antes de poner la lengua dura y meterla y sacarla. Mordisquea la piel fruncida, frota la punta de la nariz contra ella, le da besos cortos y besos largos, sopla aire frío que provoca que Izuku tenga un escalofrío. Con ansia y fiereza, Katsuki cada vez hunde más y más la lengua en su interior, satisfecho al notar cómo el esfínter se dilata y le permite el paso con tanta facilidad.
Su idea inicial era hacerlo durante un rato, antes de utilizar los dedos o emplear el plug más grande, para relajar a Izuku lo más posible. Era uno de los consejos mejor valorados para facilitar la penetración después, no sólo por la dilatación, que puede conseguirse sólo con los dedos, sino por lo placentero que es para la persona que lo recibe, pero no había imaginado lo adictivo que podría llegar a ser para él. Ahora no quiere lamerle el culo para dilatárselo o relajarlo. Quiere que Izuku se corra mientras se lo folla con la lengua, porque no está seguro de que vaya a cansarse de chupárselo. El sabor de la piel de Izuku es embriagante; levemente salado, una reminiscencia de su sudor, al que Katsuki está acostumbrado, con una textura suave similar a la de sus labios, que adora besar, chupar y morder.
Katsuki chupa, lame, besa y lo folla con la lengua, ignorando el entumecimiento que siente en esta. Es incapaz de parar, la nube de placer le ciega y sólo existe el tacto del culo de Izuku en sus labios, en su lengua. Ya no se detiene ni a besar sus nalgas, masajeándolas con los dedos, o más bien hundiendo estos con fuerza, metiendo y sacando la lengua del interior de Izuku sin separar los labios de la piel fruncida de alrededor.
Un par de gemidos más sonoros de Izuku, casi gritos, y la forma en que su culo se contrae rítmicamente seis o siete veces, con fuerza, alrededor de su lengua le indican a Katsuki que la comida de culo que le está proporcionando, combinada con frotarse sobre la sábana del futón, ha sido más que suficiente para que este llegue al orgasmo.
Debería detenerse. Comprobar que el plug de tamaño mediano ha surtido efecto y, junto con todos los besos la lengua, ha distendido lo suficiente a Izuku para probar con el más grande. Introducir primero dos o tres dedos antes, utilizar todo el bote de lubricante si es necesario para que el plug más se deslice fácilmente y luego intentarlo. Pero no quiere.
Quiere seguir comiéndose a Izuku. Quiere hacer esto todos los días, todo el tiempo: acariciarle las pecas, besárselas, morderle las nalgas y luego hundir la lengua en su culo hasta que Izuku se corra y se relaje, como ahora, en un amasijo de placer y sin rastro del nerviosismo de cuando ha retirado el plug.
Como Izuku no le pide que se detenga y levanta las caderas en una súplica muda, tan dispuesto a seguir como él mismo, Katsuki sigue lamiendo y besando, perdiendo la noción del tiempo que llega punteándole el ano con la lengua y notando cómo el fuerte músculo de este se abre para él, hasta que nota la lengua entumecida y la mandíbula cansada.
Se incorpora hasta sentarse sobre los talones, secándose con el dorso de la mano la barbilla empapada por su propia saliva, e inspira profundamente, observando cómo el esfínter de Izuku está relajado y dilatado, brillante también por la humedad. Sin apartar la mirada, cubre su mano de lubricante y, aprovechando los restos de su saliva, tantea con los dedos dentro de Izuku.
Su culo está tan distendido que el primer dedo se desliza con enorme facilidad, el segundo no requiere esfuerzo y el tercero encuentra una mínima oposición que Katsuki vence cuando Izuku se alza más, apoyándose sobre los codos y las rodillas. Izuku gime, triunfal, cuando Katsuki consigue unir el meñique a los otros tres dedos que están en su interior, lo más que ha podido dilatarlo en todas las veces que lo han intentado.
—Ahora sí, nerd —le avisa Katsuki. Izuku asiente con un gimoteo, crispando los dedos sobre las sábanas y relajándolos acto seguido al inspirar profundamente. Aunque su culo se contrae, es más similar a cómo lo ha hecho sobre la lengua y los dedos de Katsuki que tensión, porque lo hace de forma rítmica y pausada.
Inserta lentamente el plug en su ano y observa ensimismado cómo el culo de Izuku se va adaptando a él. No lo introduce del todo, apenas han entrado un par de centímetros cuando vuelve hacia atrás, dejando que el ano se cierre tras la punta antes de empujar de nuevo. Este no opone tanta resistencia como ha hecho antes, en el cuarto de baño, expulsándolo con fuerza, pero es suficiente para que Katsuki sólo tenga que limitarse a presionar la base del plug hacia dentro hasta que el culo de Izuku se tensa y después dejarlo salir hasta que sólo queda la punta redondeada en su interior.
Respira hondo para concentrarse, acompasando su respiración con la de Izuku, y presta atención a los sonidos que este emite cuando, tras un rato metiendo y sacando el plug, cada vez un poco más hondo, la parte más gruesa ensancha su ano. Izuku gime y solloza, no se queja ni su voz refleja dolor. Parte de su rostro está oculto por la sábana, pero lo que Katsuki puede ver está enrojecido y no ha perdido la expresión de excitado placer como las veces anteriores. Su culo tampoco se contrae ni se tensa, sólo se abre para Katsuki, que deja que el plug vuelva a salir, resistiendo la tentación de terminar de empujarlo en su interior, y follarlo unos segundos más con él.
No es consciente de que ha sobrepasado el punto más ancho del plug hasta que el culo de Izuku, como ha hecho con los dos anteriores, lo absorbe hacia su interior con un respingo, con el tope tremolando al mismo ritmo que el ano de este se contrae y relaje. Izuku deja escapar una exclamación de sorpresa, pero, de nuevo, no hay dolor en ella.
—¿Cómo se siente? —pregunta Katsuki, un poco por curiosidad y otro poco por asegurarse de que está bien. Y también porque va caliente como un demonio y escuchar la respuesta de Izuku lo enardece más.
—Más lleno que antes. Pero cómodo —responde Izuku, adelantándose a la siguiente pregunta de Katsuki—. Es extraño y agradable.
—¿Quieres darte media vuelta o prefieres quedarte así? —Izuku duda varios segundos, así que Katsuki le explica—. Voy a dejarlo un rato dentro y luego meterlo y sacarlo como he hecho con el otro.
—¿Puedo quedarme así?
—Lo que tú decidas, nerd —responde Katsuki, acariciando sus nalgas para darle su aprobación y se agacha para lamerle los huevos y la polla.
Izuku se afirma mejor sobre sus rodillas y las manos. Katsuki lo piensa unos segundos antes de hacerlo: se tumba bocarriba, introduciendo la cabeza entre las piernas de Izuku, hasta dejar su rostro a la altura de su pubis. Resopla con ironía, percatándose de que ha pasado de estar tumbado con la cara sumergida en el culo de Izuku a estarlo bocarriba, con su polla a apenas unos centímetros de su boca. Nota en la nuca la humedad de las sábanas, fruto del orgasmo de Izuku, pero no le importa, mucho menos justo después de haber estado metiéndole la lengua en el culo lo más adentro que ha podido. Si acaso, la idea de que lo que están haciendo es sucio lo pone todavía más cachondo.
—¿Kac-tsuki? —dice Izuku, un poco desconcertado. Sus rodillas, a cada lado de la cabeza de Katsuki, tiemblan, no sabe si de anticipación, por la sensación del plug en su culo o por el orgasmo de hace un rato.
—¿Listo para el segundo round, nerd? —pregunta Katsuki, en respuesta, con una carcajada burlona al escuchar el sonido suplicante que Izuku hace, involuntariamente, con la garganta. Y también, por supuesto, por la forma en la que se traba pronunciando su nombre, delatando lo cachondo que está.
Acaricia con una mano los huevos de Izuku, que se aprietan contra su cuerpo, y con la otra pajea lentamente a Izuku. Está a medio camino entre la erección y el reposo, pero se endurece en menos de un minuto en respuesta al estímulo de Katsuki. Izuku se estremece cuando Katsuki tira suavemente de sus testículos, moviéndolos en la palma de su mano, y ese temblor provoca que su roce los labios de Katsuki.
Brilla, rojo e hinchado, por la humedad del propio semen de Izuku, que Katsuki lame golosamente. En respuesta, una gota de líquido preseminal cae sobre sus labios por efecto de la gravedad. Katsuki esboza una sonrisa lobuna: quiere aprovechar la habilidad de Izuku para disfrutar de múltiples erecciones y orgasmos en poco tiempo y así convertirlo en un amasijo tembloroso de placer antes de probar a metérsela. Quiere que el placer que sienta Izuku sea superior a cualquier molestia, temor o aprensión que pueda sentir, así que abre la boca y, empujando con el culo de Izuku con una mano para incitarle a acercar las caderas a su boca y masturbándole suavemente con la otra, le hace descender lo suficiente para poder meterse la punta de su polla en la boca y succionar con fuerza.
Izuku gime y sus rodillas tiemblan tanto que todo su cuerpo vibra.
Katsuki dirige la mano que tiene sobre las nalgas hasta el plug, tanteando. Lo presiona con la yema de los dedos e Izuku reacciona impulsando las caderas hacia adelante, ahogando un sollozo de placer, y su polla llena la boca de Katsuki. Este aprovecha el siguiente empellón nervioso de Izuku para sujetar el plug con los dedos y provocar que, cuando Izuku vuelve a temblar y empujar la polla dentro de su boca, el plug no lo siga, tirando de él para extraerlo.
En su mente, Katsuki había imaginado que Izuku se tendería bocarriba en el futón y él se la chuparía cada vez más rápido, más fuerte, más intenso, al mismo ritmo que metería y sacaría de su culo el plug. Sin embargo, esta postura le resulta más excitante, más visceral, más instintiva. Menos planificada.
No tiene nada que ver con lo que Katsuki hizo unos días atrás, follándose la boca de Izuku al ritmo que deseaba, con la profundidad que quería. En ese momento, él controlaba todo, incluido qué hacía con sus labios, las caricias que obtenía de él. Ahora, aunque es su boca la que recibe los empellones de la polla de Izuku al seguir los impulsos de sus caderas, sigue siendo Katsuki quien domina la situación. Son sus acciones las que provocan reacciones. Al tirar del plug para sacarlo de su culo, Izuku mueve instintivamente las caderas hacia atrás, buscándolo. Cuando Katsuki lo presiona dentro de él, Izuku sigue el empujón hacia adelante, apretando los glúteos cuando vuelve a entrar completamente en su interior. No es que Izuku se esté follando la boca de Katsuki, sino que Katsuki está follándose la boca con la polla de Izuku al ritmo y profundidad que desea.
Y eso le pone cachondo como los mil demonios.
Si pudiera hablar, se jactaría y burlaría de Izuku por su falta de control, por estar derretido entre sus dedos y su lengua, porque este tiembla tanto que el plug entra y sale con una facilidad pasmosa de su culo , porque los temores de ambos, ahora está seguro, están injustificados. Tan pronto Izuku tiene el plug tan adentro que Katsuki casi podría meter sus dedos al mismo tiempo como se lo saca de un tirón, haciendo que Izuku dé un respingo y gima suplicando que lo repita.
La polla de Izuku, dentro de la boca de Katsuki, se endurece con un espasmo que conoce bien. Mete y saca el plug con rapidez del culo de Izuku, casi violentamente, empujándolo tan adentro que las rodillas de Izuku ceden y este se cae sobre la cara de Katsuki, introduciéndose hasta el fondo en su boca justo en el momento en el que su polla convulsiona varias veces, eyaculando en la garganta de Katsuki. Sigue follándole con el plug, sin detenerse. Izuku ha dejado de correrse, exhausto, pero sus rodillas siguen temblando a ambos lados de la cabeza de Katsuki mientras este bombea un poco más el plug en su interior.
—F-funciona —musita finalmente Izuku, extenuado, cuando recupera el dominio de sus extremidades y puede afianzarse sobre sus rodillas de nuevo. Katsuki deja el plug insertado en su culo y sale de debajo de él, limpiándose la barbilla por segunda vez—. N-no te he hecho daño, ¿verdad?
—¿Acaso crees que yo no puedo hacerlo igual que tú, nerd? —lo interrumpe Katsuki, esbozando una sonrisa engreída. Suspirando de placer, Izuku se ríe y asiente. Sus ojos, grandes y oscuros por la excitación, están envueltos en la empañada nube de placer que lo embarga—. ¿Ves? Yo tenía razón. Sólo tenías que relajarte.
—¿Y tú? ¿Te vas a relajar? —dice Izuku, vacilándole con descaro a pesar de que la voz le sale débil.
—Por supuesto, nerd —responde Katsuki, riéndose.
Katsuki se tiende en futón al lado de Izuku. Los calzoncillos le molestan, aprisionando su erección, que sigue doliéndole por la excitación, y su camiseta está húmeda por la saliva, el lubricante y el semen en varios puntos, pero no le presta atención a ninguna de estas incomodidades. Rodea el cuerpo sudoroso de Izuku con los brazos, que se enrosca a su alrededor, casi encima de él, introduciendo la rodilla entre las piernas de Katsuki, escondiendo el rostro en el hueco de su hombro y posando las manos en sus pectorales.
Es Izuku quien inicia el beso, primero depositando un reguero cadencioso de leves caricias de sus labios en el cuello y el mentón de Katsuki y luego es este quien se apodera de su boca, lamiéndole la lengua para permitirle probar su propio sabor. Hay algo de romántica excitación en saber que ha besado a Izuku en lugares tan recónditos como su culo y que le ha chupado la polla pero que son sus labios los que lo prenden como la yesca a la madera.
Se besan varios minutos, sin prisa, antes de que Izuku, cuyos dedos acarician suavemente el pecho de Katsuki por encima de la camiseta, se las arregle para meter las manos entre sus cuerpos, para subir de nuevo por su abdomen, esta vez por debajo de la tela. Katsuki se remueve lo justo para permitirle quitársela y, cuando Izuku tira de la gomilla de sus calzoncillos hacia abajo, da patadas con fiereza para arrancárselos y enviarlos al otro lado de la habitación. Los dedos de Izuku, los de la mano biónica, acarician con suavidad uno de los pezones de Katsuki, haciendo que se endurezca al instante porque la temperatura del brazo artificial suele estar varios grados más baja que la de su cuerpo y el contraste es electrizante.
—¿Con cuál quieres que te toque? —le pregunta Izuku entre beso y beso, lamiendo la oreja de Katsuki y siguiendo la línea de la mandíbula con la lengua hasta llegar de nuevo a la boca.
—Me da igual, pero suave y lento. No quiero correrme todavía. —Se relaja, hundiendo una mano en el cuero cabelludo de Izuku y masajeándolo lentamente.
—Eso ya lo sé —sonríe Izuku, esbozando una sonrisa que pretende reflejar las de Katsuki, pero que a él lo iluminan y embellecen. No necesita que Izuku lo masturbe para mantener la erección, porque está cachondo y más que listo para metérsela, pero le gusta que las manos de Izuku lo toquen, que sus labios se posen en su piel y que su cuerpo caliente se apriete contra el suyo.
Son los dedos de la prótesis los que se enroscan sobre la polla de Katsuki, haciendo la presión justa. Izuku mueve la mano muy lentamente, descubriendo su glande para acariciarlo con la yema del dedo índice y frotar su frenillo y luego volver a cubrirlo para meter uno de los dedos entre la fina piel y el pene y utilizar el líquido preseminal que lo humedece en una caricia lánguida. La mano biónica no tarda en atemperarse, contagiándose de la temperatura de la polla de Katsuki, que nota arder. Puntea con los dedos, sutil y pizzicato, la gruesa vena que bordea el tronco, presionándola de vez en cuando para hacerla palpitar.
—Con esta, las sensaciones son diferentes —confiesa Izuku en voz baja. Ha dejado de besarlo y lo mira con los ojos muy abiertos, con las pupilas tan dilatadas que el verde brillante de sus ojos parece negro. Sería intimidante si los tuviese más entornados, pero la mirada que le dirige es tan vulnerable y llena de emoción que Katsuki sólo se inclina, le besa la punta de la nariz y le corresponde la mirada, acariciándole los labios, rojos por los besos, con el dedo pulgar—. ¿Qué sientes tú cuando me tocas los labios?
—Me gusta —dice Katsuki, sin saber dónde quiere ir a parar. No ha dejado de masajearle el cabello con la otra mano e Izuku ladea la cabeza, a punto de ronronear por el gusto que le da.
—Ya, ya sé que te gusta. —Izuku sonríe y Katsuki mete el dedo pulgar en su boca, dejando que Izuku lo lama antes de pintar sus labios, maltratados por los mordiscos, con la saliva, haciendo que brillen—. Me refiero a hacerlo como el otro día o ahora.
—Es diferente —confirma Katsuki, que no sabe expresar la diferencia real entre que sean sus dedos los que acaricien los labios de Izuku o su glande—. Es… esto se siente tranquilo, un remanso. Con la polla… —«Es un torbellino de emociones, podría correrme una y otra vez en ellos», piensa, excitado. Su pene da un tirón de excitación e Izuku lo nota, porque lo aprieta con fuerza y luego lo acaricia con la punta de los dedos desde la base del hasta la punta.
—Puedes repetirlo siempre que quieras —dice Izuku, sonriendo de nuevo.
—Ahora voy…
—Ahora no —niega Izuku, sonriendo más. Katsuki le corresponde, tirando de la comisura del labio hacia arriba, y enseña los dientes con ferocidad. No hay rastro de la inseguridad de Izuku, cuya expresión sólo muestra descaro, atrevimiento y determinación—. Ahora me has prometido otra cosa. Pero otro día lo harás. A mí me gusta tanto como a ti.
—De puta madre —dice Katsuki, aunque eso es algo que ya sabía. No es la primera vez que Izuku se lo dice, así que no sabe a dónde quiere ir a parar, pero tiene la sensación de que tiene que ver con lo mucho que él ha disfrutado chupándole el culo, aunque no haya supuesto un orgasmo propio.
—¿Has chupado hierro alguna vez? —pregunta Izuku, descolocando a Katsuki, que lo mira con incredulidad. Izuku se ríe al verlo—. Yo sí.
—Esperable de un nerd como tú —se burla Katsuki—. He lamido una llave de hierro. La sujeté con los dientes porque tenía las manos ocupadas —dice al ver la expresión interrogante de Izuku.
—Ahora que he recuperado las sensaciones, con esta mano es… todo más nítido. Más que con la de verdad —dice Izuku, riéndose entre dientes—. Puedo notar cada pequeño relieve, cada forma de la piel, pero lo percibo con cierto ¿regusto metálico? —Katsuki asiente, comprendiendo—. Es como si pudiera saborear tu polla además de tocarla. Vale, vale, no es así, chuparte la polla no es como lamer hierro. —Se ríe, despejando la protesta que Katsuki no ha llegado a pronunciar. Mientras habla, los dedos artificiales de Izuku siguen recorriendo y presionando diferentes puntos del pene de Katsuki: la pequeña cresta que hay en el orificio de la punta, que lo hace estremecerse; el borde del prepucio, tirando de él suavemente; la piel sensible del frenillo y la vena que rodea el tronco, ancha y gruesa—. Con la otra mano es todo más… visceral. Con esta, más preciso y detallado.
—¿Cuál prefieres tú? —pregunta Katsuki, curioso.
—Las dos. Tengo acceso a más información que antes.
—Le ves el lado positivo a todo, joder. Nerd tenías que ser —protesta Katsuki, en broma. Izuku vuelve a reírse y asiente—. A mí me gusta.
—Lo sé. —La sonrisa de Izuku se hace más amplia.
La erección de Izuku ha regresado, provocada únicamente por tocar a Katsuki, y se aprieta contra su muslo. Cuando lo besa y este gime contra su boca, frotándose sin sutilidad, capta el mensaje y se incorpora. Arrodillado entre sus piernas, tira del plug para sacarlo. Izuku sacude las caderas con un respingo y ahoga un gemido, mordiéndose el labio con tanta fuerza que distrae a Katsuki durante un instante.
Sin apartar la mirada de él, Katsuki tantea sobre el futón hasta encontrar el bote de lubricante y dedica los siguientes minutos a extenderlo en el culo de Izuku, introduciendo fácilmente tres dedos en su ano distendido por el plug, y sobre su polla, masturbándose despacio. No le importa que todo esté tan resbaladizo y húmedo que más tarde tenga que cambiar las sábanas y lavar el futón, porque no quiere que todo se vaya al traste a estas alturas por no estar lo suficientemente bien lubricado.
—Está muy suelto —susurra Izuku, impresionado. Su ano se contrae sobre sus dedos, pero no hace tanta fuerza como antes y es obvio que lo está haciendo voluntariamente.
—Te dije que iba a funcionar —dice Katsuki, arrogante, sacando los dedos, sirviéndose más lubricante y volviendo a metérselos. Izuku levanta las caderas y echa la cabeza hacia atrás. Sobre su abdomen, su polla gotea sin parar un líquido viscoso y transparente.
No espera más. Vuelve a tumbarse a su lado. Izuku lo mira, extrañado, pero Katsuki lo guía para ponerlo de lado, de espaldas a él, y hacer que lleve la rodilla hasta el pecho, aprovechando la flexibilidad de su cuerpo. Es una postura similar a la de la última vez, cuando consiguió meterle parte del glande y están acostumbrados a dormir así, con Izuku enroscado sobre sí mismo y Katsuki abrazándolo desde atrás, cubriéndolo con su cuerpo, así que les resulta cómoda incluso con la rodilla que Izuku ahora sujeta apretada contra su pecho.
Katsuki afianza sobre el abdomen de Izuku la mano que ha metido entre el futón y su costado, para asegurarse de que se percata de cualquier dolor que Izuku intente disimular, y con la otra dirige el pene hacia el esfínter de su novio, presionando con delicadeza. Izuku gira la cabeza, buscando su mirada y Katsuki sonríe al ver su expresión de placer contenido. Mirándolo a los ojos, Katsuki mueve las caderas hacia adelante, entrando muy lentamente. Izuku no pierde la sonrisa, aunque sí se le tensan las comisuras de los labios.
—Relájate —susurra Katsuki al oído de Izuku, inspira profundamente al oírlo.
Se queda quieto hasta que la tensión desaparece del rostro de Izuku y un leve suspiro le indica que puede continuar. Está tan mareado por el placer, la emoción, el olor almizclado de Izuku y lo caliente que está que sólo puede centrarse en entrar poco a poco en su culo y en observar cada mínimo movimiento de los labios, los párpados o la respiración de este. La presión de su culo alrededor de la polla de Katsuki, cálida, suave, estimulante, húmeda por el lubricante, se siente fabulosamente bien. Sabe que ha superado el hito de la vez anterior cuando el músculo interior del ano de Katsuki cede ante su glande y este nota la diferencia de presión y calidez, mientras que el que es estrangulado ahora por la fuerza del esfínter de Izuku es el tronco de su polla.
—Podemos parar cuando quieras —le recuerda Katsuki, hablando justo en su oído cuando las manos de Izuku se crispan sobre las sábanas, tensas.
—No pararía ni por… —Izuku traga saliva.
—Mírame. —Izuku obedece y abre los ojos, girando la cabeza todo lo que puede para encontrarse con la mirada escarlata de Katsuki. Este ve en los ojos de su novio el mismo deseo enfebrecido, la misma necesidad—. Lo más difícil ya está —le dice, porque su glande es más grande que el tronco de su polla y equivale a haber metido la parte más ancha del plug. Si Izuku ha podido tolerarlo, puede con lo demás.
—Lo sé. Lo he notado. Ha sido como con el juguete, de pronto lo he sentido dentro. —Izuku sonríe, mordiéndose el labio. Gira la cabeza, mirando hacia delante, relajándose—. ¿Cómo es?
—Caliente. No de cachondo, está jodidamente caliente ahí dentro. Muy suave, sedoso. Apretado en la entrada. —Izuku contrae voluntariamente el esfínter, apretándolo alrededor de la polla de Katsuki—. Justo así, sí. ¿Para ti?
—Lleno. Exquisitamente lleno y repleto. Es como… estar a punto de correrse, pero todavía no has llegado.
—Joder, nerd, eres tan… demasiado… No es justo —masculla Katsuki. No aclara a qué se refiere, pero Izuku sonríe, así que debe haber comprendido. Tampoco habría sabido explicarse.
«¿Qué iba a decirle? ¿Tan inocente, a pesar de sus vivencias? ¿Qué es demasiado guapo? ¿Tan atrevido y valiente? ¿Demasiado adorable? ¿Tan prieto, tan cálido, tan suave? Que no es justo que se entregue con tanta confianza a mí, sin tapujos. Como si yo fuese su mundo entero. Que me quiera tanto. Que lo quiera tanto».
Katsuki hunde la nariz en su cabello, inspirando profundamente. Izuku vuelve la cabeza de nuevo, suplicándole un beso. Lo complace, besándole el labio inferior, que mordisquea para mantenerlo rojo e hinchado, y luego para lamerle la lengua. Aprovecha para empujarse otro poco dentro de él. Izuku ahoga un gemido que, absolutamente, no es de incomodidad, y vuelve a mirar al frente, abrazándose a la almohada. Dado que ya no necesita guiar a su propia polla, Katsuki busca con los dedos el pene de Izuku, acariciándolo suavemente. No ha perdido la erección esta vez y se contrae, dura y goteante, dentro del puño de su mano, en un movimiento que se refleja en su ano.
—Joder, nerd —repite Katsuki, un poco sobrepasado por las sensaciones, apretando la frente contra la nuca de Izuku.
—Sigue —suplica Izuku entre gemido y gemido, alentándolo a continuar—. No duele, te lo prometo, puedes seguir, sigue… Por favor, Katsuki… No pares ahora…
Las caderas de Katsuki rozan la piel moteada y aterciopelada de las nalgas de Izuku.
Al notarlo, Katsuki jadea, excitado e Izuku inspira profundamente, derretido de placer.
Katsuki mentiría si dijese que no ha imaginado cientos de veces cómo se sentiría meter la polla dentro de alguien desde que su cuerpo despertó a las hormonas y se masturbó por primera vez. No estuvo tan obsesionado con el sexo durante su pubertad como los otros chicos de su edad. Creció escuchándolos hablar sobre novios y novias, fantasear sobre cómo sería follar. Él no solía participar en esas absurdas conversaciones, pero en la soledad de su dormitorio dejaba que su mano se deslizase dentro de los calzoncillos para explorar, imaginando que era la de otra persona. En una ocasión utilizó un calcetín viejo y limpio para no ensuciarse y comprobar cómo cambiaban las sensaciones.
Ha tenido experiencias íntimas con otras personas. Desde relaciones más o menos puntuales con alguien que le ha pedido una cita y que no habían pasado de los besos, las caricias sobre la ropa y las incursiones de sus manos bajo la ropa interior, hasta probar a dejar que un chico con más empeño por ligar que miedo a la personalidad de Katsuki le hiciese una mamada, por curiosidad, pero nunca había hecho algo tan íntimo como esto. Su carácter explosivo y no haber encontrado a una persona con la que realmente desease intentarlo habían hecho que prefiriese estar por su cuenta. Había sido feliz con esa decisión, igual que va a serlo ahora que está con Izuku, pero había seguido imaginando presiones cálidas y suaves rodeando y albergando su polla cada vez que se masturbaba en la oscuridad de su dormitorio, buscando el placer con su mano bajo las sábanas.
En cierto modo, la sensación es similar a la boca de Izuku. No recuerda claramente las otras pocas ocasiones en las que ha intercambiado algo de sexo oral o unos pocos manoseos, porque las formas de Izuku, su olor, sus texturas, su piel y sus labios lo inundan todo, pero supone que a nivel puramente físico tampoco diferiría mucho. Al mismo tiempo, esto es tan diferente que parece un mundo nuevo y entiende por primera vez por qué algunas personas se obsesionan con el momento de hacer esto por primera vez o no se cansan de hacerlo una y otra vez.
—¿Estás bien, Kac… Katsuki?
Katsuki está tan perdido en su propio placer que, aunque frunce el ceño por el matiz en la forma en la que Izuku tartamudea su nombre, algo que ha ocurrido más veces, no es capaz de contestar, no sin mostrar su vulnerabilidad. Sólo puede concentrarse en no correrse. Si no lo ha hecho todavía, sin haber hecho nada más que metérsela, ha sido más suerte que habilidad, pero su orgullo no lo admitirá si Izuku le pregunta. Ha cerrado los ojos y no se da cuenta hasta que los abre, llenándose de luz y del verde y rojo de los ojos y los labios de Izuku.
—Es… ¡joder! —gruñe, sin saber poner en palabras todos los pensamientos que le llenan la mente y las sensaciones que le recorren el cuerpo. Y ni siquiera ha comenzado a moverse.
—Sí, lo es —asiente Izuku.
—¿Te duele? —pregunta, tratando de ganar tiempo, de alargar la sensación un poco más.
—No. Se siente lleno. —Eso ya se lo ha dicho—. Cien veces mejor que el plug y te aseguro que eso ya era bueno. Un poco incómodo, al principio. Y se agradece que te hayas detenido, ha ayudado a… adaptarme. Pero creo que tenías razón. —Gracias a la conversación, Katsuki ha conseguido regular la respiración y su orgasmo ya no parece estar a punto de desbocarse—. Las próximas veces no va a hacer falta tanta preparación, era cuestión de adaptarse.
Katsuki parpadea, asimilando la información.
El mero hecho de que Izuku esté más que dispuesto a próximas veces lo envuelve en una bruma de placer. El cuerpo le chorrea de sudor, tanto que el futón está húmeda bajo él, pero no puede tener menos importancia en ese momento, con Izuku apretando la espalda contra el pecho de Katsuki, sin molestarle ese mismo sudor. La promesa de que van a hacerlo más veces, que va a poder experimentar este placer e introducirse así en el cuerpo de Izuku siempre que ambos quieran, hace que todo lo demás, por un rato, se difumine y que la urgencia por alcanzar el orgasmo regrese con más fuerza.
—Voy a moverme —advierte Katsuki.
Izuku asiente y vuelve a morderse el labio, pero esta vez no se tensa ni cierra los ojos, sólo sonríe con anticipación. Katsuki se desliza lentamente fuera de él, sin llegar a salir del todo y luego vuelve a empujar hacia dentro. Izuku cierra los ojos un instante y ahoga un gemido, pero no es por incomodidad, sino por puro placer. Abrumado, tratando de contener el orgasmo que amenaza con desatarse, Katsuki se detiene, comprendiendo que está tan al límite que no va haber forma de retrasarlo. Izuku vuelve el rostro hacia él, inquisitivo.
—No… no creo que pueda durar mucho —confiesa Katsuki.
—No tienes que durar.
—Quiero durar —dice Katsuki, desafiante. De nuevo, conversa por la pura voluntad de intentar que la urgencia desaparezca, pero no es así.
—Podemos hacerlo cada vez que quieras, que queramos. Dijimos que se trataba de disfrutar, «termine en lo que termine».
—Tú…
—Me basta con que te muevas, te lo prometo. Pero si no fuese así, yo me he corrido dos veces, puedes olvidarte de mí y relajarte para disfrutar tú —suplica Izuku. Extasiado por su voz y excitado por sus palabras, Katsuki comienza a moverse, despacio, casi inconscientemente. Izuku aprieta los dedos en el muslo de Katsuki cuando este vuelve a entrar—. No necesito que dures mucho, Kacchan. Hazlo como quieras, porque yo… Estoy a punto de…
Las palabras de Izuku se hacen ininteligibles cuando Katsuki le hace caso y se relaja, acelerando el ritmo al que lo penetra, dispuesto a dejarse arrollar por su propio orgasmo. Dos o tres embestidas después, Katsuki ha perdido el control. Ya no podría parar, como ha hecho antes, para distraerse conversando, porque la urgencia es mucho mayor. Lo penetra más rápido, más fuerte, más brusco. Izuku gime y solloza, aullando de placer cada vez más alto. Sus lamentos, al mismo tiempo que mueve el culo hacia atrás, rogando, se mezclan los jadeos cortos e ininteligibles que intentan pronunciar su nombre al mismo tiempo que Katsuki lo folla lo más profundo que la postura le permite y tan veloz como sus caderas pueden.
Katsuki conserva sólo un mínimo de cordura, la que lo habría hecho parar si Izuku no estuviese disfrutando o le pidiese detenerse. Gracias a ella, puede buscar a tientas, con los ojos cerrados y la frente apoyada en la nuca de verdes cabellos que le cosquillean en la nariz al jadear, la polla de Izuku y pajearlo con tanta rudeza que más tarde temerá haberle hecho daño.
—¡Kacchan! —grita Izuku entre jadeos, apretando los párpados, frunciendo los labios y enseñando los blancos dientes en un espasmo de placer—. ¡Kacchan, Kacchan, sí! ¡Kacchan! ¡Más rápido, Kacchan!
El semen de Izuku, esta vez a borbotones y no a chorros, mucho menos espeso y abundante que las dos primeras, le cubre la mano, y su culo se contrae con fuerza alrededor de su polla. La sensación cálida y estrecha, los gritos de Izuku y su semen todavía brotando, caliente, de su pene, disparan el orgasmo de Katsuki.
Se corre con un gemido gutural, en un orgasmo abundante, intenso e interminable. Es instantáneamente eterno, mientras eyacula una y otra vez dentro del culo de Izuku.
—¡Kacchan! —gime Izuku una vez más, en voz más baja.
La habitación se queda en silencio a excepción de los jadeos de ambos. Ninguno se mueve, salvo Izuku para abrir los ojos y volver la cabeza para sonreír a Katsuki. Una sonrisa de placer extasiado. Katsuki no quiere perderse detalle alguno de esa sonrisa. Es justamente la sonrisa que no quería perder por culpa de la frustración, esa que es mejor recompensa que el mejor orgasmo de su vida, y puede decirlo con conocimiento de causa ahora que acaba de experimentarlo.
—No la saques —le pide Izuku—. Se que tú no… Pero… Sólo unos segundos más. —Katsuki asiente. Tampoco quiere perder todavía la sensación de calidez, de presión y de humedad en su pene, que disminuye lentamente de tamaño dentro del culo de Izuku, cuyo esfínter se adapta paulatinamente.
—Me he corrido dentro —dice Katsuki, dándose cuenta de que han olvidado hablarlo. Como tampoco lo pensaron el primer día que se corrieron en la boca del otro y a ninguno le ha importado y han repetido, no se le había pasado por la cabeza avisarle por si le parecía desagradable.
—De eso se trataba, ¿no? De disfrutar. Me alegro de que lo hayas disfrutado tanto.
—Joder, sí. —Definitivamente, Izuku no parece ser melindroso en ese aspecto—. Ha sido la ostia.
—Sí —ríe Izuku, con su espalda todavía apoyada sobre el pecho de Katsuki y este siente cómo su pecho vibra con las carcajadas de su novio—. Ha sido lo mejor que hemos hecho hasta ahora.
—¿Lo mejor? —pregunta Katsuki, sin ocultar su doble intención. Izuku se sonroja.
—Apenas por delante de cuando me has comido el culo y un poco más que cuando me la has chupado mientras me follabas con el plug —confiesa.
—Vaya, ¿esos han sido los mejores hasta ahora? —pregunta Katsuki, satisfecho consigo mismo. Sale de su interior con un sonido húmedo. Su semen resbala, a borbotones, entre los muslos de Izuku cuando este se acurruca junto a Katsuki, como acostumbra. Lo abraza con fuerza, atrayéndolo hacia sí, y los arropa a ambos con la sábana para que no se queden fríos si dormitan antes de levantarse a asearse.
—Sí, sin duda, y te juro que todo lo demás ha sido muy bueno —susurra Izuku, sonriendo beatíficamente y acariciándole el rostro. Katsuki atrapa su labio entre los dientes, besándolo con un ritmo que los relaja en lugar de excitarlos—. Repetiría contigo todas y cada una de las cosas que hemos hecho hasta ahora.
—Si quieres que te coma el culo otra vez, sólo tienes que pedírmelo, nerd. —Están húmedos de sudor, semen y lubricante, adormilados y exhaustos, pero Katsuki está tan cómodo al lado de Izuku que no le importaría postergar la higiene hasta el día siguiente, por una vez en su vida, con tal de no romper esta intimidad.
—Quiero que me comas el culo —dice Izuku, con descaro, despertando una carcajada divertida en Katsuki—. Y que, después de hacerlo, me la metas sin preocuparte de si terminas demasiado pronto, si te corres dentro de mí o antes que yo.
—Hoy estás haciendo muchas promesas, nerd —le advierte Katsuki. Le invade el sopor, pero no quiere dormirse todavía. Le gusta el tacto y el calor del cuerpo de Izuku, la intimidad compartida que no ha terminado, aunque el sexo sí haya concluido.
—Y estoy deseando cumplir todas y cada una de ellas, Katsuki. —La forma en la que Izuku se ruboriza cuando Katsuki entorna los ojos al escucharle pronunciar correctamente su nombre por primera vez desde que han llegado al orgasmo indica que él también es consciente de ello.
—Antes no me has llamado así —murmura Katsuki, despacio, aprovechando la oportunidad. Pensaba sacar el tema igualmente en algún momento, porque nunca había visto tan entregado a Izuku, tan extasiado como para llamarlo de una manera diferente y esta es una mejor oportunidad que dejar enfriar el tema.
—Lo siento.
—¿Qué ha sido eso? —pregunta Katsuki. No está celoso, porque está seguro de que se refería a él, pero le despierta curiosidad saber qué es exactamente ese apelativo aparentemente infantil.
—No quería… Yo… —susurra Izuku, ruborizándose y un poco agobiado. Katsuki intuye que hay algo detrás de ese sonrojo que este no está seguro de querer contarle. Algo tan importante como para gritarlo en medio del placer de la primera vez que experimenta un polvo así.
—¿Por qué? —Izuku baja la cabeza, avergonzado, malinterpretando la pregunta de Katsuki, que sólo pretendía saber por qué se disculpa, compartir su vulnerabilidad el uno con el otro, no someterlo a un interrogatorio—. Quería decir que por qué lo sientes y te arrepientes. A mí no me ha parecido algo por lo que disculparse. Sólo era curiosidad, no pretendía ser tan brusco. No pasa nada si no me lo quieres contar —añade, lamentando haberse cargado el ambiente.
—Confío en ti. —Izuku se remueve entre sus brazos, inquieto. Su cabello despeinado le cosquillea en la nariz cuando Izuku apoya su frente sobre los labios de Katsuki. Este se la besa, aspirando el aroma a pelo limpio, sudor y sexo de su cuero cabelludo con deleite.
—Ya lo sé, nerd. Yo también confío en ti. —Izuku se acurruca más, acercándose todo lo posible, tanto que Katsuki tiene que meter la rodilla entre sus piernas, separándole los muslos.
—Cuando era pequeño… —Izuku habla al cabo de un rato, en voz tan baja como cuando murmura para sí mismo. Tan baja que Katsuki, que no se ha quitado los audífonos, preocupado por estar atento al más mínimo sonido de Izuku mientras follaban, tiene que prestar toda su atención para no perderse ni una palabra.
Izuku habla sin levantar el rostro mientras las yemas de sus dedos recorren la piel del pecho y la espalda de Katsuki, buscando el contacto íntimo de forma constante, como si desease reafirmarlo.
Escucha la historia de un niño que admiraba a All Might tanto como él lo hacía de pequeño. Parte la conoce, porque él la protagonizó. Donde el recuerdo de Katsuki es amargo, porque recuerda a All Might alzando el brazo, vencedor de All for One a costa del precio más alto posible excepto su propia vida, con los ojos picándole por las lágrimas, la culpa y la frustración y la ira latiéndole dentro del pecho con fuerza, el de Izuku es más agradable y nostálgico. Fue la primera vez que vio a un chico rubio determinado a convertirse en el mejor héroe de todos y su figura reemplazó, al menos en parte, la de All Might en su admiración.
—Aunque ya te había visto antes. En el festival deportivo. Estabas muy enfadado con Shouto —admite Izuku al terminar.
—Ja. Sí. —Katsuki se ríe, avergonzado y un poco nostálgico—. ¿Qué tiene que ver eso con ese nombre?
—Me trababa. All Might son tres sílabas, igual que Katsuki, pero la «a» y la «m» son fáciles de pronunciar cuando estás aprendiendo a hablar, mientras que las consonantes oclusivas o unir la «t» y la «s»…
—Abrevia, nerd —dice Katsuki, impaciente, resoplando sobre el cabello de Izuku. En lugar de amedrentarse, este desciende la mano con la que está acariciándole el ombligo hasta enredar los dedos en el vello púbico de Katsuki y acunar con delicadeza la sensible zona de los testículos.
—Me resultaba más fácil imaginarme cómo sería tu nombre si fueses mi amigo. Katsuki, Kacchan. Una sílaba y el honorífico, más fácil y…
—Más íntimo —comprende Katsuki. Izuku hace un ruidito a modo de asentimiento y frota descaradamente su entrepierna contra el muslo de Katsuki, que murmura—: Eres insaciable.
—Soy un joven saludable que ha tenido el mejor sexo que había experimentado hasta hoy, y de verdad que todo lo que hemos hecho hasta ahora ha sido buenísimo, al que su novio le pone muchísimo. —Izuku hace una pausa y se separa un poco, lo justo para alzar la cabeza y mirar a Katsuki a los ojos, con preocupación—. ¿Estás muy molesto porque te haya llamado Kacchan? Yo… No lo he pensado, estaba... Todo era tan… No volverá a…
—Cállate, nerd —le ordena Katsuki secamente. Izuku asiente, apretando los labios, y vuelve a esconder la cara dentro de su pecho—. Ni se te ocurra llamarme así en público, ¿entendido?
—Por supuesto —se apresura a prometer Izuku.
Lamentando haberse cargado el momento de nuevo por su incapacidad para expresar lo que piensa realmente, Katsuki corresponde a las caricias de Izuku. Desliza la mano por su espalda, lentamente, hasta llegar a sus nalgas. En silencio, besa su pelo y, cuando Izuku alza la mirada de nuevo para cerciorarse de que no está molesto, lo besa posesivamente en la frente, en los párpados, en las mejillas, la nariz, los labios y la barbilla. Jura que podría comerse a besos a Izuku y lamer cada una de sus malditas pecas. Aliviado, comprueba que los dedos de Izuku vuelven a acariciarlo y que la intimidad regresa con la misma comodidad con la que se ha instalado en un principio.
—Katsuki… —murmura Izuku al cabo de un rato.
Los dos se han debido de quedar adormilados, porque la respiración de Izuku, que le ha humedecido el pecho a la altura de donde tiene este la cara, ha sonado igual que cuando duerme: resoplidos suaves acompañados de un ronquido tan leve que parece el ronroneo de un gato; Katsuki, por su parte, nota la mente embotada, y tiene que hacer un esfuerzo para contestar, con la boca ligeramente pastosa. No mira el reloj, pero calcula que no ha transcurrido ni media hora.
—Ya sé que nos conocemos desde hace menos de un año y que llevamos saliendo apenas unos meses y follando unas semanas, pero… —Izuku duda, y el final de la frase se pierde en un hilo de voz ininteligible.
—Joder, termina una puñetera frase de una vez —balbucea Katsuki, frustrado, frotándose los ojos para terminar de abrirlos y frunciendo el ceño, preguntándose qué pasa ahora para que Izuku vuelva a estar tan inseguro.
—Lo siento —se disculpa Izuku.
—No importa, sólo no las dejes a medias. —La mirada de Izuku no es insegura, aunque sí duda, vulnerable, mordiéndose el labio. Katsuki suaviza su actitud, arrepintiéndose de nuevo de su rudeza.
—Es que no quiero que te asustes —dice Izuku, compungido.
Katsuki se separa un poco de él, rompiendo parte del íntimo contacto físico para mirarlo a los ojos, porque no comprende qué es lo que ocurre. Está a punto de soltar un exabrupto de impaciencia, pero se contiene. Detrás del mohín de Izuku, en sus ojos, hay una chispa de ilusión que le resulta familiar y que delata que lo que va a decir no es algo negativo, así que se limita a asentir en silencio, animándolo a hablar.
—Creo… creo que te quiero. —murmura en voz muy baja antes de empezar a gesticular, abochornado, muy deprisa—. No quiero que creas que estoy intentando comprometerte a nada, ni que te esté coaccionando para que me lo digas tú a mí, y a lo mejor sólo es fruto de todas las emociones de hoy, y de que ha sido genial sentirte por fin dentro de mí, mucho mejor de lo que habría podido soñar y es que has sido tan delicado conmigo y tan atento a pesar de que sé que te cuesta hacerlo porque tú eres más directo a la hora de hacer las cosas y no quiero que te asustes y te alejes de mí, porque a lo mejor sólo estoy siendo un imbécil, aunque estoy seguro de que no estoy confundiendo admiración con amor, claro que eso no quita que siga admirándote mucho, Katsuki, no he querido decir lo contrario, pero de repente creí que necesitaba decírtelo, porque cada vez que te miro se me para la respiración y cuando tus brazos me rodean me siento en el sitio más seguro del mundo y lo que hemos hecho hoy ha estado genial y no paro de pensar en ti y en mí juntos, haciendo de todo, haciéndolo otra vez, todas las noches de la semana, y… —Izuku se detiene, inspirando profundamente para recuperar el aliento tras su perorata sin pausas.
—Izuku… —dice Katsuki por fin, repuesto de la sorpresa. Sin oírlo, Izuku sigue divagando, aunque ha bajado de volumen y ya habla más para sí mismo que para Katsuki.
A lo mejor es porque está eufórico debido a las hormonas segregadas durante el sexo, porque está más caliente que un adolescente, porque le deslumbra la fortaleza, la valentía y la determinación de Izuku tanto como este admiraba la faceta de héroe de Katsuki durante su pubertad o porque es un imbécil, pero tras escuchar con atención el torrente de palabras de Izuku, Katsuki no quiere que este tenga que justificarse por declararse de una manera tan sincera. De hecho, envidia la facilidad con la que le brotan a Izuku las palabras, mientras que a él se le atascan en el pecho y tiene que extraerlas a la fuerza.
—¡Izuku! —Por fin, levanta la cabeza y mira a Katsuki con los ojos abiertos de par en par, deteniéndose por fin su interminable letanía—. Eres un nerd idiota, joder.
—Perdón —murmura Izuku. Katsuki no sabe si se está disculpando por hablar demasiado o por haber dicho te quiero y descubre que, sea como sea, no quiere que Izuku se disculpe por quererlo y, desde luego, tampoco por decírselo.
—No es eso… Sólo… —Se atasca y gruñe, exasperado.
—Ahora eres tú el que no terminas ninguna frase —bromea Izuku, tratando de quitar hierro al asunto.
—Cállate, nerd, y déjame hablar —dice Katsuki, en voz más alta de lo que desearía por los nervios inesperados—. Está bien si quieres decirlo. Y si lo sientes. No, no creo que estés confundiendo admiración con amor, porque yo tampoco lo estoy haciendo —Katsuki sonríe de medio lado al ver la expresión de sorpresa de Izuku y sigue hablando, anticipándose a su réplica—. Eres valiente, un héroe cojonudo, un inventor de los mejores. —Se está desviando, no quiere perder el punto—. Amar siempre está bien. Vale que a veces hacer declaraciones así es apresurado, pero… Tú lo has dicho antes, me conoces de toda la vida. Y yo hace tiempo que decidí estar contigo y cuando decido algo voy con todo hasta el final, sea el que sea.
—Guau —dice Izuku, parpadeando fascinado. Katsuki bufa, aunque admite es cierto que han sido un montón de palabras. Y, aun así, no está seguro de haber conseguido transmitir lo que quería exactamente, porque no le ha correspondido con las mismas palabras.
—Y que sepas que no es necesario esperar a que sea de noche para follar, nerd. Ni siquiera hace falta un futón —dice, provocando que a Izuku se le escape una carcajada.
A Katsuki se le corta la respiración cuando ve los ojos verdes de Izuku, suplicantes, enfocados en él. Cuando se lame o muerde el labio inferior, su corazón se salta un latido. Piensa constantemente en los labios y la lengua de Izuku. Y lo hará también ahora, fantaseando con volver a recorrer su cuerpo como ha hecho hoy, volver a follar con la misma intensidad. Ha estado distraído en el trabajo, esperando impaciente los momentos para volver a verlo y rodearlo entre sus brazos, algo que no habría podido imaginar, pues a él nunca le ha gustado el contacto físico.
—Así que… no hace falta futón —dice Izuku, mirándolo con provocativo descaro.
—Un futón estará bien para nosotros por ahora, nerd —masculla Katsuki.
Lo rodea con los brazos, cargándolo con facilidad, y gira con él hasta ponerse bocarriba, sentando a Izuku a horcajadas sobre su abdomen. Ágilmente, Katsuki se incorpora hasta quedar sentado también. Izuku resbala hasta sus muslos y se sujeta con fuerza a él, rodeándole la cintura con las piernas. Katsuki pierde el aliento un segundo, observando el sonriente y luminoso rostro de Izuku a unos centímetros del suyo.
Izuku le abraza el cuello y Katsuki puede notar su polla y sus huevos apretándose contra su abdomen. Su culo está sentado directamente sobre el pene de Katsuki, todavía húmedo y pegajoso por el lubricante y el semen. El roce le resulta excitante, a pesar de que su polla está aún sensible tras el orgasmo. Abrazándolo, Katsuki vuelve a besar las pecas del rostro de Izuku, pretendiendo que, como este ha mencionado antes, se sienta seguro entre sus brazos. Además, espera que todo lo que no ha conseguido expresar en voz alta le llegue a Izuku de esta manera.
Este parece entender, porque se estremece entre sus brazos y alza la cara, dejándose besar las mejillas. Katsuki evita deliberadamente, durante unos minutos, llegar a sus labios, hasta que no puede resistirlo más y los mordisquea, lame y besa con todo el cuidado que puede. Izuku se deja hacer, ofrendándole devotamente los labios con la boca entreabierta. Para cuando Katsuki le da un beso final y le acaricia la mejilla con el pulgar a modo de agradecimiento, el pene de Izuku vuelve a estar duro y este se abraza fuertemente a él, escondiendo la cara en el hueco de su hombro, superado por las sensaciones.
—A veces… No sé cómo devolverte esto —dice, con la voz ahogada.
—No lo hago por ti, nerd —dice Katsuki, sonriendo con arrogancia—. Es por mí.
—Pero a mí me gusta.
—Y a mí me gustan las cosas que haces y dices porque a ti te gustan. Funciona así, nerd.
—Me encanta que funcione así.
—Sí —asiente Katsuki, satisfecho al notar la polla de Izuku mancharle el abdomen, excitado sólo por sus besos.
—¿Crees que si te la chupo podríamos volver a hacerlo? —El susurro de Izuku, directamente en su oído, reverbera en todas las partes del cuerpo de Katsuki, pero sobre todo lo hace en su polla, que da un pequeño tirón interesado.
—Joder, nerd. ¿Eres un íncubo? —Izuku hace el amago de embalarse en un monólogo de disculpas acerca de que sabe que Katsuki necesita esperar más tiempo que él, pero se lo impide pellizcándole una nalga lo suficientemente fuerte como para que Izuku dé un respingo sobre él—. Me pone jodidamente cachondo que seas tan insaciable.
—Pero tu polla…
—Mi polla está lista para un segundo round, no te atrevas a insinuar lo contrario. Y si no lo estuviera, te comería el culo sólo porque tú sí lo estás.
—Pero…
—¿No has dicho que te ha gustado?
—Sí —se rinde Izuku, riéndose contra el cuello de Katsuki.
—Aunque a lo mejor es lo que debería hacer, en lugar de metértela, no quiero que tu culo mañana…
—Mi culo está perfecto y si mañana me molesta un poco, dará igual que haya sido por uno que por dos —lo interrumpe Izuku. Katsuki resopla, decidiendo no recordarle que también le ha follado con los plugs. Al fin y al cabo, ha aprendido a no subestimar la fortaleza y determinación de Izuku—. Y si tiene que molestarme, preferiría que fuese por dos, porque eso significa que me ha gustado tanto que quiero repetir todo el tiempo.
—Pero primero vamos a la ducha. Apesto a sudor —accede Katsuki. Izuku lo mira, emocionado, antes de darle un beso y levantarse de su regazo.
—A mí me gusta el olor a sudor de Kac… Tu olor a sudor —se corrige inmediatamente Izuku. Katsuki aprieta los labios, porque no quiere que se contenga, que crea que le molesta.
—Higiene básica, nerd —dice, fingiendo estar más escandalizado de lo que realmente está. Izuku aparenta sumisión cuando intuye que a Katsuki le pone cachondo, y a veces se le olvida que tiene un carácter tan fuerte como el suyo y un atrevimiento que probablemente lo supera.
—Lo mismo te podría haber dicho yo mientras me metías la lengua en el culo —responde Izuku, con descaro, tendiéndole una mano para ayudarlo a incorporarse. Katsuki no la necesita, pero la acepta, enorgulleciéndose de la fuerza con la que tira de él para levantarlo.
—A la ducha, nerd —ordena, fulminándolo con la mirada para contrarrestar su desvergüenza, pero Izuku no se da por enterado.
—Ahora vamos. Antes de meterme tu polla en la boca preferiría que estuviese bien limpia, teniendo en cuenta lo que acabamos de hacer —lo tranquiliza Izuku, riendo provocativamente. Katsuki entorna los ojos—. Pero es cierto que me gusta cómo hueles y eso incluye tu sudor.
—Claro, porque sudo todo el tiem… —No termina la frase. Izuku salva la escasa distancia que los separa con valentía, interrumpiéndolo.
No tiene que agacharse, porque su estatura es ideal para lamer el punto donde los músculos del cuello de Katsuki se unen con los del pecho, perlados de sudor. Sigue las gotitas que todavía surcan sus pectorales con la punta de la lengua, recogiéndolas.
A Katsuki siempre le ha acomplejado su sudor más de lo que está dispuesto a admitir. No tiene un olor desagradable gracias a la mezcla con nitroglicerina, pero suda muchísimo, todo el tiempo, sobre todo en las manos. Por eso procura no estrechárselas a nadie o llevarlas en los bolsillos. Sabe que a Izuku no le importa, no lo ha hecho en ningún momento. Sólo lo ha visto incómodo por la humedad de sus palmas y secarse disimuladamente las manos en los pantalones una única vez, y era porque a Izuku le desagradaba su propio sudor por los nervios. El resto del tiempo no evita que Katsuki le toque, ni reacciona cuando las palmas de sus manos están húmedas o Katsuki la aprieta contra su pecho y la camiseta está empapada. Tampoco rehúye abrazarlo tras el sexo, cuando los chorros de sudor caen por las mejillas y las sienes de Katsuki y empapan su espalda, pecho y muslos.
Para Katsuki, su sudor era algo a lo que los demás se resignaban, como a lo inherentemente explosivo de su carácter. No se había planteado que a Izuku realmente le gustase, igual que le agrada su personalidad de forma genuina.
«Creo… creo que te quiero», ha dicho Izuku, pero Katsuki está más que seguro de que no sólo no es una mera suposición sobre sus sentimientos, sino que él lo corresponde con la misma intensidad.
Tras inclinarse para recoger un par de gotas de sudor que se deslizaban, indolentes, hacia el abdomen de Katsuki, Izuku le acaricia con la punta de la nariz y la lengua, subiendo en dirección a su clavícula de nuevo.
—No te importa que lo haga, ¿verdad? —pregunta Izuku, súbitamente inseguro, después de que Katsuki le permita levantarle el brazo.
—Joder, claro que no —masculla Katsuki, tragando saliva, excitado, comprendiendo que está perdidamente enamorado y es incapaz de negarle nada. Mucho menos algo como esto, que se siente tan jodidamente agradable en un sentido físico y emocional que Katsuki cierra los ojos, abrumado, cuando Izuku hunde el rostro bajo su axila derecha y, tras inspirar profundamente, deleitándose en el olor levemente quemado, lame el vello húmedo de Katsuki.
Al final, el momento de la ducha se convierte también en el de cambiar las sábanas manchadas del futón por unas limpias. Y en el de reponer fuerzas comiendo las sobras de la cena, tan cerca el uno del otro que el pene duro de Izuku choca contra la incipiente erección de Katsuki cada vez que se mueve, provocando que el primero se ruborice todas y cada una de las veces, exactamente igual que cuando le ha lamido el sudor de la axila.
Es Izuku quien, impaciente, toma la iniciativa empujarlo hacia el dormitorio y apenas quince minutos después Katsuki está sentado encima del futón con la cabeza de Izuku entre sus piernas, chupándole el pene. Aún está sensible, algo que hace que la lengua de Izuku se sienta mucho mejor y el placer sea mayor, pero ha transcurrido suficiente tiempo. Izuku no ha necesitado más que medio minuto para ponerlo durísimo, haciendo que su erección creciese dentro de su boca.
Aunque la ducha le ha refrescado, una gota de grueso sudor le recorre ya la espalda. Katsuki se jadea más alto y gime más fuerte, porque cada vez que lo hace Izuku lo imita y la vibración de su garganta se transmite por su glande. Las manos de Katsuki están enterradas en el cabello de Izuku y tiran de él con fuerza, pero intenta no imponerle ningún ritmo ni forzarlo, dejando que sea Izuku quien lo haga y decida cómo quiere chupársela, dejando para más adelante la necesidad de volver a tumbarlo en el futón y deslizar la polla por sus labios, follándole la boca.
—Para —murmura, tirando de su pelo hacia atrás. Si continúa, se correrá en su boca. No duda de que a Izuku no le importaría, pero ha expresado un deseo claro que no quiere negarle.
Ni negárselo a él mismo.
Izuku se mete su polla en la boca, tratando de abarcar lo más posible, una última vez y desliza los labios sobre ella hacia arriba. Tras darle un último beso en la punta, levanta la mirada, con los ojos verdes brillando con intensidad, los labios rojos hinchados y un hilo de saliva conectándole todavía con su pene.
Le acaricia el labio inferior con el pulgar y luego se lo mete en la boca hasta rozar su lengua, notando la succión de Izuku. Lo saca, pintándole los labios de saliva, y mete los dedos índice y corazón. Izuku aprieta los labios a su alrededor y Katsuki los mueve igual que si fuese su polla follándole. Entre la mamada y esto, Katsuki está tan excitado que vuelve a estar bañado en sudor.
—¿No querías que folláramos, nerd? Pues ven aquí. —Le indica su regazo. Izuku obedece, rodeándole la cintura con las piernas y el cuello con los brazos. Su erección se aprieta contra el abdomen de Katsuki, y el pene de este encaja perfectamente entre la separación de sus nalgas. Besándolo, busca a tientas el lubricante. Es Izuku quien lo encuentra y, sin dejar de besarlo, se lo extiende a Katsuki por la polla y luego se lo aplica a sí mismo en el culo—. ¿Impaciente, nerd?
—Joder, sí. —La palabrota de Izuku, que denota falta de control, infla el pecho de Katsuki de orgullo.
Le muerde el labio inferior una vez más, recordándose a sí mismo que debe comprarle algún tipo de vaselina para no estropeárselos mientras Izuku se arrodilla, con una pierna apoyada a cada lado de los muslos de Katsuki, y guía la polla de Katsuki para alinearla con su esfínter, dejándose caer levemente sobre ella, apenas unos milímetros.
Izuku desciende despacio, controlando él la velocidad a la que se va adaptando a la invasión de la polla de Katsuki. Katsuki se limita a sujetarle las nalgas en una caricia que pretende ofrecerle un apoyo, sin marcar el ritmo. Con un gemido anhelante de Izuku, el glande entra completo en su interior y este comienza un leve movimiento de vaivén hacia arriba y abajo, profundizando la penetración un poco más cada vez. Roza con los labios la clavícula de Katsuki, lamiendo las gotas de sudor que le resbalan por el cuello cuando se sienta completamente sobre su polla. Se detiene unos segundos, adaptándose, y Katsuki lo agradece, porque así puede acostumbrarse a la sensación de estrecha calidez y a la profundidad, mucho mayor que en la otra postura, pues Izuku está sentado en cuclillas y ha conseguido metérsela entera.
Izuku envuelve los brazos alrededor del cuello de Katsuki, temblando de emoción y placer. Sus cuerpos se acoplan a la perfección. Katsuki gruñe de placer junto a la oreja de Izuku, suspirando con fuerza, porque está tan adentro de él que apenas es capaz de contenerse para no apoyar las manos en el futón y empujar las caderas hacia arriba para correrse.
Cuando Izuku le acaricia el punto en el que el brazo de Katsuki se une a su hombro, inspirando con fuerza, Katsuki suelta sus nalgas. Esto provoca que el culo de Izuku se trague un poco más, si es posible, su polla, haciendo que a los dos se les escape un jadeo de excitación. Katsuki levanta el brazo derecho por detrás de la cabeza y, con el izquierdo, le peina el pelo a Izuku para despejárselo de la frente. Después, sujetándolo por la nuca, lo guía hasta su axila, que Izuku lame con ansia y un gemido.
Después, ya no hay tiempo para más, porque los dos están muy calientes y no pueden aguantar. Apoyado sobre las rodillas y rodeándole el cuello con los brazos, Izuku se incorpora, dejando que la polla de Katsuki se deslice fuera de su culo. Cuando está a punto de salirse del todo, baja de nuevo, hasta que no puede entrar más.
—Dilo en voz alta —susurra Katsuki, en voz muy muy baja, que Izuku sólo puede oír porque lo dice directamente en su oído, cuando este repite el vaivén una y otra vez, sin parar—. Quiero oírte. Dilo, nerd.
—Kacchan… —murmura Izuku, moviéndose cada vez más rápido, más bruscamente. Se empala a sí mismo en la polla de Katsuki sin rastro de la delicadeza que este ha mostrado hacia él en su primera vez—. Kacchan… ¡Kacchan!
—Nerd, eres lo jodidamente mejor que he tenido hasta ahora en mi vida —confiesa Katsuki, amparado por el éxtasis del placer, la nube de deseo y la intimidad del sexo. Aprieta los dedos en las nalgas de Izuku, clavándole las uñas con fuerza.
—¡Kacchan! —grita Izuku, complacido, abrazándolo con más fuerza, sin dejar de subir y bajar sobre su polla.
Solloza en voz alta, un gemido largo y anhelante. El semen de Izuku les salpica a ambos la tripa al mismo tiempo que su culo se aprieta con fuerza alrededor de la polla de Katsuki, pero Izuku no se detiene, moviéndose arriba y abajo, apretándose más contra Katsuki, escondiendo la cara en el hueco de su hombro mientras susurra «Kacchan» una y otra vez. Aunque ya ha llegado al orgasmo, no cede el control y sigue follándose con su polla, lloriqueando de placer, sin detenerse hasta llevarlo al paroxismo.
Katsuki se corre, mordiendo el hombro de Izuku para no gritar también mientras empuja sus caderas hacia abajo, obligándolo a meterse su polla lo más profundamente posible en su interior.
—Eres lo jodido mejor de mi vida —susurra Katsuki una vez más, finalmente, exhausto, cuando ya está seguro de que no va a seguir eyaculando e Izuku se mueve apenas lo justo para dejarle sacar la polla de su interior y se queda sentado en su regazo, dejando que el semen gotee desde su ano hasta el pene de Katsuki.
Cree por un instante que Izuku no lo había escuchado, porque lo ha dicho contra la piel de su clavícula, muy bajito, pero Izuku le besa cariñosamente la frente como respuesta. Abrazándose, ninguno de los dos es capaz de moverse en un buen rato salvo para intercambiar leves caricias que revolotean por sus pieles y sentidos.
