Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.
Capítulo 24
La Simple Verdad
~Un año después~
Edward abrió la puerta de su casa, tratando de no llamar la atención. No quería distraer a su hija de su lección de música. Seguramente era parcialidad de padre, pero él no podía evitar pensar que Kaylee tenía que ser la niña de cinco años más talentosa del planeta. Entró al cuarto de estar donde podía escuchar sin ser visto.
Jacob ya estaba allí en el sillón reclinable, sus pies levantados y su cabeza inclinada mientras escuchaba. Malcob se encontraba acostado sobre su amplio pecho, dormido. El genio musical de su hermana importaba poco en su mundo de niño de un año.
Jake asintió en dirección a Edward en saludo.
—Ella suena increíble.
—Lo hace —concordó Edward.
—Bien, Kaylee —la voz de Jasper elogiaba a Kaylee mientras la canción llegaba a su fin—. Eso es genial. Recuerda mantener los dedos más alto en ese puente. No te descuides allí.
—¿Quieres que lo haga de nuevo, tío Jay?
—No. Ya la tienes a esa. ¿Qué tal si ves si puedes seguirme? Usa tus oídos, no tus ojos. —Tocó unas notas en su guitarra. La guitarra más pequeña de Kaylee respondió unos minutos después.
Edward no pudo contenerse. Él echó un vistazo alrededor de la esquina y hacia la sala. Kaylee se sentaba en el sofá y Jasper en el sillón frente a ella. La expresión de Kaylee era muy graciosa. Su cejo estaba fruncido en concentración, y su lengua se asomaba por la esquina de su boca.
Su hija era adorable, y él estaba infinitamente embelesado con ella.
Su mirada lo pilló cuando él se movió para apoyarse contra la pared, y su expresión se iluminó.
—¡Papi!
—Hola, cariño. Estás mejorando mucho con esa guitarra.
—El tío Jay dice que soy una estrella de rock.
—Él es un hombre inteligente a veces.
Una sonrisa se asomó por los labios de Jasper. Él miró a Edward brevemente antes de llevar su atención de vuelta a Kaylee.
—¿Crees que estás lista para tocar la canción que aprendiste hoy para tu papi?
Edward arqueó una ceja.
—¿Vas a tocar algo para mí, cariño?
Ella frunció sus labios a una esquina de su boca.
—No lo sé. Quiero que sea perfecta.
—Perfecta es todo un reto para una persona pequeña —dijo Jasper, guiñándole un ojo—. Pero te diré algo. Eres buena, y apuesto que te irá increíble a pesar de que no sea perfecta. Y apuesto que hará el día de tu papi.
Edward asintió cuando Kaylee lo miró en busca de confirmación.
—Inténtalo, pequeña. Jamás sabes lo que puedes hacer hasta que lo intentas.
Ella se encogió de hombros.
—De acuerdo.
De nuevo estaba allí esa mirada que Edward adoraba, con su lengua asomándose mientras ella acomodaba su agarre en la guitarra. Cuando comenzó a tocar, Edward reconoció la canción de inmediato, y miró a su hermano. Había una pequeña y reservada sonrisa en los labios de Jasper, pero él no levantó la mirada. Mantenía sus ojos en Kaylee, imitando el movimiento de las notas mientras ella tocaba.
—Eso fue fantástico, Kaylee —dijo Edward cuando la canción acabó. Lo decía en serio. Ella y Jasper debían haber estado practicando esta por un tiempo.
Ella le sonría de oreja a oreja y bajó su guitarra así él podía tomarla en sus brazos junto con un beso de papi.
—¿Realmente te gustó, papi?
—En serio que sí. ¿Por qué no ves qué piensa Jake, mmm?
Kaylee se retorció para zafarse de su agarre, emocionada por escuchar a alguien más halagándola. Cuando ella se fue, Edward volteó hacia su hermano.
—¿Metallica? ¿En serio? ¿Le enseñaste Metallica?
La sonrisa de Jasper era torcida.
—Por supuesto que le enseñé Metallica. ¿Acaso no fue una de las primeras cosas que te enseñé a ti?
—No lo recuerdo —dijo Edward después de un momento—. Debiste hacerlo, por supuesto, pero siento como si siempre simplemente conocía esa canción.
—Ja. No. Me escuchaste tocarla con mi guitarra y me rogaste que te la enseñara. Entonces, cuando lo intenté, te frustraste y te diste por vencido alrededor de mil veces. Cada vez, venías y me rogabas de nuevo. Entonces, cuando finalmente la aprendiste, no parabas de tocarla. —Sacudió la cabeza—. Emmett decía que iba a matarme.
—Parece que Kaylee fue una mejor estudiante.
—Ella no se frustra con tanta facilidad.
Un silencio los envolvió entonces que no era completamente cómoda. La sonrisa serena de Jasper desapareció, y él suspiró, tamborileando sus dedos sobre su pierna.
—Escucha, Edward. Necesito hablar contigo y con Bella.
El estómago de Edward se revolvió. Su garganta estuvo demasiado tensa como para hablar por un momento. Era una reacción ridícula, pero no pudo evitar sentir que vendría algo que no le iba a gustar. Él asintió bruscamente.
—De acuerdo. ¿Cenamos esta noche entonces?
—Eso sería genial.
—¿Traerás a Alice?
—Si eso está bien.
—Sí, por supuesto.
Unas horas más tarde, los cuatro salieron por la noche.
Típicamente, las cosas eran fáciles entre los cuatro. Edward y Bella adoraban a Alice. Poco después de que ella se mudara a Seattle, Jasper se había mudado de la casa de Carlisle y Esme y a un apartamento con ella. Desde entonces, él había sido capaz de lidiar mejor con su depresión y con los problemas que lo habían llevado a las drogas en primer lugar. Estos días, Jasper era feliz, y aunque aún tenían sus problemas de vez en cuando, Edward estaba contento de que su hermano estuviera encontrando la paz.
Hoy, sin embargo, Alice se encontraba en modo protector. Edward podía ver la manera en que ella sostenía la mano de Jasper bajo la mesa, y no hacía nada para aliviar su ansiedad. Él tomó la mano de Bella de manera similar y esperó la tormenta que estaba a punto de impactar.
Al fin, al fin, Jasper soltó un suspiro. Volteó hacia Alice, y algo pasó entre ellos sin palabras. Ella buscó en su bolso y sacó lo que parecía ser un libro. No estaba hecho profesionalmente—eso era obvio. Edward miró a Jasper, más curioso que ansioso ahora. Echó un vistazo a Bella, quien lucía similarmente desconcertada.
—Ábrelo —dijo Jasper.
Edward notó que su mano temblaba ligeramente mientras se estiraba para acercar el libro a él. Lo abrió, y un nudo se formó en su garganta cuando se dio cuenta de lo que era.
Era un libro con las instantáneas de Jasper, las fotos que él había tomado los tres años que él estuvo separado de la familia. Las imágenes brillaban, los colores radiantes donde había tomado las fotos en color y oscuras donde eran en blanco y negro. Pero lo que llamó la atención de Edward eran las palabras que explicaban la imagen—la mentalidad de Jasper, sus problemas, su viaje solitario.
—Lo escribiste —dijo Edward.
A pesar que había pasado más de un año desde que Edward le había devuelto las fotos, él no había perdido la necesidad y la curiosidad de comprender por lo que había atravesado su hermano. Aún estaba esa parte de él que no podía reconciliar cómo era posible que su hermano se hubiera hecho eso a sí mismo. Veía la manera en que Jasper amaba a su familia. Veía el dolor puro en sus ojos cuando miraba a Kaylee a veces. Hasta ese día, Edward no podía comprender lo que había mantenido lejos a Jasper de la familia de la que desesperadamente quería ser parte.
—Este es para ti, pero...
Edward miró a Jasper.
—¿Pero?
—No lo sé si lo recuerdas. Cuando me diste estas, dijiste que quizás podría publicarlas. Publicar esto. —Jasper respiró profundo—. Creo que podría ser una buena idea.
—¿Publicar esto? —preguntó Bella, pasando las páginas—. No sabía que le habías dicho eso, Edward. Es una idea increíble. Sería interesante para muchas personas.
—Sí. Me gustaría intentarlo, pero lo que pasa es que está incompleto —dijo Jasper.
—¿A qué te refieres? —preguntó Edward.
Él miró entre los dos. A su lado, Alice tocó su hombro en un gesto alentador. Él pareció ganar fuerza de su apoyo.
—Creo que tienes razón, Bella. Creo que sería muy interesante para muchas personas, pero lo que es más importante para mí es que creo que podría ayudar a las personas. Personas como yo, quiero decir. Pero creo que solo ayudaría si hubiera algún tipo de cierre. Esto. —Colocó su mano sobre el libro—. Esto es todas las cosas malas. Fue difícil armarlo. Fue difícil recordar esos días porque mi vida era solo desagradable u olvido. No un intermedio. Era una existencia desesperada.
»—Lo que me ayudó más que nada fue recordar cómo termina esta historia. Tengo suerte. —Miró a los dos y entonces a Alice. Él llevó sus manos unidas por encima de la mesa—. Sé lo afortunado que soy.
»—Supongo que lo que intento decir es que me gustaría que este libro sea capaz de ayudar a las personas, pero no creo que lo haga a menos que termine la historia. Hace tres años, cuando me desperté en el hospital, no tenía esperanza. Creo que es una realidad para muchos adictos, no tener esperanza. Creo que se reafirma día tras día a pesar que intenten ayudarse así mismos. Es casi jodidamente imposible superar el deseo. Duele incluso intentar funcionar sin ella, y eso solo es la punta del iceberg. —Levantó la cabeza, su mirada lejana enfocándose de nuevo mientras miraba a Edward y a Bella con vergüenza en sus ojos—. Llegas a un punto donde lo que más quieres es ser un buen hijo de nuevo, un buen hermano, una buena persona, pero has lastimado mucho a todos a tu alrededor. Ellos están tan molestos y no confían en ti, que sientes que no hay esperanza a cambio. No hay esperanza de perdón. No hay esperanza de que puedas volver a ser parte de algo bueno. Y si no hay esperanza, ¿cuál es el punto de luchar? ¿Cuál es el punto de no rendirse ante el deseo?
Los labios de Edward se curvaron hacia abajo, y él se preguntó, no por primera vez, si, en su furia, él había enviado a Jasper a un descontrol del que casi no salía.
—Este es el final de la historia —dijo Jasper, colocando otra sección sobre la mesa—. Esto es lo que hay en la luz al final del túnel. Esto es lo que desearía haber sabido cuando estaba lejos, que hay esperanza.
La segunda parte no era tan grande como la primera. Eran más instantáneas, por supuesto. Las primeras no eran de buena calidad —eran fotos de móvil, Edward se dio cuenta— y aún así capturaban algo más que una foto típica. Allí estaba Esme, sus ojos cautelosos y cansados pero su sonrisa genuina mientras miraba a su hijo perdido. Estaba Emmett atrapado en la mitad de una conversación sobre lo que parecía ser un partido de básquet, reanudando su relación con su hermano de donde la dejaron. Había una foto que era una imagen espejo de la que Esme tenía en su oficina de ella y Carlisle sosteniendo a un Edward recién nacido, observándolo con maravilla. En esta imagen, era Edward, Bella, y el bebé Malcolm.
Había fotos de la familia completa, los niños, incluso Jacob.
Y Kaylee. Por supuesto que habían fotos de Kaylee.
Edward se dio cuenta entonces exactamente por qué Jasper estaba tan nervioso. Él podía ver que Bella también lo había hecho porque aferró sus dedos con más fuerza.
—Si quieres que me deshaga de toda la idea, lo haré —dijo Jasper rápidamente—. Depende de ustedes. Depende completamente de ustedes. Todo esto podría ser poco importante. No hay nada que diga que se va a vender. Pero si lo hiciera... —Tragó fuerte y negó con la cabeza—. Simplemente odiaría que fuera alguien más quien le contara a Kaylee la verdad sobre mí.
~S~
Cuando Edward llegó a casa esa noche, fue directamente hacia el cuarto de Kaylee. Se sentó en el asiento de la ventanilla, viéndola dormir, tratando de controlar el instinto protector feroz qué se había reavivado con el pedido de Jasper.
Mía, la voz feroz gruñó en su cabeza.
—Edward —susurró Bella. No la había escuchado entrar al cuarto, pero su suave caricia en su brazo hizo maravillas para calmarlo.
Le permitió que lo pusiera de pie y lo llevara por el pasillo hacia su cuarto. Una vez allí, él se sentó contra el cabecero y ella se ubicó sobre su regazo, su brazo alrededor de su cuello, necesitando el consuelo y la cercanía tanto como Edward. Ambos traían al otro a la tierra. Siempre lo habían hecho.
—De cualquier manera, siempre supimos que teníamos que contárselo —dijo Bella después de una eternidad—. Lo acordamos cuando era una bebé, ¿recuerdas?
—Cuando ella fuera lo suficientemente grande para comprender el concepto pero lo suficientemente joven para que no se moleste por habérselo ocultado —Edward repitió su discusión de años atrás.
Ella acarició su mejilla y entonces besó la punta de su nariz. Se estiró y tomó el libro de Jasper de la mesa de noche.
—Mira esto. Mira de verdad.
Él mantuvo su mirada en la de ella tercamente, pero lo esperó. Ella acarició su cuello, presionando pequeños besos a lo largo de su mejilla. Después de un minuto, él suspiró y bajó la mirada hacia el libro que ella había abierto sobre su regazo.
Bella dio unos golpecitos con un dedo en una de las imágenes. Giró la página y señaló otra.
—¿Ves?
Edward lo hacía.
Jasper siempre había sido capaz de capturar la verdad. Lo que él veía en esas fotos era un papá tan enamorado de su hija. Y Kaylee... la manera en que ella lo miraba. Él era el centro de su mundo, y ella lo adoraba. Ella lo amaba más de lo que amaba a su animal de peluche favorito, y para una niña de cinco años, eso era decir mucho.
Su hermano había tomado una foto en esos momentos en particular por una razón. Si hubiera sido un segundo después, Kaylee podría haber estado mirando a otra parte o Edward podría haber estado haciendo una pedorreta contra su cuello. Pero él no había capturado los momentos adorables o los momentos fotogénicos. Él había capturado el lazo entre padre e hija, y lo había hecho a propósito.
—Cariño, ella es tuya. —Bella descansó su cabeza sobre su hombro y rozó sus labios contra su cuello—. Lo sabes. Ella lo sabe. Jasper lo sabe.
Edward se mantuvo en silencio por un largo momento. Era verdad, lo sabía, pero eso no quitaba su ferviente deseo de que esta conversación nunca tuviera que suceder.
Él inhaló profundo, lo dejó ir, y lo soltó. Permitió que las caricias de Bella lo consolaran, y comenzó a devolverle los besos. Frotó sus manos de arriba abajo por su espalda y entonces la presionó contra la cama. Le quitó el camisón y sus bragas y se recordó a sí mismo lo muy, muy afortunado que era.
~S~
Le mostraron a Kaylee una de las fotografías que Jasper tomó de Bella cuando estaba embarazada con ella.
—¿Recuerdas cuando Mal estaba creciendo en mi barriga? —preguntó Bella.
—Ajá. Caminabas así. —Kaylee se balanceó de un lado a otro, imitando el andar de un pato, y rio.
Edward no pudo contener su sonrisa, y Bella le revolvió el cabello a la niña.
—Así es. ¿Recuerdas cuando te conté que viviste en mi barriga también antes que nacieras?
—Sí.
—Bueno, se necesita de dos personas para crear un bebé.
—Un mami y un papi. Lo sé. Tia de mi clase me lo contó.
La mejilla de Edward se crispó y él intercambió una mirada con Bella. Mentalmente añadió saber lo que Tia le había dicho a su hija sobre cómo se hacían los bebés a la lista de conversaciones por tener pronto.
Pero lo primero era lo primero.
—Eso no es completamente verdad —dijo él—. Se necesita de un hombre y una mujer para hacer un bebé, pero ese hombre y esa mujer no siempre son un mami y un papi. Verás, no todos pueden ser mami o papi. No quiere decir que sean malas personas; simplemente quiere decir que no estaban listos para un bebé.
Kaylee los miró y pateó sus pies de manera aburrida. Era obvio que ella no tenía idea de por qué sus padres estaban hablando de esto.
La foto era lo suficientemente inocente. Bella obviamente estaba embarazada. Jasper tenía su brazo alrededor de su cintura.
—La cosa es, pichoncita, que tu tío Jay es el hombre que me ayudó a crearte.
Edward aferró su mano porque eso había sido difícil de escuchar para él, pero debió haber sido jodidamente incómodo de decir para Bella.
La expresión aburrida en el rostro de Kaylee había desaparecido. Ella se estaba mordiendo el labio inferior, mirando la fotografía.
Edward se movió del sillón en el que estaba sentado para sentarse al lado de Kaylee en el sofá. Ella se inclinó hacia él pero no dijo mucho. Edward la abrazó contra él firmemente.
—Sabes que todos te amamos mucho, Kaylee. Eso nunca va a cambiar.
Ella volteó y se subió a su regazo, rodeando su cuello con sus brazos y apoyando su cabeza contra su hombro. Bella se arrimó, rodeándolos con un brazo y frotando la espalda de Kaylee.
—Cariño, ¿estás bien? —preguntó Edward, presionando un suave beso sobre su cabeza.
—Sí.
—¿Tienes alguna pregunta?
Ella negó con la cabeza enérgicamente contra su hombro.
—Está bien. Puedes hacernos preguntas en cualquier momento, ¿de acuerdo?
—Okey.
~S~
Edward y Bella habían decidido mantener las cosas normales después de su conversación. Por eso, Jasper vino como siempre para darle a Kaylee una lección de guitarra.
Él estaba tan nervioso y ansioso que Edward casi sentía lástima por él. Casi. Podría haber sentido más, excepto que él también estaba nervioso.
Al principio, Kaylee no reaccionó diferente a su tío. Se sentó frente a él, siguiendo sus instrucciones como siempre. Si notaba cómo Jasper trastabillaba con sus palabras o cómo casi se quedaba sin voz de vez en cuando, ella no lo mencionaba.
Entonces, de la nada, miró a Jasper por encima de su guitarra.
—Oye, ¿tío Jay?
—¿Sí, cariño?
—Mami y papi dijeron que tú ayudaste a crearme. Cuando era una bebé y vivía en la barriga de mami.
Edward vio cómo Jasper se sobresaltó y que su agarre en su guitarra era tan fuerte que sus nudillos estaban blancos. Tragó varias veces.
—Sí, es verdad.
—¿Ayudaste a crear a Vera y a Henry?
—¿Qué? Oh. No. Cielo, no.
—Pero también eres su tío Jay.
Edward estaba a punto de intervenir con sus propias respuestas cuando Jasper habló suavemente.
—Tío es solo una palabra que quiere decir que somos familia, y te amo. Quiere decir que tu papi, tu tío Em y yo somos hermanos.
Ella asintió.
—Mami y papi dijeron que no podías ser un papi.
—No. —Jasper tragó varias veces, sus dedos girando las clavijas de su guitarra al azar—. Tienes que ser realmente increíble para ser el papi de alguien.
—Mi papi es increíble.
—Tienes razón. Lo es.
—Entonces, si eres mi tío Jay y ayudaste a crearme, supongo que somos un poco especiales, ¿no?
—Sí, Kaylee. —La voz de Jasper era fina, pero logró mantenerla regular.
—Eso es genial. ¿Podemos aprender una canción nueva? No me gusta mucho esta.
—Eh. Sí. Sí, por supuesto. —Jasper bajó la mirada a su guitarra de nuevo como si tuviera problemas para organizar sus pensamientos—. ¿Sabes qué, pequeña Kaylee? Lo siento. Creo que deberíamos intentarlo de nuevo mañana. Así puedo preparar una canción para ti.
—Pero… —Kaylee comenzó a discutir, pero Edward interrumpió.
—Oye, cariño. ¿Me puedes hacer un favor? Creo que Mal se despertó de su siesta. Sabes como siempre puedes hacerlo sonreír cuando está gruñón. ¿Por qué no vas a ayudar a Jake?
Kaylee parecía indecisa por un momento, pero entonces bajó su guitarra.
—Está bien.
Mientras él había estado hablando con Kaylee, Jasper había salido, pero Edward lo encontró fácilmente. Estaba sentado en el escalón de la entrada con su cabeza en sus manos, sin aliento como si acabara de correr una carrera.
Edward no dijo nada. No sabía qué decir. Simplemente se sentó junto a Jasper y esperó.
Después de una eternidad, la respiración de Jasper se tranquilizó. Él se enderezó un poco y llevó un puño a sus ojos.
—Mierda —dijo bajo su aliento—. Dios, no puedo decir si eso fue peor o mejor de lo que imaginaba.
—Sí. Siento lo mismo.
Jasper se frotó el centro de su pecho como si intentara aliviar un dolor allí.
—¿Vas a estar bien? —preguntó Edward, sabiendo muy bien que podría regresar adentro y abrazar a su hija y Jasper, como siempre, tendría que vivir con lo que había perdido.
Su hermano se rio amargamente.
—Eres mejor hombre que yo, ¿sabes? En todo sentido. Que te pueda importar cómo me siento… —Suspiró y frotó una mano sobre sus ojos—. ¿Sabes, Edward? En caso que nunca te lo dije, si debía cagar todo, estoy contento de que hayas sido tú.
—No te voy a mentir. También estoy contento de que haya sido yo. —Chocó el hombro de Jasper con el suyo—. En caso de que no te lo haya dicho, creo que eres mejor hombre de lo que piensas.
Él hizo una pausa, buscando las palabras correctas.
—¿Sabes? No puedo lamentar qué sean mías, pero lamento que sufras. —Soltó un suspiro—. Y estoy contento de que seas mi hermano. Incluso si eso quiere decir que tengamos que atravesar días como este algunas veces, estoy contento de que seamos hermanos.
Jasper se enderezó, parte de la derrota disminuyendo de su postura.
—Sí. También estoy contento.
